XIV. El Gran Momento
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Introducción
CHARLES Chaplin no lo sabía, pero tenía el enemigo incluso en la ciudad que él había ayudado a construir. Agotado, nervioso, pero también satisfecho de su obra, Charles Chaplin decide regresar a Europa y presentar su película en las grandes capitales europeas. Antes de emprender el viaje hace regresar a su madre, a quien los bombardeos de la guerra habían empeorado su salud mental.
Regreso al pasado
Cuando Charles Chaplin regresa a su tierra natal, hace solamente nueve años que la abandonó. Nueve años tan intensos y llenos de emociones que parecen toda una vida. El pequeño Charlie Chaplin, actor de las Compañía Karno, vuelve ahora en olor de multitud. Siete años que delimitan la diferencia entre un pobre actor y un millonario.
¡Oh! ¡Es increíble! Los ingleses han perdido la flema, acuden al puerto de Southampton a recibirle con pancartas y gritos de histeria. La calle del hotel en el que se aloja es un hormiguero de gente que únicamente desea verle en la ventana de su habitación para gritarle:
—¡Hola, Charlie! ¿Cómo estás?
Charles Chaplin aprovecha su visita a Londres y recorre de nuevo el East End de su infancia. Busca las emociones perdidas, sus propias huellas. Pero el tiempo las ha borrado, nadie quiere recordar al pequeño Charlie aunque todos quieren conocer a Charlie Chaplin. Pregunta por Hetty Kelly. La respuesta es desoladora: Hetty ha muerto. Se había casado con un rico norteamericano hace tiempo, mucho tiempo. Hetty murió pocas semanas antes del regreso de Charlie.
—Esperas demasiado —le había dicho Hetty Kelly—. Después de todo sólo tengo quince años y tú eres cuatro mayor que yo.
Nunca podrá saber Charles Chaplin lo que su amor de juventud había pensado cuando le veía hacer payasadas tras los bigotes de Chariot.
Pero cuando cruza el canal de la Mancha y se dirige a París para presentar su película, escucha a los franceses gritarle con simpatía:
—¡Hola, Chariot! ¿Cómo te va?
Charles Chaplin encuentra en Europa un eco para su trabajo como nunca había conocido en América. Los más insignes cerebros europeos le escuchan con atención, quieren saber sus opiniones. Charles Chaplin está emocionado y habla; aprende y siente cuál es su camino como autor cinematográfico. Ahora su corazón está lleno de razones.
En Inglaterra se hace íntimo amigo de H. G. Wells, escritor socialista de poderosa imaginación y honda preocupación por la humanidad.
Wells quiso saber por qué me había interesado por el socialismo:
Esto no ocurrió hasta que llegué a los estados unidos y conocí a upton sinclair == —le dije—. Ibamos en coche camino de su casa de Pasadena a comer y me preguntó con su suave modo de hablar si creía en el sistema de beneficios. Le dije en broma que se necesitaba un perito mercantil para responder a eso. Fue una pregunta que desarmaba; pero instintivamente sentí que llegaba a la más profunda raíz de la cuestión, y desde aquel momento me interesé y consideré la política no como algo histórico, sino como un problema económico.
Este viaje de Charles Chaplin a Europa fue fundamental para el desarrollo posterior de su obra. Mantuvo entrevistas con James Barrie, George Bernard Shaw, Waldo Frank y Thomas Burke. Es introducido en los círculos de la alta sociedad. Adquiere una visión de la vida casi completa. Ya conoce todos los estratos de la sociedad, y en todos ellos ha vivido con la mirada limpia de un muchacho sin perjuicios que ha tenido que pelear por su supervivencia.
La opinión pública
Charles Chaplin regresa a Estados Unidos. Lo hace ansioso de concluir su contrato con la First National Exhibitions Co., para incorporarse a su propia compañía, en donde podrá hacer las películas que desee sin ninguna cortapisa. El recuerdo de las dificultades de El chico ya no le abandonará nunca.
