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X. El Camino de la Fortuna

De Mienciclo E-books

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Contenido

Introducción

Un joven llamado jess robbins, que repre sentaba a la compañía essanay, me dijo que si yo quería una prima de diez mil dólares antes de firmar un contrato y mis doscientos cincuenta dólares a la semana. yo jamás había pensado en una prima de diez mil dólares hasta que él la mencionó; pero a partir de aquel momento la idea no se apartó de mi mente.

Había una experiencia y sobre todo un éxito que las compañías más importantes se disputaban. Las películas de Charlie Chaplin a principios de 1915 daban muy buenos beneficios en taquilla.

Mack Sennett no podía competir con las sabrosas condiciones de trabajo que la compañía Essanay brindaba al pequeño inglés de ojos azules. Había intentado retenerlo, pero Sennett no podía luchar contra la fuerza del dinero y Charlie Chaplin firmó contrato con la Essanay.

Chicago no era Hollywood

La compañía Essanay estaba formada por un rico comerciante de Chicago, el señor Spoor, y un va quero de mentirijillas —muy famoso en aquella época— llamado Anderson. Más conocido como Bronco Billy.

El estudio de esta Compañía estaba en Chicago y hasta esta ciudad del Medio Oeste americano hubo de trasladarse Chaplin. Pero la luz allí era distinta a la luz de California y las imágenes quedaban opacas, incluso en exteriores.

El ambiente que reinaba en los estudios de la Essanay era distinto al de la Keystone. Todo estaba imbuido de la fiebre del dinero. Era diferente a Hollywood. Nadie se planteaba el cine como un medio de expresión.

Bronco Billy era un falso cow-boy de gran popularidad por entonces. Un hombre con el que Charlie Chaplin tenía muy pocos puntos en común. Sus películas eran una repetición, hasta límites absurdos, de una situación. Chaplin se rebelaba contra aquella monotonía. Consiguió, tras muchos esfuerzos, que los directivos de la compañía —siempre al tanto de la ganancia de un centavo— le permitieran trasladarse a rodar sus filmes a California. A comienzos de 1915, Chaplin era el único responsable de las películas que filmaba. En eso había ganado; sin embargo, algo de su alegría había quedado en el camino, sin que lo hubiese advertido.

Para la compañía Essanay, Charlie Chaplin rodó catorce películas. En ellas fue desarrollando el mundo íntimo de pequeño vagabundo. Eran películas de dos rollos, en donde la locura y el sinsentido de las películas de la Keystone va organizándose en función de un sentido poético primario, pero muy consciente. Aquí, el personaje empieza a desvanecerse al fin de cada cinta, en el horizonte de un camino. La lógica poética que imperaba en los cuchitriles intelectuales de la época conecta así, perfectamente, con un sentimiento de repulsa decidida hacia un mundo desagradable en el personaje que Chaplin ha creado de un modo casi inconsciente.

Veremos que a lo largo de la gran singladura de Charlie Chaplin, a medida que el pequeño vagabundo gana en peso ideológico, pierde en espontaneidad y fuerza. La actitud poético-política del pequeño vagabundo consigue, simultáneamente, el reconocimiento intelectual de las más preclaras minorías intelectuales europeas y el ataúd que comienzan a prepararle los defensores del orden a los que Chaplin ataca a través de su personaje. En su época de la Essanay, Chaplin incorpora a su mundo un personaje que jamás habrá de abandonarle en las pantallas, aunque tarde mucho tiempo en encontrarlo en la vida real: la muchacha rubia, atractiva, sana. El ideal femenino del pequeño vagabundo. Terreno abonado para los sueños del desheredado de la fortuna.


