Apéndice 4. La resistencia pasiva de Gandhi
De Mienciclo E-books
A pesar de su mansedumbre moral y de su oposición a toda violencia, o quizá por esto mismo, Gandhi figura con justa razón entre los grandes estrategas revolucionarios de nuestro tiempo. Con su palabra inteligente, su pensamiento espiritual y su valor indomable, creó las condiciones necesarias para unir a su pueblo —un pueblo dividido en castas, disgregado por mil religiones y cien mil prejuicios que chocaban entre sí— en un formidable movimiento contra el imperialismo que sojuzgaba a millones de seres.
Mohandas Karamchand Gandhi nació en Karthlawar (Bombay) en 1869 en la casta de los mercaderes, los Banias. Desde muy niño le inculcan las ideas morales de la casta a la que pertenece y algunos otros principios de la secta particular de su familia, entre los que figuran la búsqueda de Dios por el amor más que por la inteligencia, y la prohibición de matar a cualquier criatura viviente. El padre de Gandhi fue ministro de Estado, igual que su abuelo, y su madre era mujer muy piadosa que practicaba sinceramente el ayuno y la caridad. Como hijo de una familia de elevada posición dentro de su casta, recibe una educación esmerada: primero la escuela pública, después ingresa en un colegio inglés y por último se licencia en Derecho en la Universidad de Ahmedabad. Como es normal en la India, a los trece años, mientras estudia, contrae matrimonio. Terminada la carrera, es enviado a Londres para ampliar estudios. En la capital del imperio británico (no olvidemos que los reyes de Inglaterra son emperadores de la India), se aficiona a la lectura de los escritores ingleses Ruskin y Carlyle, del americano Thoreau, que también será uno de los predilectos de Luther King, y del ruso Tolstoi. En este período crítico el joven Gandhi contrasta ideas y teorías. Parece que la lectura del Antiguo Testamento le deja indiferente. No ocurre lo mismo con el Sermón de la Montaña, que le conmueve profundamente. Según dirá él mismo le recuerda el poema Baghavad Cita del libro sagrado indio Mahabharata en el que el héroe divino Krishna dice lo siguiente: «Acepta igualmente la alegría y el dolor, la ganancia y la pérdida, la victoria y la derrota, y cíñete los lomos para la lucha: si así lo haces, no incurrirás en pecado.»
Gandhi se enfrenta con la injusticia
Gandhi termina la carrera de abogado en 1891 y en 1893 se embarca para Africa del Sur con la misión de resolver un asunto comercial. Uno de sus biógrafos dice que cuando «el joven abogado indio desembarca en Natal es un hombre de mirada ardiente y recta, de labios fuertes, con un semblante que trasluce una vida intensa». Todavía no se parece al asceta que será más tarde, pero en él ya se encuentran los elementos básicos del carácter: pasión por la verdad, lealtad escrupulosa y respeto a la palabra dada.
La misión de Gandhi en Africa del Sur pudo ser muy breve y remunerativa de haberse atenido a cumplir la misión comercial que le había llevado. Pero allí se encontró con la discriminación racial que sufría la gente de color, y entre ellos los doce mil indios que habitaban en el Transvaal. Estos indios habían ido a Africa del Sur contratados para trabajar en las minas, pero una vez cumplidos sus contratos se habían establecido en el país como agricultores y comerciantes. Las autoridades blancas los tratan poco menos que a patadas, igual que a los aborígenes negros. Incluso les amenazan con expulsarlos del continente africano si no se someten de buena voluntad a las leyes discriminatorias. Ante tan notorias injusticias, el joven abogado decide quedarse en Africa del Sur con sus compatriotas y asumir la dirección de la lucha contra los racistas. El profesional brillante que ganaba seis mil libras al año, renuncia a su carrera de abogado y se «hace pobre entre los pobres», contentándose con ganar trescientas sesenta. La resolución del problema de los indios discriminados iba a durar veinte años y capacitarle para destruir los resortes del imperialismo inglés en la India.
