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Madrid

De Gran Enciclopedia de España Online

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El Palacio de Oriente, grabado coloreado del s. XIX
El Palacio de Oriente, grabado coloreado del s. XIX
Fuente de La Cibeles, símbolo pagano de la ciudad. Obra de V. Rodríguez, F. Gutiérrez y R. Michel, 1792
Fuente de La Cibeles, símbolo pagano de la ciudad. Obra de V. Rodríguez, F. Gutiérrez y R. Michel, 1792

Contenido

Introducción

Villa, mun., p. j., cap. de la comunidad autónoma homónima y cap. del Reino de España. 655 m de alt. 607 km2. 3.132.463 h. [madrileños, madrideños, matritenses o magerítenses]. Sit. en el centro de la comunidad autónoma y de la com. del Área Metropolitana de Madrid, limita con los térmm. de Hoyo de Manzanares y Colmenar Viejo al N., San Sebastián de los Reyes y Alcobendas al NE., Paracuellos de Jarama, San Fernando de Henares, Coslada y Rivas-Vaciamadrid al E., Getafe y Leganés al S., Alcorcón al SO. y Pozuelo de Alarcón, Majadahonda, Las Rozas de Madrid y Torrelodones al O.

Geografía

El mun. se asienta sobre un terreno llano, del que sólo destacan algunas lomas y cerros aislados: Peñón de Almaján (822 m de alt., en el límite con Hoyo de Manzanares y Colmenar Viejo), Valdeleganar (741 m, en el límite con Colmenar Viejo) y Atalayuela del Pardo (737 m) al N.; y Almodóvar (726 m), Cerro Redondo (656 m), Cumbres de Vallecas (655 m, en el límite con Rivas-Vaciamadrid) y Canteras de Vallecas (633 m) al S.; en las proximidades del casco urbano, en la Casa de Campo, se eleva el Cerro de Garabitas (677 m). Riega el térm. el río Manzanares, afl. del Jarama –que separa el mun., al E., de los de Paracuellos de Jarama y San Fernando de Henares–, en la cuenca del Tajo, vertiente atlantica; el Manzanares atraviesa el mun. con dirección NO.-SE., y sobre él se halla el embalse de El Pardo (45 hm3 y 550 ha), concluido en 1970, de propiedad estatal y destinado a derivación; por la derecha recibe los aportes de los arroyos de Manina, de Trofa, de La Zarzuela, de Pozuelo, de Antequina, de Los Meaques y de Butarque, y por la izquierda los de La Tejada, de La Nava, del Fresno y de La Gavia; otros cursos fluviales del térm. son el arroyo de Los Migueles, al S., también afl. del Manzanares –por la izquierda–, pero que desemboca en Rivas-Vaciamadrid, y el arroyo de Valdebeba, al O., afl. por la derecha del Jarama; asimismo, el térm. es atravesado por los canales del Oeste y de Isabel II. Terrenos constituidos por arcillas del Mioceno y, en los valles del Manzanares y del Jarama, por depósitos aluviales del Cuaternario. Suelos pardos mediterráneos en los terrenos arcillosos y aluviales en las vegas fluviales. Clima templado continental con veranos cálidos; temperaturas medias de 6,2° en enero y de 24,8° en julio; precipitaciones medias anuales de 436 mm.


Arqueología

La presencia humana en el actual mun. de Madrid está arqueológicamente atestiguada desde el Paleolítico Inferior; en las proximidades de la villa se encuentran numerosos yacimientos líticos, como el del cerro de San Isidro (descubierto por Casiano de Prado y Valle en 1862, con objetos de la etapa achelense y musteriense); la zona presenta especial abundancia de restos musterienses en las terrazas del Manzanares, como los hallados en los yacimientos de Las Carolinas (estudiado en 1917 por Hugo Obermaier) o El Sotillo (excavado en 1919 por L. Vernet), así comò en los de la Casa de Campo, Tejar del Parador del Sol, Atajillo del Sastre, Dehesa de la Villa o La Moncloa, que además muestran la ocupación del territorio hasta bien avanzado el Paleolítico Superior. La abundancia de estos restos es tanto más notable por cuanto los alrededores de Madrid parecen haber quedado comparativamente despoblados a partir del Neolítico, ya que los restos pertenecientes a esta etapa cultural, así como los de las edades de los metales, son cuantitativamente muy inferiores. El centro fundamental para el estudio de la arqueología de toda España es el Museo Arqueológico Nacional (Monumento Histórico-Artístico, 1-III-1962).

MADRID
Madrid Com. de Madrid España
Fuente: Instituto Nacional de Estadistica.
Superficie y poblacion
Superficie (km2) 607 7.995 504.750
Población (h.) 3.158.818 6.008.183 44.708.964
Densidad (h/km2) 5.204 751 89
Evolución demografica (h.)
1900 539.835 775.034 18.594.405
1910 599.807 878.641 19.927.150
1920 750.896 1.067.637 21.303.162
1930 952.832 1.383.951 23.563.867
1940 1.088.647 1.579.793 25.877.971
1950 1.618.435 1.926.311 27.976.755
1960 2.259.931 2.606.254 30.430.698
1970 3.146.071 3.792.561 33.823.882
1981 3.158.818 4.687.083 37.683.363
1991 3.010.492 4.947.555 38.872.268
1996 2.866.850 5.022.289 39.669.394
2001 2.957.058 5.372.433 41.116.842
MADRID. Madrid Ciudad de Capital del Reyno de España y Real Corte de los Reyes Católicos, vista desde el puente de Segovia. Grabado de 1847 (Museo Municipal, Madrid
MADRID. Madrid Ciudad de Capital del Reyno de España y Real Corte de los Reyes Católicos, vista desde el puente de Segovia. Grabado de 1847 (Museo Municipal, Madrid
Madrid en 1635. Plano realizado por F. Witt
Madrid en 1635. Plano realizado por F. Witt

Historia

El lugar donde se levanta Madrid estuvo escasamente poblado durante los primeros siglos de la era cristiana; algunos restos tardorromanos y visigodos parecen apuntar la existencia de un núcleo de población de muy escasa entidad y de cronología discontinua; por ello, la historia de la villa comienza con su fundación (segunda mitad del s. IX) por el emir de Córdoba Muhammad I (852-886) con fines estratégicos: sobre la colina donde se levanta el [[Palacio Real de Madrid|Palacio Real], en el lugar que las fuentes musulmanas denominan Mayrit, mandó construir una torre-atalaya que permitiera observar los movimientos de tropas cristianas por los puertos de la Sierra de Guadarrama; en último término, lo que pretendía el emir era controlar la ruta hacia Toledo. En 932, el rey leonés Ramiro II (931-951) saqueó la villa, sin otro objeto que la obtención de botín, por lo que ésta prosiguió bajo dominio musulmán hasta el reinado de Alfonso VI de León (1065-1109) y Castilla (1072-1109); este monarca asedió y tomó Madrid en 1083, como paso previo para la conquista de Toledo, llevada a cabo dos años más tarde. Existía en la villa una tradición que afirmaba que, tras la invasión musulmana de 711, los mozárabes de Madrid habían ocultado una imagen de la Virgen –cuya autoría era atribuida por la creencia popular a San Nicodemo y a San Lucas– en uno de los cubos de la muralla; Alfonso VI hizo voto de buscarla y, tras conquistar Toledo, volvió a Madrid donde dispuso el derribo de la muralla, después de realizar una procesión solemne; las crónicas afirman que el 9-XI-1085, al pasar la misma por uno de los cubos, éste se desplomó y mostró en su interior una talla que en la actualidad se venera bajo la advocación de Nuestra Señora de la Almudena (del ár. al-mudayyina, "ciudadela", diminutivo de al-madina, "ciudad"), declarada (1977) patrona principal de la diócesis de Madrid-Alcalá por el papa Pablo VI (1963-1978). A la muerte de Alfonso VI (1109), el emir almorávide ‘Alí ibn Yusuf (1106-1143) intentó reconquistar la villa, llegando a traspasar la muralla y tomar la medina, pero la población se refugió en el alcázar; las tropas musulmanas acamparon en el lugar que hoy se conoce como Campo del Moro, pero finalmente hubieron de desistir ante la resistencia de los sitiados, o quizá por una epidemia de peste que diezmó a los sitiadores. Alfonso VII de Castilla y León (1126-1157) residió con frecuencia en Madrid; en 1152 concedió a la villa la donación perpetua de los montes y tierras que había entre ésta y Segovia, lo que en el futuro constituiría fuente de enfrentamientos entre ambas poblaciones. En 1202 su nieto Alfonso VIII de Castilla (1158-1214) otorgó el Fuero de Madrid, recopilación legislativa que comprende las disposiciones dadas entre 1145 y 1202 para la administración y orden público de la villa. En 1309 Fernando IV (1295-1312) reunió en Madrid, por primera vez, las Cortes del reino; su hijo Alfonso XI (1312-1350) hizo lo propio en 1329 y 1335. Fue este monarca quien, en 1346, dio una cédula que se ha considerado como el origen del ayuntamiento madrileño: hasta esa fecha, la villa se gobernaba por dos estados, el de Caballeros y el de Hombres Buenos, presididos por un juez real, que nombraban justicias y ministros, pero en esa fecha dichos estados fueron suprimidos y el concejo pasó a estar integrado por doce regidores vecinos de Madrid; el primero de los ayuntamientos constituidos de esta forma fue presidido como alcalde por Francisco Luján (1346-1353). Por estas fechas debía de estar en construcción el primitivo alcázar, ya que parece ser que fue terminado durante el reinado de Pedro I de Castilla (1350-1369). En 1383, el rey de Armenia León VI (1373-1375), tras haber perdido su reino, recobró su libertad gracias a la mediación del rey de Castilla Juan I (1379-1390), quien le otorgó, además de otras mercedes, el señorío vitalicio de Madrid; el concejo protestó por su enajenación de la Corona de Castilla y Juan I prometió el retorno a la misma a la muerte de León VI, como de hecho sucedió en 1393; Enrique III de Castilla (1390-1406), hijo y sucesor de Juan I, ordenó mediante Real Cédula que Madrid sería desde entonces, y para siempre, patrimonio inalienable de la Corona castellana. Durante el reinado de este último tuvo lugar la destrucción (1391) de la judería madrideña –hecho en modo alguno aislado, ya que en aquel año la persecución de los judíos en España fue un fenómeno generalizado–, el inicio de la construcción del primer palacio de El Pardo como centro de un coto de caza real y el embellecimiento del alcázar, que gracias a una serie de obras fue perdiendo su aspecto de fortaleza para adoptar un carácter más palaciego. Juan II (1406-1454) convocó Cortes en la villa en dos ocasiones (1419 y 1435) y confirmó la Real Cédula de su padre por la que se declaraba la inalienabilidad de la misma de la Corona de Castilla. Su hijo Enrique IV (1454-1474) vivió la mayor parte de su reinado en Madrid, le concedió (1454) los títulos de Muy Noble y Muy Leal y creó una nueva institución municipal, la de asistente o corregidor, que recayó por vez primera en Fernando Gómez de Ayala (1472-1473); a la muerte del rey, estalló la Guerra de Sucesión de Castilla entre los partidarios de su hermana de padre, Isabel I de Castilla la Católica (1417-1504), esposa desde 1469 del futuro Fernando II el Católico de Aragón (1479-1516), y los de su hija Juana de Castilla la Beltraneja, futura esposa (1475) de Alfonso V de Portugal (1438-1481); en un primer momento la causa de la segunda parecía tener más seguidores en Madrid, pero en 1476 fueron sitiados en el alcázar –donde se habían refugiado– por los de la primera, quienes acabaron por hacerse con el control de la villa; ello conllevó que, una vez asentados los Reyes Católicos en el trono, éstos concedieran a los madrileños una serie de privilegios como la exención de impuestos –que serían pagados con los bienes del concejo– para permitir la reconstrucción de las pérdidas derivadas de la guerra civil y la institución de un tribunal, presidido por ellos mismos, que se habría de reunir todos los viernes en el palacio de los Laso –en la actual plaza de la Paja– y ante el que todos los madrileños, sin diferencia de condición, podían acudir a pedir justicia. El reinado de Carlos I (1516-1556) se inició con la Guerra de las Comunidades (1520-1522); tras la sublevación comunera de Toledo (IV-1520), foco inicial del conflicto, Madrid se sumó a la misma en los primeros meses y sólo tras la batalla de Villalar de los Comuneros (Valladolid, 23-IV-1521), la villa será entregada (13-V-1521) a los ejércitos del rey; a pesar de ello, Carlos I concedió a la villa los títulos de Imperial y Coronada, además de restaurar el alcázar. Francisco I de Francia (1515-1547), vencido y hecho prisionero en la Batalla de Pavía (Italia, 24-II-1525) fue trasladado a la villa, donde llegó el 20-VII-1525; permaneció en prisión en el alcázar hasta después de la firma del Tratado de Madrid (14-I-1526), por el que se ponía fin a la primera de las Guerras entre Carlos I y Francisco I. Hacia 1560, el recinto urbano abarcaba el espacio comprendido entre el actual Palacio Real, al O., la plaza de Santo Domingo, al N., la Puerta del Sol, al E., y la plaza Puerta de Moros, al S., y contaba con una población, según testimonios de principios del s. XVII, de más de quince mil vecinos.

