Antología de textos confucianos - II. El Ser y el No-Ser
De Mienciclo E-books
Contenido |
I
EL Tao que puede ser expresado con palabras no es el verdadero Tao; el nombre que se le puede asignar tampoco es su verdadero nombre. Si no se le pone nombre es el principio del universo; si se le pone nombre es la madre de todas las cosas.
En cuanto no-ser, comprendemos su esencia; en cuanto ser sólo percibimos su apariencia. El ser y el no-ser tienen el mismo principio, aunque no lleven el mismo nombre: su identidad es un misterio. Ese misterio es como una puerta por la que nos adentramos en lo maravilloso.
II
Llamamos bello a lo bello y de esa forma conocemos lo feo. Conocemos el bien por el bien y de esa forma apreciamos lo que es el mal.
El ser y el no ser nacen el uno del otro; lo fácil y lo difícil son complementarios; lo largo y lo corto se forman el uno del otro; lo alto y lo bajo se aproximan entre sí; el sonido y el tono constituyen la armonía; el antes y el después son una continua sucesión.
Por eso, el sabio se limita a no obrar y enseña a los demás sin palabras. Las cosas surgen sin que él intervenga; no se apropia de nada y no rechaza nada; no espera que sean recompensadas sus obras ni se atribuye la obra llevada a término; ésa es la razón de que su obra perdure con él.
XI
En el cubo de una rueda convergen treinta radios, pero es el espacio vacío lo que hace que el carro tenga utilidad. Se trabaja la arcilla para modelar una vasija, pero es el vacío interior lo que hace que la vasija sea útil. Se practican puertas y ventanas en los muros de una casa, pero es el vacío interior lo que la hace habitable. Nos empeñamos en fijarnos en el ser, pero es el no-ser lo verdaderamente útil.
XVII
El buen gobernante es el que pasa inadvertido por el pueblo; hay otros que son amados y elogiados, otros que son temidos y otros, finalmente, que son despreciados por el pueblo. Donde no existe una confianza total se produce la desconfianza.
El buen gobernante se limita a no hacer, y por eso sus obras son coronadas por el éxito; porque, entonces, el pueblo cree estar viviendo su propia ley.
XXII
Lo que está postergado será enaltecido y lo que está torcido será enderezado; lo que está vacío será colmado y lo que ha envejecido será rejuvenecido; lo sencillo y puro llegará a sazón, mas lo complicado y extenso introducirá la confusión.
En virtud de ello, el sabio busca la unidad y sirve de espejo al mundo; destaca entre los demás porque no hace ostentación y brilla porque no se esconde; se hace merecedor de honores porque no se vanagloria; conserva su ascendiente porque no trata de imponerse y nadie se mete con él porque él no se mete con nadie. ¿Han perdido acaso su significado las palabras del antiguo proverbio: «Lo que está postergado será enaltecido»? Por esoigue siendo verdad que el sabio conservará su grandeza.
XXVII
El caminante avisado camina sin dejar huellas, el orador experimentado ni se equivoca ni ofende y el contable experto no necesita instrumentos de cálculo; el cerrajero habilidoso no coloca barrotes ni cerrojos y nadie es capaz de abrir lo que él ha cerrado; el buen enlazador no se sirve de cuerdas ni hace nudos, y nadie es capaz de desatar lo que él ha atado...
XXXI
Las armas son unos artefactos malignos y el hombre de Tao nunca las emplea.
El hombre de buena índole estima que el sitio de honor está a la izquierda, pero, cuando es portador de armas, se coloca a la derecha.
Las armas son unos artefactos malignos que no se avienen con el hombre de buena índole; sólo hace uso de ellas cuando no tiene más remedio, y aun entonces lo hace sin violencia y no se goza de la victoria: sólo quien se complace en la muerte de los hombres se regocija con la victoria; quien siente placer en matar hombres no puede imponerse sobre la tierra.
En las ocasiones solemnes el sitio de honor está a la izquierda, y está a la derecha en los sucesos tristes; en estos casos, el jefe subalterno se coloca a la izquierda y el jefe superior a la derecha, que es el sitio que le está reservado en los ritos fúnebres.
Quien haya cometido homicidio se verá obligado a llorar con dolor y amargura; el rito funerario es la consecuencia de la victoria en la guerra.
XXXIII
Quien conoce a los demás es inteligente; quien se conoce a sí mismo es un iluminado. Quien domina a los demás es fuerte; quien se domina a sí mismo es la fuerza.
Quien no tiene apetencias es rico; quien vive en continuo esfuerzo da muestras de una gran voluntad.
Quien permanece en su sitio vive largamente; quien muere y no perece es eterno.
LV
Quien alcanza el grado máximo de la virtud es como un niño recién nacido. Ni los reptiles venenosos le pican, ni las fieras salvajes le atacan, ni las aves de rapiña le arrebatan entre sus garras.
Aunque tiene blandos los huesos y débiles los tendones, se aferra fuertemente. No sabe de la unión de los sexos pero conserva la total vitalidad de su esperma. Puede estar todo el día gritando sin enronquecer: en él reside la perfecta armonía. Conocer la armonía es penetrar en la eternidad; quien conoce la eternidad es un iluminado. Vivir con intensidad es una desgracia y controlar el aliento exige fortaleza.