El mismo año, en el que durante su mandato presidencial muere Warren G. Harding —1923—, Chaplin se incorpora a United Artists y prepara su primera película en absoluta libertad. Para los seguidores de Chariot, esto va a suponer una profunda decepción. Esta película se llamará A woman of Paris (Una mujer de París) A su regreso de Europa, Charles Chaplin se ha dejado arrastrar por el torbellino alegre y disparatado que envolvía a Hollywood. El pequeño inglés de ojos azules se muestra a los ojos del público como un empedernido conquistador. Las mujeres pasan velozmente por su vida sin dejar una huella perdurable. Sus idilios son proclamados a los cuatro vientos por la prensa del país. Sus historias con May Collins, Claire Windsor y Pola Negri son comentadas por los americanos con ese tono entre admirativo y reprobador con que se inician las leyendas. De todas estas historias que Charles Chaplin protagonizó en los locos años veinte, una especialmente deja huella en su obra: Peggy Hopkins-Joyce, que era una de las más célebre aventureras de aquellos años. Mujer de una elegante belleza y un enigmático pasado, conoció a Charles Chaplin en una recepción y vivieron juntos una apasionante aventura. El pasado de Peggy estaba lleno de matrimonios con millonarios y divorcios que habían escandalizado al país.
Con los recuerdos que Peggy Hopkins le había contado y su decidida actitud ante la vida, Charles Chaplin prepara el explosivo material de su primera película para la United Artist.
Creo que será la obra más importante de mi carrera. y nadie más que yo mismo puede comprender hasta qué punto soy revolucionario al adoptar estos métodos.
Era un claro desafío a Will Hays y a todas las sociedades puritanas del país. La historia de una entretenida en un París que no puede ocultar su parecido con las ciudades americanas, en donde las costumbres y la intransigencia puede arruinar la vida de las personas.
Chaplin deseaba que la película se titulase La opinión pública, pero conveniencias de distribución obligaron a un cambio de título. En América es aún conocida como Una mujer de París. En Europa se ha mantenido el título original, La opinión pública.
Algunos críticos afirmaban que la psicología no podía expresarse en la pantalla muda; que una acción pura como —por ejemplo — el tirarse sillas a la cabeza en las escenas de riñas, era su único medio de expresión. Una mujer de París fue, por lo tanto, un reto. Intenté expresar la psicología mediante una acción sutil.
Pero esa misma opinión pública que Charles Chaplin ha desafiado en su película recoge el reto. La película es un estruendoso fracaso. Además es prohibida en quince estados de la Unión y provoca uno de los más sonoros escándalos de toda la historia del cine. Sólo algunos colegas de Chaplin supieron apreciar cuanto de innovación cinematográfica había en ella. Incluso un escritor bohemio y vagabundo a quien Chaplin habría protegido —Jim Tu-lly— se permitió hacer a Ernest Lubitsch la siguiente entrevista:
—Señor Lubitsch, ¿por qué razón se siente usted satisfecho con dirigir comedias ligeras cuando podría hacer otra Madame Du Barry?
—Ah —repuso—, a Moliére le gustaba hacer comedias.
—Sí, pero el caso de Moliére es notoriamente diferente.
Lubitsch se encogió de hombros.
—Pues Chaplin es un genio y hace comedias.
—Chaplin no es más que un mimo ingenioso —le repliqué—, difícilmente comparable con Moliere.
Lubitsch se disgustó. Mi observación le pareció una blasfemia.
-Una mujer de París es una obra maestra. Chaplin es un genio, un genio.
—Una historia trivial —repuse.
Lubitsch no quiso seguir. Yo estaba hablando otra lengua.
Un título eterno: «la quimera del oro»
Han pasado treinta y seis años cuando llegamos al momento culminante en la vida de Charles Chaplin. Es un instante fugaz en una larga vida, apenas dura seis años. Los comprendidos entre 1925 y la llegada del cine sonoro.
Dos años después del estreno de A Woman of Paris, Chaplin ha decidido por fin cuál ha de ser su próxima película. Después de dudas y vacilaciones, acepta el compromiso de hacer su mejor película, su gran película. Un domingo por la mañana en casa de Douglas Fairbanks, éste le muestra unas fotografías de Alaska y del Klondike cuando la fiebre del oro. Una larga fila de buscadores de oro suben por una helada pendiente.
Aquél era un tema maravilloso, pensé. suficiente para estimular mi imaginación. en la creación de una película resulta paradójico que la tragedia estimule el sentido del ridículo, porque lo ridículo, creo yo, es una actitud de reto: hemos de reír ante nuestra impotencia frente a las fuerzas de la naturaleza o volvernos locos.
