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Antología de textos confucianos - III. El Segundo Sabio

De Mienciclo E-books

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Contenido

Introducción

CHUANG-PAO fue a ver a Meng-tsé y le dijo: ⊺Yo, Pao, un día en que fui a ver al rey, éste, en nuestra conversación, me dijo que le agradaba mucho la música. Yo, Pao, no supe qué responderle. ¿Qué pensáis de esa afición del rey a la música?⊻. Meng-tsé dijo: ⊺Si el rey tiene predilección por la música, el reino de Thsi se acerca mucho (a un gobierno mejor)».

Otro día, Meng-tsé fue a visitar al rey y le dijo: ⊺El rey ha dicho, en una conversación con Chuang-y-tsé (Chuang-pao), que le agradaba nucho la musica»: ¿Es verdad esto? El rey mudó de color y dijo: «Mi pobre persona no es capaz de amar la música de los antiguos reyes. Yo tengo solamente afición a la música apropiada a las costumbres de la generación presente».

Meng-tsé

dijo: «Si el rey tiene mucha afición a la música, el reino de Thsi se acerca mucho (a un gobierno mejor). La música de nuestros días se parece a la música de los antiguos».

El rey dijo: «¿Podríais explicarme algo de esto?».

Meng-tsé

dijo: «Si vos gozáis a solas de la música, o si la compartís con los demás hombres, ¿en cuál de estos dos casos experimentaréis mayor placer?». El rey dijo: «El mayor placer será, seguramente, el que compartiré con los demás hombres».

Meng-tsé

añadió: ⊺Si disfrutáis del placer de la música con un corto número de personas, o si disfrutáis de ella con la muchedumbre, ¿en cuál de estos dos casos obtendréis mayor placer?». El rey dijo: «El mayor placer será seguramente el que compartiré con la muchedumbre».

Meng-tsé:

«Vuestro servidor os ruega que le permitáis continuar la conversación acerca de la música».

Supongamos que el rey comienza a tocar aquí sus instrumentos de música; y todo el pueblo, escuchando las campanillas, los tambores, las flautas y otros instrumentos de viento del rey experimentará enseguida un vivo descontento fruncirá las cejas y se dirá: «Vuestro rey se complace mucho en tocar instrumentos de música, pero, ¿cómo gobierna, de manera que nosotros hayamos llegado al colmo de la miseria? Los padres y los hijos ya no se tratan; los hermanos, las esposas, los hijos, están separados unos de otros y dispersos por todas partes. Después que vaya el rey a cazar, y el pueblo, al oír el ruido de los caballos y los coches del rey y ver la magnificencia de sus estandartes ornados de plumas y ondeantes colas de animales, experimentará enseguida vivo descontento, fruncirá el ceño y se dirá: A nuestro rey le agrada mucho la caza, pero, ¿cómo lo hace para que nosotros hayamos llegado al colmo de la miseria? Los padres y los hijos ya no se tratan; los hermanos, las esposas y los hijos están separados unos de otros y andan cada uno por su lado. La causa de este vivo descontento consiste en que el rey no hace participar al pueblo de su alegría y de sus placeres».

Ahora supongamos que el rey comienza a tocar en aquellos lugares sus instrumentos de música; todo el pueblo, al oír los sones de los diversos instrumentos del rey, experimentará un vivo sentimiento de alegría, del que dará testimonio su rostro risueño, y se dirá: «Nuestro rey está muy bien de salud, sin duda alguna; de otro modo, ¿cómo podría tocar instrumentos de música? Y ahora, vaya el rey a cazar en este país; y el pueblo, al oír el ruido de los caballos y los coches reales y ver la magnificencia de los estandartes armados de plumas y ondeantes colas de animales, experimentará un vivo sentimiento de alegría, de que dará muestra su rostro risueño», y se dirá: «Nuestro rey está, sin duda, muy bien de salud; de otro modo, ¿cómo podría ir a cazar? La causa de esta alegría será que el rey habrá hecho participar al pueblo de su alegría y de sus placeres».

Ahora bien, si el rey hace participar al pueblo de su alegría y de sus placeres, entonces reinará verdaderamente.

Siuan-wang

rey de Thsi, hizo una pregunta en estos términos: ¿Hay un arte, una regla que seguir para establecer relaciones de amistad entre los reinos vecinos?