Para organizar el movimiento de resistencia indio, interviene en numerosos mítines, hace firmar a sus compatriotas manifiestos de protesta y funda el diario The Indian Opinion. El resultado inmediato fue la creación del Congreso Indio en Natal. En 1903 constituye la Transwaal British Indian para defender los intereses de los emigrantes. Había comenzado la lucha de la resistencia pasiva, a la que sólo dio tregua durante la guerra angloboer. En lo sucesivo las autoridades blancas de Johannesburgo se iban a enfrentar con un movimiento organizado que no transigiría con la merma de sus derechos.
El movimiento de resistencia no violenta se organiza según su ideal de Satyagraha, es decir, de bús queda y práctica de la verdad. Así, cuando en 1906 el Gobierno promulga la Nueva Acta Asiática, que reduce los derechos de los inmigrantes orientales, Gandhi congrega en Johannesburgo a millares de indios y chinos que prestan juramento a la lucha de resistencia sin violencia. Gandhi es detenido en varias ocasiones. En los procesos siempre se declara culpable. Su obstinada mansedumbre desconcierta a sus adversarios y estimula a sus seguidores hasta crear un movimiento arrollador. «Sólo se puede hacer una cosa: morir, pero no someterse a la ley. Aunque sucediese lo improbable y todos los demás desistiesen, dejándome enfrentar solo las consecuencias, confío en que nunca violaré mi promesa. No digo esto por vanidad. Pero quiero poneros a todos, y especialmente a los dirigentes que ocupan la tribuna, en guardia… Si no tienen ustedes la voluntad o la capacidad necesarias para mantenerse firmes aun cuando se vean completamente aislados, no sólo no deben dar su palabra, sino que deben declarar su oposición antes de que la proposición sea votada… Aunque vamos a tomar el juramento en común… cada uno debe ser fiel a su promesa hasta la muerte sin que importe lo que hagan los otros.»
El 1913 la agitación es tan intensa que se declaran en huelga 50.000 trabajadores. Varios millares de indios han sido encarcelados. Pero a pesar de los castigos y torturas, los mineros se niegan a bajar a las minas. Incluso hay algunos muertos a cargo de la fuerza pública. Cuando Gandhi sale de la cárcel aconseja a sus partidarios «un sufrimiento purificador todavía mayor hasta que por fin el Gobierno ordene a los militares que nos acribillen también con balas». Es entonces cuando se organiza la gran marcha a través del Transvaal. El general Smuts, jefe del Gobierno racista, se muestra inflexible contra la muchedumbre india acaudillada por Gandhi, y declara que jamás revocará las medidas discriminatorias contra los asiáticos. Sin embargo, no tardaría en desdecirse ante el poderoso movimiento de la no resistencia. La victoria llegó en 1914 al ser suprimido el impuesto de tres libras que pesaba sobre los indios y decretar el derecho de los asiáticos a residir en el país como trabajadores libres.
Por la independencia de la India
Aquel mismo año regresó a su país enriquecido por la experiencia de los veinte años de lucha en Africa del Sur. Le acompañaban su mujer y sus hijos plenamente identificados con él. Muy pronto se va a convertir en el Mahatma (Alma Grande), que es tanto como decir el caudillo espiritual de su pueblo. Apenas terminada la primera Guerra Mundial (1914-18), en la que incluso organizó el cuerpo indio de Ambulancias para ayudar a Inglaterra, por la que sentía profunda admiración por sus leyes y su democracia, comienza a organizar la lucha para expulsar a los imperialistas británicos de la India. Desde 1885 existía el movimiento nacional indio y todas las tendencias políticas se agrupaban en torno al Congreso; pero era un movimiento más bien de élite, integrado por intelectuales, sabios, artistas y profesionales liberales. En su historia no faltan acciones violentas y hechos tumultuosos de explosión popular. El jefe de este movimiento era Tilak (1885-1920), con el que Gandhi colaboró hasta su muerte.
La Gran Bretaña había prometido conceder a la India un estatuto de independencia al término de la guerra y, bajo estas promesas, consiguió el apaciguamiento y la colaboración de los indios. El mismo Gandhi colaboró como un súbdito leal en el esfuerzo de guerra del imperio británico. Pero al no cumplir la metrópoli las promesas hechas, se convirtió en el más leal y obstinado de los adversarios. En 1919 organizó el Satytgraha (Liga de la Resistencia Pasiva). Cuando al año siguiente muere Tilak, Gandhi se pone al frente de todo el movimiento y, gradualmente, le transforma en una poderosa corriente espiritualista capaz de los mayores sacrificios. En 1921 el Congreso de Nagpur declara la desobediencia civil y prácticamente toda la India pasa de la no cooperación a la resistencia a cumplir las órdenes emanadas del poder impuesto desde Inglaterra.
