IX. Treinta y Cinco Películas para Mack Sennett
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Introducción
ERAN películas muy cortas. De diez o quince minutos de duración, o como dicen en la industria del cine, de uno o dos rollos. Pero esas treinta y cinco películas realizadas en poco menos de un año, la mayor parte de ellas dirigidas por él mismo, le han enseñado la rudimentaria técnica con la que por entonces se hacían las películas. Los perspicaces ojos azules de Charlie Chaplin observaban todo, estudiaban todo, aprendían todo:
La mecánica de la dirección era sencilla en aquellos días. sólo había que saber distinguir la derecha de la izquierda para las entradas y los mutis. si salíamos por la derecha en una escena, entrábamos por la izquierda en la siguiente. si uno salía en dirección a la cámara, entraba dándole la espalda en la escena siguiente. eran unas reglas primarias. pero el emplazamiento de la cámara era y sigue siendo el acento en el lenguaje del cine.
Pero Charlie Chaplin había entrado con mal pie en los estudios de la Keystone Company. Era demasiado joven y demasiado buen actor, en un grupo de actores de cierta edad y pagados de sí mismos. Como ya le había sucedido en Inglaterra, su talento le creó enemigos que hicieron lo posible para obstaculizar sus progresos. Ford Sterling y Mabel Normand, muy populares ya entonces, pusieron sus barreras para impedir los rápidos ascensos en la carrera del actor.
Un día, después de una formidable discusión con Mabel Normand, Mack Sennett decidió prescindir de los servicios del joven inglés. Creaba demasiados problemas y tenía demasiadas ideas para aquellos tiempos. Charlie Chaplin comprendió que sus días de gloria habían terminado, pero se había entregado con tanta pasión a su trabajo que sentía abandonar aquel mundo lleno de posibilidades. De todas formas, siempre podría regresar a la compañía de Karno.
Pero nada de esto sucedió. Al día siguiente de la discusión, Chaplin fue llamado por Sennett. El jefe de la compañía se mostró muy amable con el pequeño inglés. Le dijo que todos en el estudio lo apreciaban y valoraban mucho su talento. El repentino cambio de actitud de Sennett produjo una cierta desconfianza en Charlie. Pero meses más tarde Chaplin se enteró de la razón de ese cambio. La Keystone había recibido un telegrama urgente de la empresa comercializadora de sus películas en Nueva York en donde los acuciaban para que produjeran más películas de Chaplin. En su estreno habían sido acogidas con gran éxito.
Para la distribución de estas películas, la Keystone acostumbraba editar veinte copias para que la explotación del film pudiera realizarse en veinte puntos distintos. Cuando una película tenía éxito y los propietarios de los locales pedían copias para exhibir la película, esta edición se ampliaba a treinta copias; entonces se podía considerar que había obtenido un éxito. La cuarta película que Charlie Chaplin realizó para Mack Sennett llegó a las cuarenta y cinco copias, y las peticiones no cesaban de llegar. Sennett tenía muy buenas razones para cambiar su actitud ante Chaplin.
A hollywood llega la sombra de la guerra
La vida en aquel pequeño arrabal de la ciudad de Los Angeles transcurría alegremente para los habitantes de la pequeña colonia cinematográfica. Hacían fiestas, barbacoas, bailes, y procedían con un envidiable espíritu de compañerismo y camaradería. Los tiempos de los celos profesionales y de la envidia habían pasado ya. Chaplin era conocido y querido por todos sus colegas; desde Mack Sennett al último electricista de los equipos de rodaje le llamaban amistosamente Charlie.
Pero Charlie Chaplin, un feroz individualista, que hasta este momento había tenido que pelear muy duramente por su supervivencia, empieza a comprender la influencia que para todo el mundo puede tener la intransigente actitud de Alemania. Poco a poco empieza a fraguarse en Europa la primera guerra mundial.
Aunque Hollywood está muy lejos del centro del conflicto, la gente con una sensibilidad desarrollada, como Chaplin, estaba inquieta. La mayoría, sin embargo, pensaba que, en caso de guerra, ésta no duraría más de cuatro meses. La ciencia podría impedir el sacrificio de vidas humanas. Pero todos estaban equivocados. La primera guerra mundial estalló a primeros de agosto de 1914, sin que nadie pudiese ofrecer una razón clara para ello. Hubo quien dijo que era debido al atentado contra el archiduque Francisco Fernando y su esposa, la princesa de Honenberg, en Sarajevo. Era una explicación insatisfactoria. Otros dijeron que la razón de la guerra era la democracia. Pero sea cual fuese el motivo que llevó a tantas naciones a una guerra, lo cierto es que la humanidad no había presenciado una guerra tan sangrienta desde sus comienzos. Nueve millones de soldados murieron y más de veinte millones resultaron heridos en la contienda.
