Buscar por relevancia Buscar por título
Enviar este artículo por e- mail
cerrar

Añadir un comentario a este artículo
cerrar

Enlazar con este artículo
cerrar

Alfonso III de Asturias

De Gran Enciclopedia de España Online

Share/Save/Bookmark
ALFONSO III el Magno.
ALFONSO III el Magno.
(¿?, h. 848 – ¿?,20-XII-¿910?). Rey de Asturias (866-910). Hijo de Ordoño I, a los catorce años gobernaba ya por orden de su progenitor la región de Galicia. El 26-V-866 sucedió a su padre y fue consagrado rey de Asturias, pero el vacío de poder provocado por la abdicación fue aprovechado por el conde gallego Froila para arrebatarle el trono. Con la ayuda del conde castellano Rodrigo recuperó la Corona y el 20-I-867 dictaba su primer documento real. En ese mismo año hubo de reprimir un levantamiento de los vascones y en los años siguientes se enfrentó en León y Castilla a las tropas musulmanas al mando de al-Mundir, hijo de 'Abd al-Rahman II. En 870 casó con la princesa navarra Jimena y su política quedó asociada a la dinastía reinante en Pamplona, que a su vez se alejaba del área de influencia de Córdoba. De las dos ramas de la dinastía apoyó a la familia Jimena frente a los Iñiguez.

La repoblación conoció con él un gran impulso en las zonas despobladas comprendidas entre los ríos Miño y Duero (en 868 llegaba hasta Oporto) en la llanura de Zamora y en la zona oriental, donde alcanzó hasta la sede episcopal de Auca. En su enfrentamiento contra el emirato cordobés, Alfonso se benefició de las luchas que lo desgarraban. Con su ayuda, 'Abd al-Rahman al-Yilliqui se declaró independiente en la ciudad de Badajoz y derrotó al general omeya Hasim ibn 'Abd al-'Aziz, quien fue hecho prisionero y enviado a la Corte ovetense, en la que estuvo varios años hasta su canje por un cuantioso botín. Cuando su posición se debilitó, al-Yilliqui se refugió en Oviedo entre 878 y 884, hasta que pudo regresar a su principado en el SO. peninsular. En 877 venció a un ejército musulmán que realizaba una aceifa por el N. y en 878 derrotó en la batalla de Polvoraria a las tropas de al-Mundir, hijo de Muhammad I, que habían llegado hasta León, y a las mandadas por el general al-Barra ibn Malik, que habían penetrado desde Portugal a Galicia. En 878 conquistó la plaza de Coimbra y en 879 una flota musulmana quedó destruida a causa de una tormenta cuando se disponía a atacar Galicia. Tras estos reveses Muhammad I pidió una tregua, que fue concertada para un periodo de tres años.

En este intervalo de tiempo tuvo lugar otro gran esfuerzo repoblador en las tierras occidentales de Galicia y N. de Portugal, mientras que en la zona oriental se llegó hasta el valle del río Arlanzón, zona originaria del condado de Castilla, Castrojeriz (ambas actualmente en la prov. de Burgos), en Álava se alcanzó la garganta de Haro y hacia el S. se estableció la avanzada castellana de Lara. Sin embargo, la tregua se rompió antes de lo previsto, pues en 881 un ejército asturiano realizó una incursión por tierras de al-Ándalus, hasta Mérida y Sierra Morena. En 882, el ejército del príncipe al-Mundir y el general 'Abd al-'Aziz (que fuera prisionero de Alfonso), después de reprimir la rebelión de los Banu Qasi, que reinaban en Aragón y Navarra oriental y reforzado por las tropas de uno de los miembros de esta familia, Lope Ibn Muhammad Ibn Lope, emprendió una campaña contra el reino asturiano, cuyo único resultado fue un intercambio de rehenes. Al año siguiente otra campaña, que siguió el mismo recorrido, culminó con la proposición de una paz que había de ser duradera. Para firmarla fue enviado a Córdoba el presbítero toledano Dulcidio, acogido en la Corte ovetense, en la que estaba de vuelta el 9-I-884, trayendo los restos de los mártires cordobeses Eulogio y Leocricia, ejecutados 24 años antes por orden del propio Muhammad I. Seguramente una de las cláusulas del tratado contemplaba el cese de todo apoyo asturiano a los rebeldes de al-Ándalus y de esta forma Alfonso expulsó de su territorio a al-Yilliqi y desatendió las peticiones de ayuda de Omar ibn Hafsún, el más importante enemigo interior del emir.

