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VIII. Las Teorías de Einstein se Incorporan a la Historia Particular de la Ciencia

De Mienciclo E-books

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Contenido

Introducción

EL resultado favorable para la teoría de la relatividad que significaron las observaciones del eclipse de sol de 1919 proporcionó a Einstein una gran popularidad. Eran numerosos los artículos periodísticos que se ocupaban de él y mucha la correspondencia que recibía de las personas más variadas. Por otra parte, su cada vez más activa participación en reuniones pacifistas (en las que se luchaba por eliminar todas las consecuencias morales de la guerra recién acabada y en contra del militarismo y de todo tipo de nacionalismo) le hacían aparecer como un hombre público. Su gran popularidad, que le abrumaba, fue un factor que actuó en su contra en aquella Alemania.


Alemania, en crisis

Tenía Alemania en esta época un sistema republicano de gobierno, poco estable y amenazado por una profunda crisis económica y moral. La clase dominante temía que se iniciase un proceso político análogo al de la Rusia soviética, pero no podía evitar el descontento popular ni oponerse abiertamente a la fuerza de la clase trabajadora. La huida a Holanda del kaiser y su familia, tras su abdicación, desprestigió a la dinastía Hohenzollern.

Los moderados socialdemócratas son los únicos que pueden calmar los ánimos populares (que habían estallado en revueltas en diferentes estados, y en el motín de la base naval de Kiel, en el que los marineros izaron banderas rojas, sin que representase un gran peligro para la burguesía alemana). Los líderes eran Ebert y Scheidemann, que pese a ser llamados socialtraidores por los líderes de la Liga Espartaquista, Karl Liebknecht y Rosa Luxemburgo, que propiciaban la lucha de clases, y no contar con el apoyo del movimiento socialista pacifista surgido durante la guerra, se coaligaron con los democrataliberales y la derecha para establecer una República liberal.

En enero de 1919 estalla en Berlín una rebelión espartaquista (que recuerda la revolución de 1848), que es machacada sin piedad por el gobierno provisional socialdemócrata. Rosa Luxemburgo y Karl Liebknecht son asesinados por un grupo de oficiales derechistas. En tan anormales circunstancias se realizan las elecciones para una Asamblea Nacional constituyente que redacta la Constitución de Weimar. Ebert es nombrado primer presidente de la República, que, recién nacida, se encontraba con grandes problemas económicos y sociales.


Einstein, antinacionalista

Tras un momento de optimismo al finalizar la guerra, cuando llegó a creer que el militarismo y la burocracia habían sido abolidos en Alemania, Einstein comprobó que el nacionalismo continuaba vivo y que este sentimiento desmedido era uno de los principales causantes de la guerra. Le resultaba cada vez más difícil su retraimiento de la vida pública, y son más frecuentes sus declaraciones denunciando todo hecho que considere contrario a la paz entre los pueblos; su recién conquistada popularidad hacía más eficaz su postura.

El periódico inglés Times le pidió un artículo en el que explicara someramente la teoría de la relatividad y en el que diera alguna nota autobiográfica; Einstein escribió con cierta ironía que «hoy se me presenta en Alemania como un hombre de ciencia alemán, y en Inglaterra, como un judío suizo. Si algún día las cosas cambiaran, se invertirían los términos y sería un judío suizo para los alemanes y un alemán para los ingleses».

Esta actitud enervaba a los nacionalistas alemanes, que habían utilizado la popularidad de Einstein para justificar la superioridad alemana, aduciendo que sólo de este país podía salir un científico de tal magnitud; pero su antinacionalismo ponía en evidencia el intento de manipular su figura.

En 1919 fue fundado el Partido Obrero Alemán por el ferroviario Drexler, y en septiembre de este año, el austríaco Adolfo Hitler se afilia al mismo. Pese a su denominación, el partido era contrario a los intereses de la clase obrera y radicalmente racista y antisemita. En 1920 se denomina Partido Nacional-Socialista Alemán. Más adelante (1921), Hitler sería nombrado jefe con poderes absolutos sobre el partido. En mayo de 1920, Kapp da un golpe de Estado derechista que dura una semana, y que fracasa a causa de la huelga general declarada por los trabajadores. Las tropas del gobierno de Ebert, que se había establecido en Stuttgart, entran de nuevo en Berlín, proclamando la ley marcial. Los nacionalistas achacan la causa de todos los males de Alemania a los judíos, identificándolos con los bolcheviques.


