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Apéndice 2. El microscopio

De Mienciclo E-books

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LA idea de que instrumentos sumamente precisos como el microscopio (que llega en nuestro siglo XX, en plena era tecnológica y científica, a la perfección con el microscopio electrónico) hayan sido «pensados» en épocas muy primitivas, incluso en los albores de la Humanidad, no deja de ser realmente asombrosa. Hombres que, en el mundo circundante, disponían tan sólo de instrumentos rudimentarios, que tenían concepciones mágicas del universo, cuyas mentes habían elaborado un sistema más «defensivo» que «operativo» frente a la hostilidad de la realidad, seres humanos que comenzaban trabajosamente a dominar las misteriosas fuerzas de lo real y que por ello empezaban a crecer y a elevarse sobre la tierra violenta, vislumbraban ya confusamente nuevas posibilidades de conocer. Intuían, en efecto, que el poder frente a esta realidad hostil era el conocimiento. Sólo conociendo serían poderosos.

Todo esto es realmente fascinante: de hecho se ignora cuándo el hombre antiguo llegó a interesarse por conocer lo extremadamente pequeño. Por ejemplo, en las ruinas de Nínive se encontró una lente de cuarzo que es posible fuera empleada para ver, aumentadamente, los objetos. En este caso concreto, unos piensan que no se usó con este fin; otros, en cambio, piensan que aquellas gentes (por los objetos muy elaborados encontrados allí también) tenían ya una idea, siquiera rudimentaria, de la utilidad de la lente.

Es en la Edad Media cuando los cristales de aumento empezaron a emplearse regularmente al llegar de China a Europa el invento de las «gafas».

En 1590, Zacharias Jansen, que era un fabricante holandés de aparatos ópticos, construye un microscopio de hasta dos metros de largo, formado por dos lentes. Hooke (1635-1703) introduce mejoras en su construcción; pero es a Divini (1620-1695) a quien se debe el primer ocular compuesto por dos lentes plano-convexas. Posteriormente, Campani, en 1668, emplea por primera vez el tornillo para enfocar. Con todos estos esfuerzos en el perfeccionamiento del microscopio se intentaba resolver el problema de la «aberración esférica», que es una deformación en las imágenes, producida por la desviación de los rayos luminosos de la trayectoria que deben seguir para concentrarse nítidamente en un foco. Conviene señalar que lo que se intentaba perfeccionar era el microscopio simple (lo que conocemos por «lupa»).

Van Leeuwenhoek (1632-1723), más tarde, construye muchos microscopios de lente esférica muy potente, depositando una gota de vidrio fundido en un pequeño orificio practicado en una lámina de latón.

En 1845, Chevalier fabricó las primeras lentes acromáticas, que conseguían evitar las irisaciones en torno a la imagen. Durante el siglo XIX el microscopio adquiere una gran perfección y su empleo se generaliza, especialmente en el campo de la medicina y de las ciencias naturales, en un tremendo afán por penetrar en los más recónditos secretos de la materia.

Tipos de microscopio.—En la actualidad se dispone de varias clases de microscopios: el simple (que puede ser una lupa o un cristal de aumento); el compuesto (formado por dos sistemas de lentes); el binocular (en el que se mira con los dos ojos al mismo tiempo); de luz ultravioleta (que permite mayores amplificaciones); de contraste de fase (ideado por el físico holandés Zernike en 1932), el petrográfico, para minerales, y los microscopios estereoscópicos (para examinar objetos grandes).

Destaca, particularmente, el microscopio electrónico: nació con el desarrollo de la teoría de las ondas de materia de De Broglie (1923). Permite aumentos teóricamente ilimitados. En la práctica los microscopios electrónicos ordinarios alcanzan los 200.000 aumentos.

Los microscopios electrónicos se utilizan hoy con dos finalidades: la observación de estructuras muy pequeñas, que no serían visibles con los microscopios luminosos, al mismo tiempo que el estudio de superficies emisoras de electrones. La primera finalidad la cumplen los llamados microscopios electrónicos de transmisión y la segunda los microscopios de emisión. El microscopio de emisión emplea una muestra metálica y se estimula por calentamiento, iluminación o bombardeo con electrones o iones a elevada velocidad, lo que provoca la emisión de electrones secundarios de baja energía, los cuales se aceleran mediante una lente catódica; atraviesan una lente magnética e inciden sobre la pantalla fluorescente o placa fotográfica en la que se forma la imagen. Con el microscopio electrónico se han conseguido notables avances.

En metalurgia e ingeniería el microscopio permite el estudio de la microestructura de los metales y las aleaciones, ampliando los conocimientos durante los procesos de análisis químico y en los experimentos físicos. Los procesos de una aleación se siguen así exactamente, con lo que se adquiere información muy valiosa.

El microscopio ha sido igualmente fundamental para el diagnóstico de las enfermedades y en general para toda la ciencia médica, tanto teórica como aplicada.

Un medio más para conocer el mundo.—A modo de resumen y remontándonos a las consideraciones que al principio hacíamos, en la historia del microscopio —que aquí sólo hemos esbozado en una síntesis— se revela la historia del conocimiento y, en el fondo, la del hombre. Del hombre como existencia abierta a lo desconocido; búsqueda, mirada de largo alcance, insatisfacción, son constantes nucleares de la vida humana. Desde la lente de cuarzo de las ruinas de Nínive hasta el microscopio actual media un larguísimo proceso histórico; no hay, aunque resulte paradójico, tanta distancia en el plano de la psicología profunda. Porque el mismo hombre que busca controlar la realidad por medio, en este caso, del conocimiento de lo extremadamente pequeño, es el que perfecciona en nuestro siglo XX el microscopio electrónico. Es el mismo porque idéntico es su afán por descubrir aquello que en la realidad se le oculta.