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Albert Einstein (Versión para imprimir)

De Mienciclo E-books

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A pesar de que en su infancia y juventud tropezó con más inconvenientes que ventajas, tuvo la gran habilidad de conectar sus innegables dotes naturales con la arrolladora corriente del desarrollo de las ciencias físico-matemáticas en las postrimerías del siglo XIX. Si la genialidad consiste en establecer ese contacto, en mantenerse en tensión para captar los fenómenos que a la gran mayoría se le escapan y ahondar en sus causas, poniendo además en ello grandes dosis de imaginación y de audacia para liberarse, llegado el caso, de lo establecido, de lo aceptado, bien podemos decir que Einstein es un genio. Así de sencillo y así de importante.

En este marco queda encuadrada la formulación de las leyes y de los conceptos -en realidad no demasiado complejos- que constituyen la teoría de la relatividad, de tan enorme trascendencia en nuestros tiempos. Su no bien definida nacionalidad le constituye un poco en ciudadano del mundo y su condición de judío le lanza a buscar otros horizontes, lo que determina que se convierta en un científico itinerante: américa, inglaterra, españa, japón, etc., y esa misma doble circunstancia personal le obliga a contemplar de una forma más global tanto los problemas como las tensiones internacionales y de una forma más objetiva los ideales, las apetencias y las tensiones de planteamiento y alcance exclusivamente nacionales. De ahí que se convierta en un decidido y activo pacifista, al mismo tiempo que se siente atraído por el movimiento sionista.

En ningún momento fue cómoda la vida de einstein, ni en el terreno de lo material ni en el campo de las vivencias personales. Especialmente sensible a cuanto pudiera representar una amenaza para la convivencia humana e íntimamente angustiado por la desnaturalizada utilización que podía hacerse —y de hecho se estaba haciendo— de las posibilidades que la investigación brindaba a la Humanidad, tuvo que pasar por el duro trance de admitir que frente a la insensata agresividad de la Alemania de Hitler no había otra salida que el empleo de las armas como garantía de paz. Y entonces se le acusó de «apóstata del pacifismo».

Las tristes realidades que le rodean le golpean moral y físicamente, su salud se quebranta, viejos amigos sacrifican su quehacer científico a su condición de alemanes y se alejan de él, le rechazan por judío, y se ve obligado a huir a los estados unidos. sus mismas circunstancias familiares se complican. ni siquiera la concesión del premio nobel le compensa de tantas desilusiones. Cuando aseguró a Roosevelt que la bomba atómica era posible y necesaria, quizá pensó que no sólo serviría para conjurar el peligro nazi sino que también serviría para convencer a los responsables de los pueblos de que aquél no era el camino. esta vez le fallaron los cálculos —el hombre es más complicado que el cosmos—, pero aún le quedaron fuerzas para luchar por la paz, espoleado por la idea de que la Humanidad corre el riesgo de caminar, con precisión matemática, hacia su autodestrucción.



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Contenido

Introducción

EL día 14 de marzo de 1879 nacía en la ciudad alemana de Ulm, Albert Einstein. Sus padres, Hermann Einstein y Pauline Koch, eran judíos amables y tolerantes que convivían con sus conciudadanos sin dificultades.

Situada a orillas del Danubio, Ulm pertenecía al reino de Wurtemberg. Durante más de mil años había sido un Estado independiente, con soberano propio; pero en 1879 formaba parte del recién creado Imperio alemán bajo la égida de Prusia. Sin embargo, el temperamento y los hábitos de sus habitantes eran más semejantes a los de la región francesa de Alsacia, también absorbida por el Imperio alemán tras la guerra franco-prusiana (1870), que a los férreos y disciplinados prusianos. Los wurtem-burgueses tenían fama de gente reflexiva, práctica, alegre; amantes de las artes y de las diversiones, muy bien preparados para las lucubraciones filosóficas y religiosas, pero poco aptos para la actividad mecánica, por lo cual no compartían el espíritu de orden, disciplina y voluntarismo militarista de los prusianos.

No obstante, la influencia que pudiera haber ejercido Ulm en el carácter del primogénito de los Einstein fue más bien indirecta, ya que, al año de nacer, su familia se trasladó a la ciudad bávara de Munich. El padre del futuro sabio tenía una pequeña fábrica de electromecánica, que atendía con ayuda de su hermano Jacob. El primero se encargaba de la parte comercial, y el segundo, que era ingeniero, cuidaba de la parte técnica.

Hermann Einstein era alegre y le gustaba disfrutar de la vida, paseando por los alrededores de la ciudad, en excursiones a los lagos y montañas, o frecuentando las famosas cervecerías de Munich. Por otra parte, era poco religioso; le parecía que las leyes, normas y costumbres de la comunidad judía eran viejas supersticiones, y en su casa no había ni un símbolo de los que abundan en las casas judías en tanto se mantiene el espíritu religioso. Sus ideas políticas eran más bien liberales y temía a los dominantes prusianos, no sin profesar una cierta y contradictoria admiración y orgullo por el emperador Guillermo I, por su canciller Bismarck y por el general Moltke, triunfador de la guerra contra Francia.

Pauline Koch, madre de Einstein, tenía un carácter más serio y artístico que el de su marido. Aunque su vida transcurría como la de un ama de casa media y se consideraba satisfecha con disponer de cierta seguridad económica, sentía una gran pasión por la música, en general por la música alemana y en particular por Beethoven, cuyas sonatas le gustaba interpretar.

El tío de Albert, que convivía con su familia, era un buen ingeniero y se mostraba más interesado que los otros miembros de la familia por la vida intelectual. Sobre el pequeño Albert tuvo gran influencia y fue quien le dio las primeras clases de Matemáticas y quien en él despertó el interés por esta ciencia.

Este cuadro familiar determinó en gran medida el carácter y las inclinaciones de Einstein. Por una parte, su nacimiento en una pequeña ciudad hizo que nunca se sintiera a gusto en las grandes urbes. Las ideas religiosas tampoco tuvieron en él un carácter marcado, ya que en su casa se respiraba sin opresiones de tal naturaleza. Su madre le inculcó el amor a la música, que siempre le habría de acompañar.


No fue un niño prodigio

Einstein no fue un niño prodigio. Tardó tanto en aprender a hablar que sus padres temieron que fuese un chico subnormal. Fue un niño taciturno, poco dado a participar en juegos colectivos ni en ningún tipo de deporte, para los que se consideraba muy débil. Sobre todo le desagradaba jugar a los soldados, cosa que generalmente atrae a los niños de todos los países, y más aún en la Alemania imperial, en la que las figuras de Bismarck y Moltke estaban aureoladas de gran prestigio. Se cuenta que cuando en Munich veía algún desfile militar, en lugar de disfrutar con los redobles militares y con los vistosos uniformes, el niño Albert se echaba a llorar. Veía a los soldados como autómatas desprovistos de conciencia y obligados a un comportamiento mecánico. Ya veremos cómo conservó su actitud antibelicista hasta los últimos momentos de su vida.

Su hermana Maya, dos años menor que él y que siempre se sintió muy ligada a Albert, desvelaría, ya adulta, algunas singularidades del futuro genio. En general, parece que era cuidadoso, metódico y concienzudo. Le gustaban los juegos solitarios y se entretenía mucho levantando construcciones con taquitos de madera o ensayando cualquier trabajo manual con una pequeña sierra de marquetería. Como tenía algunas dificultades para articular las palabras, las rumiaba incesantemente para vocalizarlas. Su hermana Maya declaró en cierta ocasión: «Albert procedía como si cada palabra tuviéramos que arrancársela penosamente de los labios. Nuestros padres se desesperaban, pues durante mucho tiempo pareció que nunca aprendería a hablar correctamente. Cuando ya había cumplido los siete años, Albert aún repetía tenazmente, en voz baja y para sí, las pequeñas frases que los mayores nos enseñaban. Y no lo tomaba a juego, como yo misma, sino que lo hacía sumido en un profundo asombro ante el mundo nuevo que se abría ante él y que parecía acosar su mente con sus misterios…».

En aquella época, las escuelas elementales alemanas estaban organizadas apoyándose en las distintas iglesias. Cada grupo religioso tenía sus propias escuelas. Como la religión dominante en Munich era la católica, la mayor parte de las escuelas pertenecían a esta confesión. Aunque sus padres eran oficialmente judíos, como no practicaban de hecho ninguna religión y no tenían especial interés en que su hijo se educara en la confesión judaica, lo matricularon por comodidad, dada la proximidad, en una escuela católica, en la que él fue el único niño judío. Este hecho no significó ninguna dificultad para el pequeño Einstein, ni aumentó su dificultad para relacionarse con sus compañeros. Por el contrario, el recibir enseñanzas de religión católica, aunque le causaron extrañeza por la diferencia de tradiciones que se conservaban en su medio, le permitió observar que es posible tener también en moral códigos distintos, ya que en ambas religiones se expresaban las leyes eternas del universo.


Resistencia a los métodos

Sin embargo, no era el hecho de que la escuela a la que asistía fuera católica lo que desagradaba a Einstein, sino la escuela misma. Veía en la escuela una organización que ejercía sobre los niños una presión constante para inculcarles esencialmente un sentimiento de obediencia y disciplina. Se les obligaba a aprender cosas de memoria sin la menor reflexión; se les exigía prestar atención al maestro aunque lo que dijese no presentase interés para los niños; no se permitía hacer preguntas al profesor, ni hablar entre sí.

A los cuatro años, Albert era un niño tranquilo y ensimismado. Sus padres le obligaron a tomar clases de violín, y en ello no vio más que una nueva coacción, parecida a las que sufría en la escuela, ya que los profesores que tuvo veían en esta actividad simplemente una rutina técnica, pues eran incapaces de gozar de las bellezas de la música.

A los nueve años se graduó en la escuela primaria, sin haber dado pruebas de un talento especial para las enseñanzas que se impartían. Como escolar no podía ser más mediocre. Para muchos de sus profesores y condiscípulos incluso pasaba por atolondrado y extraño, ya que se resistía a participar en los juegos tumultuosos de sus compañeros de clase; y cuando un profesor le hacía una pregunta absurda, se encerraba en su mutismo y no respondía por mucho que ińsistiera.

Cuando Einstein tenía diez años ingresó en la escuela secundaria, en el Luitpold Gymnasium de Munich. Los estudios secundarios en la Alemania de la época solían durar siete u ocho años; su orientación era predominantemente clásica, dedicando una gran parte del esfuerzo al estudio del griego y del latín, descuidándose otros aspectos de la cultura. Einstein no estimaba correcto el juicio, muy extendido, de que el estudio del latín es formativo y un gran ejercicio para el razonamiento; por el contrario, le parecía un suplicio disciplinario. De todos los profesores del Gymnasium, Einstein sólo guardó recuerdo de uno de ellos llamado Ruess, pues le hizo aumentar su interés por los clásicos alemanes, como Schiller y Goethe, así como por el inglés Shakespeare.


Buscando el porqué

Su interés por las Matemáticas no se despertó en la escuela. Fue su tío quien le descubrió su vocación por esta ciencia, dándole las primeras nociones de álgebra de una forma atractiva, en la que se veía la utilidad de esta rama de las Matemáticas como auxiliar inequívoco para resolver problemas aplicando reglas sencillas.

De este niño silencioso y abstraído, que en las excursiones campestres se pasaba horas y horas contemplando a las hormigas y observando la multiforme naturaleza con aparente desgana, se dice que abrumaba a los mayores con sus «porqués» hasta producirles desasosiego. Intuitivamente racional, necesitaba comprender todo lo que veían sus ojos o palpaban sus manos.

Se cuenta que hallándose en cama a consecuencia de un catarro, su padre le regaló una pequeña brújula. Albert apenas si mostraba curiosidad por los juguetes corrientes de los niños de su edad; sin embargo, aquella cajita con la aguja que se movía marcando el norte le produjo un interés expectante. Obstinado como era cuando le interesaba una cosa, quiso saber por qué aquella aguja marcaba siempre el mismo sitio por más que se cambiase la posición de la caja. El padre, un tanto aburrido de darle explicaciones ingenuas que no convencían al niño, le remitió a su tío Jacob, «que sabía más de esas cosas…». Y Albert buscó en su tío ingeniero la explicación satisfactoria, que no lo sería tanto para aquel niño indagador… Parece que el tío Jacob le habló por primera vez de que en el espacio vacío y en la naturaleza existían cosas que no podían ser vistas ni tocadas, pero que obraban por su propia fuerza y se regían por leyes peculiares, como ocurría con el magnetismo, que hacía que la aguja de su juguete señalase siempre el norte. Esta explicación simple le hizo exclamar que, si era así, entonces el espacio no estaba vacío del todo… El tío le dijo que se trataba de cosas muy complicadas en las que no debía pensar, y terminó considerando que Albert se mostraba muy pertinaz e irritante con sus preguntas.

Otra nota de su carácter de estudiante es su negativa a aprender las lecciones de memoria y conformarse con las explicaciones convencionales del profesor. Albert siempre tenía alguna pregunta que no estaba en el texto, lo cual irritaba a los profesores. A este respecto, se cuenta una anécdota muy significativa. Uno de los profesores del instituto, cansado de su insaciable curiosidad, le dijo que prefería que no volviera más a su clase. A lo que el joven Einstein respondió: «Yo no tengo la culpa de que me manden, señor. Si por mí fuera, créame que tampoco vendría aquí a perder el tiempo…». El profesor le echó de su presencia con cajas destempladas.


Interés especial por las ciencias

A los doce años, recibió el primer texto de geometría. Era un libro para los alumnos de la clase superior a la suya, lo cual le estimuló a su lectura y a su estudio. La geometría realmente le fascinó por la forma ordenada de representar las propiedades del espacio y la forma rigurosa de demostrar todos los enunciados.

En el Gymnasium debió estudiar la religión judaica, ya que era obligatoria la enseñanza de religión. Le interesó el contenido ético del Antiguo Testamento, pero en la religión práctica no comprendía cómo podían obligar a asistir a la sinagoga a todos los niños judíos sin tener en cuenta sus deseos. Esta coerción, como tantas otras que había observado en su infancia, le provocaba un distanciamiento del mundo social y modelaba su carácter retraído hasta apartarse de toda práctica religiosa.

Su interés por el mundo físico fue provocado por lecturas ajenas a la escuela. Libros de divulgación científica que en aquella época tenían gran difusión, como la colección de Aaron Bernstein, Libros populares sobre Ciencias Naturales, o el de Büchner, Fuerza y materia, fueron devorados por el joven Einstein, sembrando en él incógnitas que con el tiempo llegaría a resolver.

También en esta época se despertó su amor por la música, al descubrir la belleza de las sonatas de Mozart. Entonces comprendió que la disciplina con que le obligaron a realizar sus primeros estudios de violín no había estimulado su aprendizaje, por lo cual ahora debería esforzarse si quería llegar a interpretar toda la belleza que encerraban aquellas sonatas.

En 1894, cuando Einstein tenía quince años, su padre, por dificultades económicas, se vio obligado a liquidar la fábrica de electromecánica que tenía en Munich y probar fortuna en otra parte. El lugar elegido para su nueva instalación fue Milán, ciudad industriosa al norte de Italia y no lejana de la Baviera que abandonaba.

Esto le planteaba un problema con respecto a la educación de su hijo. A Einstein le faltaban un par de años para obtener el diploma que más adelante le capacitaría para entrar en la Universidad. Por esto decidieron que el joven Einstein se quedara en Munich hasta que finalizara sus estudios secundarios.



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Introducción

Einstein, en su juventud.
Einstein, en su juventud.


LA decisión de que Albert continuase sus estudios en Munich representaba un sacrificio para la familia. Parece que se tomó más por voluntad de la madre que del padre, que no se hacía muchas ilusiones con respecto a su hijo, a la vista de su deficiente y desigual aprendizaje. A Einstein tampoco le desagradaba abandonar aquel Gymnasium impregnado de talante prusiano. Parece que ya sentía aversión por el «Canciller de Hierro», Bismarck, que estaba convirtiendo Alemania en un inmenso cuartel. Por lo demás, en las Matemáticas ya era un brillante alumno que aventajaba a todos sus condiscípulos. Su punto débil eran las lenguas clásicas y la Historia, en las que no solamente no progresaba, sino que le parecían insoportables.

Tras la marcha de su familia, quedó instalado en la modesta pensión de una amiga de los padres. Pero la soledad no favoreció su interés por los estudios. Parece que apenas si asistía al instituto y se pasaba la mayor parte del tiempo recluido en la pensión. ¿Fue la nostalgia familiar o la antipatía que le inspiraban el instituto y los profesores lo que le empujó a abandonar los estudios secundarios?… Este aspecto no aparece muy claro, como tampoco aparece claro si Albert abandonó simple y llanamente los estudios tras discutir con algunos profesores o lo hizo buscándose la treta de que su médico le diagnosticara «mal estado de salud» para justificar su marcha a Italia. Lo cierto es que Albert abandonó el instituto en 1895 y se fue con su familia a Milán.


En italia se siente liberado

La soleada Italia le entusiasmó. Algunas veces se distraía con los amigos de su hermana Maya, pero casi siempre andaba solitario escudriñando misterios o paseando por el campo, mientras sus padres discutían sobre su porvenir. La madre tenía gran confianza en Albert. Veía en él un futuro profesor. El padre no era tan optimista, pero estaba dispuesto a hacer cualquier sacrificio para encauzar el futuro del muchacho. Sin embargo, los negocios iban mal y, no tardando mucho, tendrían que abandonar el negocio de Milán para probar fortuna en Pavía… El padre deseaba que Albert prosiguiera los estudios de una carrera práctica y segura. Pero el muchacho se sentía atraído irresistiblemente por las ciencias especulativas: la Astronomía, la Física, la Química, las Matemáticas superiores…

En aquellos meses de descanso hizo una larga gira a pie, con el morral al hombro, por la planicie de Lombardía hasta Génova, para luego recorrer la costa hasta Pisa, detenerse en Florencia y contemplar ese maravilloso relicario renacentista… Fue un viaje a pie; sin apenas dinero y no muy sobrado de comida, pero dichoso y libre por lugares y ciudades que siempre le habían atraído. Ya en la adolescencia, Einstein era sobrio en el comer y despreocupado en el vestir.

De vuelta a sus andanzas y feliz por haber conocido un mundo diferente del cuartelero imperio bismarckiano, su padre le planteó el problema con cierta crudeza… Había que descender del mundo de los sueños y aceptar la realidad: dada la situación económica de la familia, cada vez peor, debía elegir una carrera que le permitiera ganarse la vida lo antes posible. Y aquí es donde se pone en evidencia el carácter tenaz de aquel muchacho demasiado sensibe y aparentemente frágil. El dinero no le preocupaba lo más mínimo, y no estaba dispuesto a sacrificar sus ilusiones a una cosa que consideraba insignificante. Tampoco quería volver al Gymnasium de Munich, donde la enseñanza se imponía a base de castigos y amenazas. Y, en general, no estaba dispuesto a tomar parte en lo que él llamaba «la caza»…, la caza por conseguir posiciones elevadas en la sociedad, sin otro fin que alcanzar fama y prestigio a base de envilecerse y sacrificar su independencia personal o someterse a los manipuladores de la cultura oficial germana.


Conoce otro sistema pedagógico

Durante las vacaciones asistió a la Escuela Internacional de Milán, cumpliendo así la promesa que había hecho a su padre de adquirir por sí mismo la preparación cultural necesaria para iniciar los estudios universitarios. Allí progresó en los conocimientos del idioma italiano y se familiarizó con el método pedagógico de Pestalozzi, completamente opuesto al sistema impuesto en Alemania. Por otra parte, la mayoría de los profesores y los alumnos eran suizos, y esta particularidad y la camaradería y libertad que había encontrado entre ellos fue un acicate para que Albert se decidiera a proseguir sus estudios en Suiza. Con todo, esta solución no hubiera sido posible sin la generosidad de un pariente, radicado en el país helvético, que se comprometió a pasarle cien francos suizos mensuales para los estudios y gastos de estancia. La dotación era muy modesta, pero suficiente para un muchacho tan sobrio como el joven Einstein.

Dado que poseía un buen conocimiento de las Matemáticas, pensó que una buena solución sería intentar ingresar en una escuela politécnica superior y obviar así el hecho de no poseer título alguno de enseñanza media. Con esta finalidad se presentó en el mismo año al examen de ingreso de la Escuela Politécnica de Zurich, en Suiza. Y, aunque su preparación en Matemáticas era posiblemente mejor que la de cualquier otro aspirante, los ejercicios relativos a ciencias descriptivas y lenguas determinaron que no fuera admitido por el tribunal.

Tras su inicial depresión por el fracaso, y ante la perspectiva de volver a Munich a finalizar sus estudios secundarios con los que no sería necesario presentarse a examen de ingreso, siguió el consejo del director de la Escuela Politécnica, quien le recomendó que finalizara sus estudios medios en una escuela cantonal de la pequeña ciudad de Aarau.

La Escuela Cantonal de Aarau era completamente diferente del Gymnasium de Munich. El espíritu de profesores y alumnos era mucho más abierto, más libre. Había laboratorios de Física y Química, museo de Historia Natural con animales disecados, sala con mapas y fotografías para estudiar Geografía. No se estaba todo el día en la misma aula, sino que se cambiaba según la asignatura que se diera. Todo esto hizo que su antigua aversión por la escuela desapareciera, y con ella también su actitud hosca y reservada para profesores y compañeros, lo que le permitía hacer muchos amigos.

Pasó un año en la Escuela Cantonal de Aarau, y en él consiguió el diploma que le permitiría entrar sin examen de ingreso en la Escuela Politécnica de Zurich en octubre de 1896. Durante este año, su vocación se había orientado definitivamente por la Física. Las Matemáticas, que hasta ese momento habían sido de su mayor interés, quedaron sólo como un indispensable instrumento para el estudio de la Física. Por otra parte, sus aspiraciones profesionales se limitaban a poder ejercer como profesor en una escuela secundaria, con lo cual obtendría una situación económica suficientemente holgada y estable, y dispondría de tiempo para dedicarse a sus estudios e investigaciones.


Grato recuerdo de una escuela distinta

El tiempo que vivió en Aarau lo recordaría Einstein toda su vida como un período feliz. Allí descubrió su verdadera vocación en un ambiente de libertad y sintió el fraternal estímulo de condiscípulos y profesores. Como prueba de ello, cuando en 1951 le comunicaron la idea de construir un Museo de Arte en la capital del cantón de Aarau, se ofreció a contribuir a su financiación y escribió lo siguiente:

Como antiguo alumno de la escuela cantonal de aarau, la noticia me ha alegrado de un modo especial, tanto más cuanto que la escuela de aarau es para mí el modelo más perfecto de institución de enseñanza en su grado secundario. la experiencia de esos años de mi juventud me mostró que la descentralización de la enseñanza, junto con la libertad del profesorado para elegir las materias y los métodos de enseñanza, puede conducir a profesores y alumnos a trabajar con gusto y conciencia de su responsabilidad como no se consigue con la más sutil de las reglamentaciones. pues el hombre no es una máquina, y se atrofia cuando no se le da la oportunidad de formarse con independencia y se le niega la libertad de juzgar por sí mismo.

Por otra parte, su amigo y condiscípulo de Aarau, el profesor Hans Byland, después de decirnos que el «gran físico, en su adolescencia, no encajaba ya en ningún patrón», escribe lo siguiente:

«En la Escuela Cantonal de Aarau, durante los años que van de 1890 a 1900 soplaba un recio viento de escepticismo, como de hecho lo demuestra el que de nuestra promoción ni de las inmediatas a ellas saliera ningún teólogo. En esa atmósfera no caía mal el recién llegado, con su desenvoltura. Además, su originalidad le distinguía de todos. Con su fieltro echado hacia atrás sobre su abundante y sedosa cabellera negra, andaba enérgico y seguro, con esos movimientos rápidos —e incluso diría que arrebatados— del espíritu que en sí lleva un mundo. Nada escapaba a la penetrante mirada de aquellos grandes ojos pardos que derramaban la claridad del sol. Todo el que se le acercaba quedaba fascinado ante su personalidad superior. Un rasgo burlón, perceptible en su boca abultada, de labio inferior prominente, no animaba al hombre vulgar a entablar diálogo con él. Sin someterse a barreras convencionales, se enfrentaba al modo de ser del mundo con mentalidad de filósofo risueño, y su burla chispeante fustigaba despiadadamente toda vanidad y toda afectación. En el diálogo era él quien cedía. Su gusto, equilibrado a causa de sus viajes —pues sus padres vivían entonces en Milán—, le confería seguridad en sus juicios. Exponía sin timidez su punto de vista personal, sin cuidarse de si iba a lastimar a alguien o no. Ese denuedo para la verdad imprimía su sello a toda su personalidad y, a la larga, llegaba a imponer al adversario. No tomaba en serio ni la vida de sociedad, entonces floreciente, ni la costumbre de tomar cerveza. “La cerveza vuelve a la gente estúpida y perezosa”, solía decir con Bismarck. Por eso, a sus dieciséis años se embriaga con la Crítica de la razón pura de Kant y había elegido ya, como próximo campo de investigación, la Física teórica…»

«Un día nos reunimos en el comedor de la casa de los estudiantes, que estaba muy animado, para tocar sonatas de Mozart. Cuando su violin empezó a sonar, el aposento pareció ensancharse —por primera vez aparecía ante mí el auténtico Mozart, rodeado de la belleza helénica de sus líneas claras, ya envuelto en pécara gracias, ya elevado y sublime—. “Esto es delicioso, tenemos que repetirlo”, exclamé. ¡Qué interpretación tan fogosa! Apenas podía reconocerlo; aquél era, sin embargo, el burlón genial que ofendía a tantos. No podía explicarse de otro modo; era una de esas naturalezas dobles que saben proteger con una envoltura espinosa el delicado recinto de su vida afectiva. La casualidad hizo que el pensador exacto se albergase en casa de la familia Winteler, de temperamento romántico. Entre los Winteler sentíase Einstein muy feliz. En aquella época, como todavía hoy, era de una absoluta necesidad ejecutar canciones de Schumann, como, por ejemplo, El nogal, La flor de loto o cualquier otra. Heine, su favorito, se habría alegrado oyendo esa música. Pero casi siempre, en cuanto acababa de sonar la última nota, nos arrancaba del cielo un chiste que destruía a propósito nuestro estado de ánimo. Odiaba toda exaltación sentimental, y hasta en medio de un ambiente de entusiasmo conservaba su sangre fría.»


Se va definiendo una vocación

En aquel tiempo, la especialidad de Física era la menos desarrollada en la Escuela Politécnica Superior; su finalidad consistía esencialmente en enseñar los fundamentos necesarios para las aplicaciones técnicas en ingeniería. Por tanto, su profesorado no era de vanguardia, y las enseñanzas impartidas podían leerse en cualquier libro de texto. Sin embargo, sirvieron de gran estímulo para Einstein, quien se dedicó a la lectura de los trabajos más avanzados de la Física teórica de aquella época: Helmholtz (1821-1894), Kirchhoff (1824-1887), Boltzmann (1844-1906), Maxwell (1831-1879), Hertz (1857-1894), Lorentz (1853-1928), quienes había encontrado los fallos e inconsistencias del sistema de Newton con el descubrimiento de nuevos fenómenos que no tenían fiel justificación en la teoría newtoniana. Estas lecturas habían de proporcionar a Einstein la problemática de toda su actividad científica posterior.

El único profesor brillante, y que habría de suministrar a Einstein la herramienta fundamental para su teoría, fue Minkowski. Hermann Minkowski (1864-1909), matemático ruso, fue profesor en la Universidad de Kóningsberg (1895), en la Escuela Politécnica de Zurich (1896-1902) y en la Universidad de Góttingen (1902-1909). Cuando llegó a Zurich, era un joven de treinta y tantos años, pero ya con el prestigio de un matemático original. En 1908 publicó su trabajo Espacio y tiempo, en el que se estudiaba el espacio cuatridimensional, tan importante en la teoría de la relatividad.

