XII. El Poder del Dinero
De Mienciclo E-books
Introducción
LA vida es conflicto. Ninguna situación, por perfecta que sea, permanece inmutable. El deterioro es una ley de la naturaleza. Las cosas tenían que cambiar para Charlie Chaplin, y aunque más tarde conoció momentos incluso de mayor esplendor, una veta de amargura comienza a aparecer en su obra. El período de la Mutual llega a su fin, sus perspectivas profesionales son magníficas; sin embargo, su penúltima película, «The Immigrant» (El inmigrante), está teñida de tristeza. Contemos su argumento:
Esta vez encontramos a Charlie inclinado sobre la borda de un barco que se mueve de un modo infernal. El cuerpo del vagabundo se convulsiona, haciéndonos pensar que está mareado. No es así. Está pescando. Edna y su madre también se encuentran a bordo. El barco está lleno de emigrantes que se dirigen a América, tierra de promisión, con el corazón cargado de esperanzas. La hora de las comidas en un barco sometido a un fuerte balanceo es una situación cómica, pero triste, con los platos y los vasos deslizándose sobre las mesas, acercándose y separándose de los hambrientos viajeros. Poco después, unos rateros roban el escaso dinero que Edna lleva en el bolso. La muchacha se desespera. Charlie sabe quiénes son los truhanes. Juega con ellos a las cartas, hace trampas y gana, devolviendo el dinero al bolso de Edna. Pero después piensa que le vendrían bien algunas de aquellas monedas que tan generosamente ha restituido. Cuando cede a la tentación y toma de nuevo el bolso es sorprendido por un contramaestre que le apresa. Edna intercede por él y es puesto en libertad. Las mujeres están agradecidas.
La llegada a Nueva York no es tan feliz como podría imaginarse. Los agentes de aduanas tratan a los inmigrantes como si fueran bestias; los llevan de aquí para allá con malos modos; les cierran el paso con una cadena de gruesos eslabones. Charlie dirige una mirada llena de perplejidad a la gran estatua de la Libertad, que se alza en la entrada del puerto de Nueva York. Superados los trámites oficiales, Charlie pasea por la ciudad, con los andares despreocupados de siempre. Encuentra una moneda, que guarda en el bolsillo mientras decide entrar en un restaurante a comer.
En el restaurante se encuentra Edna también. Esta vez, sola. Su madre ha muerto, y ella se encuentra perdida en la ciudad. Conmovido, Charlie la invita a comer. Ella acepta. El grandullón de siempre es ahora el camarero, a quien vemos por primera vez propinando una paliza brutal a un cliente que no puede pagar su cuenta.
Por precaución, Charlie busca la moneda en su bolsillo: No está. El bolsillo muestra un hermoso agujero. Charlie se descompone de miedo. Busca la moneda, intentando que ni Edna ni el camarero se den cuenta de su situación, se contorsiona, disimula, busca bajo la mesa y al fin la encuentra en el suelo. Charlie la pisa en una carrera, pero el grandullón se vuelve. Debe engañar al camarero para recobrarla. Piden la comida y a la hora de pagar, el gigante —siempre desconfiado— muerde la moneda. Esta se dobla. Es falsa. Entonces —puesto que ya se ha ganado la paliza—, Charlie pide café para él y su chica. A lo largo de todo el almuerzo, mientras su cabeza maquina procedimientos para salir de la situación y su estómago se encoge de miedo, Charlie coquetea con la chica. Trata de divertirla, de distraerla.
Un pintor que se encuentra en el restaurante se acerca a ellos. Quiere contratarlos como modelos para un cuadro. Crecido ante la promesa de un sueldo —intentando salvar su dignidad ante Edna—, Charlie insiste en pagar la cuenta. No tiene dinero, y piensa al fin dejarse invitar. El pintor se niega. Ambos inician una divertida discusión de abrumadores argumentos. Pero Charlie no sabe detenerse a tiempo y el pintor, forzado por la insistencia de Charlie, acepta su invitación. El vagabundo está a punto de caer al suelo de un desmayo. El grandullón es más terrorífico que nunca. Al fin se le ocurre una pillería salvadora. El pintor paga su consumición en la otra mesa y deja sobre el platillo una espléndida propina para el camarero. En un descuido, con gesto rápido, Charlie coloca su cuenta debajo de la propina y con ello paga al grandullón.
Solos otra vez, con la promesa de un trabajo y bajo la lluvia, el pequeño vagabundo y Edna deciden casarse. Entran en un juzgado para hacerlo.
Ya que Charlie Chaplin nunca llegó a casarse con Edna Purviance en su vida real, al menos sí lo hicieron en el cine. Esta película es un ensayo general para las obras maestras de Chaplin.