Edna Purviance

A lo largo del año que ha transcurrido bajo contrato con la Keystone de Mack Sennett, Charlie Chaplin ha actuado en compañía de Mabel Normand en trece de las treinta y cinco películas realizadas en aquel período. Otras actrices esporádicas fueron Emily Clifton, Virginia Kirtley y Minta Durfee. Mabel Normand, muy popular en aquellos primeros años del cine, era pizpireta, pequeñita, de mirada traviesa y con un decidido amor a la aventura. El pequeño vagabundo se relacionaba con ella de un modo accidental, sin que esta relación fuera más que un incidente a lo largo de la peripecia continua que eran aquellos films.

Pero Charlie Chaplin sabía que su personaje era un caballero sentimental, «siempre con esperanza en un idilio», profundamente enamorado. La mujer de sus sueños aparece por primera vez en la Essa nay, su nueva empresa, en el año 1915. En las fichas técnicas de las películas de este período aparece en papeles como: la hija, la esposa, la muchacha, la rica heredera, la hija del granjero, la doncella, la secretaria, la hija del armador o la dama de la butaca. Fue el primero de septiembre de ese año cuando este personaje adquiere unos rasgos definidos e inmutables en la fisonomía de una actriz que acompañará al pequeño vagabundo durante nueve años y más de treinta y cinco películas.

Vivía con una hermana casada y se llamaba edna purviance. inmediatamente nos pusimos en contacto con ella y la citamos en el hotel san francisco. era más que bonita:. era bella. en la entrevista me pareció seria y triste. me enteré más tarde de que por entonces estaba intentando olvidar un desengaño amoroso. era silenciosa y reservada, con unos ojos bellos y grandes, unos dientes preciosos y una boca delicadamente dibujada. como parecía tan seria, dudé si sabría representar o tener sentido del humor.

La adquisición de esta actriz fue una feliz ocurrencia de Charles Chaplin. Ella aportó a las películas del pequeño vagabundo un halo de belleza espiritual, facilitó a Chaplin la construcción de un sentimiento romántico que desde entonces no habría de abandonar a su personaje.

Frente a las proezas acrobáticas y el nervio de Mabel Normand en las películas de Mack Sennett, Edna Purviance oponía un sentimiento melancólico, sereno y levemente triste, que explicaba visualmente el carácter soñador y esperanzado del vagabundo.

En las películas de la Essanay, Chaplin continúa desarrollando los atributos cómicos de su personaje, al mismo tiempo que va investigando y conformando los rasgos externos que delaten a los espectadores un pasado y una personalidad.


Se define el personaje universal

En este período, Charles Chaplin realiza una película decisiva. Se titula The Tramp (El vagabundo), en donde el personaje aparece por primera vez con todos los rasgos que le han de hacer perdurar en la memoria del mundo. Vemos en ella a Charlie caminar por una carretera que no le llevará a ninguna parte. Con el hatillo al hombro, camina bamboleándose y mirando con desprecio los coches que pasan velozmente a su lado, llenándole de polvo. Lo encontramos luego comiendo a la sombra de un árbol. Su almuerzo no son más que hierbajos que arranca del suelo, pero que condimenta con un salero en elegante ademán. Bebe agua en una lata oxidada y se limpia en ella los dedos y después los labios de restos de comida. No lejos de allí, una muchacha muy hermosa —Edna Purviance— grita, pidiendo auxilio, mientras la persiguen tres ladrones. Charlie lucha contra ellos esgrimiendo su hatillo, deja a los rufianes fuera de combate cuando los golpea, porque el hatillo sólo contiene un adoquín. Agradecida, Edna lo lleva a la granja de su padre, en donde Charlie es admitido. Entregado a los placeres bucólicos, Charlie nos hace reír cuando comprueba la frescura de los huevos rompiéndolos contra la cabeza del mozo de cuadra, o hace trabajar a éste pinchándole en el trasero con la horquilla; regando los árboles con cuentagotas u ordeñando a las vacas moviéndoles el rabo. El regreso de los ladrones produce una divertida situación de carreras y luchas, en donde Charlie exhibe su poco escrupulosa forma de pelear. Sin embargo, Charlie cae herido de un disparo. Edna lo cuida, lo mima, se preocupa por él. El vagabundo sueña con el amor de su dama. Sin embargo, la llegada del novio de Edna hace que Charlie deba emprender de nuevo su camino, triste, solo, abatido. Pero no ha caminado veinte metros cuando hace una pirueta despreocupada y recupera su caminar alegre y bamboleante. Las preocupaciones quedan atrás, el fracaso amoroso se guarda en el hatillo. La vida sigue su camino.

