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XVI. La Tragedia íntima de un Científico Desilusionado

De Mienciclo E-books

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Contenido

Introducción

Einstein: Apunte hecho por J. A. Amshewitz en la embajada española de Londres el 16-VI-33
Einstein: Apunte hecho por J. A. Amshewitz en la embajada española de Londres el 16-VI-33


CON las explosiones de Hiroshima y Nagashaki, Einstein entra en una fase desilusionada de su vida. Desilusión por la pérdida de confianza en el logro de una auténtica paz; desilusión porque la ciencia hacía más daño que bien a la Humanidad, destrozando así la idea de que ciencia es igual a progreso; desilusión porque en su trabajo personal no lograba la teoría del campo unificado, con la que había soñado largos años; desilusión porque familiares y amigos iban falleciendo, reduciéndole cada vez más su círculo de soledad.

Pero, pese a esta actitud profunda de desilusión, inicia tras el fin de la guerra, cierta actividad pública utilizando su figura, que ya era símbolo, en apoyo de lo que aún pudiera recuperarse. Fue presidente de la Comisión de Emergencia de Científicos Atómicos, en la que también participaban Leo Szilard, L. Pauling, Harold Urey, entre otros, y cuyo fin era alertar a la población y a la Administración sobre los peligros de la guerra atómica.

Con su peculiar clarividencia advertía:

El mundo está hoy en una crisis de cuyo alcance total aún no se han dado cuenta quienes poseen el poder sobre las decisiones de gran trascendencia acerca del bien y del mal. La energía atómica desencadenada lo ha cambiado todo, menos nuestro modo de pensar; así nos vemos arrastrados, impotentes, hacia una nueva catástrofe.

Un gobierno mundial

Einstein consideraba que la única forma de abolir la guerra era la formación de un gobierno mundial, que tuviese el monopolio de las armas y ejerciera funciones de policía supranacional, pues consideraba que si cualquier país decidía por sí sólo las armas a construir y a utilizar, la carrera armamentista sería indefinida y el peligro de guerra, permanente; pensaba que un embrión de este Gobierno Mundial podía estar formado por las Naciones Unidas, recientemente formadas.

La guerra fría iniciada entre los Estados Unidos y la Unión Soviética hacía aparecer de nuevo el espectro de una guerra mundial. Los científicos soviéticos acusaban a Einstein de ser un instrumento consciente o inconsciente del capitalismo y del imperialismo americano, pues en las circunstancias de la posguerra, un gobierno mundial significaba un Gobierno de Estados Unidos sobre todo el planeta.

Einstein, en este período, colabora en revistas políticas y periódicos, envía declaraciones a mítines y reuniones, pero, en general no asiste a ninguno de esos actos. Pasaba su tiempo recluido en Princeton, salvo los veranos, que los pasaba en su casa de campo. En Princeton trabajaba con tenacidad en su nueva teoría del campo unificado.

Desde Alemania, Otto Hahn, uno de los iniciadores de las investigaciones que condujeron a la fabricación de la bomba, y antiguo colega de Einstein, le invitó a participar en la nueva reorganización que se había dado al Kaiser-Wilhelm-Gesellschaft, bajo el nombre de Max Planck Gesellschaft, a lo que Einstein contestó:

Siento mucho tenerle que decir «no» a usted, una de las pocas personas que mantuvieron una conducta decente e hicieron cuanto pudieron durante aquellos terribles años. pero no puedo obrar de otra manera. el crimen cometido por los alemanes es el más abominable que recuerda la historia de las llamadas naciones civilizadas. la conducta de los intelectuales alemanes —como grupo— no fue mejor que la de la multitud. Incluso ahora no hay signo alguno de arrepentimiento o de deseo real de reparar lo que se pueda después de tan gigantescos asesinatos. En vista de estas circunstancias, siento una aversión total a participar en nada que represente un aspecto de la vida pública de Alemania.

De igual forma rechazó varias propuestas que le llegaron de Alemania, como la de ser miembro honorario de la Asociación Alemana para el Gobierno Mundial.

