Gonzalo de Berceo
De Gran Enciclopedia de España Online
(¿Berceo?, La Rioja, h. 1196 – h. 1260). “Gonzalvo sue so nomne qui fizo est tractado,/en Sant Millán de Suso fue de ninnez crïado,/natural de Verceo…”, “natural de Madrid, en Sant Millán criado,/del abat Johan Sánchez notario por nombrado”. Apenas si estos dos textos, el primero del mismo Gonzalo de Berceo y que aparece en su Vida de San Millán de la Cogolla, y el segundo contenido en una de sus copias manuscritas del Libro de Alexandre, anónimo del s. XIII atribuido en ocasiones a este autor aunque no haya constancia de ello, son los únicos datos que se poseen sobre este clérigo medieval, representante genuino del denominado mester de clerecía y vinculado al monasterio de San Millán de Suso, cerca de Nájera, en La Rioja, así como al de San Millán de Yuso y al de Santo Domingo de Silos, estos dos últimos próximos al primero y en contacto permanente. Unos documentos del de Suso aparecen firmados por varios clérigos entre los que se halla Gonzalo de Berceo. Dado que en el primero, de 1221, se cita a Berceo en su calidad de diácono, lo que no podía ser hasta los veinticinco años, es necesario fijar la fecha de su nacimiento hacia 1196 o antes.Aunque no es posible asegurar que estudiase en la primera universidad española, los Estudios Generales de Palencia, que se crearon entre 1212 y 1214, es evidente que se trataba de un letrado más que de un monje propiamente dicho, lo cual coincide con el título que él mismo se da, el de “maestro”, equivalente a un especialista en cuestiones legales y administrativas, y con el verso citado al inicio perteneciente a la copia manuscrita del Libro de Alexandre, en el que se dice que fue notario, concretamente del monasterio de San Millán de la Cogolla bajo el abad Johan Sánchez. Dado que en el Milagro XXIV de sus Milagros de Nuestra Señora cita a Fernando III el Santo (1217-1252) como un rey ya muerto, la obra ha de ser de 1252 o posterior, siendo este último dato el que se posee para establecer la fecha de su fallecimiento. Dos son las fuentes principales de las que parte Gonzalo de Berceo: la literatura latina, aquella que había quedado durante siglos almacenada en las estanterías de los conventos y que en estos momentos comienza a aflorar hasta cristalizar en lo que se ha denominado mester de clerecía, y a la cual dice seguir con absoluto rigor sin añadir ni quitar nada, y la literatura profana, es decir, la que discurría a través del mester de juglaría.
Otra cuestión es que sistemáticamente intente ocultar su saber y se queje de su incultura, lo cual no es más que una característica general de la época —el topos de la falsa modestia a fin de conseguir una captatio benevolentiae—, que precisamente con la clerecía comienza a desaparecer. Las fuentes latinas citadas y las fórmulas juglarescas que se le escapan en sus obras son pruebas más que evidentes de ello. Tres son los grupos en los que la crítica ha dividido su obra: las de carácter hagiográfico, las dedicadas a la Virgen y las de tipo doctrinal. Entre las primeras, la Vida de San Millán, en la que cuenta la vida del fundador del monasterio, los milagros que realizó durante su vida y los que propició después de su muerte. La parte más interesante es la última, pues se trata de una prueba patente de las intenciones de la literatura del mester de clerecía, que más allá de salvar almas a través de la difusión de biografías ejemplares, también pretende justificar determinados hechos a través de la creación de leyendas. En este caso, justificar cómo los reyes de Castilla ordenaron el pago de unos tributos anuales al convento, cuando en realidad no se trata más que de una artimaña de los propios clérigos, incluida la falsificación de documentos, para mantener el status.
La misma estructuración presenta la Vida de Santo Domingo de Silos, basada, como la anterior, en vidas de santos escritas en latín y ubicadas dentro de la tradición hagiográfica medieval. Entre las dedicadas a la Virgen, destacan los Milagros de Nuestra Señora, que se insertan en un momento de pleno auge de la literatura mariana y en los que describe veinticinco situaciones distintas que pretenden potenciar el culto a la Virgen más que ofrecer información sobre la misma. Su fuente se halla no sólo en la tradición hispana sino en una colección latina de veintiocho cuentos o leyendas en prosa. Junto a ellos, los Loores de Nuestra Señora y el Duelo de la Virgen. Autor letrado, se presenta como el más genuino representante de la cultura de la cuaderna vía o tetrástrofo monorrimo y perfecto conocedor del sermo humilis tal y como lo había concebido Virgilio y había adoptado la teoría literaria medieval. [J.M.R.C]