Cuando los seres alcanzan la madurez empiezan a envejecer. Así les ocurre a quienes se oponen al Tao, porque lo opuesto al Tao fenece rápidamente.
LVII
Para gobernar el Estado hay que proceder con suma rectitud; para luchar en la guerra se necesita sagacidad; para conquistar el mundo es preciso no hacer.
Esto lo sé porque:
—Cuantas más limitaciones y prohibiciones se impongan más se empobrecerá el pueblo.
—Cuantas más armas haya más desorden habrá en el reino.
—Cuanta más astucia se emplee más sucesos extraños se producirán.
—Cuantas más leyes y decretos se establezcan más ladrones habrá.
Por eso el sabio asevera: «Yo no haré nada y el pueblo progresará por sí mismo; yo no permaneceré en la inactividad y el pueblo mejorará por sí mismo; yo no me meteré en negocios y el pueblo se enriquecerá por sí mismo; yo no manifestaré ningún deseo y el pueblo por sí mismo recuperará su sencillez.»
LIX
Para el gobierno de los hombres y el servicio del cielo lo más procedente es la moderación, porque con moderación todo se domina, y quien consigue rápidamente la dominación hace acopio de una gran virtud; con ese acopio de virtud saldrá vencedor en todo, y tras haber vencido en todo alcanzará niveles insospechados y hasta podrá adueñarse del reino; una vez en posesión de la Madre del reino, puede permanecer durante mucho tiempo.
Este es el camino para echar raíces profundas y asentarse sobre bases sólidas, para vivir largamente y conservar la vista.
LXIII
La virtud lo rige todo: el hacer y el no hacer, el ejecutar y el no ejecutar, lo sabroso y lo insípido, lo grande y lo pequeño, lo mucho y lo poco.
Se encara con la dificultad por el lado más fácil; ejecuta las cosas grandes comenzando por las cosas pequeñas. Porque las cosas más difíciles dejan de serlo si se las empieza por el lado más fácil y las cosas grandes se consiguen poco a poco.
La grandeza del sabio radica en que no acomete grandes empresas.
Concedemos muy poco crédito a quien promete a la ligera; quien todo lo ve fácil encontrará grandes dificultades.
Por eso precisamente el sabio no encuentra dificultades porque primero considera los aspectos difíciles.
LXVII
Todos dicen aquí que soy grande y que no lo parezco; precisamente porque no lo parezco soy grande. En el momento en que pareciera serlo dejaría de serlo y hace ya mucho tiempo que me habría hecho pequeño.
Poseo tres tesoros que reservo para mí: el primero es el amor, el segundo la ecuanimidad y el tercero la humildad. Gracias al amor puedo ser valiente, gracias a la ecuanimidad puedo ser generoso y gracias a la humildad puedo colocarme en el primer puesto. Sin amor nadie puede ser valiente, si se carece de ecuanimidad nadie puede ser generoso y si no se es humilde nadie puede colocarse en el primer puesto. Comportarse de otro modo es caminar hacia la muerte. Quien emplea las armas del amor se impone; quien se cobija al amparo del amor se mantiene firme; quien es amparado porel cielo se ve protegido por el amor.
LXIV
Hay un viejo proverbio militar que reza: «Esmejor ser huésped que anfitrión; es mejor retroceder un pie que avanzar una pulgada». A esto se le llama progresar sin avanzar, repeler sin emplear la fuerza, atacar sin herir, vencer sin emplear las armas. El mayor peligro está en minimizar al enemigo. Ahí está el mayor riesgo de perder lo que se posee; por esa razón es el ejército más castigado por la guerra el que consigue la victoria.
LXXIV
Cuando el pueblo no teme ya la muerte no es posible atemorizarle con la muerte. Mas, si teme la muerte, cosa que siempre sucede, y cuando al que viola la ley se le encarcela y se le aplica la pena de muerte, ya nadie se atreverá a ejecutar malas acciones.
El ejecutor de la pena de muerte ha de ser el verdugo; si alguien pretende sustituirle en ese cometido, le sucederá lo que le sucede a quien quiere suplantar al carpintero en el empleo de sus herramientas: raro será que no se lastime las manos.
LXXV
El pueblo está pasando hambre porque los príncipes le cargan de impuestos; sí, por eso está pasando hambre. El pueblo se rebela porque el príncipe interviene demasiado; sí, por eso se rebela.
El pueblo no siente temor a la muerte, porque lleva una vida angustiada de problemas; sí, por eso no siente temor a la muerte. Quien vive acorralado por los problemas no siente estima por la vida.
LXXXI
Las palabras dictadas por la verdad no resultan agradables, y las que halagan el oído no responden a la verdad.
El hombre en cuyo corazón anida la bondad no gusta de discutir; el hombre que discute es porque no alberga la verdad en su corazón.
El hombre sabio no se pierde en palabrería; la palabrería es propia del hombre que no es sabio. El hombre sabio no atesora riquezas: su riqueza está en repartir con los demás lo que tiene.
El camino que lleva al cielo está bordeado de cosas benéficas, no de cosas perjudiciales. El sabio se preocupa más por actuar que por combatir.
Textos sacados del libro Lao Tsé: Tao te King.