Apéndice 3. El positivismo aplicado a la medicina: Claude Bernard
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EL origen del positivismo está en la filosofía de Auguste Comte (1789-1857). Para este filósofo, la organización científica de los datos sensoriales era la forma definitiva del conocimiento. Positivismo será, pues, toda filosofía que enseñe que la fuente del saber procede de la experiencia de los sentidos, formulada en el método experimental; en este orden de cosas, el positivismo no discute (como la Metafísica se plantea) sobre cosas que no son perceptibles por los sentidos. El positivismo se desarrolla en tres fases: la empírica, la metodológica y la lógica, que corresponden, respectivamente, a Comte, Ernst Mach y al Círculo de Viena. Dar una visión sintética de estas tres fases parece necesario para entrar después en el tema de la medicina experimental, representada por Claude Bernard.
Positivismo empírico.—Distingue Comte tres momentos en la comprensión humana: un primer momento, teológico, caracterizado por una actitud antropomórfica ante el mundo, que suponía dar personalidades sobrenaturales a los objetos y fuerzas naturales. Esta primera etapa sería, para Comte, la infancia del hombre. Un segundo momento, «la etapa metafísica», trata de explicar el mundo mediante fuerzas abstractas o esencias que residen en los objetos y configuran su naturaleza. El tercer momento —decisivo para nosotros— lo constituye la entrada del hombre en la etapa positiva, que representa la madurez. En esta etapa de la comprensión, la más elevada, no busca el hombre explicarse globalmente, en su totalidad, la naturaleza, sino que intenta, simplemente, predecir los fenómenos. El porqué metafísico se ha sustituido por otra pregunta muy distinta: el cómo. De ahí que el conocimiento verdadero viene exclusivamente de la observación de los hechos; de esa manera se pensaba podría llegarse a controlar, de alguna forma, la naturaleza.
Positivismo metodológico.—La filosofía de la ciencia había sido expuesta por Comte antes de la aceptación general de la necesidad de una investigación de la metodología y del objeto de la ciencia.
Propiamente fue Ernst Mach (1838-1916) quien mayor influencia ejerció en el campo positivista. Su pensamiento se apoya en particular en el empirismo británico, en la filosofía de David Hume. En su Analysis of sensations (1886) Mach pone en terrenos de igualdad, por un lado, la inteligencia y la materia y por otro, la sensación. Un ejemplo concreto nos ilustrará en este sentido: lo que para nosotros es una mesa, «esta mesa», en realidad es un conjunto de sensaciones que comprenden el color, la forma, las sensaciones de presión, la percepción de su peso, etc. Más que hablar del color de la mesa o de su peso, lo correcto sería hablar de un conjunto de sensaciones que reciben el nombre de «mesa». Esto también se podría aplicar a la mente humana, concebida como un centro de polarización de pensamientos y sensaciones, distintos de su propio contenido. Si el hombre se mira a sí mismo, sólo encuentra un conjunto de sensaciones, recuerdos, deseos; al margen de esta mirada del hombre hacia dentro, no hay otro modo de conocer la mente.
La ciencia debe ser descriptiva: por medio de ella un gran número de hechos pueden agruparse en la misma ley. Una ley científica no explica hechos, sino que los describe.
Positivismo lógico.—Este se puede considerar como una disciplina nueva, que brota de los recientes progresos de la ciencia (por ejemplo, de las teorías de Einstein), así como de la matemática y de la lógica simbólica. El positivismo lógico fue fundado en 1924 por Moritz Schlick; en torno a él se agruparon científicos, entre los que destaca particularmente la figura de Ludwig Wittgenstein. Se iniciaron en Praga en 1934 una serie de conferencias que perseguían la unificación de la ciencia. El positivismo lógico intenta abarcar problemas nuevos por medio del análisis lógico del lenguaje, respuestas a la observación del mundo físico perceptible.
