Apéndice VIII. Los Negros Después de su Liberación
De Mienciclo E-books
LA obra de Lincoln quedó incompleta. Salvo la República de Nigeria, que obtuvo su independencia en 1960, ningún país del mundo tiene hoy tantos negros como los Estados Unidos. Se trata, pues, de una minoría enorme. Y las luchas por conseguir unos derechos civiles iguales a los de los blancos se han desarrollado con enorme fuerza justamente un siglo después de que terminase la guerra de Secesión, que les liberó oficialmente de la esclavitud.
Las causas de que tras la guerra civil los negros liberados no obtuvieran una situación mejor o, por lo menos, estuvieran en mejores condiciones para emprender su lucha civil, son muy diversas.
En primer lugar, no pudo llevarse a cabo la política que Lincoln preconizaba: reforzar las instituciones federales, aunque respetando las peculiaridades y derechos de los Estados vencidos. Los elementos más turbios del Sur, aliados con los más turbios del Norte, comenzaron muy pronto a imponer sus criterios. Y pronto los gobiernos de los antiguos Estados de la Confederación estuvieron en manos de antiguos dueños de esclavos, ahora al servicio de intereses nordistas, pero apoyados por quienes en el Norte también habían defendido la esclavitud y por los nuevos intereses de los recientes propietarios.
A los negros se les respetaron unas cuantas concesiones de la Proclama Emancipadora: votar, tener propiedades, contratar y obligarse, testificar en los tribunales. Pero bajo ciertas condiciones. A esto se le denominó Código Negro. Colocó, pues, a los antiguos esclavos en situación de inferioridad permanente, ya que en el Sur, arruinado y esquilmado, muy pocos negros tuvieron posibilidad de comprar nada.
Después de Lincoln, el Gobierno federal nunca tuvo ideas claras sobre cómo ayudar a la emancipación del negro. Estableció, por ejemplo, una oficina para ayudar a la subsistencia y educación de los negros, pero no fue capaz de encontrar fondos para que la oficina cumpliese su cometido.
Esto es lo único que hubiese permitido a los negros alcanzar en un plazo relativamente breve una situación de igualdad.
Por otra parte, la ignorancia mantuvo a los negros en el Sur. Y los antiguos propietarios y la población sudista, a quienes a dos años del final de la guerra se les devolvieron sus derechos civiles plenos mediante una amnistía, se dedicaron a luchar por todos los medios —legales e ilegales— contra los ciudadanos negros.
Así surgió el Ku-klux-klan (fundado en 1866 en Tennessee y aparentemente disuelto pronto por propia voluntad en 1869) y los White Camelias. Eran asociaciones secretas y severísimas, que aprovecharon para sus fines las torpezas cometidas por unos pocos negros insolentados al final de la guerra civil. Las fogatas, las cruces ardientes, los capuchones y los asesinatos del Klan llenaron de terror las noches negras.
De este modo, con los terroristas secretos matando a los negros más insolentes o más decididos; los Estados votando enmiendas que recortaban los derechos de los antiguos esclavos; y finalmente, la afluencia de emigrantes europeos que ocupaban las fábricas, el negro quedó relegado a posiciones cada vez peores. Al terminar el siglo, el 90 por 100 de los negros americanos continuaban viviendo en el Sur.
Cuando quedó claro que los negros seguían en la ignorancia, las campañas de los antiguos propietarios esclavistas se multiplicaron en el terreno de la legalidad. Fueron consiguiéndose modificaciones en la legislación de cada Estado que, merced a trucos jurídicos basados en la Constitución, que deja libertad a los Estados, consiguieron normas para empeorar la condición del negro. De 1870 a 1900 se votaron tantas enmiendas, o los Tribunales recortaron tanto la Proclama Emancipadora, que en 1901 sólo uno de cada 100 negros iba a emitir su voto a las urnas.
Se dictaron leyes para separar a negros y blancos en fábricas, salidas, entradas, baños, ferrocarriles, tranvías, parques públicos, bares, cabinas telefónicas, cárceles municipales, campos de prisioneros, asilos y hasta cementerios.
En el ferrocarril, por ejemplo, el vagón de los negros no sólo era diferente, sino que formaba parte del carro de equipajes. Las campañas de propaganda contra la educación de los negros fueron tremendas. En 1916, por poner otro ejemplo, los municipios sureños gastaban 12,67 dólares para la educación de un niño blanco y sólo 3,90 para un niño negro. De esta manera se perpetuaba la ignorancia y la pobreza, se seguía ocupando a los negros en los trabajos agrícolas de siempre.
Se consiguió también imbuir a los obreros blancos de la idea de que los negros no estaban preparados, y además eran de poco fiar y en las huelgas se dedicarían a traicionarles, haciendo de esquiroles, rompe-huelgas que trabajaban a bajo precio. De este modo hubo sindicatos que negaron el derecho de afiliación a los negros. Fue muy sonado, por ejemplo, que el Sindicato de mineros aceptase a los negros.
La prensa del Sur, sentadas estas bases, insistió en que los negros que no quisieran dedicarse a la agricultura sólo podrían conseguir empleos como artesanos o criados.
Y, en efecto, poco a poco, América fue llenándose de limpiabotas, camareros y criados negros. Y cuando en alguna comunidad negra surgían protestas, se procedía al linchamiento por el Ku-klux-klan, o en plena calle, si las condiciones daban pie a ello. A finales de siglo, el número de negros linchados en el Sur llegaba a cien por año.
Los negros habían salido de la esclavitud, pero aún quedaba tiempo para que fuesen hombres libres.
Los negros, sin embargo, combatieron donde mejor podían: en el Norte. En 1890, más de 140 delegados negros de 21 Estados y el Distrito Federal de Columbia se reúnen en Chicago y organizan la Liga Afroamericana. Había comenzado la lucha legal.