III. Suiza, su Segunda Patria
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Introducción
EN 1900, Einstein terminó sus estudios superiores y tuvo que enfrentarse con la realidad de la vida práctica. Mientras fue estudiante, contó con la ayuda económica de un pariente relativamente rico, que le enviaba 100 francos suizos mensuales, con los que podía atender sus necesidades esenciales. Pero al terminar los estudios tuvo que buscar trabajo. La salida más normal hubiese sido continuar como ayudante de algún profesor en la Escuela Politécnica, e iniciar así la carrera académica.
Peculiar relación con los profesores
Pero esta posibilidad no existió para Einstein a causa de sus peculiares relaciones con sus profesores. A este respecto escribe Carl Seeling: «Desde 1875 hasta 1912, en que murió, Weber explicó Electrotécnica en la Escuela Técnica Superior; entonces era una ciencia nueva, y él fue uno de sus primeros cultivadores. Como en sus enseñanzas se aferraba cada vez más a los más viejos principios, Einstein estudió sin gusto su Introducción a la Física teórica, pues quedaban defraudados sus deseos de saber algo nuevo sobre la teoría electromagnética de la luz, de Maxwell. Por tanto, se fumaba las clases con frecuencia, aunque no dejó de acudir al laboratorio de Física de Weber. Esto dio lugar a cierta tirantez en las relaciones de Einstein con el profesor, pues a éste le molestaba además, la costumbre que tenía Einstein de dirigirle la palabra diciéndóle señor Weber, en lugar de señor profesor. “Usted es un muchacho inteligente, Einstein, muy inteligente —reconocía él profesor—, pero tiene un gran defecto: no hace usted caso de nadie.” Tres días antes del examen de fin de carrera censuraba Weber que Einstein no hubiese empleado para su tesis el tipo de papel prescrito. Aquel trabajo trataba de la conducción del calor, tema por el que Einstein había sentido muy poco interés. El profesor se empeñaba en que había que copiarlo de nuevo, en el papel adecuado. Más tarde impidió que Einstein, tras la obtención del diploma, fuese su ayudante, prefiriendo, en cambio, a dos ingenieros mecánicos. Aquello resultó una píldora muy amarga para Einstein, pues sus tres compañeros fueron nombrados inmediatamente ayudantes. Grossmann lo fue de Fiedler; Ehrat, de Rudio, y Krollros, de Hurwitz.»
El mismo autor cuenta que el afán de independencia que sentía Einstein le hizo irritar al profesor Pernet, por no atenerse a la hoja que se entregaba a los alumnos señalándoles cómo debían hacer los ejercicios prácticos y el método a seguir para su ejecución. Parece que Einstein solía tirar a la papelera las hojas de instrucciones que les entregaban y resolvía los problemas a su manera. Este proceder indignaba tanto al profesor Pernet, que, en cierta ocasión, preguntó a su ayudante:
—¿Qué piensa usted de Einstein? No hace las cosas como yo he ordenado.
—En efecto, señor profesor —respondió el ayudante—; pero sus soluciones son correctas y los métodos que emplea siempre resultan interesantes.
Fin de carrera y búsqueda de un empleo
En el verano de 1900, Einstein obtuvo la licenciatura de Física con una puntuación media de 4, 91. La puntuación máxima era de seis puntos. Lo primero que tenía que hacer era buscarse trabajo, ya que en lo sucesivo no recibiría los 100 francos suizos que le habían permitido terminar la carrera, y su familia pasaba por una mala situación económica. El porvenir se le presentaba más bien oscuro. Tenía a la sazón veintiún años, y su ambición inmediata era encontrar un empleo de profesor en una escuela secundaria, lo cual no resultaba fácil por su condición de extranjero. Para mantenerse a flote en Zurich aceptó realizar algunos trabajos de cálculo por encargo del profesor Alfred Wolfer, director del Observatorio Astrónimo Confederal.
