XIII. Político Maduro y Militar Audaz
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Introducción
LOS 29 delegados procedentes de los territorios liberados se reúnen el 15 de febrero de 1819 en Angostura. En la sesión de apertura Bolívar pronuncia un famoso discurso: promete retirar las tropas apenas se restablezca la paz y pone en guardia a los parlamentarios contra el peligro de una dictadura. Repite que Venezuela tiene necesidad de un gobierno fuerte, como lo habían demostrado los años de anarquía y los fracasos que se habían originado en los mismos, y que el país no estaba preparado para un sistema federal. Los sistemas de gobierno siempre debían adecuarse a las necesidades y a las condiciones en que se encontraba cada país, y Venezuela necesitaba un gobierno centralizado. Además, dice, la democracia, en su significado más profundo, significa igualdad, y los venezolanos no estaban aún dispuestos a reconocer la igualdad completa de todos los hombres. Y subraya: «Yo abandono a vuestra soberana decisión la reforma o la revocación de todos mis estatutos y decretos; pero yo imploro la confirmación de la libertad absoluta de los esclavos, como imploraría mi vida y la vida de la República.»
Luego Bolívar explicó el sistema de gobierno en que había pensado: propuso una asamblea de representantes elegida libremente, sobre todo para satisfacer las solicitudes que recibía, pero con poderes reducidos y secundarios. Para contrabalancear los efectos de la presión popular, propuso la constitución de un senado hereditario. Además, se mostró partidario de un fuerte poder ejecutivo que no tuviera que responder ante el parlamento, un ejecutivo que constituyese la fuerza equilibradora de todo el Estado. El cuarto órgano de gobierno lo constituiría una especie de cuerpo de censores con la obligación de guiar moral y culturalmente al país y enseñar al pueblo a amar la virtud y despreciar el vicio.
Si bien algunas propuestas de Bolívar son utópicas, es evidente el gigantesco esfuerzo que hace el Libertador para reorganizar un mundo que durante cuatro siglos sólo ha conocido una pesada burocracia colonial regida desde España.
Finalmente, propone llegar a la unión de Nueva Granada con Venezuela, y posiblemente con el Ecuador, la abolición de la esclavitud y la concesión de un premio a los patriotas por las pérdidas sufridas durante la guerra.
Ante nuevas campañas de guerra
La grandilocuencia de los discursos contrasta con la precaridad del medio y la condición de los parlamentarios reclutados entre los jefes de su ejército. En realidad, esta asamblea permitió a Bolívar demostrar su autoridad.
Es nombrado presidente, y como vicepresidente, se digna al neogranadino Francisco Antonio Zea (1766–1822). De esta manera pudo dar validez jurídica a su autoridad y convirtió en subalternos al indomable Páez y al general Nariño, que había huido de su destierro en la isla Margarita y nuevamente guerreaba en el continente.
Bolívar consideraba todavía que Nueva Granada era el mejor punto de partida para la liberación de Venezuela y los países del sur. Santander, aquel oficial neogranadino que un día ya lejano le afrentó ante sus tropas, en este año 1818 prepara en las estribaciones de los Andes las fuerzas que han de atravesar el macizo llevando la lucha a Nueva Granada. También Páez participará con sus llaneros, y su apoyo quedará comprometido en una entrevista que mantendrá con Simón Bolívar en una choza junto al río Apuré.
Para llevar a cabo la empresa, el ejército patriota deberá atravesar los Andes, es decir, repetir la epopeya del general San Martín en Chile. Bajo la dirección de Bolívar, los soldados atraviesan grandes llanuras pantanosas plagadas de obstáculos y enfermedades. Los llaneros extrañan en los feroces Andes la suavidad de la llanura tropical. Aun los soldados prácticos en las zonas montañosas tiemblan ante la idea de atravesar la cordillera por los pasos más difíciles y durante la estación de las lluvias. Los caballos resbalan y caen en el lodazal viscoso, despeñándose por grietas y precipicios.
Luego de mil sacrificios, consiguen llegar a los acogedores valles del otro lado. Tras un breve descanso, derrotan a las tropas españolas que salen a detenerlos, liberando así Nueva Granada.
Bolívar bate a los españoles en dos breves encuentros, a pesar de que las tropas enemigas eran superiores en número y en pertrechos bélicos.