La calle de Alcalá, s. XVIII. Pintura de Antonio Joli. (Museo Municipal, Madrid)
La calle de Alcalá, s. XVIII. Pintura de Antonio Joli. (Museo Municipal, Madrid)
Entrada de Carlos III en la Puerta del Sol. Pintura anónima. (Museo Municipal, Madrid)
Entrada de Carlos III en la Puerta del Sol. Pintura anónima. (Museo Municipal, Madrid)
Fiesta taurina en la plaza Mayor de Madrid, 1846. Obra de José Rubio de Villegas. (Museo Municipal, Madrid)
Fiesta taurina en la plaza Mayor de Madrid, 1846. Obra de José Rubio de Villegas. (Museo Municipal, Madrid)

En 1561 Felipe II (1556-1598) trasladó la capital de sus estados a Madrid; dicha decisión no fue sancionada por documento alguno, sino que fue tomada de hecho, al trasladar a la villa, en muy corto espacio de tiempo, las instituciones básicas de la gobernación del imperio, como los consejos y las secretarías. No se ha llegado a dar una explicación satisfactoria a las causas del traslado, pero parece que el rey lo había decidido desde, al menos, tres años antes: en 1558 y 1559 mandaba cartas desde Flandes ordenando que se apresuraran las obras de ampliación y acondicionamiento del alcázar y de la residencia de El Pardo –reedificado en años anteriores, tras derruir el pabellón de caza de los monarcas medievales–, lo que parece mostrar su disposición de que fueran prontamente habitables por la Corte; en cualquier caso, testimonios de la época afirman que el sello real, como elemento imprescindible para el Gobierno, ya se hallaba en Madrid en 19-VI-1561. A partir de esa fecha, nuevas pruebas confirman la voluntad de establecimiento del rey: así, el 17-I-1562 adquirió los terrenos de la Casa de Campo (Monumento Nacional, 3-VI-1931), propiedad de Fadrique de Vargas y situados en la margen derecha del Manzanares, para crear un real bosque cercano al alcázar, y desde 1570 las Cortes del reino se reunían casi exclusivamente en la villa; incluso recibió con interés el proyecto (1581) del ingeniero italiano G.B. Antonelli de canalizar el Tajo desde Lisboa hasta Toledo y unir esta última c. con Madrid por vía fluvial mediante un sistema de esclusas que proporcionara al Jarama y al Manzanares el sufícíente caudal; aunque el proyecto no llegó a realizarse nunca, el interés del rey se explica si se tiene en cuenta que desde 1580 había reunido en su persona la titularidad de todos los reinos peninsulares, al anexionarse Portugal tras la muerte sin descendencia de su tío materno Enrique I (1578-1580), por lo que la fácil comunicación entre Lisboa y Madrid resultaba deseable. En el orden municipal, entre 1561 y 1570 se amplió la cerca de la cíudad: partiendo del alcázar, cruzaba al N. la plaza de Santo Domingo –donde se hallaba un primer portillo– y la plaza de San Martín –donde había otro postigo–, y desde allí descendía hacia la Puerta del Sol –tercer portillo– donde volvía a tomar dirección N., por la actual calle de Alcalá, a mitad de la cual volvía a dirigirse hacia el S, hasta la plaza de Antón Martín –cuarto postigo–, y desde allí, por las calles de la Magdalena, de la Colegiata y de Toledo –tramo en el que se hallaba un quinto portillo, el de La Latina–, volver a enlazar con el alcázar. Por esas fechas, comenzaban a abrirse los primeros corrales de comedias, como el de la Pacheca, inaugurado en 5-V-1568, el del Príncipe, en 21-IX-1583, y el de la Cruz, en 16-IX-1584, de larga presencia en la vida cultural madriteña. A finales de la centuria, sin embargo, la capitalidad de Madrid aún no estaba enteramente consolidada: el propio Felipe II, en los últimos años del reinado, vivía más tiempo en el Real Monasterio de San Lorenzo de El Escorial (Madrid), que en la misma villa; al iniciarse el reinado de Felipe III (1598-1621) comenzó a circular el rumor de que la Corte iba a trasladarse a Valladolid, a instancias del valido Francisco Gómez de Sandoval y Rojas, I duque de Lerma, tanto para alejar al rey de las críticas y sátiras que circulaban por Madrid contra el duque como para vigilar mejor sus intereses económicos; la orden por la que se publicó el traslado data del 10-I-1601, y el rey abandonó Madrid al día siguiente; la Corte se asentó en Valladolid durante poco más de cinco años, ya que al cabo de los mismos se decidió el retorno a la villa –de nuevo por la voluntad del duque de Lerma, quien había aprovechado el descenso de los precios en las propiedades inmuebles provocado por el traslado de 1601 para adquirir algunas fincas con que aumentar sus posesiones–; el 4-III-1606, Felipe III entró de nuevo en la villa, que desde entonces no ha perdido –salvo breves periodos de coyuntura bélica– la condicion de capital del Estado. Tras su regreso, Madrid conoció un notable desarrollo urbanístico; en este sentido, la obra más importante de su reinado es la Plaza Mayor; su origen se halla en la vieja e irregular plaza del Arrabal, destinada a mercado y que se remontaba a la época de Juan II; con Felipe II adquirió el rango de mayor y Juan de Herrera trazó los primeros proyectos para su reforma y reestructuración, que nunca se llevaron a cabo; en 1590 comenzó a levantarse la Real Casa de la Panadería (en sus origenes, la tahona general, y actualmente sede del Archivo Municipal), el edificio más característico de la plaza, situada en el lado N. de la misma; posteríormente Juan Gómez de Mora realizó (1617-1619) la reestructuración de la misma, formando un recinto cuadrangular y cerrado con soportales –que se convertirá en modelo para muchas plazas mayores de España y América– y concluyendo la Casa de la Panadería y su reflejo en el lado S., la Real Casa de la Carnicería; la fábrica original, de madera y ladrillo, provocò su destrucción parcial en varios incendios (1631, 1672 y 1790), tras el último de los cuales fue restaurada por Juan de Villanueva, adquiriendo el aspecto que posee en la actualidad; su función era la propia de las plazas mayores de época barroca, la celebración de actos públicos y festejos populares: así, era el lugar donde se corrían los toros (la primera corrida se celebró en 1-VII-1619, a causa de las fiestas por la beatificación de San Isidro Labrador en 14-VI-1619, y las últimas, los días 16, 17 y 18-X-1846, con motivo de las bodas de Isabel II, 1833-1868), o donde tenían lugar los autos de fe y las ejecuciones públicas (la primera fue la de Rodrigo Calderón, degollado el 21-X-1621). El reinado de Felipe IV se inicia con las fiestas (VI-1622) de la canonización de San Isidro Labrador (12-III-1622) y las celebraciones en honor de Carlos, príncipe de Gales (futuro Carlos I de Inglaterra, 1625-1649), que visitó la Corte (17-III-9-IX-1623) para tratar de su matrimonió –finalmente no celebrado– con la infanta María, hermana del rey. En 9-I-1625 el rey ordenó al concejo la constructión de una nueva cerca –la cuarta y última– que comprendiera las edificaciones extramuros a la de 1561-1570; dicha cerca partía del puente de Segovia, seguía por la puerta de Toledo y la glorieta de Embajadores, subía por la ronda de Atocha, bordeaba el Parque del Retiro, continuaba por la calle de Alcalá hasta la plaza de la Independencia –donde está la puerta de Alcalá–, se desviaba hacia el N. para enlazar con las actuales glorietas de Bilbao –entonces, portillo de los Pozos de la Nieve– y Ruiz Giménez –entonces, portillo de Fuencarral– para torcer posteriormente hacia el portillo de San Vicente –frente a la actual estación de Principe Pío– y desde allí, por el Campo del Moro, empalmar con la puerta de Segovia. Seis años más tarde se emprendieron las obras del Real Sitio del Buen Retiro, concluido en 1633. Otros hechos de su reinado son la publicación (1656) de Topographia de Madrid, del cosmógrafo portugués Pedro de Teixeira, fuente fundamental para el conocimiento del urbanismo de la época, y la aparición (1661) de la Gaceta de Madrid.