Cuando esta guerra comenzó, nadie podía imaginar que fuera a resultar tan salvaje. En Hollywood seguían haciéndose películas y hasta que, dos años después, los Estados Unidos declararon la guerra a Alemania, nadie en América era consciente de la gravedad del conflicto.
Títulos para una antología del cine
Charlie Chaplin continuaba realizando su trabajo, cada vez mejor y cada día con más éxito. En octubre de 1914, realizados ya sus films de mayor éxito en la Keystone, afianzada su posición en la industria del cine, reclama a su lado a Sidney, su hermanastro, con quien no ha dejado de escribirse en todos estos años.
Mack Sennett se muestra complacido por tener a otro Chaplin en su compañía. El pequeño vagabundo ha resultado una mina de oro inagotable. Algunas de sus películas producen más dinero que la producción de un mes en los estudios. Charlie Chaplin no lo sabe, porque se lo ocultan, pero su popularidad en el mundo crece día a día. Sidney Chaplin entra en el departamento comercial de la Keystone Company, con un sueldo superior al de su hermano. Hannah Hill, la madre de ambos, ha quedado en Inglaterra esperando tiempos mejores, pero sus hijos la han sacado ya del asilo de Lambeth y se encuentra inmejorablemente atendida en un sanatorio particular.
Algunas de las películas que Charlie Chaplin ha hecho para Mack Sennett han conseguido franquear la barrera del tiempo y de las dificultades y figuran entre las obras maestras del celuloide rancio (que dicho sea entre nosotros, es una mala manera de referirse a aquellas películas de cine mudo). Son, por ejemplo:
Veinte minutos de amor, en la que toda la acción se desarrolla en un parque en el que el pequeño vagabundo —Chariot— y otro ratero roban un reloj e intentan conquistar con él a la hermosa Mabel Normand.
El gas de la risa, en donde el pequeño vagabundo es el ayudante de un médico dentista que se hace pasar por su patrón, creando una situación inimaginable de gags atropellados y enormemente divertidos; o la obra maestra de Charlie Chaplin en la Keystone:
Dinamita y pastel. El pequeño vagabundo es aquí pastelero en un restaurante en el que dos anarquistas preparan un atentado intentando introducir un paquete de dinamita en el horno. La película es una gran batalla en la que los sacos de harina adquieren un importante papel.
El orgullo de los humildes
A lo largo de los films rodados para Mack Sen-nett están apuntados, pero no desarrollados, los rasgos más importantes del pequeño vagabundo. Una insólita relación se establece entre Charlie Chaplin y su personaje, en la que habitualmente manda el pequeño vagabundo. Desde la primera vez que Chaplin se invistió de las características de su personaje, éste adquirió vida propia, sugiriéndole situaciones y chistes visuales que jamás se le hubieran ocurrido a Charlie Chaplin. El personaje se imponía. A su manera era un rebelde, un hombre maltratado por una sociedad de la que se vengaba inconscientemente. Hay una ferocidad en estas primeras películas del pequeño vagabundo que va desapareciendo progresivamente a medida que los rasgos psicológicos del personaje se van definiendo.
Chaplin no dudaba cuando el pequeño vagabundo debía dar una furiosa patada en el vientre del burgués bigotudo, únicamente porque reía demasiado. Ni tampoco vacilaba en introducir un helado de vainilla en el escote de una dama que le desagrada. Estas características de crueldad y violencia, llenas de humor, esta ferocidad con la que el vagabundo desarrolla su venganza contra la sociedad, son lentamente sustituidas por un sentido poético más generalizado y tal vez más vulgar.
Pero una cosa es cierta: las treinta y cinco películas que Charlie Chaplin realizó para la compañía Keystone actuaron en el mundo como un revulsivo social. En las salas oscuras del cine la gente podía reírse de sus propias frustraciones, podía por primera vez identificarse con las peripecias de ese pequeño vagabundo, vapuleado por la vida, pero también, lleno de dignidad, que sabía defender sus razones primeras, su supervivencia y su orgullo. Su propia individualidad.
En un mundo en el que la primera guerra mundial estaba arrasando cualquier sentimiento de seguridad en unas instituciones sociales que se tambaleaban al compás de los cañonazos y los bombardeos, el pequeño vagabundo era capaz de reírse y entablar su propia guerra contra las amenazas más inmediatas a la vida cotidiana de cualquier habitante de la Tierra. Esta confianza en las propias fuerzas, esta fe en el futuro que sin ninguna duda Charlie Chaplin adquirió en sus infernales años de infancia, le hicieron conectar con la sensibilidad amenazada que reinaba en cualquier punto del mundo. Era el favorito, porque era el paladín de una causa secreta: el orgullo de los humildes.