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Apéndice 1. Guerra fría y distensión

De Mienciclo E-books

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Panorámica mundial

LA segunda guerra mundial, que tan profundamente alteró el mapa geopolítico del mundo, dio lugar a que dos de las naciones participantes se convirtieran en potencias de una fuerza y una influencia mundial desconocidas hasta entonces: Estados Unidos y la Unión Soviética. Pese a que antes del final de la guerra, en la Conferencia de Yalta, Washington y Moscú delimitaron ya sus campos de influencia futuros, una vez desaparecido el enemigo común, la vocación hegemónica de ambas superpotencias tenía que llevarlas, inevitablemente, a chocar entre sí.

Kennedy saludando a la multitud desde el pórtico del Ayuntamiento de México.
Kennedy saludando a la multitud desde el pórtico del Ayuntamiento de México.

Este antagonismo geopolítico natural se vería además acentuado por un importante factor ideológico, pues mientras Estados Unidos representaba al sistema de producción capitalista, la Unión Soviética representaba al socialista.

El enfrentamiento no se produjo inmediatamente después de terminada la guerra mundial; Rusia había sido tremendamente castigada por la contienda y la desproporción de fuerzas, favorable a Norteamérica, era demasiado grande. Pero en 1949 los soviéticos anunciaron que poseían la bomba atómica, lo que les ponía en situación competitiva con los norteamericanos, y abría por lo tanto las posibilidades de conflicto. La conversión de Rusia en potencia nuclear originó en Estados Unidos una reacción paranoica, dentro de la que se produjeron actitudes antidemocráticas, como la ejecución de los esposos Rosenberg, acusados de espionaje —la ejecución de espías en tiempo de paz es insólita— o la «caza de brujas» lanzada por el senador Mc Carthy contra intelectuales, artistas, hombres públicos, etc. Nunca se ha hallado la sociedad americana más cerca del fascismo, contra el que había combatido precisamente en la segunda guerra mundial.

El campo natural de enfrentamiento entre las dos superpotencias era Europa, donde la ocupación militar de los países que habían intervenido en la guerra ponía a los ejércitos ruso y americano frente a frente. Y el punto crítico de las relaciones ruso-americanas era Berlín, que había quedado aislado como una avanzadilla norteamericana dentro de la zona de ocupación soviética. El incidente que da comienzo a la llamada «guerra fría» tiene lugar precisamente a propósito de Berlín, cuando los soviéticos bloquean sus vías de acceso en 1948. Los occidentales reaccionan poniendo en marcha un «puente aéreo» que restablece las comunicaciones, obviando así una respuesta militar.

Esta es precisamente la característica definitoria de la guerra fría: los contendientes evitan un choque armado directo porque las armas que poseen son demasiado poderosas y las consecuencias de una guerra nuclear asusta a los respectivos gobiernos. Por eso la guerra entre Estados Unidos y Rusia no pasará nunca a la fase «caliente», aunque durante años la amenaza atómica se proyectará sobre toda la tierra.

Imposibilitados de resolver sus diferencias fron-talmente, las dos superpotencias se dedican a fortalecer y extender sus zonas de influencia. Estados Unidos aplica sobre Europa occidental una inyección de ayuda económica, el Plan Marshall, que ayudará a las burguesías europeas a frenar el empuje de las fuerzas socialistas propias, y forma con sus protegidos una alianza militar en 1949, la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN)

Rusia, por su parte, se ve beneficiada estratégicamente por el triunfo de la revolución comunista en China (1949), país con el que firma un convenio de ayuda mutua en 1950. El balance de la situación a favor de los comunistas trasladará el eje de la guerra fría al Extremo Oriente, dando lugar al incidente más importante y peligroso de toda la época, la guerra de Corea. En 1950, el gobierno comunista de Corea del Norte intenta reunificar el país, dividido por la guerra mundial, e invade la zona sur, ocupada por los americanos. Estados Unidos reacciona enérgicamente y se ve envuelto en una auténtica guerra de tres años de duración. Rusia apoya al Norte, aunque sin intervenir directamente, pero China sí lo hace, enviando importantes contingentes militares. Estados Unidos se plantea, pero desecha, la posibilidad de invadir China, y la contienda termina con un armisticio que fija la situación de división anterior a las hostilidades.