El puente de Toledo. Dibujo coloreado de Huebert Robert. (Museo Municipal, Madrid)
El puente de Toledo. Dibujo coloreado de Huebert Robert. (Museo Municipal, Madrid)
El estanque del Retiro con el monumento a Alfonso XII.
El estanque del Retiro con el monumento a Alfonso XII.
Tardes en el parque del Retiro, s. XIX. Grabado según un dibujo de Samuel Urrabieta
Tardes en el parque del Retiro, s. XIX. Grabado según un dibujo de Samuel Urrabieta

El reinado de Carlos II (1665-1700) no aportó ningún cambio sustancial en la vida de la cap.; a su muerte, y en virtud de su último testamento, le sucedió Felipe V (1700-1746), quien entró en Madrid en febrero de 1701 y fue proclamado (8-V-1701) en la iglesia de San Jerónimo el Real como rey de España; sin embargo, su condición de nieto del rey de Francia Luis XIV (1643-1715) provocó la oposición de las potencias europeas –temerosas de una posible unificación de las coronas francesa y española–, la no aceptación de Felipe V y el apoyo como rey de España al archiduque Carlos de Austria (futuro emperador Carlos VI de Austria, 1711-1740); todo ello dio lugar a la Guerra de Sucesión (1701-1714) entre los países que apoyaban a ambos pretendientes; en 1706, ante las circunstancias bélicas adversas, Felipe V se vio obligado a abandonar Madrid y marchar a Burgos, circunstancia que aprovechó el ejército austracista para entrar en la villa, tomar el alcázar (25-VI) y proclamar (6-VII) desde el balcón de la Casa de la Panadería al archiduque como Carlos III de España; poco después abandonaron la capital. En 1710, el resultado de la batalla de Zaragoza (20-VIII) obligó de nuevo a Felipe V a abandonar Madrid (9-IX), esta vez con destino a Valladolid, lo que permitió que el propio archiduque entrara en la capital (28-IX); a causa del frío recibimiento con que fue acogido y de las propias vicisitudes bélicas, Carlos de Austria abandonó la villa el 9-XI, y el 3-XII Felipe V retornó a la misma, definitivamente: el acceso del archiduque a la corona imperial, al año siguiente, provocó que los estados europeos que le apoyaban se replanteasen la situación –pues de seguir apoyando al ya Carlos VI de Austria, éste reuniría en su persona España y el Imperio, como Carlos I– y que se acelerase el final de la guerra, finalmente favorable a Felipe V. Tras la consecución de la paz, éste creó una serie de instituciones que, aunque afectaron a la totalidad de España, contribuyeron a crear la imagen del Madrid actual, como la Real Academia de la Lengua (1713), la Real Academia de la Historia (1735) y la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando (1744). En la Nochebuena de 1734 ardió el antiguo alcázar de los Austria; quedó totalmente destruido, por lo que el rey –que en esa fecha se encontraba en El Pardo y que, además, siempre había preferido residir en el Palacio del Buen Retiro o en el de La Granja de San Ildefonso (Segovia)– no pensó en reedificarlo, sino en construir, en su solar, otro nuevo, más del gusto borbónico: el 7-IV-1738 se pondrá la primera piedra de lo que será el Palacio Real (Monumento Nacional, 3-VI-1931; v.), del que no llegará a disfrutar, ya que será inaugurado por su hijo Carlos III (1759-1788) en 1-XII-1764. Este monarca fue quien dotó a Madrid de una serie de infraestructuras que hicieron de ella una ciudad moderna, como el saneamiento y empedrado (1761) y el alumbrado (1765) de las calles; su principal reforma urbanística fue la del paseo del Prado, llevada a cabo por José de Hermosilla y Sandoval, en su primera fase –la consistente en el trazado general, allanamiento de terrenos, encauzamiento de aguas y plantación de arbolado– y por Ventura Rodríguez –diseño de las fuentes–, en su segunda fase; trasladó a este paseo el Jardín Botánico (Jardín Artístico, 14-X-1942), fundado en 1755 a orillas del Manzanares por su hermano de padre y predecesor en el trono Fernando VI (1746-1759) con la pretensión de crear una zona urbana dedicada a la ciencia, que habría de estar formada por el citado jardín, un gabinete de historia natural (donde, a partir de 1819, se ubicaría el Museo Nacional del Prado) y el Observatorio Astronómico de Madrid –en la actual calle de Alfonso XIII, y comenzado bajo su hijo Carlos IV (1788-1808)–, cuyos diseños son obra de J. de Villanueva; levantó, en sustitución de otra más antigua, la puerta más celebre de Madrid, la Puerta de Alcalá (Monumento Histórico-Artístico, 6-II-1976; v.); hizo público el Parque del Retiro (1767); y aprobó (1775) los estatutos de la Real Sociedad Económica Matritense de Amigos del País; todo ello, debido al influjo del pensamiento de la Ilustración de que estaba imbuido Carlos III.

El 27-X-1807 tuvo lugar la firma del Tratado de Fontainebleau, por el que Carlos IV permitía la entrada de los ejércitos del emperador de los franceses Napoleón I (1804-1814 y 1815) con el fin de invadir Portugal junto a las tropas españolas. Dos días más tarde, el príncipe de Asturias, Fernando (futuro Fernando VII, 1808 y 1814-1833) fue arrestado en El Escorial, acusado de participar en una conspiración contra el rey; este hecho fue provocado por el valido real Manuel de Godoy para desprestigiar al príncipe heredero y, a la muerte de Carlos IV, hacerse con la regencia; sin embargo, la maniobra resultó al revés de como Godoy había planeado –quien resultó más desprestigiado de lo que ya estaba fue él mismo–, y desembocó en una insurrección popular en Aranjuez (Madrid, 17-19-111-1808) que concluyó con la abdicación de Carlos IV en su hijo Fernando. Mientras tanto, el 18-III, un bando pedía a los madrileños un buen trato para los soldados franceses mandados por el mariscal Joachim Murat, gran duque de Berg y futuro rey de Nápoles (Joaquín Napoleón I, 1808-1815), que, en cumplimiento del Tratado de Fontainebleau, iba a entrar en Madrid, como ocurrió cinco días más tarde; al día siguiente, fue Fernando VII quien hizo su entrada oficial en la capital. En medio de la crisis que atravesaba la monarquía española y con los ejércitos franceses ocupando los centros neurálgicos de la nación, Napoleón I atrajo a Carlos IV y a Fernando VII a la c. francesa de Bayona, donde obtuvo la abdicación de éstos (2 y 6-V, respectivamente) en su favor; días antes, había dado la orden de que se trasladara a Bayona a los miembros de la familia real que aún permanecían en Madrid, entre ellos la reina María Luisa y el infante Francisco de Paula; hacia las ocho y media de la mañana del 2-V-1808 partió el carruaje ocupado por la reina, y comenzó a correr por la villa la noticia de la marcha de la familia real; alrededor de las nueve, cuando el coche del infante salía de palacio la multitud se lo impidió, pero Murat, enterado de los acontecimientos, mandó descargar tres piezas de artillería contra la muchedumbre, lo que causó alrededor de diez bajas –entre muertos y heridos– y provocó el estallido de la sublevación general y el inicio de la Guerra de la Independencia (1808-1813). Los hechos más destacados sucedieron en la Puerta del Sol y en el Parque de Artillería de Monteleón –en la actual plaza del Dos de Mayo–; en el primero de los lugares, se produjo el choque (reflejado por Goya en su cuadro El Dos de Mayo de 1808 en Madrid: la lucha con los mamelucos, 1814, Museo Nacional del Prado) entre la caballería francesa, integrada por unidades de lanceros polacos y mamelucos, y la multitud madrideña, que Murat calculó en unas 20.000 personas; en el segundo, los capitanes Luis Daoíz y Torres y Pedro Velarde y Santiyán abrieron las puertas, sacaron la artillería y se dispusieron a rechazar, con la ayuda de la población civil y de un piquete militar mandado por el teniente Jacinto Ruiz y Mendoza, los ataques de un batallón frances que avanzaba por la calle de Fuencarral; se logró el objetivo, pero los sucesivos refuerzos y el envío por parte de Murat de una columna de alrededor de 2.000 hombres mandada por los generales Lagrange y Lefranc consiguió tomar el parque hacia las dos de la tarde. Tras controlar la sublevación, el gran duque de Berg inició la represión mandando fusilar a los prisioneros de los diferentes enfrentamientos, lo que se comenzó a cumplir al día siguiente, 3-V-1808 –prolongándose hasta el día 5–, en diferentes puntos de Madrid, como el paseo del Prado, las puertas del Retiro y de Segovia, la Casa de Campo y La Moncloa; los ocurridos en este último lugar son los representados por Goya en El 3 de Mayo de 1808 en Madrid: los fusilamientos en la montaña del Príncipe Pío (1814, Museo Nacional del Prado). Un decreto imperial de 4-VI-1808 otorgó la corona de España a José Bonaparte (José I, 1808-1813), hermano de Napoleón I; aquél hizo su entrada en Madrid el 20-VII, pero la victoria de las tropas españolas del general Francisco Javier Castaños frente a las francesas del mariscal Dupont en Bailén (Jaén, 19-VII-1808), cuyas noticias llegaron a la villa el día 29, provocaron la marcha de José I (30-VII). El propio Napoleón I se vio obligado a venir a España para reponer a su hermano en el trono; el 2-XII llegó a Chamartín y exigió la rendición de la villa, pero la Junta de Defensa, constituida el día anterior, se negó a ello, ante lo cual Napoleón tomó esa misma noche el Retiro y, a la mañana siguiente, lanzó una nueva ofensiva gracias a la cual ocupó el paseo del Prado; en esas circunstancias, la Junta de Defensa inició negociaciones que condujeron a la toma de la villa por las tropas del emperador, que entró en la capital el día 4 y restauró a su hermano. Hasta 1812, éste permaneció en Madrid, pero una nueva derrota francesa en la Batalla de los Arapiles (Salamanca, 22-VII) le hicieron salir de nuevo (28-VII), ante la inminente llegada a la cap. del ejército angloespañol de Arthur Wellesley, duque de Wellington, quien entró en la villa el 12-VIII; dos días más tarde se firmó la Capitulación del Retiro; el día 31, Wellington y sus tropas salieron de Madrid para sitiar Burgos; el fracaso de esta operación propició una nueva toma de la cap. por el ejército napoleónico –los primeros efectivos llegaron el 2-XI-y el regreso de José I. El desarrollo de las operaciones bélicas tanto en España como en Europa determinaron la derrota definitiva de los ejércitos imperiales en 1813; el 23-III José I abandonaba –esta vez, definitivamente– la Corte y el 27-V la guarnición francesa que había quedado al mando del general J.L.S. Hugo, gobernador de la plaza desde marzo de 1812, hizo lo propio; tres días más tarde, las tropas españolas de Juan Martín Díaz, el Empecinado entraban en la capital, hecho que constituye el final de la Guerra de la Independencia en la misma. Al año siguiente, y de forma paulatina, irán llegando las instituciones del reino: la Regencia y las Cortes, en enero, y Fernando VII, en mayo. A causa de los sucesos de 2-V-1808, la villa obtuvo en 1814 el título de Muy Heroica.

La Puerta de Alcalá. Obra de Francisco Sabatini, realizada en 1778, por encargo de Carlos III
La Puerta de Alcalá. Obra de Francisco Sabatini, realizada en 1778, por encargo de Carlos III
Plaza de Oriente y Palacio Real. Obra ordenada por Felipe V en 1738, de estilo neoclásico. Delante, la estatua ecuestre de Felipe IV
Plaza de Oriente y Palacio Real. Obra ordenada por Felipe V en 1738, de estilo neoclásico. Delante, la estatua ecuestre de Felipe IV
Plaza de la Villa con el monumento a Álvaro de Bazán y la casa de Cisneros, 1537.
Plaza de la Villa con el monumento a Álvaro de Bazán y la casa de Cisneros, 1537.
La Plaza Mayor. Obra del arquitecto Juan Gómez de Mora, 1619, a iniciativa de Felipe III, cuya estatua ecuestre preside el lugar
La Plaza Mayor. Obra del arquitecto Juan Gómez de Mora, 1619, a iniciativa de Felipe III, cuya estatua ecuestre preside el lugar
Fuente de La Cibeles, símbolo pagano de la ciudad. Obra de V. Rodríguez, F. Gutiérrez y R. Michel, 1792
Fuente de La Cibeles, símbolo pagano de la ciudad. Obra de V. Rodríguez, F. Gutiérrez y R. Michel, 1792
La Puerta de Toledo. Monumento de A.L. Aguado, 1826, dedicado a Fernando VII.
La Puerta de Toledo. Monumento de A.L. Aguado, 1826, dedicado a Fernando VII.