Trabaja durante más de un año intentando construir una historia alrededor de aquella imagen de los buscadores de oro. Jim Tully —que años más tarde se atrevería a juzgar de trivial Una mujer de París — tiene trabajo como asesor en estos meses de preparación y escritura del argumento. Rodeado de sus colaboradores habituales, Charles Chaplin finaliza el guión más largo de toda su vida profesional. Se titula The Golden Rush (La quimera de oro) y pasará a la historia del cine como la obra maestra de Chaplin. En ella vuelve a aparecer el pequeño vagabundo. Está bastante más viejo que en su última aparición en la pantalla, pero sigue siendo el personaje favorito de todos los públicos.
El primer papel femenino no va a ser interpretado por Edna Purviance. Después de diez años de fructífera colaboración, la relación entre Charles Chaplin y Edna se rompe definitivamente. A Woman of Paris ha sido su última obra conjunta. Edna Purviance tiene otras películas por hacer. Para ese importante papel femenino se convoca un concurso de actrices. Son largas sesiones de pruebas por las que desfilan todas las aspirantes a actrices de Hollywood. Entre todas ellas, Charles Chaplin queda prendado de una muchacha de dieciséis años (como Hetty, como Mildred) llamada Lolita Mac Murray. Esta chica había trabajado anteriormente con Charles Chaplin en el rodaje de El chico, en donde interpretaba uno de los querubines del cielo soñado por el vagabundo.
Charles Chaplin le firma un contrato para el papel femenino de su película y hace todavía más que eso. Cambia el nombre de Lolita Mac Murray por el de Lita Grey, y el 13 de octubre de 1924 cruzan juntos la frontera de Méjico y se casan en un pequeño pueblo fronterizo llamado Empalme. Lita Grey tuvo que cambiar su papel en La quimera de oro por el de esposa de Charles Spencer Chaplin. Fue sustituida por Georgia Hale, un descubrimiento del director Joseph von Sternberg en la película The Salvation Hunters. Aunque Lita Grey había actuado en algunas escenas, en el momento en que se convirtió en la mujer de Chaplin desapareció de los estudios y volvieron a rodarse aquellas escenas.
La quimera de oro se estrenó en Hollywood en el mes de junio de 1925. Fue un éxito unánime. Nadie pudo poner reparos a esta hermosa película que ha pasado a figurar en todas las antologías del cine como una de sus obras maestras. En la larga lucha que Charles Chaplin había entablado con un sector del país, de nuevo salía triunfante el pequeño inglés. Poco después del estreno nace en Hollywood el primer hijo de Chaplin: Charles Chaplin jr.
A pesar de la llegada de un nuevo miembro a la familia, la pareja no acaba de compenetrarse. Son diferentes sensibilidades y hay una notable diferencia de edad entre ambos. Charles Chaplin nunca fue amigo de fiestas estruendosas o de admitir imposiciones. Lita Grey necesitaba compañía, amigos; era demasiado joven para encerrarse en una casa. Por tanto, la casa de Chaplin, en Beverly Hills, estaba constantemente frecuentada por nuevas amistades que desagradaban profundamente a su propietario. Charles Chaplin atravesaba un período de brillo creador. Estaba dominando todo su talento, sabía que no podía fallar; cada idea que se le ocurría era un acierto. Pero necesitaba soledad y silencio para concentrarse en su trabajo. Esto produjo en la reciente pareja una incomprensión que resultó fatal.
Estalla el escándalo
En 1926 emprende la realización de un viejo proyecto. The Circus (El circo). Es el proyecto más caro de toda su filmografía hasta el momento. Contrata a una amiga de su mujer llamada Merna Kennedy y de nuevo se enfrasca en la realización de su película.
Nace su segundo hijo —Sidney Chaplin— el 30 de marzo de 1926. Poco tiempo después explota un escándalo de inimaginables proporciones, que termina en un doloroso divorcio.
Una noche, al regreso del estudio, encuentra — como era habitual— la casa invadida por los invitados de la joven Lita Grey. Otras veces ha callado aceptando la situación impuesta; pero esta noche Chaplin no se encuentra en un estado de ánimo tolerante. Monta en cólera y expulsa a los intrusos de su residencia. Lita Grey, ofendida, llorando, recoge a sus dos hijos y abandona la casa junto a sus amigos.