Einstein reconocería más tarde que si no aprovechó lo suficiente los cuatro años de estudio en la Escuela Técnica Superior de Zurich, contó, sin embargo, con maestros tan capaces como Hurwitz y Minkowski:

Hubiera podido lograr un profundo conocimiento de las matemáticas. pero consumí la mayor parte del tiempo en el laboratorio de física, fascinado por el contacto directo con la experiencia. y el resto del tiempo lo empleé principalmente leyendo en casa las obras de Kirchhoff, Helmbolz, Hertz y otros. La poca atención que presté a las Matemáticas se debía no sólo a que sentía más atracción por las Ciencias Naturales, sino también a una observación peculiar: veía que las Matemáticas se dividían en muchas ramas especiales, cada una de las cuales podía consumirnos el corto tiempo de nuestra existencia. Me encontraba, pues, en la misma situación del asno de Buridán, que no pudo decidirse por uno de los haces de heno. Ese estado de ánimo se debía en mí a que mi intuición en el campo de las Matemáticas no era lo bastante penetrante para destacar lo importante y fundamental del resto, que más bien se podría considerar como una erudición más o menos superflua. Pero, además, mi interés por el conocimiento de la Naturaleza era mucho mayor, y mientras fui estudiante no vi con claridad que el acceso al conocimiento de los principios está ligado, en Física, a los más sutiles métodos matemáticos. Sólo más tarde empecé progresivamente a darme cuenta de esto, después de años de trabajo independiente. La Física también se dividía en ramas especiales, y cada una de ellas podía consumir una corta vida de trabajo, sin llegar a satisfacer el hambre con un conocimiento más profundo. El volumen de datos de experiencia y de resultados insuficientes era también arrollador. Pero pronto aprendí a percibir lo que podía conducir a un conocimiento más profundo, prescindiendo de todo lo demás, que no hace sino recargar la inteligencia, desviándola de lo esencial. Lo malo era que para los exámenes había que meterse en la cabeza esa balumba de ideas, tanto si se quería como si no. Esa obligación era algo tan monstruoso que, después de aprobar el examen, estuve durante un año sin ganas de reflexionar sobre problemas científicos. Y tengo que añadir que en Suiza se dejaba sentir menos que en otros lugares dicha obligación de abarrotarse la mente, que ahoga el verdadero impulso científico. En total, sólo había dos examenes; por lo demás, uno podía, poco más o menos, hacer o dejar de hacer lo que quisiese. Sobre todo cuando se tenía un amigo como yo tenía, que asistía con regularidad a las clases y tomaba sus apuntes concienzudamente. Esto le dejaba a uno en libertad para dedicarse a lo que quisiera hasta unos meses antes del examen; libertad de la que yo disfruté ampliamente, soportando con gusto, y como un mal muy pequeño, el remordimiento de conciencia que ese modo de proceder me causaba. Lo maravilloso es que el ejercicio moderno de la enseñanza no haya ahogado por completo la sagrada curiosidad por investigar, pues esta delicada plantita, además de estímulo, necesita, esencialmente, de la libertad, sin la cual perece de modo inevitable. Es un error creer que mediante el sentimiento del deber y mediante la coacción se pueda fomentar el gusto por ver y por buscar. Pienso que incluso a una fiera sana se le podría quitar el apetito si se la obliga con el látigo —suponiendo que esto se consiga— a comer de modo continuo, aun cuando no tuviese gana; sobre todo si los alimentos quese le ofrecen se eligen oportunamente.


Amigos

Entre los amigos de su época de estudiante de Zurich debemos recordar, por las repercusiones que más tarde tuvieron en su vida, a Marcel Grossmann, Friedrich Adler y Mileva Maritsch. El primero le ayudaría más adelante a encontrar el empleo en la Oficina de Patentes, que le permitiría tener la tranquilidad suficiente para dedicarse a sus trabajos en una de las épocas más fecundas de su vida, en la época en que echaría las bases para la teoría de la relatividad especial; después le ayudaría realizar los estudios de geometría diferencial necesarios para la enunciación de la teoría general de la relatividad. Adler, hijo de un líder socialdemócrata austríaco, permitiría a Einstein, con la renuncia a su favor, ocupar por primera vez un puesto como profesor de la Universidad de Zurich. Mileva Maritsch era una joven estudiante húngara que habría de ser la primera esposa de Einstein; con ella compartía muchas horas dedicadas al estudio de las obras de los grandes físicos.




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Introducción

EN 1900, Einstein terminó sus estudios superiores y tuvo que enfrentarse con la realidad de la vida práctica. Mientras fue estudiante, contó con la ayuda económica de un pariente relativamente rico, que le enviaba 100 francos suizos mensuales, con los que podía atender sus necesidades esenciales. Pero al terminar los estudios tuvo que buscar trabajo. La salida más normal hubiese sido continuar como ayudante de algún profesor en la Escuela Politécnica, e iniciar así la carrera académica.


Peculiar relación con los profesores

Pero esta posibilidad no existió para Einstein a causa de sus peculiares relaciones con sus profesores. A este respecto escribe Carl Seeling: «Desde 1875 hasta 1912, en que murió, Weber explicó Electrotécnica en la Escuela Técnica Superior; entonces era una ciencia nueva, y él fue uno de sus primeros cultivadores. Como en sus enseñanzas se aferraba cada vez más a los más viejos principios, Einstein estudió sin gusto su Introducción a la Física teórica, pues quedaban defraudados sus deseos de saber algo nuevo sobre la teoría electromagnética de la luz, de Maxwell. Por tanto, se fumaba las clases con frecuencia, aunque no dejó de acudir al laboratorio de Física de Weber. Esto dio lugar a cierta tirantez en las relaciones de Einstein con el profesor, pues a éste le molestaba además, la costumbre que tenía Einstein de dirigirle la palabra diciéndóle señor Weber, en lugar de señor profesor. “Usted es un muchacho inteligente, Einstein, muy inteligente —reconocía él profesor—, pero tiene un gran defecto: no hace usted caso de nadie.” Tres días antes del examen de fin de carrera censuraba Weber que Einstein no hubiese empleado para su tesis el tipo de papel prescrito. Aquel trabajo trataba de la conducción del calor, tema por el que Einstein había sentido muy poco interés. El profesor se empeñaba en que había que copiarlo de nuevo, en el papel adecuado. Más tarde impidió que Einstein, tras la obtención del diploma, fuese su ayudante, prefiriendo, en cambio, a dos ingenieros mecánicos. Aquello resultó una píldora muy amarga para Einstein, pues sus tres compañeros fueron nombrados inmediatamente ayudantes. Grossmann lo fue de Fiedler; Ehrat, de Rudio, y Krollros, de Hurwitz.»

El mismo autor cuenta que el afán de independencia que sentía Einstein le hizo irritar al profesor Pernet, por no atenerse a la hoja que se entregaba a los alumnos señalándoles cómo debían hacer los ejercicios prácticos y el método a seguir para su ejecución. Parece que Einstein solía tirar a la papelera las hojas de instrucciones que les entregaban y resolvía los problemas a su manera. Este proceder indignaba tanto al profesor Pernet, que, en cierta ocasión, preguntó a su ayudante:

—¿Qué piensa usted de Einstein? No hace las cosas como yo he ordenado.

—En efecto, señor profesor —respondió el ayudante—; pero sus soluciones son correctas y los métodos que emplea siempre resultan interesantes.


Fin de carrera y búsqueda de un empleo

En el verano de 1900, Einstein obtuvo la licenciatura de Física con una puntuación media de 4, 91. La puntuación máxima era de seis puntos. Lo primero que tenía que hacer era buscarse trabajo, ya que en lo sucesivo no recibiría los 100 francos suizos que le habían permitido terminar la carrera, y su familia pasaba por una mala situación económica. El porvenir se le presentaba más bien oscuro. Tenía a la sazón veintiún años, y su ambición inmediata era encontrar un empleo de profesor en una escuela secundaria, lo cual no resultaba fácil por su condición de extranjero. Para mantenerse a flote en Zurich aceptó realizar algunos trabajos de cálculo por encargo del profesor Alfred Wolfer, director del Observatorio Astrónimo Confederal.

En la primavera de 1901 le surgió el primer empleo. Con este motivo escribe una carta rebosante de satisfacción al profesor Alfred Stern, en la que dice lo siguiente:

Me han pedido que me encargue de las clases de matemáticas en la escuela técnica de winterthur desde el 15 de mayo hasta el 15 de julio, pues el profesor de la asignatura tiene que hacer el servicio militar durante esos dos meses. estoy loco de alegría, pues hoy he recibido noticias de que todo está definitivamente listo para mi incorporación al trabajo. no tengo ni la menor idea de quién pueda ser el filántropo que me ha recomendado, ya que lo único que sé es que no gozo de muy buena fama entre mis antiguos profesores, ni yo me había ofrecido para ese puesto. También tengo la esperanza de encontrar más adelante una ocupación estable en el Registro Suizo de Patentes. ¿Qué voy a decirle ahora de toda su bondad para conmigo y del cariño paternal que me dispensó y que tanto bien me hizo siempre que pude visitarle? Me consta que usted lo sabe muy bien y que no quiere oír hablar de ello. Pero lo cierto es que nadie supo ayudarme como usted, y que cuando más de una vez acudí a su casa con el ánimo triste y apesadumbrado, siempre salí de ella reconfortado, habiendo recuperado mi equilibrio interno. Mas para que ahora no se ría usted demasiado de mí, añadiré que sé muy bien que soy un alegre pinzón y que, no teniendo una indigestión o algo por el estilo, no soy propenso a la melancolía… En los próximos años pasaré a pie por el Splügen para añadir un placer al ya grato deber.

Einstein se hallaba a la sazón en Milán, visitando a su padre enfermo, y pensaba regresar a Suiza calzando las botas de siete leguas para recrearse en la contemplación de la Naturaleza.

A su regreso de Milán se enteró de que le había sido concedida la nacionalidad suiza el 21 de febrero de 1901. Además de que era un profundo deseo, esta situación tenía para él una doble importancia: por una parte, se convertía en ciudadano de un país tradicionalmente pacifista y liberal; por otra, le abría las puertas a trabajos reservados, o a los que tenían preferencia los naturales suizos. Es más, ni siquiera tuvo que prestar el servicio militar obligatorio, ya que en el reconocimiento fue declarado inútil por tener los pies planos y padecer varices.


El primer escrito científico

También en aquel año se inició en el campo de la divulgación científica. La revista Anales de Física le publicó un extenso trabajo de Física teórica titulado Consecuencia de los fenómenos de capilaridad, que tuvo cierta resonancia entre los estudiosos universitarios.

Por un anuncio se enteró de que existía una plaza vacante de preceptor en un internado de chicos de la localidad de Schaffhausen, y solicitó el empleo, que le fue concedido por recomendación de su compañero de estudios Conrad Habicht. Sin embargo, parece que no se mostró muy eficiente en la preparación del alumno que le fue encomendado, un muchacho de diecinueve años con pocas ganas de estudiar; por lo cual, Einstein se desentendió también de sus deberes de preceptor. La consecuencia es que fue despedido por discrepancias con el director del internado.

Las vacaciones de primavera de 1902 las pasó Einstein con su familia en Milán. Su padre, que había sido para él un compañero y amigo, se hallaba muy enfermo; tanto es así, que fallecería el 10 de octubre del mismo año. En Milán tuvo noticias de las gestiones que el padre de su amigo y condiscípulo Marcel Grossmann estaba realizando en la Oficina de Patentes, y el 14 de abril de 1902 le dirigió la siguiente carta:

Querido marcel: cuando recibí ayer tu carta, quedé impresionado por tu fidelidad y tu filantropía, que no te han permitido olvidar a tu antiguo y desgraciado amigo. creo firmemente que nadie ha tenido amigos mejores de los que tú y ehrat lo habéis sido para mí. no necesito decirte que sería feliz si pudiese conservar un círculo de acción tan estupendo, y que emplearía todas mis fuerzas para no ser indigno de vuestra recomendación. hace tres semanas que estoy aquí, en casa de mis padres, y busco un puesto de ayudante en alguna universidad. hace tiempo que lo habría encontrado si weber no me hubiese hecho ninguna mala pasada. a pesar de eso, no me desanimo y sigo buscando sin ponerme de mal humor… Dios creó al asno y lo dotó de un pellejo duro.

Nos hace un tiempo primaveral, y el mundo entero le sonríe a uno de modo tan acogedor, que uno no tiene más remedio que desterrar de sí al antiguo hipocondríaco. además, aquí me trato con gentes amigas de la música, que evitan que se me agrie el humor...


En el terreno científico se me han ocurrido un par de ideas que aún están por madurar. creo firmemente que mi teoría de las fuerzas de atracción interatómica se puede extender también a los gases, y que se podrían averiguar sin gran esfuerzo las características constantes para casi todos los elementos. se podría adelantar mucho en la cuestión de la orientación interna de las fuerzas moleculares con las fuerzas a distancia de newton. para probar la teoría quizá se pueda recurrir a las investigaciones que otros han hecho ya con fines distintos. en ese caso aprovecharé para mi tesis doctoral todo lo que se ha descubierto hasta ahora sobre atracción molecular. ¡qué maravillosa sensación se experimenta cuando se descubre la unidad de un complejo de fenómenos que ante la percepción sensible aparecían como cosas completamente independientes!



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Introducción

POR fin se había acabado la situación de inestabilidad gracias a la recomendación del padre de Marcel Grossmann, quien le presentó al señor Haller, director de la Oficina de Patentes de Berna. En esta oficina se necesitaba una persona para estudiar los inventos allí presentados y darles una forma clara para que sirvieran de informe al documento de legalización de patentes. Aunque Einstein no disponía de experiencia en este trabajo y la ingeniería no era su mayor vocación, aceptó el empleo, ya que le daba una estabilidad económica con cierto desahogo y le dejaba bastantes horas libres para dedicarse a sus estudios. La tranquilidad que le produjo convertirse en funcionario público, con sueldo fijo, la reflejó en la ecuación de «cómo conseguir el éxito: A (éxito) + X (trabajo) + Y (juego) = Z (callar la boca)».

El 23 de junio de 1902, Einstein se convertía en experto técnico de tercera clase de la Oficina Confederal de la Propiedad Intelectual, más conocida como Oficina de Patentes, con un sueldo anual de 3.500 francos suizos. Conservó el cargo hasta el 15 de octubre de 1909, en que cesó por propia voluntad.

Esta situación hizo que, poco tiempo después de instalarse en Berna, Einstein decidiera formar una familia con su compañera de estudios Mileva Maristch. Mileva era algo mayor que Einstein y se había educado en la religión griega ortodoxa, hecho que, como ambos eran librepensadores y no practicaban sus respectivas religiones de origen, no significó dificultad para su matrimonio.

El temperamento de Mileva, difícil, reservado y taciturno, fue causa de que la vida matrimonial no resultara todo lo dulce y sosegada que deseara. No era fácil discutir con ella sobre sus teorías, que, en general, no le interesaban. De todas formas dispuso de un hogar propio y tuvo, en los primeros años de matrimonio, dos hijos, con quienes le gustaba estar, observar sus reacciones y hablarles en esos momentos en que se inicia el lenguaje.

El 3 de mayo de 1906 escribía Einstein a su amigo Solovine estas expresivas palabras:

Seguimos bien. El Filius es ya un hombrecito muy guapo e impertinente. Todavía no ha entablado relaciones científicas conmigo, pero pronto llegaré a esa edad estacionaria y estéril en la que uno comienza a quejarse de la mentalidad revolucionaria de los jóvenes.

Su primer hijo, Hans Albert Einstein, había nacido el 14 de mayo de 1904. El segundo se llamaba Edward. Los dos cursaron los estudios de Física en la Escuela Técnica Superior Confederal. Su estancia en Berna fue una de las épocas más fructíferas y productivas de Einstein.


Lecturas filosóficas

Continuó allí su lectura en profundidad de los grandes físicos contemporáneos, que con sus descubrimientos habían hecho tambalear el hasta entonces edificio newtoniano de la Física y colocado los cimientos del nuevo, en el que Einstein había de tomar parte importante. Pero, por otro lado, se dedicó también con amplitud al estudio de la filosofía de la naturaleza, desde que Bacon tomó el experimentalismo de Galileo como única forma de dar validez a las teorías.

Filósofos a los que dedicó principal atención fueron David Hume (1711-1776), Kant (1724-1804) y los más recientes científicos y filósofos Ernst Mach (1838-1916) y Henri Poincaré (1854-1912).

De Hume le atrajo su criticismo frente a los principios de causalidad y de inducción experimentales. Para él, cuando decimos que «A causa B», sólo tenemos el derecho de decir que en la experiencia pasada, A y B han aparecido frecuentemente juntos o en una sucesión rápida, y que no ha sido observado A sin estar seguido o acompañado de B, y el hecho de que estos fenómenos A y B se hayan observado juntos con frecuencia no es razón para esperar que en el futuro se vuelvan a observar juntos. Esto se podría resumir en los siguientes dos puntos:

1. No es definible una relación causal, sino sólo conjunción o sucesión. 2. La inducción por simple enumeración no es una argumentación válida.

Las ideas de Kant sobre el espacio y el tiempo también tuvieron influencia en Einstein, sobre todo la vinculación del espacio físico y la geometría, y del tiempo con la aritmética. De todas formas, el espacio y el tiempo de Kant eran absolutos, que más tenían que ver con el mundo de Newton que con el que habría de construirse con la ayuda de Einstein.

Según el positivismo, la ciencia no es más que el sistema más conveniente para ordenar las sensaciones humanas, y, por tanto, cualquier intento de conocer y analizar en su esencia el mundo material sólo es una vacía especulación metafísica.

Muchos físicos han considerado el positivismo como un elemento intrínseco de la ciencia y no como lo que es en realidad: un medio de explicar el mundo objetivo en función de ideas subjetivas; para Einstein tenía este último valor, ya que él nunca puso en duda la existencia y accesibilidad del mundo exterior. Ya Lenin analizó el positivismo de Mach en su famoso libro Materialismo y empiriocriticismo.

El positivismo de Mach, una de las principales aportaciones de la Escuela de Viena, tuvo una gran repercusión en la formulación teórica de las nuevas teorías físicas, en particular sobre las de Einstein, en quien actuó sobre todo la negación de Mach del «espacío absoluto», del «tiempo absoluto» y del «movimiento absoluto».

Mach fue un físico y filósofo austríaco que estudió en Viena y fue profesor de Matemáticas en Graz (1864), de Física en Praga (1867-1894) (en la Universidad donde algo más tarde iría Einstein como profesor), y de Filosofía en Viena (1895-1901). En Física hizo estudios sobre vuelos supersónicos. El mach es una unidad en la medida de las velocidades supersónicas.

Poincaré, físico y matemático francés, influyó sobre Einstein, por una parte, con sus trabajos sobre la teoría electromagnética de la luz, y, por otra, con sus concepciones filosóficas sobre la ciencia expresadas en los libros que aparecieron cuando Einstein se instalaba en Berna: Ciencia e hipótesis y El valor de la ciencia.

También fueron leídos por Einstein otros filósofos como Shopenhauer y Nietzsche, aunque la incidencia de estas lecturas sobre sus trabajos, si la hubo, fue completamente indirecta.


Trabajos en física teórica

Todas estas lecturas filosóficas las compagina con estudios de los trabajos de los físicos más modernos, que ya había iniciado durante sus años de estudiante en la Escuela Politécnica. También, y es lo principal, en este remanso sosegado que fue su vida en Berna desarrolló el primero de sus trabajos con el que iba a comenzar a construir su teoría de la relatividad. En 1905 publica en el tomo XXVII de los Anales de Física su trabajo titulado Sobre la electrodinámica de los cuerpos en movimiento. Las treinta páginas manuscritas de este artículo, en el que se ponen las bases de la relatividad, fueron destruidas por el propio Einstein después de su publicación; pero, dado su interés histórico, hizo una copia en 1943 cuando se encontraba en Estados Unidos. La copia fue subastada en 1944 en seis millones de dólares y actualmente se encuentra en la Biblioteca del Congreso de Washington. En 1906 publicó su artículo sobre el movimiento browniano; en 1908, su trabajo sobre el principio de la relatividad…

En 1907 estudia la variación del calor específico con la temperatura y, partiendo del estudio de la radiactividad, establece su famosa relación entre la energía, la masa y la velocidad de la luz, y con ello abre la posibilidad de la desintegración del átomo.

Para la gente no especializada, la teoría de la relatividad ha sido durante mucho tiempo una especie de cuento mágico o de revelación gratuita, y su autor, un intermediario o profeta del dios de la casualidad. Pero en la ciencia, los hallazgos y descubrimientos no ocurren tan por azar. Cada eslabón de la cadena representa un duro trabajo y condiciones propicias. En ese sentido, Carl Seeling, autor de una de las biografías mejor documentadas de Albert Einstein, cuenta que el 11 de marzo de 1951 preguntó al descubridor de la teoría de la relatividad si el origen de su descubrimiento podía adscribirse a un día determinado, y Einstein le respondió:

Entre la concepción de la idea de la «teoría de la relatividad» y la terminación de la publicación que a ella se refiere transcurrieron cinco o seis semanas; pero no sería justo designar esa época como la del origen de la teoría, pues los argumentos y los materiales de que se compone habían sido ya preparados durante años, aunque la verdad es que hasta entonces no se había llegado al resultado definitivo. en cuanto a la «teoría general de la relatividad», no se puede decir con propiedad que naciera en un día determinado. la primera idea decisiva nació en 1911 (principio de equivalencia). el título de la publicación que se refiere a esa idea es «influencia de la fuerza de gravedad en la propagación de la luz» (Anales de Física, 1911). Desde entonces ya estaba convencido de que existía la «teoría general de la relatividad», pero aún había que superar importantes dificultades, de las que no me vi libre hasta 1911 y 1916… La generalización de la teoría de la gravitación me ocupó incesantemente desde 1916. Después de muchas odiseas, en 1946 tropecé, por fin, con el fundamento de la teoría (Generalization of the Relativistic Theory, Annals of Mathematics, 1946), y a ese fundamento me he atenido firmemente desde entonces. Todavía no se ha publicado ningún reconocimiento importante respecto al fundamento de la «teoría», pero aparecerá en el tomo de homenaje a Louis de Broglie.'




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Introducción

LOS resultados de su teoría tuvieron tal éxito en los medios universitarios donde se cultivaba la Física, que las autoridades académicas suizas estimaron que el autor no podía continuar realizando su trabajo en la Oficina de Patentes, sino que debía incorporarse a las tareas universitarias, lo que prestigiaría a la Universidad más que al mismo Einstein. Mas, para poder obtener el nombramiento de profesor en la Universidad, se requería haber realizado alguna práctica universitaria en calidad de Privatdozent, tipo de profesor sin obligaciones específicas y sin más retribución que la matrícula que pagasen los alumnos que libremente desearan asistir a sus clases. Por consejo del profesor Kleiner, máxima autoridad en aquel momento de la Universidad de Zurich, se hizo Privatdozent de la Universidad de Berna, para estar en condiciones legales de ser nombrado profesor.

En 1909 quedó vacante la cátedra de Física Teórica de la Universidad de Zurich. Para cubrirla se presentaron dos candidatos: Einstein y su antiguo compañero Friedrich Adler. El tribunal, más por razones políticas que intelectuales, se inclinaba a conceder la plaza a Adler, que había sido Privatdozent en Zurich y que también tenía buena reputación en el campo de la Física. Sin embargo, éste comprendía que era mejor que fuese su antiguo compañero quien ocupase el puesto; razón por la que él mismo renunció a su candidatura para facilitarle la entrada, ya que consideraba que sus posibilidades en cuanto a investigación no admitían comparación con las de Einstein.

Así, en 1909, a la edad de treinta años, se trasladó a Zurich para desempeñar el puesto de «profesor extraordinario» de su Universidad. Aunque el nuevo cargo no significaba una mejora económica, le proporcionó por primera vez cierto prestigio social y le permitió disponer de más tiempo para sus estudios e investigaciones. Además, volvía a Zurich, ciudad a la que tanto él como su mujer, Mileva, tenían especial estima por haber transcurrido en ella su juventud estudiantil. Pero la situación actual tenía el inconveniente de la obligatoriedad de cierto número de horas de clase y de preparación de las mismas, lo que constituía una tarea poco grata, ya que, si disfrutaba y era un profesor excepcional en aquellos temas de su interés, en los demás se convertía en un profesor mediocre.

El carácter de Einstein manifestaba ya una gran seguridad en sí mismo después de los triunfos que había conquistado en la construcción de sus teorías; pero, como siempre, por una parte era retraído y defensor de su intimidad y de su individualidad, y, por otra, extrovertido en sus relaciones con la gente, tratando a todos igualmente afable e interesado por sus problemas independientemente de la posición social que ocupasen.


Las barreras de la burocracia

Su estancia en Zurich no iba a ser demasiado larga. En 1910 se produce una vacante en la cátedra de Física Teórica de la Universidad de Praga. El nombramiento para ocupar la plaza lo hacía el emperador de Austria por medio de su ministro de Educación, tras propuesta de la Universidad correspondiente. En la preparación de la propuesta jugó un papel decisivo Anton Lampa, físico y discípulo entusiasta de Mach, por cuyas teorías sentía verdadera veneración. Por eso, para cubrir la vacante, pensó en la oportunidad que tenía de hacer ir a Praga al ya eminente Einstein en la época de su plena producción, y al que consideraba de la escuela de Mach. También influyó en Lampa la opinión que le enviara Max Planck (1858-1947), gran teórico de la física alemana, al consultarle sobre la valía de Einstein: «Si la teoría de Einstein se comprueba, como espero, será considerado como el Copérnico del siglo XX».

Se presentó una situación análoga a la de Zurich, al tener que competir con otro candidato. En este caso se trataba de Gustav Jaumann, austríaco, profesor del Instituto Tecnológico de Brno. Era un físico que seguía al pie de la letra las teorías de Mach, y estaba empeñado en la construcción de una teoría sobre la continuidad de la materia.

La propuesta debía hacerse al Ministerio, acompañada de la lista de méritos y trabajos de los candidatos, y ordenada de acuerdo con ellos. Por eso, en primer lugar figuraba Einstein y en segundo, Jaumann. Por razones especialmente de nacionalismo, que tendía a que las plazas fueran ocupadas por súbditos austríacos, el Ministerio concedió la plaza a Jaumann. Pero esta decisión no contó con la susceptibilidad y el orgullo de Jaumann, que se consideraba un genio olvidado; rechazó el nombramiento aduciendo que no quería tener relaciones con quien, al proponerle en segundo lugar, parecía preferir la fama de Einstein a la mayor valía de Jaumann.

También esta vez, por la renuncia del otro candidato, se vio Einstein nombrado profesor titular de la Universidad de Praga, con un sueldo mayor al que recibiera en la Universidad de Zurich.

Antes de la toma de posesión, hubo de llenar un cuestionario en el que, entre otras cosas, se le preguntaba por su religión. Como el emperador no aceptaba profesores que no pertenecieran a alguna de las iglesias oficialmente reconocidas, pese a su falta de práctica religiosa, optó por responder que su religión era la mosaica, atendiendo más a su tradición familiar que a una fe religiosa particular. Esta fue la primera vez que se declaró públicamente judío de religión.


El ambiente de praga y la cultura judía

Praga, en ese tiempo, pertenecía al Imperio austro-húngaro; situada en Bohemia, era una de las ciudades más cultas del país. Su universidad era de las más antiguas de Centro-Europa. Por presión del pueblo checo se había reconocido en la zona su lengua como oficial, y la antigua universidad había sido dividida en dos, una alemana y otra checa. En aquellos momentos, los antagonismos raciales entre germanos y checos estaban muy acentuados. La guerra del 14 se aproximaba. La cátedra de Einstein pertenecía a la Universidad alemana; los judíos eran aceptados como germanos. Como a esta raza pertenecían el emperador y los altos funcionarios, los alemanes eran los más influyentes. Las tensiones raciales y culturales hacían un poco más difícil la vida en Praga.

La población judía de Praga era muy numerosa. En aquel momento estaba naciendo un movimiento cultural sionista que encabezaban los nombres de Martin Buber, Max Brod, Franz Kafka y Hugo Bergmann. Einstein estuvo en relación con este grupo, aunque su actividad y pensamiento no le hacían en ese momento ser sionista ni religiosa ni culturalmente. La ciencia era una actividad de la Humanidad no sujeta a sectas o etnias, como sucede con otras actividades culturales. Por aquella época, Max Brod escribió una novela sobre la relación de Ticho Brahe y Kepler titulada La redención de Ticho Brahe. Walter Nernst, tras leer la obra, le dijo a Einstein: «La figura de Kepler me recuerda a usted».


Contactos internacionales

El primer rector de la Universidad alemana de Praga había sido el físico Ernst Mach, que tanto influyera con su filosofía en la física moderna. Entre otros colegas, Einstein tuvo especial relación con el matemático Georg Pick y con el físico Lampa. Pick había sido en su juventud ayudante de Mach; le recomendó que estudiara la geometría diferencial desarrollada por los italianos Ricci (1853-1925) y Levi-Civittá (1853-1941), que había de ser esencial para el desarrollo de su teoría de la relatividad.

En 1911, el químico belga Solvay (1832-1922), quien había hecho mucho dinero con la industria química, convocó a los científicos más prestigiosos para estudiar los nuevos planteamientos de la física y la crisis que en ella habían producido los descubrimientos de los últimos tiempos. A esta reunión fue invitado Einstein entre los hombres más famosos del momento, como el inglés Ernest Rutherford (1871-1937), los franceses Henri Poincaré (1854-1912) y Paul Langevin (1872-1946), los alemanes Max Planck (1858-1947) y Walter Nernst (1864-1941), el holandés Hendrik A. Lorentz (1853-1928) y la polaca Marie Curie (1867-1934). Por Austria, además de Einstein, acudió Friedrich Hasenöhrl (1874-1915). Einstein, el más joven de la reunión, fue uno de los que más aportaron. Entonces tuvo la primera oportunidad de conocer personalmente a los físicos que ya había leído y a varios de los cuales debía valiosas ideas que le habían permitido desarrollar sus teorías, especialmente Poincaré, Lorentz y Hasenöhrl.