En este momento se sitúa un hecho crítico para la supervivencia del rey Magno, cuando sus tres hermanos se rebelan junto a otros nobles, hasta entonces fieles e importantes colaboradores, quizás a causa de la tregua concertada con Córdoba. Froilán y Odoario fueron derrotados en Grajal de Campos, aunque el primero logró huir y refugiarse en Castilla; Vermudo se hizo fuerte en Astorga, donde resistió siete años, hasta que escapó a territorio musulmán. Este último debió de colaborar con al-Yilliqi en el sitio de Coimbra, que pudo ser finalmente levantado por el rey asturiano, quien logró matar al aliado del príncipe extremeño, el muladí portugués Sa'dun al-Surumbaqi. Los tres hermanos recibieron el castigo de la ceguera, aunque finalmente fueron perdonados por el rey. También fueron vencidos y despojados los rebeldes Hanni de León, Hermenegildo Pérez de Galicia, Sarracino y Sendina del Bierzo.

La pacificación permitió consolidar y extender la repoblación, que seguía el curso de las antiguas vías romanas. En la zona occidental se repobló toda la llanura hasta el Duero y se restauraron las ciudades de Zamora, Simancas, Toro y Dueñas; en la oriental se reafirmaron los poblamientos de Burgos y Castrojeriz, se pasó al valle del río Arlanza y se fundó, a doce kilómetros al S. de Burgos, el monasterio de San Pedro de Cardeña. En 906 escribió a Tours (Francia), en contestación a su petición de ayuda para reconstruir su basílica, destruida por los normandos. En este documento, como en otros, Alfonso III aparece con el título de Imperator, seguramente para afirmar su independencia respecto al Imperio carolingio, al emirato de Córdoba y su superioridad sobre los restantes reinos cristianos.

En estos años hubo de hacer frente (con la colaboración de sus aliados de Navarra) a dos enemigos, un muladí de los Banu Qasi y un jefe beréber de la Marca Superior. El primero era Lope Ibn Muhammad Ibn Lope, gobernador de Zaragoza, al que sitió (900) en Tarazona, aunque debió levantar el cerco con pérdidas. Para defenderse de sus incursiones, los asturianos levantaron la fortaleza de Grañón, pero el muladí encontró pronto la muerte en un enfrentamiento con Sancho I Garcés cerca de Pamplona, el 29-IX-907. El segundo peligro vino de la sublevación de los beréberes de la tribu de Nafza, establecidos en la frontera del Duero, que fueron reforzados por musulmanes de Córdoba, Cuenca, Toledo, Guadalajara y Jaén. Al mando de Ahmad ibn Muawiyya, santón que promulgaba una reforma religiosa basada en el dogma y la pureza, atacaron Zamora, aunque fueron derrotados y muerto su jefe. El rey Magno llevó a cabo una política de intervención en Toledo, ciudad propicia para sus intereses, al ser un conflictivo centro mozárabe en territorio de al-Ándalus. Realizó una expedición hasta la ciudad en apoyo del rey Lope ibn Tarbisha, del que recibió espléndidos regalos, y con él se iniciaron las relaciones directas entre las Cortes toledanas y ovetense, que habrían de perdurar durante años.

El final de su reinado es confuso en las fuentes históricas, pero parece seguro que fue destronado y confinado en Boides (Villaviciosa, Asturias) por una conspiración de su primogénito, García, su vasallo Addamino y su consuegro, el castellano Munio Fernández. Murió, según algunos historiadores, en un combate contra los musulmanes en Zamora, el 20-XII-910. Su reinado supuso la culminación del proceso de expansión y fortalecimiento del reino asturiano, que posibilitó el posterior traslado de la capitalidad a León y el renacimiento cultural iniciado con Alfonso II el Casto. Llamado scientia clarus (esclarecido por el saber), fue el impulsor directo de la escuela historiográfica que realizó obras como la Crónica de Alfonso III en su versión rotense y ad Sebastianum, el Epítome histórico universal o Crónica albeldense, y la Chronica Visigothorum, documentos esenciales para conocer su reinado. Reunió una notable biblioteca, de la que apreciaba sobre todo los escritos de san Isidoro de Sevilla. Por orden suya fueron realizadas piezas como la Cruz de la Victoria (908), actualmente en la Cámara Santa de la catedral de Oviedo, y se levantaron la iglesia de San Salvador de Valdediós (Asturias) y el monasterio de San Miguel de Escalada (León), dos ejemplos únicos del arte ramirense y mozárabe, respectivamente.