En 1947 muere en Francia su viejo amigo y colega Paul Langevin, lo que le afecta hondamente. Tiene la sensación de ir quedando solo en la Tierra; el año siguiente muere en Zurich su primera mujer, Mileva, ocasionando el traslado de su hijo Edward a un hospital psiquiátrico de Suiza; también fallece su hermana, Maya Einstein, quien le había acompañado desde su huida del fascismo italiano.

Por esta época, Einstein empieza a sentirse enfermo y a seguir tratamientos médicos para disminuir los dolores gástricos e intestinales; se le prescribe no fumar, una dieta adecuada y no fatigarse.

En 1949, los rusos hacen estallar su primera bomba atómica; con ello perdieron los americanos el monopolio atómico y se inicia una carrera armamentista de dimensiones desconocidas hasta entonces: el gobierno Truman decide fabricar la bomba H (o de hidrógeno), de una potencia mucho mayor que la bomba A, hasta ese momento construida.


La paz no se consigue por la fuerza

El 13 de febrero de 1950, Einstein participa en un programa de televisión organizado por la señora Eleanor Roosevelt, para protestar por la decisión del presidente Truman; en esta emisión también participaron David Lilienthal y Robert Oppenheimer; la comunicación de Einstein decía:

Le agradezco mucho, señora roosevelt, la oportunidad de exponer mis convicciones sobre esta importantísima cuestión política.

La creencia de que podemos alcanzar la seguridad con una política de armamentos a escala nacional es, en el estado actual de la tecnología militar, una desastrosa ilusión. en los estados unidos, esta ilusión ha sido fortalecida por el hecho de que fuimos los primeros en producir la bomba atómica. el pueblo tendía, por ello, a creer que este país podría conseguir una superioridad militar permanente y decisiva, superioridad que disuadiría a cualquier enemigo y nos daría, así, la seguridad tan intensamente deseada por nosotros y por el resto del mundo. en estos últimos cinco años hemos aplicado de hecho la consigna de seguridad mediante la superioridad de fuerzas, sea cual sea el coste.

Esta orientación tecnológica y psicológica de la política militar ha tenido consecuencias inevitables. toda la política exterior está regida por una sola consideración: ¿qué hemos de hacer para conseguir la máxima superioridad sobre el enemigo en caso de guerra la respuesta es: fuera de los estados unidos hemos de establecer bases militares en todos los puntos estratégicos importantes del globo donde ello sea posible y armar y fortalecer económicamente a nuestros aliados potenciales. Dentro de los Estados Unidos se está concentrando un poder financiero tremendo en manos de los militares: se militariza a la juventud y se vigila estrechamente la lealtad de los ciudadanos, especialmente de los funcionarios, con una fuerza policíaca cada vez más poderosa. Se acosa a las personas de pensamiento independiente. Se adoctrina sutilmente al público mediante la radio, la prensa, la escuela. Bajo la presión del secreto militar se limita cada vez más el ámbito de la información pública.

La carrera armamentista entre los estados unidos y la unión soviética, iniciada como medida preventiva, está asumiendo proporciones histéricas. en ambos lados se están perfeccionando los medios de destrucción en masa a un ritmo realmente enfebrecido y dentro del mayor secreto. y ahora se ha informado al público de que el nuevo objetivo, el objetivo que será probablemente alcanzado dentro de poco, es la producción de la bomba de hidrógeno. el presidente ha anunciado solemnemente la iniciación de trabajos acelerados con este fin. si estos trabajos terminan con éxito, el envenenamiento radiactivo de la atmósfera y, por tanto, la aniquilación de toda forma de vida sobre la tierra habrán entrado dentro de las posibilidades técnicas al alcance del hombre. y lo peor es el carácter aparentemente inexorable del proceso. cada etapa parece la consecuencia inevitable de la anterior. y al final de todo está, cada vez más clara, la posibilidad de la aniquilación general...