Trabajos científicos y docencia universitaria

Durante este período, Einstein sigue trabajando en la generalización de su teoría de la relatividad, enunciando el principio de equivalencia de las fuerzas de gravitación y las fuerzas de inercia, y llega a determinar la influencia de la gravedad en la propagación de la luz. Es decir, los rayos de luz no se propagan en línea recta, sino que son desviados cuando se aproximan a un campo gravitatorio. Sugirió que la comprobación experimental de este fenómeno podría obtenerse observando las estrellas próximas al Sol, durante un eclipse total, y verificando que sus posiciones se veían desviadas por influencia de la atracción solar. También trabajó en su teoría de los quantum de luz, iniciada en Berna. Sus publicaciones más importantes en este período son: La influencia de la gravedad sobre la propagación de la luz (1911) y Sobre las bases termodinámicas de la ley de equivalencia fotoquímica (1912).

En Praga permaneció poco más de un año y medio, de marzo de 1911 hasta agosto de 1912. Después aceptó una invitación de la Escuela Politécnica de Zurich para desempeñar la cátedra de Física Teórica. La Escuela que ahora le ofrecía la cátedra era la misma en la que se había graduado. Se trataba de una institución de enseñanza superior de gran prestigio que dependía del gobierno federal suizo y era más importante que la Universidad de Zurich, donde ya había ejercido como profesor extraordinario.

Zurich era una ciudad que siempre habían considerado como propia tanto Einstein como su esposa, Mileva; además, la situación prebélica en Praga era cada vez más tensa y, por tanto, era preferible la tranquilidad suiza. En el verano de 1912 se trasladaron a Zurich, aunque su permanencia en esta ciudad suiza no iba a prolongarse más allá de finales de 1913.


La Geometría diferencial y el cálculo tensorial

Durante este período, Einstein realizó el estudio de la teoría de la Geometría diferencial, que utilizaría para fundamentar su teoría general de la relatividad. En esta tarea le ayudó su antiguo condiscípulo Marcel Grossmann (1878-1938), el mismo que le consiguió el empleo en la Oficina de Patentes de Berna. Grossmann dominaba el cálculo tensorial desarrollado por Ricci y su discípulo Levi-Civittá, que había sido publicado a invitación del famoso matemático alemán Klein, en 1901. Sin el cálculo tensorial, la teoría de la relatividad general no hubiera podido desarrollarse. Durante este tiempo en Zurich, Grossmann enseñó a Einstein el cálculo tensorial. Y con su colaboración preparó el primer esquema de una teoría general de la gravitación, que publicó en 1913.

También en 1913 asistió en Viena al Congreso de científicos germanos. Einstein fue especialmente invitado a presentar sus nuevas ideas sobre la teoría de la gravitación; su exposición estuvo rodeada de una aureola de interés y novedad expectantes. Aprovechó este viaje a Viena para conocer personalmente al ya viejo Mach, que se encontraba apartado de su cátedra desde comienzos de siglo, debido a una parálisis que sufrió en esa época.




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Introducción

Einstein explicando su Teoria de la Relatividad.
Einstein explicando su Teoria de la Relatividad.


EN Alemania, el kaiser Guillermo II había creado una institución dedicada a la investigación científica y desligada de las universidades, que se dominó Kaiser Wilhelm Gesellschaft. Su aparición fue consecuencia del gran desarrollo industrial de Alemania, que hacía imprescindible la investigación científica necesaria para la nueva tecnología. Esta institución fue comparable a las fundaciones del tipo de la Rockefeller o la Guggenheim aparecidas con anterioridad en los Estados Unidos, ya que en ellas se inspiró.

Además, la Kaiser Wilhelm Gesellschaft tenía su sede en la ciudad de más actividad científica del momento, ya que su universidad y la Academia Prusiana de Ciencias eran centros aglutinadores de los principales científicos del país y en donde colaboraban otros científicos de países próximos como Austria, Suiza o Rusia.


Una oferta tentadora

En esta búsqueda de colaboradores eminentes, Max Planck y Walter Nernst influyeron para que la Kaiser invitara a Einstein. Se le ofrecía la dirección del proyectado Instituto de Investigaciones Físicas; además, se le otorgaba una plaza en la Academia Prusiana de Ciencias (la de mayor prestigio en la Europa de esa época) y se le nombraba profesor de la Universidad de Berlín, sin las obligaciones administrativas que tales tareas docentes pudieran implicar. La oferta era, pues, tentadora no sólo por la sustancial mejora económica que le suponía, sino también porque su única obligación era dedicarse a pensar en los problemas de su interés, y porque sus estudios se realizarían dentro del núcleo científico de más prestigio.

Para conseguir que Einstein aceptara, fueron personalmente a Zurich los profesores Planck y Nernst a hacerle la propuesta. Hay que tener en cuenta, para valorar la importancia de esta visita, que ambos físicos gozaban de la más alta reputación en la Alemania de aquella época. Planck, el creador de la teoría de los quanta, era de familia prusiana de altos funcionarios influyentes, y Nernst pertenecía a una familia de comerciantes y había conseguido fama y dinero con algún invento industrializable.

Pese a lo importante de la oferta, Einstein tenía ciertas dudas para su aceptación. Por una parte, desde el punto de vista familiar, Mileva oponía gran resistencia a abandonar la entrañable Zurich y sustituirla por la desconocida y fría Berlín; por otra, desde su niñez había odiado el temperamento prusiano y temía, aunque su actual oposición fuese distinta, que le resultase difícil su integración en tal sociedad. Sin embargo, le atraía; en Berlín vivía un tío suyo, Rudolf Einstein, con el que la familia Einstein había mantenido frecuente relación durante su permanencia en la ciudad bávara de Munich.

Resolvería afirmativamente la duda aceptando la oferta que le llevaran Planck y Nernst. En noviembre de 1913, el ministro prusiano de Enseñanza ratificó el nombramiento de Einstein como miembro de la Academia de Ciencias.


En la capital europea de la ciencia

En abril de 1914 se trasladó con su familia a Berlín, instalándose en un apartamento alquilado en el barrio de Dahlem. Mileva se sintió incómoda en aquella ciudad desde el principio; dedicó gran atención a la educación de su hijo menor, Edward, de cinco años, mientras el mayor, Hans Albert, de diez, asistía a la escuela.

La situación para Einstein tenía más alicientes. En la Academia era un joven de treinta y cinco años, rodeado de miembros de más edad que él, pues la gran mayoría eran ancianos a los que, sin embargo, aventajaba en prestigio. En la Universidad tuvo la oportunidad de convivir con los físicos de más talla del momento como Planck, Nernst, Von Lane, Frank, Hertz, Lise Meitner, Roetgen, Schróendinger, con quienes discutía sus ideas en seminarios regulares. Además disponía de todo el tiempo que desease para dedicarse a sus estudios, especialmente a los de la gravitación, que le conducirían a la formulación de la teoría general de la relatividad. El astrónomo del observatorio de Potsdam, Erwin Frendlich, fue a Rusia para observar el eclipse solar que proporcionaría una de las pruebas experimentales de la teoría de la relatividad. Langevin le invitó a dar el próximo septiembre un ciclo de conferencias en el Colegio de Francia de París, institución del máximo prestigio.

Conociendo los prejuicios de Einstein contra el sistema educativo alemán y las rígidas costumbres autoritarias impuestas por la monarquía prusiana, a nadie puede extrañar que fuera a Berlín con algunas reservas. Sin embargo, el 4 de mayo de 1914 escribía al profesor Hurwitz:

Contra lo esperado, la adaptación aquí transcurre bien. tan sólo queda cierto malestar por lo que se refiere a los trajes, etc., pues he de seguir el consejo de algunos amigos para no incurrir en el enojo de estas gentes. esto es lo único que turba la paz de mi ánimo. la academia se parece, por sus hábitos, a cualquier otra de tales instituciones. al parecer, la mayoría de sus miembros se limitan a ostentar por escrito cierta grandeza a lo pavo real; por lo demás, son completamente humanos, excepto el grueso y untuoso hermann amandus schwarz (lo de amandus no debe traducirse, porque entonces se cometería una gran impertinencia). aún no he podido coger el violin, porque siempre tengo otras cosas que hacer. ahora comprendo por qué los berlineses se sienten tan satisfechos de sí mismos. es tan intensa la vida exterior, que no se siente la propia vacuidad tan crudamente como en un tranquilo lugarejo cualquiera



La guerra del 14

Pero este favorable panorama que parecía iba a permitir a Einstein una sosegada vida de estudio, se vería pronto truncado por el estadillo de la primera guerra mundial.

Al terminar el año académico, Mileva se va con sus dos hijos a Zurich a pasar el verano. Einstein se queda en Berlín. El 28 de julio de 1914, Austria declara la guerra a Servia. El 1 de agosto, Alemania declara la guerra a Rusia; el 3, a Francia; el 4 invade Bélgica, e Inglaterra actúa en su defensa. Había comenzado una guerra con una amplitud hasta entonces desconocida y con unos medios técnicos empleados por vez primera en actividades bélicas.

La causa inmediata del estallido fue el asesinato del archiduque Francisco Fernando, heredero del trono de Austria, y de su mujer, en las calles de Sarajevo: un crimen político cometido por dos jóvenes patriotas para protestar por la actitud de Austria con respecto a Yugoslavia.

Pero las causas más profundas radicaban en el desequilibrio de fuerzas que desde 1870 se acentuaba en Europa. En 1870 aparecieron dos grandes Estados: Alemania e Italia. Bismarck negocia en 1879 un tratado entre Alemania y Austria-Hungría, al que se adhiere en 1882 Italia, formándose así la famosa coalición denominada la Triple Alianza. A ella pertenecían, como países satélites, los Balcanes, Servia y Rumania. La Triple Alianza fue, en cierto sentido, un renacimiento de la Santa Alianza de Metternich motivado por la proliferación de movimientos populares patentizados por la Comuna de París, los movimientos anarquistas de Italia y Rusia y el movimiento socialista en la propia Alemania, siendo todo ello un reflejo de las nuevas formas de producción creadas por la creciente industrialización y por la rapidez con que esta misma industrialización difundía las ideas por toda Europa.

Los miembros de la Triple Alianza se prometían asistencia mutua en el caso de que cualquiera de ellos fuera atacado por dos o más de las grandes potencias. Además, Italia prometía ayudar a Alemania, si ésta era atacada por Francia. Alemania ayudaría a Italia si era preciso una guerra para impedir que Francia se expandiera en el Norte de Africa, de Marruecos a Trípoli. Queda constancia de que la Alianza no iría nunca contra Inglaterra; solamente se dirigía contra Francia y Rusia. Por otra parte, entre Rusia y Francia se llegó en 1895 a un acuerdo, la «Alianza Dual», y Francia e Inglaterra concertaron el tratado conocido por la «Entente Cordiale». De esta forma, Europa quedaba dividida en dos grupos antagónicos con intereses expansionistas en el Próximo Oriente y en el norte de Africa.

La existencia de estos dos bloques, su creciente militarización y su pretensión de hegemonía en Europa hacían que el peligro de una guerra fuera cada vez mayor. Junto con ello se entrecruzaban problemas ideológicos, culturales, étnicos, sociales, etc.


La ciencia al servicio de la guerra

La guerra estalló en el verano de 1914. En Alemania se recibió la noticia con cierto júbilo. El carácter prusiano concedía altos honores a la actividad bélica. Para Einstein aquello venía a estimular su aversión a lo militar; su situación, incómoda, sólo se hacía más llevadera por su actividad científica.

La guerra separó definitivamente al matrimonio Einstein; Mileva ya no volvería a Berlín. Por otra parte, la vida política en los medios intelectuales y científicos era beligerante. Einstein se inhibía de tal actitud, lo que generaba ciertas hostilidades entre sus colegas. Einstein era antibeligerante desde el comienzo de la guerra y así se lo comunicó por carta a su amigo Paul Ehrenfest, residente en Holanda, y que, con Planck, Nernst, Roetgen y Haber, era solidario con el prusianismo. Sus hábitos democráticos suizos pronto serán cercenados en Alemania.

Como costaba trabajo imaginar a la Alemania culta de la música, de la filosofía, de la literatura, de la ciencia, en la feroz actividad bélica desencadenada, que no respetaba acuerdos y que invadía y desolaba países, surgió la idea de considerar dos Alemanias: la culta y la militarista. Para desvirtuar esta idea, los intelectuales redactaron un documento titulado Manifiesto al mundo civilizado, en el que se afirmaba que la cultura germana y el militarismo germano son idénticos, y que, en realidad, el ejército alemán luchaba por la salvaguarda de la civilización occidental. El documento se hizo circular para su firma entre los escritores, músicos, filósofos, científicos, artistas, recogiéndose la adhesión de noventa y dos personalidades de primera fila y siendo muy escasos los que se negaron a firmarlo. Entre éstos estaba Einstein, que no podía firmar un documento con el que discrepaba esencialmente por tratarse de apoyar a la guerra y al militarismo. Su actitud fue recibida con frialdad por sus colegas de la Academia.

La guerra también había incidido en la organización de la investigación científica, orientada esencialmente a resolver problemas de interés estratégico. Así, varios de sus colegas se dedican intensamente a problemas de la guerra, como Fritz Haber (1868-1934), de origen judío, quien logró sintetizar el amoníaco a partir del nitrógeno de la atmósfera, cosa que era importante para la economía de guerra, ya que se lograban explosivos y fertilizantes a bajo costo; o como Walter Nernst, quien trabajó con éxito en la obtención de gases asfixiantes y venenosos. En este sentido, hasta el propio Einstein se vio implicado en el diseño de un ala de avión para la naciente fuerza aérea alemana, que realizó por cuenta de la Compañía Berlin-Johann Isthal. En descargo de nuestro físico sólo puede decirse que el avión representó un auténtico fracaso, ya que nunca llegó a volar.

Para muchos científicos, aunque no para Einstein, estas actividades de soporte al militarismo significaron motivo de orgullo, y les sirvieron primero como base de premios y recompensas, y, después, al acabar la contienda, para que fueran declarados criminales de guerra. Así ocurrió en el caso de los amigos de Einstein, Nernst y Haber, que, a pesar de ello, recibieron el Premio Nobel por sus trabajos: el primero, en 1920, y el segundo, en 1918.

También es de resaltar el carácter nacionalista eirracional que estaba invadiendo el país; incluso en los medios en los que la razón era su justificación, como la Academia y la Universidad, se difundió una circular en la que se pedía que no se citasen en los escritos científicos referencias a los descubrimientos hechos por los colegas ingleses. También se modificaron los nombres de algunas de las unidades físicas, como, por ejemplo, la unidad de intensidad de una corriente eléctrica, denominada amperio en honor al físico francés Ampere, nombre que fue sustituido por el de Weber, famoso físico alemán.


El «manifiesto pacifista»

Estos hechos quebrantaron la actitud pasiva de Einstein; su talante pacifista y sus profundas convicciones desde la infancia contra todo dogmatismo y contra el espíritu militar y belicoso le hicieron actuar. Einstein conocía, por su experiencia en Praga, el malestar entre los pueblos oprimidos por el Imperio austro-húngaro y la prepotencia que ejercía la raza germana en esta opresión. Por eso tomó parte en la fundación de la asociación pacifista llamada Patria Nueva, que más tarde pasaría a constituir la Liga Alemana para la Defensa de los Derechos del Hombre. También, junto con el gran pacifista Georg Nicolai, escribió un Manifiesto pacifista que firmaron muy pocos intelectuales. Toda esta actividad y las nuevas vivencias que la guerra provoca en su espíritu darían un giro en la vida de Einstein.

En el verano de 1915, Einstein visita a su familia en Zurich. Viaja con su hijo Hans por el sur de Europa. Su viejo amigo Zangger le lleva a Ginebra


a conocer al escritor, filósofo y pacifista francés Romain Rolland, quien le pone en contacto con otros pacifistas europeos. En esta entrevista, Einstein admiró el valor y la convicción de aquel hombre, y se dio cuenta de que el tesón humano puede tener un gran impacto en el cambio de situación que la Humanidad necesita. Se conoce una descripción hecha por Romain Rolland sobre Einstein después de esta entrevista. Dice así: «Einstein es aún joven, no muy alto, de rostro ancho y largo. Tiene cabellera exuberante, de pelo algo rizado, seco y muy negro, aunque mezclado ya con gris; la frente es alta, la boca, pequeña; la nariz, algo gruesa y notable, los labios, abultados, el bigotito, corto. Es de mejillas más bien llenas y de barbilla redondeada. Habla el francés con dificultad y lo mezcla con expresiones alemanas. Es increíblemente libre en sus juicios sobre Alemania».

En estas actuaciones, aunque todavía llenas de confusión, Einstein iba perfilándose como un pacifista activo, como un luchador por la paz. Más adelante, su posición sería explícita y clara, pero ahora depuntaba entre su purista actitud hacia la ciencia; los problemas cotidianos que le acuciaban en el medio ambiente alemán los distanciaba, protegido por su conservada nacionalidad suiza.




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Introducción

PESE a este despertar en la conciencia activa de Einstein y a las alteraciones que la guerra trajo consigo, sus trabajos científicos no decayeron. Fue, por el contrario, uno de los períodos más fecundos de nuestro físico, solamente superado, quizá, por aquel otro de Berna en el que dio los primeros pasos y concibió la teoría de la relatividad restringida. Ahora es la teoría general de la relatividad la que le consume más tiempo. Incluye en su teoría de la gravitación la geometría de Riemann (1826-1866), que le permite sustituir la vieja noción de acción a distancia con las contradicciones que implica, por la de curvatura de un espacio. Concibe el espacio como cuatridimensional, curvo y finito, aunque ilimitado. Busca pruebas experimentales para sus teorías, como fue la explicación de las anomalías de la órbita del planeta Mercurio, que no cuajaban en la teoría newtoniana. En este sentido, escribía en noviembre de 1915 al físico Sommerfeld (1868-1951): «Que la solución de Newton resultó como primera aproximación, y además obtuve como segunda aproximación el movimiento del peribelio de Mercurio. La desviación de la luz en su camino junto al Sol resultó ser una cantidad doble que la anterior» y, por tanto, más fácilmente verificable. Otra de las pruebas que propuso fue la variación de la longitud de onda de la luz de las estrellas. Aunque el esfuerzo principal de Einstein estuvo dirigido hacia la teoría general de la relatividad, también su obra se orientó en otros campos, como la deducción de la ley de radiación de Planck, o el estudio del momento magnético.


Un ambiente poco propicio

El 21 de octubre de 1916 es asesinado el primer ministro austríaco, Karl von Stürghk. La acusación recaía sobre Adler, el viejo amigo y colega de Einstein, a quien el suceso impresionó hondamente, haciéndole reflexionar sobre la personalidad de figuras como Nicolai, Rolland, Adler: hombres cuya audacia intelectual y física les hacía estar dispuestos a entregar su vida para lograr aumentar la justicia en la Tierra. Los hechos relatados le llevaron a plantearse la validez del aislamiento en el estudio académico y encandilaron la llama que le llevaría a actuar como hombre público y a poner todo el peso del enorme prestigio que tenía, al servicio de la paz y de la justicia. Más adelante también serían móviles de gran importancia para él: el sionismo, entendido como un movimiento contra la discriminación o segregación de una minoría, y el socialismo, un socialismo vago y utópico. Todo esto movió a Einstein a escribir un elogioso artículo sobre Adler como físico, que fue publicado en una revista científica. La pena de muerte le fue conmutada por cadena perpetua.

En 1917, la salud de Einstein se resintió; tuvo trastornos gástricos e intestinales que le obligaron a guardar cama durante semanas. Los cuidados de Einstein durante estos largos períodos recayeron sobre su prima Elsa, hija de Rudolph, a la que ya había conocido en los años que vivió en Munich.

Elsa era viuda y vivía con su padre y sus dos hijas, Margot e Use, en un apartamento próximo a la casa de Einstein. Cuando aumentaba la gravedad, Einstein se alojaba en la casa de su tío, y así podía disponer de una atención continuada. A fines de 1917, ya casi totalmente restablecido, pudo continuar con sus obligaciones en la Academia, pero se quedó a vivir en casa de Elsa. La casa, de clase media acomodada, tenía una gran biblioteca. Einstein habilitó un ático del mismo inmueble para estudio, en donde se encerraba días enteros concentrado en sus teorías. Su atuendo personal era de lo más sencillo, rayando en la extravagancia; por ejemplo, desterró el uso de calcetines. Los amigos de Elsa le consideraban algo chiflado. Mileva tuvo conocimiento de la nueva situación de Albert; no quiso compartirla y, al obligarle a decidir, hizo que se iniciara el expediente de divorcio.


El II reich se derrumba

Durante el mismo año de 1917, el conflicto bélico se extendió: los Estados Unidos declararon la guerra a Alemania. En la retaguardia, la represión era grande; por ejemplo, su amigo Nicolai fue obligado, por el delito de pacifismo, a abandonar la cátedra de Fisiología de la Universidad de Berlín y a trabajar como practicante en un hospital de campaña. En noviembre de 1917 estalla la Revolución rusa y comienza la guerra civil, que terminaría con el triunfo de los bolcheviques, los cuales tomaron el poder en nombre de los obreros y campesinos.

En 1918, el Kaiser abdica y se proclama la República. El 11 de noviembre se firma el armisticio que pone fin a la guerra. Einstein creyó que significaría el fin del militarismo y de la burocracia; creyó ingenuamente que Wilson, presidente de los Estados Unidos, podría establecer democracias verdaderas en cada país y acabar con el imperialismo. El Tratado de Versalles era un documento de venganza que no permitía abrigar optimismo de cara al futuro. Alemania había quedado destrozada por la guerra, y el hambre, el paro, la inflación y las enfermedades asolaron el país. El estado general de desesperación fue aprovechado para promover la búsqueda de culpables y de chivos expiatorios a quienes responsabilizar de todos los males. El terreno ya estaba abonado para el antisemitismo.

Aunque cada vez le resultaba a Einstein más difícil aislarse del mundo y de sus problemas, seguía trabajando con ahínco en su ático; en este período dirigió más de doce tesis; la Física le seguía absorbiendo. Lorentz le había informado que los británicos iban a llevar a cabo mediciones para comprobar su teoría y esperaba con impaciencia los resultados.

Durante el primer semestre de 1919 viajó con frecuencia a Zurich, ya que fue contratado por su Universidad para un cursillo sobre la teoría de la relatividad. En este tiempo se formaliza el divorcio con Mileva. El 2 de junio de 1919 se casa con su prima Elsa. La madre de Einstein, enferma, se instala en su casa de Berlín.


La teoría de la relatividad es comprobada

El 29 de mayo de 1919 tuvo efecto un eclipse de sol que científicos ingleses, bajo la dirección de Arthur Eddington, se proponían observar para verificar la teoría de Einstein de la desviación de un rayo luminoso al pasar por las proximidades de un cuerpo de gran masa como es el Sol. La experiencia consistía en fotografiar un grupo de estrellas que se encontrasen en la misma dirección que el Sol, aprovechando la oscuridad que el eclipse producía, y comprobar posteriormente si la posición de las estrellas que aparecían en la fotografía presentaba la desviación que había calculado Einstein, utilizando su teoría. Las condiciones del eclipse eran especialmente buenas, ya que el Sol estaba situado entre el grupo de estrellas brillantes constituidas por las Hyades. Se montaron dos expediciones a lugares en los cuales la duración del eclipse total permitiría obtener las fotografías con mayor precisión y comodidad. Una de ellas fue a Sobral, en el norte del Brasil, y la otra, en la que participó Eddington, a la isla Príncipe, en el golfo de Guinea.

Einstein tuvo noticias de las expediciones, pero no sabía los resultados; la espera le impacientaba. Por fin, en sesión conjunta de la Royal Society y de la Royal Astronomical Society, celebrada en Londres el 6 de noviembre de 1919, se hizo pública solemnemente la comprobación de la teoría de la relatividad de Einstein. Presidía la sesión el gran físico y premio Nobel J. J. Thomson (1856-1940). Al día siguiente, el diario londinense Times ofrecía al gran público la noticia: el edificio de Newton era sustituido por el de Einstein. Todos los periódicos de Europa y América recogían la noticia. La fama de Einstein había trascendido a universidades y academias, y había adquirido la popularidad.

Las nuevas circunstancias le convirtieron en foco de atracción. Pacifistas y liberales solicitaban su apoyo, y Einstein no lo negaba. Se le ocurrió entonces poner su popularidad al servicio de la paz. Así, el 19 de diciembre de 1919 pronunció un duro discurso contra la guerra y el espíritu militar en la Liga de la Nueva Patria, organización pacifista con la que había colaborado durante toda la guerra.




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Introducción

EL resultado favorable para la teoría de la relatividad que significaron las observaciones del eclipse de sol de 1919 proporcionó a Einstein una gran popularidad. Eran numerosos los artículos periodísticos que se ocupaban de él y mucha la correspondencia que recibía de las personas más variadas. Por otra parte, su cada vez más activa participación en reuniones pacifistas (en las que se luchaba por eliminar todas las consecuencias morales de la guerra recién acabada y en contra del militarismo y de todo tipo de nacionalismo) le hacían aparecer como un hombre público. Su gran popularidad, que le abrumaba, fue un factor que actuó en su contra en aquella Alemania.


Alemania, en crisis

Tenía Alemania en esta época un sistema republicano de gobierno, poco estable y amenazado por una profunda crisis económica y moral. La clase dominante temía que se iniciase un proceso político análogo al de la Rusia soviética, pero no podía evitar el descontento popular ni oponerse abiertamente a la fuerza de la clase trabajadora. La huida a Holanda del kaiser y su familia, tras su abdicación, desprestigió a la dinastía Hohenzollern.

Los moderados socialdemócratas son los únicos que pueden calmar los ánimos populares (que habían estallado en revueltas en diferentes estados, y en el motín de la base naval de Kiel, en el que los marineros izaron banderas rojas, sin que representase un gran peligro para la burguesía alemana). Los líderes eran Ebert y Scheidemann, que pese a ser llamados socialtraidores por los líderes de la Liga Espartaquista, Karl Liebknecht y Rosa Luxemburgo, que propiciaban la lucha de clases, y no contar con el apoyo del movimiento socialista pacifista surgido durante la guerra, se coaligaron con los democrataliberales y la derecha para establecer una República liberal.

En enero de 1919 estalla en Berlín una rebelión espartaquista (que recuerda la revolución de 1848), que es machacada sin piedad por el gobierno provisional socialdemócrata. Rosa Luxemburgo y Karl Liebknecht son asesinados por un grupo de oficiales derechistas. En tan anormales circunstancias se realizan las elecciones para una Asamblea Nacional constituyente que redacta la Constitución de Weimar. Ebert es nombrado primer presidente de la República, que, recién nacida, se encontraba con grandes problemas económicos y sociales.


Einstein, antinacionalista

Tras un momento de optimismo al finalizar la guerra, cuando llegó a creer que el militarismo y la burocracia habían sido abolidos en Alemania, Einstein comprobó que el nacionalismo continuaba vivo y que este sentimiento desmedido era uno de los principales causantes de la guerra. Le resultaba cada vez más difícil su retraimiento de la vida pública, y son más frecuentes sus declaraciones denunciando todo hecho que considere contrario a la paz entre los pueblos; su recién conquistada popularidad hacía más eficaz su postura.

El periódico inglés Times le pidió un artículo en el que explicara someramente la teoría de la relatividad y en el que diera alguna nota autobiográfica; Einstein escribió con cierta ironía que «hoy se me presenta en Alemania como un hombre de ciencia alemán, y en Inglaterra, como un judío suizo. Si algún día las cosas cambiaran, se invertirían los términos y sería un judío suizo para los alemanes y un alemán para los ingleses».

Esta actitud enervaba a los nacionalistas alemanes, que habían utilizado la popularidad de Einstein para justificar la superioridad alemana, aduciendo que sólo de este país podía salir un científico de tal magnitud; pero su antinacionalismo ponía en evidencia el intento de manipular su figura.

En 1919 fue fundado el Partido Obrero Alemán por el ferroviario Drexler, y en septiembre de este año, el austríaco Adolfo Hitler se afilia al mismo. Pese a su denominación, el partido era contrario a los intereses de la clase obrera y radicalmente racista y antisemita. En 1920 se denomina Partido Nacional-Socialista Alemán. Más adelante (1921), Hitler sería nombrado jefe con poderes absolutos sobre el partido. En mayo de 1920, Kapp da un golpe de Estado derechista que dura una semana, y que fracasa a causa de la huelga general declarada por los trabajadores. Las tropas del gobierno de Ebert, que se había establecido en Stuttgart, entran de nuevo en Berlín, proclamando la ley marcial. Los nacionalistas achacan la causa de todos los males de Alemania a los judíos, identificándolos con los bolcheviques.


Einstein, sionista

Aunque Einstein nunca había practicado la religión judía, y el movimiento sionista, que había conocido de cerca en Praga, no le cautivó, la política antijudía en Alemania despertó en él la solidaridad con el pueblo que tenía su misma sangre, dadas las acciones discriminatorias e injustas que sufría; también le movió a trabajar por la causa sionista la falta de respeto que los judíos alemanes tenían hacia su propia raza, la profunda división entre los distintos grupos judíos, cada uno de los cuales pretendía salvarse echando las culpas sobre los demás, principalmente sobre los recientes emigrantes del Este de Europa, a los que los judíos alemanes, ya acomodados y más cultos, consideraban inferiores.

Ver a la comunidad judía atacada por los enemigos externos y profundamente dividida internamente, aumentó el sentimiento de responsabilidad de Einstein y le movió a actuar en pro de la unión y de la autoestimación de sus hermanos de raza.

