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VI. En Berlín, Entre la Ciencia y la Guerra

De Mienciclo E-books

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Contenido

Introducción

Einstein explicando su Teoria de la Relatividad.
Einstein explicando su Teoria de la Relatividad.


EN Alemania, el kaiser Guillermo II había creado una institución dedicada a la investigación científica y desligada de las universidades, que se dominó Kaiser Wilhelm Gesellschaft. Su aparición fue consecuencia del gran desarrollo industrial de Alemania, que hacía imprescindible la investigación científica necesaria para la nueva tecnología. Esta institución fue comparable a las fundaciones del tipo de la Rockefeller o la Guggenheim aparecidas con anterioridad en los Estados Unidos, ya que en ellas se inspiró.

Además, la Kaiser Wilhelm Gesellschaft tenía su sede en la ciudad de más actividad científica del momento, ya que su universidad y la Academia Prusiana de Ciencias eran centros aglutinadores de los principales científicos del país y en donde colaboraban otros científicos de países próximos como Austria, Suiza o Rusia.


Una oferta tentadora

En esta búsqueda de colaboradores eminentes, Max Planck y Walter Nernst influyeron para que la Kaiser invitara a Einstein. Se le ofrecía la dirección del proyectado Instituto de Investigaciones Físicas; además, se le otorgaba una plaza en la Academia Prusiana de Ciencias (la de mayor prestigio en la Europa de esa época) y se le nombraba profesor de la Universidad de Berlín, sin las obligaciones administrativas que tales tareas docentes pudieran implicar. La oferta era, pues, tentadora no sólo por la sustancial mejora económica que le suponía, sino también porque su única obligación era dedicarse a pensar en los problemas de su interés, y porque sus estudios se realizarían dentro del núcleo científico de más prestigio.

Para conseguir que Einstein aceptara, fueron personalmente a Zurich los profesores Planck y Nernst a hacerle la propuesta. Hay que tener en cuenta, para valorar la importancia de esta visita, que ambos físicos gozaban de la más alta reputación en la Alemania de aquella época. Planck, el creador de la teoría de los quanta, era de familia prusiana de altos funcionarios influyentes, y Nernst pertenecía a una familia de comerciantes y había conseguido fama y dinero con algún invento industrializable.

Pese a lo importante de la oferta, Einstein tenía ciertas dudas para su aceptación. Por una parte, desde el punto de vista familiar, Mileva oponía gran resistencia a abandonar la entrañable Zurich y sustituirla por la desconocida y fría Berlín; por otra, desde su niñez había odiado el temperamento prusiano y temía, aunque su actual oposición fuese distinta, que le resultase difícil su integración en tal sociedad. Sin embargo, le atraía; en Berlín vivía un tío suyo, Rudolf Einstein, con el que la familia Einstein había mantenido frecuente relación durante su permanencia en la ciudad bávara de Munich.

Resolvería afirmativamente la duda aceptando la oferta que le llevaran Planck y Nernst. En noviembre de 1913, el ministro prusiano de Enseñanza ratificó el nombramiento de Einstein como miembro de la Academia de Ciencias.


En la capital europea de la ciencia

En abril de 1914 se trasladó con su familia a Berlín, instalándose en un apartamento alquilado en el barrio de Dahlem. Mileva se sintió incómoda en aquella ciudad desde el principio; dedicó gran atención a la educación de su hijo menor, Edward, de cinco años, mientras el mayor, Hans Albert, de diez, asistía a la escuela.

La situación para Einstein tenía más alicientes. En la Academia era un joven de treinta y cinco años, rodeado de miembros de más edad que él, pues la gran mayoría eran ancianos a los que, sin embargo, aventajaba en prestigio. En la Universidad tuvo la oportunidad de convivir con los físicos de más talla del momento como Planck, Nernst, Von Lane, Frank, Hertz, Lise Meitner, Roetgen, Schróendinger, con quienes discutía sus ideas en seminarios regulares. Además disponía de todo el tiempo que desease para dedicarse a sus estudios, especialmente a los de la gravitación, que le conducirían a la formulación de la teoría general de la relatividad. El astrónomo del observatorio de Potsdam, Erwin Frendlich, fue a Rusia para observar el eclipse solar que proporcionaría una de las pruebas experimentales de la teoría de la relatividad. Langevin le invitó a dar el próximo septiembre un ciclo de conferencias en el Colegio de Francia de París, institución del máximo prestigio.

