VIII. El Manifiesto De Cartagena
De Mienciclo E-books
EL desterrado observa desde su hamaca los movimientos de la anciana negra, junto a una pila de naranjas, el fruto típico de la isla, los frutos que han de producir el licor que lleva el nombre del paisaje: Curasao. Abandona la hamaca y se encamina hacia la playa desierta; la blanca arena antillana y el azul de las aguas son sus compañeros de meditaciones en esta amarga hora del expatriado.
El hombre de casi treinta años de edad está solo, pobre y lejos de su tierra, pero no se siente vencido.
La noche cae sobre el Trópico. Sentado frente a una lámpara, comienza a redactar un informe, su primer análisis detallado sobre el fracaso de la primera república venezolana y sobre la realidad de la América latina. El examen del mismo nos presenta a un Bolívar más maduro, sumamente inteligente y de gran agudeza histórica y política. Las doce hojas del documento están destinadas a los habitantes de Nueva Granada y pasarán a la historia con el nombre de Manifiesto de Cartagena.
Conciudadanos: libertar a la nueva granada de la suerte de venezuela y redimir a ésta de la que padece son los objetos que me he propuesto en esta memoria yo soy, granadinos, un hijo de la infeliz caracas, escapado prodigiosamente de en medio de sus ruinas físicas y políticas, que siempre fiel al sistema liberal y justo que proclamó mi patria, he venido a seguir aquí los estandartes de la independencia, que tan gloriosamente tremolan en estos estados.
El propósito del venezolano es intentar la recuperación de su patria con el apoyo del gobierno de Cartagena. El Manifiesto se constituirá en una de las armas esgrimidas en busca de esa ayuda. Pero independientemente del fin buscado, el documento adquiere enorme importancia por la concepción ideológica que refleja.
La transcripción de algunos de los párrafos más significativos es por demás elocuente. En lugar de someter por la fuerza las ciudades rebeldes, la Junta Suprema las dejó en plena libertad, ante lo cual el Libertador escribe:
Fundando su política en los principios de humanidad mal entendida, que no autoriza a ningún gobierno para hacer por la fuerza libres a los pueblos estúpidos que desconocen el valor de sus derechos. los códigos que consultaban nuestros magistrados no eran los que podían enseñarles la ciencia práctica del gobierno, sino los que han formado ciertos buenos visionarios que, imaginándose repúblicas aéreas, han procurado alcanzar la perfección política presuponiendo la perfectibilidad del linaje humano. por manera que tuvimos filósofos por jefes, filantropía por legislación, dialéctica por táctica y sofistas por soldados la doctrina que apoyaba esta conducta tenía su origen en las máximas filantrópicas de algunos escritores, que defienden la no residencia de facultad en nadie para privar de la vida a un hombre, aún en el caso de haber delinquido éste en el delito de lesa patria. al abrigo de esta piadosa doctrina, a cada conspiración sucedía un perdón y a cada perdón sucedía otra conspiración que se volvía a perdonar; porque los gobiernos liberales deben distinguirse por la clemencia.
En muy pocos años, Bolívar ha dominado el arte de gobernar. ¡Qué lejos está este documento de su proceder ante el gobierno británico cuando le exige lo que los ingleses no pueden conceder! Pero ahora estamos ante un nuevo Bolívar, menos romántico, más práctico, y con un manejo de la realidad que le permitirá transformarla.
Más adelante, reflexiona sobre el problema militar en los siguientes términos:
Igualmente hubo oposición decidida a levantar tropas veteranas y se establecieron innumerables cuerpos de milicias indisciplinadas. ¡porque grecia, roma, venecia, génova, suiza, holanda y recientemente el norte de américa vencieron a sus contrarios sin auxilio de tropas mercenarias, no hacía falta más nada, se decía, para conquistar la libertad! pero hubiera sido necesario un pueblo disciplinado, ejercitado en la guerra, cualidades que nosotros estamos muy distantes de poseer.
Bolívar señala el federalismo como segunda causa de la derrota. No cree ya en un federalismo que no se asiente, como el norteamericano, en bases sólidas. En relación a esto afirma:
Es preciso que el gobierno se identifique, por decirlo así, al carácter de las circunstancias, de los tiempos y de los hombres que lo rodean. si éstos son prósperos y serenos, él debe ser dulce y protector; pero si son calamitosos y turbulentos, él debe mostrarse terrible y armarse de una firmeza igual a los peligros, sin atender a leyes ni constituciones las elecciones populares, hechas por los rústicos del campo y por los intrigantes moradores de las ciudades, añaden un obstáculo más a la práctica de la federación, entre nosotros, porque los unos son tan ignorantes que hacen sus votaciones maquinalmente; y los otros, tan ambiciosos que todo lo convierten en facción por lo que jamás se vio en Venezuela una votación libre y acertada; lo que ponía el gobierno en manos de hombres ya desafectos a la causa, ya ineptos, ya inmorales nuestra división, y no las armas españoles, nos tornó a la esclavitud.
Más adelante, Bolívar dirige duras críticas a la Iglesia por haber aprovechado el terremoto contra la causa de la independencia. En cuanto a los pasos a seguir escribe:
'La Nueva Granada ha visto sucumbir a venezuela; por consiguiente, debe evitar los escollos que han destrozado a aquélla. a este efecto presento como una medida indispensable para la seguridad de la nueva granada, la reconquista de caracas. a primera vista parecerá este proyecto inconducente, costoso y quizá impracticable...
Tiene, además, preparada la estrategia militar adecuada. Los españoles son fuertes en seis ciudades, las cuales controlan; pero temen desplazar tropas, pues podrían producirse levantamientos en la retaguardia, posibilidad a la cual hay que sumar la deserción de los soldados criollos. Bolívar supone que será fácil desplazarse por el país sin toparse con ejércitos españoles. Por ello no es extraño que subraye:
Es una cosa positiva que en cuanto nos presentemos en venezuela se nos agregan millares de valerosos patriotas aprovechemos, pues, instantes tan propicios; no sea que los refuerzos que incesantemente deben llegar de españa cambien absolutamente el aspecto de los negocios, y perdamos, quizá para siempre, la dichosa oportunidad de asegurar la suerte de estos estados.
Bolívar, definitivamente, ha dado el salto que separa a la idea de la práctica; muchos principios han quedado en el camino, muchas fórmulas políticas trabajadas en los laboratorios enciclopedistas deben ser relegadas o modificadas ante la realidad concreta de una sociedad diferente a la europea, con características forjadas en la fragua del colonialismo español.
Llevando consigo los manuscritos de la proclama, abandona Curasao y se dirige a Cartagena.