El Romancero gitano respira el mundo de las pasiones y de los sentimientos llevados al límite. Priman la violencia del deseo y la muerte como algo fatal. No es una muerte normal, es siempre una muerte violenta y salvadora de la hombría para que los de su raza puedan decir que fue un «gitano legítimo». Los jinetes, casi siempre de negro, presididos por la luna como signo fatalista y acompañados por faroles semiapagados, van sembrando el destino irreversible y primario de la muerte redentora que les hará mitos eternos en el vocabulario de su raza. Como adjetivo glacial, casi como contraseña étnica, el verde-aceitunado de sus rostros, «el moreno de verde luna».