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Introducción Charles Chaplin

De Mienciclo E-books

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CHARLOT se ha convertido en un personaje universal. De este personaje se ha dicho que llegó a ser el más popular entre todos, vivos o muertos. Con él, los hombres oscuros y anónimos de todos los rincones de la tierra se han sentido vencedores de la fuerza bruta, capaces de ridiculizar a los poderosos y de redimir a los humildes, de redimirse a sí mismos, aunque sólo fuera durante los minutos en que el pequeño vagabundo animaba la blanca pantalla de los cinematógrafos.

Charlot, el vagabundo mudo, se entiende con todos los hombres del mundo. En un lenguaje sin palabras, cuenta aventuras cada vez más hondas. Sus sentimientos se hacen cada vez más profundos y lúcidos y, por eso, también más incómodos para los felices, los omnipotentes y los puritanos. Y éstos le someten a una furibunda crítica: se le acusa de inmoralidad. Y esas críticas se desplazan enseguida hacia la propia vida de Xhaplin. Xon calumnias y escándalos pretenden silenciar a Charlot-Chaplin; no lo han conseguido.

No era fácil silenciar un mensaje hecho de gestos, que no de palabras, que llegaba desde hollywood. Pero Charlot, el patético vagabundo, no nació en Hollywood, en aquellos ingenuos y legendarios comienzos del séptimo arte. Su nacimiento hay que buscarlo mucho antes y en otros escenarios menos risueños; hay que buscarlo en las oscuras calles del suburbio londinense de finales del siglo XIX.

Su aprendizaje, muy rico en enseñanzas vitales, fue también doloroso. Nació de y en la orfandad y el desamparo, hundido en el fondo de una comunidad desplazada. La vida del suburbio, abigarrada y multiforme, le muestra sus caras más diversas: guiños ridículos y muecas desesperadas; héroes anónimos, humildes e inermes, o rufianes y pícaros, aferrados a increíbles ejercicios para sobrevivir y no despeñarse en un abismo cuyos bordes pisan constantemente.

Pero entre tanto derrumbe, la esperanza deja abierto un camino hacia la vida. De esa esperanza nació, también, el entrañable vagabundo. Sólo a partir de la esperanza pueden explicarse ciertas cosas: la defensa de los humildes y de los desvalidos; la lucha sublime y desproporcionada -aunque parezca ridicula— contra la injusticia; la superación incansable de la angustia y tantos otros sentimientos como suscita en nosotros ese inolvidable personaje, defensor casi siempre de causas que otros darían por perdidas.

A lo largo de las páginas que siguen se ofrecen las líneas maestras que condicionaron toda la vida de Chaplin-Charlot. Fundamentalmente su actitud desafiante y rebelde ante una sociedad que nunca acabó de comprender, que jamás le pareció justa. Es ésta la historia de una lucha continuada por la dignidad y la libertad. La diosa fortuna le señaló con el dedo en una edad temprana, madurada a golpes; esto le proporcionó una situación económica de privilegio, difícilmente vulnerable, desde la que siempre pudo decir lo que pensaba y lo que sentía. Simpática o no, su figura pertenece a la historia y será la historia quien la ha de juzgar.

Esta biografía termina prácticamente cuando muere Charlot y con él la larga andadura americana de Chaplin, sus alegrías y sus penas, sus optimismos y sus desengaños, sus luchas y sus triunfos, en un momento en que, tras repetidos fracasos amorosos, encuentra de nuevo la juventud del amor al lado de su dulce Oona, con la que emprende una nueva vida, perdidos ambos en algún rincón de la geografía europea.