Páez no cumple con el mandato de llegar a Cúcuta, demorándose en enfrentamientos aislados; este hecho dificulta la acción de Bolívar, que se ve privado de una ayuda indispensable. El primer encuentro en el Pantano de Vargas no fue una victoria aplastante, ya que sus pérdidas fueron graves, pero en cambio fue una victoria psicológica que supo explotar inteligentemente. Tras este encuentro se producirá la batalla de Boyacá, que terminó con la derrota total de los españoles.
El mérito del triunfo correspondió tanto a Bolívar como a los generales Santander y Anzuategui. La brillante y sorprendente acción del primero logra desbaratar las filas del ejército español a las órdenes del general Barreiro, quien fue hecho prisionero junto a 1.600 de sus hombres.
No hay hora para la clemencia. Bolívar descubrirá entre los prisioneros a un viejo conocido, un rostro que le traía el recuerdo de su primer gran fracaso en Puerto Cabello: Francisco Fernández Vinoni, uno de los sublevados de aquel episodio, está ahora en sus manos. En la madrugada del 8 de agosto de 1819 —un día después del triunfo decisivo de Boyacá— un pelotón de fusilamiento pondrá fin a la vida del oficial español.
El 10 de agosto de 1819, Simón Bolívar entra en Bogotá. Comienza la persecución de las autoridades españolas; el virrey, Juan Samano (1754–1820), logra escapar hacia Panamá, pero el gobernador de Cauca, Domínguez, es fusilado.
La preocupación de Bolívar sigue siendo Venezuela, donde se hallan las tropas de Morillo, que constituyen la mayor amenaza. A esto se le sumarán las continuas desobediencias de Páez. Frente a este cuadro, el Libertador entrega el mando a Santander y marcha hacia Venezuela para entrevistarse con el jefe de los llaneros.
Santander se encarga de la custodia del general español Barreiro y los treinta y ocho hombres que componen su oficialidad. La suerte de los mismos ya está decidida. Asistidos por monjes franciscanos, serán fusilados ante el pueblo de Bogotá reunido en la Plaza Mayor.
A su regreso a Venezuela, Bolívar deberá enfrentarse al caos más absoluto. Arismendi había ocupado el cargo del doctor Zea, quien renunció al mismo con objeto de evitar nuevos conflictos. Por otra parte, Nariño se había proclamado «Jefe» de Oriente.
Para contrarrestar esta tendencia a la disgregación, Bolívar convoca un Congreso y reasume la presidencia dejando fuera de la combinación de mandos a Nariño y Arismendi.
En estas condiciones, el 17 de diciembre de 1819 es proclamada la República de Colombia, estructurada en tres departamentos: Venezuela, Cundinamarca y Quito. En realidad se trataba más de un proyecto que de otra cosa, ya que el territorio todavía no estaba liberado y el general español Pablo Morillo (1778–1837) hacía imposible con sus fuerzas la realización de los proyectos criollos.
Para dirigir la naciente República, Simón Bolívar fue designado presidente y Francisco Antonio Zea vicepresidente, y al frente de cada uno de los tres departamentos figuraría un vicepresidente: Juan Germán Roscio (1769–1821), en el de Venezuela; Francisco de Paula Santander, en el de Cundinamarca, y el de Quito permanecía, de momento, sin designación de autoridades.
El sueño de la gran República boliviana ya está en marcha. Nueva Granada es la primera que envía su adhesión y ratifica lo acordado.
La sublevación de riego favorece a Bolívar
Desde el punto de vista militar, la situación de Bolívar no podía ser más incierta. Pero su decisión se vio facilitada por los acontecimientos de España. Efectivamente, se había producido un levantamiento contra Fernando VII. Este suceso sería conocido con el nombre de la sublevación de Riego. Los liberales exigen la restauración de la Constitución de 1812, y el monarca absoluto termina aceptando la demanda. Como resultado de este suceso, la expedición preparada en Cádiz de veinticinco mil hombres, que deberían reforzar los ejércitos imperiales en América, no sale de España.
Las autoridades coloniales españolas reciben la orden de publicar la Constitución y de iniciar negociaciones con los colonos. Bolívar se muestra favorable, pero a condición de que se aceptara su plataforma de discusión; es decir, negociación entre dos Estados en calidad de soberanos. Para aceptar esta solución, España habría tenido que reconocer la independencia de Venezuela y Nueva Granada. La Corona se niega, pero una serie de victorias patriotas la obligan al reconocimiento de facto.