Meng-tsé

respondió con respeto: «Existe esa regla. Sólo un príncipe dotado de la virtud de humanidad puede, poseyendo un gran Estado, procurar ventajas a los Estados pequeños. Por esto Chingthang ayudó al Estado de Ko, y Wen-wang trató bien al de los Kuen-i (o de los bárbaros de occidente). Sólo el príncipe dotado de ilustrada paciencia puede, cuando posee un Estado pequeño, tener la condescendencia necesaria para los grandes Estados. De este modo se condujeron Tai-wang con los Hiun-hio (o bárbaros del norte), y Keu-tsian con el Estado de U».

El que gobernando un gran Estado, protege y asiste a los pequeños, se conduce de una manera digna y conforme a la razón celeste; el que no poseyendo sino un Estado pequeño tiene condescendencia para los grandes Estados, respeta, obedeciéndole, la razón celeste; el que se conduce de una manera digna y conforme a la razón celeste, es protector de todo el imperio; el que respeta, obedeciéndola, la razón celeste, es el protector de su propio reino.

El Libro de los versos dice:

«Respetad la majestad del Cielo,

Y por ello mismo conservaréis el mandato que ha delegado en vosotros.»

El rey dijo: «Qué grande, qué admirable instrucción! Mi pobre persona tiene un defecto; mipobre persona ama la valentía».

Meng-tsé

respondió con respeto: «Príncipe, os lo ruego, no améis la valentía vulgar (que no es sino un ímpetu vital)». El que la posee toma su espada, lanza en derredor miradas furibundas y exclama: «¿Cómo ha osado ese enemigo venir a atacarme?». Esa bravura no es sino la del hombre vulgar que sólo puede resistir a un hombre. Rey, os lo ruego, no penséis sino en la valentía de las almas grandes.

El Libro de los versos dice:

«El rey (Wen-wang), animándose súbitamente, se puso rojo de cólera;

Acto seguido mandó que su ejército se pusiera en orden de batalla,

Para cerrar el paso a las tropas enemigas que avanzaban contra él;

Para hacer más floreciente la prosperidad de los Cheu,

Y para responder a los ardientes anhelos de todo el imperio.»

He aquí la valentía de Wen-wang: no se irrita sino una vez, y pacifica todas las poblaciones del imperio.

El Chu-king o Libro por excelencia, dice: «El cielo, al crear los pueblos, ha puesto príncipes a la cabeza de ellos (para que cuiden de los mismos); les ha dado instructores (para instruirlos). También se ha dicho: ellos son los auxiliares del soberano supremo, el cual los distingue con muestra de honores en las cuatro partes de la tierra. Sólo a mí pertenece (habla Wu-wang) recompensar a los inocentes y castigar a los culplables. ¿Quién, en todo el imperio, osará oponerse a su voluntad?».

Un solo hombre (Cheu-sin) había cometido acciones odiosas en el imperio; Wu-wang se avergonzó de ello. En eso consistió su valentía; Wu-wang irritándose una sola vez, pacificó todas las poblaciones del imperio.

Ahora bien, si el rey, entregándose una sola vez a sus impulsos de indignación o de valentía, pacificase todas las poblaciones del imperio, esas poblaciones no sentirían sino un temor; el de que el rey no amase la valentía.

Meng-tsé, dirigiéndose Siuan-wan, rey de Thsi, le dijo: «supongamos que un servidor del rey tenga bastante confianza en un amigo para confiarle suesposa y sus hijos en el momento en que se pone en camino para el estado de Yhsú. Cuando aquel hombre regresa, si se entera de que su esposa y sus hijos han padecido frío y hambre, ¿qué debe hacer? El rey dijo: «Debe reñir totalmente con su amigo».

Meng-tsé

dijo: «Si el jefe supremo de la justicia (Ssé-ssé) no puede gobernar a los magistrados subordinados a él, ¿qué debe hacerse con él?».

El rey dijo: «Es menester destituirlo».

Meng-tsé

dijo: «Si las provincias situadas entre los cuatro límites extremos del reino no están bien gobernados, ¿qué se debe hacer?».

El rey (fingiendo no entender) miró a derecha y aizquierda y habló de otra cosa.