De esta forma expone Einstein las gravísimas consecuencias de la competencia atómica. Ante esta situación, por una parte, se constituyen varias sociedades y asociaciones para la Responsabilidad Social de la Ciencia, y por otra, aparece el maccar-thysmo, ya apuntado en la anterior declaración de Einstein. Las primeras son débiles frente a la inquisidora actitud del senador McCarthy, para quien detrás de cualquier intelectual había siempre un comunista.

En 1950, la Universidad de Priceton publica la nueva teoría de Einstein sobre el campo unificado, por la que tanto había trabajado y en la que había puesto tanta ilusión. Pretendía explicar con las mismas leyes tanto el campo gravitatorio como el electromagnético; su teoría era fragmentaria, coherente formalmente, pero difícilmente experimentable en la práctica.


No puede aceptar la presidencia de Israel

El 9 de noviembre de 1952 muere Ch. Weizmann, líder sionista con el que realizara Einstein su primer viaje a Estados Unidos, y primer presidente del recién creado Estado de Israel. Se le ofrece a Einstein la presidencia vacante, en una carta que Abba Eban, embajador de Israel en Washington, le dirige el día 17 de noviembre; la carta decía:

«Querido profesor Einstein: el portador de esta carta es el señor david goitein, de jerusalén, actualmente ministro en nuestra embajada de washington. le planteará la pregunta que el primer ministro, ben gurion, me ha pedido que le transmita: si aceptaría usted el cargo de presidente de israel en caso de que se lo ofreciese el parlamento. la aceptación implicaría la necesidad de trasladarse a israel y de adquirir su ciudadanía. el primer ministro me asegura que, en caso de aceptación, el gobierno y el pueblo de israel, plenamente conscientes de la importancia suprema de sus trabajos, le darían facilidades y una libertad absoluta para continuar con sus labores científicas»


Einstein contestó:

Me ha emocionado profundamente la oferta de nuestro estado de israel y me entristece y me avergüenza a la vez decir que no puedo aceptarla. durante toda la vida me he dedicado a problemas objetivos y carezco de las aptitudes naturales y de la experiencia necesaria para tratar como es debido con la gente y ejercer funciones oficiales. sólo por estas razones sería ya incapaz de cumplir los deberes de tan alta magistratura, aunque la elevada edad no provocase, como provoca, la constante disminución de mi energía.

Me entristece todavía más esta situación porque mis relaciones con el pueblo judío constituyen mi más fuerte lazo humano, aunque sea plenamente consciente de la precariedad de nuestra situación entre todas las naciones del mundo.

Hemos perdido al gran hombre que durante tantos años y contra circunstancias tan difíciles y trágicas llevó la pesada carga de conducirnos hasta la independencia política; espero de todo corazón, sin embargo, que se encontrará un sucesor con la experiencia y la personalidad suficientes para poder aceptar una tarea tan formidable y llena de responsabilidad.


Su última defensa de la libertad

En 1953, en pleno maccarthysmo, cuando fueron ejecutados en la silla eléctrica el matrimonio Rosenberg, acusados de espionaje atómico, Einstein publicó su libro Ideas y opiniones. En él se recogían sus artículos no científicos y en los que aparecen alegatos contra la limitación de las libertades humanas y en contra de los secretos en la investigación científica.

En 1955, Einstein ya había hecho todo lo que tenía que hacer. Cuando fue invitado por su amigo Von Lane a participar en los actos de conmemoración del cincuentenario de la formulación de la teoría de la relatividad, Einstein exponía así su estado de ánimo:

La vejez y la enfermedad me impiden participar en esta ocasión, y he de confesar que acaso ese designio divino tiene para mí algo de liberador, pues todo lo que de cualquier modo se refiera al culto personal siempre me ha resultado desagradable. por eso he decidido no participar de ningún modo en esos actos, muchos de los cuales se celebran en diversos lugares. si algo he aprendido en las cavilaciones de mi larga vida es que estamos mucho más lejos de poseer un profundo conocimiento de los procesos elementales de lo que cree la mayoría de nuestros contemporáneos, de modo que las celebraciones responden poco a la situación real.