Buscar por relevancia Buscar por título
Enviar este artículo por e- mail
cerrar

Añadir un comentario a este artículo
cerrar

Enlazar con este artículo
cerrar

Introducción Bartolomé de Las Casas

De Mienciclo E-books

Share/Save/Bookmark

Difícil lo tienen los historiadores a la hora de darle o quitarle razón a fray Bartolomé de Las Casas. Y podemos estar seguros de que no se pondrán de acuerdo, como podemos estar seguros de que los ríos de tinta que correrán en libros y revistas y las riadas de palabras que se precipitarán torrencialmente en conferencias, congresos y coloquios en los años próximos poco o nada harán variar las posiciones que desde los albores de la «civilización» humana han enfrentado a los espíritus cultos a la hora de enjuiciar los actos de los demás tomando como punto de referencia sus propias convicciones o sus propias intenciones, buenas o malas.

La tragedia de fray batolomé de las casas, como de cuantos se interesaron, en contacto con la realidad o desde sus cátedras, curias y bibliotecas, por la suerte de los «indios» en los comienzos del siglo xvi estuvo en que, como tantas veces ha sucedido, quisieron, en un acto de discutible buena voluntad, cohonestar el «sí, pero no» que tantos desafueros ha desencadenado o patrocinado a lo largo de la historia. Las leyes, que venían a reconocer los derechos y obligaciones de los indios como súbditos de la corona, siempre caminaban detrás de los hechos, que ya eran irreversibles, y los encargados de aplicarlas tuvieron que plegarse a la realidad de buen o mal grado.

En realidad no se trata de discutir si los hechos denunciados por fray Bartolomé de las casas se ajustaban o no a la realidad, sino de si la teoría aplicada a la solución de situaciones concretas era compatible con los principios «evangélicos» en nombre de los cuales se pretendía justificar no sólo el derecho sino el deber de imponer de grado o por la fuerza una religión y una cultura que se autodefinían como superiores y necesarias a todos los hombres. los indios tenían que ser salvados a pesar de ellos. por eso, los evangelizadores se sentían obligados a conseguir que los indios aceptaran su obligación de ser redimidos en virtud de un mandato divino.