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Apéndice 2. De Miranda a Martí. Empresas y Aspiraciones de los Caudillos de la Independencia

De Mienciclo E-books

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Contenido

Introducción

CASI todos los grandes líderes de la independencia de Latinoamérica tuvieron un éxito y un fracaso común: por un lado, triunfaron como liberadores de sus respectivos países o regiones del continente, gracias especialmente a su actuación militar; por el otro, no llegaron en ningún caso a concretar la organización políticosocial de las nuevas naciones y a construir instituciones sobre bases sólidas que diesen permanencia al poder conseguido en las batallas.

Ambos elementos están condicionados a una educación adquirida en la Europa del siglo XVIII que, así como los distinguía en el campo militar, los había desfasado en sus proyectos de largo alcance de la realidad hispanoamericana. Tanto Miranda como O’Higgins, San Martín, Bolívar o Martí aspiraban a una unidad e integración de los países latinoamericanos, a partir de su propia individualidad, que nunca llegó a realizarse y en cambio les enfrentó, en el siglo pasado, en varias guerras que debilitaron aún más su incipiente independencia. Veamos las grandes líneas sobre las que se movieron los principales caudillos de la Independencia.

Francisco Miranda:

Este fue sin duda el precursor y maestro de los líderes latinoamericanos. Nacido en Caracas en 1730, sirvió en el ejército español, combatió en 1780 por la independencia norteamericana y en 1792 en el ejército de la Revolución Francesa, en el que conquistó el grado de mariscal. Residente desde 1785 en Europa, intentó ganar a los gobiernos europeos para la independencia de América, visitando París, Roma, Moscú y Londres en cuya ciudad se estableció definitivamente, y desde donde su prédica fue atrayendo paulatinamente a los latinoamericanos que cursaban estudios en Europa. Vinculado a sectores comerciales deseosos de implantar el librecambio y aumentar el comercio con Inglaterra, Miranda obtuvo de ese país apoyo para sus proyectos, demasiado adelantados para lo que entonces ocurría en América, aunque triunfarían poco después. Su primera expedición militar a Venezuela, que zarpó desde Nueva York en 1806, fracasó y sólo obtuvo cierto éxito cuando volvió en 1810 acompañando a Bolívar, aunque dos años después fue entregado a las tropas españolas por los mismos patriotas vencidos y enviado a Cádiz, en cuya cárcel falleció en 1816.

José de San Martín

(1778–1850), nacido en la hoy provincia de Misiones en Argentina, cursó sus estudios militares en el regimiento de Murcia y participó en diversas batallas contra los invasores napoleónicos. Luego de conocer a Miranda, regresó a su país en 1812 y organizó los cuerpos militares, y desde 1814 se dedicó a preparar el cruce de los Andes para liberar a Chile. En enero de 1817 traspasó la cordillera al frente de 5.000 hombres y, al cabo de varias batallas, aseguró la independencia chilena, cuyo gobierno entregó a O’Higgins. En julio de 1820 entraba en Lima, capital de Perú, luego de una travesía y combates por mar, y expulsaba a los españoles de su bastión más firme en Sudamérica. Durante un año gobernó Perú y luego de su entrevista con Bolívar en Guayaquil, le entregó el mando de sus tropas y emigró a Francia, donde vivió hasta su muerte.

El poder de su peso militar permitió a San Martín presionar para que los dirigentes de los tres países en que combatió proclamasen la independencia. Fue uno de los primeros en deslindar los poderes políticos y militares, y durante su gobierno en Perú instauró órganos de consulta entre los notables de las ciudades encargados de asesorar a los gobernadores provinciales. No pudo evitar, en cambio, que tras su partida, las luchas intestinas destruyesen las instituciones por él creadas y durante decenios se vivieran gobiernos unipersonales sin ninguna de las propuestas que había intentado concretar.

Bernardo Ohiggins

(1776–1842). Algo similar ocurrió con este militar y estadista que dirigió junto a San Martín la liberación de su país natal, Chile, de cuyo Gobierno se hizo cargo en 1818. Discípulo de Miranda, dotó a Chile de una de las primeras Constituciones duraderas de Sudamérica e impulsó la educación y las obras de infraestructura como medio de desarrollo de las fuerzas económicas, en tanto lograba organizar el ejército nacional y las administraciones provinciales. Pero su autoritario gobierno no sólo no pudo crear instituciones estatales, sino que también se conquistó enemigos en su propio campo al pretender imponer por la fuerza sus proyectos de desarrollo. También tras su partida —vivió exiliado desde 1826 en Perú—, las luchas intestinas impidieron el asentamiento de un régimen estable.

