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XI. Lugar y Tiempo Para Reflexionar. La Carta De Jamaica

De Mienciclo E-books

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Introducción

CARTAGENA y Nueva Granada se hallaban entonces en un completo estado de confusión, y no habrían podido ofrecer ninguna ayuda hasta tanto lograran cierta estabilidad. Por tanto, Bolívar se dedicó primero a la obra de restablecer el orden en Nueva Granada. Durante cierto tiempo se puso al frente del ejército esperando poder controlar la situación, pero las miserables rivalidades y los celos le privaron de ayuda concreta por parte de la población. Su situación era muy insegura, y podía ser destituido en cualquier momento. Finalmente, se le acusó de impedir la unificación del país, y se vio obligado a apoyar a una y a otra facción con la esperanza de obtener más ayuda. De esta manera, él mismo se convirtió en causa de la formación de nuevas facciones, pues surgieron agrupaciones tanto para apoyarle como para atacarle. En respuesta a las críticas que se le hacían, diría ante los miembros del gobierno civil de Cartagena: «Para juzgar de las revoluciones y de sus actores, es menester observarlos muy de cerca y juzgarlos muy de lejos. ¿Podré yo dar oídos a la venganza y hacerme sordo a la voz de la razón? ¿Cómo he de desear yo marchitar los laureles que me concede la fortuna en el campo de batalla, por dejarme arrastrar, como una mujer, por pasiones verdaderamente femeninas? Esos señores quieren que mi ejército perezca: mi ejército lo desea pero es con gloria en el campo del honor, combatiendo contra los enemigos, si me dan auxilio, o contra los traidores si me lo niegan».

Una ola de desprestigio se cernía sobre Bolívar. Uno de los argumentos más en boga era el de acusarle de asesino de indefensos prisioneros. El se defiende contestando: «¿Qué debía yo hacer sin guarnición en La Guaira y con cerca de mil españoles en las bóvedas y castillos? ¿Esperaría yo la misma suerte infausta del castillo de Puerto Cabello que destruyó mi patria y me quitó el honor? He aquí mis decantadas crueldades, mi religión y todo lo más que me han hecho el favor de atribuirme los señores que no me conocen o me conocen mal». Pese a todo, se verá obligado a renunciar y embarcarse rumbo a Jamaica. El 8 de mayo de 1815 se despedirá de sus tropas.

Bolívar llegó a Kingston, capital de Jamaica en manos del gobierno inglés, completamente desprovisto de medios para su sostenimiento y sin ningún proyecto definitivo para el futuro, salvo su urgente deseo de retornar lo más pronto posible para recomenzar la lucha. Muy pronto halló amigos y simpatizantes durante el tiempo que permaneció en la isla. Al no tener ninguna batalla que dar, pero demasiado inquieto y fascinado por las circunstancias históricas para permanecer inactivo, Bolívar se dedicó a escribir numerosas cartas, artículos y discursos, con el fin de obtener ayuda para liberar a su patria.

En las cartas dirigidas a personalidades inglesas, trata de lograr el apoyo británico a la causa de la independencia latinoamericana. En una de ellas escribe: «La filosofía del siglo, la política inglesa, la ambición de Francia y la estupidez de España redujeron súbitamente a la América a una absoluta orfandad, y la constituyeron indirectamente en un estado de anarquía pasiva… ¡El equilibrio del universo y el interés de Gran Bretaña se encuentran perfectamente de acuerdo con la salvación de América! ¡Qué inmensa perspectiva ofrece mi patria a sus defensores y amigos! Ciencias, artes, industria, cultura, todo lo que en el día hace la gloria y excita la admiración de los hombres en el continente europeo volará a América. La Inglaterra, casi exclusivamente, verá refluir en su país las prosperidades del hemisferio… Pero no, no es sino la imagen fielmente representada de lo que he visto y de lo que es infalible, si la Gran Bretaña libertadora de la Europa, amiga de Asia, protectora del Africa, no es la salvadora de la América… Si fuese preciso marcharé hasta el polo, y si todos son insensibles a la voz de la humanidad, habré llenado mi deber aunque inútilmente y volveré a morir combatiendo en mi patria».

