V. Los Primeros Pasos Hacia La Independencia. Francisco Miranda
De Mienciclo E-books
Introducción
UN año antes del regreso de Simón Bolívar a la patria, se había producido el fracasado intento revolucionario de Miranda. Francisco Miranda era considerado en ese momento la figura más prominente no sólo de Venezuela, sino de toda América. Su vida, con ribetes novelescos, nos le presenta como el precursor de las ideas liberales que agitaban a Europa, amenazando introducirse en las colonias. Había nacido, al igual que Bolívar, en el seno de una familia heredera de la más pura cepa hispana, y se comenta que poseía títulos de nobleza que en varias ocasiones intentó reivindicar ante la Corona. Desde muy joven supo del fragor de la lucha, de los avatares militares en los más diversos frentes. Le vemos así combatiendo a orillas del Mississippi y en las Antillas inglesas sirviendo a la causa norteamericana. Su intervención en estas acciones le llevaron a conocer al propio Washington en Filadelfia.
De su estancia en Europa corren anécdotas que con el paso de los años se confunden con la leyenda. Sin embargo, la crónica objetiva y documentada le señala como huésped de honor de Federico II, en Postdam, y de nobles alemanes y franceses; y, lo más notorio, como amante de la zarina Catalina la Grande en San Petersburgo. Esta le nombra coronel del ejército ruso y le convierte en su favorito. ¿Cuánto hay de verdad y cuánto de ficción? Difícil será dilucidarlo. Una vez más, el mito oculta al hombre que lo motiva. Poco sabemos de su peregrinar por Turquía y Egipto o de su prisión de año y medio en Francia, bajo Robespierre. En París toma contacto con Nariño y con grupos masónicos que comienzan a entrever la posibilidad de promover la rebelión en América. Es en esta ciudad donde conocerá a Napoleón e intimará con él, siendo este último asiduo asistente a los banquetes ofrecidos por el americano. El que fuera el hombre más poderoso del orbe dirá refiriéndose al compatriota de Bolívar: «¡Miranda! Un Don Quijote, pero no está loco. ¡Ese atrevido tiene un fuego sagrado en el alma!» Pero los intereses políticos no tardarían en enfrentarles como consecuencia del tratado firmado en 1796 entre el Directorio francés y la Corona española. Miranda ataca violentamente al gobierno de París y a Bonaparte. Es apresado y se proponen deportarle a Cayena. Amigos influyentes logran liberarle, y huye a Londres.
Pidiendo ayuda en Londres
En enero de 1798, un hombre desembarca en Dover. Aún conserva la peluca y los anteojos que le permiten pasar desapercibido entre los viajeros. Sus facciones son muy conocidas en Europa, especialmente en Francia, de donde ha tenido que partir apresuradamente utilizando un pasaporte ruso a nombre de un tal Mirandov. ¿Qué trae a Inglaterra a Francisco Miranda? Su intención es concertar una entrevista con William Pitt e interesar por su intermedio al gobierno británico en los planes de la independencia americana.
La entrevista se realizó en la casa del primer ministro inglés, en el distrito de Holliwood, en Londres. Miranda se presentó ante Pitt en nombre y representación de una denominada Junta de Representantes Hispanoamericanos que, de contar con la ayuda inglesa, establecería un gobierno similar al del Gran Bretaña, con una Cámara de los Lores, otra de los Comunes y un Inca hereditario. Se extendería desde el Mississippi hasta la Tierra del Fuego, exceptuando la Guayana inglesa. El ministro inglés prestó su conformidad al proyecto, y comenzó a trazarse una acción conjunta políticomilitar, que trataría de incorporar a criollos de las clases más encumbradas residentes en las colonias españolas.
Este plan suponía una acción de carácter continental. Miranda asegura que, una vez triunfante el movimiento independentista, América sería gobernada provisionalmente por los Cabildos Abiertos, los cuales enviarían representantes a un Congreso, encargado formalmente del gobierno del continente colombiano, como él lo llamaba. El régimen definitivo, al parecer, sería federal, para que cada Estado o provincia de Hispanoamérica tuviera a su vez un gobierno y una asamblea autónoma con diputados ante lo que sería el Consejo Colombiano, única instancia facultada para dictar leyes territoriales. El poder ejecutivo estaría constituido por dos ciudadanos con el título de Incas y la capital del joven y tan extenso Estado se instalaría en el istmo de Panamá, llevando por nombre el de Ciudad Colombo.
