Bartolomé de Las Casas
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Grabado de Fray Bartolomé de las Casas, Retratos de los españoles ilustres (1801); de esta lámina, obra de los hermanos José y Vicente López de Eguídanos, proceden todos los retratos modernos. |
Casas, fray Bartolomé de las (Sevilla, 1474 - Madrid, 1566), obispo de Chiapas, protector de los indios. Llegó con su padre a La Española en 1502, donde se estableció como encomendero. Se ordenó sacerdote en 1512. Impresionado por un sermón de fray Montesinos|Antonio de Montesinos contra la esclavitud de los indios, renunció a su encomienda (1515). Alentado por otros religiosos, viajó a España, donde expuso ante Fernando el Católico, y luego ante Cisneros, la situación en las Indias y sus propios criterios para remediarla: la conquista entendida exclusivamente como obra de evangelización, la unidad de Castilla y las Indias bajo una misma Corona (lo que implicaba igualdad de derechos para los nativos), el autogobierno de los indios bajo el mando de sus jefes naturales, la ilicitud de la guerra de conquista, de la esclavitud y, por tanto, de la encomienda. Cisneros cambió la administración de Indias y atendió parcialmente sus peticiones, enviando a tres gobernadores jerónimos para implantar las reformas. Volvió a América con el título de Protector de los Indios (1517), pero no aceptó la contemporización de los jerónimos con los encomenderos y conquistadores, y regresó a España el mismo año, destituido ya por Cisneros. Se apoyó en los consejeros flamencos del joven Carlos I, y obtuvo del rey el permiso para iniciar en Tierra Firme un nuevo plan de colonización, evitando la explotación de los indios en las tareas mineras y creando explotaciones agrícolas mediante la emigración de labradores castellanos que enseñaran a los indios en haciendas mixtas. Fruto de sus gestiones ante la Corte fue la declaración de libertad personal en favor de los indios y la creación del Consejo de Indias. Respecto a las Antillas, donde ya desesperaba de cualquier posibilidad de reforma, propuso evitar la definitiva extinción de la población india importando esclavos negros (tráfico ya tradicional en las posesiones portuguesas), única de sus propuestas destinada al éxito inmediato y de la que se arrepentiría posteriormente. Partió en 1520 con un contingente de colonos (muchos de ellos, miembros recién vencidos en la guerra de las Comunidades de Castilla), quienes le abandonaron nada más llegar a América para unirse a la expedición de Ponce de León a la Florida. Llegó a Tierra Firme (Cumaná) casi solo, y fue recibido con hostilidad por los indios, confirmando con su fracaso, a los ojos de conquistadores y encomenderos, la necesidad de someterlos por la fuerza. En 1522, aislado y derrotado, entró en la orden dominicana, en Santo Domingo, y se dedicó al estudio de la teología y del derecho, buscando una fundamentación teórica a sus ideas inflexibles; empezó a redactar por entonces su Historia de las Indias y el tratado De unico vocationis modo omnium gentium ad veram religionem, denunciando las conversiones forzosas de los nativos. En constante conflicto con las autoridades, viajó a Puerto Rico, encargado de la reforma de su orden, y a México, donde fue detenido y devuelto a Santo Domingo por predicar la devolución a los indios de todo lo incautado por los conquistadores. En 1536 emprendió su segundo, y esta vez afortunado, intento de colonización pacífica en la Vera Paz (antigua Teziutlán) de Guatemala, excluyendo a los encomenderos y atrayéndose a los indios por métodos pacíficos. En 1540, tras pasar por México, se hallaba de nuevo en España con el fin de reclutar misioneros. En 1542 se promulgaron las Nuevas Leyes de Indias, prohibiendo la esclavitud, regulando el trabajo de los indios y limitando drásticamente la institución de la encomienda. Triunfo indudable de la tozudez de De las Casas, pero también del trabajo de brillantes juristas y teólogos como Francisco de Vitoria y muchos otros, las Nuevas Leyes suscitaron violenta oposición en América, pero no contentaron al dominico, que siguió insistiendo ante el Consejo de Indias desde posiciones cada vez más extremadas, como la devolución de los bienes incautados a los indios y el que éstos se beneficiaran del fruto de su trabajo, y la prohibición de toda guerra de conquista; de hecho logró que, al menos, las expediciones pasaran a ser desde entonces oficialmente las expediciones de descubrimiento y población; logró, también, que se prohibiera el bautismo no consentido libremente de los indios. A finales de 1542 redactó en Valencia su obra inmortal, la Brevísima Relación de la Destrucción de las Indias, dirigida a Felipe II. Planeó por entonces viajar a Asia para aplicar allí sus ideas de evangelización pacífica; le fue ofrecido el obispado del Cuzco, que rechazó, pero aceptó el de Chiapas, por su proximidad a la Vera Paz; llegó a su diócesis en 1545, y se enfrentó de inmediato con sus diocesanos (instrucciones a los confesores para que negaran los sacramentos a cuantos poseyeran esclavos y no devolvieran lo obtenido en la encomienda). Asistió en México a una reunión de obispos convocada con el fin de resolver sobre el trato dado a los indios (1546), y aunque sus ideas fueron parcialmente aceptadas resolvió volver a España para insistir ante la Corte; llegó en 1547, y ya nunca regresaría a América. A este último período, tras renunciar a su obispado, pertenece su célebre polémica con Ginés de Sepúlveda, defensor del derecho de conquista, celebrada ante el Consejo de Indias y un grupo de consultores seleccionado de entre los más grandes teólogos y juristas de la época (Soto, Carranza, Melchor Cano), en agosto y septiembre de 1550. Continuó su incansable labor literaria y propagandística en Sevilla y en Madrid (en 1564 todavía sostenía el derecho de los indios a guerrear con los españoles hasta el día del juicio), y murió a los 92 años, en el convento madrileño de Atocha. La Brevísima Relación, duro panfleto en contra de la política colonial en las Indias, utilizado como un alegato contra España por las potencias rivales europeas, constituye uno de los orígenes de la llamada leyenda negra, y ello ha servido para realzar la figura de De las Casas en cierta historiografía partidista o doctrinaria. En realidad, De las Casas es una figura señera entre tantos intelectuales que abogaron en España y en América por una colonización justa, pacífica y respetuosa, configurando un vasto movimiento sin equivalente en ninguna otra historia colonial, e influyendo notablemente en la legislación de Indias.
Obras
- Historia de la destrucción de las Indias
- De único vocationis modo, conocida en español como Del único modo de atraer a todos los pueblos a la verdadera religión, 1537
- Brevísima relación de la destrucción de las Indias
- Los dieciséis remedios para la reformación de las Indias
- Apologética historia sumaria
- De thesauris
- Treinta proposiciones muy jurídicas
- Obra indigenista