Los hombres de Thsi atacaron a los de Yan y los vencieron. Siuan-wang interrogó (a Nebg-tsé) diciendo: «Unos me dicen que no vaya a apoderarme (del reino de Yan); otros me dicen que vaya, que las fuerzas humanas no pueden lograr que un reino de diez mil carros conquiste a otro reino también de diez mil carros en el espacio de cinco décadas (o cincuenta días) y lo ocupe. Si no voy a apoderarme de ese reino, sin duda el cielo me negará su favor; y si voy a apoderarme de él, ¿qué me sucederá?».

Meng-tsé respondió respetuosamente: «si el pueblo de Yan se alegra de veros tomar posesión del estado, tomad posesión de él; el hombre de la antigüedad que obró de este modo fue Wu-wang. Si el pueblo de Yan no se alegra de veros tomar posesión de su reino, no la toméis; el hombre de la antigüedad que obró así fue Wen-wang».

Si con las fuerzas de un reino de diez mil carros atacáis a otro reino también de diez mil carros, y el pueblo sale al encuentro de los ejércitos del rey ofreciéndole, para que lo coma, arroz cocido, y vino, para que lo beba, ¿pensáis que ese pueblo pueda tener otra causa para obrar así que no sea la de huir del agua y del fuego (es decir, de una cruel tiranía)? Pero si vos hicierais más profunda esa agua y más ardiente ese fuego (esto es, si fueseis a implantar una tiranía más cruel todavía que la que padecía el pueblo), entonces éste buscaría otro protector para obtener su liberación. Eso es todo.

Los hombres de Thsi atacaron al Estado de Yan, y cuando lo hubieron tomado, todos los demás príncipes resolvieron liberar Yan. Siuan-wang dijo: «Los príncipes de los distintos Estados han resuelto atacar en gran número a mi pobre persona»; ¿cómo me las compondré para rechazarlos? Meng-tsé respondió respetuosamente: «Vuestro servidor ha oído hablar de un hombre que no poseyendo sino un territorio de setenta li (siete leguas) consiguió, a pesar de ello, aplicar los principios de un buen gobierno a todo el imperio: Ching-thang fue ese hombre. Pero yo jamás oí decir que un príncipe que poseyese un Estado de mil li (cien leguas) temiese las agresiones de los hombres.

El Chu-king

libro por excelencia dice: «Ching-thang, yendo por primera vez a combatir a los príncipes que tiranizaban al pueblo, comenzó por el rey de Ko; el imperio puso en él toda su confianza; si dirigía sus armas a Oriente, los bárbaros de Occidente se quejaban (y suspiraban por su liberación); si dirigía sus armas a Mediodía, los bárbaros del Norte se quejaban por su liberación), diciendo: «¿Por qué no nos prefiere a nosotros?» Los pueblos aspiraban a él como después de una gran sequía se suspira por las nubes y el arco iris. Los que (bajo su gobierno) se dirigían a los mercados no eran detenidos en el camino; los que trabajaban la tierra no eran trasladados de un lugar a otro. Ching-thang condenaba a muerte a los príncipes (que ejercían la tiranía) y aliviaba a los pueblos. Como cuando cae la lluvia en tiempo deseado, los pueblos experimentaban gran alegría.

El Chu-king

dice: «Esperábamos ávidamente a nuestro príncipe; después de su llegada hemos vuelto a la vida».

Pues bien, el rey de Yan oprimía a su pueblo, y el rey Siuan-wang fue allí para combatirlo y lo venció. El pueblo de Yan pensaba que el vencedor los liberaría del agua y del fuego (de la tiranía bajo la cual gemían), y fue al encuentro del ejército del rey, ofreciéndole arroz para comer y vino para beber. Pero si hacéis morir a los padres y a los hermanos mayores; si encadenáis a los niños y a los hermanos menores; si destruís los templos dedicados a los antepasados y si arrebatáis a esos templos los vasos preciosos que encierra, ¿qué ocurrirá? Todo el imperio sentía ya el poder de Thsi; ahora que habéis duplicado la extensión de vuestro territorio, si no practicáis un gobierno humano sublevaréis los ejércitos del imperio contra vos.

Si el rey promulgase prontamente un decreto ordenando devolver los ancianos y los niños a sus parientes, prohibiendo arrebatar a los templos los vasos preciosos, y si, de acuerdo con el pueblo de Yan, restableciérais a su cabeza a un príncipe prudente y abandonáseis su territorio, entonces podríais rechazar los ejércitos de los demás príncipes dispuestos a atacaros.


Textos sacados del libro Meng Tzu, atribuido a Meng Ko (Mencio).