Durante la guerra, el sionismo mundial, apoyado por Inglaterra, inició el proyecto de la construcción de un nuevo Estado de Israel sobre el territorio palestino; la iniciativa aumentó el entusiasmo del movimiento judío. A Einstein, sin embargo, le molestaba el carácter nacionalista que tomaba el proyecto, ya que él estaba en contra del nacionalismo en general y no contra un nacionalismo particular cualquiera. Pero, pese a la contradicción que esta situación representaba, decide colaborar abiertamente con el sionismo, convencido por Kurt Blumenfeld, líder sionista de Berlín.


Ataques a Einstein y a su ciencia

Esta decisión hace aumentar los ataques contra Einstein; se habla del bolchevismo de su física y de que sus matemáticas son judías; fue insultado públicamente ante su casa y en la Academia; recibió amenazas escritas, a las que no prestó mayor atención.

Ante hechos tan vergonzosos, Planck y Von Lane defienden públicamente a Einstein, lo que no hace mejorar las cosas, sino que se comentará: «No podemos censurar que los obreros sean seducidos por Marx, si los profesores se dejan convencer por Einstein».

La situación llegó a tales extremos, que Leibus ofreció una recompensa a quien asesinase a Einstein; Leibus fue detenido, pero puesto en libertad en seguida tras pagar una pequeña multa. Esto da idea de la actitud derechista de la socialdemocracia alemana.

También era frecuente que a Einstein se le interrumpiese en sus conferencias llamándole «cerdo judío». Un acto curioso contra Einstein fue una denominada «Asamblea de la relatividad», celebrada en la Sala Filarmónica de Berlín y organizada por los físicos Weyland y Gehrcke, con la finalidad de atacar la teoría de la relatividad y a su creador; el propio Einstein asistió entre el público a este acto.

Tal estado de cosas hace a los amigos de Einstein aconsejarle que deje de hacer manifestaciones públicas, consejos que Einstein no puede seguir, ya que su sentido de la justicia está por encima de los inconvenientes que puedan acarrearle. Incluso recupera la nacionalidad alemana (sin perder la suiza), para que sea más fácil su actividad pública, pero se lamenta amargamente de que las cosas sucedan así.


La divulgación de las teorías de Einstein

Aunque su popularidad alcanza su mayor auge tras el éxito de la verificación de sus teorías realizadas por Eddington en la observación del eclipse solar de 1919, es en los primeros años veinte cuando su obra alcanza una amplia difusión.

Ya en 1918, Arthur Eddington había publicado un libro titulado Report on the Relativistic Theory of Gravitation (Informe sobre la teoría de la gravitación relativista); su difusión había sido muy escasa; hubo que esperar a 1920 para que ese mismo libro se vendiera por millones en Londres y Nueva York.

También Eddington publica en 1920 su libro titulado Espacio, tiempo y gravitación, que era el contenido de una conferencia multitudinaria que pronunció ese mismo año en la Universidad de Oxford.

El éxito de estas publicaciones permitió aparecer en pocos meses, y en diversos idiomas, más de un centenar de libros de divulgación de la teoría de la relatividad. Entre ellos sólo uno fue escrito por Einstein, el titulado Teoría de la relatividad especial y general al alcance de todos (que en España alcanzó varias ediciones entre los años 1921 y 1925, una de ellas traducida por F. Lorente de No).

Llevado por el afán de hacer comprensible la teoría de la relatividad a todo el mundo, un americano llamado Higgins, residente en París, anunció a través de la revista Scientific American que otorgaría un premio de 5.000 dólares a quien escribiera la mejor exposición de la teoría de la relatividad, con menos de 3.000 palabras. El resultado del concurso se conoció el 21 de junio de 1921; lo ganó un irlandés llamado Balton, de sesenta y un años de edad, que, dato curioso, había trabajado en la Oficina Británica de Patentes.

También Bertrand Rusell (1872-1970), el genial matemático y activo pacifista y humanista, escribió durante uno de sus viajes a Oriente un trabajo de divulgación de las teorías de Einstein titulado ABC de la relatividad.

Aparte de estos libros de divulgación popular, la teoría de la relatividad ocupaba también a eminentes científicos. Ya en 1916, el gran matemático Hilbert (1862-1943), creador del método axiomático en geometría, se había interesado por ella, pero a Einstein no le parece interesante la atención de Hilbert, diciendo que «el método axiomático puede servir muy poco para la teoría de la relatividad». No así le parecieron los trabajos de Hermann Weyl, profesor de la Escuela Técnica Superior de Zurich, discípulo de Hilbert, y a quien sustituye en su cátedra de Góttingen en 1939. El libro de Weyl, titulado Espacio, tiempo, materia, es de gran interés para Einstein, que lo lee antes de su aparición, en galeradas de imprenta, cuando se encontraba enfermo en 1918. Weyl habría de influir en Einstein en su concepción de la teoría del campo unificado.

Einstein también colaboró en la divulgación de sus teorías mediante conferencias dirigidas al gran público. La popularidad que alcanzó Einstein hacía que le llegaran invitaciones de diversos países para pronunciar conferencias sobre sus teorías. Estas conferencias para el gran público le parecían a Einstein más charlatanería que ciencia, pero se creía obligado en la mayor parte de los casos a aceptarlas con la esperanza de que tal vez ayudaría a modificar algo el pensamiento y la filosofía de la naturaleza en las mentes populares. Por otra parte, le daban un pretexto para marchar temporalmente de Berlín, evitando la hostilidad que debía soportar casi permanentemente en esa ciudad.

Así, recorrió diversas ciudades de Noruega, Checoslovaquia, Austria. Sus conferencias públicas tenían un gran atractivo; era capaz de conectar con el auditorio y explicar las cosas al nivel necesario para su mejor comprensión; se comentaba que era un excelente actor. Se dice que en Viena comenzó su conferencia dramáticamente, golpeando con los nudillos dos veces sobre la mesa y preguntando: «Ustedes creen que he golpeado dos veces en el mismo sitio, ¿no es cierto?», y esperó a que el público asintiera, para continuar: «Pues no es cierto; daos cuenta que esta sala está colocada en la Tierra, y que ésta se mueve en el espacio, girando sobre su eje y trasladándose alrededor del Sol, y que también el sistema solar se mueve en el espacio; por tanto, los golpes fueron dados en dos lugares diferentes, ya que sólo podemos hablar del mismo sitio si lo hacemos con referencia a la sala; si no es así, para dar los dos golpes en el mismo sitio tendrían que darse simultáneamente…» Y así comenzaba a introducir las nociones de relatividad del espacio y el tiempo, de la necesidad de utilizar luces para relacionar los fenómenos alejados, destacando lo relativo de los conceptos de simultáneo, de antes y después, en fin, de todos los conceptos que estaban revolucionando la Física y que él los explicaba con una sencillez y claridad que cautivaban.

Pero Einstein tenía sentido de la medida, y la oferta de un empresario inglés en la que le garantizaba un lleno de tres semanas en el London Paladium le pareció realmente una broma y no la tomó en serio. Einstein ni siquiera contestó; una cosa era la divulgación científica y otra convertirse en un número circense.


Sus preocupaciones políticas y sociales

Los años veinte representan para Einstein el logro de su madurez. Por una parte, su teoría de la relatividad había sido comprobada experimentalmente, con lo que una hermosa teoría se convertía en una teoría verdadera; socialmente, este hecho se había reconocido y, con ello, se veneraba la figura de Einstein como la de un héroe popular; científicamente, el reconocimiento sería realizado por universidades y academias, y materializado en el máximo galardón: el premio Nobel, aunque, paradójicamente, y por exceso de prudencia, no se le otorgó por la teoría de la relatividad, sino por la teoría del efecto fotoeléctrico.

Por otra parte, humanamente, su actividad se amplía a quehaceres alejados de la investigación científica, para abarcar tres problemas en los cuales se habrá de convertir en símbolo: la lucha contra la segregación racial y por la dignidad del pueblo judío, la lucha por la paz y por el desarme como reacción a la demencial guerra europea, la lucha por el socialismo y la democracia como esperanza en la nueva situación de Alemania como República. Esta actitud y actividad le depararían persecución y sinsabores que le obligarían, finalmente, a refugiarse en los Estados Unidos.




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Introducción

Einstein, doctor honoris causa por la Universidad de Manchester.
Einstein, doctor honoris causa por la Universidad de Manchester.


UNA de las características de la actividad de Einstein durante la primera mitad de esta década son sus continuos viajes: viajes científicos promovidos por la difusión de su nombre, viajes con cierto valor diplomático, ya que con ellos se pretende mejorar las relaciones de Alemania con los países de los que había sido enemiga durante la contienda; viajes, en fin, para apoyar la lucha del pueblo hebreo por conquistar un pedazo de tierra en el que fundar una nación que los albergara. Todos ellos se presentarán conflictivos para Einstein, ya que sus fines no se proyectaban con la nitidez que hubiese deseado.

En mayo de 1920 muere la madre de Einstein, en su casa de Berlín.

En otoño del mismo año va a Holanda, invitado por Lorentz y Enrenfest, para dar un ciclo de conferencias sobre la teoría de la relatividad. Para Einstein, Holanda era un remanso de paz; había estabilidad política y económica y una convivencia admirable entre los distintos grupos étnicos y entre las diferentes clases sociales. Además, en la Universidad de Leiden trabajaba un grupo de físicos de primera fila; ya que además de sus viejos amigos Lorentz y Enrenfest estaban el astrónomo De Sitter (1872-1934), y los físicos Nordstrom y De Hass (este último había trabajado con Einstein en Berlín durante los años 1914-1915). Aunque en esta época fue nombrado profesor supernumerario de la antigua Universidad Imperial de Leiden, y pese a las buenas condiciones y a la insistencia de sus amigos para que aceptase y se quedara definitivamente en Holanda, Einstein regresó a Alemania con el convencimiento de que no podía desertar de las obligaciones cívicas que allí le esperaban; todavía confiaba en un mundo mejor y en que Alemania terminaría yendo por el camino de la democracia, que Einstein consideraba como ideal político, ya que estaba convencido de que «la degradación y la decadencia suceden inevitablemente a todo sistema autocrático de violencia, porque la violencia produce fatalmente una inferioridad moral».

A principios de 1921, Einstein viajó a Praga, regresando por unos días a la ciudad checoslovaca en la que había ejercido como profesor. En esa época ocupaba su cátedra el eminente físico Philip Frank, su amigo y biógrafo, en cuya casa se alojó durante su estancia en dicha ciudad. Einstein había sido invitado a dar unas conferencias en la sociedad científica Ucrania por su presidente, el profesor Frankel. Un interés especial revestía para Einstein visitar la Checoslovaquia convertida en una República con régimen democrático, y apreciar la evolución de los problemas sociales, que conocía de antiguo.

De Praga pasa a Viena, ciudad que había dejado de ser la orgullosa capital de un gran Imperio, para convertirse en la capital de una pequeña república centroeuropea. Residió en casa de su amigo el también famoso físico Félix Ehrenhaft, y pronunció una conferencia multitudinaria a la que acudieron unas tres mil personas, movidas más por la popularidad del conferenciante que por la capacidad de comprensión o por el interés que podría representar su teoría física. Einstein aprovechó su permanencia en Viena para visitar a su viejo amigo el físico Adler, convertido en figura política tras los años de prisión sufridos durante la guerra por haber cometido un atentado que costó la vida al jefe del gobierno imperial; visitó también a Breuer y a Popper-Lynkens, discípulos y colaboradores de Freud y Mach, con los que Einstein había tenido cierta relación intelectual.


Decide apoyar la causa sionista

A su regreso a Berlín, el director de propaganda de la Unión Sionista Alemana, Kurt Blumenfeld, entra en contacto con Einstein para proponerle que colabore con el movimiento sionista en una misión concreta: acompañar al líder judío Weizmann en un viaje por los Estados Unidos para recabar fondos entre los miembros de la acaudalada colonia judía americana, con los que atender a la creación del Estado de Israel y de la Universidad Hebrea de Jerusalén

Weizmann, químico prestigioso y profesor de la Universidad de Manchester, que había trabajado con éxito durante la guerra para la obtención de explosivos económicos, poseía una gran ascendencia sobre el gobierno británico, que, en esta época, tenía los territorios de Palestina bajo su protectorado y apoyaba la idea de la creación de un Estado judío en estos territorios. Todo esto confería a Weizmann un puesto de liderazgo dentro del movimiento sionista, del que era uno de sus grandes propulsores.

Einstein dudó ante la propuesta. Por una parte, tenía un espíritu independiente y antidogmático que rechazaba todo nacionalismo estrecho, lo que le hacía escéptico respecto a que Palestina se convirtiese en una patria adecuada para el pueblo judío; además, el creciente antisemitismo alemán hacía peligroso el significarse demasiado como sionista activo y, en tal sentido, su amigo Fritz Haber (judío converso al cristianismo y declarado criminal de guerra por su participación en el desarrollo de armas químicas durante la contienda) le recomienda que no acepte la invitación, pues ello supondría el fin de su carrera.

Pero, por otra parte, Einstein siempre había actuado en pro de dar al pueblo judío la dignidad que se le negaba; creía que la Universidad Hebrea de Jerusalén evitaría la discriminación que muchos estudiante semitas sufrían en las universidades alemanas; también le interesaba el viaje desde el punto de vista de entrar en contacto con la ciencia y la sociedad de un país que consideraba democrático por excelencia; además estimaba que la visita de un profesor alemán a un país contra el que el suyo había sido beligerante en la guerra del 14 ayudaría a la distensión entre esos dos bandos.

Aceptó la propuesta de Blumenfel, y el 23 de marzo de 1921 embarcó en Rotterdam con destino a los Estados Unidos, en un barco que hacía escala en el puerto inglés de Plymouth, donde embarcaría Weizmann.


Einstein, en los estados unidos

El 2 de abril llega a Nueva York, que le brinda un recibimiento apoteósico, como si se tratara de una estrella de las que, en esa época, la maquinaria publicitaria americana lanzaba con frecuencia.

Estados Unidos entraba en una década de gran importancia: corrían los llamados años locos. El jazz, el Charlestón, el cine y el fenómeno de Hollywood, la gran explosión de la industria automovilística, la ley seca y el gangsterismo serían elementos ya tópicos de esta época de especial bonanza económica, debida a los buenos negocios hechos durante la guerra y al debilitamiento que a Europa dicha guerra produjo.

En 1921, el partido republicano retorna a la Casa Blanca en la persona del presidente Harding, y se mantiene hasta 1933. En este período, el derechista y conservador partido republicano fomenta una política de desarrollo capitalista sin precedentes, favoreciendo la acumulación de capitales por métodos más o menos lícitos, al tiempo que se iniciaba una represión popular intensa (gran desarrollo del Ku-klux-Klan, ejecuciones «ejemplares» de los anarquistas Sacco y Vanzetti, desarrollo de un sindicalismo amarillo para mejor controlar a la clase obrera), intervención directa en los asuntos extranjeros (tropas en Santo Domingo y en Nicaragua), ley de inmigración, que restringía drásticamente la emigración a los Estados Unidos.

Esta política condujo a la mayor crisis económica conocida en el mundo, manifestada por el crack en la Bolsa de Nueva York, el 24 de octubre de 1929, y en los quince millones de obreros sin trabajo que caían en la más profunda miseria, cuando precisamente la superabundancia de bienes era la causa de la crisis, pero es que el sistema capitalista produce estas contradicciones.


Tres objetivos a cumplir

Einstein llegaba a Estados Unidos movido por tres objetivos: recabar los fondos de la opulenta clase judía americana en una época de gran esplendor económico, mediante los cuales crear el Fondo Nacional Judío; entrar en contacto con la incipiente ciencia americana, que ya hacía prever su gran desarrollo posterior, debido a la abundancia de medios dedicados a la investigación y a una organización de la misma menos rígida que la europea, articulada en arcaicas academias y universidades llenas de protocolos y de burocracia; y, por último, conocer el utópico paradigma de la democracia, que en esa época realmente contrastaba con el rígido espíritu prusiano —militarista y aristocrático— que aún dominaba en la recién creada República alemana.

El recibimiento que la ciudad de Nueva York le tributó fue extremadamente cálido; el ayuntamiento le ofreció una recepción en el Metropolitan Opera House. Visitó otras ciudades, entre ellas Washington, en la que fue recibido por el presidente Harding, quien dijo: «Representando lo que representa, su visita debe recordar al pueblo los grandes servicios que la raza judía ha prestado a la humanidad»; también Boston, Chicago, Cleveland…, en las que participó junto a Weizmann en los mítines sionistas, aunque limitándose a subrayar sus discursos con su presencia o con muy breves palabras, como cuando tras un discurso del líder sionista, simplemente dijo: «Vuestro líder, el doctor Weizmann, ha hablado con acierto para todoys nosotros. Síganle, y cumplirán con su deber. Esto es todo lo que tengo que decir». La campaña sionista para la creación del Fondo Nacional Judío dio sus frutos, recaudándose más de dos millones de dólares como aporte inicial.

Durante este viaje, Einstein visitó varias universidades americanas, en las que recibió distintos grados honorarios: Columbia, en la que colaboró con el profesor Kasner en la explicación de la teoría de la relatividad, y dio una conferencia sobre el mismo tema por invitación del profesor Pupin; Princeton, en la que pronunció cuatro conferencias invitado por su presidente, el profesor Hibben (ésta fue la primera visita a la ciudad en la que habría de pasar los últimos años de su vida); Harvard, la universidad estadounidense más antigua, en la que el óptico Lyman informó sobre sus investigaciones; la National Academy of Sciences de Washington, en la que se convocó una asamblea especial en honor de Einstein, etcétera.

Pero no todo fueron aplausos en aquel viaje de Einstein por los Estados Unidos; se dieron también algunas reacciones hostiles. Einstein hablaba alemán, evocando en muchos de sus oyentes el recuerdo del belicoso pueblo germano, contra el que los norteamericanos habían luchado junto a sus aliados de Europa.

Entre las múltiples entrevistas periodísticas a las que se vio sometido Einstein durante su permanencia en Estados Unidos, citaremos este fragmento, en el que se muestra cómo eran abordados a nivel periodístico algunos aspectos de la teoría de la relatividad:

—¿Cómo exponer el contenido de la teoría de la relatividad en pocas palabras?

—Anteriormente se creía que si todas las cosas materiales desaparecieran del Universo quedarían el tiempo y el espacio. Sin embargo, de acuerdo con la teoría de la relatividad, el tiempo y el espacio desaparecían juntamente con todas las demás cosas.

—¿Es cierto que sólo hay doce personas en el mundo capaces de comprender la teoría de la relatividad?

—Cualquier físico que estudie mi teoría la comprenderá, como la comprenden mis alumnos en la Universidad de Berlín.

—¿Cuál es la causa del entusiasmo popular por su teoría?

—Es un problema de estudio para la psicología patológica determinar por qué la gente, generalmente desinteresada por los problemas científicos, enloquece repentinamente de entusiasmo por la teoría de la relatividad.

El espíritu especulativo y altamente teórico de Einstein contrastaba con el empiricismo tecnológico en boga en Estados Unidos y materializado en la figura de Thomas A. Edison, conocido y popular inventor autodidacta, símbolo del ingenio tecnológico americano en su primera fase de industrialización. Edison, que negaba el valor educativo de las universidades, confeccionó un cuestionario con preguntas prácticas a las que suponía que eminentes profesores de la universidad no eran capaces de responder.

Una de estas cuestiones era: ¿Cuál es la velocidad del sonido?; a la que Einstein respondió:

No lo sé, procuro no cargar mi memoria con datos que puedo encontrar en cualquier manual, ya que el gran valor de la educación superior no consiste en atiborrarse de datos, sino en preparar al cerebro a pensar por su propia cuenta y así llegar a conocer algo que no figure en los libros



Misión cumplida

El viaje de Einstein a Estados Unidos cumplió ampliamente los objetivos que se habían marcado. Recogemos la propia opinión del ilustre viajero, de una carta que envió a su amigo Ehrenfest, en el verano de 1921. Decía, entre otras cosas:

Las actividades en pro de la universidad de jerusalén tuvieron mucho éxito. en realidad, el sionismo representa un nuevo ideal judío que puede proporcionar al pueblo de esa raza una alegría en su vida. parece ser que la universidad está tan asegurada en el aspecto financiero, que se comenzara en seguida a construir la facultad de medicina, considerada la más importante. No son los ricos los que han hecho esto posible, sino la clase media, especialmente los 6.000 judíos de américa. estoy contento de haber aceptado la invitación de weizmann. en muchos lugares se manifestaba un nacionalismo judío febril, que amenaza con degenerar en intolerancia y en estrechez de miras, pero espero que ello no sea más que una enfermedad infantil. mi viaje ha sido bueno para restablecer las relaciones internacionales entre los científicos




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Introducción

AFINES del mes de mayo de 1921, Einstein se detuvo en Inglaterra, a su regreso de Estados Unidos. Había sido invitado por lord Haldane, quien se proponía homenajearle y facilitarle que diera unas conferencias científicas en su país. Lord Haldane fue ministro de la Guerra del Reino Unido y gran canciller. Político de gran prestigio, buscaba por todos los medios la normalización de las relaciones anglogermanas y, por tanto, procuraba cualquier acto que ayudase a distender las tensiones, hostilidades y prejuicios provocados por los años de beligerancia entre los dos países. Además, lord Haldane era un estudioso de la filosofía y de sus relaciones con la ciencia; acababa de publicar un libro titulado El reinado de la relatividad, más filosófico que científico, cuyas tesis deseaba contrastar con el creador de la famosa teoría de la relatividad.

La figura de Einstein facilitaba la invitación pública, porque siendo alemán, circunstancia que despertaba recelos entre los ingleses, su fama, el hecho de que Inglaterra verificara su teoría, y el ser un conocido pacifista y antimilitarista, le hacían aparecer como un idóneo interlocutor. En el King’s College de Londres, lord Haldane le presentó como el «Newton contemporáneo».

El anuncio de la conferencia había despertado gran expectación. Einstein fue recibido con frialdad; pero después de sus palabras —pese a hablar en alemán— y al contacto de su admirable humanidad, el hielo quedó roto. Con ello, se reanudaban las relaciones científicas entre los dos países, muy deterioradas desde la guerra del 14.

Einstein residió durante su estancia en Inglaterra en el palacio de lord Haldane, donde se celebraron diversas recepciones en su honor; asistieron, entre otros, el gran escritor Bernard Shaw, el matemático Whitehead y el arzobispo de Canterbury, máxima jerarquía de la Iglesia anglicana.

Antes de regresar a Alemania, Einstein despositó una corona de flores sobre la tumba de Newton, en la abadía de Westminster. En junio de 1921, Einstein volvía a Berlín, después de su primer viaje a los países anglosajones.

Tras la renovación espiritual que le significaron estos viajes por países de tradición democrática y liberal, Einstein se reincorpora a sus trabajos de la Academia de Ciencias y la Universidad, y se concentra en el estudio, recluyéndose durante largas horas en el ático que se había acondicionado en el mismo edificio en que tenía su vivienda, en el número 5 de Haberlandstrasse.

Es un período de reflexión, en el que su tarea didáctica se manifiesta en la dirección de varias tesis doctorales. También en esta época frecuenta el estudio del pintor ruso Leónidas Pasternak (hermano de Boris Pasternak, autor de Doctor Zivago), de quien se conserva un admirable retrato de Einstein. El violin era otra de las actividades a las que Einstein se entregaba en estos períodos de la relativa calma.

En otoño de 1921 recibe una invitación del físico francés Paul Langevin para dar unas conferencias en el College de France, máxima institución científica francesa. Pero diversas circunstancias, entre las que no fue de menor peso el profundo sentimiento antifrancés que entonces tenía el pueblo alemán, y la hostilidad del patrioterismo francés contra el pueblo que iniciara la catástrofe de la primera guerra mundial, hicieron que Einstein rechazara la invitación. Y la rechazó pese al interés que tenía por los científicos franceses, en particular por los que habían aportado algo para el desarrollo de su teoría, como el caso de madame Curie, y por los que habían captado la profundidad y el interés de su trabajo, como era quien le invitaba, Paul Langevin, quien con su hipotético «viajero» contribuyó a aclarar e interpretar la teoría de la relatividad.


Viaje de buena voluntad a Francia

Pero Walther Rathenau, ministro de Negocios Extranjeros de la República alemana y amigo personal de Einstein, logró convencerle del interés diplomático que podía tener el aceptar esa invitación para reducir la distensión de las tirantes relaciones con el vecino país. Walther Rathenau era judío, y de espíritu liberal y abierto; Einstein sentía estima por él y confiaba que con su habilidad lograría poner a Alemania en condiciones de cooperación con los demás países europeos, pese a los recelos que había despertado la última guerra.

Einstein acepta por fin la invitación del College de France para pronunciar algunas conferencias sobre su teoría. El origen de la invitación, como hemos dicho, partió del físico Paul Langevin, quien contó con el decidido apoyo del matemático francés Paul Painlevé, ministro de la Guerra durante el conflicto bélico de 1914, y posteriormente presidente de la Cámara de Diputados; además, desde el punto de vista científico estaba interesado en la teoría de la relatividad. Con estos dos prestigiosos y decididos gestores, la invitación fue cursada por el College de France, a pesar de las discrepancias de aquellos a los que no les parecía oportuno que un alemán visitara el país más castigado por el belicismo germano.

A finales de marzo de 1922 viaja Einstein a París. Langevin, su antiguo compañero de estudios secundarios en Suiza, Maurice Solovin y el astrónomo Charles Nordmann se desplazan hasta la frontera belga para recibirle y acompañarle en la última etapa de su viaje por territorio francés. Langevin temía que bandas fascistas de la organización denominada «juventud patriótica» hubiera preparado un recibimiento hostil a Einstein en la estación del Norte de París; por eso, ante la noticia recibida en el camino de que grupos de jóvenes se concentraban en la estación, decidieron descender en un apeadero anterior para evitar contratiempos. Después se confirmó que los jóvenes, entre los que se encontraba un hijo de Langevin, eran estudiantes de la Sorbona, que habían acudido a la estación atraídos por la figura del famoso creador de la relatividad, quien también comenzaba a tener aureola de pacifista y socialista. Los estudiantes vieron frustrados sus deseos al descender Einstein antes de llegar a la estación de destino.

El 31 de marzo dio su primera conferencia en el College de France (en francés), en sesión especial y por rigurosa invitación para evitar la presencia de provocadores en la sala. Painlevé tuvo especial interés en el éxito de todo tipo que alcanzaron estas conferencias. Asistieron figuras de gran renombre, como madame Curie, premio Nobel de Física por sus descubrimientos de la radiactividad, y Henri Bergson, filósofo francés de gran trascendencia en la revisión de la idea de tiempo, concepto también revisado por Einstein en su teoría de la relatividad.

Otras instituciones científicas, como la Academia de Ciencias de París o la Sociedad de Físicos Franceses, no invitaron a Einstein a ninguna sesión científica, movidos por sentimientos nacionalistas y patrioteros de alguno de sus representantes. Conviene indicar que esas mismas personas «colaborarían» con el nazismo años más tarde, facilitando la invasión de tropas alemanas en territorio francés durante la última guerra mundial. De todas formas, este viaje de Einstein a París fue positivo, pues facilitó una mayor cooperación entre científicos de diversos países amantes de la libertad y la paz en el mundo.


El horizonte se oscurece en Alemania

En Alemania, el gobierno fue atacado por haber permitido a Einstein viajar a un país con el que tradicionalmente era Alemania beligerante. También en el medio científico, Einstein notó el vacío que se le hacía en la Academia Prusiana de Ciencias a su regreso de Francia.

La situación en Alemania permitía que se fueran gestando en su seno grupos ultranacionalistas y, en particular, el germen de lo que más tarde sería el partido nazi, causante de la catastrófica segunda guerra mundial.

Un síntoma palpable fue el asesinato de Walther Rathenau, el 24 de junio de 1922, a los pocos meses del regreso de Einstein de la capital de Francia. Rathenau, descendiente de una familia judía, tenía un gran prestigio político, había organizado la economía durante la guerra del 14, gozaba de gran reputación internacional por los servicios que había prestado en mejorar las relaciones con el exterior, lo que le llevó al ministerio de Asuntos Exteriores durante el gobierno del católico Wirth. El tratado de Rapallo firmado por Rathenau y las relaciones diplomáticas con la Rusia soviética enconaron los ánimos ultraderechistas contra su persona hasta el punto del asesinato político.

En el mundo académico, algunos acontecimientos relacionados con la muerte de Rathenau implicaron de forma más cercana a Einstein: se había declarado en la universidad un día de luto por la muerte del ministro, lo que significaba la suspensión de las clases; pero el físico Lenard, profesor de Heidelberg, dio la suya, a la que asistieron algunos estudiantes ultraderechistas, lo que le hizo estar a punto de ser arrojado violentamente al río Necker por un grupo de obreros manifestantes que interpretaron la actitud de Lenard como una provocación.

Lenard, de mentalidad ultranacionalista y xenófoba, había hecho, entre otras «recuperaciones» nacionales, la del físico Friedrich Hasenóhrl (1874-1915), al que atribuía, entre sus méritos científicos, el haber muerto «heroicamente» a la edad de treinta y seis años en la guerra del 14 y la de ser el creador de la teoría de la relatividad, de la que Einstein era un plagiario. Con tal finalidad escribió un libro sobre Grandes hombres de ciencia, en el que dedica un capítulo al oscuro Hasenöhrl, y ni menciona a Einstein, aunque éste siempre había mantenido relaciones de respeto con aquél. Su enemistad contra Einstein era manifiesta.


