XVI. Nace Otro Chaplin
De Mienciclo E-books
Introducción
DESPUÉS de ocho años de matrimonio, su relación con Paulette Goddard comienza a deteriorarse. Nunca tuvo Chaplin fortuna en el juego del amor. Pero había algo más importante en el mundo que reclamaba toda su atención y toda su sensibilidad. Intentaba hacer una nueva película para Paulette, su primera película sonora. Después de diez años, el cine sonoro había barrido incluso el recuerdo de las películas silenciosas. Tiempos modernos era considerada por algunos críticos como pieza. de arqueología, es decir, una película sólo interesante para eruditos o historiadores, lo que desde luego no es cierto.
Nueva película. Crece la polémica
Las técnicas del cine sonoro habían sido perfeccionadas y el sonido no era una carga pesada para un director. Charles Chaplin pensaba hacer su primera película hablada. Le tentaba el desafío. Tal vez quería comenzar una nueva carrera. Pero los acontecimientos en Europa se suceden a una velocidad vertiginosa. Desde el año 1934 gobierna en Alemania un político violento y dictatorial llamado Adolfo Hitler. Curiosamente luce sobre el labio superior un bigote como el de Chariot.
Los discursos belicistas, apoyados en una fácil demagogia, que pronuncia Hitler y sus continuos ataques a la libertad brindan a Chaplin una idea. Además de usar el mismo bigote, Hitler tiene su misma edad, ambos nacieron en el mismo año y gozan de una popularidad sin límites. Charles Chaplin decide hacer una película para ridiculizar al dictador, a todos los dictadores:
Mi dictador tiene cierto parecido con hitler. es una coincidencia que use bigote como el mío, pero yo lo usé primero. no remedo a ese individuo, no me presento con un rizo sobre el ojo. he tratado de hacer un resumen de todos los dictadores. no hay actor que no haya soñado con interpretar a napoleón. yo interpreto a la vez a napoleón y a hitler, al loco zar pablo, a todos en uno. sólo lucho contra la persecución de los pequeños y los débiles. he representado en mi film a ese hombrecito que ha sido pisoteado durante veinticinco años y que puede ser un individuo o puede ser una minoría compuesta de numerosos hombrecillos.
Cuando se hace público el anuncio de que Charles Chaplin va a realizar una película ridiculizando la figura del primer mandatario alemán, llueven otra vez sobre los estudios oleadas de cartas de protesta. En 1939, el nacionalsocialismo cuenta con numerosos simpatizantes en los Estados Unidos. Simpatizantes que se manifiestan por las calles de las ciudades americanas propagando las teorías del nacionalsocialismo. Se producen altercados, peleas, disturbios. Chaplin recibe innumerables amenazas anónimas. Iban a hacer imposible la proyección de la película. Por oscuras razones de Estado, la oficina Hays advierte a la productora que The Great Dictator (El gran dictador) va a tener serios roces con el comité de Censura.
Contra viento y marea y cada vez más encorajinado, Chaplin emprende el rodaje de su película el 9 de septiembre de 1939. Cinco días antes, Alemania, alegando violaciones de fronteras, invade Polonia. Dos días más tarde Inglaterra y Francia declaran la guerra a Alemania. La segunda guerra mundial ha comenzado. Una guerra brutal y despiadada que se extendería a lo largo de seis años.
Roosevelt no considera conveniente que Estados Unidos entre en esa guerra, pero se manifiesta dispuesto a apoyar materialmente a las amenazadas democracias europeas.
La United Artists comienza a dar prisas a Charles Chaplin para que concluya su película a toda velocidad: «Todo el mundo la está esperando».
Durante seis meses trabajan frenéticamente en el rodaje de El gran dictador, después comienzan a desarrollarse las lentas fases de montaje, sonorización, efectos, mezclas y tiraje de copias. La película queda dispuesta para su exhibición el 15 de octubre de 1940. Mientras tanto, los ejércitos alemanes han arrollado todo a su paso. Son los amos de Europa. Hitler es el hombre más poderoso de la tierra. Ha declarado la guerra a Rusia también, trasgrediendo el pacto de no agresión que había firmado con Stalin.
El momento político mundial se encuentra al rojo vivo. Nadie da un céntimo por el porvenir de Inglaterra. Este es el momento en que el pequeño actor inglés decide estrenar su película en Nueva York.
Los sectores más conservadores del país y aquellos que propugnan una política aislacionista —es decir, los eternos enemigos de Charle Chaplin— atacan violentamente la película.
Chariot es en El gran dictador un barbero que en poco o nada recuerda al pequeño vagabundo. Hay una urgencia de denuncia que es más importante que el silencio de Charlot. Charlot habla en El gran dictador por primera y última vez desde la pantalla. Haciéndolo se destruye, se suicida; esa es la contribución personal de Chaplin a la guerra. Pero aún hará más. El estreno de la película se ha convertido en un éxito inigualable. Todos los grandes éxitos de Charles Chaplin son superados por éste. El gran dictador permanece quince semanas en dos cines de Broadway y recauda más dinero que ninguna de sus otras películas.
La crítica vuelve a dividirse, como lo ha venido haciendo desde su divorcio con Lita Grey. Para unos es pura propaganda comunista, para otros es un panfleto de escasos valores cinematográficos, para algunos es la obra maestra de Charles Chaplin.
