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Introducción Che Guevara

De Mienciclo E-books

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Che Guevara
de Colección Grandes Biografías


HUBO un tiempo, que quizá no haya pasado, en que el póster del «Che» ocupaba un lugar preferente en las paredes de los cuartos de trabajo o de los dormitorios de muchos jóvenes. En unas paredes en donde tal vez sustituyó a otros ídolos que traían otros mensajes o emitían en otra onda sonora o visual. En cierto modo podría decirse que el «Che» vino a provocar una especie de purificación, de blanqueo espiritual, del entorno íntimo de la juventud de los años sesenta, cuando los Beatles estaban revolucionando la música y cuando los guardias rojos se hallaban empeñados en imponer la «revolución cultural».

El mensaje de liberación transmitido por aquel póster tenía además un valor testimonial. De cómo un hombre, producto típico de la burguesía cultural y económica, fue capaz de identificarse con la causa de los oprimidos: los mejores años de su vida los consumió en un empeño —mitad realista, mitad utópico— por mejorar las condiciones humanas de lo que se ha dado en llamar el Tercer Mundo. Sus revoluciones tienen cierto aire de aventura, y si empleó métodos violentos, si en algunos momentos rindio culto a las armas, él, que no era violento, lo hizo porque no tenía o no supo encontrar otros caminos. No es una justificación, sólo una explicación, que en el fondo y en su caso concreto vienen a ser lo mismo.

La vida de ernesto guevara de la serna, el «Che», se desarrolla entre dos acontecimientos -el crack de 1929 y la gran depresión de los primeros años treinta y el mayo francés de 1968— que marcan dos hitos importantes en la historia del mundo occidental del siglo XX. La gran depresión fue el resultado de la trampa mortal que se montó a sí misma la sociedad de la opulencia, en la que unos pocos medían y tasaban las dosis de bienestar de la inmensa mayoría. El mayo francés fue un intento de salvarse del clima de agobiante hastío en que se hallaba metida la Europa consumista dentro del juego de unas instituciones encorsetadas por la tensión sostenida artificialmente por ese invento maquiavélico que se llamaba la «guerra fría».

Entre tanto, el Tercer Mundo seguía sumergido en su miseria, en una tremenda lucha por la subsistencia, sin horizontes ni ilusiones. por eso el «Che» adquirió dimensiones y resonancias de apostolado y redención entre quienes estaban oprimidos y entre quienes estaban sensibilizados para, al menos a niveles teóricos, hacer causa común con un movimiento de solidaridad internacional, de una solidaridad pura y simplemente humana.