Esta estructura variará poco en las próximas películas de Charlie. Las incidencias, las peripecias serán distintas, pero tanto el personaje como su sentido más inmediato es ya inmutable.

Aunque en los cines de la ciudad de Los Angeles se formaban largas colas en los estrenos de cada película de Charlie Chaplin, éste no conocía realmente las dimensiones de su popularidad. Se dedicaba intensamente a su trabajo, en donde encontraba satisfacciones y preocupaciones que le llenaban todas las horas del día.

Hollywood comenzaba a crecer, lo hacía de una forma vertiginosa e imparable. Por aquella época, David Wark Griffith realiza una de sus obras más importantes, una de las indiscutibles obras maestras del cine: The Birth of a Nation (El nacimiento de una nación), en donde se cuenta la historia de la guerra de Secesión, el derrumbamiento de los Estados del Sur y el nacimiento de la gran América. Acontecimientos que habían sucedido hacía sólo cincuenta y un años.

La producción de películas en Hollywood había adquirido un volumen tan importante que empezaba a convertir aquel punto de la geografía americana en la capital del cine. No sólo las películas de Charlie Chaplin, también las de Griffith, Sennett, Cecil B. de Mille, Vidor, Hal Roach, Douglas Fairbanks y Harold Lloyd llevaban más gente al cine que las realizadas en cualquier lugar del mundo.

Tal vez cuando, camino del estudio o regresando de él, pasaba por delante de los cines, las enormes colas formadas a las puertas de ellos le indicaban su popularidad, pero Charlie Chaplin desconocía lo que provocaban sus películas en las ciudades de todo el mundo.

Charlie Chaplin no quiere ser explotado

La Essanay comenzó a imponer condiciones comerciales especiales para la proyección de las películas de su estrella. Clasificaron los cines del país según el número de butacas que tenían y aumentaron los precios en razón del aforo de cada local. De esta forma consiguieron un incremento de beneficios por cada película de Chaplin del orden de los cien mil dólares. Charlie Chaplin siempre mostró una rígida resistencia a dejarse explotar. Sus películas habían llenado de dinero las arcas de la Keystone Company y también estaba llenando las de la Essanay. Su contrato seguía siendo ridículo comparado con los altos rendimientos que producía su trabajo.

Aconsejado por Sidney, Charlie comenzó a estudiar las proposiciones de otras compañías. El contrato por un año con la Essanay llegaba a su término, la Mutual Film Corporation le había ofrecido un interesante contrato. Sidney viajó hacia Nueva York para discutirlo con los gerentes de la compañía, mientras Charlie permaneció en Los Angeles dando los últimos toques a la película con la que se despedía de la Essanay.

Cuando hubo concluido su trabajo, adquirió un billete de tren y se dirigió a Nueva York a reunirse con su hermano. Los trenes de aquella época eran lentos. Tardaban cinco días en atravesar de una a otra costa el país. En este viaje, Charlie Chaplin descubrió las verdaderas dimensiones de su popularidad. Un incidente que sucedió en el trayecto es revelador en este punto.


Estación de ferrocarril de Amarillo, Texas

El viaje transcurría plácidamente. El tercer día, al atardecer, el tren se aproximaba a la ciudad de Amarillo, en el estado de Texas. Charlie iba adormecido en su departamento. El revisor anuncia la llegada a la próxima estación, donde habrá una parada de media hora. Charlie Chaplin decide afeitarse. Enjabona su cara y está empezando a afilar la navaja cuando el tren entra en la estación.

