Apéndice 2. La Generación del 27
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Introducción
BAJO esta denominación genérica se define a un grupo de poetas que, a pesar de sus acusadas características personales, tienen un sustrato común con fuerza suficiente como para formar un vínculo generacional que les hace distinguirse nítidamente, tanto en el fondo como en la forma, de los poetas inmediatamente anteriores a su tiempo de creación literaria.
Características generales
El grupo ha recibido diversos nombres, entre los que destacan «La generación de la amistad», dados los vínculos personales que unían a todos ellos; «La generación del 27 o la generación del 28», por ser las fechas en que ya publican con regularidad; «La generación de la Dictadura», y también «La generación Lorca-Guillén», por ser los más opuestos en sus creaciones y formas del quehacer poético.
Pero el título que mejor les cuadra es el de «La generación del 27», y la razón de ello estriba en un acontecimiento literario en el que todos participaron. Efectivamente, en el año 1927 se cumple el tricentenario de la muerte del poeta cordobés Luis de Góngora; con esta ocasión organizan una serie de actos y conferencias con la clara finalidad de sacar del olvido y desprecio a un poeta que dominó la palabra como nadie y al que todos admiraban.
A pesar de la fuerte personalidad individual y literaria de cada uno, hay en su poesía y gustos una serie de características comunes que les hace diferenciarse claramente como grupo generacional:
a) Revalorización de la poesía y la poética de Góngora, sintiéndose identificados a veces con el ideal de este poeta de utilizar en poesía un lenguaje distinto al usado en el lenguaje cotidiano.
b) Salvo las primeras y claras influencias de Juan Ramón Jiménez, se observa la ausencia de un poeta-guía o maestro de la generación. Todos brillaron por igual en su trayectoria personal y en su quehacer poético. Ninguno de ellos se erigió ni se sintió como orientador y guía de todo el grupo.
c) Aunque en aquella época estaban en pleno auge las llamadas literaturas de vanguardia, de las que todos ellos, por supuesto, recibieron sus influencias, se observa en todo el grupo un gran gusto y afición por la poesía tradicional española. Todos, absolutamente todos, leyeron, exaltaron y defendieron la poesía y las formas clásicas de San Juan de la Cruz, Fray Luis de León, Lope de Vega, Quevedo, Góngora y el más cercano, Gustavo Adolfo Bécquer. Es decir, junto a las nuevas formas impuestas por las literaturas europeas (dadaísmo, ultraísmo, creacionismo, surrealismo), estos autores no olvidan trabajar y bucear en lo mejor de nuestros clásicos. Ahí tenemos una constante de la poesía española; esa sabia o justa mezcla entre tradición y renovación.
d) Es también nota común a todos ellos el poseer un altísimo grado de cultura personal y una formación literaria excepcional, hasta el extremo de que parte de ellos fueron y son catedráticos de literatura en Institutos y Universidades.
e) Se apartan clarísimamente de la temática y de la técnica poética de la generación del 98 (la inmediatamente anterior) en base a que la perspectiva político-social y el sentimiento nacional que marcó a los anteriores son radicalmente distintos.
f) Defensa de un ideal poético de belleza, bajo lo que se denominaba en aquella época «poesía pura», imagen que recibieron, fundamentalmente, de la calidad excepcional de su primer maestro: Juan Ramón Jiménez.
Pero, ¿qué es esa poesía pura? Ante todo, el deseo de la perfección total en las formas, pasando a un segundo plano el contenido del poema. Mac Leish diría: «Un poema no debe significar sino ser». Podría decirse que en toda su primera trayectoria hay un cierto anhelo de antirromanticismo.
No obstante, como consecuencia de nuestra guerra civil, todo el grupo sufriría lo que podríamos llamar «una humanización».
g) Un gran amor estilístico por el uso de la metáfora, no sólo por la belleza y calidad que daba al estilo, sino como forma de intentar ahondar hasta el final en el sentido último de las cosas.
h) Aunque en sus composiciones predomina el verso libre, hay también en ellas una variada utilización de las formas y ritmos de tradición clásica, como el romance popular, el soneto y la décima.
i) Una gran admiración y una especial atracción por la poesía de Paul Valéry. T. S. Eliot y Rainer María Rilke.
Los compañeros de generación de Federico García Lorca
PEDRO SALINAS: Nació en Madrid en 1891. Licenciado en Derecho y Filosofía, ejerció como profesor de Literatura en Sevilla, Madrid y París. A partir de 1936 se exilia a los Estados Unidos y ejerce sus actividades profesionales en diversas universidades de este país y en Puerto Rico. Muere en Boston en 1951.
Es autor de diversas obras en prosa, como La víspera del gozo y La bomba increíble, pero su actividad literaria estuvo centrada sobre todo en la poesía. Entre sus libros destacan: Presagios, Seguro azar, Razón de amor y La voz a ti debida.
Como traductor, destaca su versión castellana de algunas obras de Proust y de Alfred de Musset.
JORGE GUILLEN: Nació en Valladolid en 1893. Se licenció también en Filosofía y Letras, siendo lector y profesor de español en diversas universidades europeas y americanas y catedrático de las universidades de Murcia y Sevilla. En 1938 se exilió a los Estados Unidos. Es autor de diversos estudios sobre poesía española clásica, siendo famosa la traducción que hizo del Cementerio marino de Paul Valéry.
Su obra poética fundamental es Cántico, que a lo largo de las diversas ediciones ha ido aumentando de contenido. Destacan también Clamor, Aire nuestro. Y otros poemas, donde recoge el poemario posterior a Cántico.
GERARDO DIEGO: Nació en Santander en 1896 y estudió la carrera de Filosofía y Letras. Fue catedrático de Instituto en diversas ciudades españolas, jubilándose de sus actividades profesionales muy recientemente en Madrid.