El gobierno español propone a Bolívar, en su calidad de presidente, un armisticio durante seis meses. El Libertador no tiene demasiadas esperanzas acerca de los resultados de la discusión, pero el armisticio le ofrece la oportunidad de que sus tropas puedan descansar y reorganizarse; por otra parte, constituye una derrota moral para España, pues como él mismo señalará, Colombia se situaba en un plano de igualdad ante el enemigo, es decir, trataba de potencia a potencia.
El jefe de las tropas españolas, el orgulloso general Morillo, debe ir al encuentro del venezolano. Luego de la entrevista, que se desarrolla en un marco de austeridad, Bolívar ofrecerá al español un banquete en el que pronunciará un célebre brindis:
A la heroica firmeza de los combatientes de uno y otro ejército: a su constancia, sufrimiento y valor. a los hombres dignos, que a través de males horrorosos, sostienen y defienden su libertad. a los que han muerto gloriosamente en defensa de su patria y de su gobierno. a los heridos de ambos ejércitos, que han manifestado su intrepidez, su dignidad y su carácter. odio eterno a los que deseen sangre y la derramen injustamente.
La entrevista Bolívar-Morillo ha provocado diversos juicios contradictorios. Algunos han considerado que el Libertador se dejó llevar más por la vanidad que por la eficacia. Otros la juzgan un rapto de orgullo y amor propio. Incluso la paz a cualquier precio y aceptando las condiciones que impusiera España. Sin embargo, los que juzgan con los resultados a la vista, la tildan la jugada maestra ya que, al parecer, lo que Bolívar se proponía era mostrar al mundo que la naciente Colombia podía imponer sus condiciones a la arrogante España.
Todo esto resulta muy discutible. Lo único cierto es que la situación interior de España favorecía a los caudillos independentistas. Para más, después de la entrevista el veterano general Morillo fue reemplazado por el general La Torre, que no podía igualar al anterior en prestigio y conocimiento del terreno que pisaba. Y otro dato a su favor: la situación en el Continente se había modificado con la presencia del general San Martín en el Perú y el levantamiento de Guayaquil.
Mientras los españoles confían
Insuflado por tantos acontecimientos favorables, Bolívar declaró en Bogotá: «Estoy resuelto a terminar la guerra en Venezuela este año». Y, para dar cima a su empresa, dividió el ejército en tres frentes: el del Norte lo confió al mando del general Páez; Rafael Urdaneta (1789–1845) mandaría el del Este, y José Francisco Bermúdez (1782–1831) el del Oeste.
Con la máquina militar bien engrasada, Bolívar prepara la jugada maestra. Mientras el general La Torre sestea confiado en el tratado de paz, Bolívar le comunica que ha decidido romper el armisticio y que en un plazo de cuarenta días reanudará las hostilidades. Y cuando todavía confía el general español en conseguir un arreglo pacífico, el general Bermúdez ataca por sorpresa Caracas y la ciudad, mal guarnecida y peor fortificada, cae en su poder sin ofrecer resistencia.
La noticia corre como reguero de pólvora por los campamentos bolivarianos enardeciendo a los que ya ven próxima la victoria. En el cuartel general de La Torre, las cosas se ven de manera diferente. Sin duda no han aprovechado la tregua. No obstante, el general español, ofuscado por este brillante éxito de Bermúdez, decide la reconquista inmediata de Caracas, lo cual consigue sin apenas esfuerzo, pero al precio de dejar a Bolívar el camino expedito para llevar a cabo su gran maniobra. Pues Bolívar acude inmediatamente a la cita con el grueso de su ejército.
El 24 de junio de 1920 se encuentran frente a frente los ejércitos de La Torre y Bolívar en la llanura de Carabobo. El general Páez, al frente de sus 1.500 llaneros, inicia el combate. Muy pronto se generaliza la batalla. Esta vez Bolívar cuenta con fuerzas superiores a las españolas, las cuales se baten con arrojo, pero nada pueden hacer frente a la embestida conjunta de las tropas mandadas por los generales Plaza y Manuel Sedeño (1789–1821). Ambos generales encontraron la muerte en la batalla, pero su valeroso comportamiento fue decisivo para el triunfo de las armas de los patriotas. A las once y media de la mañana Bolívar se alzaba con la victoria. La Torre y sus hombres habían sido derrotados.
