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Apéndice 4. Junta de Ampliación de Estudios

De Mienciclo E-books

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COMO consecuencia de la pérdida de nuestras colonias en el exterior y de una situación general interna cada vez más degradada, el último período de nuestro siglo XIX se caracteriza en el ambiente intelectual por un examen de conciencia general y una autocrítica profunda de los males y posibles remedios para la decadente situación de nuestras instituciones, tanto políticas como sociales, culturales y científicas.

La llamada crisis del 98 supone una reflexión y una llamada de alerta. La inteligencia liberal de principios de siglo empieza a profundizar en las causas del problema y, poco a poco, se llega a la opinión unánime de que la raíz, la base de nuestro atraso, está en el bajo nivel cultural que padecemos. Costa y Giner serán el alma de las nuevas ideas. Para ellos la solución está en europeizar a nuestros intelectuales, mejor dicho futuros intelectuales, ya que Europa en esos momentos es el alma mater de las nuevas ideas y de los últimos adelantos en el progreso científico. La solución entonces es bien sencilla: enviar, por períodos anuales, a nuestros estudiantes al extranjero con la idea básica de que su formación esté al día tanto en el campo cultural como en el científico y técnico. Por otra parte, este «cambio de aires» produciría un cambio en el talante profesional y en la mentalidad de los jóvenes, con la ventaja consiguiente de un nuevo enfoque en la vocación personal.

Con estas ideas y siendo ministro de Instrucción Pública García Alis, se crea por Real Decreto de 11 de enero de 1907 «La Junta para Ampliación de Estudios e Investigaciones Científicas». Su primer presidente sera don Santiago Ramón y Cajal, y su secretario don José Castillejo, que fue el verdadero cerebro y promotor de la misma. Como vocales estaban en la Junta las más prestigiosas figuras de la intelectualidad del momento: Alvarez Buylla, Az-cárate, Calleja, Casares Gil, Bolívar, Echegaray, Hinojosa, Menéndez y Pelayo, Rodríguez Carraci-do, Menéndez Pidal, Torres Quevedo, Sorolla, Santamaría de Paredes, Simarro, Rivera y Tarragó, Marva, Fernández Ascarza, Vicentí y Fernández Gimeno. El primer domicilio de la Junta estuvo situado en el número 6 de la plaza de Bilbao.

Las ideas que presidían la labor de la Junta y las finalidades que perseguía, están magníficamente expuestas en el preámbulo o exposición de motivos del decreto fundacional:

«El pueblo que se aisla se estaciona y se descompone. Por eso, todos los países civilizados toman parte en el movimiento de relación científica internacional, incluyendo en el número de los que en ella han entrado no sólo pequeños estados europeos, sino las naciones que parecen apartadas de la vida moderna, como China y aun la misma Turquía, cuya colonia de estudiantes en Alemania es cuatro veces mayor que la española, la antepenúltima de todas las europeas, ya que sólo son inferiores a ella en número las de Portugal y Montenegro.

»La labor intelectual de los reinados de Carlos III y Carlos IV, que produjo la mayor parte de nuestros actuales centros de cultura, tuvo como punto de partida la terminación del aislamiento en que habíamos caído, olvidando nuestra tradición envidiable y estableció nuestra comunicación con la ciencia europea, que, interrumpida luego por diversas causas, no conserva ahora sino manifestaciones aisladas, como las pensiones para viajes concedidas a los becarios de Salamanca y el Colegio de Bolonia.»

Habla poco después el preámbulo de la necesidad de que los becados encuentren un campo profesional adecuado donde desarrollen los nuevos conocimientos adquiridos. Para lo que es necesario: «facilitarles, hasta donde sea posible, el ingreso al profesorado en los diversos órdenes de la enseñanza, previas garantías de competencia y vocación, contar con ellos para formar y nutrir pequeños centros de actividad investigadora y trabajo intenso, donde se cultiven desinteresadamente la ciencia y el arte, y utilizar su experiencia y sus entusiasmos para influir sobre la educación y la vida de nuestra juventud escolar.»

Como hemos podido observar, dos grandes ideas presiden su creación:

A) Evitar y suprimir definitivamente el aislamiento endémico que en los órdenes cultural, científico y técnico se venía padeciendo.

B) Crear un estamento investigador y docente que lentamente y, sobre todo, mirando hacia el futuro, formase educacionalmente a las nuevas generaciones con una más amplia visión vocacional de la labor intelectual.

