Apéndice 1. Arturo Soria y la Ciudad Lineal
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LAS ideas de Arturo Soria sobre lo que él llamó las ciudades lineales podemos considerarlas como una contribución muy importante al pensamiento urbanístico de todos los tiempos.
Arturo Soria y Mata nace en Madrid, en 1844, en un medio familiar modesto. Hace el bachillerato e ingresa en el Cuerpo de Telégrafos y en el Instituto Geográfico. Con posterioridad, participa en la política durante su juventud, junto a su profesor de matemáticas y más tarde ministro, Manuel Becerra. Ocupa el puesto de secretario en diversos gobiernos civiles de España y un cargo similar en la ciudad de San Juan de Puerto Rico. Es diputado por la República, y, al caer este sistema de gobierno, abandona la política, dedicándose entonces a empresas industriales, llevando a cabo estudios específicamente relacionados con la geometría. Realiza variados experimentos, investigaciones y proyectos entre los que destacan sus teorías en torno a las ciudades lineales.
Su punto de arranque para la elaboración de estas teorías viene dado por la influencia (él mismo se consideró su seguidor) del sociólogo americano Henry George. Este sociólogo (nacido en 1839 y muerto en 1897) había escrito varias obras notables, entre las que figura su Política de la Tierra y La Ciencia de la Economía Política. Esta última obra había tenido mucho eco durante el siglo XIX. George propugnaba un cristianismo igualitario que consideraba el régimen de propiedad como un mal insalvable para la clase obrera. Pensaba que era la renta lo que causaba una separación cada vez mayor entre la clase capitalista y la económicamente débil.
Pues bien: Soria había recibido una clara orientación para el desarrollo de sus concepciones arquitectónicas en la obra de este pensador norteamericano.
La idea de la Ciudad Lineal hace su aparición el 6 de marzo de 1882, en un artículo de El Progreso titulado «Madrid remendado y Madrid nuevo», en el que ataca Soria la política municipal de reformas interiores, aconsejando medidas más radicales. Dice así: «Hay que optar, pronto y resueltamente, entre remendar el plano defectuoso de Madrid de hoy o hacer uno nuevo.
«Esto último es más fácil, sencillo y económico de lo que a primera vista parece.
«Antes de demostrarlo, dibujemos a grandes rasgos y en breves palabras el tipo ideal, casi perfecto, de una ciudad tal como nosotros lo concebimos.
«Una sola calle de 500 metros de anchura y de la longitud que fuere necesaria, entiéndase bien, de la longitud que fuere necesaria, tal será la ciudad del porvenir, cuyos extremos pueden ser Cádiz y San Petersburgo, o Pekín y Bruselas.
«Póngase en el centro de esta inmensa cinta, ferrocarriles y tranvías, cañerías para el agua, el gas y la electricidad, estanques, jardines y, de trecho en trecho, pequeños edificios para los diferentes servicios municipales, de incendios, de limpieza, sanidad, seguridad y otros, y quedarán resueltos de una vez casi todos los complejos problemas que engendra la vida urbana de grandes masas de población.
Nuestro proyecto de ciudad reúne a las condiciones higiénicas de la vida del campo todas las de las grandes capitales y algunas más, en el supuesto de que las vías férreas equivalentes a los empedrados y aceras de hoy, transporten gratuitamente, o poco menos, a todos los ciudadanos.
Ruralícese Madrid comenzando seis de estas ciudades lineales en su actual perímetro y en las direcciones de Fuencarral, Hortaleza, Barajas, Villaverde y Pozuelo».
Comprende, al mismo tiempo, Arturo Soria la complejidad de los problemas de tráfico que han de surgir en la ciudad futura. Su ciudad lineal se caracteriza por su desarrollo a lo largo de una vía de comunicación y transporte. Esta ciudad estaría formada por una calle principal, su eje, de 40 metros de anchura mínima y en cuya zona central se construirían dos o más vías férreas eléctricas. Estas líneas de comunicación habían de ser rectas, mientras que la ciudad se iría extendiendo paralelamente a un lado y otro de ellas. En lo que se refiere a las calles transversales, perpendiculares a la principal, serían de un ancho mínimo de 20 metros. Las manzanas tendrían formas transversales, de cuadrados, rectángulos y trapecios.
Arturo Soria pensó que, para la distribución del terreno, un quinto de la superficie total de su ciudad estaría dedicado a vivienda y el resto a tierra cultivada. Fijó la extensión mínima de una parcela en 400 metros cuadrados, de los cuales 80 se destinarían a vivienda-taller y 320 a huerta, jardín con árboles frutales e instalaciones para la cría de animales domésticos, pues el lema de su ciudad era: «Para cada familia, una casa. En cada casa, una huerta y un jardín».