El héroe de la jornada fue Páez, de quien Bolívar diría: «Un llanero tosco y falso y es preciso conocerlo bien para dirigirlo». En estas palabras del Libertador se advierte el conflicto latente. El jefe llanero era un vagabundo sin cultura, un hombre que a los siete años huyó de su hogar para deambular por los llanos en compañía de peligrosos sujetos. A esa misma edad, Bolívar recibía de sus preceptores una cultura enciclopédica, comía en mesas suntuosas y era poseedor de inmensas extensiones de tierra y centenares de esclavos. Sin embargo, el fragor de la guerra y los ideales de liberación habían hecho posible que el siervo y el señor se encontraran en igualdad de condiciones.
Carabobo es el principio del fin de los colonialistas españoles. Seguidamente las puertas de Valencia se abrieron a los patriotas y cuatro días después Simón Bolívar entraba en Caracas con todos los honores del triunfador.
Prácticamente el Imperio español de América hacía aguas por todas partes. El movimiento independentista se había generalizado y los patriotas se iban haciendo dueños de la situación. En el mismo Perú, la plaza del Callao estaba a punto de capitular ante el general San Martín.
Ante la Asamblea de las Provincias Libres
Pensando en la Gran Colombia soñada, y para evitar resquemores y celos provincianos, Bolívar había declarado: «No será Caracas la capital de una República, será sí la capital de un vasto departamento gobernado de un modo digno de su importancia».
El 6 de mayo de 1821, se reúne en Cúcuta la Asamblea de las Provincias Libres de Venezuela y Nueva Granada. Bolívar acoge con beneplácito la unión, pero teme las intrigas y las críticas a su poder. En principio no acepta la presidencia. En el discurso a la Asamblea trata de influenciarla con las ideas que él considera más oportunas en este momento:
...Estoy resuelto a dar el ejemplo de un gran republicanismo, para que este mismo acto sirva a otros de precepto. no conviene que el gobierno esté en las manos del hombre más peligroso; no conviene que la opinión y la fuerza estén en las mismas manos, y que toda la fuerza esté concentrada en el gobierno; no conviene que el jefe de las armas sea el que administre la justicia; porque entonces el choque universal será contra este individuo: y derrocado él, será derrocado todo el gobierno. es menos peligroso que haya dos potestades que una sola: y siempre se me debe suponer una potestad en este país, teniendo un mando militar que, probablemente, debo conservar. todo el mundo sabe que yo tengo enemigos; muchos piensan que aspiro al poder absoluto: ¿no será un gran golpe para la republica que las enemistades y los celos, conspirando contra mí, derriben el gobierno mandando el ejército, colombia me tendrá siempre en la reserva y el gobierno en la vanguardia. sufro una derrota, el gobierno reparará las pérdidas. suponiendo lo contrario, la cabeza del ejército es la cabeza del gobierno. sufriendo todos los tiros, deberá al fin caer y arrastrar con su caída la suerte de la sociedad. estas consideraciones son fuertes, profundas y exactas...
Sin embargo, como en otras oportunidades, el Libertador termina por aceptar el cargo ofrecido y se designa como vicepresidente a Santander. Si bien duda de la solidez de una República tan absolutamente centrada en su persona, aún tenía la sensación de ser el único hombre que podía llevarla al éxito.
La Constitución fue uno de los motivos principales que le impulsan a aceptar. Es bastante buena, a su parecer, pero sabe que solamente resultaría eficaz en condiciones de unidad y cooperación efectivas.
Al otro lado de los Andes
De todas las maneras, piensa que una constitución imperfecta es mejor que nada y está seguro de que bajo su dirección Colombia podrá superar su fragilidad política. En consecuencia, decide ignorar las contradicciones que debe afrontar. Dejando a sus subordinados la realización de la Gran Colombia, parte hacia la liberación del Ecuador y entrevé un proyecto aún más ambicioso: la unificación de todo el continente. En cuanto al Ecuador, intentará incluir este país en la nueva República como posibilidad de extender este primer núcleo de repúblicas a una confederación continental. Dirá en carta dirigida a Santander: «Fórmeme usted un ejército que pueda triunfar al pie del Chimborazo y del Cuzco y que enseñe el camino a los vencedores en Maipú y libertadores del Perú. ¡Quién sabe si la Providencia me lleva a dar la calma a las aguas agitadas del Plata y vivificar las que tristes huyen de las riberas del Amazonas!».
Ya resuelto el problema del Ecuador, Bolívar envía a Sucre al puerto de Guayaquil, que se había declarado independiente. Sucre debía proseguir hasta Quito, pero Guayaquil se convierte en un serio problema. Entonces Bolívar decide dirigirse personalmente a Quito para alcanzar luego el puerto.