Aconsejada por su familia, Lita Grey presenta una demanda de divorcio acusando a Chaplin de crueldad mental, infidelidad matrimonial, ofensas personales y humillaciones públicas. Toda la inmensa fortuna de Chaplin se ve bloqueada en los bancos; sin créditos, sin ayuda, se ve obligado a interrumpir el rodaje de El circo.
La demanda de divorcio produce un escándalo formidable en todo el ámbito de la nación. Los periódicos toman partido por alguna de las partes. Algunos defienden a Chaplin, otros le atacan. A sus dieciocho años Lita Grey hace declaraciones sobre su vida íntima con Chaplin que erizan el pelo de toda la nación. Parece que ha sonado la hora de acabar con el pequeño inglés.
Charles Chaplin guarda silencio. No hace declaraciones. Al fin, el 22 de agosto de 1927 se firma el divorcio. Los hijos permanecerán bajo la custodia de la madre, quien también percibirá un millón de dólares como indemnización.
Para Charles Chaplin quizá lo más importante es que puede reanudar el rodaje de El circo. Separado de sus hijos, soporta los furibundos ataques de aquella opinión pública que tan valientemente había desafiado, defendiendo el derecho a su vida privada.
El circo se estrena en el Strand Theatre de Nueva York el 7 de enero de 1928. Se produce un milagro que nadie hubiera podido sospechar. El circo constituye un éxito más en la inmensa larga lista de éxitos de Chaplin. Aunque su autor sea denostado, injuriado, menospreciado por la opinión pública, lo cierto es que Chariot —el pequeño vagabundo— continúa siendo el favorito de los espectadores.
Este es el gran momento en la vida de Charles Chaplin. Tiene treinta y nueve años y su capacidad creativa parece inspirada por una imaginación sin límites. Ha vencido en una dura batalla, sus enemigos deben replegarse, se agazapan esperando otra oportunidad.
Ante una formidable amenaza
Charles Chaplin prepara su próxima película, la que culmina su gran momento creador: City Lights (Luces de la ciudad). Pero cuando ha iniciado su rodaje, aparece la innovación que ha de cambiar el curso de la historia del cine: el sonido. Aparece como una revolución imparable. Al principio, ni los productores ni los exhibidores prestaron atención al nuevo invento. Adoptar la nueva técnica suponía una grandiosa inversión, nuevos estudios de rodaje, nuevas máquinas, nuevos técnicos, nuevos actores y cambiar de arriba abajo las salas de proyección de todo el mundo.
Poca gente pensó que aquella nueva técnica hubiera de tener un brillante futuro. Sin embargo, en 1927, la aparición de El cantor de jazz y su fulminante éxito decidió la partida. Como un maremoto el sonido devoró a centenares de técnicos y actores; como si fuera el hundimiento de una nueva Atlántida, desaparecieron las personas que habían creado el cine. Los más avispados sobrevivieron al cataclismo, pero los más débiles fueron devorados por el dinero y el progreso.
Ahora han pasado muchos años y el cine sonoro ha conseguido alcanzar un nivel expresivo superior al del cine mudo. Pero ha perdido también el encanto, la magia y el misterio de aquellos prodigios de ritmo y movimiento que era el cine mudo. Charles, uno de sus grandes artífices, se rebela contra el cine sonoro:
La voz rompe la fantasía, la poesía, la belleza del cinematógrafo y de sus personajes. Los personajes de las películas son seres de ilusión y su naturaleza se deriva precisamente del silencio en que viven. El cine es poesía y belleza creadas en un mundo de silencio. Sólo desde ese mundo de silencio los personajes pueden hablar a la imaginación y al alma de los que les contemplan. Hacerlos hablar es aniquilar todo su encanto. Poner voz a las sombras es una imbecilidad y un error, tolerable sólo como negocio, pero inadmisible como arte. Espero que estas locuras de las películas habladas pasarán pronto y que los elementos de valor que hay en el cine vuelvan al verdadero camino.
Verdaderamente Charles Chaplin no tenía talento como profeta. Las películas habladas se impusieron, y en tres años todas las salas del mundo estaban equipadas con la maquinaria necesaria, y tanto el público como los distribuidores no querían oír hablar de películas mudas. Esta corriente enfrentó a Chaplin con un problema. Hemos contado al principio las razones por las que Chariot no podía hablar, pero no sólo Chaplin era consciente de ellas.
