VII. Chaplin en América
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Introducción
EN la costa oeste de los Estados Unidos, al norte de Los Angeles, empezaba a hacerse popular un pueblo pequeño a donde habían ido a refugiarse aquellos cineastas que filmaban sus películas lejos de las persecuciones de Thomas Edison, poseedor de las patentes de algunas cámaras de cine.
Aquel pequeño arrabal de Los Angeles recibió el nombre de Hollywood (bosque encantado). En Hollywood ha comenzado a tejerse una tela de araña en la que, inevitablemente, Charlie se verá prendido.
El cine es muy joven todavía. Nadie sabe qué puede hacerse con ese novísimo invento, pero el público paga contento por ver las divertidas películas de Meliés. El cine es en sus comienzos un entretenido y simple espectáculo de barraca de feria, pero ha crecido mucho en los últimos años y sigue creciendo con rapidez. Imbuidos por el espíritu del sueño americano, aventureros y gente con poco que perder se dedican con gran entusiasmo a filmar películas.
Una nueva industria: el cine
La industria ha comenzado a desarrollarse, surgen las primeras salas de cine por todo el mundo y ya es un espectáculo habitual. Al público le gusta la intimidad de una sala en penumbra, en donde puede dejar escapar su imaginación a través de la ventana luminosa abierta frente a sus ojos.
En Estados Unidos, Thomas Edison ha descubierto el cine al mismo tiempo que los hermanos Lumière lo han hecho en Francia. Pero mientras los Lumière no vieron las posibilidades de su invención, el espíritu rabiosamente americano de Edison comprendió que aquello podía convertirse en un gran negocio, naturalmente un gran negocio al estilo americano. Contrató los servicios de una agencia de abogados para llevar a juicio a todos los que utilizasen cámaras de cine construidas con sus patentes. La áspera actitud individualista de Edison dio pie a lo que ha pasado a la historia del cine con el nombre de la guerra de las patentes, que —como todas las guerras— para bien poco sirvió, como no fuera para el nacimiento de Hollywood.
Esta guerra duró cerca de diez años, al cabo de los cuales Edison se asoció con sus enemigos y juntos crearon la «Motion Pictures Company»: un verdadero trust del cine, que pretendía absorber toda la producción cinematográfica del país.
Estas cosas eran habituales a comienzos de siglo en un país como los Estados Unidos, ferozmente individualista y ávido de dinero. Un país que hacía tan sólo diecinueve años había anunciado el fin de la frontera, que ha terminado la guerra con los indios, y su inmenso territorio ha sido explorado en su totalidad y se han publicado mapas detallados de su geografía. Al concluirse el período de la frontera, ese espíritu de lucha y supervivencia se trasladó al mundo de la industria y los negocios, en donde se desarrollaron batallas similares a las guerras de ganaderos, las luchas por el petróleo o por las alambradas. Es el espritu que produce los monopolios y las grandes fortunas.
Como industria prometedora y recién nacida, el cine tampoco pudo librarse de sus guerras.
Contra el pretendido monopolio de la «Motion Pictures Company» se alzaron los pequeños industriales, emigrantes o hijos de emigrantes que, resistiendo los cercos económicos del trust, consiguieron crear empresas fuertes que hacían la guerra con notable éxito. Muchas de ellas han llegado hasta nuestros días. Sus nombres y anagramas nos son familiares («Metro-Gold wyn-Mayer», «Paramount», «Universal», «Twenty-Century Fox, etc.). La subida al poder del presidente demócrata Woo-drow Wilson puso punto final a un período de más de veinte años de política republicana y con ello asestó el primer serio ataque a los monopolios.
Con la derrota de la «Motion Pictures Company» se produjo también un cambio en la orientación artística del cine, que cada día era más ambicioso y también más responsable. Ese cambio de rumbo fue la causa que llevó a Charlie hasta Hollywood.
Reencuentro definitivo con América
Habíamos abandonado a Charlie en el Folies-Bergére de París, rodeado de hermosas mujeres y pasándolo tan bien como sus diecinueve años lo permitían, es decir, muy bien.
