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Introducción Mariano José de Larra

De Mienciclo E-books

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LA primera impresión que se saca al leer la biografía apasionante y, por tanto, necesariamente apasionada, de Mariano José de Larra, «Fígaro», es la de un rotundo fracaso personal. Pero habrá que pensar también que, si personalmente fue un fracasado, víctima de su propia contradicción interna, de su no querer aceptar que los afectos, las pasiones, las ideas pueden no ser compartidas, su fracaso personal, en el fondo, se debió a que no quiso o no supo admitir también que los otros tienen sus derechos individuales.

En cualquier caso, al lado del larra que saldó su cuenta con la vida disparándose un tiro en un momento de honda depresión, existe ese otro larra escritor, fundamentalmente periodista, que sigue todavía vivo entre nosotros porque sus análisis siguen teniendo actualidad por la sencilla razón de que muchos de los problemas de ayer siguen siendo los problemas de hoy.


Si tratáramos de situar sus artículos en un periódico que, de 1823 a 1837, recogiera la información política, social y cultural de esos catorce años decisivos para la historia de españa un levantamiento en pro de la constitución, una violenta reacción absolutista con ingerencia externa, un cambio de modalidad monárquica y su consiguiente guerra civil nos encontraríamos con que sus análisis, sus euforias y sus desencantos se pueden trasladar a situaciones similares de nuestro desarrollo histórico a lo largo de los últimos ciento cincuenta años.


Parece como si larra, tras el pistoletazo con que puso fin a su doble tragedia de enamorado y de escritor, no hubiera hecho sino abrir un paréntesis en su vida y estuviera ahí esperando a dejar sentir su presencia en determinados momentos de la historia, algo así como si, de cuando en cuando, oyera aquello de «vuelva usted mañana», porque hoy la coyuntura político-social tampoco permite aceptar como buenos sus, por otro lado innegables, aciertos en el análisis de la situación y sus sinceros y patrióticos deseos de construir una españa mejor, acorde con los tiempos y con los otros pueblos europeos, conservando de sus propias esencias aquello que mejor se acomode y sirva para desempeñar dignamente su papel en el concierto de las naciones.

Decíamos que Larra vivió apasionadamente, con su radical romanticismo, su propia vida afectiva y su arraigada conciencia de ser español al servicio de los demás españoles de su tiempo. su relación con josefa wettoret, teñida de amor temprano y de temprano desamor, hizo que, por imperativo de los principios morales vigentes en una sociedad férreamente anclada en su peculiar manera de mantener las normas tradicionales, desembocara en tragedia la imposible pasión amorosa que sintió hacia dolores armijo. y cuando se le rompió el amor como se le había roto españa —«Aquí yace media España; murió de la otra media» —, dio por fallecida su razón de vivir.