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Apéndice 4. Los Organismos Sanitarios Internacionales

De Mienciclo E-books

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Apartir del siglo XIX, con el advenimiento de la industrialización, la sociedad dio un giro radical en todos sus aspectos. Se comenzó a fraguar una época en la que, ante problemas comunes, se darian respuestas colectivas.

Esto ha afectado notablemente a la sanidad, puesto que, siendo la enfermedad un problema mundial que incumbe a todos y cada uno de los países, se han ido creando una serie de organismos internacionales —de otra forma, la situación quedaría parcializada y sería poco efectiva— con el fin de plantear una lucha unitaria para combatirla.

La aparición de estos organismos pone de manifiesto la cooperación mundial, dejando a un lado ideologías, credos y religiones. Dos organizaciones que destacan con mucho sobre las demás por la labor que vienen desarrollando y el amplio consenso que encuentran, son la Cruz Roja y la Organización Mundial de la Salud (O.M.S.).

La Cruz Roja surgió con una finalidad muy definida: el destierro, en la medida de lo posible, de los horrores de las guerras y la obtención de una progresiva humanización de la misma; y se creó como consecuencia de un hecho muy concreto: la visión que tuvo su fundador, Henri Dunant, de las atrocidades cometidas en la batalla de Solferino (1859). Como la tarea exigía esfuerzos superiores a los que pedía desarrollar un solo hombre, este suizo altruista recabó la ayuda de Moynier, Appia, Mau-noir y el general Dufeur, todos ellos compatriotas suyos, que confirieron a la Cruz Roja un carácter totalmente aconfesional, neutral y apolítico. Como Suiza es un país tradicionalmente neutral, se decidió que su sede central estaría en Ginebra. A continuación se inició la elaboración de unas bases o estatutos y se puso el máximo empeño en obtener la colaboración del mayor número posible de países. Para ello se celebró la primera de una serie de convenciones internacionales en Ginebra. En ella se consiguió la seguridad de asistencia médica a cualquier herido de guerra del ejército de tierra, hecho que nos hace intuir la pavorosa situación en que se encontrarían dichos heridos antes de la fundación de la Cruz Roja.

En la Convención celebrada años más tarde, en 1899, este acuerdo se extendió a los heridos del ejército del mar, y en la siguiente (1929) se obtuvo una promesa de mejora de trato a los prisioneros de guerra. La protección a la población civil (mujeres, niños y viejos) de los bombardeos y posibles ataques militares, quedó establecida en la Convención de 1949, que también consiguió la unanimidad por parte de todos los países integrantes respecto a la prescripción de las torturas de toda índole, de los crímenes —si es que ello es posible— y las atrocidades, de la captura de rehenes, de las deportaciones y trabajos forzados, de las represalias, las penas colectivas y las ejecuciones sin previo juicio.

De todas formas, esta labor filantrópica de la Cruz Roja queda desvirtuada en muchas guerras en las que siguen cometiéndose atrocidades inauditas, como el todavía reciente sitio del campo de Tal al Zaatar, en el Líbano, en el que permanecieron prisioneros varios millares de personas durante días, y a donde no tuvieron acceso los efectivos de la citada organización. El Líbano y otras zonas de la región siguen siendo escenario de idénticas atrocidades, como el caso tan reciente del empleo del gas de mostaza.

Por otra parte, como era obvio que la Cruz Roja no podía existir solamente para actuar con contiendas bélicas, se decidió que su actividad continuase en épocas de paz, durante las que trata de remediar, en la medida de sus fuerzas, las calamidades y catástrofes (huracanes, terremotos, inundaciones, etc.) que constantemente acontecen en el mundo, por medio de refuerzos y ayudas en víveres, medicamentos y personal especializado.

Pasando al terreno puramente organizativo, la Cruz Roja tiene un Comité Internacional que consta de 18 miembros, todos ellos ciudadanos suizos, debido a la neutralidad antes aludida, cuyo fin más inmediato es no suscitar recelos en ningún país respecto a la actuación de esta organización.

Al tiempo de su fundación se constituyeron, en los países asistentes a la Convención, Asambleas Nacionales de la Cruz Roja, que cumplen eficazmente su misión en estado de guerra y cuentan con unos presidentes (llamados «gobernadores») revocables cada dos años, que se ocupan de atender asuntos urgentes. Para coordinar todas las Asambleas Nacionales, en 1919 se creó la Liga de Sociedades de la Cruz Roja, que tiene su centro también en Ginebra. La Liga está administrada por un Comité Ejecutivo formado por delegados de más de 15 estados, elegidos por sus respectivos países. Su máxima representación es un Presidente, que cuenta con la colaboración de una Secretario General, que, a su vez, está al frente de una Secretaría.