Conociendo los prejuicios de Einstein contra el sistema educativo alemán y las rígidas costumbres autoritarias impuestas por la monarquía prusiana, a nadie puede extrañar que fuera a Berlín con algunas reservas. Sin embargo, el 4 de mayo de 1914 escribía al profesor Hurwitz:

Contra lo esperado, la adaptación aquí transcurre bien. tan sólo queda cierto malestar por lo que se refiere a los trajes, etc., pues he de seguir el consejo de algunos amigos para no incurrir en el enojo de estas gentes. esto es lo único que turba la paz de mi ánimo. la academia se parece, por sus hábitos, a cualquier otra de tales instituciones. al parecer, la mayoría de sus miembros se limitan a ostentar por escrito cierta grandeza a lo pavo real; por lo demás, son completamente humanos, excepto el grueso y untuoso hermann amandus schwarz (lo de amandus no debe traducirse, porque entonces se cometería una gran impertinencia). aún no he podido coger el violin, porque siempre tengo otras cosas que hacer. ahora comprendo por qué los berlineses se sienten tan satisfechos de sí mismos. es tan intensa la vida exterior, que no se siente la propia vacuidad tan crudamente como en un tranquilo lugarejo cualquiera



La guerra del 14

Pero este favorable panorama que parecía iba a permitir a Einstein una sosegada vida de estudio, se vería pronto truncado por el estadillo de la primera guerra mundial.

Al terminar el año académico, Mileva se va con sus dos hijos a Zurich a pasar el verano. Einstein se queda en Berlín. El 28 de julio de 1914, Austria declara la guerra a Servia. El 1 de agosto, Alemania declara la guerra a Rusia; el 3, a Francia; el 4 invade Bélgica, e Inglaterra actúa en su defensa. Había comenzado una guerra con una amplitud hasta entonces desconocida y con unos medios técnicos empleados por vez primera en actividades bélicas.

La causa inmediata del estallido fue el asesinato del archiduque Francisco Fernando, heredero del trono de Austria, y de su mujer, en las calles de Sarajevo: un crimen político cometido por dos jóvenes patriotas para protestar por la actitud de Austria con respecto a Yugoslavia.

Pero las causas más profundas radicaban en el desequilibrio de fuerzas que desde 1870 se acentuaba en Europa. En 1870 aparecieron dos grandes Estados: Alemania e Italia. Bismarck negocia en 1879 un tratado entre Alemania y Austria-Hungría, al que se adhiere en 1882 Italia, formándose así la famosa coalición denominada la Triple Alianza. A ella pertenecían, como países satélites, los Balcanes, Servia y Rumania. La Triple Alianza fue, en cierto sentido, un renacimiento de la Santa Alianza de Metternich motivado por la proliferación de movimientos populares patentizados por la Comuna de París, los movimientos anarquistas de Italia y Rusia y el movimiento socialista en la propia Alemania, siendo todo ello un reflejo de las nuevas formas de producción creadas por la creciente industrialización y por la rapidez con que esta misma industrialización difundía las ideas por toda Europa.

Los miembros de la Triple Alianza se prometían asistencia mutua en el caso de que cualquiera de ellos fuera atacado por dos o más de las grandes potencias. Además, Italia prometía ayudar a Alemania, si ésta era atacada por Francia. Alemania ayudaría a Italia si era preciso una guerra para impedir que Francia se expandiera en el Norte de Africa, de Marruecos a Trípoli. Queda constancia de que la Alianza no iría nunca contra Inglaterra; solamente se dirigía contra Francia y Rusia. Por otra parte, entre Rusia y Francia se llegó en 1895 a un acuerdo, la «Alianza Dual», y Francia e Inglaterra concertaron el tratado conocido por la «Entente Cordiale». De esta forma, Europa quedaba dividida en dos grupos antagónicos con intereses expansionistas en el Próximo Oriente y en el norte de Africa.

La existencia de estos dos bloques, su creciente militarización y su pretensión de hegemonía en Europa hacían que el peligro de una guerra fuera cada vez mayor. Junto con ello se entrecruzaban problemas ideológicos, culturales, étnicos, sociales, etc.


La ciencia al servicio de la guerra

La guerra estalló en el verano de 1914. En Alemania se recibió la noticia con cierto júbilo. El carácter prusiano concedía altos honores a la actividad bélica. Para Einstein aquello venía a estimular su aversión a lo militar; su situación, incómoda, sólo se hacía más llevadera por su actividad científica.

La guerra separó definitivamente al matrimonio Einstein; Mileva ya no volvería a Berlín. Por otra parte, la vida política en los medios intelectuales y científicos era beligerante. Einstein se inhibía de tal actitud, lo que generaba ciertas hostilidades entre sus colegas. Einstein era antibeligerante desde el comienzo de la guerra y así se lo comunicó por carta a su amigo Paul Ehrenfest, residente en Holanda, y que, con Planck, Nernst, Roetgen y Haber, era solidario con el prusianismo. Sus hábitos democráticos suizos pronto serán cercenados en Alemania.