Nueva situación en Europa

El tono de esta correspondencia está dictado por la nueva situación europea. La caída del imperio napoleónico en abril de 1814 pone una vez más frente a frente a Inglaterra y a España. El enemigo común ha sido derrotado y era ésta la única razón que obligó a ambos estados a aliarse. Gran Bretaña puede mirar nuevamente hacia las colonias españolas en función de las enormes posibilidades que como mercado potencial representan. Simón Bolívar intentará explotar estas diferencias en pro de sus propios intereses: el de la independencia latinoamericana.

El más importante de los escritos de esa época de Bolívar es la llamada Carta de Jamaica, escrita en respuesta a un inglés. En la carta, Bolívar analiza la situación en que se encuentra América latina y el fracaso de las tentativas realizadas para obtener la libertad. Nueva Granada también ha caído en manos de los españoles.

Afirma que América hispánica ya no podrá jamás volver a ser española, porque el ansia de independencia se ha adueñado completamente del país; que aun la fortaleza más sólida de los realistas, el Perú, estará un día en condiciones de conquistar la libertad. En su análisis de la situación concreta por la que atraviesa América latina, dirá:

Nosotros somos un pequeño género humano; poseemos un mundo aparte, cercado por dilatados mares; nuevos en casi todas las artes y las ciencias aunque en cierto modo viejos en los usos de la sociedad civil. yo considero el estado actual de la américa, como, cuando desplomado el imperio romano, cada desmembración formó un sistema político conforme a sus intereses y situación o siguiendo la ambición particular de algunos jefes, familias o corporaciones por otra parte no somos indios ni europeos no obstante que es una especie de adivinación indicar cuál será el resultado de la línea de política que la américa siga, me atrevo a aventurar algunas conjeturas que, desde luego, caracterizo de arbitrarias, dictadas por un deseo racional y no por un raciocinio probable yo deseo más que otro alguno ver formar en américa la más grande nación del mundo, menor por su extensión y riqueza que por su libertad y gloria. aunque aspiro a la perfección del gobierno de mi patria, no puedo persuadirme que el nuevo mundo sea por el momento regido por una gran república; como es imposible, no me atrevo a desearlo, y menos deseo una monarquía universal de américa, porque este proyecto, sin ser útil, es también imposible. no convengo en el sistema federal entre los populares y los representativos, por ser demasiado perfecto y exigir vitudes y talentos políticos muy superiores a los nuestros; por igual razón rehuso la monarquía mixta de aristocracia y democracia, que tanta fortuna y esplendor ha procurado a la inglaterra. no siéndonos posible lograr entre las repúblicas y monarquías lo más perfecto y acabado, evitemos caer en anarquías demagógicas, o en tiranías monócratas. buscaremos un medio entre extremos opuestos, que nos conducirían a los mismos escollos, a la infelicidad y al deshonor.

Hasta aquel momento, solamente algunos estados sudamericanos habían vencido o consolidado su independencia. Argentina continuaba la lucha en el sur del Continente, y aún no estaba claro el resultado final de la contienda: dependía de los gauchos de Güemes. La carta preanunciaba el futuro credo político de Bolívar, para quien solamente un ejecutivo fuerte podía mantener unidos a todos estos nuevos Estados. Hacia 1815 se comienza a apreciar cómo sus concepciones políticas liberales iniciales se van modificando para dar lugar a la idea de un centralismo fuerte.

En la Carta Jamaicana habla del futuro de América latina considerando a los estados individuales separadamente y al continente como a un todo único. Sus previsiones resultarán justas en la mayoría de los casos, pero él se proyectaba demasiado hacia el futuro como para que sus contemporáneos pudieran apreciar sus palabras.

Desea una América unificada que crearía una nueva era en las relaciones internacionales, estableciendo un equilibrio entre las grandes potencias del mundo, con un mercado que modificaría la economía mundial. Para su época es una idea grandiosa. Basándose en el hecho de que todos estos pueblos poseían una cultura común, una lengua y una religión también comunes, esto facilitaría la formación de una confederación de naciones. Compara el istmo de Panamá al de Corinto en Grecia y sueña con ver en él instalado un congreso representativo de todos los pueblos americanos.