Frente al espejo, Charlie escucha una algarabía enloquecedora. Se asoma a la ventanilla. Una multitud enfervorizada rugía en el andén.

Charlie Chaplin se encogió de hombros y empezó a rasurarse. Había banderas y pancartas que pasaban a su lado. La multitud entra en el vagón y empieza a registrar los departamentos preguntando a gritos:

—¿Dónde está? ¿Dónde se esconde?

Charlie sonríe, piensa que los tejanos son alborotadores y amantes de sus celebridades políticas; sin duda, algún potentado de la ciudad viaja en el tren. Pero de pronto se sobresalta, oye en el pasillo preguntar:

—¿Dónde está? ¿Dónde está Charlie Chaplin?

Con la cara llena todavía de jabón de afeitar, sale al pasillo y declara:

—Aquí.

Entonces, una turbamulta entra en su departamento, lo arroja contra la ventana, lo tocan, lo acarician. Un hombre gordinflón y con chistera se sube sobre un asiento y declara:

—En nombre del alcalde de Amarillo, Texas, y de todos sus admiradores… ¡Bienvenido a nuestra ciudad!

Antes que Charlie Chaplin pueda protestar es alzado en volandas por la multitud, sentado a una mesa y atiborrado de viandas y refrescos.

El muchacho londinense —poco acostumbrado a estas manifestaciones— observa aquello con ojos alucinados. Mira como un gorrión a un lado y a otro. Se asombra y le repugna aquella multitud. Cuando intenta evitar que alguien le meta un poco de estofado en la boca, la muchedumbre ríe como un rebaño de gorilas. Al fin todo acaba, de nuevo en volandas es llevado al tren. Suena el silbato. La locomotora arranca y la multitud corre junto a la ventanilla de Charlie Chaplin, riendo y haciendo tonterías. Charlie no sabe a dónde mirar, hace gestos de saludo con la mano e intenta exhibir una rota sonrisa en su rostro. El tren se aleja de Amarillo, Texas, y algún loco corre todavía junto a su ventana, el rostro congestionado, el sudor brillándole en la frente, agitando una mano crispada ante las mismas narices del pequeño Charlie. Tremendo espectáculo.

Charlie Chaplin se hunde en su asiento, abrumado por la recepción. No oye nada, no ve nada. Los viajeros del tren recorren el pasillo y pasan ante la puerta del departamento. Lo señalan con el dedo y sonríen. Es el precio de la fama.

El resto del viaje es parecido. En Kansas City y en Chicago una multitud se aglomera en las estaciones. Grita su nombre y hace para verle proezas que no haría para conseguir una prima de cien dólares. Chaplin está abrumado. Empieza en aquellos momentos a conocer la popularidad que han alcanzado en toda América las aventuras del pequeño vagabundo.

Un telegrafista metomentodo ha telegrafiado a todas las ciudades del trayecto avisando la llegada de Chaplin. El jefe de policía de Nueva York telegrafía al tren para que Charlie lo abandone antes de llegar a Central Station en la ciudad, porque la multitud bloquea ya la calle Cuarenta y Dos. Cuando Charlie llega a Nueva York esta vez, debe apearse en la estación de la calle Ciento Veinticinco, en donde le espera su hermanastro Sidney.

Sidney no puede creerlo; asombrado, le muestra un ejemplar del New York Times en el que, en primera página y a grandes titulares, se lee:

¡ESTA AQUI!
¡CHARLIE SE OCULTA!

Ningún hombre ha puesto a prueba en el siglo XX los medios de información como Charlie Chaplin lo ha hecho a partir de 1915.

Ocultándose de la multitud, Charlie consiguió llegar a su hotel. Asombrado, deprimido. El golfillo del East End de Londres comenzaba a ser devorado.