A lo largo de los ss. XIX y XX, una buena parte de los hechos que jalonan la historia de España sucedieron en Madrid; así, la ocupación de la villa por los Cien Mil Hijos de San Luis (1823), la primera matanza de frailes (1834), la llegada durante la I Guerra Carlista (1833-1840) de la Expedición Real a las puertas de la villa (1837), el pronunciamiento de Diego Antonio de León y Navarrete (1841), la Vicalvarada (1854; v.), la sublevación de los sargentos del cuartel de San Gil (1866), los sucesos del Sexenio Revolucionario (1868-1874), la fundación del Partido Socialista Obrero Español (PSOE) (1879), el Pacto de El Pardo (1885) entre Antonio Cánovas del Castillo y Práxedes M. Sagasta, los magnicidios de José Canalejas (1912) y Eduardo Dato (1921), la proclamation de la II República (1931), la batalla y asedio de Madrid durante la Guerra Civil (1936-1939), la entronización de Juan Carlos I como rey de España (1975) o los Sucesos de Febrero de 1981 (v.) en el Congreso de los Diputados; a ellos hay que unir los derivados de la actividad normal de los poderes del Estado y gran parte de los que han conformado la actividad literaria, teatral, artística –como las exposiciones nacionales de Bellas Artes, celebradas en su mayoría en Madrid–, institucional, económica y social de España. Desde una perspectiva urbanística, la villa ha experimentado a lo largo de las dos últimas centurias un proceso de reforma y expansión, que como consecuencia del crecimiento natural de la población, el superávit migratorio y el incremento del tráfico rodado, se ha prolongado hasta la actualidad. Durante el reinado de Isabel II comenzaron a emprenderse algunas remodelaciones importantes, como la de la Puerta del Sol; la intervención en la misma era inevitable, debido a la presión física de un parque móvil para el que el centro urbano ya era pequeño; en 1853 se convocó un concurso para adjudicar las obras de remodelación, pero ninguno de los proyectos presentados obtuvo el apoyo unánime de las instituciones encargadas de juzgarlos; por ello, una R.O. de 1856 otorgó directamente la elaboración del proyecto a Juan Bautista Peyronnet, que tampoco satisfizo plenamente; después de una serie de vicisitudes, la obra fue adjudicada al ingeniero Lucio del Valle y Arana, quien en 1859 presentó el proyecto que habría de llevarse a cabo entre 1860 y 1868; de esta forma, y con miras a resolver el problema de la circulatión más que el de compositión arquitectónica, Valle situó el centro de la plaza en el punto donde la circulación se hacía más densa, y distanció las salidas de las calles que dan a la plaza (Mayor, Arenal, Preciados, Alcalá, carrera de San Jerónimo y Carretas) recurriendo a una planta en línea curva. Al mismo tiempo, comenzó a plantearse la necesidad de un ensanche; el proyecto definitivo fue el del ingeniero Carlos María de Castro, aprobado en 1860, quien para evitar la barrera del Manzanares, planteó una expansión urbana hacia el N. y E. (distritos de Chamberí y Salamanca) en el que abandonó el trazado radial que caracteriza el casco antiguo para adoptar un plan ortogonal, similar al propuesto por Ildefonso Cerdá para Barcelona por las mismas fechas; sin embargo, y a diferencia de éste, el plan Castro seguía considerando Madrid como una ciudad centralizada, por lo que ideó una serie de rondas (actuales avenida Reina Victoria y calles Raimundo Fernández Villaverde, Joaquín Costa, Francisco Silvela y Doctor Esquerdo) que la circunvalaran. Como el plan Castro había dejado sin tocar el casco antiguo y el parque móvil no hacía sino crecer, a finales de siglo se hizo precisa una arteria urbana larga y ancha por la que se pudiera canalizar el tráfico rodado y que uniera, mediante una distancia mínima, los puntos extremos de la villa; de esta necesidad provino la apertura de la Gran Vía, según proyecto (1886) de Carlos Velasco, reformado (1898) por J. López Sallaberry y F.O. Palacios (1898), aprobado definitivamente por R.O. de 1904 e iniciado en 1910. Pero el proyecto más novedoso de finales del s. XIX es la Ciudad Lineal, diseñada por Arturo Soria Mata, que pretendia al mismo tiempo solucionar el problema del transporte urbano, dotar de servicios a los ciudadanos e integrar la naturaleza en el ámbito de la ciudad; su influencia en el urbanismo posterior ha sido enorme, aun cuando su contribución reside más en el aspecto teórico que en el práctico: sólo pudo realizar parte de su planteamiento al NE. de Madrid, y aun éste se ha visto desvirtuado por reformas posteriores. El problema del transporte urbano se vio parcialmente aliviado con la puesta en funcionamiento del ferrocarril metropolitano, cuya primera línea (Cuatro Caminos-Sol) fue inaugurada en 1919; la expansión urbana prosiguió hacia el NO. del casco antiguo con la fundación, en 1927, de la Ciudad Universitaria; tras las destrucciones ocasionadas por la Guerra Civil, se llevaron a cabo tanto restauraciones del casco antiguo (calle de Alcalá, calzada central del paseo de la Castellana, Puerta del Sol), como ampliaciones del extrarradio; éstas fueron consecuencia tanto de la propia dinámica de expansión urbana como de la puesta en práctica de la Ley de 23-XI-1944 y decretos complementarios, en virtud de la cual el térm, municipal fue anexionando a su territorio, entre 1948 y 1954, las entidadades de población de Chamartín de la Rosa, Carabanchel Bajo, Carabanchel Alto, Canillas, Canillejas, Hortaleza, Barajas –la autopista del aeropuerto estaba totalmente en servicio en 1952–, El Pardo, Aravaca, Vallecas, Vicálvaro, Fuencarral y Villaverde; en 1954 se falló, a favor del arquitecto Antonio Perpiñá Sebriá, el concurso para la creación, al N. de Madrid, de un segundo centro comercial, el complejo Azca, en la prolongación septentrional del paseo de la Castellana, también de las mismas fechas; posteriormente, en 1968, se intentó solucionar el problema del tráfico mediante la constructión de tres pasos elevados popularmente conocidos entre los madrileños como el “Scalextric”, posteriormente derruidos; en la actualidad, se ha intentado resolver dicho problema mediante cinturones de circunvalación, tales como la autopista M-30 (1969), M-40 (1987) y M-50 (1993), que rodean el casco urbano y comunican las carreteras nacionales con el centro en Madrid –las radiales– sin necesidad de que el tráfico rodado entre en el casco urbano. En cuanto a las últimas mejoras en el casco urbano de la ciudad, cabe señalar el sistema de pasos inferiores bajo Cea Bermúdez y avenida de Filipinas. Otras obras son: el nuevo puente de Ventas, más largo y ancho que el anterior, ya demolido, y el puente de Los Franceses. Gran esfuerzo ha supuesto la extensión de la red de transporte metropolitano: se ampliaron las líneas 4, 7, 8 y 10, con un total de 11 km y nueve estaciones nuevas. También en el ámbito del transporte destaca la ampliación del Aeropuerto de Barajas, con una nueva terminal, torre de control y una tercera pista.

Economía

Por su condición de cap. de España, Madrid tiene una larga tradición histórica del sector servicios, centrados desde 1561 en los derivados de la administración, que llegaron a superar numéricamente a las actividades comerciales bien pronto, así como al subsector del transporte, con la aparición (1848) del servicio de diligencias con centro en la cap. y la temprana introducción del ferrocarril (línea Madrid-Aranjuez, 1851). Por ello, la industrialización madrileña puede considerarse como un proceso tardío, si se compara con su temprana terciarización; aunque fue en el s. XIX cuando comenzó la introducción del sector secundario, éste sólo adquirió un papel predominante en su economía desde la década de 1950, en virtud de la preponderancia que la política del desarrollismo dio a Madrid en el ámbito nacional; el surgimiento, en esas fechas, del Madrid industrial, vino propiciado por tres factores que, aunque causados por su condición de capital, son diferentes entre sí: la convergencia de la red radial de transportes (carreteras y ferrocarriles) en Madrid, con la consiguiente conversión de la villa en un gran mercado de distribución e intercambio; un superávit migratorio, derivado de la atracción ejercida por el sector terciario, que aportó un importante contingente de población activa susceptible de ser readaptado al sector industrial; y la ubicación de las principales instituciones financieras del país, lo que favoreció la concentración de nuevos capitales y la elección de la villa como emplazamiento de las sedes sociales de diferentes ramas de la producción. La consecuencia de todo ello es que, en la actualidad, el térm. municipal de Madrid concentra el mayor porcentaje industrial de la comunidad autónoma, con presencia práctica de todos los subsectores: artes gráficas, confección, calzado y cuero, material eléctrico y electrónico, automoción, material de transporte aéreo y ferroviario, alimentario, maderero, del mueble, químico ligero (laboratorios farmacéuticos, perfumería y cosméticos) y de la construcción; en el ámbito nacional sobresale por su industria de tecnología punta, basada en proyectos de I+D, y por la abrumadora presencia de empresas públicas, tales como Tabacalera, S.A., Radiotelevisión Española (RTVE), Repsol, Empresa Nacional del Gas, S.A. (Enagás), Telefónica de España, S.A., Red Nacional de Ferrocarriles Españoles (Renfe) o Iberia, S.A.. La integración de España (1986) en la Comunidad Europea (CE; desde 1993 Unión Europea, UE), con la libre circulación de capitales entre los estados miembros que la misma implica, ha provocado la introducción de instituciones fmancieras de capital extranjero, de las que más del 95% han instalado su sede central española en Madrid; si a ello se une que casi el 100% del crédito oficial también se ubica en la capital y que el volumen de contratación de la Bolsa de Madrid supera el 75% del total nacional, se obtiene un perfil que muestra la importancia que el subsector financiero, tradicionalmente presente, ha alcanzado en la última década.

Sede de las universidades Autónoma de Madrid, Complutense de Madrid, Politécnica de Madrid, Nacional de Educación a Distancia (UNED), Internacional Menéndez Pelayo, Pontifica de Comillas y Carlos III de Madrid; asimismo, cuenta con un colegio universitario dependiente de la Universidad de Alcalá de Henares (Madrid) y con la Facultad de Ciencias Políticas y Sociología y una escuela universitaria de Enfermería dependientes de la Universidad Pontificia de Salamanca. Sede episcopal de la archidiócesis de Madrid-Alcalá, exenta. Sede de la Capitanía General de la Región Militar Centro, del Cuartel General del Ejército del Aire y de la Jefatura de la Primera Región Aérea, y del Cuartel General de la Armada.

Turismo

En virtud de su patrimonio histórico, urbanístico y arquitectónico, Madrid constituye uno de los principales centros turísticos de España. Es un turismo que, por sus propias características y a diferencia del de otras zonas españolas, presenta variaciones estacionales poco acusadas; la procedencia de los visitantes es tanto interior como exterior, con un ligero predominio de la primera. El mun. cuenta –pasando por alto el aeródromo de Madrid-Cuatro Vientos, de escaso movimiento de viajeros– con el Aeropuerto Internacional de Madrid-Barajas, que presenta el mayor volumen total de pasajeros de los aeropuertos españoles; sin embargo, no todos ellos deben ser contabilizados como turistas, por cuanto parte de los mismos no prolongan su estancia en la cap. más allá de unas horas, bien porque viajan para realizar gestiones en el día –los usuarios de los puentes aéreos interiores–, bien porque Barajas realiza una mera función receptora de viajeros procedentes del exterior cuyo destino final es otro lugar de España. Por otro lado, el nivel de ocupación de la dotación hotelera de la villa tampoco resulta totalmente fiable, a efectos estadísticos, porque buen número de los turistas registrados, tanto nacionales como extranjeros, hacen uso de los servicios de agencias en cuyos programas la estancia en Madrid suele ocupar menos de la mitad del tiempo real del viaje, dedicándose el resto a la visita de otros centros de atracción cercanos –las localidades madrileñas de Alcalá de Henares, Aranjuez o San Lorenzo de El Escorial, las ciudades de Ávila, Segovia o Toledo, o el palacio segoviano de La Granja de San Ildefonso– que carecen de la infraestructura hotelera de Madrid.