La secuencia final de la película es un tema debatido en periódicos y reuniones. En ella, el barbero judío es confundido con el dictador y obligado a pronunciar un discurso, Chaplin aprovecha la oportunidad para decir su alegato. Durante tres minutos, el final se alarga y se alarga, mientras Chaplin se despoja de su máscara y habla.
Discurso final de «El Gran Dictador»
«Lo siento, pero no quiero ser emperador. No es lo mío. No quiero gobernar o conquistar a nadie. Me gustaría ayudar a todo el mundo, si fuera posible, a judíos, gentiles, negros, blancos. Todos nosotros queremos ayudarnos mutuamente. Los seres humanos son así. Queremos vivir para la felicidad y no para las miserias ajenas. No queremos odiarnos y despreciarnos mutuamente. En este mundo hay sitio para todos. Y la buena tierra es rica y puede proveer a todos.
El camino de la vida puede ser libre y bello; pero hemos perdido el camino. La avaricia ha envenenado las almas de los hombres, ha levantado en el mundo barricadas de odios, nos ha llevado al paso de la oca a la miseria y la matanza. Hemos aumentado la velocidad. Pero nos hemos encerrado nosotros mismos dentro de ella. La maquinaria, que proporciona abundancia, nos ha dado necesidad. Nuestra ciencia nos ha hecho cínicos; nuestra inteligencia, duros y faltos de sentimientos. Pensamos demasiado y sentimos demasiado poco. Más que maquinaria, necesitamos humanidad. Más que inteligencia, necesitamos bondad y ternura. Sin estas cualidades la vida será violenta y todo se perderá.
El avión y la radio nos han aproximado más. La verdadera naturaleza de estos adelantos clama por la bondad en el hombre; clama por la fraternidad universal, por la unidad de todos nosotros. Incluso ahora, mi voz está llegando a millones de seres de todo el mundo, a millones de hombres, mujeres y niños desesperados, víctimas de un sistema que tortura a los hombres y encarcela a las personas inocentes. A aquellos que puedan oírme, les digo: “No desesperéis”.
La desgracia que nos ha caído encima no es más que el peso de la avaricia, la amargura de los hombres, que temen el camino del progreso humano. El odio de los hombres pasará, y los dictadores morirán, y el Poder que arrebataron al pueblo, volverá al pueblo. Y mientras los hombres mueren, la libertad no perecerá jamás…
¡Soldados! ¡No luchéis por la esclavitud! ¡Luchad por la libertad!
En el capítulo diecisiete de San Lucas está escrito que el reino de Dios se halla dentro del hombre, ¡no de un hombre o de un grupo de hombres, sino de todos los hombres! ¡En vosotros! Vosotros, el pueblo, tenéis el poder, el poder de crear máquinas.
¡El poder de crear felicidad! Vosotros, el pueblo, tenéis el poder de hacer que esta vida sea libre y bella, de hacer de esta vida una maravillosa aventura. Por tanto, en nombre de la democracia, empleemos ese poder, unámonos todos. Luchemos por un mundo nuevo, por un mundo digno que dará a los hombres la posibilidad de trabajar, que dará a la juventud un futuro y a los ancianos una seguridad!
Prometiéndoos todo esto, las bestias han subido al Poder. ¡Pero mienten! No han cumplido esa promesa. ¡No la cumplirán! Los dictadores se dan libertad a sí mismos, pero esclavizan al pueblo. Ahora, unámonos para liberar el mundo, para terminar con las barreras nacionales, para terminar con la codicia, con el odio y con la intolerancia. Luchemos por un mundo de la razón, un mundo en el que la ciencia y el progreso lleven a la felicidad de todos nosotros.»
Un año después del estreno de El gran dictador, Chaplin y Paulette Goddard se divorcian en Méjico. Y la noticia de su divorcio es la única confirmación (que tuvieron los malpensantes de las ligas puritanas) de que estaban casados.
En junio de 1941, Hitler rompe el pacto de no agresión que había firmado con Stalin, e invade Rusia. Charles Chaplin interviene en un comité de socorro, lo que atrae sobre él, una vez más, las iras de la liga anticomunista.
El 7 de diciembre del mismo año, Japón bombardea la flota americana anclada en el puerto de Pearl Harbor. Estados Unidos entra en la guerra. Un año después Charles Chaplin interviene en mítines pidiendo al gobierno la apertura de un segundo frente, para que la ofensiva alemana contra Rusia pierda en eficacia. Mítines generalmente organizados por el partido comunista, pero a los que asistían aquellos que propugnaban una férrea alianza frente al enemigo común.
Charles Chaplin tiene cincuenta y un años y se encuentra arrastrado por el torbellino de la guerra. Una vez más su mala fortuna en el amor va a jugarle una mala pasada.
Para su próxima película —un film que en principio ha de llamarse Lady Killer (La dama asesinada)— Chaplin ha contratado a una corista neoyor-kina de veintidós años, llamada Joan Barry. Charles Chaplin se deja arrastrar por sus encantos, y se ve envuelto en un escándalo de proporciones mayúsculas cuando —un año más tarde— Joan Barry declara en la prensa que va a tener un hijo de Charles Chaplin.
Chaplin sabía que esto era imposible, no podía ser cierto. Pero el sector del país que esperaba agazapado una equivocación de Chaplin para poder deshacerse de él, aprovecha la oportunidad.