Einstein, sionista

Aunque Einstein nunca había practicado la religión judía, y el movimiento sionista, que había conocido de cerca en Praga, no le cautivó, la política antijudía en Alemania despertó en él la solidaridad con el pueblo que tenía su misma sangre, dadas las acciones discriminatorias e injustas que sufría; también le movió a trabajar por la causa sionista la falta de respeto que los judíos alemanes tenían hacia su propia raza, la profunda división entre los distintos grupos judíos, cada uno de los cuales pretendía salvarse echando las culpas sobre los demás, principalmente sobre los recientes emigrantes del Este de Europa, a los que los judíos alemanes, ya acomodados y más cultos, consideraban inferiores.

Ver a la comunidad judía atacada por los enemigos externos y profundamente dividida internamente, aumentó el sentimiento de responsabilidad de Einstein y le movió a actuar en pro de la unión y de la autoestimación de sus hermanos de raza.

Durante la guerra, el sionismo mundial, apoyado por Inglaterra, inició el proyecto de la construcción de un nuevo Estado de Israel sobre el territorio palestino; la iniciativa aumentó el entusiasmo del movimiento judío. A Einstein, sin embargo, le molestaba el carácter nacionalista que tomaba el proyecto, ya que él estaba en contra del nacionalismo en general y no contra un nacionalismo particular cualquiera. Pero, pese a la contradicción que esta situación representaba, decide colaborar abiertamente con el sionismo, convencido por Kurt Blumenfeld, líder sionista de Berlín.


Ataques a Einstein y a su ciencia

Esta decisión hace aumentar los ataques contra Einstein; se habla del bolchevismo de su física y de que sus matemáticas son judías; fue insultado públicamente ante su casa y en la Academia; recibió amenazas escritas, a las que no prestó mayor atención.

Ante hechos tan vergonzosos, Planck y Von Lane defienden públicamente a Einstein, lo que no hace mejorar las cosas, sino que se comentará: «No podemos censurar que los obreros sean seducidos por Marx, si los profesores se dejan convencer por Einstein».

La situación llegó a tales extremos, que Leibus ofreció una recompensa a quien asesinase a Einstein; Leibus fue detenido, pero puesto en libertad en seguida tras pagar una pequeña multa. Esto da idea de la actitud derechista de la socialdemocracia alemana.

También era frecuente que a Einstein se le interrumpiese en sus conferencias llamándole «cerdo judío». Un acto curioso contra Einstein fue una denominada «Asamblea de la relatividad», celebrada en la Sala Filarmónica de Berlín y organizada por los físicos Weyland y Gehrcke, con la finalidad de atacar la teoría de la relatividad y a su creador; el propio Einstein asistió entre el público a este acto.

Tal estado de cosas hace a los amigos de Einstein aconsejarle que deje de hacer manifestaciones públicas, consejos que Einstein no puede seguir, ya que su sentido de la justicia está por encima de los inconvenientes que puedan acarrearle. Incluso recupera la nacionalidad alemana (sin perder la suiza), para que sea más fácil su actividad pública, pero se lamenta amargamente de que las cosas sucedan así.


La divulgación de las teorías de Einstein

Aunque su popularidad alcanza su mayor auge tras el éxito de la verificación de sus teorías realizadas por Eddington en la observación del eclipse solar de 1919, es en los primeros años veinte cuando su obra alcanza una amplia difusión.

Ya en 1918, Arthur Eddington había publicado un libro titulado Report on the Relativistic Theory of Gravitation (Informe sobre la teoría de la gravitación relativista); su difusión había sido muy escasa; hubo que esperar a 1920 para que ese mismo libro se vendiera por millones en Londres y Nueva York.

También Eddington publica en 1920 su libro titulado Espacio, tiempo y gravitación, que era el contenido de una conferencia multitudinaria que pronunció ese mismo año en la Universidad de Oxford.

El éxito de estas publicaciones permitió aparecer en pocos meses, y en diversos idiomas, más de un centenar de libros de divulgación de la teoría de la relatividad. Entre ellos sólo uno fue escrito por Einstein, el titulado Teoría de la relatividad especial y general al alcance de todos (que en España alcanzó varias ediciones entre los años 1921 y 1925, una de ellas traducida por F. Lorente de No).

Llevado por el afán de hacer comprensible la teoría de la relatividad a todo el mundo, un americano llamado Higgins, residente en París, anunció a través de la revista Scientific American que otorgaría un premio de 5.000 dólares a quien escribiera la mejor exposición de la teoría de la relatividad, con menos de 3.000 palabras. El resultado del concurso se conoció el 21 de junio de 1921; lo ganó un irlandés llamado Balton, de sesenta y un años de edad, que, dato curioso, había trabajado en la Oficina Británica de Patentes.