Arte

La propia historia de Madrid explica y justifica la escasa presencia de arquitectura anterior al s. XVI, a pesar de lo cual existe en la villa un tempio del s. IV a.C, el egipcio de Debod, consagrado al dios Amón, que fue donado a España (1968) por el gobierno de Egipto como agradecimiento por la labor de la misión arqueológica española que, al construirse la presa de Assuan (Egipto), colaboró en su desmontaje y traslado temporal a Elefantina (Egipto). De época medieval y origen autóctono son ya los restos de la vieja muralla (Monumento Histórico-Artístico, 15-I-1954), construida en época de Muhammad I; y las iglesias de San Nicolás (Monumento Nacional, 3-VI-1931) y de San Pedro el Viejo (Monumento Histórico-Artístico, 8-VI-1979), románica y gótica, respectivamente, cuyo rasgo común es la torre mudéjar, del s. XII, en la primera, y de 1354, en el segundo caso. La arquitectura del s. XVI tiene su primer ejemplo en la capilla de San Juan de Letrán o del Obispo (Monumento Nacional, 3-VI-1931), dependiente de la iglesia de San Andrés, construida entre 1520 y 1535; en su interior, uno de los primeros retablos renacentistas madrileños, obra del principal discípulo de Alonso Berruguete, Francisco Giralte, quien también es el autor de los sepulcros orantes de los fundadores de la capilla. El Monasterio de las Descalzas Reales era en su origen un palacio construido a instancias de Carlos I; a finales de la década de 1550, A. Sillero adaptó el edificio para albergar el monasterio de las Clarisas, fundado por Juana de Austria, hija de Carlos I y madre de Sebastián I de Portugal (1557-1578); la fachada del monasterio, en el estilo del primer Renacimiento toledano, fue realizada por Sillero en 1559; el templo anejo y su fachada son obra (h. 1561) de Juan Bautista de Toledo; en 1756, Diego de Villanueva realizó una reforma de la iglesia; la importancia de las Descalzas Reales radica no tanto en el edificio en sí como en las obras de arte que en él se conservan: la decoración al fresco es de Claudio Coello, Francisco Rizi, Antonio de Pereda y Salgado y Luca Giordano, entre otros, y posee colecciones de escultura, con obras de Gregorio Fernández, Juan de Mena, Gaspar Becerra o Pompeo Leoni, a quien se debe el mausoleo en mármol de la fundadora; de pintura, con representación de las escuelas flamenca (Brueghel el Viejo, Rubens), italiana (Tiziano, B. Luini) y española (Alonso Sánchez Coello, Juan Pantoja de la Cruz, Francisco de Zurbarán, Bartolomé Esteban Murillo); de marfiles, con crucifijos de escuelas alemana, española y filipina de los ss. XVI y XVII; y de tapices, entre los que sobresalen la serie de los realizados sobre cartones de Rubens. La principal construcción civil del reinado de Felipe II es el palacio de El Pardo (Monumento Nacional, 3-VI-1931); se trata de una reedificación (1547-1548) de L. Vega sobre un edificio anterior derribado en 1543; un incendio (13-III-1604) obligó a su reconstrucción, llevada a cabo por Francisco de Mora; Carlos III encargó en 1772 su ampliación a Francesco Sabatini; entre las obras de arte que conserva, destacan la decoración plctórica de las bóvedas de la ampliación del s. XVIII, debida a Francisco Bayeu y Subías y Mariano Salvador Maella, y una colección de tapices procedente de la Real Fábrica de Tapices de Santa Bárbara sobre cartones de pintores como Goya, Louis-Michel Van Loo y Ramón Bayeu y Subías; otra de las riquezas del palacio son sus jardines, declarados Jardín Artístico en distintas fechas (los de La Zarzuela, 21-XI-1934; los del Palacio, 4-XII-1934; los del Principe, 8-II-1935; y el de la Quinta, 28-III-1935). Otra obra civil del s. XVI es la Casa de las Siete Chimeneas (declaración de Monumento Nacional anulada por sentencia del Tribunal Supremo de 3-IX-1952), cuya traza ha sido atribuida a A. Sillero y J.B. de Toledo, y su ejecución (h. 1570) a Juan de Herrera; de este último es, con toda seguridad, el Puente de Segovia, diseñado antes de 1581 y concluido en 1588.

Iglesia de San Jerónimo el Real (los Jerónimos), ss. XV-XVI
Iglesia de San Jerónimo el Real (los Jerónimos), ss. XV-XVI
Catedral de la Almudena, iniciada a finales del s. XIX por el marqués de Cubas y continuada en 1944 por F. Chueca Goitia
Catedral de la Almudena, iniciada a finales del s. XIX por el marqués de Cubas y continuada en 1944 por F. Chueca Goitia
Ministerio de Agricultura. Edificio de R. Velázquez Bosco, con esculturas de A. Querol
Ministerio de Agricultura. Edificio de R. Velázquez Bosco, con esculturas de A. Querol
Senado. Obra de José Ramos Illán, 1991
Senado. Obra de José Ramos Illán, 1991
Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía. Guernica, de Pablo Picasso (1881-1973)
Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía. Guernica, de Pablo Picasso (1881-1973)
Teatro Real. Edificio de A. López Aguado y J. de la Concha, 1850
Teatro Real. Edificio de A. López Aguado y J. de la Concha, 1850

El s. XVII se abre con la fundación del monasterio del Corpus Christi o de Las Carboneras (Monumento Histórico Artístico, 5-VI-1981), que se remonta a 1607; el templo, de una nave, es obra de M. Soria; en el centro del retablo mayor se encuentra un óleo de Vicente Carducho que representa la Última Cena; pero el edificio que decididamente marca el inicio del Barroco madrileño es el convento de la Encarnación (1611-1616), atribuido durante largo tiempo a Juan Gómez de Mora, pero cuyo autor fue –según se demostró en 1975– fray Alberto de la Madre de Dios, perteneciente al círculo de Francisco de Mora; lo más influyente del edificio es la fachada de la iglesia, articulada en tres cuerpos –de los cuales el bajo da acceso a un nártex abierto por tres arcos– flanqueados por pilastras toscanas y rematados mediante un frontón triangular coronado por bolas laterales, solución que ya aparece en obras anteriores de F. de Mora, en especial, la iglesia de San José de Ávila y el convento de San Blas de Lerma (Burgos). La segunda gran obra del primer barroco es el Colegio Imperial de San Isidro el Real, establecimiento madrileño de los jesuitas cuya iglesia estuvo habilitada como catedral de Madrid desde la erección de la diócesis hasta la consagración de la de la Almudena, y cuyas instalaciones fueron sede de la Universidad Central de Madrid en el s. XIX; el templo es obra de dos tracistas legos de la orden, P. Sánchez, que lo inició en 1622 inspirándose en la pianta de Il Gesù (Roma; J. Vignola, 1568), y F. Bautista, quien a la muerte de Sánchez (1633) le sucedió en la dirección de las obras, respetando la pianta pero modificando el alzado e introduciendo la monumentai cúpula que cubre el crucero; la fachada constituye, cronológicamente, la primera muestra del influjo del convento de la Encarnación; P. Sánchez también fue el artífice de la iglesia de San Antonio de los Alemanes (1624-1633; Monumento Histórico-Artístico, 26-VII-1973), en la que los frescos del techo fueron pintados por Rizi y Juan Carreño de Miranda (1665-1668), y los de las paredes por Luca Giordano (h. 1699), y las imágenes del titular del retablo mayor y de la portada son de Manuel Pereira. La iglesia del monasterio de benedictinas de San Plácido (1641-1661; Monumento Histórico-Artístico, 27-IX-1943) es obra de fray L. de San Nicolás, y presenta uno de los interiores mejor conservados del Barroco madrileño; de planta de salón, son de destacar las pinturas de Claudio Coello (en el retablo mayor y en los altares laterales), las esculturas de Manuel Pereira y una talla (Cristo yacente) de Gregorio Fernández; fray L. de San Nicolás es asimismo el autor de la traza de la iglesia de la Concepción Real de Calatrava o iglesia de las Calatravas (1670-1686), cuya fachada fue reformada en el s. XIX por Juan Madrazo. La canonización de San Isidro Labrador impulsó a las autoridades madrileñas a emprender la edificación de un templo para albergar de forma digna las reliquias del santo; dicho tempio es la capilla de San Isidro (Monumento Nacional, 2-XII-1925), adosada a la iglesia parroquial de San Andrés; en 1642 se aprobaron las trazas de P. de la Torre, pero su construcción no se comenzó –con toda seguridad por problemas económicos– hasta 1657, bajo la dirección de J. de Villarreal, a quien en la actualidad se le atribuye gran parte del alzado; tras su muerte (1663), las obras se prolongaron seis años más, siendo a J. de Lobera a quien se debía la decoración del interior, destruida en un incendio en 1936– el encargado de la dirección de las mismas. Los hermanos M. y J. del Olmo son los autores de dos edificios claves del Barroco madrileño: el convento de la Inmaculada Concepción de las Mercedarias Descalzas, conocido como de Las Góngoras (en recuerdo de Juan de Góngora, su fundador en 1663); y la iglesia del convento de Santiago el Mayor de las Comendadoras de Santiago (1667-1683; Monumento Histórico-Artístico, 3-XII-1970); el interior de ambas, de pianta centrai con cúpula en el crucero, está inspirado en modelos italianos (para la segunda, se han señalado como posibles influencias los proyectos de San Pedro del Vaticano en Roma y la iglesia, también romana, de los santos Lucas y Martina, 1635-1650, de P. da Cortona), mientras que la fachada, extremadamente sobria, remite a la solución del nártex abierto del convento de la Encarnación y del Colegio Imperial de San Isidro el Real; en el retablo de la iglesia de las Comendadoras de Santiago es destacable la pintura de L. Giordano Santiago en la Batalla de Clavijo (1695). A la misma época de las obras de los hermanos del Olmo pertenece la iglesia y convento de San Ildefonso de las Trinitarias Descalzas (Monumento Nacional, 17-IX-1921); el convento se fundó en 1612, pero el tempio no fue comenzado hasta 1668; su traza se atribuye a M. López y J. de Arroyo. La arquitectura civil del s. XVII tiene uno de sus mejores ejemplos en el Ayuntamiento, cuyos primeros diseños son obra (1629) de Juan Gómez de Mora, pero cuya edificación se llevó a cabo entre 1644 y 1702, dirigiendo las obras, tras la muerte de Gómez de Mora (1648), J. de Villarreal, S. Hurtado y J. del Olmo; Teodoro Ardemans, a finales del siglo, añadirá el remate en chapitel de las torres y las portadas; Gómez de Mora también trazó en 1629 la Cárcel de Corte, actual Ministerio de Asuntos Exteriores. Obra de su discípulo Alonso Carbonell fue el Palacio del Buen Retiro (1631-1633), del que sólo se conserva, en la actualidad, el ala N. –donde se ubica el Museo del Ejército y en el que el techo del Salón de Reinos está decorado por Diego Velázquez–, el Casón del Buen Retiro –salón de baile levantado por el propio Carbonell en 1637-1638– y los jardines (Parque del Buen Retiro; Jardín Artístico, 8-II-1935). De finales del s. XVII es asimismo el Palacio de La Moncloa (Monumento Nacional, 3-XII-1927), actual residencia del presidente del Gobierno.

