XI. Einstein no Puede ser Profeta en su Tierra
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Introducción
A MEDIADOS del otoño de 1922, Einstein, acompañado de su esposa, Elsa, se embarca en Marsella con destino al Japón. El viaje, que respondía a una invitación hecha por diversas universidades japonesas, le iba a permitir alejarse durante unos meses de Berlín y esperar a que, a su regreso, las tensiones contra él hubiesen disminuido. El delicioso crucero por diversos puntos de Asia, como Ceilán, Singapur, Hong-Kong, despiertan su imaginación viajera.
Un oriente en transición
El 15 de noviembre desembarca en Shangai, donde permanece unos días; el día 20, en Kobe, Japón, donde se entera de que se le ha concedido el premio Nobel de Física.
Shangai es el puerto más importante de China, y en esa época estaba bajo protección japonesa. El Imperio chino había desaparecido, tras la abdicación, el 12 de febrero de 1912, de su último emperador, Pu-yi, convirtiéndose en una República presidida por el general Yuan-Shin-Kai. La guerra del 14 hace que China septentrional se convierta en zona de influencia japonesa por cesión a este país de las posesiones que antes de dicha guerra tenía Alemania en China. En 1921, Mao Tse-tung organiza el partido comunista, que colabora con el Kuomintang (Partido Nacional del Pueblo), de gran importancia en ese momento.
En esta época, Japón estaba gobernado por el emperador Taisho Yoshihito, y se le consideraba la tercera potencia naval del mundo dada la importancia de su marina de guerra y de su flota mercante. Su desarrollo cultural y científico había tomado como ejemplo el modelo occidental, consiguiendo una industrialización acelerada. Este crecimiento económico hace aparecer tensiones entre la nobleza feudal, el creciente poder de las grandes empresas, la burocracia y el ejército; al tiempo que aparece una fuerte clase trabajadora que, junto a la juventud, pide libertad y reformas sociales. Por tales motivos, la situación interna es inestable. En 1921 fue asesinado el primer ministro, Takáshi Hara.
Einstein, recibido en Japón con todos los honores, fue presentado a los emperadores y habló en francés con la emperatriz. Visitó varias universidades donde pronunció diversas conferencias sobre la teoría de la relatividad, que resultaban larguísimas, pues un intérprete las traducía frase a frase, lo que las hacía durar cuatro o cinco horas. Además, la traducción resultaba poco fiable por la dificultad del tema. Ello hacía pensar a Einstein en la inutilidad de aquellas conferencias, cuya única finalidad consistía en aumentar el prestigio de la institución que las organizaba. Consideraba que la paciencia del público en soportarlas se debía en gran medida a que estaba acostumbrado a asistir a representaciones teatrales o a óperas orientales, cuya duración era de seis u ocho horas.
La «tierra prometida»
De regreso a Europa, en febrero de 1923, se detuvo en Palestina. Era la primera vez que pisaba el suelo de su tierra prometida, por la que había colaborado con el sionismo. Visitó en Jerusalén la Universidad Hebrea, en la que tenía gran esperanza; también visitó algún kibuthz, pequeñas unidades de población en las que los primeros judíos residentes en Palestina ensayaban una nueva forma de vida comunitaria, y en los que Einstein veía un anticipo del socialismo que en el soñado Estado de Israel se desarrollaría. Todo esto le hizo decir:
Cuando uno ve a estos jóvenes pioneros, hombres y mujeres de magnífico calibre intelectual y moral, rompiendo piedras y construyendo carreteras bajo los abrasadores rayos del sol de palestina; cuando uno ve florecer los establecimientos agrícolas que brotan del suelo tanto tiempo desértico bajo los intensos esfuerzos de los colonos judíos; cuando uno ve el desarrollo de la fuerza hidráulica y los comienzos de una industria adaptada a las necesidades y posibilidades del país, y, sobre todo, cuando uno ve el crecimiento de un sistema pedagógico que va desde los jardines de infancia hasta la universidad en la lengua de la biblia, ¿qué observador, sea cual sea su origen o su fe, puede dejar de sentirse cautivado por la magia de tan sorprendentes logros y por semejante devoción sobrehumana ?
Expresión de deseos que también el futuro habría de frustrar.
En esta época, Palestina era un protectorado inglés, y su gobernador, el vizconde Herbert Samuel, de raza judía, entusiasta de la vivencia y de la filosofía de la ciencia e interesado en la teoría de la relatividad. Einstein era invitado del gobernador y se alojó en su residencia. El boato y ceremonial que rodeaba a todos los actos del representante británico resultaban impresionantes y contrastaban con la sencillez pueblerina de Einstein y de su esposa, Elsa; pero el ceremonial era necesario como expresión de la posición de fuerza que el Reino Unido mantenía en Palestina.
Esta visita a la tierra de sus antepasados provocó en Einstein grandes emociones. También notó que las tensiones entre árabes y judíos no eran superficiales, sino profundas, lo que le hizo albergar negros presagios. Para evitar su cumplimiento alentó a sus hermanos de raza a que comprendieran y respetaran la cultura de sus también hermanos árabes, pues temía desviaciones racistas por parte de los judíos que, desgraciadamente, más tarde habrían de llegar.