En la primavera de 1901 le surgió el primer empleo. Con este motivo escribe una carta rebosante de satisfacción al profesor Alfred Stern, en la que dice lo siguiente:
Me han pedido que me encargue de las clases de matemáticas en la escuela técnica de winterthur desde el 15 de mayo hasta el 15 de julio, pues el profesor de la asignatura tiene que hacer el servicio militar durante esos dos meses. estoy loco de alegría, pues hoy he recibido noticias de que todo está definitivamente listo para mi incorporación al trabajo. no tengo ni la menor idea de quién pueda ser el filántropo que me ha recomendado, ya que lo único que sé es que no gozo de muy buena fama entre mis antiguos profesores, ni yo me había ofrecido para ese puesto. También tengo la esperanza de encontrar más adelante una ocupación estable en el Registro Suizo de Patentes. ¿Qué voy a decirle ahora de toda su bondad para conmigo y del cariño paternal que me dispensó y que tanto bien me hizo siempre que pude visitarle? Me consta que usted lo sabe muy bien y que no quiere oír hablar de ello. Pero lo cierto es que nadie supo ayudarme como usted, y que cuando más de una vez acudí a su casa con el ánimo triste y apesadumbrado, siempre salí de ella reconfortado, habiendo recuperado mi equilibrio interno. Mas para que ahora no se ría usted demasiado de mí, añadiré que sé muy bien que soy un alegre pinzón y que, no teniendo una indigestión o algo por el estilo, no soy propenso a la melancolía… En los próximos años pasaré a pie por el Splügen para añadir un placer al ya grato deber.
Einstein se hallaba a la sazón en Milán, visitando a su padre enfermo, y pensaba regresar a Suiza calzando las botas de siete leguas para recrearse en la contemplación de la Naturaleza.
A su regreso de Milán se enteró de que le había sido concedida la nacionalidad suiza el 21 de febrero de 1901. Además de que era un profundo deseo, esta situación tenía para él una doble importancia: por una parte, se convertía en ciudadano de un país tradicionalmente pacifista y liberal; por otra, le abría las puertas a trabajos reservados, o a los que tenían preferencia los naturales suizos. Es más, ni siquiera tuvo que prestar el servicio militar obligatorio, ya que en el reconocimiento fue declarado inútil por tener los pies planos y padecer varices.
El primer escrito científico
También en aquel año se inició en el campo de la divulgación científica. La revista Anales de Física le publicó un extenso trabajo de Física teórica titulado Consecuencia de los fenómenos de capilaridad, que tuvo cierta resonancia entre los estudiosos universitarios.
Por un anuncio se enteró de que existía una plaza vacante de preceptor en un internado de chicos de la localidad de Schaffhausen, y solicitó el empleo, que le fue concedido por recomendación de su compañero de estudios Conrad Habicht. Sin embargo, parece que no se mostró muy eficiente en la preparación del alumno que le fue encomendado, un muchacho de diecinueve años con pocas ganas de estudiar; por lo cual, Einstein se desentendió también de sus deberes de preceptor. La consecuencia es que fue despedido por discrepancias con el director del internado.
Las vacaciones de primavera de 1902 las pasó Einstein con su familia en Milán. Su padre, que había sido para él un compañero y amigo, se hallaba muy enfermo; tanto es así, que fallecería el 10 de octubre del mismo año. En Milán tuvo noticias de las gestiones que el padre de su amigo y condiscípulo Marcel Grossmann estaba realizando en la Oficina de Patentes, y el 14 de abril de 1902 le dirigió la siguiente carta:
Querido marcel: cuando recibí ayer tu carta, quedé impresionado por tu fidelidad y tu filantropía, que no te han permitido olvidar a tu antiguo y desgraciado amigo. creo firmemente que nadie ha tenido amigos mejores de los que tú y ehrat lo habéis sido para mí. no necesito decirte que sería feliz si pudiese conservar un círculo de acción tan estupendo, y que emplearía todas mis fuerzas para no ser indigno de vuestra recomendación. hace tres semanas que estoy aquí, en casa de mis padres, y busco un puesto de ayudante en alguna universidad. hace tiempo que lo habría encontrado si weber no me hubiese hecho ninguna mala pasada. a pesar de eso, no me desanimo y sigo buscando sin ponerme de mal humor… Dios creó al asno y lo dotó de un pellejo duro.
Nos hace un tiempo primaveral, y el mundo entero le sonríe a uno de modo tan acogedor, que uno no tiene más remedio que desterrar de sí al antiguo hipocondríaco. además, aquí me trato con gentes amigas de la música, que evitan que se me agrie el humor...
En el terreno científico se me han ocurrido un par de ideas que aún están por madurar. creo firmemente que mi teoría de las fuerzas de atracción interatómica se puede extender también a los gases, y que se podrían averiguar sin gran esfuerzo las características constantes para casi todos los elementos. se podría adelantar mucho en la cuestión de la orientación interna de las fuerzas moleculares con las fuerzas a distancia de newton. para probar la teoría quizá se pueda recurrir a las investigaciones que otros han hecho ya con fines distintos. en ese caso aprovecharé para mi tesis doctoral todo lo que se ha descubierto hasta ahora sobre atracción molecular. ¡qué maravillosa sensación se experimenta cuando se descubre la unidad de un complejo de fenómenos que ante la percepción sensible aparecían como cosas completamente independientes!