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Apéndice 3. Los Colonizadores Permanentes del Africa Negra. Los Arabes

De Mienciclo E-books

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Llegada de la expedicin de Stanley al lago Tanganica.
Llegada de la expedicin de Stanley al lago Tanganica.

MUCHO antes de que Europa iniciara sus contactos con el Africa Negra en el siglo XV, ésta había sufrido ya la influencia de otra gran civilización blanca: la árabe. Las relaciones entre semitas y negros a través del Mar Rojo son inmemoriales y están reflejadas incluso en la Biblia; pero es, naturalmente, después del surgimiento de la religión musulmana (siglo VII) cuando alcanzaría importancia la influencia árabe sobre Africa. El primer hito de esta influencia fue la conquista y completa arabización del Africa Blanca o Mediterránea, donde los invasores se mezclaron profundamente con la población indígena blanca, bereber en su mayoría. Desde entonces (siglo Vll) el norte de Africa se considera parte integrante del mundo árabe. Pero lo que nos interesa aquí es la proyección árabe sobre los países negros.

Esta ha sido doble: por una parte, cultural —expansión del Islam— y por otra, económica, acompañada la segunda de consecuencias sociopolíticas. En cuanto a las vías de penetración de la influencia araboislámica, hay que señalar el imperialismo religioso, es decir, la «guerra santa» de conquista, que pasó en algunos casos del Africa mediterránea al Africa negra; el comercio, tanto marítimo como caravanero; y más recientemente, aunque parezca extraño, la colonización europea, detrás de la cual ha llegado el Islam a territorios que antes se hallaban totalmente fuera de su zona de influencia, como Zaire.

Es preciso distinguir dos áreas muy bien diferenciadas de influencia árabe en el mundo negro. La primera es la costa oriental africana hasta Mozambique y Madagascar; la segunda es la franja continental situada al sur del Sahara, desde el Atlántico al mar Rojo, que antes era llamada genéricamente Sudán, nombre que hoy conserva solamente su parte este. En esta zona únicamente puede hablarse de influencia cultural, y es sólo en las costas orientales donde se produjeron fenómenos que cabría llamar de colonización.

La penetración árabe tiene, no obstante, una característica que la diferencia radicalmente de la europea, y es su capacidad de convivir con las civilizaciones indígenas, de fundirse con ellas en vez de aniquilarlas. Prueba de ello es que la mayoría de las grandes culturas negras, todos los estados e imperios africanos del Sudán y la costa oriental a partir del siglo XI, fueron musulmanes, sin perder por ello su identidad autóctona.

Sin embargo, hay un aspecto paralelo entre la colonización de árabes y europeos: la práctica de la trata de esclavos, realizada por los árabes en sus zonas de influencia quizá con menos intensidad que los europeos, pero durante mucho más tiempo, pues incluso hoy día quedan vestigios de tráfico de seres humanos, que van a parar a mercados de Arabia, donde la esclavitud subsiste todavía de hecho. La «trata de negros» practicada por los mercaderes árabes sumó sus desastrosos efectos a la practicada por los blancos y en algunos momentos dio lugar a auténticas guerras entre negros y árabes. Desde ese punto de vista puede ser considerada la sublevación mahdista del Sudán contra Egipto, que sólo fue aplastada por la alianza de Inglaterra y Egipto tras diecinueve años de guerra.

Históricamente la proyección árabe sobre Africa negra comenzó en el mismo siglo de la Héjira, cuando el califa omeya Abd-al-Malik estableció las primeras colonias comerciales en las costas este africanas. Dicha expansión tuvo dos aspectos, pacífico en el litoral índico, y violento en la zona del «Cuerno de Africa» (Somalia y Etiopía). En esta última región se formaron en el siglo IX una serie de emiratos árabes —enseguida africanizados— más o menos independientes del Califato, según las épocas, y cuyo centro hegemónico estuvo en Harar (Etiopía). Los nuevos musulmanes sostuvieron choques constantes con los cristianos coptos de Etiopía, hasta derrotarlos definitivamente en el siglo XVI, provocando la decadencia del imperio etíope

Muy diferente fue la irradiación árabe sobre la costa índica, donde a partir del siglo X comenzaron a surgir importantes ciudades comerciales que, a diferencia de los establecimientos costeros europeos, se convirtieron en auténticas ciudades-estado híbridas, donde lo árabe se fundió y aun fue absorbido por la potente civilización swahili. El primero de estos emporios fue Mogadiscio, al que siguieron Barawa, Patta, Lamú, Melinde, Mombasa, Pemba, Zanzíbar, Kilwa, Mozambique, Comores y Madagascar, enclaves que han dado luego nombre a varios paises africanos.

Estas ciudades canalizaban un importante tráfico (oro y marfil contra productos manufacturados) con el interior, y alcanzaron un notable desarrollo cultural, como nos hace saber Ibn Batuta, el famoso explorador marroquí del siglo XIV, que describe a Kilwa —la ciudad hegemónica— como «una de las más bellas y mejor construidas del mundo». Su carácter independiente, que recuerda a las ciudades mercantiles italianas, fue alterado por la llegada de los portugueses, a principios del siglo XVI. En el XVII se estableció sobre ellas la soberanía de los árabes omaníes, pero ésta casi nunca fue efectiva. Tanto aquí como en el «Cuerno de Africa» y en Sudan la influencia árabe fue prácticamente absorbida y africanizada.

En cuanto a los diversos países sudaneses, su ara-bización comenzó en los siglos IX y X, pero ciñéndose casi a lo religioso. El primer Estado islámico de la zona fue, al parecer, el de Kanem (siglo IX) situado al norte del lago Tchad. Pero dos siglos más tarde, uno de los más brillantes imperios africanos, el de Ghana (situado en el actual Malí) fue conquistado por los almorávides, que implantaron el Islam en Africa occidental. Los almorávides fundaron la legendaria ciudad de Tombuctú, en las puertas del desierto, cuya universidad coránica fue un auténtico foco de cultura.

Los imperios negros que sucedieron al de Ghana, los de Malí y Songhay, fueron de cultura islamizada. Un rey del primero, Gongo Musa, que peregrinó a la Meca en el siglo XIV, se trajo de allí ulemas egipcios y arquitectos andaluces, y un rey de Songhay, Muhamad Turi, fue nombrado califa del Sudán con ocasión de otro viaje a la Meca en el siglo XVI.

La decadencia de la cultura áraboafricana del Africa occidental fue provocada, paradójicamente, por los propios árabes, pues una expedición de conquista marroquí destruyó el estado Songhay en el siglo XVI, sometiendo estos territorios al imperio del sultán de Marruecos y dando lugar a su declinar cultural y económico. Sin embargo, la religión musulmana ha sobrevivido a la desaparición de los estados africanos islamizados, a los enfrentamientos entre negros y árabes, y a la europeización del continente durante la era colonial. Es de destacar el fenómeno actual de progresiva islamización de áreas que han estado bajo fuerte influencia europea — quizá precisamente como reacción a esta influencia— y que ha tenido manifestaciones espectaculares, como la conversión del cristianismo al mahometismo del presidente del Gabón, Omar Bongo.