Apéndice 5. Las Grandes Culturas Africanas
De Mienciclo E-books
HASTA hace todavía pocos años, en los países occidentales se pensaba que los africanos habían vivido en estado primitivo hasta la llegada de los europeos en el siglo XIX. Esta imagen de unos pueblos atrasados, que no habían salido de la edad de piedra e incapaces de aportar nada a la cultura mundial, fue elaborada por los colonizadores blancos para justificar su presencia en el Continente Negro como portadores de la civilización y el progreso. Es, sin embargo, una imagen absolutamente falsa.
El continente africano tuvo un proceso de desarrollo económico, social y cultural parecido al de otras regiones de la tierra, aunque dificultado por el aislamiento en que se hallaban muchos de sus territorios, sin posibilidad de recibir influencias ni comunicarse con el mundo exterior. A lo largo de esta evolución se levantaron estados e imperios, se crearon focos de cultura y civilización, se construyeron ciudades y se desarrolló un arte y un folklore propios, cuyas huellas han permanecido durante siglos y aun hoy pueden ser admiradas.
No debemos olvidar, en primer lugar, que Egipto forma parte de Africa y que su civilización, aunque poseyera muchos elementos procedentes de culturas orientales, fue elaborada por africanos, extendiéndose por todo el valle del Nilo hacia el interior del continente. No parece necesario resaltar aquí la importancia y el significado que tuvo Egipto en la historia. Bastará recordar que fue la primera gran civilización que conoció la humanidad, que pervivió durante miles de años, y que atrajo el interés del resto de los pueblos mediterráneos, creando un foco de penetración de otras culturas en el continente.
Al imperio egipcio le sucedió el de los kusitas, un pueblo que vivía en Nubia (hoy Sudán), que llegaron a invadir Egipto en el año 751 antes de Cristo, y que establecieron su capital en Meroe, a unos 160 kilómetros al norte de la actual Khartum, desarrollando una brillante civilización de la que quedan importantes ruinas. Una tercera civilización que sucedió a las anteriores fue la que surgió en el norte de Etiopía hace unos dos mil años, que tenía su capital en Axum. Los axumitas se lanzaron a explorar la vía marítima, y llegaron en sus expediciones comerciales hasta el golfo Pérsico, la India e incluso China. En el siglo IV, el cristianismo llegó a las tierras del imperio axumita, y el elemento religioso definiría a partir de entonces a una civilización, la etíope, que ha mantenido su identidad a través de siglos, hasta nuestros días, con su propio alfabeto y con una interesante literatura, arte sacro y liturgia. Pese a las presiones de árabes, somalíes, turcos, portugueses, ingleses e italianos, que en determinadas épocas consiguieron dominar a Etiopía, este país puede considerarse el único de Africa negra que conservó su soberanía nacional desde la antigüedad a los tiempos modernos.
Ya a finales del primer milenio de nuestra era, tuvo lugar la expansión árabe por todo el norte de Africa, desarrollando unos focos culturales, científicos y técnicos superiores a los que podían encontrarse en la Europa de aquella época. La influencia islámica rebasó pronto la frontera natural del Sahara, alcanzando extensas regiones de lo que hoy es Sudán y el Africa occidental, hasta el Golfo de Guinea, y desplazándose especialmente a lo largo de la costa este africana.
En las riberas del Indico encontraron los árabes una interesante civilización que estaba todavía en los inicios, la civilización swahili, que abarcaba una estrecha faja de terreno que comenzaba en Mogadiscio (Somalia), pasaba por las ciudades de Mombasa, Zanzíbar y Kilwa (Tanzania) y acababa en la actual frontera mozambiqueño-sudafricana. Desde estas ciudades se comerciaba activamente con Asia y se mantuvieron como núcleos de economía floreciente durante muchos siglos después. Los estados swahilis poseían una estructura social perfectamente organizada, y supieron enfrentar y resolver problemas de gran envergadura para su época y su situación: desde cómo cultivar tierras en condiciones climatológicas adversas hasta el descubrimiento de gran número de hierbas medicinales; desde la invención de medios de irrigación y conservación del suelo hasta la construcción de sistemas de autogobierno. Eran pueblos que no conocían la escritura y por ello es muy difícil reconstruir hoy su historia, pero han dejado muestras que nos permiten saber que alcanzaron un alto grado de progreso, como son sus cultivos en terrazas, su cerámica y sus herramientas de hierro.
También en otras partes del continente surgieron estados e imperios que lucharon entre sí por la hegemonía política de una región o por el predominio económico, tal como sucedió en Europa y Asia. Los más importantes fueron el imperio de Ghana, el de Malí, el de Songhay, el de Kanem y el Yoruba, todos ellos en el Africa occidental. Más tarde, en los siglos XI y XII, se levantó el monumento más grandioso de la cultura negra, las murallas exagona-les de Zimbabwe, otro imperio africano establecido en lo que hoy llamamos Rhodesia. Las murallas fueron destruidas y vueltas a levantar en el siglo XV, y todavía hoy pueden admirarse sus impresionantes ruinas. Hay que citar también al imperio del Congo, que sufrió un curioso proceso de occi-dentalización a raíz de sus contactos con los portugueses a finales del siglo XV, convirtiéndose su soberano al cristianismo en 1490. El imperio de Monomotapa, establecido hacia el año 1425 en Rhodesia y Mozambique, fue el último de los grandes estados africanos y pervivió hasta la llegada de los portugueses, a los que se atrevieron a enfrentarse militarmente sus habitantes en 1628.
El arte negro es producto de estilos étnicos y culturales de origen diverso, y se ha manifestado en las artes plásticas, la literatura oral, la música, la danza y la arquitectura. Pero donde alcanza su más alto grado de creatividad es en la escultura, en estatuillas de madera, barro, bronce o marfil, que en Europa se llamaron «fetiches». Sus primeras manifestaciones, muy interesantes, fueron las de la cultura Nok, localizada en Nigeria hace más de 3.500 años. Existen tres áreas escultóricas principales: región sudanesa (esculturas geométricas abstractas y máscaras antropomorfas); región guineana (esculturas de estilo más realista, en metal, marfil y orfebrería); región congoleña (se funde el realismo con la abstracción geométrica y llega a producir esculturas de tres y cuatro metros, en arcilla).
Esta breve enumeración de los principales focos culturales del Africa negra proporciona una evidencia suficientemente amplia de lo que fue el continente hasta la llegada de los europeos y el inicio de la trata de esclavos, que desmembró a los estados, despobló las tierras y destruyó los valores del hombre negro, provocando un salto atrás en el desarrollo social, político e intelectual. Sin embargo, algunos rasgos de la cultura africana lograron sobrevivir a los estragos del esclavismo y la colonización y constituyen hoy un importante legado para las generaciones del Africa independiente. Un buen ejemplo lo constituye el arte negro, cuya fuerza y belleza ha traspasado los límites de su continente y ha saltado a Europa, influyendo en muchos movimientos artísticos de principios del siglo XX.
El impacto del arte negro en Europa tuvo lugar después de la primera guerra mundial, pero la influencia de la escultura africana había empezado a verse claramente en los movimientos «fauve» y cubista, y en 1908 artistas como Picasso, Matisse, Braque y Juan Gris tenían ya importantes colecciones de máscaras y estatuas negras. En 1917 tuvo lugar la primera Exposición de Arte Negro en París. Al mismo tiempo, el «jazz» —la nueva música aparecida en Estados Unidos, pero desarrollada por negros y de claro origen africano— conquistó a los músicos occidentales, abriéndoles nuevas perspectivas.