Sólo así, entendían sus fundadores, podría salvarse el abismo que en estos campos nos separaba de las demás naciones europeas.

De acuerdo con esta perspectiva, la finalidad principal de la Junta será la de conceder pensiones para viajes y estudios en las principales universidades extranjeras.

El primer año no se enviaron becarios al extranjero por problemas de organización, pero ya en 1908 solían concederse un promedio de 500 becas anuales. Parece ser que desde su fundación hasta el año 1936 fueron pensionados para ampliar sus estudios en universidades europeas alrededor de 900 estudiantes, si bien los datos oficiales no son del todo fiables, ya que muchas veces se rebajaba la cuantía de las pensiones para crear con el dinero sobrante nuevas becas y así aumentar el número de pensionados. Por otra parte, el promedio anual de 500 becas no siempre pudo mantenerse, sobre todo por razones políticas ajenas a la Junta. Hubo tres períodos durante los cuales casi no se enviaron becarios al extranjero:

1) Con ocasión de la Primera Guerra Mundial: las razones son obvias, ya que como consecuencia de las actividades bélicas, las actividades culturales de los países a donde van los pensionados, estaban paralizadas en su mayoría.

2) Durante la dictadura de Primo de Rivera, y como consecuencia de las disputas políticas e ideológicas del poder con los miembros de la Junta.

3) En 1936, con el comienzo de nuestra guerra civil, se suspenden las actividades de la Junta y se cancela la totalidad de las becas.

Los requisitos para poder acceder a la pensión eran los siguientes:

1. Ser español.

2. Presentar un historial personal y académico lo más detallado posible.

3. Realizar por escrito una exposición documentada del trabajo y estudios que el pensionado se proponía realizar, así como manifestar el centro cultural y país elegido para ampliar los estudios de su especialidad.

En caso de cumplirse los requisitos anteriores y una vez presentado el proyecto, el interesado mantenía una entrevista con la comisión encargada de asignar las pensiones, después de la cual la misma elaboraba un dictamen concediendo o denegando la pensión solicitada.

Por otra parte, conviene señalar que para poder concurrir a la posible concesión de la beca no existía ningún sistema de oposición, ni se exigía un historial académico excesivamente brillante. Los únicos elementos de juicio que verdaderamente contaban era la existencia de un programa de trabajo que tuviese alguna utilidad y la valía del candidato.

Las becas, por otra parte, no estaban destinadas únicamente al estudiante universitario. Una gran parte de las mismas fueron concedidas a maestros en base al principio institucionalista de «educar al educador», es decir, aumentar el nivel intelectual del maestro, ya que sin la menor duda repercutiría en una mejor formación de los alumnos. Y, efectivamente, esto fue cierto, la escuela española alcanzó un alto nivel pedagógico, envidiado en varios países europeos. Asimismo, se concedieron becas a trabajadores manuales con objeto de conocer las mejores fábricas y ponerse al día en los nuevos y revolucionarios procedimientos industriales que imperaban en la Europa desarrollada.

Además de maestros y trabajadores manuales, también se beneficiaron de las ayudas económicas de lá Junta sacerdotes y militares, con objeto, en ambos casos, de adquirir una superior formación que, sin duda, luego repercutiría beneficiosamente en sus respectivos campos de actuación.

Pero, fundamentalmente, la mayoría de los pensionados fueron estudiantes universitarios. Todas las ramas del saber eran objeto de la atención de la Junta, y es en este campo donde mayores beneficios obtuvo, a la larga, la sociedad española. Estuvieron becados por esta Institución casi todas las figuras que hoy destacan en todos los campos. Mencionemos entre ellos a Ortega y Gasset, Julián Besteiro, Fernández de los Ríos, Federico García Lorca, Severo Ochoa, Cátala y Recassens...

El contacto de nuestros estudiantes con las nuevas ideas y con las últimas técnicas supuso un gran avance. Al volver otra vez al país, todos ellos, imbuidos de un gran espíritu vocacional, se dedicaron a enseñar y aplicar los conocimientos adquiridos, ganando algunos verdadero renombre universal; dándose incluso el caso de que en los años 30 venían estudiantes extranjeros para estudiar en los laboratorios de física del Instituto Nacional de Ciencias. Todas las especialidades científicas salieron beneficiadas, debiéndose mencionar el gran avance que supuso en el campo filosófico el abandono del escolasticismo y el conocimiento y adaptación a las nuevas corrientes que imperaban en el primer tercio de siglo.