Einstein, blanco de los nacionalistas

Al parecer, en la investigación que se abrió para estudiar el caso Rathenau se descubrió una listacon los nombres de posibles víctimas de futuros atentados; en ella figuraba el de Einstein. Nuestro físico era un fácil blanco para la reacción: era judío y antinacionalista, viajó como un héroe por los países que fueron enemigos de Alemania durante la guerra; sus ideas socialistas —aunque realmente moderadas— bastaban para que sus enemigos le llamaran bolchevique y le identificaran con la triunfante Revolución rusa; además, su fama y popularidad le hacían fácil presa para que cualquier acción sobre él tuviera una rápida resonancia propagandística para los grupos «ultra» que propugnaban y realizaban los atentados. Todas estas circunstancias aconsejaban a Einstein extremar la prudencia y evitar actuaciones públicas. Su mujer, Elsa, procuraba retenerle en casa, para que no fuese a la universidad. Anunciaba que su esposo estaba fuera de Berlín, de donde había salido para dar conferencias. Por entonces viajó por el norte de Alemania, visitó Hamburgo y Kiel, donde dio algunas conferencias, y conoció diversas personalidades, entre ellas al filósofo de la Ciencia Ernst Cassirer y al matemático Hecke.

En ambiente de general hostilidad se celebró en Leipzig el centenario de las reuniones anuales de científicos alemanes. Con tal motivo fue designado Einstein invitado especial para que hablase de la teoría de la relatividad; invitación que prudentemente no aceptó. Su decisión se la comunicó por escrito a Max Planck, presidente de la reunión, y a quien, entre otras cosas, decía:

Sonas formales, y por varios conductos, me han advertido que en lo sucesivo no me detenga en berlín y me abstenga de aparecer en público en toda alemania. por lo visto, soy una de esas personas contra las que el pueblo planea atentados. como es natural, no tengo prueba segura de ello, pero la situación de tensión actual hace digna de crédito esa

advertencia. Al tratarse de un acto formal, cualquier otro lo puede desempeñar como yo (por ejemplo, Von Lane). Toda la cuestión proviene de que la prensa ha divulgado mi nombre con demasiada frecuencia. Nada se puede hacer, sólo tener paciencia y marcharme de aquí. Le ruego tome este pequeño incidente con buen humor, como lo hago yo.

A pesar de ello, en la reunión de Leipzig se dedicó a la teoría de la relatividad un lugar importante y sobre ella hablaron el físico Von Lane y el filósofo Schlick. Lenard protestó de que se hiciera tal honor a Einstein, por medio de un escrito que envió a los periódicos y que distribuyó personalmente en el salón donde se celebran las conferencias.

Para Einstein resultaba intolerable su encierro domiciliario, que rompió el día 1 de agosto de 1922 encabezando una manifestación en Berlín que tenía por lema: «No más guerras»; pero el 2 de agosto salía para Leiden, donde debía cumplir con sus obligaciones docentes y disfrutar del distendido ambiente que le esperaba en Holanda.




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Introducción

A MEDIADOS del otoño de 1922, Einstein, acompañado de su esposa, Elsa, se embarca en Marsella con destino al Japón. El viaje, que respondía a una invitación hecha por diversas universidades japonesas, le iba a permitir alejarse durante unos meses de Berlín y esperar a que, a su regreso, las tensiones contra él hubiesen disminuido. El delicioso crucero por diversos puntos de Asia, como Ceilán, Singapur, Hong-Kong, despiertan su imaginación viajera.


Un oriente en transición

El 15 de noviembre desembarca en Shangai, donde permanece unos días; el día 20, en Kobe, Japón, donde se entera de que se le ha concedido el premio Nobel de Física.

Shangai es el puerto más importante de China, y en esa época estaba bajo protección japonesa. El Imperio chino había desaparecido, tras la abdicación, el 12 de febrero de 1912, de su último emperador, Pu-yi, convirtiéndose en una República presidida por el general Yuan-Shin-Kai. La guerra del 14 hace que China septentrional se convierta en zona de influencia japonesa por cesión a este país de las posesiones que antes de dicha guerra tenía Alemania en China. En 1921, Mao Tse-tung organiza el partido comunista, que colabora con el Kuomintang (Partido Nacional del Pueblo), de gran importancia en ese momento.

En esta época, Japón estaba gobernado por el emperador Taisho Yoshihito, y se le consideraba la tercera potencia naval del mundo dada la importancia de su marina de guerra y de su flota mercante. Su desarrollo cultural y científico había tomado como ejemplo el modelo occidental, consiguiendo una industrialización acelerada. Este crecimiento económico hace aparecer tensiones entre la nobleza feudal, el creciente poder de las grandes empresas, la burocracia y el ejército; al tiempo que aparece una fuerte clase trabajadora que, junto a la juventud, pide libertad y reformas sociales. Por tales motivos, la situación interna es inestable. En 1921 fue asesinado el primer ministro, Takáshi Hara.

Einstein, recibido en Japón con todos los honores, fue presentado a los emperadores y habló en francés con la emperatriz. Visitó varias universidades donde pronunció diversas conferencias sobre la teoría de la relatividad, que resultaban larguísimas, pues un intérprete las traducía frase a frase, lo que las hacía durar cuatro o cinco horas. Además, la traducción resultaba poco fiable por la dificultad del tema. Ello hacía pensar a Einstein en la inutilidad de aquellas conferencias, cuya única finalidad consistía en aumentar el prestigio de la institución que las organizaba. Consideraba que la paciencia del público en soportarlas se debía en gran medida a que estaba acostumbrado a asistir a representaciones teatrales o a óperas orientales, cuya duración era de seis u ocho horas.


La «tierra prometida»

De regreso a Europa, en febrero de 1923, se detuvo en Palestina. Era la primera vez que pisaba el suelo de su tierra prometida, por la que había colaborado con el sionismo. Visitó en Jerusalén la Universidad Hebrea, en la que tenía gran esperanza; también visitó algún kibuthz, pequeñas unidades de población en las que los primeros judíos residentes en Palestina ensayaban una nueva forma de vida comunitaria, y en los que Einstein veía un anticipo del socialismo que en el soñado Estado de Israel se desarrollaría. Todo esto le hizo decir:

Cuando uno ve a estos jóvenes pioneros, hombres y mujeres de magnífico calibre intelectual y moral, rompiendo piedras y construyendo carreteras bajo los abrasadores rayos del sol de palestina; cuando uno ve florecer los establecimientos agrícolas que brotan del suelo tanto tiempo desértico bajo los intensos esfuerzos de los colonos judíos; cuando uno ve el desarrollo de la fuerza hidráulica y los comienzos de una industria adaptada a las necesidades y posibilidades del país, y, sobre todo, cuando uno ve el crecimiento de un sistema pedagógico que va desde los jardines de infancia hasta la universidad en la lengua de la biblia, ¿qué observador, sea cual sea su origen o su fe, puede dejar de sentirse cautivado por la magia de tan sorprendentes logros y por semejante devoción sobrehumana ?


Expresión de deseos que también el futuro habría de frustrar.

En esta época, Palestina era un protectorado inglés, y su gobernador, el vizconde Herbert Samuel, de raza judía, entusiasta de la vivencia y de la filosofía de la ciencia e interesado en la teoría de la relatividad. Einstein era invitado del gobernador y se alojó en su residencia. El boato y ceremonial que rodeaba a todos los actos del representante británico resultaban impresionantes y contrastaban con la sencillez pueblerina de Einstein y de su esposa, Elsa; pero el ceremonial era necesario como expresión de la posición de fuerza que el Reino Unido mantenía en Palestina.

Esta visita a la tierra de sus antepasados provocó en Einstein grandes emociones. También notó que las tensiones entre árabes y judíos no eran superficiales, sino profundas, lo que le hizo albergar negros presagios. Para evitar su cumplimiento alentó a sus hermanos de raza a que comprendieran y respetaran la cultura de sus también hermanos árabes, pues temía desviaciones racistas por parte de los judíos que, desgraciadamente, más tarde habrían de llegar.


Llega a España en un momento decisivo

De regreso de Palestina, y tras una escala en Marsella, Einstein se dirige a Barcelona.

La España de 1923 que visitara Einstein era una España conflictiva, pero con un resurgir cultural y social único en Europa. Presentaba algunas características de las que hemos indicado había también en el Japón; esencialmente se enfrentaban los intereses de la oligarquía terrateniente y latifundista con la burguesía industrial incipiente, pero de gran desarrollo, y ambas con una clase trabajadora y campesina que reclamaba sus derechos. Estas tensiones, agravadas por la guerra de Marruecos, conducirían a la dictadura del general Primo de Rivera, consentida por el rey Alfonso XIII, y que se instalaría en Madrid, unos meses más tarde de la visita de Einstein.

El desarrollo cultural español en ese momento es grande: literatura, poesía, filosofía, y hasta la ciencia, tradicionalmente atrasada en España, alcanzancotas notables. Ya en el siglo XIX, la creación de Escuelas Especiales de la Facultad de Ciencias y de la Academia de Ciencias indica una reactivación en el interés por la actividad científica; se multiplican los nombres de sus cultivadores: Ibáñez de Ibero, Eduardo Hinojosa, Jaime Ferrán, Santiago Ramón y Cajal, Leonardo Torres Quevedo, Ramón Turró, Federico Olaríz, Eduardo Torroja, García Galdeano, Reyes Prosper, Echegaray…, quienes cultivaron la Medicina, la Ingeniería, la Antropología, las Matemáticas, la Física, y que en muchos casos fueron creadores de primera magnitud.

Por otra parte, desde el regreso de Alemania del filósofo español Sanz del Río hubo una gran modificación en las concepciones filosóficas, que trascendió, sobre todo por intermedio de Giner de los Ríos y de la Institución Libre de Enseñanza, en el futuro de la educación y de la actividad intelectual y científica española. Con estos antecedentes se hizo a principios del siglo XX el mayor intento realizado en España para promover la actividad científica, intento que lograría llevar a la ciencia española a los niveles de la ciencia mundial con la constitución de la Junta para la Ampliación de Estudios, creada en 1907 y presidida por Cajal. Su actividad se inició con la dotación de becas para estudiar en el extranjero, en aquellos países y universidades en donde estuviese más avanzada la ciencia. A la vuelta de estos becarios se crearon numerosos laboratorios e institutos que les permitieron agruparse y continuar con los estudios e investigaciones iniciados en el extranjero, lo que también sirvió para estimular y poblar los laboratorios universitarios.

Así encontramos en los años veinte un entramado de instituciones, laboratorios, publicaciones, etcétera, vivificados por personas con nuevo estilo y entusiasmo; entre esos laboratorios estaba el de Física y Química, cuyo director, Blas Cabrera, era amigo de Einstein desde la época de éste en Zurich, donde ambos habían coincidido.


En Barcelona

Con este acogedor ambiente, Einstein, acompañado de su esposa, llega a Barcelona el día 26 de febrero de 1923. Había sido invitado por la Universidad de Madrid para dar tres conferencias en su Facultad de Ciencias sobre la teoría de la relatividad y se le había conferido el grado de doctor «honoris causa» por la misma Universidad.

En su tránsito por Barcelona se le rindió homenaje en una solemne recepción que tuvo lugar en la mañana del día 27. Fue recibido por el alcalde, señor Maynes, quien pronunció un discurso de bienvenida en catalán, al que contestó Einstein en alemán deseando «que Barcelona fuera a la vanguardia de las ciudades que aspiran a una fórmula de solidaridad humana en la que no quepan odios políticos ni internacionales».

En la noche del mismo día asistió a una reunión del Sindicato Unico de Distribución, invitado por los comités nacional, regional y local de la CNT (Confederación Nacional del Trabajo, organización anarcosindicalista que en aquella época constituía la organización obrera más importante de España y principalmente en Cataluña). La invitación cursada a Einstein se debía principalmente a la admiración hacia el pacifista que se había negado a firmar el manifiesto de los 92 intelectuales alemanes a favor de la guerra del 14. El sindicalista Angel Pestaña informó a Einstein sobre la represión que sufrían en España las organizaciones sindicales y sus miembros; Einstein pronunció unas palabras, entre las que dijo:

También soy un revolucionario, si bien científico

, y he seguido con atención todas las cuestiones sociales. Esa represión de que me habláis, me parece que contiene más estupidez que maldad. Vosotros solamente hacéis resaltar las cosas malas; pero también hay cosas buenas en el régimen actual.

Y terminó, diciendo:

Que en la próxima lucha tengáis más suerte y éxito completo

En la tarde del día siguiente visitó la Universidad Industrial de Barcelona, acompañado por personalidades de instituciones regionales.


En Madrid

En la noche del jueves día 1 de marzo llegó Einstein a la estación de Atocha de Madrid, donde fue recibido por los señores Kocherthaler, parientes de los Einstein que residían en Madrid, el embajador de Alemania en España, el director del Banco Alemán Transatlántico y una comisión de catedráticos de la Facultad de Ciencias. Einstein y Elsa se alojaron en el Hotel Palace.

La llegada de Einstein tuvo una amplia repercusión en los diarios de la capital; en primera página aparecían noticias con grandes titulares, comentarios generales sobre Einstein y la ciencia firmados por personalidades como Julio Camba, Ramiro de Maeztu o Luis Araquistain; fotografías, caricaturas y chistes sobre la teoría de la relatividad; en algunos diarios apareció un cartel de grandes dimensiones, encabezado por la frase: «Einstein, en Madrid». Era el anuncio de una editorial que ofrecía obras sobre la relatividad.

Su actividad fue la siguiente: tres conferencias en la Facultad de Ciencias de la Universidad de Madrid, que pronunció los días 3, 5 y 7 de marzo, a las seis y media; el domingo día 4, a las cuatro de la tarde, sesión especial de la Real Academia de Ciencias de Madrid, en la que Alfonso XIII, en persona, le otorgó el diploma de académico correspondiente; el martes día 6 hace una visita a Toledo, acompañado por Ortega y Gasset y Manuel B. Cossío; el jueves por la mañana se celebró el acto académico por el que se le nombraba doctor «honoris causa» de la Universidad de Madrid, y por la tarde dio una conferencia en el Ateneo; el viernes por la mañana visitó El Escorial y Manzanares el Real, y por la tarde dio una conferencia en la Residencia de Estudiantes, en cuyo acto, Ortega y Gasset pronunció también unas palabras.

Además de estos actos académicos, se hicieron a Einstein diversos homenajes, como fueron la cena ofrecida en su honor el sábado día 3 en el Hotel Palace; la recepción que le ofreció la nobleza en el palacio de los marqueses de Villavieja, tras el acto de la Academia de Ciencias; en la mañana del miércoles 7 fue recibido en palacio por el rey; por la noche se le ofreció una recepción en la embajada alemana.

A Santiago Ramón y Cajal, que se encontraba enfermo en aquellos días, Einstein le hizo una visita en su domicilio el lunes 5, después de dar la conferencia en la Facultad de Ciencias.

También fue recibido en el Ayuntamiento de Madrid por el alcalde, don Joaquín Ruiz Jiménez.

En el acto de la Real Academia de Ciencias dijo:

Majestad, respetables colegas: os ruego que aceptéis la expresión de mi más profundo agradecimiento, unida a la de mi satisfacción, por haberme hecho uno de los vuestros mediante elección. lazos como los que nosotros hemos establecido hoy demuestran nuevamente que las fuerzas espirituales que unen a los pueblos no pueden ser destruidas de una manera permanente por las tempestades políticas de los tiempos actuales () algunas palabras para usted , querido señor Cabrera; sus frases han llegado a lo más hondo de mi corazón, no por contener para mí el honor de un gran reconocimiento, sino porque demuestran la forma consciente y cariñosa con que ha estudiado usted el trabajo de mi vida. Se ha hecho usted eco de la frase del poeta: «Queremos recibir menos alabanzas y, en cambio, que se nos lea con aplicación». Ha tomado usted en consideración también el punto débil de la teoría de los quanta, arduo tema de nuestra generación de físicos. Creo que únicamente podrán allanarse esas dificultades mediante una teoría que no solamente modifique fundamentalmente el principio de energía, sino que quizás amplíe el principio de la causalidad (…) Muy significativas me han parecido las palabras que usted ha pronunciado respecto a la esperanza optimista sobre el desarrollo científico en su país. Los tiempos de participación activa en el proceso mundial del entendimiento están ligados a condiciones exteriores que ya se han realizado en este país. Creo que la mortificada y amenazada Europa puede volver los ojos llenos de esperanza hacia este pueblo que se encamina al trabajo científico, después de haber producido para la Humanidad cosas tan grandes en la esfera del arte.

Intervinieron también los señores Cabrera, que hizo la presentación, y Carracido, que contestó a Einstein. El ministro de Instrucción Pública, señor Salvatella, tras calificar de exageradas las palabras de Cabrera referidas a la ciencia española, lanzó una invitación de ayuda «a los sabios alemanes, cuya labor se ve dificultada actualmente por el estado económico que atraviesa su patria». Asistieron también los señores Torres Quevedo, Madariaga, Bolívar, Jiménez Rueda, Torroja, Azpeitia, Hernández Pacheco, etc.

El acto en el que se impuso a Einstein el título de doctor «honoris causa» fue presidido por el rector, señor Carracido; el físico señor Plans apadrinó a Einstein y, al final, los estudiantes Díez Pastor y Tomás Rodríguez leyeron un mensaje de salutación en alemán y en español, respectivamente. Cerró el acto el embajador de Alemania en Madrid, señor Langwerth von Simmern.

Tras su visita a Madrid, Einstein viajó a Zaragoza invitado por la universidad de aquella ciudad para dar una conferencia en la Facultad de Ciencias.




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Introducción

Einstein con el rey Alfonso XIII, durante su estancia en Madrid en 1923.
Einstein con el rey Alfonso XIII, durante su estancia en Madrid en 1923.


EN la primavera de 1923, tras una etapa de continuos viajes, regresa de nuevo a Berlín con la esperanza de encontrar sosiego para sus estudios y apartarse un tanto de la vida pública, con la tranquilidad de la labor realizada en este campo y con la tristeza de que su esfuerzo no hubiera dado todos los frutos por él deseados.

En 1922 había dimitido de la Comisión de Cooperación Intelectual de la Sociedad de Naciones, porque pensó que la ocupación del Ruhr por franceses y belgas era un acto contrario al espíritu de la misma; tampoco asistió al Congreso de Solvay en Bruselas, porque discriminaron a los profesores alemanes. Madame Curie, también miembro de dicha comisión, le escribió el 7 de julio de 1922 una carta de reproche por esa actitud de abandono:

«He recibido su carta y me ha causado una gran decepción. Me parecen poco convincentes las razones que usted da para su abstención. Precisamente porque existen corrientes de opinión peligrosas es necesario combatirlas, y usted puede ejercer con su único valor personal una excelente influencia en favor de la causa de la tolerancia. Creo que su amigo Rathenau —por el que lamento su triste final— le hubiera animado a ensayar al menos un intento de colaboración internacional pacífica entre los intelectuales. ¿No podría cambiar de opinión?»

A lo que Einstein contestó el 25 de diciembre de 1923:

Ya sé que se ha enfadado conmigo, y con razón, por haber dejado, con un amargo comentario, la comisión de la sociedad de naciones. y eso cuando sólo hacía unos meses que le había aconsejado a usted que participara en los trabajos de la comisión. pero mi decisión no está hecha por solidarizarme con alemania, sino que fue realmente por la convicción de que la sociedad de naciones, bajo capa de objetividad, se ha vuelto un dócil instrumento de la política imperialista. por tanto, no quisiera tener nada que ver con la sociedad de naciones. pensé también que no hacía ningún mal con exteriorizar esa opinión abiertamente. quizá resulte injusto, pero he obrado de acuerdo con mi convicción. además, he rogado que no me inviten a ir a bruselas. no es que no comprenda, desde un punto de vista psicológico, que los franceses y los belgas se nieguen a reunirse con los alemanes. pero si yo buscase oportunidades allí donde los sabios alemanes, y sólo por ser alemanes, son excluidos por principio, entonces sería como si indirectamente aprobase semejante medida. lo cual no corresponde a mis convicciones.


Premio Nobel

En el verano de 1923 se desplazó a Suecia para recibir personalmente el premio Nobel. Pese al boato de la ceremonia, Einstein no usó chaqué, prenda de ritual en la misma. En Góteborg pronunció una conferencia sobre Ideas fundamentales y problemas de la teoría de la relatividad. La Acade mia sueca le había concedido el premio por la Ley fotoeléctrica y sus trabajos en el campo de la física teórica. Evitaba así el tener que pronunciarse sobre la todavía discutida teoría de la relatividad. El dinero recibido como premio se lo envió a su primera mujer, Mileva, quien todavía residía en Suiza con sus dos hijos, Hans Albert y Edward.

Los viajes regulares de Einstein a Leiden, en donde, tras la jubilación de Lorentz, ejercía como profesor extraordinario, le permitían descansar de la tensión que le producían las amenazas escritas que recibía.

Su ausencia de Berlín hizo que, durante el mes de octubre de 1923, los diarios de la capital desataran una campaña de noticias contradictorias en las que se decía que Einstein era esperado en Rusia, o bien que había pasado unos días en Petersburgo. Noticias falsas, pues Einstein nunca estuvo en Rusia. Todo contribuía a aumentar la animadversión contra nuestro físico, a cuya ciencia se la denominaba frecuentemente con el calificativo peyorativo de «soviética». Realmente, el pensamiento de Einstein y de su física en la URSS estaba calificado de «idealista», en contraposición con el «materialismo dialéctico» soviético, aunque tenía amigos rusos, tanto estudiantes como profesores. Su pensamiento sobre Lenin era el siguiente: «En Lenin admiro al hombre que ha puesto en juego todo su poder, con una completa negación de su persona, para la realización de la justicia social. Su método no me parece oportuno. Pero es cierto que hombres como él son centinelas y renovadores de la conciencia de la Humanidad».

Las noticias sobre su hipotético viaje a la Unión Soviética desencadenaron una nueva ola de cartas insultantes y amenazadoras, llegándose a decir que sería «ejecutado de igual forma que lo fue Rathenau si continuaba conspirando con los bolcheviques».


Nuevos viajes, nuevas amistades

En 1924, Einstein volvió a ingresar en la Comisión de Cooperación Intelectual de la Sociedad de Naciones. El hecho de que los antiguos aliados de la guerra del 14 hubiesen reducido sus demandas de reparación a Alemania y concedido créditos a ese país para ayudar a su reconstrucción, le hicieron reconsiderar su postura respecto a la Sociedad de Naciones, en la que además había entrado Alemania. Parecía que se progresaba en el deseo de proscribir la guerra.

Las reuniones de esta Comisión se celebraban en París y Ginebra, y el famoso filósofo francés Henri Bergson presidía las sesiones. Estos viajes a París le permitían frecuentar a personas como el eminente poeta Georges Duhamel o el físico Louis de Broglie, cuyas ideas de onda-corpúsculo sobre los electrones le parecían a Einstein de gran interés.

En 1925 hizo un viaje por América Latina, visitando principalmente las ciudades de Buenos Aires y Montevideo. Lógicamente aumentaron las ediciones, en especial de obras sobre la Teoría de la relatividad.

Ya en esta época, la producción científica de Einstein decae: sigue pertinazmente buscando una teoría que unifique el campo gravitatorio y el campo electromagnético; pero, pese a sus esfuerzos y a resultados parciales, no encuentra soluciones definitivas y claras. Además, los físicos están preferentemente inclinados por las teorías cuánticas y estadísticas, y Einstein quedaba cada vez más aislado en su intento determinista y totalizador de las leyes del Universo, que resumía en la frase de que «Dios no juega a los dados». El se consideraba un poco retirado de la actividad, aunque su ático de la calle de Haberlandstrasse conocía sus horas de trabajo y sus desvelos.

El 4 de febrero de 1928 falleció el físico Lorentz, en Haarlem. Einstein, que sentía devoción por el precursor de sus propias teorías, con el que había mantenido una cordial amistad, se vio profundamente afectado por su muerte. Se desplazó a Holanda para asistir al entierro.


La enfermedad le visita de nuevo

Unas semanas más tarde, estando en el valle de Davos, en Suiza, Einstein se sintió enfermo. Había ido a dar un curso sobre conceptos fundamentales de la Física y su desarrollo a los enfermos universitarios de un sanatorio antituberculoso, situado en dicho valle. Primero sintió molestias gástricas e intestinales, luego sufrió un colapso: se vio compelido a guardar cama varios meses. Su esposa, Elsa, fue a buscarle para regresar a Berlín, donde pasó la parte más larga de su convalecencia. El prolongado reposo obligó a su esposa a buscarle una secretaria, la cual le ayudaría y acompañaría el resto de su vida: Helene Dukas. Elsa Einstein era presidenta de honor de una organización para la asistencia a los huérfanos judíos, de la que era secretaria su vieja amiga Rosa Dukas, hermana de Helene.

Helene nos cuenta cómo conoció a Einstein:

«Cuando me vio —estaba enfermo en cama—, me alargó la mano sonriente y me dijo: “Aquí yace un viejo cadáver de niño”. En ese momento desaparecieron mis temores, aunque aún no estaba segura de tener la capacidad para conseguir el empleo que deseaba. Antes de que nos ocupáramos de la correspondencia, Einstein quiso que telefoneara al Ministerio de Educación para acordar una entrevista con el hombre que habría de sustituirlo en la reunión de la Comisión de Cooperación Internacional de Ginebra. Eso de llamar a un ministerio y pedir que acudiera un consejero en persona me pareció un asunto difícil para mí, que entonces era una colegiala alemana educada en el culto a la autoridad. Por primera vez experimenté el efecto que producía el mágico nombre de Einstein; todo resultó facilísimo. Luego me dictó algunas cartas y pasé a la habitación contigua para escribirlas a máquina. Cuando se las llevé para que las firmara, el profesor elogió mi trabajo diciendo: “Las ha escrito muy bien, creo que nos vamos a entender estupendamente”. Con eso desapareció en mí todo sentimiento de inferioridad, aunque en los veintisiete años que siguieron nunca perdí el respeto que me inspiraba ni dejé de sentir cierta timidez.»

Por esta época tenía como ayudantes a los jóvenes matemáticos Cornelius Lanczos y Leo Szilard, ambos húngaros. Lanczos era profesor del Instituto para Estudios Avanzados de Dublín; para él era trágico el intento de Einstein por conseguir la teoría del campo unificado: «La consecuencia con que perseguía sus ideas —decía Lanczos—, sin preocuparse nunca del resultado, me causó siempre la más profunda admiración, aun cuando los experimentos que realizó en sus últimos veinticinco años me parecían fuera de lugar. Las ecuaciones de Maxwell le infundieron siempre un respeto que era casi veneración. Su último plan de trabajo consistía en incorporarlas a la teoría de la relatividad; lo trágico es que nunca lo consiguió de forma satisfactoria. También sabía con cuánta claridad mostraba los procesos cuánticos, algo fundamental que no podía concordar con las ecuaciones de Maxwell. Durante los últimos años tenía dudas sobre si en el andamiaje de sus conceptos no habría algo fuera de razón. Tales pensamientos habían de ser doblemente trágicos en un investigador que ha iluminado como ningún otro mortal las profundidades del Universo, y al que esa tarea le importaba tantísimo».

Lanczos publicó, cuando ya era profesor emeritus del Instituto de Estudios Avanzados de Dublín, un libro con el título: La década de Einstein, 1905-1915; señala como la más productiva y fecunda precisamente la década en la que Einstein era un oscuro empleado de una oficina, y estaba apartado de todo el aparato y burocracia de las grandes instituciones alemanas —academias y universidades— a las que perteneció posteriormente.

Leo Szilard colaboró con Einstein en el diseño y construcción de una bomba extractora que empleaba metales líquidos; este trabajo, aunque esencialmente fue un ejercicio de distensión para Einstein en su convalecencia, tuvo cierta importancia; la bomba llamada de Einstein-Szilard aún sigue usándose en numerosas centrales atómicas de energía eléctrica. Posteriormente, Szilard se dedicaría de lleno a la física atómica y, en particular, a las reacciones en cadena en sistemas de hidrógeno y de uranio, que habían de ser importantes para el desarrollo posterior de la futura y terrible bomba atómica.


Problemas familiares

En esta época veía con frecuencia a sus hijos Hans Albert y Edward; el primero era ya ingeniero y el segundo había comenzado a estudiar medicina, pero el sentirse abandonado le acarreó serios problemas psicológicos. Más tarde habría de tener una recaída depresiva de la que no se recuperaría; psiquiatras y psicoanalistas fueron ineficaces; su madre, Mileva, le acompañó, hasta que ésta murió en 1948, y Edward fue internado en un sanatorio de Suiza. Su estado apenó profundamente a Einstein.

En 1929, Einstein cumplía su cincuenta aniversario. Es el año en que la Academia Prusiana de Ciencias realiza su primera publicación sobre la teoría del campo unificado, que despertó gran interés periodístico, pero que los grandes físicos como Boler, Dirac, De Broglie, Pauli, Rutherford, e incluso su gran amigo Ehrenfest, no aceptaban plenamente, ya que no tenía en cuenta para nada los fenómenos que ponían en evidencia la Física cuántica y la Mecánica estadística. Es una época de cierta calma y de trabajo regular, y aunque siempre tuvo la hostilidad de algún grupo extremista, en general era conocido y respetado como un intelectual eminente.