Durante la primera mitad del s. XVIII la arquitectura barroca está encarnada en la figura de Pedro de Ribera, que desarrolló su obra en Madrid, donde desempeñó el cargo de arquitecto municipal; una de sus primeras obras es la ermita de la Virgen del Puerto (1718; Monumento Histórico-Artístico, 28-XII-1945), cuya sobria fachada oculta un templo de planta octogonal que se abre en exedras en cada uno de sus frentes; la planta se completa con dos capillas circulares en los laterales del presbiterio y un camarín triangular tras la capilla mayor; en alzado, las pilastras de orden gigante proporcionan una sensación de monumentalidad –pese a las pequeñas dimensiones del edificio–, acrecentada, al exterior, mediante la cúpula rematada por chapitel que cubre el crucero. También son obras de Pedro de Ribera la remodelación de la fachada y la torre (1720) de la iglesia de benedictinos de Nuestra Señora de Montserrat (Monumento Nacional, 19-VIII-1914), obra que había sido trazada por Sebastián de Herrera Barnuevo en 1668; el templo de San Cayetano (Monumento Histórico-Artístico, 19-V-1980), actual parroquia de San Millán, comenzada en 1722 y concluida en 1761 bajo la dirección de Francisco de Moradillo, en el que el diseño de la fachada, emparentado con el de la iglesia precedente, es uno de los más característicos del autor; y la iglesia de escolapios de San Antón (h. 1730), plenamente barroca por su concepción geométrica a partir de un módulo y su utilización de la elipse como línea rectora. S. Bonavía también se sirvió de esquemas circulares y elípticos en el interior de la Basílica Pontificia de San Miguel (1739-1746), originariamente dedicada a los santos Justo y Pastor. En la segunda mitad de la centuria el Barroco es desplazado por el neoclasicismo; el artífice de la transición entre ambos estilos es Ventura Rodríguez, tal y como se aprecia en la iglesia parroquial de San Marcos (1749-1753; Monumento Histórico-Artístico, 28-VII-1944): la fachada es especialmente sobria, pues se articula a partir de un rectángulo vertical enmarcado por dos pilastras de orden gigante terminadas en capitel corintio sobre las que se asienta un frontón triangular; tan sólo los dos pabellones curvos que flanquean la fachada suponen una cierta reminiscencia barroca, por cuanto evocan el esquema compositivo de la fachada de San Andrés del Quirinal (Roma; G.L. Bernini, 1658-1670); por el contrario, el interior es plenamente barroco: la planta, que remite directamente a las de F. Borromini, está diseñada mediante la combinación de cinco elipses de distintas dimensiones y direcciones del eje focal que se desarrollan longitudinalmente en convergencia hacia el altar mayor. V. Rodríguez es el autor, asimismo, de un proyecto para la reedificación del tempio de San Francisco el Grande (Monumento Histórico-Artístico, 10-X-1980), franciscano, una vez que fue demolido (1760) el antiguo, que según la tradición había sido fundado por el propio San Francisco de Asís; el proyecto de Rodríguez, sin embargo, fue rechazado por los frailes, que prefirieron el de fray F. Cabezas; éste siguió en su traza el modelo del Panteón de Roma, configurando el espacio a partir de una rotonda cubierta con cúpula; Francesco Sabatini diseñó (1776) la fachada, convexa y articulada en dos cuerpos de raíz chasicista; en su interior, se hallan pinturas de Francisco Herrera el Viejo, Zurbarán, C. Coello, Luca Giordano, M.S. Maella y Goya (San Bernardino de Siena). Entre 1750 y 1757 se levantó el Real Monasterio de la Visitación o de las Salesas Reales, cuyo templo es la actual iglesia parroquial de Santa Bárbara (Monumento Histórico-Artístico, 25-V-1979), obra de François Carlier y Francisco de Moradillo; el cenobio, fundado por la reina Bárbara de Braganza, se readaptó posteriormente para palacio de justicia; lo más destacado del interior del tempio son los sepulcros de la reina fundadora y de su esposo Fernando VI, diseñados por Sabatini y ejecutados por F. Gutiérrez y J. de León, y el del general O’Donnell, debido a Jerónimo Suñol Pujol (década de 1870). Con Juan de Villanueva, dieciocho años más joven que V. Rodríguez, se alcanza el neoclasicismo pieno; su obra más importante en el ámbito de la arquitectura religiosa es el Real Oratorio del Santísimo Sacramento o del Caballero de Gracia (Monumento Histórico-Artístico, 16-III-1956); se trata de una reforma de un edificio anterior (1654) llevada a cabo entre 1786-1795, y en ella Villanueva recurrió al esquema de planta basilical con amplia nave central cubierta por bóveda de cañón adornada con casetones y separada por una columnata corintia de filiación palladiana de dos estrechas naves laterales; la fachada que da a la calle de Caballero de Gracia es obra (1826-1832) de C.T. Moreno, aunque siguiendo, con ligeras variaciones, un diseño de Villanueva. En 1798 fue concluida la edificación de la ermita de San Antonio de la Florida (Monumento Nacional, 7-IV-1905), cuya importancia no radica en el orden arquitectónico, sino en el pictórico, por cuanto entre el 1 de agosto y el 20 de diciembre de aquel año Goya decoró la cúpula, realizando una obra que unánimemente se considera la más importante de su producción mural; de técnica mixta –fresco y temple–, en ella se encuentran la pincelada suelta y el abocetamiento característico del pintor.

La arquitectura civil del s. XVIII presenta, lógicamente, un desarrollo paralelo en nombres y estilos al de la arquitectura religiosa; el edificio más importante es el Palacio Real de Madrid (Monumento Nacional, 3-VI-1931; v.), constando entre 1738 y 1764 según pianos sucesivos de los italianos Filippo Juvara y Giovanni Battista Sacchetti, y con la colaboración de V. Rodríguez. De Pedro de Ribera son el antiguo cuartel del Conde Duque (1720; Monumento Histórico-Artístico, 26-11-1976), el palacio de Miraflores (Monumento Histórico-Artístico, 23-IV-1976) y el puente de Toledo (1719-1732; Monumento Histórico-Artístico, 14-IX-1956); V. Rodríguez es el autor del proyecto (1772) del palacio de Altamira (Monumento Histórico-Artístico, 10-VI-1977); Sabatini planeó en 1776 la antigua Casa de Aduana, actual Ministerio de Hacienda; en 1778 Juan de Villanueva levantó el edificio “Nuevo Rezado”, sede, desde 1871, de la Real Academia de la Historia (Monumento Histórico-Artístico, 5-VII-1945), y dos años más tarde, el Observatorio Astronómico de Madrid, una de las obras más representativas de toda la arquitectura neoclásica española.

Palacio del Congreso de los Diputados. Edificio neoclásico de Narciso Pascual y Colomer
Palacio del Congreso de los Diputados. Edificio neoclásico de Narciso Pascual y Colomer
Jardín tropical bajo la estructura férrea de la estación de Atocha
Jardín tropical bajo la estructura férrea de la estación de Atocha
Arco de Cuchilleros, uno de los accesos a la Plaza Mayor
Arco de Cuchilleros, uno de los accesos a la Plaza Mayor
La Puerta de Europa, en la Plaza de Castilla, con los rascacielos de Philip Johnson y John Burgee
La Puerta de Europa, en la Plaza de Castilla, con los rascacielos de Philip Johnson y John Burgee
Una perspectiva de la Gran Vía
Una perspectiva de la Gran Vía
Sala del Museo Nacional del Prado. Las Meninas, de Velázquez (1599-1660)
Sala del Museo Nacional del Prado. Las Meninas, de Velázquez (1599-1660)

