Cristóbal Colón
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(¿Génova?, ¿1451? - Valladolid, 1506). Navegante genovés. Su origen, fuente de numerosas investigaciones, es hoy prácticamente seguro. De estrato social humilde, demostró desde muy joven un gran amor por la navegación, que le llevó a enrolarse como marinero en barcos comerciales. Desarrolló esta actividad durante algunos años, y más tarde (1476) se instaló en Portugal, trabajando como agente de una casa comercial genovesa. En este país, contrajo matrimonio con Felipa Moniz de Perestrello, miembro de una familia con grandes preocupaciones científicas y descubridoras. Su relación con los Moniz le llevó a abandonar sus actividades comerciales y dedicarse a su formación científica como navegante, interesándose no sólo en las técnicas de la navegación, sino también en matemáticas, astronomía y cartografía. Por mediación de su suegro tuvo acceso a algunas cartas del humanista Toscanelli, cuyas ideas fueron haciendo mella en él; Toscanelli pensaba que la Tierra era redonda y que por tanto, sería mucho más fácil llegar a Oriente (en busca de especias) pasando por Occidente; en estas ideas había varios errores, como el cálculo, muy por debajo de la realidad, del espacio ocupado por las aguas. No obstante, Colón preparó su proyecto basándose en las teorías del humanista italiano. Una vez concebido el plan, empezó proponiendo la realización del viaje a Juan Il de Portugal, que tras convocar una reunión de técnicos, denegó su ayuda para el proyecto. Esta negativa, unida a los cambios que se habían efectuado en su vida personal (muerte de su esposa, dificultades económicas, etc.) le llevaron a trasladarse al reino de Castilla. En su camino a la Corte pasó algún tiempo en el monasterio de La Rábida, donde su proyecto contó con dos grandes defensores: fray Juan Pérez y fray Antonio de Marchena. Tras su petición a los Reyes Católicos, éstos convocaron la Junta de Salamanca, para dilucidar la viabilidad del plan. El dictamen de la Junta fue negativo, pero la reina Isabel vio grandes posibilidades para la expansión castellana en la consecución de la empresa, por lo que acabó aceptando financiar el viaje.En 1492 se firmaron las capitulaciones de Santa Fe, por las que Colón se convirtió en almirante de la flota castellana, consiguió el título de virrey y obtuvo el derecho a percibir la décima parte de todo lo que conquistara. La expedición salió de Huelva (España) el 3 de agosto de 1492, con una flota de tres barcos, Pinta, Niña y Santa María. El 12 de octubre llegaron a las actuales Bahamas, tierra que Colón llamó San Salvador, y posteriormente, a Fernandina, Isabela, Cuba y La Española, en la que se construyó el primer enclave castellano de las nuevas tierras. Tras un viaje mucho más largo de lo previsto, se inició el regreso a España, desde unos lugares que los expedicionarios tomaron por islas asiáticas. Durante la travesía un temporal separó las naves, que arribaron a distintos puertos de la península: la Niña Lisboa y la Pinta a Galicia (la Santa María había encallado en La Española). Después de un recibimiento triunfal en España, Colón realizó tres viajes más. En el segundo, comenzado en 1493 y terminado en 1496, llegó a las pequeñas Antillas, Jamaica y Puerto Rico, dio la vuelta a casi toda la isla de Cuba y construyó un nuevo emplazamiento en La Española, llamado La Isabela, ya que los nativos habían destrozado el primitivo fuerte. En su tercer viaje de 1498 a 1500, descubrió la zona costera de la desembocadura del Orinoco y las islas de Cubagua y Trinidad. Durante su estancia en La Española surgieron graves problemas con los españoles residentes en la zona, cuyas ideas eran opuestas a las de Colón. Éste, pese a su título de virrey, carecía de dotes de gobierno y pretendió sin éxito imponer sus planes sobre la formación de centros de actividad comercial, enfrentándose a los deseos de colonización y conquista, enraizados en el espíritu de los castellanos. Su actuación provocó el envío de numerosas quejas a los Reyes Católicos, quienes mandaron como inspector a Francisco Bobadilla, el cual ordenó encarcelar a los tres hermanos Colón, Cristóbal, Diego y Bartolomé y, al poco tiempo los embarcó con rumbo a España. Los reyes desagraviaron al almirante y financiaron su cuarto y último viaje. La expedición zarpó en 1502, y en su transcurso se descubrieron las tierras costeras de Centroamérica.
Para evitar conflictos, los Reyes prohibieron a Colón tocar La Española en su cuarto viaje, emprendido el 11 de mayo de 1502 junto con su hermano Bartolomé y su hijo Hernando, tocando las islas Caribes, Santa Lucía o Martinica, Santa Cruz, Puerto Rico, Honduras. El viaje resultó descorazonador, pues el paso hacia las Indias, en el que Colón aun creía firmemente, no aparecía por ninguna parte. Parece ser que las penalidades y el carácter altivo de Colón empujaron a la tripulación a rebelarse, a lo que se sumó una fuerte tormenta y el mal estado de las naves. De vuelta a España, Colón ha de ocuparse de hacer valer sus derechos, pleiteando con la Corona. A pesar de habérsele reconocido algunas mercedes, la situación interna de los reinos ha cambiado profundamente, tras fallecer la reina Isabel. Las reclamaciones al rey Fernando no son atendidas como quisiera, encontrándose éste en una difícil coyuntura política por la posible llegada al trono de Felipe el Hermoso. No obstante, Colón aun conserva algunas amistades entre los personajes influyentes de la corte, como Diego Hurtado de Mendoza o Cisneros.
Continuó recibiendo sus rentas procedentes de las Indias, lo que anula la tesis tradicional de que Colón pasó los últimos años de su vida en la pobreza; tampoco las acusaciones y la pérdida de prestigio de su figura condicionaron su descrédito entre la nobleza, puesto que mantenía el título de almirante y parte de sus privilegios. Por otra parte, tras el matrimonio de su primogénito con María de Toledo, la familia Colón entroncó con el poderoso linaje de los duques de Alba. En mayo de 1505 se trasladó a Segovia y se entrevistó con el rey, quien demoró nuevamente la concesión de sus peticiones. Se encontraba establecido en Valladolid cuando se produjo la llegada de Felipe I el Hermoso y Juana la Loca a España; su precario estado de salud le impidió trasladarse a Laredo para estar presente en el recibimiento, poco despues del cual murió en la ciudad de Valladolid aquejado de gota y otras enfermedades el 20 de mayo de 1506. Fue enterrado en la Cartuja de las Cuevas de Sevilla y en la década de 1530 se dispuso el traslado de sus restos a la catedral de Santo Domingo. Posteriormente se ordenó la exhumación del cadáver para su entierro en La Habana (1795) y después en Sevilla (1899), aunque la autenticidad de los restos trasladados en estas dos últimas ocasiones ha sido puesta en duda.