Apéndice V. Los Partidos Políticos en Estados Unidos
De Mienciclo E-books
Como en muchos otros aspectos, en el siglo XIX, los Estados Unidos se adelantaron a los países europeos creando los primeros partidos modernos. Es decir, grandes organizaciones de masas que canalizan la opinión pública hacia la elección de representantes para los parlamentos y, al tiempo, llevan la opinión de los intereses minoritarios a esas masas populares.
Antes, en Europa y América, los partidos habían sido asociaciones de personajes notables o pactos esporádicos de grupos de personas que pensaban igual. Generalmente, operaban como asociaciones en los escasos y controlados parlamentos.
Los partidos americanos comienzan inspirándose en los conservadores y liberales ingleses, puesto que la colonia dependía de Gran Bretaña. Pero por la independencia, los americanos se vieron obligados a fortalecer sus partidos, ya que el voto, la consulta electoral, era decisiva para muchas cosas: en el nivel municipal, en el estatal y en el de la Unión o federal. Tuvieron que establecer métodos para el turno pacífico sin que, como ocurría en Europa, hubiese un rey que hiciese de árbitro.
Desde el principio los partidos de la Unión tendieron a ser pocos y fuertes, resultando al final un sistema de dos, que luchaban por la Presidencia de la Unión, sobre todo desde 1840, a partir de la reforma de Jackson, que concede el «voto amplio», general, no sólo para los que ganan cierta cantidad, como quería el Sur. Jackson también impuso otro rasgo muy americano: el «spoil system», cubrir ciertos puestos administrativos con los propios partidarios.
Los partidos estadounidenses no tenían periódicos, pero lucharon por conseguir en cada caso el apoyo de la prensa importante.
Los dos grandes partidos del XIX son el «Demócrata» y el «Liberal», directamente inspirados por los ingleses.
Después, y como consecuencia de la polémica sobre la esclavitud, el liberal se escinde, y surgen el «Republicano» y el «Americano»; este último tiene una vida muy breve. Se debate en el eclecticismo. Es el partido de los «nada sé». Demócratas y republicanos se reparten el poder hasta hoy, alternándose; aunque, cada cierto tiempo, un nuevo partido intente, inútilmente hasta ahora, sacar la cabeza afuera.
Incluso en el caso de la escisión por el tema del esclavismo, la característica fundamental de los partidos americanos fue su falta de ideología. Difieren en las medidas para solucionar casos concretos. Y cambian su programa según la ocasión.