Von Sternberg dice:
El lado cómico de la humillación
Charles Spencer Chaplin, no el actor, sino el director de escena, ejerció cierta influencia sobre mí por su sobriedad pictórica y su acertada forma de tratar las emociones más primitivas. ha sido un maestro igual en la descripción del lado cómico de la humillación. realizador amante de la máxima exactitud, trabajaba a veces meses enteros para resolver el más pequeño detalle, repitiendo una escena cien veces si lo creía conveniente para hacer que expresase lo que él se había propuesto. no se trata en este caso de un «se dice». yo he sido testigo de == ellos. Semejante minuciosidad requiere no sólo el control de los instrumentos, sino también la independencia financiera que obtuvo desde el principio gracias a su control sobre Chaplin actor. En el pináculo de la fama llegó a ser el ser humano más conocido entre vivos y muertos.
Pero con el advenimiento del cine sonoro perdió mr. chaplin su talento. la voz que salía de la boca del personaje que él había inventado no guardaba relación alguna con la máscara. discutimos un día sobre esa cuestión y le sugerí que convirtiese su voz en una sucesión irreal de sonidos. pero charles chaplin no escucha a nadie que no sea él. nuestros contactos han sido frecuentes y se ha mostrado extremadamente generoso con el elogio que ha hecho de mi obra.
No podía encontrarse una solución, porque no existía. Chariot no debe hablar: más que ningún otro, el pequeño vagabundo es un personaje del mundo del silencio. De tal forma que Chaplin decide proseguir la producción de su película, sabe que tiene algo interesante entre las manos y, además, se encuentra seguro de su talento. No importa lo que le digan, las soluciones que le sugieran, la hostilidad de los distribuidores y exhibidores. Chariot es — hasta el momento— el personaje más popular de la historia del cine. El cine ha crecido con él, una misteriosa comunicación se ha establecido entre el público y el personaje a lo largo de los dieciocho años de vida que tiene Chariot.
Seguro y fiel a sí mismo: «Luces de la ciudad»
Al fin estuvo concluida la película. Dos años se emplearon en su filmación, montaje y edición. Para el principal personaje femenino —una florista ciega— Chaplin contrató a Virginia Cherril, una bella starlette de cine a quien ya conocía. De todas las actrices que realizaron pruebas, ella fue la única que consiguió parecer ciega. No tenía experiencia alguna, pero efectuó una notable interpretación en la película.
City Lights (luces de la ciudad) se estrenó en Nueva York el 6 de febrero de 1931, en el teatro Cohan. Charles Chaplin llegó cuatro días antes del estreno y se encontró con que la película no había despertado ninguna expectación. El departamento de publicidad de la United Artists no había informado suficientemente a la población. Charles Chaplin organizó, él mismo, una fulgurante campaña de publicidad. Colocó un anuncio luminoso en la fachada del teatro y convocó una rueda de prensa para explicar las razones por las que había hecho una película muda cuando el mundo había sido invadido por el cine sonoro. El local era un teatro, no estaba acondicionado como sala de cine y fue también Chaplin en persona quien supervisó los detalles técnicos de la proyección. Desarrolló en cuatro días una actividad desenfrenada. Luego… el día del estreno. Los nervios, la tensión y al fin las primeras risas. Aplausos y más aplausos subrayando toda la proyección.
Luces de la ciudad fue uno de los más aparatosos éxitos de toda la historia cinematográfica de Charles Chaplin. Se mantuvo en el local de estreno doce semanas y la única razón para retirarla del cartel fue que los circuitos de distribución de la ciudad presionaron para explotar mejor la película multiplicando las salas de exhibición.
En la vida privada de Chaplin se sucedían tristes acontecimientos. Al comienzo del rodaje de la película, Hannah Hill —su madre— había muerto. Los últimos meses de la anciana actriz habían estado llenos de recaídas en su enfermedad. Poco a poco fue apagándose como una vela. Sidney también se había retirado de los negocios hacía dos años y vivía en Niza junto a su mujer. Los dos hijos del matrimonio con Lita Grey vivían con su abuela materna. Charles Chaplin se sentía de nuevo abrumado por la soledad.