Ahora lo encontramos ya en Estados Unidos, en la ciudad de Filadelfia. Tiene veintitrés años y hace cinco que trabaja en la compañía Karno. Está un poco más grueso, sus ojos tal vez un poco más tristes, pero continúa teniendo aquella expresión un poco infantil que ya conocemos. Es la segunda vez que trabaja en los Estados Unidos, en donde saben apreciar sus extraordinarias condiciones de mimo y bailarín. Corre el año 1914. Charlie regresa a su hotel después de una jornada de trabajo; encuentra un telegrama:
Hay en su compañía un hombre llamado chaflin o algo parecido stop que se ponga en comunicación con Kessel y Bauman 24 Longacre Building Broadway
Al día siguiente toma Charlie un tren hacia Nueva York para entrevistarse con el señor Kessel.
El señor charles kessel, uno de los propietarios de la «keystone comedy film company», me dijo que el señor mack sennett me había visto trabajar en el «american-music-hall», de la calle 42, y que le gustaría contratarme para ocupar el puesto de ford sterling. aquello significaba una nueva vida y un ambiente agradable. el señor kessel me dijo que el contrato me exigiría rodar tres películas cada semana, con un sueldo de ciento cincuenta dólares. era el doble de lo que cobraba en la compañía de Karno.
Charlie Chaplin se había acostumbrado a pedir siempre un poco más de lo que le ofrecían. En este caso se mostró remiso en aceptar por menos de doscientos dólares a la semana. La Keystone Comedy Film Company titubeó durante una semana, pero al final comunicaron al actor inglés una oferta intermedia que Charlie aceptó inmediatamente.
En su primera visita a los Estados Unidos, apenas un año y medio antes, Chaplin había sabido ver con claridad que, en aquella época, aquel país era una tierra de promisión donde los sueños más disparatados podían hacerse realidad. También él había sido infectado por el «espíritu de la frontera». Aquella larga gira teatral con la compañía de Fred Karno por los distintos estados de la Unión le ha bía hecho entender el peculiar estilo de vida de los americanos. Le había hecho comprender que también para Charlie Chaplin había un futuro lleno de promesas en el Nuevo Continente. Se había prometido regresar para quedarse y la oferta de Mack Sennett era para él el umbral de una nueva vida.
Hollywood, 1914
Como ya hemos visto, Charlie Chaplin tenía una larga y fecunda experiencia de actor. Cinco años con la compañía de variedades de Fred Karno, y otros pocos años anteriores como actor de reparto, le habían enseñado el oficio a la perfección. Poseía una técnica muy personal para la mímica y un sentido del ritmo y la danza que le hacían destacar en cualquier escenario. Posiblemente fueron esas características personales las que atrajeron la atención de Mack Sennett sobre él.
Después de la batalla contra el trust de Edison —la «Motion Pictures Company»—, el frente de lucha por el favor del público se había establecido en la búsqueda de la calidad artística —que siempre se había negado al cine— y la novedad. Adolph Zukor, un emigrante húngaro llegado a U. S. A. en 1888, ha formado junto a Marcus Loewe una empresa con una nueva idea de producción: «Famous Players in Famous Plays» (Actores Famosos en Obras Famosas), tres años antes, y sus películas han sido una verdadera revolución. El cine es un tren que va ganando velocidad, hay que subirse en marcha o se habrá perdido la oportunidad. Sennett busca entre los prestigiosos mimos ingleses, cuya técnica es más depurada, a aquellos que mejor pueden adaptarse a las necesidades de un nuevo lenguaje que está creándose con el cine.
Gente como David Ward Griffith, King Vidor, John Ford, Buster Keaton, Allan Dwan y Cecil Blount de Mille trabajan denonadadamente para dar lo mejor de sí mismos a lo que ellos consideraban entonces como el medio artístico ideal para el siglo XX. Sus esfuerzos no han sido vanos, y si hoy las películas se contemplan y estudian desde una perspectiva diferente a la de principios de siglo, ha sido posible gracias a la fe que aquellos hombres depositaron en el futuro del cine.
Aquella industria, que rendía sabrosos y rápidos beneficios, había también conformado una nueva frontera en donde los insatisfechos y los ambiciosos, los truhanes y los espíritus sensibles, los inadaptados y los capitalistas luchaban entre sí para conseguir un equilibrio de fuerzas. Arte e industria, expresión personal y dividendos comerciales se daban la mano en una nueva y excitante jungla humana, llena de aventuras y emociones. Este era el mundo al que Charlie Chaplin, un joven inglés lleno de talento, endurecido y sensibilizado por una vida llena de dificultades, se incorpora en el año 1914. Tiene veinticinco años y mucha confianza en sí mismo.