La arquitectura madrileña de los dos últimos siglos es en su mayor parte civil; el estilo neoclásico pervivió hasta entrado el s. XX, pero a partir de mediados de la centuria pasada convivió con el historicismo, tendencia estética de carácter ecléctico que retomó los elementos más característicos de los estilos de épocas pasadas –con preferencia por elhispanomusulmán, el mudéjar, el gótico y el renacentista– y los aplicó a las nuevas construcciones. Durante el reinado de Fernando VII la arquitectura madrileña es obra de dos discípulos de Villanueva, Isidro González Velázquez y A. López Aguado, quienes tuvieron los cargos de arquitecto mayor de las reales obras y de maestro mayor de Madrid, respectivamente; el primero ganó en 1822 el primer concurso de arquitectura convocado en la etapa fernandina, consistente en un proyecto para la construcción de un obelisco a los caídos en Madrid el 2-V-1808; la obra, que por problemas economicos no se concluyó hasta 1840, se halla actualmente en la plaza de la Lealtad; su último proyecto importante fue el del Real Colegio de Medicina y Cirugía de San Carlos, presentado en 1831, pero de cuya ejecución material se encargó T. Pérez Cuervo, quien introdujo algunas modificaciones; por su parte, López Aguado es el autor de la Puerta de Toledo (1817-1827), pero su fama se asienta sobre el Teatro Real, comenzado en 1818 y cuyas obras se prologaron –de nuevo, por problemas económicos– hasta 1850; tras la muerte de López Aguado, en 1831, asumio la dirección de las obras C.T. Moreno. Narciso Pascual y Colomer es el autor de uno de los edificios más representativos del Madrid isabelino, el Congreso de los Diputados (1843-1850), en cuya fachada ya se aprecia el eclecticismo propio de la segunda mitad del siglo, por cuanto el frontis clásico, hexástilo y de orden corintio, está flanqueado por paramentos laterales de filiación renacentista, apreciable en la separación de los cuerpos mediante impostas y la diferenciación de los mismos mediante distintos tipos de almohadillado; el escultor Ponciano Ponzano Gascón es el autor de la decoración del tímpano (encargada en 1848, pero no instalada hasta 1865) y de los leones en bronce de la escalinata (1872). El ùltimo de los edificios neoclásicos paradigmáticos es el Palacio de Bibliotecas y Museos, donde hoy se hallan la Biblioteca Nacional y el Museo Arqueologico Nacional, obra diseñada en 1862 por Francisco Jareño y Alarcón, cuya primera piedra se colocó en 1866 y que no fue concluido hasta 1892; una de las características más notables del edificio era la utilización del hierro como elemento constructivo –a imitación de la Biblioteca Nacional de París–, pero recientes reformas han destruido las estructuras férreas del edificio. La introducción de este material fue paulatina, pero rápidamente aceptada para un determinado tipo de edificios, tales como las estaciones de ferrocarril; tanto la del Norte o de Príncipe Pío (Bairez, Grasset y Ouliac, 1879-1882) como la del Mediodía o de Atocha (Alberto del Palacio y Elissague, 1889-1892) responden a las nuevas ideas. Paralelamente a estos precedentes de la arquitectura del s. XX, Francisco de Cubas y González-Montes, marqués de Cubas, proyectaba (1883) una de las pocas obras religiosas del periodo, la catedral de la Almudena, en estilo neogótico (la planta remite a las de las catedrales de Reims, Francia, y de León, mientras que el alzado se basa en el de la francesa de Chartres y en la de Toledo), de la que en una primera fase sólo se concluyó la cripta neorrómanica (1911); el primitivo proyecto fue abandonado tras 1944, en que Fernando Chueca Goitia y C. Sidro realizarán uno nuevo, de carácter más clasicista. Similar al caso de la Almudena es el de la Basílica de Nuestra Señora de Atocha: se convocó un concurso para la reedificación del viejo edificio barroco, que amenazaba ruina; el diseño (1890) de Fernando Arbós y Tremanti, de estilo neobizantino, fue el ganador, pero del conjunto proyectado sólo se llegó a construir el campanil y el Panteón de Hombres Ilustres; en este último, que sigue el modelo de los camposantos medievales italianos –como el de Pisa– se hallan, entre otros, los sepulcros de Cánovas del Castillo, obra de Agustín Querol Subirats, y de Sagasta, Canalejas y Dato, los tres de Mariano Benlliure; la basílica no se concluyó hasta mediados del s. XX, y abandonando el proyecto inicial por otro neobarroco. Otras obras de finales del s. XIX son el edificio del Banco de España (1884-1891, de Eduardo de Adaro y Magro en colaboración con S. Sáiz de la Lastra), neorrenacentista, aunque utilizando el hierro; el de la Bolsa (1884-1893, Enrique María Repullés y Vargas), neogriego; y el del Ministerio de Fomento (1893-1897, Ricardo Velázquez Bosco), ocupado en la actualidad por el Ministerio de Agricultura, Pesca y Alimentación, y cuya decoración escultórica se debe a A. Querol. Las diferentes tendencias de la arquitectura del s. XX también están presentes en Madrid: el palacio de Longoria (1900-1902, José Grases Riera), actual sede de la Sociedad General de Autores Españoles (SGAE), el ejemplo más representativo del Modernismo madriteño; la vuelta a los modelos clásicos, en la obra de Antonio Palacios Ramilo, fundamentalmente en el edificio central de Correos y Telégrafos (1903-1918, en colaboración con Joaquín Otamendi y Machimbarrena) y en la sede social del Círculo de Bellas Artes (1919-1926; Monumento Histórico-Artístico, 13-III-1981) y en la de Secundino Zuazo Ugalde, cuya obra más importante es la Casa de las Flores (1930-1932), en la que ya muestra su conocimiento de la vanguardia europea; el neomudéjar, en la Plaza de Las Ventas (J. Espelíu, 1931); el racionalismo influenciado por Le Corbusieren los edificios de la ciudad universitaria, entre los que se hallan la Facultad de Filosofía y Letras (Agustín Aguirre, 1932-1935); la Facultad de Ciencias (Miguel de los Santos Nicolás, 1934-1936) y el Hospital Clínico (Manuel Sánchez Arcas, 1934-1936); el empleo del hormigón armado, en la obra del ingeniero Eduardo Torroja Miret, diseñador del hipódromo de la Zarzuela (1936, con la colaboración de los arquitectos Carlos Arniches Molto y Martín Domínguez; el neoherrerianismo, en el Ministerio del Aire (Luis Gutiérrez Soto, 1943-1951); y las últimas tendencias, representadas en el Edificio Torres Biancas (Francisco Javier Sáenz de Oiza, 1961-1968), las Torres de Colón (A. Lamela, 1967-1976), el Palacio de Congresos y Exposiciones (P. Pintado, 1970, con decoración murai en la fachada de Joan Miró), la Torre Europa (M. Oriol, 1974-1982), el edificio de la Fundación Juan March ([[José Luis Picardo Castellón, 1975), el Centro Cultural de la Villa (M. Herrero Palacios, 1977) y el Tribunal Constitucional (A. Bonet Castellana, 1978). De las dos últimas décadas del s. XX destacan, por su magnitud arquiteetónica, la torre de RTVE, Torre de España, conocida como Pirulí (Emilio Martiñez de Velasco, 1981), la torre Picasso (Minoru Yamasaki y Genaro Alas Rodríguez), las dos torres de la Puerta de Europa (Philip Johnson y John Burgee), el nuevo Palacio Municipal de Congresos (Ricardo Bofill Leví, 1993) y el nuevo parque Juan Carlos I considerado “puerta de la ciudad”, con una superficie de 220 ha (Emilio Esteras y J.L. Esteban Penelas, 1992). En 1994, se inicia una reforma arquiteetónica en el centro histórico, encaminada a la rehabilitación de edificios, pavimentos e infraestructuras.

Vestibulo central de la Fundación Colección Thyssen-Bornemisza
Vestibulo central de la Fundación Colección Thyssen-Bornemisza
Vista panorámica de Madrid con los rascacielos de la Plaza de España
Vista panorámica de Madrid con los rascacielos de la Plaza de España
El Paseo de la Castellana y la Torre Picasso, en primer término. Edificio de Minoru Yamasaki y Genaro Alas Rodríguez
El Paseo de la Castellana y la Torre Picasso, en primer término. Edificio de Minoru Yamasaki y Genaro Alas Rodríguez
Las torres gemelas, en la plaza Colón. Obra de Antonio Lamela
Las torres gemelas, en la plaza Colón. Obra de Antonio Lamela

En las calles y plazas de Madrid se alzan numerosos monumentos escultóricos. Una de las estatuas ecuestres más importantes de todo el Barroco europeo es la de Felipe IV en la Plaza de Oriente, fundida en bronce (1640) por Pietro Tacca tornando como modelos una figura a caballo de Velázquez y un busto del rey de Juan Martínez Montañés expresamente enviados a Florencia; la novedad estriba en la posición en corveta del caballo, inédita hasta entonces debido a los problemas técnicos que planteaba; inicialmente ubicada en el Buen Retiro, pasó a ocupar su actual emplazamiento en 1843. Pietro Tacca ya había sido el artífice de la estatua ecuestre, también en bronce, de Felipe III, en la Plaza Mayor; iniciada por su maestro J. de Bolonia, tras su muerte (1608), el discípulo concluyó la obra en 1616; el modelo que se siguió fue un retrato de Juan Pantoja de la Cruz, y hasta 1848 estuvo instalada en la Casa de Campo. Paralelamente a las reformas urbanísticas de época de Carlos III se erigieron una gran cantidad de fuentes neoelásicas de las que una buena parte fue diseñada por Ventura Rodríguez; la más famosa es la Fuente de La Cibeles (1780-1786), en la plaza homónima, esculpida en mármol cárdeno por F. Gutiérrez –la diosa y el carro– y R. Michel –los leones–; con ocasión de su traslado a su emplazamiento actual en 1895 se añadió la pareja de amorcillos de la parte trasera, obra de M.A. Trilles y Antonio Parera i Saurina. Otras fuentes proyectadas por V. Rodríguez son la Fuente de Neptuno (1780-1784), en la plaza de Cánovas del Castillo, ejecutada por J.R de Mesa; la Fuente de Apolo o de Las Cuatro Estaciones, formando conjunto con las dos anteriores en el paseo del Prado, iniciada (1781) por Manuel Francisco Álvarez de la Peña y concluida (1802) por Alfonso Giraldo Bergaz, autor de la estatua del dios que la corona; la Fuente de los Delfines (1770-1772), en la calle de Hortaleza; la Fuente de las Conchas, en el Campo del Moro, de F. Gutiérrez; las cuatro fuentes situadas entre la fachada S. del Museo Nacional del Prado (plaza de Murillo) y el Jardín Botánico, en las que dos tritones son obra de R. Michel y otros dos de F. Gutiérrez –terminados por Alfonso Giraldo–; y la Fuente del Tritón y la Nereida –conocida como La Alcachofa–, en el Retiro, del propio Giraldo –el tritón y la nereida– y A. Primo –el grupo de niños de la parte superior–. Las formas neoclásicas se prolongaron en la estatuaria oficial hasta entrado el s. XX; en Madrid, al ser sede de los organismos centrales del Estado, principales clientes de escultura y pintura de carácter oficial, este hecho se acentúa aún más que en otras ciudades españolas. El s. XIX se abre con Defensa de Zaragoza, de José Álvarez Cubero, ante el Casón del Buen Retiro; este grupo, también conocido como Néstor y Antíloco y en el que se aprecia la influencia ejercida por el italiano A. Canova sobre Álvarez Cubero, fue modelado en yeso en 1818 y esculpido en mármol en 1823, y está considerado la obra maestra de su autor, e incluso de toda la escultura neoclásica española; a la misma tendencia pertenecen Daoíz y Velarde (1830), en la plaza del Dos de Mayo, y el monumento a Cervantes (1835), en la plaza de las Cortes, frente al Congreso de los Diputados, ambas de A. Solá; el de Isabel II (1850), en la plaza que lleva su nombre, de José Piquer Duart (en realidad es una copia en bronce del original en mármol que se halla en la Biblioteca Nacional); y el de Murillo (1861), en la fachada S. del Museo del Prado, de S. de Medina. Las reformas, ampliaciones y ensanches urbanos de la segunda mitad del s. XIX y principios del XX provocaron un incremento de la demanda de estatuaria oficial, que siguió los cánones de un realismo ecléctico anclado en unos modelos neoclásicos que pervivieron gracias al control de las academias de bellas artes en los ámbitos docente y de promoción profesional. A este momento, a partir de la Restauración (1874) corresponde la erección de gran cantidad de monumentos madrileños; iconográficamente, el más destacado es El ángel caído (1876), en el Retiro, obra de Ricardo Bellver y Ramón cuyo insólito tema (es una representación de Satanás) permite un tratamiento anatómico y compositivo que, al tiempo que la enlaza con la imaginería barroca, hace de ella una de las esculturas más originales de todo el s. XIX. Otros monumentos de esta época son el de Calderón de la Barca (1874), en la plaza de Santa Ana, de Juan Figueras y Vila; el de Colón (1881-1885), neogótico, en la plaza homónima, de Arturo Mélida Alinari –proyecto y pedestal– y Jerónimo Suñol –la figura del navegante–; el de Isabel la Católica a caballo, flanqueda por el Gran Capitán y el cardenal Mendoza (1883), en el paseo de la Castellana, de Manel Oms i Canet; el ecuestre del marqués del Duero (1883), en la plaza del Doctor Marañón, de Andreu Aleu Teixidor –la estatua– y P. Gibert –el pedestal–; el de Espartero (1886), en la confluencia de las calles de Alcalá y de O’Donnell, de P. Gibert; el de Francisco Piquer (1892), en la plaza de las Descalzas, de José María Alcoverro Amorós; el del marqués viudo de Pontejos (1892), en la misma plaza formando conjunto con el anterior, de M. Sanmartín; el de Velázquez (1899), en el paseo del Prado, frente a la entrada principal del Museo, y el del Héroe de Cascorro (1901), en la plaza homónima, ambos de Aniceto Marinas García; el de Cánovas del Castillo (1901), en la plaza de la Marina Española, de J. Bilbao sobre pedestal de J. Grases; y el de Quevedo (1902), en la glorieta que le está dedicada, de A. Querol. Tal vez sea Mariano Benlliure el escultor más prolífico de la España de finales del s. XIX y primera mitad del XX, a lo que contribuyó tanto su capacidad de trabajo como su longevidad, y constituye el principal continuador de la corriente realista decimonónica en la presente centuria; en Madrid se hallan sus monumentos al teniente Ruiz (1891), en la plaza del Rey; a Álvaro de Bazán (1891), en la plaza de la Villa; a la Reina Gobernadora María Cristina de Borbón (1893), en la calle de Felipe IV; a Goya (1902), en la misma calle, frente a la fachada N. del Museo del Prado; al general Martínez Campos (1907), ecuestre, en el Parque del Retiro; a Emilio Castelar y Ripoll (1908), en la plaza de su nombre; al cabo Luis Noval (1912), en la plaza de Oriente; y a Alfonso XII, ecuestre, en el Retiro, según proyecto de J. Grases y en el que también participaron, esculpiendo los grupos alegóricos, A. Vallmitjana, J.M. Alcoverro, Manuel Fuxá y Leal, Pedro Carbonell y Huguet, J. Montserrat, R. Atché, Pedro Estany Capella, Miguel Blay Fábregas, J. Bilbao y M.A. Trilles, entre otros; el monumento a Alfonso XII, comenzado en 1902 y concluido veinte años más tarde, marca en buena medida la transición estilística al s. XX, por cuanto junto a los artistas citados, seguidores del realismo tradicional y muchos de ellos ya consagrados, trabajaron otros más jóvenes y cuya obra supone cierta renovación de los patrones académicos, como M. Inuma y José Clará Ayats, autores respectivos de las alegorias La Marina y La Industria; del primero es, asimismo, el monumento a Lope de Vega (1902), en la glorieta de Rubén Darío. Ya en el presente sigio, el realismo tradicional está representado por Lorenzo Coullaut Valera –quien también tomó parte en el monumento a Alfonso XII–, que es el autor del monumento a Campoamor (1914), en el Retiro, y de la parte escultórica (en colaboración con su hijo Federico Coullaut Valera) del de Cervantes (1927), en la plaza de España.

