Rafael Alberti
De Gran Enciclopedia de España Online
(El Puerto de Santa María, Cádiz, 1902). Rafael Alberti Merello. Estudió con los jesuítas hasta 1916, en que su familia se trasladó a Madrid. La recreación y la nostalgia de las vivencias y del paisaje de su infancia como un paraíso perdido será un tema recurrente en gran parte de su obra poética y de memorias.
En 1920 hizo su primera aparición pública como pintor en el Salón de Otoño, pero aunque esta vocación no dejó de cultivarla de manera intermitente a lo largo de toda su existencia, acabó cediendo el predominio a su trabajo como escritor. Estos son los años en los que conoce a Lorca, Dalí y Buñuel, entre otros, en la Residencia de Estudiantes. Marinero en tierra (1925), La amante (1926) y El alba del alhelí (1928) son sus tres primeros libros poéticos, que oscilan entre las técnicas vanguardistas y los temas populares y tradicionales. Con el primero obtuvo en 1924 el “Premio Nacional de Literatura” y el reconocimiento entre los jóvenes escritores con los que después pasará a formar parte de lo que la crítica ha denominado como la Generación del 27, grupo de autores que exaltan y revalorizan la obra de Góngora. En este contexto se debe entender la publicación de Cal y canto (1929), su libro más gongorino, en el que da una serie de imágenes basadas en la fuerza y el movimiento. Ésta es una época en su vida de crisis personal –el descubrimiento del hombre deshabitado, tema al que le dedica un drama alegórico en 1931– y literaria, de búsqueda de nuevos caminos y lenguajes, a la que pertenecen obras como Sobre los ángeles (1929), que se pueden incluir como una importante pieza del suigéneris vanguardismo español, Sermones y moradas (escrito en 1929 y 1930 pero publicado en 1935), Yo era un tonto y lo que he visto me ha hecho dos tontos (1929), homenaje a los cómicos del cine mudo, y Elegía cívica, fechada en 1930. En el prólogo a su primera antología, Poesía (1924-1930), escribe:«A partir de 1931, mi obra y mi vida están al servicio de la revolución española y del proletariado internacional.»
Y así en este decenio el poeta conoce a la que será la compañera de toda su vida, María Teresa León, se afilia al Partido Comunista, funda en 1934 junto a M. T. León la revista Octubre y publica varios libros políticos y populistas que luego recogerá en El poeta en la calle (1931-1935) y en De un momento a otro (1934-1939). Se halla una síntesis de los temas y formas de su poesía anterior en Verte y no verte (1935), elegía a la muerte del torero Sánchez Mejías.
Durante la Guerra Civil (1936-1939) trabajó en el bando republicano en una serie de actividades para la defensa y agitación de la cultura. El fin de la guerra le supuso casi cuarenta años de exilio en Francia, Argentina e Italia, hasta que volvió definitivamente a España en 1977. Diputado del Partido Comunista (PCE) en la legislatura de Cádiz, renunció al escaño. En sus veintitrés años argentinos publicó libros como Entre el clavel y la espada (1941), A la pintura (1948), Retornos de lo vivo lejano (1952), Baladas y canciones del Paraná (1954), etc. En estos años predominó en su obra el canto nostálgico por los paraísos perdidos, la exaltación de la naturaleza –”poeta bucólico de la revolución”, lo llamó V. Llorens– y la denuncia de lo que de injusto hay en la sociedad y en la vida humana. También desplegó una gran actividad, no sólo como poeta, autor teatral o pintor, sino como recitador, conferenciante y adaptador teatral y cinematográfico.
En 1963 se instaló en Italia, donde escribió otro de sus grandes libros, Roma peligro para caminantes (1968). En sus versos exalta el vitalismo de la ciudad viva, la ebullición del popular barrio del Trastevere. Los años ochenta han sido una década importante en su vida, pues no sólo ha ido recogiendo sus poemas, intensificando el tono y las formas de los anteriores, en cuatro libros –Fustigada luz (1980), Versos sueltos de cada día (1982), Los hijos del drago (1986) y Golfo de sombras (1986), poemas eróticos ilustrados por Manuel Rivera– sino que además en 1983 obtuvo el “Premio Cervantes” y en 1988 empiezan a publicarse sus Obras completas. Su dedicación teatral viene de antiguo y se desarrolló siempre al compás de su poesía. Ya en 1925 escribió una obra que quedó incompleta, La pájara pinta, inspirada en Prodecca, un marionetista italiano, y que responde a ese gusto tan de la época por lo popular. Después van surgiendo Santa Casilda (1930), que no llegó a estrenarse y El hombre deshabitado (1931), que muestra de manera simbólica la complejidad de la existencia humana. Durante los años treinta cultivó sobre todo el llamado teatro de urgencia o de agitación social: Fermín Galán (1931), Bazar de la providencia (1934), Farsa de los Reyes Magos (1934), Los salvadores de España, escrita en un lenguaje inventado, De un momento a otro, donde se plantea cuál es el papel del intelectual ante la revolución, y la adaptación de la Numancia (1937) de Cervantes. Todo este teatro estaba destinado a distraer, instruir y concienciar al público del momento, pues no en balde, junto a su mujer, fue Alberti el gran animador del teatro durante la Guerra Civil en la zona republicana. Ya en el exilio escribe El trébol florido (1940), su pieza más conseguida de este periodo, La Gallarda (1940), El adefesio (1944) y quizás su mejor obra: Noche de guerra en el Museo del Prado (1956), cuya acción transcurre en el museo con continuos paralelismos entre 1808 y 1936 a través de los personajes de los cuadros de Goya y los milicianos republicanos.
Por último la adaptación de La lozana andaluza (1963), obra preferida del autor. Siempre pretendió hacer un teatro de gran repercusión popular que a la vez fuera estéticamente innovador. Con su prosa ha cultivado la crítica y el comentario sobre literatura, arte y cine, así como la meditación sobre la historia nacional. Tras la publicación de El poeta en la España de 1931 (1942) e Imagen primera de…(1945), aparecen la primera y segunda parte de La arboleda perdida en 1959 y 1987 respectivamente y está publicándose actualmente en la prensa (El País) la tercera. Alberti habla en estas memorias sobre todo de lo perdido, del paisaje de su niñez, del sur, del mar gaditano, pero también del sentimiento del exilio, de su existencia itinerante, de cómo brota y va evolucionando al compás de los tiempos no sólo su obra literaria sino la de su tiempo, de las ilusiones políticas y culturales de la España republicana, de los amigos y maestros, etc. Quizás su gran hallazgo consista en el estilo utilizado para contar lo que pretendía y en esa estructura ramificada, en la segunda parte cronológicamente alterada, que predomina en sus páginas. Valen también estas memorias, en gran parte, como versión en prosa de los temas y motivos de su poesía. [F.V.G.]
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