Superada la crisis coreana, la Unión Soviética inicia una fase de distensión para superar el aislamiento político en que se encontraba. En 1956 se celebra el XX Congreso del Partido Comunista Soviético, y en él se elaboran los puntos básicos de la doctrina de la «coexistencia pacífica». Los más importantes son:

— Apoyo a las guerras nacionales de liberación o a los levantamientos populares, aunque tratando de evitar las guerras internacionales.

— Establecimiento de más amplios contactos con los países occidentales, rechazando cualquier intento de coexistencia ideológica.

Esta línea permite un principio de acercamiento entre Estados Unidos y la Unión Soviética y marca el final de la «guerra fría». En 1959, Kruschev realiza una visita oficial a Estados Unidos, abriendo una nueva etapa en las relaciones entre las dos potencias.

Durante los mandatos de los presidentes Eisenhower y Kennedy varios incidentes internacionales ponen en peligro la política de distensión:

— Fracaso de la Conferencia Cumbre de París de 1960 a causa del incidente del U-2, un avión norteamericano de reconocimiento derribado al sobrevolar la URSS.

— Crisis de Berlín de 1962, al interrumpir los socialistas todas las vías de acceso a la dividida excapital de Alemania.

— Crisis de los misiles, en octubre de 1962, cuando Estados Unidos lanza un ultimátum a la Unión Soviética para que desmantele las bases de missiles soviéticos en Cuba.

Superado este período, la política de entendimiento entre el Este y el Oeste continúa avanzando. En 1971, los Estados Unidos inician un acercamiento a China —la llamada «política del ping-pong», porque el primer paso fue la invitación a China de un equipo de ping-pong norteamericano— que culmina en 1972 con la vista del presidente Nixon al presidente Mao-Tse-tung.

Otro ejemplo de esta etapa de distensión es el inicio de las conversaciones SALT (Tratado de Limitación de Armas Estratégicas), para intentar un acuerdo entre las potencias sobre desarme y control de armas nucleares.

Finalmente, en 1974, se reúne en Helsinki una conferencia cumbre de jefes de Estado y primeros ministros. Con el fin de consolidar las fronteras nacidas de la segunda guerra mundial anuncia el propósito de las grandes potencias de no intervenir en favor de ningún cambio en dichas fronteras.

El difícil equilibrio mundial, precariamente mantenido a lo largo de la tensa etapa de la guerra fría, estuvo a punto de quebrarse a consecuencia del asunto de los «missiles» cubanos, comprometiendo, de paso, las esperanzas de una ansiada distensión entre las dos grandes potencias.


Incidencia cubana

Quizá no fuera simple casualidad que el escenario del episodio más crítico en las relaciones Este-Oeste después de la segunda guerra mundial fuera Cuba, dadas sus peculiares relaciones con su colosal vecino.

Prácticamente Cuba nunca ha sido un Estado independiente y soberano. Tras la derrota española en la guerra hispano-norteamericana (1898), España se vio obligada a ceder la soberanía de Cuba, junto con la de Filipinas y Puerto Rico, por el Tratado de París (10 de diciembre de 1898). A partir de entonces la isla fue gobernada por las fuerzas de intervención norteamericanas.

El 21 de diciembre de 1901 Cuba fue dotada de una Constitución que la convertía en Estado dependiente de los Estados Unidos. Por dicha Constitución, Cuba podía nombrar un gobierno «independiente», pero no poseería marina de guerra ni ejército, ni podría concertar préstamos con el exterior ni mantener relaciones con otras naciones sin la aprobación de los Estados Unidos, que se reservaban la defensa de la isla ante cualquier agresión exterior y el mantenimiento del orden público.