Llega a España en un momento decisivo
De regreso de Palestina, y tras una escala en Marsella, Einstein se dirige a Barcelona.
La España de 1923 que visitara Einstein era una España conflictiva, pero con un resurgir cultural y social único en Europa. Presentaba algunas características de las que hemos indicado había también en el Japón; esencialmente se enfrentaban los intereses de la oligarquía terrateniente y latifundista con la burguesía industrial incipiente, pero de gran desarrollo, y ambas con una clase trabajadora y campesina que reclamaba sus derechos. Estas tensiones, agravadas por la guerra de Marruecos, conducirían a la dictadura del general Primo de Rivera, consentida por el rey Alfonso XIII, y que se instalaría en Madrid, unos meses más tarde de la visita de Einstein.
El desarrollo cultural español en ese momento es grande: literatura, poesía, filosofía, y hasta la ciencia, tradicionalmente atrasada en España, alcanzancotas notables. Ya en el siglo XIX, la creación de Escuelas Especiales de la Facultad de Ciencias y de la Academia de Ciencias indica una reactivación en el interés por la actividad científica; se multiplican los nombres de sus cultivadores: Ibáñez de Ibero, Eduardo Hinojosa, Jaime Ferrán, Santiago Ramón y Cajal, Leonardo Torres Quevedo, Ramón Turró, Federico Olaríz, Eduardo Torroja, García Galdeano, Reyes Prosper, Echegaray…, quienes cultivaron la Medicina, la Ingeniería, la Antropología, las Matemáticas, la Física, y que en muchos casos fueron creadores de primera magnitud.
Por otra parte, desde el regreso de Alemania del filósofo español Sanz del Río hubo una gran modificación en las concepciones filosóficas, que trascendió, sobre todo por intermedio de Giner de los Ríos y de la Institución Libre de Enseñanza, en el futuro de la educación y de la actividad intelectual y científica española. Con estos antecedentes se hizo a principios del siglo XX el mayor intento realizado en España para promover la actividad científica, intento que lograría llevar a la ciencia española a los niveles de la ciencia mundial con la constitución de la Junta para la Ampliación de Estudios, creada en 1907 y presidida por Cajal. Su actividad se inició con la dotación de becas para estudiar en el extranjero, en aquellos países y universidades en donde estuviese más avanzada la ciencia. A la vuelta de estos becarios se crearon numerosos laboratorios e institutos que les permitieron agruparse y continuar con los estudios e investigaciones iniciados en el extranjero, lo que también sirvió para estimular y poblar los laboratorios universitarios.
Así encontramos en los años veinte un entramado de instituciones, laboratorios, publicaciones, etcétera, vivificados por personas con nuevo estilo y entusiasmo; entre esos laboratorios estaba el de Física y Química, cuyo director, Blas Cabrera, era amigo de Einstein desde la época de éste en Zurich, donde ambos habían coincidido.
En Barcelona
Con este acogedor ambiente, Einstein, acompañado de su esposa, llega a Barcelona el día 26 de febrero de 1923. Había sido invitado por la Universidad de Madrid para dar tres conferencias en su Facultad de Ciencias sobre la teoría de la relatividad y se le había conferido el grado de doctor «honoris causa» por la misma Universidad.
En su tránsito por Barcelona se le rindió homenaje en una solemne recepción que tuvo lugar en la mañana del día 27. Fue recibido por el alcalde, señor Maynes, quien pronunció un discurso de bienvenida en catalán, al que contestó Einstein en alemán deseando «que Barcelona fuera a la vanguardia de las ciudades que aspiran a una fórmula de solidaridad humana en la que no quepan odios políticos ni internacionales».
En la noche del mismo día asistió a una reunión del Sindicato Unico de Distribución, invitado por los comités nacional, regional y local de la CNT (Confederación Nacional del Trabajo, organización anarcosindicalista que en aquella época constituía la organización obrera más importante de España y principalmente en Cataluña). La invitación cursada a Einstein se debía principalmente a la admiración hacia el pacifista que se había negado a firmar el manifiesto de los 92 intelectuales alemanes a favor de la guerra del 14. El sindicalista Angel Pestaña informó a Einstein sobre la represión que sufrían en España las organizaciones sindicales y sus miembros; Einstein pronunció unas palabras, entre las que dijo:
También soy un revolucionario, si bien científico
, y he seguido con atención todas las cuestiones sociales. Esa represión de que me habláis, me parece que contiene más estupidez que maldad. Vosotros solamente hacéis resaltar las cosas malas; pero también hay cosas buenas en el régimen actual.
Y terminó, diciendo:
Que en la próxima lucha tengáis más suerte y éxito completo
En la tarde del día siguiente visitó la Universidad Industrial de Barcelona, acompañado por personalidades de instituciones regionales.