Cada cuatro años se reúnen todas las partes integrantes de la Cruz Roja, es decir, el Comité Internacional, la Liga de Sociedades de la Cruz Roja, la Comisión Permanente (que consta de nueve miembros a los que se les adjudica la misión de resolver cualquier eventualidad), las Asambleas Nacionales y los representantes de los gobiernos que la componen. El conjunto de todos constituye la Cruz Roja Internacional y es la máxima autoridad. Se basa en unos estatutos, reglamentos y leyes, esboza las líneas de actuación a seguir y toma decisiones.

Como se da el hecho, reconocido por numerosos países, de que la Cruz Roja no pone en cuestión el régimen político del país en que se mueve en cada momento, es decir que no lo considera ni justo ni injusto, está en su programa para el futuro, la delimitación, en las guerras, de zonas neutrales donde los bandos enfrentados se comprometan a no usar las armas. Además, figura en sus planes la idea de inventar algún sistema de protección para los presos políticos en las guerras civiles, e implantar un régimen humanizado en los campos de concentración.

Vemos, pues, el estimable resultado de una organización que, mediante el establecimiento de la solidaridad internacional, intenta contrarrestar las situaciones de horror de las guerras, y hace, la mayoría de las veces, o al menos esa es su intención primera, que la asistencia sanitaria llegue a todos los heridos, víctimas inocentes de las disputas entre potencias.

En otro orden de cosas, la Organización Mundial de la Salud desarrolla una labor equiparable a la de la Cruz Roja. Fue fundada bastante más tarde, en 1946, como organismo dependiente de la Organización de las Naciones Unidas (O.N.U.), y estableció también su sede en Ginebra.

Su estructura interna está constituida por una Organización General, que actúa en todo el mundo, por unos organismos regionales, cuya actividad está coordinada por la sede central, y por un Secretariado permanente.

Su acción se concreta principalmente en el área de la sanidad, siendo su fin primordial «promover el desarrollo sanitario en el mundo (para lo que ha establecido unos reglamentos internacionales), y luchar contra la enfermedad mediante la creación de las condiciones de un estado de bienestar mental, físico y social para todos los seres humanos». Este objetivo abarca la investigación en todos los campos, desde el estudio del medio ambiente para su purificación, hasta la indagación de métodos más efectivos para la adecuada formación de médicos, enfermeras y todo tipo de personal técnico que hará más efectiva la aplicación de los recursos sanitarios.

Se advierte con esto que la Organización Mundial de la Salud lleva a cabo una labor de investigación fundamentalmente, actuación inteligente si consideramos que de esta forma se ataca el mal en su raíz misma, y de una manera muy especial en el terreno farmacológico, con el estudio de nuevos medicamentos; aparte de esto, también desarrolla investigaciones para elevar el nivel técnico y se dedica al estudio de estadísticas sanitarias a nivel mundial. Además, establece consultas a nivel regional como método de lucha contra las enfermedades infecciosas, construye centros para la formación del personal técnico necesario en los servicios de salud pública y establece una cooperación, en base de ayuda mutua, con los organismos sanitarios de cada país integrado en ella.

En la Asamblea Mundial de la Salud celebrada en Ginebra, en el año 1973, la Organización Mundial de la Salud, que persigue una constante renovación con miras a una mayor efectividad, se planteó, entre otras cuestiones, una aplicación más adecuada de los métodos sanitarios modernos, una información mínima, pero completa, al público (beneficiario de la sanidad) del funcionamiento de los servicios sanitarios por medio de revistas o folletos, donde tengan cabida también las críticas y sugerencias, y la introducción de nuevos sistemas didácticos para la forja de personal especializado, con intercambio de información y material de estudio entre todos los organismos e instituciones internacionales, punto en el que la labor de la O.M.S. sería esencialmente de coordinación.

En el año 1974 se celebró una serie de conferencias y estudios sobre la contaminación, especialmente en el área mediterránea, a las que concurrieron todos los países afectados, y de las que se sacaron planes para una futura actuación y conclusiones altamente interesantes para bajar el nivel de la contaminación.

El balance de las actividades de la Organización Mundial de la Salud es muy positivo, sobre todo en lo que se refiere a sus campañas de erradicación de enfermedades, como el paludismo, en cuya desaparición la O.M.S. tuvo una influencia decisiva.

Por último, se puede citar también otro importante foco de investigación médica, el Instituto Rockefeller, fundado en 1901, en New York, por John Davison Rockefeller, que se mueve exclusivamente en el área de la investigación científica médica, y actualmente ha llegado a ser uno de los primeros centros de su especialidad.,

A través de lo dicho se puede juzgar el papel que cumplen estos organismos sanitarios internacionales en la planificación médica mundial, y la importancia de la labor que realizan.