El primer presidente oficial de Cuba, Tomás Estrada Palma, firmó un convenio con la nación protectora por el cual cedía a USA, por tiempo indefinido, bases en Guantánamo y Bahía Honda.

La excesiva subordinación de las autoridades oficiales cubanas a la intervención «yanqui» provocaron innumerables conflictos internos durante largos períodos. Después de las elecciones presidenciales de 1906, Washington tuvo que intervenir directamente y nombrar un gobernador propio para acabar con la rebelión de los patriotas cubanos. La intervención norteamericana duró hasta el 28 de enero de 1909.

La política de hacer y deshacer los gobiernos de la isla, protegiendo los intereses oligárquicos propios a base de una burguesía sumisa y una burocracia corrompida, generaron fuertes sentimientos antinorteamericanos entre los naturales de la isla. Por otra parte, los Estados Unidos sostuvieron frecuentemente gobiernos tiránicos y crueles como los de Machado y Batista.

En 1953 fracasa la primera tentativa revolucionaria de Fidel Castro para derribar la dictadura del general Batista.

En 1956 desembarca con 82 compañeros en la provincia de Oriente y crea el primer foco guerrillero en Sierra Maestra. Con su lema «patria o muerte» y su programa de regeneración política y reforma social, en el transcurso de tres años desfonda las estructuras dictatoriales y se gana la confianza popular. El dictador tiene que abandonar el poder el 1 de enero de 1959. Al día siguiente las fuerzas revolucionarias de Fidel Castro entraban en La Habana.

Una de las primeras medidas del gobierno revolucionario de Cuba fue expropiar los grandes latifundios y entregar la tierra a los campesinos en forma individual o cooperativa. Los capitalistas norteamericanos se sienten perjudicados y empiezan a crear dificultades a los planteamientos colectivistas de Fidel Castro.

El 2 de febrero de 1960 el gobierno cubano firma un importante acuerdo comercial con la URSS para la compra del azúcar.

El 4 de marzo del mismo año Fidel Castro acusa a los imperialistas norteamericanos de la voladura del buque «La Coubre», que ocasiona 75 muertos. Inmediatamente el presidente Eisenhower le replica que ha traicionado la revolución en favor de los comunistas.

El 6 de julio Castro nacionaliza dos refinerías norteamericanas que se niegan a tratar el petróleo procedente de la URSS. Los Estados Unidos responden suspendiendo la compra de azúcar cubano.

El 6 de agosto son nacionalizadas las más importantes compañías norteamericanas de la isla. Los Estados Unidos consiguen a finales del mismo mes la condena de Cuba en la conferencia de cancilleres de la Organización de Estados Americanos (OEA), celebrada en San José (Costa Rica).

El 2 de septiembre se hace pública la famosa «Declaración de La Habana», segun la cual Cuba se compromete a estrechar sus relaciones con los países socialistas. Los Estados Unidos responden con el embargo de todas las mercancías que se dirijan a la isla.

El 3 de enero de 1961 los Estados Unidos rompen las relaciones diplomáticas con Cuba. El gobierno del presidente Eisenhower no oculta sus propósitos de aislar a Cuba y provocar la caída del gobierno castrista por todos los medios.

Temiendo Fidel Castro un desembarco en la isla, decreta la movilización general y pone al país en estado de alerta. Pero al asumir Kennedy la presidencia el 20 del mismo mes, creyó sin duda que la administración demócrata se mostraría menos virulenta con su régimen y decretó la desmovilización.

El 3 de abril el gobierno norteamericano publica un «Libro Blanco», acusando a Fidel Castro de comunista y repudiando su sistema.

El 17 del mismo mes se produce el desembarco de las fuerzas anticastristas en Bahía Cochinos, dirigidas por la CIA. El cuerpo de desembarco, unos 1.500 hombres, es cercado y destruido en las ciénagas de Zapata en el transcurso de tres días de duros combates. Kennedy se hace responsable ante el mundo de la fallida operación planeada por la administración del presidente Eisenhower. Personalmente, la considera absurda y descabellada. El objetivo de la operación era crear una base para provocar el levantamiento de los anticastristas, cosa que no se produjo.

