Apéndice 2. Los astronautas
De Mienciclo E-books
UN vuelo espacial tripulado es el resultado del trabajo conjunto de muchos hombres: físicos, ingenieros, médicos, biólogos, militares… que aportan muchos años de estudios especializados y de experiencia acumulada; hombres imprescindibles en el desarrollo de un determinado proyecto que no pueden permitirse ni un solo fallo y sobre los que descansa una enorme responsabilidad. Pero en ese grupo de hombres que hace realidad un viaje especial sólo unos pocos llegan a arriesgar su propia vida, como modernos protagonistas de la aventura viajera: los astronautas. Este riesgo en el desafío de leyes científicas que se creían inmutables los convierte en los auténticos protagonistas de la conquista espacial y sus nombres saltan a la fama en pocos días, mientras quedan en el anonimato los de tantos otros que contribuyeron de forma igualmente definitiva a que la Luna esté cada vez más cerca.
El astronauta tiene todavía una limitada capacidad de actuación dentro de su cápsula, pero está obligado ya a realizar operaciones dispares que van desde el pilotaje de su propia astronave hasta el ensayo de complicados experimentos científicos. De esta forma el astronauta debe ser a la vez un buen piloto, un atleta en plena forma física, un técnico en comunicaciones, debe tener conocimientos de ingeniería, de física, de química, de geología, de biología… No es de extrañar, pues, que en las biografías de los astronautas más importantes de la corta historia de los vuelos espaciales haya un denominador común a todos: su preparación militar, por un lado, y sus largos años de estudio, por otro. Así se explica por qué la mayoría de los astronautas no son tan jóvenes como cabría esperar de alguien que debe mostrar una gran resistencia física; hace falta algo más, bastante más, que una buena salud; hacen falta años de estudio y experiencia para que la misión espacial pueda emprenderse con posibilidades de éxito.
El primer piloto espacial de la Historia, el soviético Yuri Gagarin, nace el 9 de marzo de 1934 en una familia totalmente desvinculada de la aviación, y en la que ninguno de sus miembros había cursado estudios superiores. En 1949, recién cumplidos los quince años, decide abandonar la escuela y buscar trabajo. Se traslada a Moscú, a casa de un tío suyo que trabajaba en la industria de la construcción. Aconsejado por su pariente, asiste a una escuela profesional de una fábrica de maquinaria agrícola en la ciudad de Llberzg, donde aprende el oficio de modelador-fundidor. Después de un tiempo de permanencia en la fábrica se inscribe en los cursos de la escuela técnico-industrial de Saratov, en la orilla del Volga.
Instalado en esa ciudad, decide frecuentar su Aeroclub, atraído por primera vez por las actividades aeronáuticas. Quienes le conocieron entonces aseguran que reunía todas las condiciones para ser un buen piloto y le animaron para que. abandonara la fundición y entrara en la escuela aeronáutica de Oremburg una vez finalizados sus estudios técnicos.
En Oremburg, Gagarin conoce a la que iba a ser su mujer, Valla, con la que se casa en 1958. A partir de entonces la aviación y la astronáutica centran el interés del joven matrimonio y sus ratos de descanso los dedican a la lectura de obras relacionadas con estos temas; entre sus autores favoritos de aquella época está un pionero de la aviación: Antoine de Saint-Exupery. Poco después Gagarin solicita su admisión en el grupo de candidatos a cosmonautas y en 1960 sabe que será el primer hombre en tripular una nave espacial. En ese año ingresa en el Partido Comunista.
El 12 de abril de 1961 es el protagonista de uno de los acontecimientos más importantes del siglo: un hombre atravesaba la atmósfera y se colocaba en órbita alrededor de la Tierra a bordo de una nave espacial. El vuelo de Gagarin dentro del Vostok I duró una hora y cuarenta y ocho minutos, y consiguió una altitud de 327 kilómetros. Sus impresiones fueron recogidas por la prensa de todo el mundo, y produjeron intensa emoción algunas de las descripciones que de su viaje hizo el astronauta: «La vista del horizonte era de una belleza extraordinaria. Es apreciable un notable cambio de color entre la superficie terrestre iluminada y su atmósfera y el cielo; éste aparecía completamente negro, tachonado de estrellas que no titilaban porque se veían desde fuera de la atmósfera terrestre. Parecía que la Tierra estuviese rodeada por un cinturón fosforescente».