En Madrid se halla una de las pinacotecas más importantes del mundo, el Museo Nacional del Prado (Monumento Histórico-Artístico, 1 -III-1962; v.), cuyos fondos están básicamente formados por las colecciones reales de las casas de Austria y de Borbón; instalado en un edificio neoclásico comenzado en 1775 por Juan de Villanueva, fue inaugurado en 1819. En 1998 se ha aprobado el proyecto de ampliación realizado por Rafael Moneo, que añadirá 14.000 metros cuadrados más a la gran pinacoteca, destinados a dos salas de exposiciones temporales, una sala de lectura, talleres de restauración, un almacén, además de un gran vestíbulo con restaurante, librería, tienda, guardarropa, salón de actos, servicios médicos, etc. La nueva construcción conectará la parte trasera del palacio de Villanueva con la iglesia de los Jerónimos, vinculando dos edificios, en principio, completamente diferentes. Con los fondos del s. XIX procedentes del Museo del Prado se creó, por R.D. de 4-IV-1894, el Museo de Arte Contemporáneo, que cambió su denominación al año siguiente por la de Museo de Arte Moderno y que fue inaugurado en 1898; otro decreto de 9-X-1951, lo desdobló en dos, el Museo de Arte del s. XIX –que en 1962 volvió a llamarse Museo de Arte Moderno– y el Museo de Arte Contemporáneo; en 1-III-1962 los fondos conjuntos de ambos fueron declarados Monumento Histórico-Artístico, y en 1968 volvieron a ser reunidos en una sola instalación con el nombre de Museo Español de Arte Contemporáneo (MEAC); en 1971, los fondos del s. XIX volvieron a depender del Museo del Prado, y fueron instalados en el Casón del Buen Retiro; los del s. XX constituyeron propiamente el MEAC, que se ubicó entre 1975 y 1989 en un inmueble de la Ciudad Universitaria proyectado para ello por J. López Asiaín y A. Díez Domínguez; por ùltimo, en 1989 el MEAC desapareció y sus obras pasaron a engrosar el Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía (MNCARS), constituido por R.D. de 27-V-1988 e instalado en el antiguo Hospital Provincial (Monumento Histórico-Artístico, 9-X?-1977), edificio del s. XVIII construido por Ventura Rodríguez y Francesco Sabatini. El otro gran museo de pintura de Madrid es el de la Fundación Colección Thyssen-Bornemisza, dispuesto en el Palacio de Villahermosa, edificio de mediados del s. XVIII y remodelado al efecto por R. Moneo; los fondos del museo comprenden cerca de ochocientas obras que abarcan desde el s. XIV, y la presencia de obras de pintores europeos y americanos encuadrados en los movimientos artísticos que se han sucedido desde el impresionismo ha venido a suplir una carencia de la que adolecían las pinacotecas de la cap. Otros centros museísticos de Madrid son el Museo de la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando (Monumento Histórico-Artístico, 4-II-1971), ubicado en un edificio proyectado por Joaquín Churriguera remodelado (1773) por Diego de Villanueva y que alberga asimismo la Calcografía Nacional; el Museo Lázaro Galdiano (Monumento Histórico-Artístico, 1-III-1962), inaugurado en 1951 gracias a la donación que otorgo a favor del Estado el coleccionista privado José Lázaro Galdiano, y que posee secciones de esmaltes, eboraria, orfebrería, otras artes industriales, escultura renacentista italiana (Verrocchio, della Quercia, J. de Bolonia) y pintura, con muestras de las escuelas española (Pedro Berruguete, El Greco, Zurbarán, Murillo, Velázquez, Claudio Coello, Goya), flamenca (Van Eyck, Metsys, Mabuse, El Bosco), holandesa (Rembrandt) e inglesa (Gainsborough, Reynolds, Lawrence, Constable); el Museo Cerralbo (Monumento Histórico-Artístico, 1-III-1962), situado en el Palacio de Villahuerta (Luis María Cabello y Lapiedra, 1886), con secciones de numismática, armería, mobiliarlo, dibujo y pintura, en la que hay obras de Tiziano, Tintoretto, Veronés, El Greco, Velázquez, Zurbarán y Van Dyck; el Museo Romántico (Monumento Histórico-Artístico, 1-III-1962), situado en un inmueble edificado (1779) por M. Martín Rodríguez, y que conserva cuadros, muebles, objetos y libros del periodo 1820-1868; el Museo Sorolla (Monumento Histórico-Artístico, 1-III-1962), con dibujos, grabados y cuadros de este pintor; el Museo de América (Monumento Histórico-Artístico, 1 -III-1962), creado por decreto de 19-IV-1941 a partir de las secciones de etnografía y arqueología americanas y de arte colonial del Museo Arqueológico Nacional, ubicado en un edificio construido (1941-1954) por L. Moya y L. Feduchi y entre cuyos fondos destacan el Tesoro de los Quimbayas, colección de 62 piezas de orfebrería donada por el Gobierno colombiano en 1892, y el Códice Tro-Cortesiano o Códice de Madrid, el mayor códice maya conocido, de 56 folios por ambas caras y datado h. 1400; el Museo Nacional de Artes Decorativas (Monumento Histórico-Artístico, 1-III-1962), con salas dedicadas a artes suntuarias y populares y una sección especial de piezas procedentes de Extremo Oriente; el Museo de Escultura al Aire Libre, formado con obras de quince escultores españoles del s. XX, entre los que se hallan Julio González, Joan Miró o Pablo Serrano; la Colección Municipal, ubicada en la Casa Consistorial (s. XVIII), donde está la porcelana, la orfebrería y la pintura, y en la Casa de Cisneros (1537), los tapices y los pianos de Madrid; el Museo Municipal, situado en el Antiguo Hospicio de San Fernando (Monumento Nacional, 22-XI-1919), edificado (1722-1729) por P. de Ribera, y dedicado a la historia de la villa; la Fundación Casa de Alba, en el Palacio de Liria (Monumento Histórico-Artístico, 14-III-1974), realizado entre 1762-1780 por V. Rodríguez; las colecciones de obras de arte del Banco de España, del Banco Exterior de España y del Banco Central Hispanoamericano (BCH); el Instituto Valencia de Don Juan, cuyo edificio sede fue declarado Monumento Histórico-Artístico (22-V-1981), y en el que sobresalen las secciones de cerámica y de tejidos; el Museo del Pueblo Español (Monumento Histórico-Artístico, 1-III-1962), dedicado a la indumentaria y las artes aplicadas populáres y ubicado en la antigua Casa de los Ministros, edificio diseñado por Sabatini; y el Museo de la Fábrica Nacional de Moneda y Timbre (FNMT), con unas 30.000 monedas y medallas que abarcan desde el s. VIII a.C. hasta la actualidad. Fuera del ámbito estrictamente artístico, pueden citarse el Museo del Ejército, fundado en 1803 a iniciativa de Godoy como Real Museo Militar, y en el que se exponen todo tipo de objetos relacionados con la milicia desde la Reconquista hasta nuestros días; el Museo del Aire –inicialmente denominado Museo de Aeronáutica y Astronáutica–, dedicado a la historia de la aviación y la aeroestación española, y entre cuyos fondos destacan el autogiro de Juan de la Cierva y Codorníu y los modelos Breguet XIX-Jesús del Gran Poder, con el que Ignacio Jiménez Martín de la Plaza y Francisco Iglesias Brague atravesaron el Atlántico en marzo de 1929, y De Havilland Dragon Rapide, con el que el general Franco voló de Canarias a Tetuán (Marruecos) el 18-19-VII-1936 para unirse a las tropas sublevadas peninsulares; el Museo Naval, dedicado a la historia de la náutica y de la marina española entre los ss. XVI y XIX y cuya pieza más sobresaliente es la carta geográfica de Juan de la Cosa (1500), primera en que figuran las costas americanas; el Museo de Carruajes, en el Palacio Real, en el que se muestran coches de caballos de los ss. XVI a XX; la casa número 11 de la calle de Cervantes (Monumento Histórico-Artístico, 27-V-1935), donde vivió Lope de Vega entre 1610 y 1635 y en la que se conservan objetos personales y libros del escritor; el Museo Taurino, en la Plaza de las Ventas, inaugurado en 1951, en el que se exhiben objetos de valor documental relacionados con la historia y el arte del toreo, entre los que figuran un buen número pertenecientes a Manuel Rodríguez Sánchez, Manolete, donados por su madre en 1970; el Museo Nacional Ferroviario, ubicado en la Estación de [Ferrocarril]] de Delicias (Bien de Interes Cultural, 24-IV-1986); la Colección del Observatorio Astronómico de Madrid, en que se exponen los instrumentos científicos de que se ha servido esta institución desde su fundación por Carlos III; el Museo Nacional de Ciencias Naturales, fundado por Carlos III en 1771 con el nombre de Real Gabinete de Historia Natural, y que cuenta con secciones de mineralogía, paleontología, entomología y malacología; con sus fondos de antropología y etnografía se formó en 1910 el Museo Antropológico, reconvertido en 1940 en Museo Nacional de Etnología (Monumento Histórico-Artístico, 1-III-1962), instalado en un edificio construido (1873) por F. de Cubas y que posee fondos etnográficos procedentes de los cinco continentes; el Museo de Bebidas de Perico Chicote, con más de 9.000 botellas procedentes de todo el mundo; y el Museo de Cera Colón.

Folclore

Fiestas patronales de San Isidro Labrador, el 15 de mayo, y de Nuestra Señora de La Almudena, el 9 de noviembre; celebración del Entierro de la Sardina, el Miércoles de Ceniza.

Armas

En campo de plata, un árbol de sinopie terrasado de lo mismo, frutado de gules y siniestrado de un oso empinado de sable; bordura de azur cargada de siete estrellas de piata; al timbre, corona real.