Apéndice 4. Las Logias Masónicas en la Emancipación De América
De Mienciclo E-books
Introducción
EN todos los períodos de crisis la sociedades secretas han desempeñado un papel importante en el proceso de alumbrar nuevas ideologías y acelerar los mecanismos revolucionarios. En la etapa que estamos historiando la principal organización secreta es la masonería, identificada más o menos con el liberalismo político y económico, que tenía su cabecera internacional en Inglaterra, y contaba con ramificaciones en Europa y América.
A lo largo de todo el siglo XVIII, liberalismo y masonería anduvieron mezclados en España e Hispanoamérica en la lucha contra el absolutismo. Los efectos de estas luchas iban a ser catastróficos para España y su imperio colonial, ya que Inglaterra aprovechó los momentos de nuestra máxima debilidad para resquebrajar todo nuestro anticuado sistema económico-administrativo e imponernos su política económica.
Para Inglaterra, y también para las logias masónicas criollas, la destrucción del imperio colonial español en América era uno de los objetivos prioritarios. Para la primera, porque aspiraba a incorporar el amplio mercado latinoamericano a su zona de influencia comercial y explotación económica, y desde el siglo XVI toda su política había tendido a debilitar el poderío español; para las logias masónicas, porque era la única manera de desintegrar los pilares de la burocracia imperial española y crear las condiciones para la independencia.
Inglaterra se había propuesto convertirse en sucesora de España a la hora de la independencia de sus colonias, y no regateó esfuerzos para acelerar el momento. A lo largo de todo el siglo XVIII, desplegó una paciente labor de zapa para introducir sus mercaderías y extender su influencia en el área latinoamericana. Unas veces lo hizo legalmente a través de los puertos españoles, y otras de forma ilegal apelando al contrabando, o bien mediante el establecimiento de puertos francos en las islas que tenía bajo su dominio.
Papel político de las logias en América
El trabajo de infiltración de las logias en América fue arduo, pero efectivo. El centro de irradiación política de las logias se hallaba en la misma España, precisamente en Cádiz, nudo de las comunicaciones de la metrópoli con sus colonias y cuna de la Constitución liberal de 1812.
Fue en Cádiz donde se fundaron las primeras logias y sociedades secretas de influencia masónica con vistas a la independencia de América. Allí estaban el futuro general San Martín y otros patricios criollos durante la guerra de la Independencia contra Napoleón. La más famosa de estas logias fue la de los Caballeros Racionales, con sedes en Cádiz y Londres. En la sede inglesa el gran maestre de la logia era el venezolano Francisco de Miranda, que tanta influencia ejercería sobre Simón Bolívar. Es más, por la logia de los Caballeros Racionales pasaron casi todos los hombres que iban a jugar un papel preponderante en la emancipación de la América española: San Martín, Bolívar, O’Higgins, Alvear, Zapiola, etc.
Para juzgar la importancia que las logias tuvieron en el proceso independentista, veamos a título de ejemplo un aspecto concreto. En el Río de la Plata actuó la Logia Lautaro, de la que San Martín y Alvear eran las cabezas visibles. Su influencia en los asuntos políticos era tal que llegó a convertirse en gobierno paralelo. Pero la torpeza de Alvear, quien unía a su ideología probritánica desmedidas ambiciones personales, la desmembró, dando pie a que San Martín constituya una nueva con el mismo nombre, pero con una orientación completamente distinta. Fue esta nueva versión de la Logia Lautaro, con sede en Mendoza, la que impulsó la proclamación de la independencia del territorio, hecho que se produjo el 9 de julio de 1816, en Tucumán.
La filosofía política de esta logia ha sido objeto de polémicas y debates sin cuento. Su principal objetivo era implantar en el Río de la Plata una monarquía constitucional de tipo británico. El criterio mayoritario de sus miembros fue instalar en el trono a un príncipe perteneciente a la Casa de Borbón. Sin embargo, este proyecto desagradó a Londres, que esperaba que Alvear impusiera un príncipe emparentado con la Casa Real inglesa.
Desde su sede de Mendoza, la nueva Logia Lautaro, dirigida por San Martín, mantenía conexiones con Chile. Dos de sus principales miembros eran Bernardo O’Higgins y José Miguel Carrera, importantes figuras en la lucha independentista. Ambos formaban parte de la logia que dirigía Francisco de Miranda. A pesar de su común identidad masónica, esto no impidió que se convirtieran en acérrimos enemigos.
En las mismas tropas españolas de Chile actuaba una logia masónica que mantenía buenas relaciones con los patriotas insurrectos. Parece que entre el coronel español Morgado y el independentista Alvarez Condarco, ambos masones, existían tan buenas relaciones que el general San Martín contó con informes confidenciales de primera mano para llevar a cabo la liberación de Chile.
Otro tanto ocurrió en el Perú, donde las logias prepararon el desembarco de la expedición de San Martín. Sin embargo, también fueron las logias, en este caso las fieles a Inglaterra, las que trataron de dividir a los patriotas, ya que desconfiaban de las intenciones del Libertador de la Argentina, poco adicto a su política de dividir y fraccionar los territorios emancipados para poderlos dominar mejor.
El riguroso secreto en que se mueven las logias dificulta el estudio de su problemática y participación en los acontecimientos historiados. Existe una carta que el general San Martín dirige a Miller en la que podemos leer: «No veo conveniente hable usted, lo más mínimo, de la logia de Buenos Aires. Estos son asuntos enteramente privados y aunque tienen y han tenido una gran influencia en los acontecimientos de la revolución de aquella parte de América, no podría manifestarse sin faltar por mi parte a los más sagrados compromisos. A propósito de logias, sé a no dudar que estas sociedades se han multiplicado en el Perú de un modo extraordinario. Esta es una guerra de zapa y difícilmente se podrá contener y se harán cambiar los planes más bien combinados». La fidelidad de San Martín al espíritu masónico es patente al considerar «asuntos enteramente privados» los problemas tratados en la logia de Buenos Aires y decir que no podría hablar de ellos sin faltar a sus «más sagrados compromisos».
En este contexto esotérico de relaciones masónicas hay que situar la entrevista de San Martín y Bolívar en Guayaquil, de la que, como hemos visto en otra parte, sólo existen hipótesis sobre lo tratado y acordado en ella.
Igual se puede decir del asesinato del mariscal Sucre en la encrucijada de Berruecos. Aunque no existen pruebas, todos los indicios señalan el ajuste de cuentas entre logias masónicas rivales.
El mismo Bolívar, afiliado a la logia londinense junto a su lugarteniente Santander, terminaría siendo puesto en la picota por los masones probritánicos, quienes le acusaron de abrigar ambiciones absolutistas y se opusieron a sus ideales de unidad latinoamericana.
Por eso, no resulta ilógico suponer que a la sombra de este pulpo de sociedades secretas y logias, el imperialismo británico jugaba su baza de sustituir a España en el continente americano. Así, todos los partidarios de la unión o confederación de las colonias en un Estado orgánico fueron asesinados o desacreditados para que no pudieran cumplir su cometido. Para establecer su hegemonía económica, Inglaterra propiciaba la formación de pequeñas repúblicas independientes, antagónicas unas de otras, para mejor ejercer su papel de árbitro y monopolizador comercial. Y en la cuenta de las logias probritánicas hay que apuntar la muerte de Sucre, la conspiración de Santander para deshacer la Gran Colombia, el intento de asesinato de Bolívar y otros sucesos similares que contribuyeron al fraccionamiento del gran imperio colonial español en una multiplicidad de naciones tuteladas por el imperialismo anglosajón.