Como los grandes héroes, Yuri Gagarin murió joven en un accidente de aviación, el 27 de marzo de 1968, mientras realizaba unos vuelos de prueba con un nuevo avión. Fue enterrado en el muro del Kremlin, a espaldas de la tumba de Lenin.
Estados Unidos inició sus vuelos tripulados con un hombre que ha dedicado su vida a la aviación: Alan Shepard. Shepard nace en la ciudad de Derry (New Hampshire) en 1922. En 1944 se gradúa en la Escuela Naval de Annapolis. Su primer destino es un destructor de la Flota del Pacífico durante el último año de la Segunda Guerra Mundial. Al finalizar la guerra decide hacerse piloto y recibe su título en 1947. Hasta 1950 sirve en escuadrones de caza en Norfolk (Virginia) y en Florida, para pasar luego a un portaviones de la Flota del Mediterráneo. Pero Alan Shepard estaba interesado en misiones más arriesgadas que la del simple entrenamiento y vigilancia, y solicita asistir a los cursos para pilotos de pruebas que se impartían en Maryland. En este campo realiza varios experimentos interesantes como las pruebas para observar los efectos de la luz a gran altura y los primeros ensayos sobre un portaviones de cubierta angular. Su valiosa experiencia le convierte en instructor de nuevos pilotos de prueba durante cinco meses, y pasa después al Naval War College, de donde sale destinado al estado mayor del comandante en jefe de la Flota del Atlántico como oficial aéreo.
En abril de 1959 la NASA le elige para que forme parte del primer grupo de astronautas norteamericanos y en 1961 se decide que Shepard será el primer astronauta estadounidense. El 12 de abril de ese año es lanzado al espacio a bordo del Freedom 7, dentro del proyecto Mercury, para realizar un vuelo suborbital de quince minutos, alcanzando una altura de 187 kilómetros.
En 1963, Shepard sufre una dolencia en el oído que le produce la pérdida de audición, desequilibrio y zumbidos, lo que le obliga a dejar la situación de «activo» dentro de la Marina y pasar al «Astronaut Office», encargándose del control y coordinación de las actividades astronáuticas. Seis años después su defecto auditivo se halla completamente corregido y Shepard recupera su condición de «activo». Pese a sus cuarenta y siete años de edad, es nombrado comandante del Apolo XIV, la tercera nave que aterriza en la Luna. Alan Shepard realiza el vuelo acompañado de Edgar Mitchell y Stwart Roosa. Desde su inicio la tripulación debe hacer frente a numerosos problemas, incluyendo un fallo en el módulo lunar, pero la experiencia de Shepard logra solventarlos y el Apolo XIV aluniza el 5 de febrero de 1971. Acompañado de Mitchell, Shepard realiza dos paseos lunares de cuatro horas y cuarenta y cinco minutos cada uno, durante los cuales colocan equipos en la superficie lunar, realizan exploraciones y experimentos y obtienen numerosas fotos.
En diciembre de ese mismo año, Shepard es ascendido a contralmirante, siendo el primer astronauta en alcanzar dicho grado.
Otro hombre clave para la astronáutica norteamericana es John Glenn, que realizó el primer vuelo orbital norteamericano en 1962.
Parece que su vocación aeronáutica arranca desde la temprana edad de seis años, y se mantiene firme durante todo el período escolar. Nacido en Cambridge (Ohio) el 18 de julio de 1921, Glenn inicia su auténtica carrera como aviador durante su servicio como piloto de la infantería de Marina en la Segunda Guerra Mundial, recibiendo cinco cruces de Servicio Distinguido en vuelo y 17 medallas de Aviación. Cuando viene la paz, actúa como instructor de clases de vuelos avanzados y se gradúa en la Escuela de Pilotos de Pruebas de la Armada, recibiendo formación especializada en la Universidad de Maryland y en otros centros.
En 1957 se convierte en el primer hombre que cruza los Estados Unidos a velocidad mayor que la del sonido, haciendo el vuelo a reacción de Los Angeles a Nueva York en tres horas y veintitrés minutos.