Angustia y risa
Como ya hemos adelantado, en ellas se repetirá un mismo esquema en el que únicamente variarán las peripecias argumentales. Las películas de Chaplin tienen desde ahora un contenido, son la expresión del mundo poético del pequeño londinense. Es fácil encontrar en sus películas —incluso en las primeras— la huella de su infancia en Londres; pero al principio estaba oculta bajo una orgía de sentimientos y sensaciones primarias. El ritmo y las risas eran lo importante y en eso todavía nadie ha conseguido superar a Chaplin. Pero a medida que su personaje fue madurando, los sentimientos, las relaciones con las personas y su entorno, las ideas empezaron a salir a flote. Comparando las películas de este período de la Mutual con los dos años anteriores, se hace evidente que las primeras se fundamentan en la acción y también en una descripción superficial del personaje. En el período de la Mutual, este personaje empieza a comunicar emociones y sentimientos, sufre y debe convivir con su sufrimiento. Es en esta oposición de angustia y risa en donde, por fin, Chaplin ha encontrado su camino.
Termina ahora —octubre de 1917— el contrato con la Mutual. Charlie se despide de su productora con un film típicamente de persecución: The adventurer (El aventurero, conocido también como Charlot, presidiario).
Su historia sentimental con Edna Purviance también concluye. En la vida de Edna Purviance ha aparecido otro hombre, un actor. Charlie seguirá trabajando con ella en sus películas, pues difícilmente puede encontrar un rostro que explique mejor una idea romántica de ese amor que Charlie se verá condenado a perseguir toda su vida.
Bonos de la libertad
El cine se ha revelado como un inmenso negocio. Las productoras se disputan aquellos elementos que mejores rendimientos producen en la taquilla. La importación de actores extranjeros y los fabulosos sueldos que los estudios ofrecen a las estrellas obligan a subir constantemente el precio de alquiler de las películas. Los propietarios de las grandes cadenas de salas de cine de los USA tienen que luchar contra esa constante mengua de sus beneficios. Después de muchas deliberaciones deciden formar una empresa productora propia; contratando ellos mismos a las estrellas, impedirán el alza constante. De esta forma se constituye en abril de 1917 la First National Exhibitions Co.
Su primer contrato quieren firmarlo con el actor más taquillero, Charlie Chaplin. Esta es una etapa de intenso trabajo para Sidney Chaplin, que como representante de Charlie tiene que escoger entre dos ofertas que parecen sacadas de un cuento de Las mil y una noches. Mutual Film Corporation no quiere desprenderse de su primer actor. Ofrece un nuevo contrato por dieciocho meses y doce películas por un millón doscientos mil dólares. Una cantidad que produce vértigo. La First National apuesta fuerte y contraataca ofreciendo la misma cantidad por el mismo tiempo…, pero sólo quieren que Chaplin haga ocho películas. Además, una vez se haya amortizado la película, los beneficios que produzca se dividirán al 50 por 100 entre la empresa y Charles Chaplin.
Sidney aconseja a su hermanastro para que acepte la oferta de la First National Exhibitions Co. El contrato se firma y la noticia da la vuelta al mundo. Abril de 1917 es también el momento en que los Estados Unidos entran en la Gran Guerra; la opinión pública se enfervoriza por la intervención armada de su país en el conflicto, invocando la razón, la libertad y la justicia. Se producen desfiles, mítines ardorosos, comedias musicales que ridiculizan al Kaiser. Una canción es tarareada de un modo obsesivo por todos los ciudadanos, se titula Over There (Al otro lado). Pero para hacer la guerra se necesita mucho dinero. El gobierno de los Estados Unidos ha organizado dos campañas para la venta de Bonos de la Libertad. Cuando éstas terminan, inician una nueva campaña que quieren más efectiva. Desde Washington, los tres actores más taquilleros de la industria cinematográfica son requeridos para encabezarla: Charles Chaplin, Mary Pick-ford y Douglas Fairbanks.
Chaplin había concluido su primer film para la First National, se titula A dog’s life (Vida de perro); después comienza la cuestación de Bonos de la Libertad. Ha elegido los estados del sur para su campaña y se hace acompañar por el escritor Rob Wagner, con quien prepara los discursos. La campaña fue un éxito: sólo Charlie Chaplin consiguió vender varios millones de dólares en bonos para la guerra. Fue su única contribución. Pero era un personaje demasiado popular y demasiado joven; empiezan a llegarle cartas anónimas insultantes y plumas blancas, que, según la tradición anglosajona, significan cobardía.
Pero Charlie Chaplin no ha sido considerado apto para el servicio de guerra, pesa muy poco y tiene algunas deficiencias respiratorias. Se presenta en la embajada inglesa de Washington, donde le dicen que es preferible que continúe realizando películas. En los frentes de combate, Chariot —como le han bautizado los franceses— goza de una inmensa popularidad.