Con esta óptica podemos adentrarnos, con una perspectiva conceptual, en la figura del científico francés Claude Bernard.
La figura de Claude Bernard.—Nace Claude Bernard en 1813, en Saint-Julien, departamento del Ródano. En su juventud aspiró a la literatura, hasta que se inclinó por la medicina. Se graduó en 1843, fue interno en el Colegio de Francia, París, donde trabajó como axuliar de François Magendie, el cual trabajaba en la fisiología experimental. En 1854 fue creada para él en la Sorbona una cátedra de fisiología, que ocupó hasta 1868, en que aceptó una cátedra en el Museo de Historia Natural de París. Recibió el premio de fisiología de la Academia de Ciencias francesa en tres ocasiones (1849, 1851 y 1853) por sus estudios sobre la función del páncreas y del hígado y su descubrimiento del sistema vasomotor. Formuló la teoría fisiológica, según la cual la vida del organismo dependía sobre todo de la constancia del medio interno constituido por la sangre y la linfa.
Esta breve descripción de su vida vamos a ampliarla con aspectos más concretos de su biografía. Vivió dolorosamente el fracaso de su matrimonio y queremos «verlo» ahora en un momento clave de su vida: cuando deja el laboratorio del Colegio de Francia por enfermedad. Buscará la salud en la campiña de Chatenay, en que supera la crisis aunque ya no puede volver al trabajo. Tiene tiempo para meditar, ordena sus notas y escribe el libro que tenía proyectado. Empieza el manuscrito en 1862, que titula provisionalmente Tratado de fisiología operatoria o resumen de los procedimientos en uso en la fisiología, la patología y la terapéutica experimentales. En 1863 lo titula: Tratado de vivisecciones aplicadas a la fisiología, la patología y la terapéutica experimentales. Aún lo cambió otra vez; en julio de 1864 le pone otro título ya casi definitivo: Principios de medicina experimental. Su trabajo se llamó al fin: Introducción al estudio de la medicina experimental. (Todas estas dudas revelan de alguna manera el perfil del hombre de ciencia, para quien el título de su obra puede ser importante en la medida en que revela el rigor con que se enfrenta a su trabajo). Aparece en 1865.
En este libro explica el modo cómo entendió la fisiología. Todavía hoy, muchos años después de su publicación, vibran en el mundo de la ciencia las primeras palabras: «Conservar la salud y curar las enfermedades: he aquí el problema que la medicina se ha planteado desde sus orígenes y del cual persigue todavía la solución científica. El estado actual de la práctica médica induce a pensar que esta solución está todavía lejana.»
El día 28 de diciembre de 1877 explica su última clase. El día 10 de febrero de 1878 murió. Las Cámaras de la República votaron el acuerdo de dedicarle honras fúnebres nacionales. El Ayuntamiento levantó después su estatua ante el Colegio de Francia, donde él había trabajado.
Claude Bernard, por cronología, por profesión y por formación, queda encuadrado dentro del marco de positivismo metodológico, en razón precisamente de su especialidad: la fisiología.
En líneas generales, la investigación fisiológica se Fundamenta, según él, en el «razonamiento experimental», que se desarrolla en tres etapas: una idea previa teórica («idea a priori») de la realidad objeto de observación; una elaboración racional de esa idea a priori; la admisión o rechazo de dicha idea una vez realizado el experimento.
En el fondo, es el experimento la base de todo proceso científico por cuanto mediante él se puede confirmar la relación entre los diversos fenómenos naturales y las condiciones que determinan la existencia de esos fenómenos. Sólo así se puede llegar a la formulación de las «leyes» que regulan el funcionamiento del fenómeno. En una palabra, la ciencia es la conjunción de la teoría y la práctica.
La aportación de Claude Bernard sigue vigente en el pensamiento médico actual; su contribución al desarrollo de una medicina científica ha sido decisivo. Pasteur se movió básicamente dentro del esquema científico de Claude Bernard.