Buscar por relevancia Buscar por título
Enviar este artículo por e- mail
cerrar

Añadir un comentario a este artículo
cerrar

Enlazar con este artículo
cerrar

XIII. No es Posible ser Judío y Alemán a la vez

De Mienciclo E-books

Share/Save/Bookmark

Contenido

Introducción

LA gran depresión económica de 1929 afectó profundamente a la estabilidad alemana, precariamente conseguida tras la guerra del 14 por la llamada República de Weimar. Hindenburg, autoritario y de tendencias monárquicas, difícilmente podía defender la democracia. El capital, por un lado, y, por otro las clases medias y el numeroso lumpen que se había producido por el grave paro obrero que causó la crisis, vieron una esperanza en el partido nacional-socialista, cuya ideología era nacionalista, racista, anticomunista y supuestamente anticapitalista, y que prometía un gobierno fuerte capaz de devolver a Alemania el esplendor perdido en la guerra del 14, y de conseguir la revisión del que consideraba «humillante» Tratado de Versalles, con el que se concluyó aquélla. La importancia numérica inicial del partido de Hitler era reducida; pero gracias a sus campañas publicitarias de masas, la represión en las calles realizadas por las S. A. (Secciones de Asalto) y la coyuntura económica y política, el número creció considerablemente.

En 1930 cae el gobierno de Müller, por la cuestión del financiamiento de los seguros de desempleo, y con él puede decirse que termina la república parlamentaria. En las elecciones de septiembre, el partido nazi pasa de los 10 a 107 diputados, mientras que el partido comunista sólo obtiene 77 escaños. El nuevo gobierno fue presidido por Brüning, quien nunca había aceptado la rendición en la guerra ni la abolición de la monarquía. Brüning, nombrado por Hindenburg con poderes excepcionales, podía disolver el Parlamento si lo estimaba conveniente. La grave crisis económica le obliga a adoptar medidas de estabilización que perjudican seriamente a la ya maltratada clase obrera y provoca un paro que le hace revisar sus disposiciones y plantearse la nacionalización y reparto de tierras; además, proyecta la restauración de una monarquía constitucional. Estos propósitos provocan la coalición de los partidos más reaccionarios para derribar a Brüning en las próximas elecciones a la presidencia de la República, formando el frente de Harzburgo, en el que se asocian los nacionalistas de Hugenberg con Von Papen, Schmidt y Hitler, quien es proclamado candidato para la presidencia de la República. Hindenburg es reelegido con el apoyo de los socialdemócratas en abril de 1932. La violencia y terrorismo desatados por las organizaciones paramilitares nazis desequilibran profundamente la situación, haciendo caer el gobierno de Brüning en mayo de 1932.

Tras los gobiernos de Von Papen (junio 1932) y de Schleicher (diciembre 1932), Hindenburg encarga la formación de un nuevo gobierno a Hitler, en enero de 1933.

Con este fondo de gran crisis política y económica en Alemania y de violencia desarrollada por el partido nazi, Einstein regresa a Berlín en la primavera de 1931, después de haber pasado un invierno de trabajo reposado en el Instituto Tecnológico de Pasadena, rodeado por el ambiente democrático y pacífico de los Estados Unidos, que ya estaban superando los efectos de la crisis de 1929.

En esa misma primavera, el profesor Gumbel, de la Universidad de Heidelberg, fue golpeado, sus ventanas apedreadas y su efigie ahorcada; el motivo era el haber redactado un escrito denunciando el rearme secreto de Alemania y las graves consecuencias que ello podría acarrear. Su vida era constantemente amenazada, y en todo ello había cierta complacencia oficial. Un mal presagio para el recién llegado Eisntein, quien, en una carta dirigida a un periódico de Berlín, decía: «¿Qué será de un pueblo que persigue brutalmente a hombres como Gumbel y cuyos dirigentes no se oponen a esa chusma…? Si las cosas continúan por ese camino, llegaremos a un régimen de tiranía fascista».


