Introducción Cristóbal Colón
De Mienciclo E-books
EN vísperas de cumplirse los quinientos años del descubrimiento de América estamos en las mejores condiciones para realizar un segundo descubrimiento. Partiendo de una reflexión que nos sitúa en el momento actual, vamos a ir recapacitando hacia atrás hasta llegar al punto en que se inicia la hazaña y la aventura de Cristóbal Colón.
Primera reflexión, que nos servirá tanto para analizar el pasado como para acercarnos al futuro. no, el mar caribe, las antillas, la franja continental que descubrió colón no se parecen ahora en nada a lo que eran allá por el otoño de 1492. Pensemos tan sólo en esa franja que une las dos américas y por donde puede romperse la natural comunicación entre el norte y el sur, un cordón umbilical por donde, paradójicamente, puede producirse un estrangulamiento no sólo entre ese norte y ese sur, sino también entre el este y el oeste del mundo occidental. el destino de la américa hispana, de la américa latina, que siempre fue tierra conquistada, antes y después de Bolívar, antes y después de su independencia política, está en juego en centroamé-rica, la primera tierra firme que descubrió Colón.
A partir de aquí y antes de trasladarnos al campamento de los reyes católicos en santa fe para asistir, el 17 de abril de 1492, a la firma de las capitulaciones por las que colón quedaba investido del derecho a descubrir nuevas rutas de navegación entre oriente y occidente y nuevas tierras si las encontraba en su camino, tendremos que detenernos para reflexionar —estamos en tiempo de reflexión— sobre lo que significó el movimiento de independencia protagonizado por Simón Bolívar. Primer punto: los españoles de hoy — lo hemos visto con motivo de la celebración del segundo centenario del nacimiento de Bolívar— ensalzan la figura del Libertador y ven en él el símbolo y punto de referencia para estrechar lazos de amistad con unas naciones que se desgajaron del Imperio español de Ultramar y que llaman a España la Madre Patria. Segundo punto: tradicionalmente, y así se ha escrito infinidad de veces, se nos ha dicho que España llevó a América lo mejor de sus gentes y de su cultura, realizó al otro lado del Océano una magnífica labor cultural, social y religiosa, construyó iglesias y organizó universidades, luchó, en fin, por los derechos de los indios.
¿No hay en todo esto una contradicción ¿no lucharon Bolívar y otros muchos padres de la patria contra los ejércitos de España ¿había razones objetivas para luchar por la independencia o eran simplemente los signos de los tiempos ¿no es verdad que Bolívar llegó a un cierto punto de desesperanza sobre la viabilidad de una América hispana unida y no es también verdad que entrevió —y así lo dijo doloridamente— que Hispanoamérica se convertiría en un mosaico de pequeñas naciones, algunas de ellas minúsculas, que más que naciones parecían fincas particulares?
Materia más que suficiente hay en todo esto para la reflexión. Y también la hay abundante con que nos detengamos a analizar, siquiera sea muy por encima, los cinco puntos básicos de las capitulaciones de santa fe:
1. Colón, sus herederos y sucesores ostentarían el título de almirante de todas las tierras por descubrir.
2. Llevaría también el título de virrey y gobernador de las tierras descubiertas, con el privilegio adicional de proponer tres personas para su gobierno: los reyes elegirían una de las tres.
3. Participación, en una octava parte, en el equipamiento de los barcos expedicionarios, con la contrapartida de una participación igual en las ganancias que se derivaran de la utilización de esos barcos.
4. Una participación adicional de una décima parte en las riquezas y mercaderías que se obtuvieran, una vez deducido el costo necesario para obtenerlas.
5. Otorgamiento para él o su teniente del derecho a actuar como juez en todos los pleitos que se suscitaran en aquellas tierras.
La historia posterior dejó bien claro que eran exdesivas estas concesiones de corte medieval, y que muy pronto entrarían en conflicto con el esquema de modernización del estado que los reyes católicos aplicaron a sus reinos peninsulares.
Pero a aquellas alturas de 1492 nadie, ni los clarividentes isabel y fernando, podía calcular los efectos de algo que, en el mejor de los casos, no pasaba de ser una hipotética y remota posibilidad, poco más que una corazonada. hay que decir también, en descargo de la a todas luces excesiva generosidad de los reyes católicos, que colón jugaba, veladamente al menos, al chantaje: si castilla no patrocinaba su empresa, otra corona europea lo haría. era, por tanto lógico que tuvieran que ceder a ciertas exigencias que, en el peor de los casos, no tendría consecuencia alguna fuera de la pérdida de las cantidades que en la empresa se invirtieran. tanto más cuanto que, de encontrarse nuevas tierras, podrían continuar su política de expansión territorial con vistas a hacer realidad sus planes de combatir a los turcos por el Oriente al mismo tiempo que por el Occidente, amén de los beneficios económicos que ello se derivarían.
Podría parecer que con cuanto se lleva dicho se pretende quitar méritos a quienes propiciaron la aventura de colón, al mismo colón y a cuantos, después de él, contribuyeron, con mejor o peor fortuna, con mejores o peores intenciones, a hacer realidad la magnífica hazaña, la impresionante epopeya de los conquistadores, de los colonizadores, de los evangelizadores, de los educadores, de tantos y tantos españoles y descendientes de españoles que fueron dejando por tierras americanas, de san francisco a la tierra de fuego, su sangre y sus afanes para mejorar su propia suerte y la suerte de sus hermanos de raza y de sangre, de los indios a ellos encomendados y hasta de los negros y demás esclavos que otros pusieron en su camino.
No se trata de eso. méritos los hubo, y muchos. Y es de justicia reconocerlos. También hubo deméritos, pero no estamos en tiempo y sazón de pedir cuentas a nadie por lo que fue y no debió ser. estamos en momentos de reflexión, estamos a tiempo de subsanar errores y desafueros pasados para que no se perpetúen situaciones que ni los reyes católicos ni colón ni cortés ni pizarro ni las casas ni fray junípero serra ni los jesuitas de las reducciones del paraguay..., ni Bolívar crearon, sino todo lo contrario.
Empecemos por conocer la historia de hispanoamérica, comenzando por colón y el descubrimiento, sin dejarnos llevar ni por los prejuicios de la «leyenda negra» ni por los triunfalismos de la «leyenda blanca». hay un punto de objetividad y desapasionamiento en el que no resulta tan difícil situarse si realmente se busca la verdad.