Apéndice 2. Dos Enclaves Para la Penetracion Blanca. La Factoria y la Mision
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DURANTE cerca de cuatrocientos años, la influencia europea sobre el Continente Negro se basó casi exclusivamente en la existencia de factorías costeras, es decir, de establecimientos a través de los cuales se realizaba el comercio con el interior —principalmente de esclavos— y que además servían de puntos de escala para la ruta marítima a la India, la «ruta de las especias».
Hasta el siglo XIX no existieron los adelantos médicos necesarios para que el hombre blanco se enfrentara con el medio ambiente africano; la casi totalidad del Africa Negra permanecía, pues, virgen; pero, sin embargo, había todo un rosario de factorías que contorneaban el litoral, desde el Senegal en la parte occidental, a Somalia en la oriental. Desde estas bases se organizó perfectamente la explotación económica, y a través de su principal modalidad, la trata de esclavos, se exterminó a las civilizaciones indígenas (este proceso es examinado en el informe sobre las materias primas).
Es decir, que las factorías costeras fueron formidables medios de influencia política, a través de los cuales se preparó el terreno para la fácil conquista colonial posterior. Estos enclaves fueron la avanzada de la colonización y de hecho los imperios europeos en Africa se formarían tomando por base los establecimientos costeros que mantenían las diversas potencias. La importancia de las factorías queda ilustrada, más que por ninguna otra, por la que instaló la Compañía Holandesa de las Indias Orientales en el Cabo de Buena Esperanza en 1652. Los primeros empleados de dicho establecimiento se convirtieron en colonos que, no bastándoles el área de El Cabo, se internaron en las planicies sudafricanas a lo largo del siglo XIX, dando lugar a los estados boers, antecedentes de la conflictiva República Sudafricana de hoy.
Casi a la vez que surgieron las primeras factorías costeras, aparecieron en Africa las misiones cristianas, el otro medio que sirvió para facilitar la dominación colonial del Continente Negro a Europa. Su función en este sentido fue, no obstante, posterior a la de las factorías, de las que en cierto modo tomaron el relevo en la segunda mitad del siglo XIX, y se desarrolló en dos fases.
En la primera, las misiones fueron una especie de «adelantadas» de la colonización. Muchos misioneros contribuyeron a la exploración y conocimiento de Africa —Livingstone es precisamente el prototipo de misionero-explorador— y prepararon el camino a la ocupación metropolitana. Después de esta fase, que podría llamarse «época heroica» de las misiones, vino otra, desarrollada fundamentalmente entre las dos guerras mundiales, en la que las misiones actuaron como factor de occidentalización de Africa Negra, integrando a los indígenas en el esquema de la civilización occidental, de la que difundian no sólo su religión, sino también su cultura, su tecnología, su idiosincrasia y sus ideologías.
Históricamente, el primer intento misional data de finales del siglo XV y fue debido a los portugueses. En 1490 fundaron la primera misión del Africa Negra, en el reino del Congo, en donde el cristianismo se expandió y se convirtió en religión oficial de la monarquía. Poco después, los misioneros portugueses iniciaron sus actividades en Mozambique, y también en el siglo XVI llegaron misioneros españoles al Dahomey. La decadencia de los estados africanos, ocasionada por la trata de esclavos, arrastró consigo la de este primer intento de cristianización.
A mediados del siglo XVII se establecieron misiones capuchinas en la zona congo-angoleña, en un intento de resucitar la influencia cristiana en aquel área de penetración portuguesa, pero la era propiamente misional no comenzó sino en el siglo XIX. En su primera mitad se establecieron misiones francesas en el Africa occidental y en la segunda mitad llegaron misioneros de diversas nacionalidades al Africa oriental y central.
La función política de los establecimientos religiosos queda patente en el hecho de que fue uno de los temas regulados por el Congreso de Berlín, a partir del cual las misiones asentadas en las diversas colonias debían ser de la nacionalidad de la potencia gobernante o de una aliada. Treinta años después de que entrara en vigor este principio, tras la conquista aliada de las colonias alemanas durante la primera guerra mundial, los misioneros alemanes fueron expulsados de Africa.
El área donde más claramente coincidió el apostolado religioso con los intereses políticos fue la del imperio francés. De acuerdo con la tradición galicana del Estado francés, sus gobernantes utilizaron a la Iglesia católica en la empresa de la colonización de Africa como factor de asimilación de los indígenas. Una política oficial coherente dio como resultado el aspecto homogéneo de las misiones en el Africa francesa, que han sido siempre las más numerosas y las mejor dotadas. Aún hoy, las tres órdenes misioneras más importantes son francesas: Padres Blancos, Misioneros del Espíritu Santo y Misioneros de Lyon. La supeditación de las misiones a los intereses coloniales llegó a provocar en algún momento la preocupación del Vaticano, que en tiempos de Benedicto XV lanzó serias advertencias para que los misioneros no antepusieran sus intereses nacionales a los del apostolado.
Aparte del apostolado religioso y la influencia política, las misiones han desarrollado una función que, si bien se halla relacionada con ésta última, merece ser señalada como muy positiva para los pueblos africanos. Se trata de la actividad en el campo de la educación y la sanidad. Puede decirse que si la colonización ha «civilizado» algo a Africa, ha sido lo que han hecho los misioneros en estos dos campos. Cuando en 1957 comenzaron las independencias africanas, un 90 por 100 de los indígenas que habían ido a la escuela lo habían hecho a un establecimiento misionero. Resultado de ello es que hoy día las élites del Continente Negro son casi unánimemente cristianas.
Finalmente hay que señalar que a raíz de las transformaciones experimentadas por la Iglesia tras el Concilio Vaticano, se produjo un cambio en el universo misional. A mediados de la década de los sesenta hubo sectores misioneros que empezaron a cambiar radicalmente su compromiso político, hasta alinearse con la causa del anticolonialismo y del nacionalismo negro. La actuación de los misioneros en apoyo del movimiento de liberación de Mozambique tuvo gran importancia, y en la actualidad existe un compromiso similar de algunos sectores eclesiásticos con el movimiento de liberación de Rhodesia, que ha provocado incluso el procesamiento y prisión de un obispo misionero irlandés.