Como costaba trabajo imaginar a la Alemania culta de la música, de la filosofía, de la literatura, de la ciencia, en la feroz actividad bélica desencadenada, que no respetaba acuerdos y que invadía y desolaba países, surgió la idea de considerar dos Alemanias: la culta y la militarista. Para desvirtuar esta idea, los intelectuales redactaron un documento titulado Manifiesto al mundo civilizado, en el que se afirmaba que la cultura germana y el militarismo germano son idénticos, y que, en realidad, el ejército alemán luchaba por la salvaguarda de la civilización occidental. El documento se hizo circular para su firma entre los escritores, músicos, filósofos, científicos, artistas, recogiéndose la adhesión de noventa y dos personalidades de primera fila y siendo muy escasos los que se negaron a firmarlo. Entre éstos estaba Einstein, que no podía firmar un documento con el que discrepaba esencialmente por tratarse de apoyar a la guerra y al militarismo. Su actitud fue recibida con frialdad por sus colegas de la Academia.

La guerra también había incidido en la organización de la investigación científica, orientada esencialmente a resolver problemas de interés estratégico. Así, varios de sus colegas se dedican intensamente a problemas de la guerra, como Fritz Haber (1868-1934), de origen judío, quien logró sintetizar el amoníaco a partir del nitrógeno de la atmósfera, cosa que era importante para la economía de guerra, ya que se lograban explosivos y fertilizantes a bajo costo; o como Walter Nernst, quien trabajó con éxito en la obtención de gases asfixiantes y venenosos. En este sentido, hasta el propio Einstein se vio implicado en el diseño de un ala de avión para la naciente fuerza aérea alemana, que realizó por cuenta de la Compañía Berlin-Johann Isthal. En descargo de nuestro físico sólo puede decirse que el avión representó un auténtico fracaso, ya que nunca llegó a volar.

Para muchos científicos, aunque no para Einstein, estas actividades de soporte al militarismo significaron motivo de orgullo, y les sirvieron primero como base de premios y recompensas, y, después, al acabar la contienda, para que fueran declarados criminales de guerra. Así ocurrió en el caso de los amigos de Einstein, Nernst y Haber, que, a pesar de ello, recibieron el Premio Nobel por sus trabajos: el primero, en 1920, y el segundo, en 1918.

También es de resaltar el carácter nacionalista eirracional que estaba invadiendo el país; incluso en los medios en los que la razón era su justificación, como la Academia y la Universidad, se difundió una circular en la que se pedía que no se citasen en los escritos científicos referencias a los descubrimientos hechos por los colegas ingleses. También se modificaron los nombres de algunas de las unidades físicas, como, por ejemplo, la unidad de intensidad de una corriente eléctrica, denominada amperio en honor al físico francés Ampere, nombre que fue sustituido por el de Weber, famoso físico alemán.


El «manifiesto pacifista»

Estos hechos quebrantaron la actitud pasiva de Einstein; su talante pacifista y sus profundas convicciones desde la infancia contra todo dogmatismo y contra el espíritu militar y belicoso le hicieron actuar. Einstein conocía, por su experiencia en Praga, el malestar entre los pueblos oprimidos por el Imperio austro-húngaro y la prepotencia que ejercía la raza germana en esta opresión. Por eso tomó parte en la fundación de la asociación pacifista llamada Patria Nueva, que más tarde pasaría a constituir la Liga Alemana para la Defensa de los Derechos del Hombre. También, junto con el gran pacifista Georg Nicolai, escribió un Manifiesto pacifista que firmaron muy pocos intelectuales. Toda esta actividad y las nuevas vivencias que la guerra provoca en su espíritu darían un giro en la vida de Einstein.

En el verano de 1915, Einstein visita a su familia en Zurich. Viaja con su hijo Hans por el sur de Europa. Su viejo amigo Zangger le lleva a Ginebra


a conocer al escritor, filósofo y pacifista francés Romain Rolland, quien le pone en contacto con otros pacifistas europeos. En esta entrevista, Einstein admiró el valor y la convicción de aquel hombre, y se dio cuenta de que el tesón humano puede tener un gran impacto en el cambio de situación que la Humanidad necesita. Se conoce una descripción hecha por Romain Rolland sobre Einstein después de esta entrevista. Dice así: «Einstein es aún joven, no muy alto, de rostro ancho y largo. Tiene cabellera exuberante, de pelo algo rizado, seco y muy negro, aunque mezclado ya con gris; la frente es alta, la boca, pequeña; la nariz, algo gruesa y notable, los labios, abultados, el bigotito, corto. Es de mejillas más bien llenas y de barbilla redondeada. Habla el francés con dificultad y lo mezcla con expresiones alemanas. Es increíblemente libre en sus juicios sobre Alemania».

En estas actuaciones, aunque todavía llenas de confusión, Einstein iba perfilándose como un pacifista activo, como un luchador por la paz. Más adelante, su posición sería explícita y clara, pero ahora depuntaba entre su purista actitud hacia la ciencia; los problemas cotidianos que le acuciaban en el medio ambiente alemán los distanciaba, protegido por su conservada nacionalidad suiza.