En Madrid
En la noche del jueves día 1 de marzo llegó Einstein a la estación de Atocha de Madrid, donde fue recibido por los señores Kocherthaler, parientes de los Einstein que residían en Madrid, el embajador de Alemania en España, el director del Banco Alemán Transatlántico y una comisión de catedráticos de la Facultad de Ciencias. Einstein y Elsa se alojaron en el Hotel Palace.
La llegada de Einstein tuvo una amplia repercusión en los diarios de la capital; en primera página aparecían noticias con grandes titulares, comentarios generales sobre Einstein y la ciencia firmados por personalidades como Julio Camba, Ramiro de Maeztu o Luis Araquistain; fotografías, caricaturas y chistes sobre la teoría de la relatividad; en algunos diarios apareció un cartel de grandes dimensiones, encabezado por la frase: «Einstein, en Madrid». Era el anuncio de una editorial que ofrecía obras sobre la relatividad.
Su actividad fue la siguiente: tres conferencias en la Facultad de Ciencias de la Universidad de Madrid, que pronunció los días 3, 5 y 7 de marzo, a las seis y media; el domingo día 4, a las cuatro de la tarde, sesión especial de la Real Academia de Ciencias de Madrid, en la que Alfonso XIII, en persona, le otorgó el diploma de académico correspondiente; el martes día 6 hace una visita a Toledo, acompañado por Ortega y Gasset y Manuel B. Cossío; el jueves por la mañana se celebró el acto académico por el que se le nombraba doctor «honoris causa» de la Universidad de Madrid, y por la tarde dio una conferencia en el Ateneo; el viernes por la mañana visitó El Escorial y Manzanares el Real, y por la tarde dio una conferencia en la Residencia de Estudiantes, en cuyo acto, Ortega y Gasset pronunció también unas palabras.
Además de estos actos académicos, se hicieron a Einstein diversos homenajes, como fueron la cena ofrecida en su honor el sábado día 3 en el Hotel Palace; la recepción que le ofreció la nobleza en el palacio de los marqueses de Villavieja, tras el acto de la Academia de Ciencias; en la mañana del miércoles 7 fue recibido en palacio por el rey; por la noche se le ofreció una recepción en la embajada alemana.
A Santiago Ramón y Cajal, que se encontraba enfermo en aquellos días, Einstein le hizo una visita en su domicilio el lunes 5, después de dar la conferencia en la Facultad de Ciencias.
También fue recibido en el Ayuntamiento de Madrid por el alcalde, don Joaquín Ruiz Jiménez.
En el acto de la Real Academia de Ciencias dijo:
Majestad, respetables colegas: os ruego que aceptéis la expresión de mi más profundo agradecimiento, unida a la de mi satisfacción, por haberme hecho uno de los vuestros mediante elección. lazos como los que nosotros hemos establecido hoy demuestran nuevamente que las fuerzas espirituales que unen a los pueblos no pueden ser destruidas de una manera permanente por las tempestades políticas de los tiempos actuales () algunas palabras para usted , querido señor Cabrera; sus frases han llegado a lo más hondo de mi corazón, no por contener para mí el honor de un gran reconocimiento, sino porque demuestran la forma consciente y cariñosa con que ha estudiado usted el trabajo de mi vida. Se ha hecho usted eco de la frase del poeta: «Queremos recibir menos alabanzas y, en cambio, que se nos lea con aplicación». Ha tomado usted en consideración también el punto débil de la teoría de los quanta, arduo tema de nuestra generación de físicos. Creo que únicamente podrán allanarse esas dificultades mediante una teoría que no solamente modifique fundamentalmente el principio de energía, sino que quizás amplíe el principio de la causalidad (…) Muy significativas me han parecido las palabras que usted ha pronunciado respecto a la esperanza optimista sobre el desarrollo científico en su país. Los tiempos de participación activa en el proceso mundial del entendimiento están ligados a condiciones exteriores que ya se han realizado en este país. Creo que la mortificada y amenazada Europa puede volver los ojos llenos de esperanza hacia este pueblo que se encamina al trabajo científico, después de haber producido para la Humanidad cosas tan grandes en la esfera del arte.
Intervinieron también los señores Cabrera, que hizo la presentación, y Carracido, que contestó a Einstein. El ministro de Instrucción Pública, señor Salvatella, tras calificar de exageradas las palabras de Cabrera referidas a la ciencia española, lanzó una invitación de ayuda «a los sabios alemanes, cuya labor se ve dificultada actualmente por el estado económico que atraviesa su patria». Asistieron también los señores Torres Quevedo, Madariaga, Bolívar, Jiménez Rueda, Torroja, Azpeitia, Hernández Pacheco, etc.
El acto en el que se impuso a Einstein el título de doctor «honoris causa» fue presidido por el rector, señor Carracido; el físico señor Plans apadrinó a Einstein y, al final, los estudiantes Díez Pastor y Tomás Rodríguez leyeron un mensaje de salutación en alemán y en español, respectivamente. Cerró el acto el embajador de Alemania en Madrid, señor Langwerth von Simmern.
Tras su visita a Madrid, Einstein viajó a Zaragoza invitado por la universidad de aquella ciudad para dar una conferencia en la Facultad de Ciencias.