Desde su selección, en 1959, como uno de los siete astronautas que serían entrenados para vuelos espaciales con arreglo al proyecto Mercury de la NASA, Glenn es una figura clave en los preparativos norteamericanos para el vuelo orbital. El 20 de febrero de 1962 en la nave denominada Friendship recorre tres órbitas alrededor de la Tierra en cuatro horas y cincuenta y cinco minutos, a una altitud de 162 kilómetros.
Tres años después, la astronáutica soviética sorprende de nuevo al mundo con una nueva hazaña: el «paseo espacial» de Alexei Leonov.
Alexei A. Leonov nace el 30 de mayo de 1934 en Listvianka, en el seno de una familia de nueve hijos de los que él era el octavo. Su padre era zootécnico y fue durante algún tiempo presidente del soviet local. Desde su infancia Alexei demostró un gran interés hacia el dibujo. En 1948 la familia se traslada a la ciudad de Kaliningrad donde una de las hermanas trabajaba como ingeniero. Alexei, con un grupo de compañeros de la escuela, se dedica a la construcción de modelos reducidos de aviones llevado por su entusiasmo hacia la aviación.
En 1953, al terminar los estudios secundarios decide hacerse piloto militar, realizando su aprendizaje en la Escuela de Kremestky, en Ucrania. En 1955 ingresa en la Escuela de Aviación de Tchuguie y empieza a volar en aparatos a reacción; en ese mismo año solicita su admisión como miembro del Partido Comunista.
En 1960, después de pasar con éxito unos exámenes extremadamente duros, entra a formar parte del destacamento de cosmonautas, iniciando su entrenamiento para realizar vuelos cósmicos.
El 18 de marzo de 1965 es lanzado al espacio junto con Pavel Belgayev, en la nave espacial Vostok 2, siendo el primer astronauta que sale al espacio exterior en el que flota durante doce minutos.
Ha obtenido el título de «Héroe de la Unión Soviética», la Orden de Lenin y el grado de piloto-cosmonauta.
La llegada a la Luna, el más espectacular de los logros espaciales, tuvo tres protagonistas, los cosmonaturas Armstrong, Aldrin y Collins.
Neil A. Armstrong nace en Wapakoneta (Ohio) en 1930. Como tantos jóvenes de su generación, Armstrong sintió siempre una gran vocación por la aviación. En 1949 ingresa en la Marina de los Estados Unidos como aviador, en la que sirve hasta 1952. Durante los dos últimos años de servicio lleva a cabo 78 misiones de combate en Corea y en una ocasión su avión es derribado, viéndose obligado a lanzarse en paracaídas, cayendo, por fortuna detrás de sus propias líneas. Al volver a la vida civil, Armstrong estudia ingeniería Aeronáutica en la Universidad de Purdue, licenciándose en 1955. Después asiste a la Southern California Graduate School. En 1955 entra a formar parte del Centro de Investigaciones Lewis, de la NASA, como piloto de investigaciones, y más tarde es trasladado a la base de Vuelos de Gran Velocidad, también de la NASA. Toma parte en las pruebas de los aviones F-100, F-104, B-47, F-102 y X-15, alcanzando en este último una velocidad cinco veces mayor que la del sonido. Tiene registradas más de cuatro mil horas de vuelo, principalmente en aviones de reacción.
Armstrong es seleccionado como astronauta por la Nasa en septiembre de 1962. Además de participar en todas las fases del programa general de capacitación de los astronautas, ha desempeñado cargos especiales, incluyendo la dirección de las operaciones y entrenamiento de la Oficina de Astronautas. Su primera experiencia en la práctica astronáutica es su selección como suplente de los astronautas del Geminis V, Gordon Cooper y Charles Conrad, que en 1965 llevaron a cabo un récord orbital de ciento noventa horas y cincuenta y cinco minutos. Casi un año más tarde, el 16 de marzo de 1966, Armstrong tiene, por fin, su oportunidad de volar en el espacio. Como comandante piloto del Geminis VIII, él y Davit Scott efectúan el primer atraque en el espacio (unión de dos vehículos en vuelo orbital), pero el mal funcionamiento de uno de los sistemas de la nave obliga a reducir el proyectado vuelo de tres días cuando sólo llevaban seis horas.
El 21 de julio de 1969 Neil Armstrong es el principal protagonista de la hazaña más grande llevada a cabo por el hombre: pasearse por la superficie lunar. El mundo entero contempló, a través de la televisión, su paso vacilante por la Luna. Dos meses más tarde, el héroe de la aventura daba las gracias «a todos aquellos que abogaron para que miráramos hacia lo alto, porque nos habéis proporcionado la oportunidad de ver uno de los espectáculos más grandes de toda la obra del Creador».