Militante de la paz

En ese mismo año estuvo en la Universidad de Oxford, como profesor visitante, para dictar un cursillo de Física; pero su preocupación por la paz le hacía prestar más atención a este problema que a los de las ciencias. Existía una organización denominada Internacional de Resistencia a la Guerra, que agrupaba a miembros de más de cincuenta naciones. Einstein era uno de los principales animadores, y en uno de sus discursos dijo:

No es el momento de contemporizar. O se está a favor de la guerra o se está en contra. si están ustedes a favor de la guerra, vayan y animen a la ciencia, a las finanzas, a la industria, a la religión y a la clase obrera para que ejerzan toda su influencia para la fabricación de armas, para que sean lo más mortíferas posible. pero si están en contra, entonces reten a todo el mundo para que resista hasta el límite de su capacidad conjuro a todos los hombres y mujeres, tanto eminentes como humildes, para que declaren antes de que se reúna en el próximo mes de febrero en Ginebra la Conferencia Mundial del Desarme, que se negarán a prestar su apoyo a cualquier guerra o a sus preparativos. Les pido que informen por escrito a sus gobiernos de esta decisión y que la confirmen advirtiéndome a mí de ella… Deben serme dirigidas a la Sede de la Internacional de Resistencia a la Guerra. He dado mi autorización para que se establezca un Fondo Einstein de la Internacional de Resistencia de la Guerra, cuyas aportaciones pueden remitirse a la dirección siguiente…

Einstein se había convertido en un activo militante de la paz. Seguía trabajando en la teoría del campo unificado, pero sólo obtenía resultados parciales, pese al esfuerzo de incluir nuevas ideas e instrumentos formales. Viajó por diversos países de Europa: Holanda, Bélgica, Austria.

En diciembre de 1931 volvió a Pasadena para pasar allí otro invierno, ocupado en cuestiones científicas, pero preocupado por los problemas que aquejaban a Europa.

Los problemas en Alemania se hacían cada vez más difíciles; por eso recibió con cierta esperanza la invitación que le hiciera en febrero de 1932 Abraham Flexner de participar como profesor en el recién creado Instituto de Estudios Avanzados en Princeton. En este momento todavía no toma ninguna decisión, pues no renuncia a la posibilidad de continuar en Berlín con sus obligaciones.

En primavera regresa a Europa, pasando una corta temporada en Oxford. En Ginebra asiste a la Conferencia de la Paz organizada por la Sociedad de Naciones, acompañado del británico y también pacifista Ponsonby. Einstein se encontraba en un momento de gran actividad pacifista, de apoyo a los movimientos de objeción de conciencia para realizar el servicio militar, y lucha contra el militarismo y el rearme. Aunque no era delegado de ningún país y, por tanto, no ostentaba representación oficial alguna, fue recibido con simpatía, ya que su persona representaba al ciudadano del mundo, y su prestigio moral hacía que se le escuchase. Tras la Conferencia salió pesimista de lo que ocurría dentro. Según un testimonio, Einstein dijo, refiriéndose a la Conferencia:

Eso no es una comedia. es una tragedia. la mayor tragedia de los tiempos modernos, a pesar del gorro y los cascabeles de toda la bufonería. nadie tiene derecho a tratar esta tragedia a la ligera y a reírse cuando uno tendría que llorar. tendríamos que ponernos de pie sobre los tejados, todos nosotros, y denunciar que esta conferencia es un camuflaje los delegados han venido aquí con el disfraz de la paz para fomentar la guerra catorce años después del armisticio de la gran guerra no nos encontramos más cerca de la paz que la víspera en que aquél se firmó. ya hemos esperado bastante tiempo a que los políticos y los hombres de estado cumplieran lo que habían prometido paz. paz. paz perpetua. los hemos enviado aquí para que hagan la paz nos han estafado. nos han tomado el pelo. centenares de millones de personas en europa y en américa, miles de millones de personas en todo el mundo, así como miles de millones de hombres y mujeres que aún tienen que nacer, han sido y están siendo estafados, vendidos y timados en cuanto a sus vidas, salud y bienestar. ya hemos esperado bastante tiempo. ya hemos