Es sabido que Miranda, como la mayoría de los patriotas de la época, soñaba con destruir los lazos de dominación que ataban a la América latina con las coronas europeas, pero a su vez, deseaba que se mantuviera la unidad lograda por los españoles en la conquista y formación de los virreinatos. Aunque parezca una utopía, diversos elementos ofrecían sólida base para ello: la lengua, la cultura, la religión, y, particularmente, el dominio español durante siglos. Asimismo, los particularismos regionales, los intereses contrapuestos y los deseos de los distintos grupos locales de mantener su hegemonía lugareña, eran por esta fecha sólo vagas e imprecisas amenazas, que luego, con el correr de los años y de los acontecimientos futuros, harían trizas todo intento de unidad.
Con objeto de evitar las protestas del embajador español por la presencia de Miranda en Londres, William Pitt pide a éste que cambie de nombre y se mantenga en la clandestinidad más absoluta.
Aunque el gobierno inglés apoya los proyectos independentistas, sus intereses políticos internacionales retrasan la ayuda efectiva. Así, vemos a Miranda dirigiéndose a los EE. UU. a fin de lograr los medios que diplomáticamente se le regatean en Londres. Ya en 1790, en ocasión de un anterior contacto con Inglaterra y su primer ministro, el americano había escrito el agregado de la embajada rusa, Barteuer: «Pitt es un monstruo que no parece tener más guía que El Príncipe de Maquiavelo.»
La primera ayuda es norteamericana
En su viaje a los EE. UU., Francisco Miranda logra interesar a Jefferson en su proyecto revolucionario; éste, con anuencia de Madison, le facilita, aunque no en forma oficial, el dinero para comprar y equipar un barco de guerra.
El navío, llamado Leander, partió de Nueva York el 26 de enero de 1806 rumbo a Venezuela; el 27 de abril, el improvisado grupo intentó desembarcar en las cercanías de Puerto Cabello. La pésima organización y lo precario del armamento motivaron el fracaso del intento. Los españoles capturaron cincuenta hombres, diez de los cuales fueron fusilados. El Cabildo de Caracas condenó la actitud de Miranda y entre las voces que se alzaron contra él, una merece aquí especial mención: la de Juan Vicente Bolívar, hermano del Libertador.
Miranda logra huir hacia Trinidad, pero la nave que le conduce es capturada por la goleta inglesa Lily y llevada a Granada, donde el fracasado revolucionario es muy bien recibido por el gobernador inglés, quien le comunica la muerte de William Pitt y le promete ayuda para una nueva tentativa.
El 3 de agosto de 1806, la fragata Leander, la goleta Lily, y los navíos Empress, Attentive y Provost desembarcan en la costa venezolana, en un paraje denominado la Vela del Coro, y se apoderan del puerto de Coro e izan la bandera colombiana.
Sin embargo, no logran granjearse la confianza de los habitantes, quienes evacuan la ciudad. Permanecen en Coro cinco días y pronto se ven sitiados por las tropas españolas venidas desde Caracas. En la noche del 9 de agosto comienzan a reembarcar y se alejan derrotados.
El cronista de la expedición, James Biggs, definió los resultados de la frustrada incursión en los siguientes términos: «No tienen la menor intención de aceptar nuestras proposiciones de libertad; ni nosotros la fuerza para obligarles a tomarlas.»
Miranda es desconocido en su patria. Le consideran un intruso de quien hay que huir o a quien hay que destruir. No le ven como a un libertador bienvenido. Con el peso de su doble fracaso sobre sus hombros, Francisco Mirada parte nuevamente hacia Londres.
Allí permaneció varios años elaborando su proyecto independentista, transformándose en el nexo de todos los disconformes de Hispanoamérica que viajaban por Europa.
Existe una anécdota que obliga a reflexionar sobre la importancia que este precursor tuvo en la formación de los jóvenes revolucionarios criollos. Cuenta Bernardo O’Higgins que cuando oyó a Miranda exponer su teoría, se arrojó en sus brazos llamándole padre revolucionario y le pidió permiso para besar sus manos. Pocos años después, su retórica habría de conmover a Simón Bolivar con ocasión del encuentro de ambos hombres en Londres.