Fundó y dirigió la revista Carmen. Es miembro de la Real Academia Española desde el año 1948 y un gran aficionado a la música.
Entre sus libros de poemas destacan: El romancero de la novia. Versos humanos. Fábula de Equis y Zeda, Manual de Espumas, La luna en el desierto y otros poemas, Cementerio Civil.
Es también autor de diversas Antologías de poesía y de una obra teatral titulada El cerezo y la palmera.
DAMASO ALONSO: Nació en Madrid en 1898, estudió las carreras de Filosofía y Letras y Derecho. Catedrático de Filología Románica, sustituyó en la Universidad de Madrid a Ramón Menéndez Pidal, siendo elegido en el año 1968 presidente de la Real Academia Española de la Lengua.
Su actividad dentro de la Literatura ha sido y es muy diversa, distinguiéndose fundamentalmente, además de como poeta, su labor de crítica literaria y filológica, y también por sus investigaciones sobre los clásicos españoles. Ha dado la vuelta al mundo como conferenciante.
Entre sus libros de poemas destacan: Hombre y Dios, Oscura noticia, Hijos de la ira. Está en posesión, como varios miembros de su generación, del Premio Nacional de Literatura.
VICENTE ALEIXANDRE: Nacido en Sevilla en 1898, hace de Madrid su habitual lugar de residencia. Se licenció en Derecho y en Comercio y es, durante algún tiempo, profesor de Derecho Mercantil. Su actividad profesional tuvo que abandonarla a causa de una grave enfermedad. Es también Premio Nacional de Literatura y miembro de la Real Academia Española de la Lengua.
Su obra poética es una de las cumbres de la poesía española del presente siglo, siendo el norte y guía de las posteriores generaciones de poetas españoles.
Sus libros de poemas fundamentales son: La destrucción y el amor, Espadas como labios, Sombra del paraíso, Historia del corazón, En un vasto dominio, Poemas de la consumación y Diálogos del conocimiento.
RAFAEL ALBERTI: Nació en Puerto de Santa María en 1902. A los quince años su familia se traslada a Madrid donde empieza a desarrollar su vocación pictórica, a la que se dedicará hasta los veintiún años. A partir de entonces empieza a primar el quehacer literario. Como consecuencia de su afiliación al partido comunista, se exilió al acabar la guerra civil. Vivió en Buenos Aires hasta 1963, fecha en que se trasladó a Roma. Actualmente reside en Madrid.
En su obra poética destaca fundamentalmente: Marinero en tierra, El alba del alhelí, Sobre los ángeles, Baladas y canciones del Paraná, y Roma, peligro para caminantes.
Es autor de un libro autobiográfico titulado La arboleda perdida y de diversas obras de teatro, entre las que destaca El Adefesio.
LUIS CERNUDA: Nació en Sevilla en 1902. Licenciado en Derecho, fue lector de español en Tolouse. En 1938 abandona España y fija su residencia en Inglaterra, donde trabaja como profesor en diversas universidades inglesas. En el año 1947 marcha a los Estados Unidos, donde sigue ejerciendo la misma profesión. Años después fija su residencia definitiva en Méjico, donde muere en 1963.
Sus libros de poemas más importantes son: La realidad y el deseo, Perfil del aire y Ocnos (prosa poética). Ejerció una gran actividad como crítico literario, destacando sus Estudios de poesía española contemporánea y Crítica, ensayos y evocaciones. Tradujo los poemas de Hólderlin y algunos textos de Shakespeare.
Los otros poetas
La nómina de poetas que hizo vibrar a España con su mágico sentir, con su palabra bien dicha y con su corazón diariamente desgastado por la poesía no se acaba con los nombres y obras anteriormente citados.
Ahí están los malagueños Manuel Altolaguirre y Emilio Prados, fundadores de la revista Litoral, que aún pervive, con su gran calidad excepcional como impresores. Manolo Altolaguirre, autor de La Santa Libertad y un largo etcétera, cuyos hitos fundamentales serán Las islas invitadas y otros poemas y Fin de un amor, encontraría una muerte trágica en accidente de automóvil en las cercanías de Burgos.
Emilio Prados, con su soledad a cuestas y con su Llanto en la sangre y su Cuerpo perseguido, moriría en su exilio de Méjico en el año 1962.
Juan José Domenchina, otro nombre en la historia de la generación. Nació en Madrid y murió en su destierro de Méjico en 1959. Crítico literario, novelista y alma y cuerpo de poeta, traductor de Rainer María Rilke. Los títulos de sus obras caminan junto a él como la sombra más cercana y querida de su vida y exilio: Las interrogaciones del silencio, El extrañado, La sombra desterrada.
Hay otros nombres con el denominador común del exilio o la muerte temprana y con la característica esencial de que para ellos vivir era ser y escribir para la poesía: Fernando Villalón, José Moreno Villa, Antonio Espina, Ramón Basterra, Adriano del Valle, Mauricio Bacarisse, Pedro Garfias, José María Hinojosa, Guillermo de Torre y Juan Larrea.
En resumen, una generación que alumbró un nuevo siglo de oro para la poesía española, una generación que limitó al norte del tiempo con León Felipe y cuyo sur más joven fue Miguel Hernández. La palabra común que les unió a todos fue amistad, y su gran drama la guerra civil, cuya marca indeleble les hizo replantearse sus teorías estéticas y hasta el contenido de sus versos. Una gran parte de ellos se convirtieron en peregrinos de mil exilios, con la memoria en la pluma, recordando entrañablemente a aquel que les dio la alegría y fue una de las primeras víctimas inocentes de la guerra, a aquel que fusilaron en Granada un caluroso día de agosto de 1936: Federico García Lorca.