Viaje sin retorno

Ya en su casa de Caputh, en las cercanías de Berlín, fue visitado por Flexner, quien le rogó respuesta a la invitación que meses antes le hiciera para integrarse en el Instituto de Estudios Avanzados de Princeton. Einstein dudó, pues no quería renunciar a su situación en Alemania ni abandonar las responsabilidades que como hombre público había contraído con la historia y con su pueblo. Finalmente aceptó tras obtener autorización de la Academia Prusiana de Ciencias, para ausentarse cinco meses al año, que pasaría en Princeton; pero su residencia permanente seguiría siendo Berlín.

En el mismo verano le pidieron algunos funcionarios de la Sociedad de Naciones que organizara una discusión pública con otras personalidades sobre los problemas de la guerra. Einstein se dirigió a Sigmund Freud, esperando encontrar respuesta en el creador del psicoanálisis y una de las mentes más profundas en el estudio de la psicología humana. A la pregunta «¿cómo era posible que las masas se dejaran seducir por la guerra, cuando ésta desencadenaba el sufrimiento y la muerte en gran escala?», Freud, después de un estudio de la situación, cifró la respuesta en los instintos de vida y de muerte, que necesariamente van mezclados, indicando que todo lo que contribuyese al desarrollo cultural de la sociedad colaboraba para la abolición de la guerra. En su escrito, Freud hacía un cierto psicoanálisis de Einstein y de su actitud como pacifista.

En agosto de 1932, Einstein patrocinó, junto con Sinclair, John Dos Passos, Bernard Shaw y H. G. Wells, un Congreso Mundial contra la guerra, que organizó el escritor francés Henri Barbusse; aunque no asistió personalmente, envió un mensaje escrito.

Cuando dejó su casa de Caputh para llegar en diciembre a Pasadena, no sabía que sería la última vez que vería su morada, refugio y lugar de recreo. Tardaría todavía unos meses en comprenderlo. Esto ocurrió al recibir la noticia, el 30 de enero de 1933, de que Hitler había sido nombrado canciller de Alemania, y que el poder nazi había desencadenado el terror contra todos sus oponentes y especialmente contra los judíos. La huida de Alemania de su amigo el profesor Gumbel confirmó sus temores.

A mediados de marzo de 1933 sale de Pasadena (pasará por Chicago y Nueva York), con destino a Europa, pero sin saber a qué lugar concreto dirigirse. Su ilusión se cifraba en volver a Caputh, pero la situación en Alemania era para él preocupante. Otros lugares que le atraían eran Suiza, Bélgica, Holanda…, pequeños países en los que se respiraba libertad. El 17 de marzo se embarca en Nueva York con destino a Amberes. Ya tomaría la decisión al llegar a Europa y ver de cerca la situación concreta.

En el barco se entera de que su casa de Caputh había sido rodeada y asaltada por la policía hitleriana, bajo acusación de que en ella se escondían armas y explosivos, y de que Einstein era un jefe político y conspirador. Tras la inútil búsqueda, confiscaron la casa y el barco de vela que Einstein tenía para su esparcimiento. Al llegar a Amberes, le informaron que los fondos de su cuenta corriente habían sido confiscados. Las hijas de Elsa y Einstein, Margot e Ilse, acababan de abandonar Alemania; una se dirigió a París y la otra a Holanda. Era evidente que su regreso a Alemania resultaba imposible.

Se quedó en Bélgica. Alquiló una casa en el pueblo costero de Le Coq-sur-Mer. Allí se reunieron con él su secretaria, Helene Dukas, y su ayudante, Mayer. Ante la gravedad del momento, y para evitar que su amigo Max Planck, presidente de la Acá demia Prusiana de Ciencias, se viera en el penoso trance de firmar su expulsión de la misma, Einstein dimite.