De este modo, la Ciudad Lineal sería unión entre las ciudades tradicionales para, con el tiempo, ir creando una red de triangulaciones cuyos vértices fueran las antiguas ciudades. El interior de estos triángulos lo constituirían explotaciones agrícolas e industriales. La ciudad, cuando las exigencias del terreno así lo requieran, se estrecharía hasta convetirse simplemente en el paso de la doble vía. También se emplearían ferrocarriles tanto elevados como subterráneos.
Como hemos dicho, para Arturo Soria la concepción de su ciudad era una consecuencia de las teorías económico-sociales de Henry George, elpensador norteamericano. Soria quería lograr para las clases modestas una vida mejor, desde todos lo puntos de vista. En este sentido busca, para el hombre en la ciudad, la conservación de su dignidad y libertad, así como el contacto con una Naturaleza que llevaba el camino de perder; así, creía necesario la vuelta del individuo de las ciudades a los campos que habían sido abandonados. En definitiva, Arturo Soria buscaba «la realización con un sentido conservador de una idea tan revolucionaria como la justa repartición de la tierra.»
Soria expone sus teorías —como hemos dicho, en 1882— dieciséis años antes de la publicación del famoso libro de Howard, Tomorrow, a peaceful parh to real reform y todavía mucho más tiempo para que comiencen las campañas de éste sobre la necesidad de la ciudad-jardín. Ello nos hace ver la originalidad de las teorías de nuestro pensador dentro de su tiempo.
Vemos lo que se hacía en estos años y en los sucesivos, en Europa: en 1871, Ruskin intenta, sin resultado, la edificación de un suburbio-jardín; en 1887, Lever realiza un grupo de 600 «villas» en Port-Sunlight, cerca de Liverpool; Cadbury, enl 1895, construye 500 viviendas en Bourniville, en Birminghan; en 1898, Howard inicia su movimiento; en 1902, dos urbanistas, Unwin y Parker, proyectan y construyen la ciudad de Letchworth, según las orientaciones de Howard; igualmente siguiendo orientaciones de Howard en 1919, se construye la ciudad de Welwyn. Así podemos darnos cuenta de cómo Arturo Soria se anticipó a su tiempo.
Arturo Soria intentó, además, sin ayuda de ninguna clase, llevar a la práctica sus teorías. En efecto, a partir de 1890 da comienzo a una ciudad piloto en Madrid. Pero es verdad que a su muerte, en 1920, sólo una mínima parte de esa Ciudad Lineal estaba realizada.
En el momento en que la muerte sorprende a Arturo Soria (1920), la situación era la siguiente: «Aunque lo realizado bajo su dirección no constituye más que la décima parte del proyecto, representa una labor enorme, verdaderamente meritoria, base firmísima del desarrollo de los futuros planes, como es: la adquisición de 5.200 metros de la primera barriada de la Ciudad Lineal y 17.000 de las barriadas segunda y tercera empezados a explanar (se extendían por lo que hoy es Hermanos García Noblejas hasta casi Vallecas); más de 100.000 árboles plantados, tantos como en todo el perímetro de París; 120.000 metros de tuberías de elevación y distribución de agua para poder servir a una población de más de 30.000 almas; 50 kilómetros de vías férreas en explotación, que comprenden los tranvías de Cuatro Caminos-Chamartín-Ciudad Lineal-Ventas, de Cuatro Caminos a Fuencarral, de Cuatro Caminos al Colegio de la Paloma y el ferrocarril de Cuatro Caminos a Colmenar Viejo (toda esta infraestructura viaria era el soporte de futuras ciudades lineales y la base de la periférica circular ya emprendida); una fábrica de electricidad y 150.000 metros de líneas eléctricas que suministran fluido a los términos municipales de Madrid, Barajas, Canillas, Ciudad Lineal, San Fernando, Fuen-labrada, Hortaleza, Humanes, Móstoles, Pueblo Nuevo, Tetuán, Vicálvaro, Villaverde y Villaviciosa de Odón; más de mil viviendas construidas en terrenos de la Compañía, entre hoteles de lujo, hoteles burgueses y hoteles obreros, todas, aún las más (cobres, en excelentes condiciones higiénicas de uz, de sol y de ventilación; cinco negocios preferentes de terrenos, aguas, vías férreas, construcciones y electricidad y cinco negocios auxiliares, tejares, almacenes, imprenta, viveros y parque de diversiones, en los cuales encuentran trabajo centenares de obreros y empleados».
En resumen: la Ciudad Lineal es una muestra de las enormes posibilidades que el urbanismo tiene. Atrae aún como teoría y como realización dentro de un Madrid que ha perdido, en gran parte, su carácter por las modernas calles, pasos elevados y subterráneos.
La idea de «las ciudades lineales» de Arturo Soria ha influido notablemente en el pensamiento de los urbanismos posteriores. Esta idea la encontramos en la Broadacre City, de Wright (que data de 1930), en los trabajos del grupo MARS (1937-1942), así como en otros que realizó Le Corbusier con el grupo ASCORAL; también en algunos proyectos de Hilbersheimer. Todos ellos siguen las ideas básicas de las teorías del gran urbanista español.