José Gervasio Artigas

(1764–1850). Distinto es el caso del único de los libertadores no educado en Europa. Terrateniente, profundo conocedor de los problemas e idiosincrasia de los campesinos uruguayos, se adhirió de inmediato a la Revolución de Mayo en Argentina y al frente de un ejército de paisanos sitió Montevideo, en tanto la campiña era ocupada en su nombre por los campesinos. Entre 1815 y 1820 —en que los portugueses ocuparon Uruguay desde Brasil— gobernó su país con el título de «Protector». Partidario, al igual que Bolívar y San Martín, de la unidad de los países latinoamericanos, propició un gobierno estrictamente federalista que le valió la hostilidad de los núcleos gobernantes argentinos; y creó en su país órganos de gobierno acordes con esa idea, al punto que la autonomía de cada ciudad era mayor que la que actualmente tienen las provincias. En medio de las preocupaciones de la guerra elaboró y puso en práctica planes de desarrollo económico, para lo que impuso una reforma agraria que inició en sus propias tierras, y la construcción de carreteras y vías de comunicación. La rivalidad entre brasileños y argentinos —que sólo coincidían en querer apropiarse de Uruguay— condujo a su derrota y su exilio en Paraguay, en el que vivió desde 1820.

Antonio José de Sucre

En 1810, con apenas quince años, se incorporó a las tropas de Miranda y Bolívar de quienes aprendió el arte militar y, del segundo, su capacidad de mando. Venezolano de nacimiento, participó en la independencia de Bolivia, Colombia, Ecuador y Perú, ganando batallas y escalando títulos hasta el de gran mariscal. Preocupado siempre por la guerra, su tarea de gobierno se redujo a la presidencia de Bolivia, que ocupó entre 1828 y 1830, sin aportar obras duraderas. Idolatrado por sus soldados, no lo fue en cambio por sus gobernadores para quienes la independencia no había traído ningún cambio sustancial de su vida anterior. Asesinado cuando viajaba de Quito a Bogotá, en 1830, su aporte principal a la independencia de Iberoamérica fue en el plano militar en el que destacó primero como colaborador de Bolívar y luego por su perspicacia en el combate, a pesar de su juventud. En su haber cuenta la victoria de Ayucucho, decisiva para la independencia de América.

José Martí

El último de los grandes líderes latinoamericanos. No llegó a ver la independencia de su Cuba natal, proclamada en 1898, ya que murió en combate en 1895, a los cuarenta y dos años de edad. Poeta, abogado y escritor, desde muy joven se dedicó a reunir fuerzas para lograr la independencia, y ya en 1817 fue deportado y encarcelado en España. En busca de apoyo recorrió México, Santo Domingo, Venezuela y Estados Unidos en el que en 1881 fundó el Partido Revolucionario Cubano, y desde allí organizó una expedición que desembarcó en la isla iniciando el proceso independiente, en una de cuyas batallas, la de Dos Ríos, halló la muerte.

Además de innumerables crónicas, folletos y ensayos políticos, como poeta fue uno de los iniciadores del modernismo (Ismaelito, Versos Sencillos, Versos Libres), habiendo escrito también obras de teatro (Adúltera, Amor con amor se paga), prosa (Cartas a mi madre) y novela (Amistad funesta). Sus observaciones de la realidad latinoamericana de finales del siglo pasado y del crecimiento y predominio de Estados Unidos en la región, le llevaron a elaborar tesis precisas del carácter que debería tener el Estado cubano cuando lograse ser independiente, fundamentalmente republicano, con instituciones democráticas sólidas, asegurando la participación popular y fijando las bases económicas para alcanzar un pronto desarrollo. En sus últimos escritos, además de fijar estas bases, expresaba los cuidados que debían seguir los partidarios de la independencia para que al liberarse de España, Cuba no pasase a depender de Estados Unidos, como estaba ocurriendo en varios países latinoamericanos y, finalmente, también ocurrió con Cuba.