El Consejo Municipal de Berlín le nombró «hijo distinguido de la ciudad», como homenaje en su cincuenta aniversario, y aprobó el donativo de una casa de campo para que Einstein pudiera descansar en las proximidades de Berlín. Pero por diversos errores administrativos cometidos inexplicablemente por el municipio berlinés, no pudo disfrutar de su regalo, y en compensación él mismo se regaló una casa en la cercana localidad de Caputh, elegida por su esposa, Elsa, en las inmediaciones de un tranquilo lago en el que ejercitaría su deporte favorito: la navegación a vela.


Viaje de ida y vuelta a los estados unidos

Durante el invierno de 1930 hizo un nuevo viaje a los Estados Unidos. Esta vez era estrictamente científico y no se vio sometido a la presión publicitaria de su primer viaje. Fue invitado por Millikan, eminente físico discípulo de Michelson y laureado con el premio Nobel, como profesor visitante en el Instituto de Tecnología de Pasadena, California, lo que le permitía también frecuentar el famoso Observatorio Astronómico del Monte Wilson, y cambiar ideas con personalidades como De Sitter,


Adams, Talman, Hubble, etc. Además, a Einstein le resultaba altamente gratificante la estancia en Estados Unidos, país al que consideraba depositario de todas las virtudes democráticas, como podemos observar en el mensaje que envió a América antes de desembarcar:

Saludos a América. en esta mañana cuando, después de una ausencia de diez años, voy a poner de nuevo mis pies en el suelo de los estados unidos, el pensamiento predominante de mi ánimo es éste: norteamérica ha conseguido, gracias a un duro y esforzado trabajo, una posición preeminente entre todas las naciones del mundo es un país donde las fuerzas cívicas latentes bastarían para destrozar en cualquier instante toda seria amenaza del militarismo imperialista y que por estar libre de ese monstruo puede pensar con acierto y claridad. vuestras condiciones políticas y económicas son hoy tales que evitan todas las espantosas tradiciones de la violencia belicista y conducirse de acuerdo con tan nobles postulados es la misión del pueblo norteamericano en el momento actual


En la primavera de 1931 volvió a Berlín y, a finales del mismo año, viajó a Pasadena, donde pasó el invierno. De nuevo en Berlín, en la primavera de 1932, Einstein advirtió tal violencia y deterioro en la situación alemana, que pensó seriamente en abandonar el país donde había nacido y donde había vivido durante largos años. Siempre había albergado la esperanza de que el militarismo prusiano desaparecería para dejar el paso libre a una convivencia civil y pacífica. Indudablemente, estaba engañado.




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Introducción

LA gran depresión económica de 1929 afectó profundamente a la estabilidad alemana, precariamente conseguida tras la guerra del 14 por la llamada República de Weimar. Hindenburg, autoritario y de tendencias monárquicas, difícilmente podía defender la democracia. El capital, por un lado, y, por otro las clases medias y el numeroso lumpen que se había producido por el grave paro obrero que causó la crisis, vieron una esperanza en el partido nacional-socialista, cuya ideología era nacionalista, racista, anticomunista y supuestamente anticapitalista, y que prometía un gobierno fuerte capaz de devolver a Alemania el esplendor perdido en la guerra del 14, y de conseguir la revisión del que consideraba «humillante» Tratado de Versalles, con el que se concluyó aquélla. La importancia numérica inicial del partido de Hitler era reducida; pero gracias a sus campañas publicitarias de masas, la represión en las calles realizadas por las S. A. (Secciones de Asalto) y la coyuntura económica y política, el número creció considerablemente.

En 1930 cae el gobierno de Müller, por la cuestión del financiamiento de los seguros de desempleo, y con él puede decirse que termina la república parlamentaria. En las elecciones de septiembre, el partido nazi pasa de los 10 a 107 diputados, mientras que el partido comunista sólo obtiene 77 escaños. El nuevo gobierno fue presidido por Brüning, quien nunca había aceptado la rendición en la guerra ni la abolición de la monarquía. Brüning, nombrado por Hindenburg con poderes excepcionales, podía disolver el Parlamento si lo estimaba conveniente. La grave crisis económica le obliga a adoptar medidas de estabilización que perjudican seriamente a la ya maltratada clase obrera y provoca un paro que le hace revisar sus disposiciones y plantearse la nacionalización y reparto de tierras; además, proyecta la restauración de una monarquía constitucional. Estos propósitos provocan la coalición de los partidos más reaccionarios para derribar a Brüning en las próximas elecciones a la presidencia de la República, formando el frente de Harzburgo, en el que se asocian los nacionalistas de Hugenberg con Von Papen, Schmidt y Hitler, quien es proclamado candidato para la presidencia de la República. Hindenburg es reelegido con el apoyo de los socialdemócratas en abril de 1932. La violencia y terrorismo desatados por las organizaciones paramilitares nazis desequilibran profundamente la situación, haciendo caer el gobierno de Brüning en mayo de 1932.

Tras los gobiernos de Von Papen (junio 1932) y de Schleicher (diciembre 1932), Hindenburg encarga la formación de un nuevo gobierno a Hitler, en enero de 1933.

Con este fondo de gran crisis política y económica en Alemania y de violencia desarrollada por el partido nazi, Einstein regresa a Berlín en la primavera de 1931, después de haber pasado un invierno de trabajo reposado en el Instituto Tecnológico de Pasadena, rodeado por el ambiente democrático y pacífico de los Estados Unidos, que ya estaban superando los efectos de la crisis de 1929.

En esa misma primavera, el profesor Gumbel, de la Universidad de Heidelberg, fue golpeado, sus ventanas apedreadas y su efigie ahorcada; el motivo era el haber redactado un escrito denunciando el rearme secreto de Alemania y las graves consecuencias que ello podría acarrear. Su vida era constantemente amenazada, y en todo ello había cierta complacencia oficial. Un mal presagio para el recién llegado Eisntein, quien, en una carta dirigida a un periódico de Berlín, decía: «¿Qué será de un pueblo que persigue brutalmente a hombres como Gumbel y cuyos dirigentes no se oponen a esa chusma…? Si las cosas continúan por ese camino, llegaremos a un régimen de tiranía fascista».


Militante de la paz

En ese mismo año estuvo en la Universidad de Oxford, como profesor visitante, para dictar un cursillo de Física; pero su preocupación por la paz le hacía prestar más atención a este problema que a los de las ciencias. Existía una organización denominada Internacional de Resistencia a la Guerra, que agrupaba a miembros de más de cincuenta naciones. Einstein era uno de los principales animadores, y en uno de sus discursos dijo:

No es el momento de contemporizar. O se está a favor de la guerra o se está en contra. si están ustedes a favor de la guerra, vayan y animen a la ciencia, a las finanzas, a la industria, a la religión y a la clase obrera para que ejerzan toda su influencia para la fabricación de armas, para que sean lo más mortíferas posible. pero si están en contra, entonces reten a todo el mundo para que resista hasta el límite de su capacidad conjuro a todos los hombres y mujeres, tanto eminentes como humildes, para que declaren antes de que se reúna en el próximo mes de febrero en Ginebra la Conferencia Mundial del Desarme, que se negarán a prestar su apoyo a cualquier guerra o a sus preparativos. Les pido que informen por escrito a sus gobiernos de esta decisión y que la confirmen advirtiéndome a mí de ella… Deben serme dirigidas a la Sede de la Internacional de Resistencia a la Guerra. He dado mi autorización para que se establezca un Fondo Einstein de la Internacional de Resistencia de la Guerra, cuyas aportaciones pueden remitirse a la dirección siguiente…

Einstein se había convertido en un activo militante de la paz. Seguía trabajando en la teoría del campo unificado, pero sólo obtenía resultados parciales, pese al esfuerzo de incluir nuevas ideas e instrumentos formales. Viajó por diversos países de Europa: Holanda, Bélgica, Austria.

En diciembre de 1931 volvió a Pasadena para pasar allí otro invierno, ocupado en cuestiones científicas, pero preocupado por los problemas que aquejaban a Europa.

Los problemas en Alemania se hacían cada vez más difíciles; por eso recibió con cierta esperanza la invitación que le hiciera en febrero de 1932 Abraham Flexner de participar como profesor en el recién creado Instituto de Estudios Avanzados en Princeton. En este momento todavía no toma ninguna decisión, pues no renuncia a la posibilidad de continuar en Berlín con sus obligaciones.

En primavera regresa a Europa, pasando una corta temporada en Oxford. En Ginebra asiste a la Conferencia de la Paz organizada por la Sociedad de Naciones, acompañado del británico y también pacifista Ponsonby. Einstein se encontraba en un momento de gran actividad pacifista, de apoyo a los movimientos de objeción de conciencia para realizar el servicio militar, y lucha contra el militarismo y el rearme. Aunque no era delegado de ningún país y, por tanto, no ostentaba representación oficial alguna, fue recibido con simpatía, ya que su persona representaba al ciudadano del mundo, y su prestigio moral hacía que se le escuchase. Tras la Conferencia salió pesimista de lo que ocurría dentro. Según un testimonio, Einstein dijo, refiriéndose a la Conferencia:

Eso no es una comedia. es una tragedia. la mayor tragedia de los tiempos modernos, a pesar del gorro y los cascabeles de toda la bufonería. nadie tiene derecho a tratar esta tragedia a la ligera y a reírse cuando uno tendría que llorar. tendríamos que ponernos de pie sobre los tejados, todos nosotros, y denunciar que esta conferencia es un camuflaje los delegados han venido aquí con el disfraz de la paz para fomentar la guerra catorce años después del armisticio de la gran guerra no nos encontramos más cerca de la paz que la víspera en que aquél se firmó. ya hemos esperado bastante tiempo a que los políticos y los hombres de estado cumplieran lo que habían prometido paz. paz. paz perpetua. los hemos enviado aquí para que hagan la paz nos han estafado. nos han tomado el pelo. centenares de millones de personas en europa y en américa, miles de millones de personas en todo el mundo, así como miles de millones de hombres y mujeres que aún tienen que nacer, han sido y están siendo estafados, vendidos y timados en cuanto a sus vidas, salud y bienestar. ya hemos esperado bastante tiempo. ya hemos



Viaje sin retorno

Ya en su casa de Caputh, en las cercanías de Berlín, fue visitado por Flexner, quien le rogó respuesta a la invitación que meses antes le hiciera para integrarse en el Instituto de Estudios Avanzados de Princeton. Einstein dudó, pues no quería renunciar a su situación en Alemania ni abandonar las responsabilidades que como hombre público había contraído con la historia y con su pueblo. Finalmente aceptó tras obtener autorización de la Academia Prusiana de Ciencias, para ausentarse cinco meses al año, que pasaría en Princeton; pero su residencia permanente seguiría siendo Berlín.

En el mismo verano le pidieron algunos funcionarios de la Sociedad de Naciones que organizara una discusión pública con otras personalidades sobre los problemas de la guerra. Einstein se dirigió a Sigmund Freud, esperando encontrar respuesta en el creador del psicoanálisis y una de las mentes más profundas en el estudio de la psicología humana. A la pregunta «¿cómo era posible que las masas se dejaran seducir por la guerra, cuando ésta desencadenaba el sufrimiento y la muerte en gran escala?», Freud, después de un estudio de la situación, cifró la respuesta en los instintos de vida y de muerte, que necesariamente van mezclados, indicando que todo lo que contribuyese al desarrollo cultural de la sociedad colaboraba para la abolición de la guerra. En su escrito, Freud hacía un cierto psicoanálisis de Einstein y de su actitud como pacifista.

En agosto de 1932, Einstein patrocinó, junto con Sinclair, John Dos Passos, Bernard Shaw y H. G. Wells, un Congreso Mundial contra la guerra, que organizó el escritor francés Henri Barbusse; aunque no asistió personalmente, envió un mensaje escrito.

Cuando dejó su casa de Caputh para llegar en diciembre a Pasadena, no sabía que sería la última vez que vería su morada, refugio y lugar de recreo. Tardaría todavía unos meses en comprenderlo. Esto ocurrió al recibir la noticia, el 30 de enero de 1933, de que Hitler había sido nombrado canciller de Alemania, y que el poder nazi había desencadenado el terror contra todos sus oponentes y especialmente contra los judíos. La huida de Alemania de su amigo el profesor Gumbel confirmó sus temores.

A mediados de marzo de 1933 sale de Pasadena (pasará por Chicago y Nueva York), con destino a Europa, pero sin saber a qué lugar concreto dirigirse. Su ilusión se cifraba en volver a Caputh, pero la situación en Alemania era para él preocupante. Otros lugares que le atraían eran Suiza, Bélgica, Holanda…, pequeños países en los que se respiraba libertad. El 17 de marzo se embarca en Nueva York con destino a Amberes. Ya tomaría la decisión al llegar a Europa y ver de cerca la situación concreta.

En el barco se entera de que su casa de Caputh había sido rodeada y asaltada por la policía hitleriana, bajo acusación de que en ella se escondían armas y explosivos, y de que Einstein era un jefe político y conspirador. Tras la inútil búsqueda, confiscaron la casa y el barco de vela que Einstein tenía para su esparcimiento. Al llegar a Amberes, le informaron que los fondos de su cuenta corriente habían sido confiscados. Las hijas de Elsa y Einstein, Margot e Ilse, acababan de abandonar Alemania; una se dirigió a París y la otra a Holanda. Era evidente que su regreso a Alemania resultaba imposible.

Se quedó en Bélgica. Alquiló una casa en el pueblo costero de Le Coq-sur-Mer. Allí se reunieron con él su secretaria, Helene Dukas, y su ayudante, Mayer. Ante la gravedad del momento, y para evitar que su amigo Max Planck, presidente de la Acá demia Prusiana de Ciencias, se viera en el penoso trance de firmar su expulsión de la misma, Einstein dimite.


Su sitio ya no está en alemania

La Academia Prusiana escribe a Einstein el día 7 de abril de 1933 en los siguientes términos: «Esperábamos confiadamente en que un hombre como usted, que durante tantos años ha pertenecido a nuestra Academia, se pusiese del lado de su patria y, sin tener en cuenta sus simpatías políticas, se opusiera al torrente de calumnias puestas en circulación contra ella. En estos momentos en que se ataca violentamente a la nación alemana, unas veces con acritud y otras veces con ironía, unas palabras en defensa de Alemania en boca de un hombre tan famoso como usted hubieran producido un gran efecto en el extranjero»… «En lugar de hacerlo así, sus manifestaciones son una nueva arma para los enemigos, no sólo del actual régimen, sino de todo el pueblo germano. Ha sido un amargo desencanto para nosotros. Bastaría por sí sólo para que le apartásemos de nuestro camino, aun en el caso de que no hubiera presentado su dimisión.»

A lo que Einstein respondió:

Dar el testimonio que ustedes me exigen sería negar los principios de justicia y de libertad que he defendido durante toda mi vida. ese testimonio no sería, como ustedes dicen, una demostración en nombre del pueblo alemán; sería, más bien, una demostración de apoyo a la causa de los que intentan destruir los ideales y principios que han dado al pueblo alemán un lugar preeminente entre las naciones civilizadas. si yo hubiese aportado ese testimonio en las circunstancias presentes, habría contribuido, indirectamente, a la corrupción moral y a la destrucción de todos los valores culturales existentes…

También Einstein envió una carta a Planck, quien a pesar de su vieja amistad y de haber sido el que indujo a Einstein a aceptar su cargo en la Academia, también estaba influido por la campaña de odio desatada contra él. En ella decía, entre otras cosas:

No he participado en ninguna campaña de propagación de atrocidades. concederé a la academia la excusa de que hizo estas falsas afirmaciones únicamente por la presión de arriba. pero, aunque así fuese, su conducta no constituye ninguna honra; algunos de sus miembros más decentes sentirán, seguramente, una profunda vergüenza (). ya sabe usted, probablemente, que estas falsas acusaciones han servido de excusa para confiscar todas mis propiedades en alemania. mis colegas holandeses me ofrecieron ayuda para superar las primeras dificultades financieras. afortunadamente, no tuve necesidad de aceptar su ayuda, porque estaba preparado para esta posible contingencia. no le costará imaginar cómo reacciona el público, fuera de alemania, ante la táctica empleada contra mí. estoy seguro de que llegará un día en que los alemanes decentes se sentirán avergonzados ante el ignomioso trato de que he sido objeto (). para que usted pueda comprender bien mis sentimientos, le ruego que se imagine por un momento en la situación siguiente: suponga que es usted profesor en la universidad de praga y que sube al poder un gobierno que priva a todos los ciudadanos checos de origen alemán de sus medios de vida, y, al mismo tiempo, emplea las medidas más violentas para impedir que salgan del país. suponga que se dispone de una fuerte vigilancia en las fronteras y se da orden a los guardias de disparar contra todos los que intenten salir del país, repito, que ha desencadenado contra ellos una verdadera guerra de aniquilación. ¿Le parecería a usted decente, en este caso, asistir en silencio a estos hechos sin elevar su voz en apoyo de los perseguidos? Y yo pregunto, ¿no es la destrucción por hambre de los judíos alemanes el programa oficial del actual gobierno alemán? (…). Si leyese usted lo que de verdad dije (no las versiones deformadas), vería sin duda que me expresé con moderación. No lo digo para disculparme, sino para demostrar con un ejemplo vivo la forma vil e ignominiosa en que las autoridades alemanas han actuado conmigo… Me alegra que, a pesar de todo, me haya escrito usted como un viejo amigo y que, a pesar de las severas presiones, las relaciones entre nosotros no hayan cambiado. Siguen siendo tan auténticas y sinceras como antes, a pesar de todo lo que ha ocurrido a un nivel inferior. Lo mismo cabe decir de Lane, por quien siento el mayor respeto.

P.S. He puesto como remitente una dirección falsa, para tener la seguridad de que la carta no será abierta o detenida.



Se perfila la gran amenaza mundial

La situación en Alemania ya no dejaba ninguna esperanza para personas de espíritu libre. El mismo Einstein no se podía explicar cómo «un reducido grupo de demagogos patológicos pudo conquistar y explotar el apoyo de toda una nación», y denunció que «el grupo avanza actualmente en una dirección que sólo puede llevar a la destrucción, con el peligro de que incluso contaminen otros países, porque son verdaderos maestros en el arte de la propaganda».

Otro signo de la situación fue la quema de libros realizada en la plaza de la Opera de Berlín el día 10 de mayo de 1933. Entre los autores cuyas obras fueron destruidas por las llamas de la hoguera figuraban Karl Marx, Sigmund Freud, Thomas Mann, Remarque, Rathenau y, por supuesto, Albert Einstein. La persecución antisemita se generalizaba y muchos judíos temerosos pensaban que la posición abiertamente antinazi adoptada por Einstein hacía más severa la persecución que se desataba contra ellos.

En una carta enviada durante el mes de mayo a su amigo el físico francés Paul Langevin, Einstein expresaba muy claramente cuál era su situación en esta época crucial de su vida cuando ya había pasado de los cincuenta años. Decía así:

Desde que nos vimos en amberes han ocurrido acontecimientos muy graves que ponen en peligro nuestra civilización y, en particular, la seguridad de europa. como ocurría durante la guerra, nos estamos acostumbrando otra vez a leer cada día noticias de actos de terror y lo más probable es que muchos crímenes no sean conocidos jamás por el público. un grupo de bandidos armados ha conseguido reducir al silencio, en alemania, a los sectores más responsables de la población y ha iniciado una revolución desde abajo que pronto terminará destruyendo o paralizando todos los elementos de civilización de la sociedad. este gobierno que hoy pone en peligro nuestros valores culturales se convertirá, dentro de pocos años, en una grave amenaza militar, a menos que los países que todavían viven en régimen parlamentario decidan emprender una acción vigorosa. esta acción todavía podría tener hoy un carácter económico. constituye una verdadera desgracia que el mundo no comprenda el peligro con que nos enfrentamos; constituye también una verdadera desgracia que, pese a lo que está ocurriendo, falte iniciativa para una acción enérgica, cuando no han trancurrido ni quince años desde la horrible experiencia de la guerra anterior. estoy convencido de que hoy es posible todavía aniquilar la amenaza alemana imponiendo un bloqueo comercial.

La Magnífica actitud que han tenido conmigo el gobierno francés y mis colegas franceses me ha causado una gran satisfacción. no me ha llegado todavía la notificación oficial de mi elección al College de France y por eso no he podido aún expresar oficialmente mi gratitud.

Me encuentro actualmente ante un dilema que es exactamente el contrario del dilema con que se enfrentan mis compañeros judíos expulsados de alemania. he aceptado un cargo que me ha procurado abraham flexner en el instituto de estudios avanzados de princeton, para todo el invierno (de cinco a seis meses). me han invitado también a pasar un mes durante cada uno de los próximos cinco años en el christ church college de oxford. además, españa me ha ofrecido una cátedra en la universidad de madrid. he aceptado la proposición y he prometido ir en abril próximo, antes de recibir la oferta francesa. ==


Quizás opines que no debería haber aceptado las ofertas española y francesa, porque mi actual capacidad no guarda proporción con lo que se espera de mí. sin embargo, en las actuales circunstancias, una negativa por mi parte habría sido mal interpretada, porque ambas invitaciones son, hasta cierto punto, verdaderas demostraciones políticas que me parecen importantes y que no quiero perjudicar. ==




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Introducción

EN el mes de julio pasó una breve temporada en Oxford. Aprovechó su paso por Londres para entrevistarse con políticos ingleses del máximo relieve, como Winston Churchill, Austin Chamberlain y David Lloyd George, ante los que denunció el rearme alemán que se realizaba de una forma secreta y acelerada y que infringía los acuerdos de Versalles. Para impedir que este rearme se llevara a efecto, lo que conduciría inevitablemente a la guerra, Einstein pidió un boicot económico total contra Alemania.


Einstein considera suicida el pacifismo

Durante este verano, Einstein modificó su actitud respecto al pacifismo, a los objetores de conciencia y al desarme. Pensaba que frente a una potencia militarista y belicosa, que se estaba armando aceleradamente al tiempo que entrenaba militarmente a millones de jóvenes alemanes, permanecer con los brazos cruzados o inhibirse era suicida. Pensaba principalmente en pequeños países como Bélgica y Holanda, a los cuales una política pacifista a ultranza los conduciría sin duda a la ruina. Su propuesta era una militarización general y una coordinación militar entre todos los países de Occidente para poder frenar al nazismo. Este cambio de actitud levantó la protesta y el recelo de los pacifistas que hasta ese momento habían estado junto a él: le consideraban apóstata del pacifismo.

Lord Ponsomby, pacifista inglés que había viajado con Einstein el año anterior a Ginebra para actuar a favor de la paz y del desarme, le envió en agosto de 1933 una carta en la que decía: «Estoy seguro que no se molestará usted si le hago patente mi desilusión por el cambio de su actitud ante el problema de oposición a la guerra. Comprendo muy bien su inquietud, su desesperación ante los acontecimientos de Alemania. Sin embargo, por muy provocador que pueda ser el gobierno, no constituye, a mi entender, un motivo suficiente para negar ahora el carácter razonable y efectivo de la oposición al servicio militar. Los métodos de Hitler pueden ser locos y criminales, pero estoy convencido de que no es lo bastante loco como para creer que Alemania saldría beneficiada de una nueva guerra contra otro país. Toda Europa se levantaría contra ella y la derrota sería inevitable… La seguridad de Bélgica, en el presente y en el futuro, sólo puede fundarse en una política de desarme. Todos los que colaboran en la realización de este objetivo negándose a participar de cualquier modo en la guerra, merecen nuestro respeto y nuestro aliento. La negativa a cumplir el servicio militar no sólo es una actitud deseable en tiempo de paz, sino que ha de contar con nuestro apoyo absoluto en todos los momentos de crisis. Mi creencia en la necesidad de una oposición a la guerra sigue siendo firme, inconmovible. Me atrevo a expresar la esperanza de que pese a que las medidas crueles y opresoras adopta das en Alemania puedan haber hecho vacilar su fe, no permitirá usted que el cambio registrado en sus opiniones —cambio temporal, estoy seguro— sea conocido públicamente, al menos hasta que haya reflexionado seriamente sobre la cuestión. Si sus opiniones son publicadas, puede usted tener la seguridad de que todos los chauvinistas, todos los militaristas y todos los mercaderes de armas encontrarán un placer extraordinario en poder ridiculizar su posición esencialmente pacifista».

También en un artículo publicado en Holanda por la Comisión Antimilitarista Internacional, se decía: «En un momento tan crítico como el actual, Einstein se pone del lado de los militaristas…, cree ahora que puede salvar a la civilización europea con las bombas incendiarias, el gas venenoso y la guerra bacteriológica… La apostasía de Einstein es una gran victoria para los nazis alemanes. La acción de Einstein ha causado un daño inaudito a la lucha contra el militarismo».

Otro pacifista famoso, el escritor francés Romain Rolland, decía refiriéndose a Einstein: «Esta debilidad de espíritu es inimaginable en un gran científico, que debería pesar sus afirmaciones con mucha prudencia antes de ponerlas en circulación. ¿No se le había ocurrido nunca que algún día podían presentarse circunstancias que convertirían la objeción de conciencia en una práctica religiosa? Es una broma, algo así como un juego intelectual, preconizar una idea cuando no comporta ningún riesgo; en cambio se asume una seria responsabilidad al adoctrinar a jóvenes ciegos y confiados sin haber considerado suficientemente todas las implicaciones de este adoctrinamiento. Me parece indudable que Einstein, un verdadero genio en el terreno científico, es un hombre débil, inconsciente e indefenso fuera de él… Podemos imaginar la furia homicida que se habrá apoderado de los hitlerianos al saber que un alemán ha llamado a otros países a empuñar las armas contra Alemania. Nada podía ser más fatal para la causa de los judíos alemanes… Sus constantes cambios, vacilaciones y contradicciones son peores que la inexorable tenacidad de un enemigo declarado».

Ante estos ataques, Einstein se defendía diciendo:

He de confesar que la época no me parece propicia para seguir defendiendo algunas proposiciones del movimiento pacifista radical. por ejemplo: ¿cómo podemos aconsejar a un francés o a un belga que se niegue a cumplir el servicio militar ante el rearme alemán ¿debemos lanzar una campaña para defender esta postura francamente, no lo creo. me parece que en la situación actual hemos de apoyar una organización de fuerza supranacional y no preconizar la abolición de las fuerzas militares aborrezco todos los ejércitos y todas las formas de violencia; pero estoy firmemente convencido de que, en la presente situación mundial, sólo estas armas odiosas aseguran una protección decisiva.


Ni siquiera fuera de Alemania se siente seguro

A todo esto, la vida de Einstein en Le Coq-sur-Mer se hacía más difícil. Había la sospecha de que los servicios secretos de Hitler intentaban asesinar a Einstein, y la policía belga protegía su casa día y noche. Pero cuando el 31 de agosto fue asesinado en Checoslovaquia, por agentes nazis, el profesor Teodoro Lessin, intelectual y pacifista de renombre, y que había colaborado con Einstein en los años veinte, éste comprendió el peligro que corría y que la protección que le brindaba la reina de Bélgica no era simplemente una medida precautoria. Por eso, el día 8 de septiembre de 1933 salió en un yate privado con dirección a la costa de Norkolf, en Inglaterra. Para mayor protección, se dio la versión oficial de que se dirigía rumbo a Sudamérica.

También su permanencia en Inglaterra estuvo rodeada de sigilo y protección. En esta situación, Einstein recibió otro duro golpe; la noticia de que su viejo y entrañable amigo Paul Ehrenfest se había suicidado después de dar muerte a su hijo de dieciséis años. Einstein estaba huido, abandonado de sus amigos, y una serie de acontecimientos le hacían creer que el mundo le era incomprensible o que éste había enloquecido.

Su último acto público en Europa fue un gran mitin de masas organizado por el Fondo de Ayuda a los Refugiados, que se celebró en el Royal Albert Hall, de Londres, el día 3 de octubre de 1933. Participaron en la reunión, además de Einstein, Chamberlain, que había sido ministro de Asuntos Exteriores británico; James Jeans, físico y astrónomo notable; Rutherford, famoso físico inglés; William Beveridge, economista y pedagogo. Hablaron ante unas diez mil personas.

Unos días después, Einstein esperaba en Southampton un buque de pasajeros que venía de Amberes y en el que viajaban su mujer, Elsa; su secretaria, Helene Dukas, y su ayudante, Meyer. En ese buque embarcaría Einstein para dirigirse a un exilio del que ya no regresaría nunca.




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Introducción

Einstein con su hija Margot.
Einstein con su hija Margot.