También Bertrand Rusell (1872-1970), el genial matemático y activo pacifista y humanista, escribió durante uno de sus viajes a Oriente un trabajo de divulgación de las teorías de Einstein titulado ABC de la relatividad.

Aparte de estos libros de divulgación popular, la teoría de la relatividad ocupaba también a eminentes científicos. Ya en 1916, el gran matemático Hilbert (1862-1943), creador del método axiomático en geometría, se había interesado por ella, pero a Einstein no le parece interesante la atención de Hilbert, diciendo que «el método axiomático puede servir muy poco para la teoría de la relatividad». No así le parecieron los trabajos de Hermann Weyl, profesor de la Escuela Técnica Superior de Zurich, discípulo de Hilbert, y a quien sustituye en su cátedra de Góttingen en 1939. El libro de Weyl, titulado Espacio, tiempo, materia, es de gran interés para Einstein, que lo lee antes de su aparición, en galeradas de imprenta, cuando se encontraba enfermo en 1918. Weyl habría de influir en Einstein en su concepción de la teoría del campo unificado.

Einstein también colaboró en la divulgación de sus teorías mediante conferencias dirigidas al gran público. La popularidad que alcanzó Einstein hacía que le llegaran invitaciones de diversos países para pronunciar conferencias sobre sus teorías. Estas conferencias para el gran público le parecían a Einstein más charlatanería que ciencia, pero se creía obligado en la mayor parte de los casos a aceptarlas con la esperanza de que tal vez ayudaría a modificar algo el pensamiento y la filosofía de la naturaleza en las mentes populares. Por otra parte, le daban un pretexto para marchar temporalmente de Berlín, evitando la hostilidad que debía soportar casi permanentemente en esa ciudad.

Así, recorrió diversas ciudades de Noruega, Checoslovaquia, Austria. Sus conferencias públicas tenían un gran atractivo; era capaz de conectar con el auditorio y explicar las cosas al nivel necesario para su mejor comprensión; se comentaba que era un excelente actor. Se dice que en Viena comenzó su conferencia dramáticamente, golpeando con los nudillos dos veces sobre la mesa y preguntando: «Ustedes creen que he golpeado dos veces en el mismo sitio, ¿no es cierto?», y esperó a que el público asintiera, para continuar: «Pues no es cierto; daos cuenta que esta sala está colocada en la Tierra, y que ésta se mueve en el espacio, girando sobre su eje y trasladándose alrededor del Sol, y que también el sistema solar se mueve en el espacio; por tanto, los golpes fueron dados en dos lugares diferentes, ya que sólo podemos hablar del mismo sitio si lo hacemos con referencia a la sala; si no es así, para dar los dos golpes en el mismo sitio tendrían que darse simultáneamente…» Y así comenzaba a introducir las nociones de relatividad del espacio y el tiempo, de la necesidad de utilizar luces para relacionar los fenómenos alejados, destacando lo relativo de los conceptos de simultáneo, de antes y después, en fin, de todos los conceptos que estaban revolucionando la Física y que él los explicaba con una sencillez y claridad que cautivaban.

Pero Einstein tenía sentido de la medida, y la oferta de un empresario inglés en la que le garantizaba un lleno de tres semanas en el London Paladium le pareció realmente una broma y no la tomó en serio. Einstein ni siquiera contestó; una cosa era la divulgación científica y otra convertirse en un número circense.


Sus preocupaciones políticas y sociales

Los años veinte representan para Einstein el logro de su madurez. Por una parte, su teoría de la relatividad había sido comprobada experimentalmente, con lo que una hermosa teoría se convertía en una teoría verdadera; socialmente, este hecho se había reconocido y, con ello, se veneraba la figura de Einstein como la de un héroe popular; científicamente, el reconocimiento sería realizado por universidades y academias, y materializado en el máximo galardón: el premio Nobel, aunque, paradójicamente, y por exceso de prudencia, no se le otorgó por la teoría de la relatividad, sino por la teoría del efecto fotoeléctrico.

Por otra parte, humanamente, su actividad se amplía a quehaceres alejados de la investigación científica, para abarcar tres problemas en los cuales se habrá de convertir en símbolo: la lucha contra la segregación racial y por la dignidad del pueblo judío, la lucha por la paz y por el desarme como reacción a la demencial guerra europea, la lucha por el socialismo y la democracia como esperanza en la nueva situación de Alemania como República. Esta actitud y actividad le depararían persecución y sinsabores que le obligarían, finalmente, a refugiarse en los Estados Unidos.