Estas continuas provocaciones y el régimen de aislamiento con que los Estados Unidos pretenden someter a la pequeña Cuba provocan entre los dirigentes revolucionarios de La Habana una creciente exacerbación.

El 1 de mayo de 1961 Fidel Castro proclama la República Socialista de Cuba, y el 1 de diciembre del mismo año el carácter marxista-leninista de la revolución. Con ello se sitúa al lado de los países socialistas y bajo la protección soviética.

Por presión de los Estados Unidos, en la reunión de cancilleres de la OEA en Punta del Este (Uruguay) el 31 de mayo de 1962, se declara a Cuba «incompatible con el sistema interamericano» y es expulsada de la organización.

En lo sucesivo Cuba quedará envuelta en un «cinturón sanitario», esto es, impedida de comerciar con los países iberoamericanos y sometida a una estrecha vigilancia por parte de los servicios de espionaje norteamericanos.

El 14 de octubre de 1962 el avión espía U-2 descubre, en el área de San Cristóbal, los primeros esbozos de lo que parecía ser una base soviética de lanzamiento de proyectiles nucleares de alcance medio. En Washington cunde la alarma. Kennedy reúne al Consejo Nacional de Defensa para estudiar la situación.

El 22 del mismo mes el presidente Kennedy anuncia al mundo que la Unión Soviética está instalando proyectiles de carga atómica en Cuba, y ordena el bloqueo aeronaval de la isla para impedir la llegada de este tipo de material ofensivo. En su mensaje, Kennedy no descarta el bombardeo masivo de la isla para destruir las instalaciones militares y hasta la invasión, si la URSS no retira inmediatamente los cohetes.

Hasta el 28 de octubre el mundo vivió pendiente de un hilo. La confrontación nuclear estuvo sobre el tapete de las dos superpotencias. Tanto Kruschev como Kennedy se vieron sometidos a fuertes presiones por los elementos más agresivos de sus respectivos equipos. En Washington, los «halcones» aconsejaban «acabar con Castro» por medio de una invasión. Pero el 28 Kruschev envió una carta a Kennedy en la que se comprometía a retirar de Cuba los «missiles» nucleares y el material de guerra de carácter ofensivo a condición de que los Estados Unidos se comprometieran a no invadir la isla y respetar el régimen castrista.

Los cohetes instalados en Cuba por la Unión Soviética pertenecían a la clase IRBM con una o dos cabezas atómicas y un alcance de 3.380 kilómetros. Similares a estos ingenios eran los «Júpiter», instalados por los Estados Unidos en Turquía e Italia.

John F. Kennedy

Introducción - I. Un presidente para la historia - II. El clan Kennedy - III. Entre Harward y Londres: intenso aprendizaje y primeros frutos - IV. En el arriesgado crisol de la guerra - V. Desde el periodismo a la política - VI. Sacando fuerzas de flaqueza - VII. «Rasgos de valor», una llamada a la conciencia americana - VIII. John F. Kennedy quiere ser presidente de los Estados Unidos - IX. Estrategia de una campaña - X. La batalla final por la presidencia - XI. A la hora de cumplir 10s compromisos - XII. La crisis de Bahia de Cochinos - XIII. Al servicio de la imagen interior y exterior de los Estados Unidos - XIV. La tragedia de Dallas - XV. Pensamiento político de Kennedy - Apéndice 1. Guerra fría y distensión - Apéndice 2. Expansión, crisis y «New Deal» - Apéndice 3. Formación y selección de políticos en la democracia americana - Apéndice 4. Ghettos y minorías. La lucha por los derechos civiles - Apéndice 5. Contrapesos y respaldos en el ejercicio del poder - Apéndice 6. Alianzas e influencias en Latinoamérica - Apéndice 7. Nacimiento y expansión del imperio americano - Apéndice 8. La violencia política. Los magnicidios en Estados Unidos - Kennedy y su tiempo (Cronología)

ISBN 978-84-9963-204-9