EL 17 de octubre de 1933, Einstein llegaba a Princeton. Dejaba atrás una vida agitada y una Europa turbulenta y llena de malos presagios; encontraba en América una vida tranquila en una pequeña ciudad del este de Estados Unidos, un centro de estudios (el Institute for Advances Studies) confortable y bien equipado, que le permitiría continuar con sosiego sus investigaciones, aunque careciese de una comunidad científica tan estimulante como la de Berlín. Contando sus impresiones sobre Princeton, Einstein escribía así:

Princeton es un lugar pequeño y maravilloso, una localidad original y ceremoniosa, llena de mezquinos semidioses con zancos. ignorando algunos convencionalismos sociales, he podido crearme una atmósfera que me permite estudiar sin molestias ni distracciones. las personas que componen lo que se llama «la sociedad» son aquí menos libres que sus colegas europeos. sin embargo, no parecen tener conciencia de esta limitación, porque su modo de vida tiende a frenar el desarrollo de la personalidad desde la infancia. si la civilización de europa se hundiese, como se hundió en grecia, la desolación intelectual que resultaría de ello sería tan profunda como lo fue entonces.

El físico francés Paul Langevin exclamó al enterarse de que Einstein fijaba su residencia en Princeton: «Semejante acontecimiento solamente se podría comparar con el traslado del Vaticano de Roma al Nuevo Mundo. El pontífice de la Física cambia de sede, y los Estados Unidos se constituyen así en el centro de las Ciencias». No le faltaba razón al científico francés, pues a partir de entonces, Norteamérica se convertía en la gran potencia científica que ha llegado a ser en nuestro días gracias a la fuga de cerebros desencadenada por los totalitarismos europeos.

Durante los primeros años de residencia en Estados Unidos, Einstein desarrolló una vida pública muy limitada. El mismo decía:

Hasta donde me ha sido posible he seguido el prudente consejo de los que me pedían que guardase silencio en las cuestiones políticas, no por temor a lo que podía ocurrirme, sino porque no veía ninguna oportunidad para hacer nada positivo mis amigos europeos me llaman «la gran esfinge», título que merezco por haber guardado silencio durante tanto tiempo. los terribles acontecimientos de europa me han paralizado hasta el punto de que mi pluma parece incapaz de expresar ideas personales. me he limitado, pues, a trabajar sobre problemas científicos, sin grandes perspectivas, sobre todo porque, por mi edad, no he conseguido integrarme en esta sociedad...


Sigue doliéndole Alemania

De todas formas no fueron escasas sus declaraciones sobre la Alemania nazi, en temas vinculados con el pacifismo, o en consideraciones sobre la escuela y la pedagogía. Damos a continuación algunos fragmentos de textos escritos por Einstein en Estados Unidos antes del comienzo de la guerra mundial, en el año 1939. Así, sobre la situación alemana pensaba:

Las cosas han empeorado mucho más de lo que podía haber previsto el más pesimista de los pesimistas. en europa, al este del rhin, no existe ya virtualmente la posibilidad de ejercitar libremente las capacidades intelectuales; la población vive bajo el terror impuesto por un grupo de bandidos que se han hecho con el poder y la juventud es envenenada con mentiras sistemáticas. la pseudovictoria de esos aventureros políticos ha engañado al resto del mundo; es ya evidente que la generación actual carece de la energía y la fuerza que permitieron a las generaciones anteriores conquistar, en una penosa lucha y a coste de grandes sacrificios, las libertades políticas e individuales del hombre.


Sobre pedagogía escribía:

Considero que el peor defecto de la educación es el sistema escolar que opera fundamentalmente a base del temor, la coacción y la autoridad artificial de los maestros. estos métodos destruyen el espíritu sano, la sinceridad y la confianza de los estudiantes en sí mismos y acaban produciendo seres humanos sumisos. no es ninguna casualidad que este sea el tipo de escuela que se preconiza en alemania y en rusia. sé que las escuelas de este país (estados unidos) no se rigen por estos principios, ni tampoco las de suiza, ni probablemente las de ningún país de régimen democrático. es relativamente fácil proteger a las escuelas de este mal, el peor de todos: el maestro ha de gozar del menor poder coactivo posible, lo cual significa que el respeto del estudiante ha de resultar de una valoración de las cualidades humanas e intelectuales del maestro.


Hay que estar preparados contra la agresión

Seguía manteniendo la opinión ya expresada en Europa en el año 1933 respecto al servicio militar y al pacifismo; decía así:

El carácter aparentemente contradictorio de mis declaraciones sobre la política que me parece deseable para la consecución del ideal pacifista ha de explicarse por los cambios ocurridos en la situación política de europa. cuando hice públicas mis primeras declaraciones al respecto, la negativa a cumplir el servicio militar era una posibilidad práctica en la mayoría de los países en los momentos actuales, toda debilitación de los países democráticos, provocada por la negativa a cumplir el servicio militar, equivaldría a traicionar la causa de la civilización y la humanidad; sólo la cooperación organizada de las democracias nos acercará al objetivo pacifista. en los países fascistas, toda actividad en favor del pacifismo es hoy imposible.


Respecto a la actividad del científico decía:

La Libertad de investigación y la aplicación socialmente útil de sus resultados depende de los factores políticos. por eso, los científicos pueden influir no como profesionales, sino como ciudadanos. por eso, también los científicos tienen obligación de participar activamente en la política, en interés de la libertad de investigación científica. han de tener el valor, como maestros y como publicistas, de formular con claridad sus convicciones políticas y económicas. mediante la organización y la acción colectiva han de intentar protegerse —ellos y la sociedad— contra todo atentado a la libertad de palabra y de enseñanza y se han de mantener siempre vigilantes en este terreno.

También fueron motivo de su silencio y aislamiento en este período la muerte, en 1934, de Ilsa, hija mayor de su esposa, Elsa, y la muerte de ésta, ocurrida en el invierno de 1936. Para atenuar la soledad en que quedó sumido Einstein, su hijo mayor, Albert, fija su residencia con toda su familia en Estados Unidos. También acompañan a Einstein su secretaria, Helene Dukas, y su ayudante, Leopold Infeld, con quien en 1938 escribía un libro de divulgación titulado La evolución de la Física.

En el verano de 1939, poco antes de estallar la segunda guerra mundial, con ocasión de la Feria Mundial de Nueva York, se enterró a gran profundidad un recipiente de metal, al que se denominó la «Cápsula del tiempo»; dentro se incluyeron diversos objetos representativos de la época y un mensaje de Einstein, que decía así:

Nuestra época ha producido muchas mentes ingeniosas, cuyos inventos habrían podido hacer más fácil la vida de la humanidad. cruzamos los océanos impulsados por la fuerza de la máquinas y utilizamos ya una energía mecánica que puede aliviar, algún día, a la humanidad de toda labor física penosa. hemos aprendido a volar y a comunicarnos fácilmente de un extremo a otro de la tierra por medio de las ondas electromagnéticas. Sin embargo, la producción y la distribución de mercancías están aún totalmente desorganizadas. todos vivimos bajo el temor de perder nuestro empleo y de sufrir privaciones. tenemos, además, el espectáculo de personas que viven en diferentes países y que se dedican a matarse mutuamente, espectáculo que constituye otra razón para que todos los que piensan en el futuro vivan bajo el terror y la angustia. todo esto se debe a que la inteligencia y el carácter de las masas son muy inferiores a la inteligencia y el carácter de la minoría que crea los valores reales de la sociedad. Sólo deseo que la posteridad esté en condiciones de leer esta declaración con un sentimiento de superioridad orgullosa y justificada.

En la primavera de 1939, Hitler se anexiona Checoslovaquia. Einstein comprobaba que sus temores por una nueva guerra comenzaban tristemente a verificarse. El, que fue gran pacifista, que conocía los problemas que planteaban los distintos nacionalismos y las distintas etnias, con las que había convivido en Italia, Suiza, Checoslovaquia, Alemania, etcétera, era pesimista respecto a su futuro. Su pesimismo le condujo a una postura en defensa del militarismo y del rearme como única solución contra el nazismo, que consideraba ser la causa del más serio peligro contra la cultura y la forma de vida europea liberal, democrática y respetuosa de la individualidad humana; asimismo, propugnaba la creación de un superestado mundial con una fuerza militar disuasoria, como forma única de evitar la guerra entre los distintos países.

Este error, que le hacía pensar en «militarismos buenos» y «militarismos malos», y en un superestado que aumentaría la libertad del hombre, le condujo a apoyar uno de los proyectos que más graves consecuencias ha tenido en la historia de la tecnología de todos los tiempos: el «proyecto Manhattan» para la construcción de la bomba atómica; con él hizo su aparición en la política el chantaje atómico, con características análogas al nazismo que quería combatir.


La energía atómica, antes de convertirse en bomba

La historia de la bomba atómica tuvo sus orígenes, en alguna medida, cuando en 1806, el francés Becquerel descubrió la radiactividad del uranio, y cuando los Curie aíslan, en 1902, el radio; pero la clave teórica que posibilitó este trágico invento la dio Einstein en 1905 al inventar su teoría de la relatividad y, sobre todo, su fórmula E = mc2, en la que vinculaba la masa con la energía e indicaba la enorme cantidad de energía encerrada en un simple átomo. Pero estos antecedentes tan sólo abrían caminos; la dificultad, entonces, consistía en conseguir en la práctica la desintegración del átomo, y que ésta pudiera realizarse de una forma controlable. En los primeros años de la década de los treinta, Enrico Fermi, en Italia, y Joliot-Curie, en Francia, consiguieron desintegrar átomos pesados, utilizando neutrones como proyectiles con los que bombardeaban el núcleo atómico; pero no lograron describir concretamente la reacción que su método producía.

En diciembre de 1938, los científicos alemanes Otto Hahn y Fritz Strassmann, que trabajaban en pleno nazismo en la Kaiser-Wilhelm-Gesellschaft de Berlín (donde había trabajado Einstein durante veinte años), descubrieron que al bombardear un átomo de uranio se producían dos de bario —elemento que tiene, aproximadamente, un peso atómico mitad del de uranio—. Se había descubierto la fisión atómica y echado las bases concretas y técnicas para la construcción de la bomba atómica. Pero quedaba todavía pendiente el descubrimiento tecnológico para lograr la construcción de un artefacto controlable y transportable que realizara dicha fisión.

En enero de 1939, Hahn envía a su antigua compañera Lise Meitner una copia de su estudio antes de su publicación. Lise Meitner había trabajado en la misma institución que Hahn en Berlín, pero unos años antes se vio obligada a abandonar esa ciudad debido a la persecución nazi contra los judíos y refugiarse en Estocolmo, donde trabajaba en un laboratorio físico de la Universidad. Lise envió una copia del trabajo de Hahn a su sobrino Otto R. Frisch, que trabajaba en el laboratorio de Copenha gue de uno de los más importantes físicos atómicos, Niels Bohr. Lise Meitner y Otto R. Frisch piepararon un informe sobre el descubrimiento y lo enviaron a una revista científica; ambos habían comprobado la importancia del descubrimiento.

A finales de enero de 1939, Niels Bohr participa en una reunión científica celebrada en Washington. Allí expuso los nuevos descubrimientos, que causaron asombro y motivaron la repetición de los experimentos a que se aludía; a la reunión también asistió Enrico Fermi, que se encontraba en Estados Unicos contratado por la Universidad de Columbia.

Bohr visitó a Einstein en su estudio de Princeton; los dos grandes físicos hablaron sobre la fisión y la posibilidad de producir una reacción en cadena, es decir, que la energía liberada por la fisión de un átomo se utilizara para la desintegración de otro. Einstein pensaba que esta posibilidad estaba todavía lejana.


La guerra activa desvía las investigaciones atómicas

Las investigaciones nucleares crecieron en pocos meses ante la posibilidad de mayores descubrimientos. En particular, había en Estados Unidos un grupo de físicos europeos que trabajaban en este campo y temieron que la Alemania nazi llegara a descubrir la bomba atómica, con trágicas consecuencias. Entre los científicos que pensaban así se encontraban Enrico Fermi y Leo Szilard, de la Universidad de Columbia; Eugene Wigner, de la Universidad de Princeton; Victor Weisskopf, del M.I.T. (Massachusett Institute of Tecnology), de gran fama, y Edward Teller, de la Universidad de Washington.

En la primavera de 1939, Leo Szilard redactó un informe sobre la posibilidad de construir una bomba de gran potencia utilizando la energía liberada por la desintegración atómica, y sobre la necesidad de incrementar el apoyo a las investigaciones conducentes a tal fin. Szilard y Fermi entraron en contacto con el almirante Hooper, pero en esta ocasión, la Marina americana no demostró mayor interés.

A mediados de julio, Szilard y Wigner visitaron a Einstein en la casa en que éste pasaba sus veranos, en Long Island, cerca de Nueva York. El motivo era expresarle su temor de que Alemania se adelantase en la construcción de la bomba, pues sabían que en el Centro de Investigación berlinés se estaba realizando un proyecto de investigación de alto secreto. En principio había que evitar que Bélgica vendiera uranio de buena calidad, extraído en el Congo, a Alemania. Einstein podía alertar a la reina de Bélgica dada su amistad desde hacía varios años.

Esta idea inicial se cambió, pensando que sería mejor dirigirse al presidente de los Estados Unidos, Franklin D. Roosevelt. Einstein accedió y puso todo el peso de su prestigio para convencer al presidente del país más rico de la Tierra de que construyera el arma más mortífera que jamás soñara nadie. Einstein escribió el 2 de agosto de 1939 la siguiente carta:

F.D. Roosevelt. presidente de los Estados Unidos. Casa Blanca, Washington, D. C.

Señor: recientemente ha llegado a mi conocimiento la versión manuscrita de algunos trabajos de e. fermi y l. szilard que hacen concebir la esperanza de que el elemento uranio pueda ser convertido en una nueva e importante fuente de energía en un futuro inmediato. algunos aspectos de la situación actual parecen obligar a la administración a una gran vigilancia y, si es necesario, a una rápida acción. Considero, por tanto, que mi deber es llamarle la atención sobre los siguientes hechos y recomendaciones.

En los cuatro últimos meses, la obra de joliot en francia y de fermi y szilard en los estados unidos ha demostrado la posibilidad —muy viable— de producir reacciones nucleares en cadena en una gran masa de uranio; con ellas se generarían grandes cantidades de energía y de nuevos elementos radiactivos. Parece seguro que todo ello puede conseguirse en un futuro inmediato.

Este nuevo fenómeno permitiría la construcción de bombas, y es concebible —aunque no tan seguro— que podrían construirse bombas extremadamente poderosas, de un nuevo tipo. Una sola de estas bombas, transportada por barco o lanzada en un puerto, podría destruir todo el puerto y una gran parte de sus alrededores. Puede ocurrir, sin embargo, que estas bombas sean demasiado pesadas para poderlas transportar por aire.

Estados unidos dispone de minerales de uranio muy pobres y en cantidades moderadas. hay buenos yacimientos en el canadá y en la ex checoslovaquia, pero los yacimientos de uranio más importantes se encuentran en el Congo Belga.

En Vista de esta situación, quizá considere usted deseable establecer un contacto permanente entre la administración y el grupo de físicos dedicados a los problemas de la reacción en cadena en los estados unidos. una de las formas posibles de esta relación podría consistir en que usted nombrase para encargarse de ella a una persona que goce de su confianza y que pueda actuar de manera oficiosa. su tarea comprendería los siguientes extremos:


1. Relacionarse con los diversos departamentos gubernamentales, mantenerles informados de la evolución de las investigaciones y hacer recomendaciones para la acción del gobierno, con particular atención al problema de asegurar un suministro continuo de mineral de uranio a los Estados Unidos.

2. Acelerar el trabajo experimental, que se realiza actualmente dentro de los límites de los presupuestos de los laboratorios universitarios; para ello habría que suministrar recursos económicos, si fuese necesario, estableciendo contacto con personas privadas deseosas de contribuir a esta causa y obteniendo, quizá, la colaboración de laboratorios industriales dotados del equipo necesario.

Se que Alemania ha prohibido la venta del uranio de las minas checoslovacas, sometidas actualmente a su control. Esta medida puede explicarse, quizá, porque el hijo del secretario de estado alemán, Von Weizsácker, trabaja en el Kaiser-Wilhelm-Gesellschaft de Berlín, donde se están repitiendo actualmente algunos de los experimentos norteamericanos sobre el uranio.

Su Affmo. s. s. A. Einstein.


Alexander Sach, economista y consejero de Roosevelt, aceptó llevar personalmente la carta al presidente; el 11 de octubre de 1939 se la entregó junto con el informe técnico realizado por Szilard. Roosevelt, movido por esta carta, nombró un comité asesor sobre uranio, en el que figuraban representantes del Ejército y de la Marina americanos. Sin embargo, la reactivación de las investigaciones nucleares es muy lenta y los fondos para ella, escasos. El 7 de marzo de 1940, Einstein escribía una segunda carta al presidente Roosevelt recomendándole mayor celeridad. Hay que esperar hasta el mes de diciembre de 1941, es decir, a que entren los Estados Unidos en la segunda guerra mundial, para que la investigación atómica reciba un apoyo masivo, mediante el cual se logra en menos de un año la primera reacción en cadena. Probada ésta, se crea, bajo el mando del general Groves, el «proyecto Manhattan», cuya finalidad era la construcción de una bomba atómica. El crédito concedido es de 2.000 millones de dólares.


No participa directamente

Mientras tanto, Einstein vivía aislado en Princeton, acompañado en su casa por su secretaria, Helene Dukas, y su hermana, Maya Einstein. Trabajaba tranquilo en su despacho del Instituto para Estudios Avanzados, donde coincidió con el matemático Kurt Gódel. Se le veía a veces navegar a vela por el lago artificial de Carnegie. El 1 de octubre de 1940 recibió la nacionalidad americana. En junio de 1943 firmó un contrato con la Marina de los Estados Unidos, aunque parece que no participó directamente en la preparación de la bomba.

La bomba atómica, mientras tanto, estaba siendo construida, y de una forma que la hacía fácilmente transportable. Los alemanes nazis había desistido de su fabricación, debido a que no podían sostener el gasto que su construcción significaba en pleno estado de guerra y sabiendo que laboratorios y fábricas serían puntos estratégicos a los que se dirigían inexorablemente los ataques aliados, como fue el perpetrado contra la fábrica de agua pesada instalada en Noruega y que fue volada por un destacamento enemigo.

En abril de 1945, Einstein se jubila al cumplir los sesenta y seis años, hecho que no introduce cambios notables en su vida cotidiana, pues sigue ocupando su despacho en el Instituto de Estudios Avanzados de Princeton. El presidente Roosevelt fallece el 12 de abril, y Truman, que le sucede en la presidencia de los Estados Unidos, forma un Comité para que le asesore sobre el uso de las nuevas armas atómicas. Este Comité, formado por políticos y militares, estaba auxiliado por cuatro físicos atómicos que habían colaborado en la fabricación de la bomba: Compton, Fermi, Lawrence y Oppenheimer. Estos científicos eran partidarios del empleo de la bomba. Además, una encuesta realizada por Compton entre 150 científicos de la Universidad de Chicago dio los siguientes resultados: 15 por 100, partidarios de la utilización militar ilimitada de la bomba atómica; 46 por 100, partidarios de una demostración militar, con asistencia de autoridades japonesas, con una finalidad conminatoria a la rendición antes de su empleo; el 26 por 100, partidarios de una experimentación previa en Estados Unidos, y sólo un 13 por 100, pertidarios de evitar todo uso militar.

Churchill cuenta que «el acuerdo entre nosotros (sobre el empleo de la bomba atómica en Japón) fue unánime y automático, sin vacilaciones, y nunca surgió ni la menor protesta contra su empleo».

La primera explosión atómica experimental tuvo lugar el día 16 de junio de 1945 en el desierto de Alamo Gordo, en el estado de Nuevo México; su potencia era similar a 20.000 toneladas de trilita.


Y se consumó la tragedia

El 6 de agosto de 1945 (¡qué terribe 6 de agosto!) tuvo lugar la explosión de la primera bomba atómica sobre un objetivo militar: Hiroshima. A bordo del bombardero cuyo nombre, sarcásticamente, era Alegre Elena, y tripulado por el teniente Robert Lewis (quien terminó en un hospital psiquiátrico), se cargó la bomba atómica. A las ocho de la mañana se descargó sobre Hiroshima, ciudad que hasta ese momento contaba con 250.000 habitantes. Resultado: 78.150 muertos, 9.248 gravemente heridos, 27.997 heridos, 176.987 con la salud afectada por la explosión. Esto entre la población civil; entre las tropas acantonadas en la ciudad se registraron cerca de 150.000 muertos. Sin embargo, la consecuencia más grave fue el chantaje atómico, ya que con aquel acto se inició la carrera armamentística más colosal que haya conocido la Tierra.

Mientras esto ocurría, Albert Einstein estaba navegando a vela sobre el lago Saranac, en cuyas inmediaciones tenía una casita de campo. Su secretaria, Helene Dukas, le transmitió la noticia de la explosión de la bomba atómica en Hiroshima, tras haber escuchado por radio el mensaje del presidente Truman, que la anunciaba. Algo turbó profundamente a Einstein, pues enmudeció y sólo atinó a articular un lamento: oh, web! (¡qué lástima!). Y deploró el haber enviado aquella carta a Roosevelt, con la que en alguna medida se había iniciado una serie de acciones que culminarían en aquella catástrofe; también lamentó los años dedicados a una ciencia, al parecer completamente pura y abstracta, que sólo servía para hacer comprender mejor el mundo. Esto le hizo decir que de saber los resultados «hubiera preferido ser fontanero».

Tres días después, el 9 de agosto de 1945, se bombardó atómicamente otra ciudad del Japón: Nagashaki. Los resultados no fueron menos efectivos: 73.884 muertos y 76.796 heridos de gravedad.



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Introducción

Einstein: Apunte hecho por J. A. Amshewitz en la embajada española de Londres el 16-VI-33
Einstein: Apunte hecho por J. A. Amshewitz en la embajada española de Londres el 16-VI-33


CON las explosiones de Hiroshima y Nagashaki, Einstein entra en una fase desilusionada de su vida. Desilusión por la pérdida de confianza en el logro de una auténtica paz; desilusión porque la ciencia hacía más daño que bien a la Humanidad, destrozando así la idea de que ciencia es igual a progreso; desilusión porque en su trabajo personal no lograba la teoría del campo unificado, con la que había soñado largos años; desilusión porque familiares y amigos iban falleciendo, reduciéndole cada vez más su círculo de soledad.

Pero, pese a esta actitud profunda de desilusión, inicia tras el fin de la guerra, cierta actividad pública utilizando su figura, que ya era símbolo, en apoyo de lo que aún pudiera recuperarse. Fue presidente de la Comisión de Emergencia de Científicos Atómicos, en la que también participaban Leo Szilard, L. Pauling, Harold Urey, entre otros, y cuyo fin era alertar a la población y a la Administración sobre los peligros de la guerra atómica.

Con su peculiar clarividencia advertía:

El mundo está hoy en una crisis de cuyo alcance total aún no se han dado cuenta quienes poseen el poder sobre las decisiones de gran trascendencia acerca del bien y del mal. La energía atómica desencadenada lo ha cambiado todo, menos nuestro modo de pensar; así nos vemos arrastrados, impotentes, hacia una nueva catástrofe.

Un gobierno mundial

Einstein consideraba que la única forma de abolir la guerra era la formación de un gobierno mundial, que tuviese el monopolio de las armas y ejerciera funciones de policía supranacional, pues consideraba que si cualquier país decidía por sí sólo las armas a construir y a utilizar, la carrera armamentista sería indefinida y el peligro de guerra, permanente; pensaba que un embrión de este Gobierno Mundial podía estar formado por las Naciones Unidas, recientemente formadas.

La guerra fría iniciada entre los Estados Unidos y la Unión Soviética hacía aparecer de nuevo el espectro de una guerra mundial. Los científicos soviéticos acusaban a Einstein de ser un instrumento consciente o inconsciente del capitalismo y del imperialismo americano, pues en las circunstancias de la posguerra, un gobierno mundial significaba un Gobierno de Estados Unidos sobre todo el planeta.

Einstein, en este período, colabora en revistas políticas y periódicos, envía declaraciones a mítines y reuniones, pero, en general no asiste a ninguno de esos actos. Pasaba su tiempo recluido en Princeton, salvo los veranos, que los pasaba en su casa de campo. En Princeton trabajaba con tenacidad en su nueva teoría del campo unificado.

Desde Alemania, Otto Hahn, uno de los iniciadores de las investigaciones que condujeron a la fabricación de la bomba, y antiguo colega de Einstein, le invitó a participar en la nueva reorganización que se había dado al Kaiser-Wilhelm-Gesellschaft, bajo el nombre de Max Planck Gesellschaft, a lo que Einstein contestó:

Siento mucho tenerle que decir «no» a usted, una de las pocas personas que mantuvieron una conducta decente e hicieron cuanto pudieron durante aquellos terribles años. pero no puedo obrar de otra manera. el crimen cometido por los alemanes es el más abominable que recuerda la historia de las llamadas naciones civilizadas. la conducta de los intelectuales alemanes —como grupo— no fue mejor que la de la multitud. Incluso ahora no hay signo alguno de arrepentimiento o de deseo real de reparar lo que se pueda después de tan gigantescos asesinatos. En vista de estas circunstancias, siento una aversión total a participar en nada que represente un aspecto de la vida pública de Alemania.

De igual forma rechazó varias propuestas que le llegaron de Alemania, como la de ser miembro honorario de la Asociación Alemana para el Gobierno Mundial.

En 1947 muere en Francia su viejo amigo y colega Paul Langevin, lo que le afecta hondamente. Tiene la sensación de ir quedando solo en la Tierra; el año siguiente muere en Zurich su primera mujer, Mileva, ocasionando el traslado de su hijo Edward a un hospital psiquiátrico de Suiza; también fallece su hermana, Maya Einstein, quien le había acompañado desde su huida del fascismo italiano.

Por esta época, Einstein empieza a sentirse enfermo y a seguir tratamientos médicos para disminuir los dolores gástricos e intestinales; se le prescribe no fumar, una dieta adecuada y no fatigarse.

En 1949, los rusos hacen estallar su primera bomba atómica; con ello perdieron los americanos el monopolio atómico y se inicia una carrera armamentista de dimensiones desconocidas hasta entonces: el gobierno Truman decide fabricar la bomba H (o de hidrógeno), de una potencia mucho mayor que la bomba A, hasta ese momento construida.


La paz no se consigue por la fuerza

El 13 de febrero de 1950, Einstein participa en un programa de televisión organizado por la señora Eleanor Roosevelt, para protestar por la decisión del presidente Truman; en esta emisión también participaron David Lilienthal y Robert Oppenheimer; la comunicación de Einstein decía:

Le agradezco mucho, señora roosevelt, la oportunidad de exponer mis convicciones sobre esta importantísima cuestión política.

La creencia de que podemos alcanzar la seguridad con una política de armamentos a escala nacional es, en el estado actual de la tecnología militar, una desastrosa ilusión. en los estados unidos, esta ilusión ha sido fortalecida por el hecho de que fuimos los primeros en producir la bomba atómica. el pueblo tendía, por ello, a creer que este país podría conseguir una superioridad militar permanente y decisiva, superioridad que disuadiría a cualquier enemigo y nos daría, así, la seguridad tan intensamente deseada por nosotros y por el resto del mundo. en estos últimos cinco años hemos aplicado de hecho la consigna de seguridad mediante la superioridad de fuerzas, sea cual sea el coste.

Esta orientación tecnológica y psicológica de la política militar ha tenido consecuencias inevitables. toda la política exterior está regida por una sola consideración: ¿qué hemos de hacer para conseguir la máxima superioridad sobre el enemigo en caso de guerra la respuesta es: fuera de los estados unidos hemos de establecer bases militares en todos los puntos estratégicos importantes del globo donde ello sea posible y armar y fortalecer económicamente a nuestros aliados potenciales. Dentro de los Estados Unidos se está concentrando un poder financiero tremendo en manos de los militares: se militariza a la juventud y se vigila estrechamente la lealtad de los ciudadanos, especialmente de los funcionarios, con una fuerza policíaca cada vez más poderosa. Se acosa a las personas de pensamiento independiente. Se adoctrina sutilmente al público mediante la radio, la prensa, la escuela. Bajo la presión del secreto militar se limita cada vez más el ámbito de la información pública.

La carrera armamentista entre los estados unidos y la unión soviética, iniciada como medida preventiva, está asumiendo proporciones histéricas. en ambos lados se están perfeccionando los medios de destrucción en masa a un ritmo realmente enfebrecido y dentro del mayor secreto. y ahora se ha informado al público de que el nuevo objetivo, el objetivo que será probablemente alcanzado dentro de poco, es la producción de la bomba de hidrógeno. el presidente ha anunciado solemnemente la iniciación de trabajos acelerados con este fin. si estos trabajos terminan con éxito, el envenenamiento radiactivo de la atmósfera y, por tanto, la aniquilación de toda forma de vida sobre la tierra habrán entrado dentro de las posibilidades técnicas al alcance del hombre. y lo peor es el carácter aparentemente inexorable del proceso. cada etapa parece la consecuencia inevitable de la anterior. y al final de todo está, cada vez más clara, la posibilidad de la aniquilación general...

De esta forma expone Einstein las gravísimas consecuencias de la competencia atómica. Ante esta situación, por una parte, se constituyen varias sociedades y asociaciones para la Responsabilidad Social de la Ciencia, y por otra, aparece el maccar-thysmo, ya apuntado en la anterior declaración de Einstein. Las primeras son débiles frente a la inquisidora actitud del senador McCarthy, para quien detrás de cualquier intelectual había siempre un comunista.