La gran depresión
Durante el rodaje de City Ligths se produjo el famoso «crack» económico de octubre de 1929. La crisis más salvaje de la historia del país. La Bolsa se vino abajo de la noche a la mañana y los especuladores millonarios en acciones y cupones se despertaron una buena mañana arruinados. Los bancos, los sólidos bancos americanos, quebraban estrepitosamente. La producción bruta del país descendió a la mitad; empresas poderosas quebraban también como los bancos. La gente que de la noche a la mañana se había encontrado sin trabajo se contaba, por millones. El hambre se extendió por todo el país como una plaga bíblica. Inacabables caravanas de camiones y coches cargando familias completas y enseres domésticos atravesaban el país de punta a punta buscando un trabajo que les permitiera sobrevivir. Gigantescas colas ante las oficinas de beneficencia para poder sorber un poco de sopa caliente. Algaradas y disturbios en las calles de todas las ciudades.
Pocos meses antes, un nuevo presidente republicano había logrado acceder a la Casa Blanca, Herbert Clark Hoover, que se encontró con un país en quiebra entre las manos; pagando la elevada factura de los locos años veinte que se despedían del país con una burla desagradable, con la mayor resaca colectiva de la historia de la nación.
Charles Chaplin salió bien librado de la quiebra. Un año antes había retirado todas sus acciones de bolsa y había guardado su capital en metálico. Un artículo en una revista le había puesto sobre aviso de las fallas evidentes en el sistema económico de los Estados Unidos. Acostumbrado desde su niñez a protegerse a sí mismo, vio en aquellos números un peligro probable. En medio de la euforia de todo el país, que no hacía más que invertir en bolsa todos sus ahorros, Charles Chaplin mantiene la cabeza clara y una vez más lucha contra el impulso colectivo.
Vuelta a Europa
Huyendo de la soledad de Hollywood, del deprimente panorama de un país en agonía, Charles Chaplin emprende un largo viaje hacia Europa, para presentar su nueva película. Han transcurrido diez años desde al última vez que estuvo en Europa. Diez años intensos y cargados de emociones para Charles Chaplin. El viejo continente ha cambiado mucho desde 1921. Hay mucha pobreza, pero sobre todo, confusión y caos.
En Londres comienza el gran desfile triunfal de Charles Chaplin. Diez años, en los que ha realizado sus mejores películas, han centuplicado su popularidad. Se producen manifestaciones y algaradas a su paso. El estreno de Luces de la ciudad en Londres es un acontecimiento. Chaplin llega al estreno acompañado del escritor George Bernard Shaw. Tras la proyección debe acudir a una cena, en donde Winston Churchill alza su copa por el pequeño Charlie. La prensa conservadora inglesa atrae la atención pública sobre la falta de medida y control que se manifiesta en los homenajes a Charles Chaplin, quien, según ellos, no es un genio de la envergadura de Shakespeare, Wellington o Nelson, los auténticos héroes de Inglaterra.
Sobrevive a un peligroso atentado
Algo extraño sucede en el mundo para que el personaje de Chariot y su creador despierten tales entusiasmos. Charles Chaplin abandona Inglaterra y comienza su primera vuelta al mundo. Recorre Francia, Alemania, Austria, Italia, Suiza, Egipto, Ceilán, Singapur, Java, Bali y Japón. Es un excitante viaje cargado de emociones y experiencias. Conoce a Ghandi, a Einstein, Emil Ludwig…, profundiza su amistad con H. G. Wells. En el Japón se ve involucrado en una conjura para asesinar al primer ministro. Un grupo violento de extrema derecha organiza un atentado a la llegada de Chaplin a Tokio para quitarle la vida. Consideran que asesinar a Charles Chaplin es una provocación para los Estados Unidos. Chaplin salva la vida en el atentado, pero el primer ministro japonés es asesinado. Esta vuelta al mundo que Charles Chaplin ha iniciado para huir de su soledad le revela su inmensa y casi histérica popularidad, pero también le obliga a enfrentarse al mundo desde otras perspectivas. La depresión se ha extendido como una mancha de aceite por el mundo entero. El progreso acelerado y sin sentido no conduce a ninguna parte. Cuando Chaplin regresa a Estados Unidos, ha cambiado; tiene cuarenta y tres años y sabe que debe decir adiós a los buenos tiempos.