A consecuencia de este movimiento generalizado de rebelión pacífica, de heroísmo manso, de muchedumbres enfervorizadas que paralizan las actividades sin emplear ningún tipo de violencia, Gandhi es detenido y condenado a seis años de cárcel. Sus largos ayunos, que todo el país sigue conmovido, ponen en peligro su salud y las autoridades británicas se ven forzadas a concederle la libertad. En lo sucesivo el Mahatma se convierte en el símbolo de la unidad espiritual del pueblo indio. A sus compatriotas les pide que renuncien a las recepciones oficiales, a los títulos, a los cargos honoríficos; que se declare el boicot a los tribunales, a las escuelas, a los empréstitos oficiales. Por iniciativa suya el primer artículo de la Constitución del Congreso declara: «El objeto del Congreso nacional es alcanzar la autonomía del pueblo de la India por todos los medios pacíficos y legítimos.» Para conseguirlo se declara el boicot absoluto a todos los productos ingleses y la exclusión del Congreso de todos los miembros que no cumplan los acuerdos de rebelión pacífica contra la dominación de Inglaterra.
Los períodos de detención y libertad se suceden sin transición, y al mismo ritmo que crece la campaña de desobediencia civil. Las «huelgas de hambre», que ponen en peligro su vida, traspasan las fronteras y conmueven no sólo a sus compatriotas, sino a los mismos ingleses y europeos que rechazan la política imperialista. «Quiero venceros únicamente a través de mi sufrimiento», grita a los ingleses.
Al producirse la segunda Guerra Mundial (1939-1945), la agitación nacionalista, bajo la dirección de Gandhi, adquiere gran intensidad. Los ingleses comprenden que el Imperio de la India se les escapa de las manos bajo la acción mansa de aquel «iluminado de la verdad». En 1942 vuelve a ser detenido por enésima vez y permanecerá en la cárcel hasta 1944 en que su vida vuelve a estar en peligro a consecuencia de los ayunos. Pero la baza de la Independencia está ganada. Al término de la guerra los ingleses no tendrán más remedio que cumplir sus promesas, porque la India es un volcán que no tolera yugos extraños. Aunque Gandhi no era un político propiamente dicho, sino el unificador espiritual de los indios, desempeñó un papel importante en las conversaciones que condujeron a la independencia de la India. El 6 de julio de 1946, el Congreso acepta las proposiciones británicas y el Pandit J. Nehru forma un Gobierno provisional. Pero entonces estalla la oposición religiosa entre las comunidades indias y musulmanas. Las divergencias religiosas, que Gandhi había conseguido superar, estallan violentamente. A Gandhi le entristece constatar que la táctica de no violencia, que ha servido para triunfar de los ingleses, fracasa como arma para unir a los indios. Incluso entre sus mismos seguidores surgen voces discrepantes, manifestando que la no violencia es el arma de los débiles. Son los que quieren exterminar a los que no están de acuerdo con ellos. Gandhi se pregunta si su sacrificio habrá sido inútil, y se lanza a una intensa campaña de pacificación de los espíritus.
En 1947 la India queda dividida en dos Estados, India y Pakistán, pero los intereses están demasiado mezclados para que no se produzcan violencias al dividir el territorio. A la vista de los actos de violencia y terrorismo entre indios y musulmanes, Gandhi inicia un ayuno «hasta la muerte» a mediados de enero de 1948. A los tres días consigue su efecto apaciguador entre los contendientes y cesa en el ayuno. Pero el día 30 del mismo mes, al salir de su residencia para ir a rezar sus oraciones entre la multitud que le acompaña, un joven hindú de ideas extremistas, se inclinó frente a él, como si quisiera hacerle el tradicional saludo, y le disparó a quemarropa tres tiros de revólver. El apóstol de la no violencia se quebraba ante un fanático del odio, lo mismo que años después le ocurriría a Luther King, su discípulo y seguidor en la lucha por la libertad y la igualdad de derechos civiles para todos los pueblos y razas.