Su sitio ya no está en alemania

La Academia Prusiana escribe a Einstein el día 7 de abril de 1933 en los siguientes términos: «Esperábamos confiadamente en que un hombre como usted, que durante tantos años ha pertenecido a nuestra Academia, se pusiese del lado de su patria y, sin tener en cuenta sus simpatías políticas, se opusiera al torrente de calumnias puestas en circulación contra ella. En estos momentos en que se ataca violentamente a la nación alemana, unas veces con acritud y otras veces con ironía, unas palabras en defensa de Alemania en boca de un hombre tan famoso como usted hubieran producido un gran efecto en el extranjero»… «En lugar de hacerlo así, sus manifestaciones son una nueva arma para los enemigos, no sólo del actual régimen, sino de todo el pueblo germano. Ha sido un amargo desencanto para nosotros. Bastaría por sí sólo para que le apartásemos de nuestro camino, aun en el caso de que no hubiera presentado su dimisión.»

A lo que Einstein respondió:

Dar el testimonio que ustedes me exigen sería negar los principios de justicia y de libertad que he defendido durante toda mi vida. ese testimonio no sería, como ustedes dicen, una demostración en nombre del pueblo alemán; sería, más bien, una demostración de apoyo a la causa de los que intentan destruir los ideales y principios que han dado al pueblo alemán un lugar preeminente entre las naciones civilizadas. si yo hubiese aportado ese testimonio en las circunstancias presentes, habría contribuido, indirectamente, a la corrupción moral y a la destrucción de todos los valores culturales existentes…

También Einstein envió una carta a Planck, quien a pesar de su vieja amistad y de haber sido el que indujo a Einstein a aceptar su cargo en la Academia, también estaba influido por la campaña de odio desatada contra él. En ella decía, entre otras cosas:

No he participado en ninguna campaña de propagación de atrocidades. concederé a la academia la excusa de que hizo estas falsas afirmaciones únicamente por la presión de arriba. pero, aunque así fuese, su conducta no constituye ninguna honra; algunos de sus miembros más decentes sentirán, seguramente, una profunda vergüenza (). ya sabe usted, probablemente, que estas falsas acusaciones han servido de excusa para confiscar todas mis propiedades en alemania. mis colegas holandeses me ofrecieron ayuda para superar las primeras dificultades financieras. afortunadamente, no tuve necesidad de aceptar su ayuda, porque estaba preparado para esta posible contingencia. no le costará imaginar cómo reacciona el público, fuera de alemania, ante la táctica empleada contra mí. estoy seguro de que llegará un día en que los alemanes decentes se sentirán avergonzados ante el ignomioso trato de que he sido objeto (). para que usted pueda comprender bien mis sentimientos, le ruego que se imagine por un momento en la situación siguiente: suponga que es usted profesor en la universidad de praga y que sube al poder un gobierno que priva a todos los ciudadanos checos de origen alemán de sus medios de vida, y, al mismo tiempo, emplea las medidas más violentas para impedir que salgan del país. suponga que se dispone de una fuerte vigilancia en las fronteras y se da orden a los guardias de disparar contra todos los que intenten salir del país, repito, que ha desencadenado contra ellos una verdadera guerra de aniquilación. ¿Le parecería a usted decente, en este caso, asistir en silencio a estos hechos sin elevar su voz en apoyo de los perseguidos? Y yo pregunto, ¿no es la destrucción por hambre de los judíos alemanes el programa oficial del actual gobierno alemán? (…). Si leyese usted lo que de verdad dije (no las versiones deformadas), vería sin duda que me expresé con moderación. No lo digo para disculparme, sino para demostrar con un ejemplo vivo la forma vil e ignominiosa en que las autoridades alemanas han actuado conmigo… Me alegra que, a pesar de todo, me haya escrito usted como un viejo amigo y que, a pesar de las severas presiones, las relaciones entre nosotros no hayan cambiado. Siguen siendo tan auténticas y sinceras como antes, a pesar de todo lo que ha ocurrido a un nivel inferior. Lo mismo cabe decir de Lane, por quien siento el mayor respeto.