Armstrong está casado con Janet Shearon y tiene dos hijos: Eric y Mark.
Edwin E. Aldrin nace en Montclair (New Jersey) también en 1930 y se gradúa en el Instituto de esa misma ciudad. Hijo de un coronel de aviación, decide seguir el ejemplo de su padre en una carrera militar, ingresando como cadete en la Academia Militar de West Point en Nueva York. No obstante, se siente muy atraído por las Ciencias y en 1951 obtiene la correspondiente licenciatura con el número tres de una promoción de 475 alumnos. Inicia entonces su carrera en la aviación, siendo destinado a las fuerzas combatientes en Corea. Allí realiza 66 vuelos de combate y obtiene la cruz de Vuelos Distinguidos con hojas de roble, la medalla del Aire y la medalla de Servicios Reconocidos de la Aviación norteamericana. Todavía en la aviación militar, es destinado al Centro de Vuelos Espaciales Tripulados en Houston (Texas), para colaborar en el diseño de experimentos cintíficos en la serie de vuelos Geminis con dos hombres. Está a punto de ser separado de la exploración espacial activa al sufrir una lesión en una rodilla durante un salto desde el trampolín. Pero gracias a una intervención quirúrgica la lesión se cura a tiempo para llevar a cabo su primera aventura en el espacio, en noviembre de 1966. En aquel vuelo Geminis XII, Aldrin no se porta como un novato y causa una escelente impresión en los dirigentes de vuelos espaciales. Una misión clave en aquel vuelo de 59 órbitas alrededor de la Tierra era la cita y atraque con un vehículo espacial no tripulado que también estaba girando alrededor de la Tierra. Los astronautas tenían que unirse con el otro vehículo durante la tercera vuelta, usando sólo los cálculos de a bordo para las maniobras. La responsabilidad principal recaía en Lowell, que era el ser humano que más horas había pasado en el espacio. Sin embargo, Aldrin prestó una importantísima ayuda, resolviendo los complejos problemas de atraque gracias a sus conocimientos de mecánica.
Después del trascendental vuelo del Apolo XI en el que participa como piloto del módulo lunar y en el que se hicieron famosos sus graciosos saltitos en la Luna, Aldrin dio las gracias «a los incontables ciudadanos que nos han ayudado en nuestra empresa. Nuestro viaje ha sido también obra suya. Sus manos nos ayudaron en nuestra conquista».
Edwin Aldrin está casado con Jean Ann Archer y tiene dos hijos y una hija.
Michael Collins nace igualmente en 1930, en la ciudad de Roma, donde estaba destinado su padre —general de división del Ejército norteamericano— como agregado militar en la Embajada. Siguiendo la tradición familiar —su tío fue también militar y llegó a ser jefe de Estado Mayor del Ejército USA—, Collins cursa la carrera militar en West Point, donde obtiene su licenciatura en Ciencias en 1952.
Pasa después a la Aviación norteamericana llegando a alcanzar el grado de teniente coronel. Es oficial en vuelos experimentales en el centro de ensayos de la base Edwards, en California. En este puesto prueba la actuación, estabilidad y mando de los aviones militares, principalmente de los cazas a reacción.
Michel Collins es conocido como el más reticente de todos los astronautas norteamericanos, y su propia esposa le describe como un hombre de pocas palabras. Sus compañeros dicen a menudo que «es un hombre que actúa, no un hablador». Cuando Collins y su compañero John W. Young estaban en órbita durante el vuelo de tres días del Géminis X, en julio de 1966, las comunicaciones con la nave espacial eran tan escasas que el encargado de dar las noticias del vuelo a los periodistas dijo: «Este es el grupo menos charlatán que hemos tenido allá arriba». Sin embargo, durante aquel vuelo, Collins hizo importantes contribuciones a la exploración espacial con su «paseo» por el espacio, que duró treinta y nueve minutos.
En el histórico vuelo del Apolo XI, Michel Collins permaneció a bordo de la nave, esperando el regreso de sus compañeros del módulo lunar. Collins es, a partir de entonces, «el hombre que no bajó a la Luna».