La Junta para ampliación de estudios no tenía como única función conceder becas para complementar los conocimientos adquiridos en universidades de otros países, realizaba también otra serie de actividades que vamos a reseñar a continuación, sucintamente:

A) Dependían directamente de la misma una serie de organismos cuya finalidad consistía en coordinar los esfuerzos de todos los especialistas en una determinada materia. Conviene destacar entre los mismos los siguientes:

Centro de Estudios Históricos: cuyas dos máximas figuras fueron Américo Castro y Claudio Sánchez Albornoz.

El Instituto-Escuela: cuya finalidad principal fue la promoción y formación cultural de la mujer. Este instituto se hizo famoso internacionalmente por la novedad de las técnicas empleadas, a efectos de adquirir una educación integral. Destacaron en la dirección del mismo María de Maeztu y María Goiri, esposa de don Ramón Menéndez Pidal.

Instituto Nacional de la Ciencia: tuvo también una gran proyección internacional, siendo frecuentados sus laboratorios de física y química por un gran número de estudiantes extranjeros.

La escuela española de Arqueología de Roma.

La Residencia de Estudiantes: antecedente moderno de los actuales Colegios Mayores. Fue su director don Alberto Jiménez Fraud. El talante y la categoría de sus residentes alcanzó renombre en toda Europa, hasta tal punto que era conocido como «el Oxford español». Pasaron por la misma, entre otros: Salvador Dalí, Luis Buñuel, Pepín Bello, José Moreno Villa, Emilio Prados, Gregorio Prieto, Rafael Alberti, Federico García Lorca, Gabriel Ce-laya. Eran visitantes asiduos a la misma: Antonio Machado y Juan Ramón Jiménez. A su vez, era el principal foco cultural de la capital del país, convirtiéndose casi en una norma que todo intelectual extranjero que estuviese de viaje en el país, dictase en la Residencia de la calle Pinar una conferencia. Destacaron las pronunciadas por Albert Einstein, Paul Verlaine y Henri Bergson.

B) La organización y subvención en el envío de nuestros mejores intelectuales a los países de Hispanoamérica, con el objeto de dar conferencias, cursillos y ciclos completos en sus respectivas especialidades. Eran recibidos entusiásticamente; de ahí puede derivar la entrañable hospitalidad con que fueron acogidos en dichos países cuando decidieron exiliarse a raíz de la guerra civil.

C) A través de la Junta se organiza y centraliza el envío e intercambio de lectores, es decir, del profesorado que enseña nuestro idioma, arte y cultura en las universidades extranjeras. Obtuvieron plaza de Lector, entre otros: Pedro Salinas, Gerardo Diego, Luis Cernuda, Jorge Guillen, Dámaso Alonso...

D) Concedía también este organismo pensiones y becas para estudios dentro de España. La finali dad de las mismas era el conocimiento y estudios de determinadas materias. Así queda expresado en el preámbulo del Decreto fundacional antes citado.

«... Es la del trabajo junto a profesores españoles de renombre, el conocimiento de los tesoros arqueológicos y artísticos de nuestro país, la visita de bibliotecas y archivos, las exploraciones arqueológicas, geológicas y botánicas... y las excursiones para estudiar comarcas industriales, regiones agrícolas o cuestiones sociales para dentro de España, cuya duración y cuantía debe depender de las circunstancias de cada caso.»

E) La Junta creó, mantuvo y subvencionó una serie de publicaciones y revistas relacionadas con las actividades que el decreto fundacional le había encomendado.

En el grupo de las publicaciones destacan los Anales, en los que cada becario publicaba una información pormenorizada sobre la actividad, experiencia y estudios realizados durante el tiempo de duración de la beca. Era, en resumidas cuentas, el informe que le exigía la Junta a efectos de comprobar si había cumplido el plan de trabajo programado, y por el cual se le había facilitado la pensión.

Dentro del grupo de las revistas, es obligatorio reseñar la Revista Española de Filología, dado el prestigio universal que adquirió entre todos los especialistas mundiales en la materia.

Consecuencia de la guerra civil española y al terminar la misma, este organismo desapareció, creándose, para sustituir algunas de sus funciones, el actual Consejo Superior de Investigaciones Científicas.