P.S. He puesto como remitente una dirección falsa, para tener la seguridad de que la carta no será abierta o detenida.



Se perfila la gran amenaza mundial

La situación en Alemania ya no dejaba ninguna esperanza para personas de espíritu libre. El mismo Einstein no se podía explicar cómo «un reducido grupo de demagogos patológicos pudo conquistar y explotar el apoyo de toda una nación», y denunció que «el grupo avanza actualmente en una dirección que sólo puede llevar a la destrucción, con el peligro de que incluso contaminen otros países, porque son verdaderos maestros en el arte de la propaganda».

Otro signo de la situación fue la quema de libros realizada en la plaza de la Opera de Berlín el día 10 de mayo de 1933. Entre los autores cuyas obras fueron destruidas por las llamas de la hoguera figuraban Karl Marx, Sigmund Freud, Thomas Mann, Remarque, Rathenau y, por supuesto, Albert Einstein. La persecución antisemita se generalizaba y muchos judíos temerosos pensaban que la posición abiertamente antinazi adoptada por Einstein hacía más severa la persecución que se desataba contra ellos.

En una carta enviada durante el mes de mayo a su amigo el físico francés Paul Langevin, Einstein expresaba muy claramente cuál era su situación en esta época crucial de su vida cuando ya había pasado de los cincuenta años. Decía así:

Desde que nos vimos en amberes han ocurrido acontecimientos muy graves que ponen en peligro nuestra civilización y, en particular, la seguridad de europa. como ocurría durante la guerra, nos estamos acostumbrando otra vez a leer cada día noticias de actos de terror y lo más probable es que muchos crímenes no sean conocidos jamás por el público. un grupo de bandidos armados ha conseguido reducir al silencio, en alemania, a los sectores más responsables de la población y ha iniciado una revolución desde abajo que pronto terminará destruyendo o paralizando todos los elementos de civilización de la sociedad. este gobierno que hoy pone en peligro nuestros valores culturales se convertirá, dentro de pocos años, en una grave amenaza militar, a menos que los países que todavían viven en régimen parlamentario decidan emprender una acción vigorosa. esta acción todavía podría tener hoy un carácter económico. constituye una verdadera desgracia que el mundo no comprenda el peligro con que nos enfrentamos; constituye también una verdadera desgracia que, pese a lo que está ocurriendo, falte iniciativa para una acción enérgica, cuando no han trancurrido ni quince años desde la horrible experiencia de la guerra anterior. estoy convencido de que hoy es posible todavía aniquilar la amenaza alemana imponiendo un bloqueo comercial.

La Magnífica actitud que han tenido conmigo el gobierno francés y mis colegas franceses me ha causado una gran satisfacción. no me ha llegado todavía la notificación oficial de mi elección al College de France y por eso no he podido aún expresar oficialmente mi gratitud.

Me encuentro actualmente ante un dilema que es exactamente el contrario del dilema con que se enfrentan mis compañeros judíos expulsados de alemania. he aceptado un cargo que me ha procurado abraham flexner en el instituto de estudios avanzados de princeton, para todo el invierno (de cinco a seis meses). me han invitado también a pasar un mes durante cada uno de los próximos cinco años en el christ church college de oxford. además, españa me ha ofrecido una cátedra en la universidad de madrid. he aceptado la proposición y he prometido ir en abril próximo, antes de recibir la oferta francesa. ==


Quizás opines que no debería haber aceptado las ofertas española y francesa, porque mi actual capacidad no guarda proporción con lo que se espera de mí. sin embargo, en las actuales circunstancias, una negativa por mi parte habría sido mal interpretada, porque ambas invitaciones son, hasta cierto punto, verdaderas demostraciones políticas que me parecen importantes y que no quiero perjudicar. ==