En 1950, la Universidad de Priceton publica la nueva teoría de Einstein sobre el campo unificado, por la que tanto había trabajado y en la que había puesto tanta ilusión. Pretendía explicar con las mismas leyes tanto el campo gravitatorio como el electromagnético; su teoría era fragmentaria, coherente formalmente, pero difícilmente experimentable en la práctica.


No puede aceptar la presidencia de Israel

El 9 de noviembre de 1952 muere Ch. Weizmann, líder sionista con el que realizara Einstein su primer viaje a Estados Unidos, y primer presidente del recién creado Estado de Israel. Se le ofrece a Einstein la presidencia vacante, en una carta que Abba Eban, embajador de Israel en Washington, le dirige el día 17 de noviembre; la carta decía:

«Querido profesor Einstein: el portador de esta carta es el señor david goitein, de jerusalén, actualmente ministro en nuestra embajada de washington. le planteará la pregunta que el primer ministro, ben gurion, me ha pedido que le transmita: si aceptaría usted el cargo de presidente de israel en caso de que se lo ofreciese el parlamento. la aceptación implicaría la necesidad de trasladarse a israel y de adquirir su ciudadanía. el primer ministro me asegura que, en caso de aceptación, el gobierno y el pueblo de israel, plenamente conscientes de la importancia suprema de sus trabajos, le darían facilidades y una libertad absoluta para continuar con sus labores científicas»


Einstein contestó:

Me ha emocionado profundamente la oferta de nuestro estado de israel y me entristece y me avergüenza a la vez decir que no puedo aceptarla. durante toda la vida me he dedicado a problemas objetivos y carezco de las aptitudes naturales y de la experiencia necesaria para tratar como es debido con la gente y ejercer funciones oficiales. sólo por estas razones sería ya incapaz de cumplir los deberes de tan alta magistratura, aunque la elevada edad no provocase, como provoca, la constante disminución de mi energía.

Me entristece todavía más esta situación porque mis relaciones con el pueblo judío constituyen mi más fuerte lazo humano, aunque sea plenamente consciente de la precariedad de nuestra situación entre todas las naciones del mundo.

Hemos perdido al gran hombre que durante tantos años y contra circunstancias tan difíciles y trágicas llevó la pesada carga de conducirnos hasta la independencia política; espero de todo corazón, sin embargo, que se encontrará un sucesor con la experiencia y la personalidad suficientes para poder aceptar una tarea tan formidable y llena de responsabilidad.


Su última defensa de la libertad

En 1953, en pleno maccarthysmo, cuando fueron ejecutados en la silla eléctrica el matrimonio Rosenberg, acusados de espionaje atómico, Einstein publicó su libro Ideas y opiniones. En él se recogían sus artículos no científicos y en los que aparecen alegatos contra la limitación de las libertades humanas y en contra de los secretos en la investigación científica.

En 1955, Einstein ya había hecho todo lo que tenía que hacer. Cuando fue invitado por su amigo Von Lane a participar en los actos de conmemoración del cincuentenario de la formulación de la teoría de la relatividad, Einstein exponía así su estado de ánimo:

La vejez y la enfermedad me impiden participar en esta ocasión, y he de confesar que acaso ese designio divino tiene para mí algo de liberador, pues todo lo que de cualquier modo se refiera al culto personal siempre me ha resultado desagradable. por eso he decidido no participar de ningún modo en esos actos, muchos de los cuales se celebran en diversos lugares. si algo he aprendido en las cavilaciones de mi larga vida es que estamos mucho más lejos de poseer un profundo conocimiento de los procesos elementales de lo que cree la mayoría de nuestros contemporáneos, de modo que las celebraciones responden poco a la situación real.






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Introducción

DESDE 1948, Einstein sabía que se hallaba al final del camino y que la muerte podía sorprenderle en cualquier momento. La operación que le había practicado el último día de aquel año el profesor Rudolf Nissen en la aorta, endurecida y dilatada, así lo indicaba. La perforación podía presentarse inesperadamente. Pero esto no impidió que Einstein siguiera el ritmo de su vida con la misma lucidez y dedicación al trabajo con que lo había hecho siempre.


Para que los demás no se equivoquen

Carl Seeling cuenta en su Albert Einstein una anécdota que refleja el espíritu obstinado y sincero de nuestro hombre, con mayor claridad que cualquier divagación interpretativa. «La tenacidad con que Einstein —escribe el referido autor— se oponía a los fracasos de su trabajo llamó la atención de muchos de sus contemporáneos. En 1938, al salir del Instituto, le comunicaba feliz al economista rumano David Mitrani, de camino hacia sus casas:

—¡Por fin he hallado la clave de la teoría del campo unitario!

Y medio año después reconocía:

—En aquella ocasión me equivoqué. Mis cálculos han resultado inexactos.

—¿Y ahora, qué? —le preguntó el profesor Mitrani.

—Pues que, a pesar de todo, voy a publicar el trabajo.

—¿Para qué, si ha resultado no exacto?

—Porque quizás así podré evitar que otro loco dedique un par de años a la misma idea.

Pensando en los muchos caminos equivocados a los que le habían llevado sus especulaciones científicas, escribió al pie de una foto el siguiente pareado:

La verdad ya aparecía al alcance de la mano; y no era más que una ilusión, algo vano

Mucho se ha hablado de las extravagancias de Einstein, de sus melenas leoninas tan ridiculizadas por los nazis, de su costumbre de ir sin calcetines, de su desprecio por los convencionalismos… En el fondo se trata del comportamiento de un antiburgués, que nunca desmintió. En una carta que escribió a su amigo Max Born leemos estas palabras, que lo confirman:

Leído con gran interés tu conferencia contra cuanto en nosotros los científicos integra el elemento quijotesco, ¿o debo llamarlo tentador donde falta por completo ese vicio, aparece el burgués sin esperanza

En defensa de Oppenheimer

Su interés por la justicia y los problemas humanos se mantuvo vivo hasta el último momento de su vida. Todo lo que significara atropello u opresión despertaba su espíritu combativo. Así ocurrió cuando el físico atómico Robert Oppenheimer fue separado de su cargo de director del Institut for Advanced Study por haberse casado con una antigua comunista y tener un hermano que simpatizaba con la URSS. Le faltó tiempo para protestar ante las autoridades, afirmando la integridad del carácter de Oppenheimer. Cualquier atentado a la libertad de pensamiento le irritaba. El 13 de septiembre de 1954 escribió a su biográfo, Carl Seeling, estas palabras reveladoras de su indignación:

Encuentro que cuanto más poderoso es un país, tantos menos llega a hablar la razón en su gobierno. ¿para qué creen que les sirve la arrogancia pero los pecados se pagan después, ¡ya lo creo! ==


Si rechazaba la histeria norteamericana contra los soviéticos, calificándola de síntoma de cobardía, no se mostraba más benévolo con el autoritarismo soviético. Tanto es así, que a éstos les aconsejó que colocaran en la puerta del Instituto Marx-Lenin de Moscú la siguiente inscripción:

En el imperio de la verdad no cabe ninguna autoridad humana. el que allí intente hacer valer su autoridad, se estrellará contra las carcajadas de los dioses '

Con frecuencia, Einstein ha sido llamado «padre de la bomba atómica», pero él solamente se consideraba el abuelo…, un abuelo remoto que repudiaba a su progenie de artefactos aniquiladores. Tenía tan clara conciencia de lo que significaba la competencia nuclear desatada entre las grandes potencias que, cuando alguien le preguntó cómo serían las armas con las que se combatiría en la próxima contienda, respomdió sin vacilar:

No lo sé. pero en la otra guerra que le siga, sí sé, seguro, que se tendrá que luchar empuñando un cuchillo


Preveía el holocausto de la Humanidad. Y para prevenirlo, aquel mismo 11 de abril en que sentiría el aguijón de la muerte, firmó la Advertencia a los Gobiernos de Estados Unidos, Gran Bretaña, Unión Soviética, Francia, Canadá y China.

El documento había sido redactado por el incansable pacifista Bertrand Russell y apoyado por siete eminentes científicos más. Se condenaba sin paliativos el desenfrenado rearme nuclear, poniendo en evidencia los peligros que implicaba para toda la Humanidad: «Una bomba atómica pudo destruir Hiroshima, pero una sola bomba de hidrógeno sería capaz de destruir también incluso las mayores ciudades, como Londres, Nueva York o Moscú, dejando arrasada la Tierra».


La muerte viene a liberarle

La crisis se presentó en aquella mañana el 11 de abril de 1955, tras recibir al embajador de Israel, Abba Eban, y conversar con su colega el profesor Plesch, que le obsequió con una caja de puros habanos. Al despedirse de este último visitante, se sintió repentinamente enfermo, y hubo que llamar al médico de cabecera. Por la tarde tenía ante su cama a tres médicos y un famoso cirujano del sistema circulatorio. Todos coincidieron en la necesidad de una intervención quirúrgica, pero Einstein se negó. Sufría mucho y preguntó con plena lucidez si la muerte sería horrible. La respuesta fue: «Tratándose de hemorragias internas, no se puede saber exactamente. Quizá dure sólo un minuto, o quién sabe si horas e incluso días». Así estuvo hasta el día 15, en que hubo que trasladarle al hospital de Princeton a consecuencia de los insoportables dolores que sufría. Allí estaba hospitalizada su hija adoptiva, Margot, que fue a verlo en una silla de ruedas. Seelig dice «que le habló tranquilo de lo inalterable del destino del hombre y de su próximo fin, que le parecía una terminación natural».

Los dos últimos días habló con su hijo Albert, que había llegado de Berkeley, en avión, en compañía de Otto Nathan, amigo y consejero desinteresado de Einstein en los asuntos jurídicos y prácticos. Nada hacía prever que el fin fuera inminente, pues había pedido sus gafas y papel para seguir trabajando en el hospital. Sin embargo, el 18 de abril, a la una y veinticnco, se le perforó la pared de la aorta y se le detuvo el corazón. Había muerto casi en sueños.

Se le practicó la autopsia y se realizó un examen del cerebro. Su hijo Albert puso como condición para autorizar el estudio del cerebro que los patólogos firmaran un documento por el que se comprometían a no publicar los resultados más que en los escritos científicos. La autopsia, practicada por el doctor Thomas Harvey, demostró que la intervención quirúrgica no hubiera prolongado la vida de Einstein.

Los funerales fueron tan sencillos y anticonvencionales como había sido su vida. No hubo ninguna ceremonia ni discursos, ni siquiera una tumba. Rodeado de un reducido grupo de familiares y amigos, su cuerpo fue incinerado y sus cenizas esparcidas en las aguas torrenciales de un río. El silencio sólo fue roto por el doctor Otto Nathan, albacea testamentario del difunto. Leyó las bellas estrofas que Goethe escribió para las exequias fúnebres de Schiller:

Todos quedamos enterados y felices

El mundo le agradece lo que él le ha enseñado

= Ya hace tiempo que se expande entre las multitudes\'\'

\'\'lo más suyo, que a él sólo pertenece =


= Brilla ante nosotros como una cometa que desaparece\'\'

\'\'esparciendo luz infinita con su luz =




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Introducción

El nombre de Albert Einstein ha quedado inscrito con letras de oro en la historia de la Fsica
El nombre de Albert Einstein ha quedado inscrito con letras de oro en la historia de la Fsica


El siglo XVIII

DESPUéS de la publicación de los Principia de Newton en 1687, la ciencia pasará por un momento de estancamiento pasajero; la misma Royal Society presenta síntomas de decadencia en la primera mitad del siglo XVIII. Una de las causas podría ser el hecho de que los problemas náuticos, astronómicos y mecánicos habían sido esencialmente resueltos, y estaban siendo explotados en beneficio de la navegación y del comercio.

El siglo XVIII se caracteriza por dos signos especiales: uno es la justificación epistemológica y filosófica de la estructura científica recién construida por Newton, así como la verificación de la Astronomía de la teoría newtoniana; el otro es la obra de albañilería científica que, apoyándose en la nueva estructura de la ciencia, se ocupaba de rellenar huecos, de encontrar nuevos problemas y la solución de los mismos. El final del siglo, y sobre todo por influjo de la Revolución francesa, marcará un nuevo momento de gran esplendor científico. También es característico de este siglo el que la ciencia comience a cultivarse en otros países distintos de los que han debido su auge al Renacimiento italiano.

El primer aspecto se realizó fundamentalmente por filósofos, pero filósofos de nuevo cuño, para los que los descubrimientos científicos eran parte esencial de sus preocupaciones. Entre ellos tenemos: en Inglaterra, a Locke (1632-1704), Berkeley (1685-1753) y Hume (1711-1776), quien influiría especialmente en Einstein; en Francia, a Voltaire (1694-1778), quien introdujo las ideas de Newton en su país, y sobre todo los 28 volúmenes de la monumental Enciclopedia, editados entre 1751 y 1772 por Diderot (1713-1784) y D’Alembert (1717-1783); y en Alemania, a Kant (1724-1804). Cuando éste, en 1781, publica su Crítica de la razón pura, toda la antigua tradición filosófica de Descartes (1596-1670), Spinoza (1634-1677) y Leibniz (1649-1716), parecía haber sido ya sobrepasada por los nuevos métodos empíricos.

Los principios del cálculo infinitesimal, creados independientemente por Newton y Leibniz, se desarrollarán durante el siglo XVIII, formando la teoría de las ecuaciones diferenciales para aplicarse al estudio del movimiento de los planetas. La obra de D’Alembert, Clairaut (1713-1765), Euler (1707-1783) y Lagrange (1736-1813) quedaría cristalizada en la monumental Mecánica celeste de Laplace (1749-1827). Las ecuaciones diferenciales posibilitarían también más adelantos al estudio de la Termodinámica, tan importante en la nueva tecnología, cuya principal fuente de energía es el calor.

La Química también alcanza en este siglo la calificación de Ciencia. Boyle (1627-1691), al publicar en 1661, su The Skeptical Chymist define y defiende por primera vez la teoría y el método empírico en este campo de investigación. Sus principios también se hallan de acuerdo con los principios de la física newtoniana y sus consecuencias. La Química, impulsada en cierta medida por la mineralogía y la metalurgia, es uno de los métodos de estudio de la estructura de la materia. Las obras de Lavoisier (1743-1794) y Bérzelius (1779-1848) pueden considerarse como esenciales para la construcción de la nueva Química.


El siglo XIX

El siglo XIX se caracteriza por una gran actividad científica, que conduce al descubrimiento de nuevos fenómenos, al estudio sistemático de los mismos y a la construcción de teorías explicativas y operativas para aplicar los conceptos que en ellos intervienen; pero también estos descubrimientos abren fisuras en el estable edificio newtoniano. Aunque son múltiples los campos en que se ejerce esa actividad, vamos a resaltar tres que son esenciales para comprender la obra de Einstein: la óptica, el electromagnetismo y las teorías atómicas. También veremos cómo el desarrollo de la Matemática suministraría algunos conceptos e instrumentos imprescindibles para la construcción de la teoría de la relatividad.


La óptica

Aunque ya Snell (1591-1626) conoce las leyes de la refracción, y Roemer (1644-1710) calcula la velocidad de la luz mediante la observación de los satélites de Júpiter, son Hygens (1629-1695) y Newton (1642-1727) los iniciadores de un estudio científico de la luz; el primero, con un estudio de la óptica geométrica, y el segundo, con una teoría del color. Huygens se apoya en una teoría ondulatoria de la luz, por analogía con la teoría ondulatoria del sonido. Newton, sin embargo, sigue una teoría corpuscular, como si el foco luminoso emitiese finos corpúsculos de luz que se desplazasen en línea recta.

Pero es en el siglo XIX cuando la teoría de la luz se desarrolla merced a los trabajos de Young (1773-1829). En este período tomó fuerza la teoría ondulatoria, sobre todo por obra de Young y Fresnel. Pero para explicar la teoría ondulatoria de acuerdo con las leyes de la mecánica se precisaba un medio en el que se propagasen las ondas. Este medio recibió el nombre de éter, aunque su existencia era algo misteriosa por tratarse de un tipo de materia con características muy distintas a cualquier otro tipo de materia conocida. Debía ser un fluido muy ligero, muy tenue, para que no opusiera ningún rozamiento que retrasase el desplazamiento de los astros y, por otra parte, debería tener algunas propiedades comunes con los sólidos elásticos para que fuera posible a través de él la transmisión de ondas transversales. Este hipotético fluido fue uno de los grandes problemas sin resolver del siglo XIX, y Einstein terminaría con él al no precisarle en sus teorías. Pero, pese a esta dificultad, el comportamiento de la luz parecía ondulatorio, y los fenómenos ópticos se describían con precisión gracias al aparato matemático construido por Lagrange (1736-1813), Poisson (1781-1840), Canchy (1789-1857), Green (1793-1841) y Stoker (1819-1903). La posibilidad de calcular la velocidad de la luz sin necesidad de recurrir a observaciones astronómicas, como habían hecho Faucault y Fizeau, fue base de nuevos métodos para medir distancias en astronomía. Por otra parte, el descubrimiento del espectro luminoso y de sus propiedades por Fraunhofer (1787-1826), Kirchoff (1824-1887), Bunsen (1811-1899) y Doppler (1803-1853) permitió, entre otras cosas, la medida de todos los movimientos estelares; para ello fue de capital importancia el efecto Doppler y la aparición de una nueva ciencia: la Astrofísica.


Electricidad y magnetismo

Ya eran conocidos desde la Antigüedad algunos fenómenos eléctricos, como, por ejemplo, la propiedad de la piedra imán de atraer a distancia; también se utilizaba la brújula desde la Edad Media para orientar en la navegación. Pero se debe a Erilber (1544-1603) el primer tratado donde se estudia y se diferencian los fenómenos magnéticos y los eléctricos. En el siglo XVIII, los fenómenos puestos de manifiesto con la botella de Leyden, y las observaciones realizadas por Franklin (1706-1790), hicieron que los científicos pusieran más interés en estos fenómenos.

Los trabajos de Cavendish (1731-1810) y de Coulomb (1736-1806) establecen para la electricidad leyes análogas a las de Newton (la fuerza que se ejerce entre los cuerpos cargados eléctricamente depende de la intensidad de la carga de la inversa del cuadrado de las distancias: ley de Coulomb).

Se puede decir que al comienzo del siglo XIX ya existía la electrostática. Galvani (1737-1798) realizó algunos experimentos de electricidad animal observando las primeras corrientes eléctricas, pero fue Volta (1745-1827) quien desarrolló la teoría de la corriente eléctrica, descompuso el agua por medio de la electricidad e inventó la pila eléctrica. También es importante la contribución al estudio de la electricidad de los trabajos de Oersted (1777-1851), de Ohm (1787-1854) y de Gauss (1777-1855).

Ampere (1775-1836) descubre el efecto mecánico de la corriente eléctrica, y Faraday (1791-1867) estudia sistemáticamente los fenómenos eléctricos, que le conducen a una teoría electrodinámica; en la práctica construye la primera dinamo y el primer motor eléctrico. A mediados de siglo, los principales fenómenos eléctricos eran conocidos y varias de sus aplicaciones se difunden con rapidez: el telégrafo funciona comercialmente en 1844; ya en 1866 se coloca el primer cable de comunicaciones atlántico; en 1876 aparece el teléfono, y en 1877, la lámpara eléctrica. Pero sería Maxwell (1831-1879) quien construyese el armazón teórico del electromagnetismo, recogiendo las ideas anteriores: sus ecuaciones dan explicación sintética de los fenómenos electromagnéticos; realiza la conjetura de que las descargas eléctricas producen ondas electromagnéticas de naturaleza análoga a las de la luz, y que éstas se mueven a la velocidad de la luz.

También la obra de Lorentz (1853-1928), y sobre todo sus estudios sobre el electromagnetismo de los cuerpos en movimiento, fueron esenciales para Einstein, ya que la teoría de la relatividad puede considerarse continuación de los descubrimientos de Lorentz, en particular el grupo de transformaciones que lleva su nombre y que facilita los cambios de coordenadas entre sistemas con movimiento relativo, y la llamada contracción de Lorentz-Fitz-gerald, que jugaría un papel esencial en la teoría de la relatividad.

Corresponde a Hertz (1857-1894) la comprobación experimental de esta conjetura. Y las ondas hertzianas se convertirían en el fundamento de aplicaciones tan extendidas como son la radio y la televisión.


Física atómica

El antiguo binomio formado por continuidad y discontinuidad parecía inclinarse hacia la primera componente por obra de los trabajos de Maxwell (1831-1879) y su teoría del campo magnético y los de Mach (1834-1916). Pero, a fin de siglo, surgieron nuevos fenómenos en el estudio de las descargas eléctricas que parecían indicar la naturaleza corpuscular de la materia, es decir, su composición discontinua o atómica. El descubrimiento por Crookes (1832-1919) de los rayos catódicos le indujo a considerar a éstos como una forma radiante de la materia.

En 1894, el físico irlandés Stoney (1826-1911), apoyándose en la observación de Crookes, definió el electrón y calculó, aproximadamente, el valor de su carga; Perrin (1870-1942) demostró que los electrones tenían carga negativa, y Thomson midió en 1897 la velocidad de los electrones. Por otra parte, en 1895, Roetgen descubrió, de una forma accidental, que de un tubo de rayos catódicos emanaba algún tipo de radiación que era capaz de impresionar una placa fotográfica atravesando un cuerpo opaco; a esa radiación la llamó rayos X. Las aplicaciones de los rayos X, sobre todo en medicina, tuvieron una amplia difusión.

Los rayos X permitieron a Thomson completar su teoría de los electrones, observando que la materia golpeada por los rayos X generaba electrones y que, inversamente, la materia golpeada por electrones producía rayos X y otras propiedades, lo cual le llevó a la conclusión de que la electricidad y la materia tenían estructura atómica.

Otro paso importante en los estudios de Física atómica fue el descubrimiento de la radiactividad. En 1896, Becquerel (1852-1909) descubrió de una manera fortuita cómo una bolsita que contenía sales de uranio impresionaba con su forma una placa fotográfica sobre la que había sido depositada en un cajón de su laboratorio; así, resultaba que una materia en apariencia inerte emitía radiaciones análogas a los rayos X. Por esas mismas fechas, Pierre Curie (1859-1906) y María Sklodowska Curie (1867-1934) estaban realizando una investigación sistemática sobre los elementos químicos y otras sustancias naturales, descubriendo así otros productos radiactivos de mayor potencia que el uranio. En particular lograron separar por métodos químicos una sustancia sorprendentemente activa que denominaron radium. La era atómica había comenzado.


La geometría no euclidea y la geometría diferencial

Entre los postulados de Euclides: 1) por dos puntos siempre pasa una recta; 2) las rectas son ilimitadas por ambos extremos; 3) un círculo queda determinado por su centro y su radio; 4) todos los ángulos rectos son iguales; 5) si una recta corta a otras dos, y la suma de ángulos que forma aquélla con éstas de un mismo lado es menor que dos rectos, las dos rectas se cortan; 6) dos rectas no contienen espacio. Al quinto postulado, que también puede enunciarse diciendo: dos rectas paralelas a una tercera son paralelas entre sí; o bien: por un punto exterior a una recta sólo se puede trazar una paralela; o bien: la suma de los ángulos de un triángulo vale dos rectos, pretendió considerársele como teorema y demostrarlo en función de los restantes. No fue posible.

Saccheri (1667-1733), tratando de vindicar a Euclides, supuso falso dicho postulado para, así, llegar a un absurdo; en su intento fue el precursor de las geometrías no euclideas, es decir, de aquellas geometrías que niegan el quinto postulado y en las que, por tanto, la suma de los ángulos de un triángulo puede ser igual, mayor o menor que dos rectos, y revisan toda la teoría de las paralelas.


Con la misma intención trabajaron Lambert (1728-1777), Legendre (1752-1833), W. Bolyai (1775-1856) y otros; pero fue Gauss el primero en tener una visión clara de una geometría independiente del postulado quinto, y en 1817 dijo: «Estoy cada vez más convencido de que no puede ser probada la necesidad de nuestra geometría». Gauss realizó trabajos sobre geometrías no euclideas que no se atrevió a publicar hasta que aparecieron los trabajos del mismo tipo realizados por Lobachevsky (1793-1856) y por J. Bolyai (1802-1860), en 1829 y en 1832, respectivamente. Este último llama a su geometría no euclidea Geometría absoluta y con ella cree haber «creado de la nada un nuevo universo». En esta nueva geometría de Lobaschevsky-Bolyai, cada recta tiene dos paralelas distintas; la geometría de Euclides es sólo el caso particular en que las dos paralelas coinciden. Quedaba así abolida la dictadura de Euclides y destruida la concepción kantiana del espacio.

En 1854, Riemann (1826-1866), en su tesis doctoral, titulada Sobre las hipótesis que fundan la geometría, consideró la geometría no euclidea en la que las rectas son cerradas y de longitud finita: cada recta no tiene ninguna paralela y la suma de los ángulos de un triángulo vale siempre más de dos rectos; además, extendió estas ideas al espacio, considerándolo curvo, en contraposición del espacio lineal euclideo. De esta manera se inicia la geometría diferencial, en la que se definen distintas distancias de la obtenida mediante el teorema de Pitágoras. Para tratar estos espacios curvos se requiere un instrumento especial: el cálculo tensorial o absoluto, que fue elaborado por el propio Riemann y por Christophel (1829-1900), Ricci (1853-1925) y Lei-Civitta (1873-1941).


CONCLUSION

Vemos, en este panorama de la historia de la ciencia hasta finales del siglo XIX, cómo estaban ya iniciados los fundamentos y desarrollados los conceptos e instrumentos, tanto físicos como matemáticos, para la aparición de la teoría de la relatividad. La labor esencial de Einstein fue sintetizar todo el conocimiento previo en un solo edificio, abriendo así un camino más seguro para el estudio del Universo.



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Introducción

El principio de Galileo
El principio de Galileo


DURANTE mucho tiempo se creyó que la Tierra era plana; la observación directa así lo exigía. Como consecuencia, todas las líneas verticales eran paralelas entre sí, y tenía plena justificación decir que el cielo estaba arriba y la tierra abajo. Al conocer que la Tierra es redonda, los conceptos de arriba y abajo sólo tienen sentido respecto al punto en el que está situada la persona que los enuncia.

Durante muchos siglos se creyó que la Tierra era el centro del Universo y que todos los astros giraban en torno suyo. La observación directa así lo exigía, ya que cualquier hombre en la Tierra podía ver que el Sol salía cada mañana por el este, ascendía hasta el mediodía y se ponía por el oeste; lo mismo ocurría con los demás astros. Estos movimientos eran percibidos así. Con Copérnico y Galileo se descubrió que la Tierra giraba en torno al Sol; por tanto, las observaciones directas desde la Tierra nos daban cuenta del movimiento relativo de los astros respecto de ella.

A su vez, el Sol, y con él el sistema solar, se desplaza respecto de las estrellas fijas, y tampoco hay nada que nos haga suponer que éstas son realmente fijas y no se mueven respecto a algún otro sistema.

De esta forma podemos imaginarnos que, como el pez en el océano, nos hallamos sumergidos en el Cosmos, donde todo se mueve, y que cualquier movimiento sólo tiene sentido si fijamos previamente un sistema de referencia al que remitirnos. En el sistema geocéntrico, el sistema de referencia estaba situado en la Tierra, en el heliocéntrico estaba situado en el Sol, en el sideral se sitúa respecto a las estrellas fijas, etc.

Está claro, entonces, que todo movimiento es relativo al sistema de referencia que consideremos.


El «principio de Galileo»

También, si consideramos, por ejemplo, un tren que se desplaza sobre una vía, un objeto que aparentemente se halla en reposo dentro del tren (es decir, respecto a un sistema de referencia situado en el tren), se halla en movimiento respecto a la vía (a un sistema de referencia que esté situado en la vía). Por eso, cualquier fenómeno relacionado con el movimiento de los cuerpos tiene que estudiarse respecto a un sistema de referencia concreto. ¿Cambian las propiedades de los movimientos si cambiamos de sistema de referencia respecto a las cuales hemos definido dichos movimientos? Si los sistemas de referencia se mueven el uno respecto del otro en línea recta y con velocidad uniforme (a estos sistemas se les llama inerciales), entonces podemos deducir las mismas propiedades del movimiento respecto a un sistema o a otro. Así, por ejemplo, dentro de un tren que marche por una vía recta y con velocidad uniforme podré estudiar los fenómenos mecánicos, como el movimiento de un péndulo, la caída de los graves, etc., y obtendremos las mismas leyes que si el tren estuviese en reposo. Esto es lo que se entiende por «principio de Galileo», que puede enunciarse diciendo:

Si estudiamos las leyes de la mecánica referidas a un sistema de referencia en reposo, obtendremos las mismas leyes si los fenómenos mecánicos los referimos a un sistema que se mueva en línea recta y con velocidad constante. Por tanto, a estos sistemas los podemos considerar como en reposo.

Esto se deduce del principio fundamental de la Mecánica, de que la fuerza es igual a la masa por la aceleración; lo que podríamos expresar en otros términos, diciendo que:

Dados dos cuerpos de masa distinta a los que se aplica una fuerza de igual magnitud, al de mayor masa habrá que aplicar durante más tiempo esa fuerza para que alcance una misma velocidad dada que al cuerpo de masa menor; o dicho de otra forma:

La fuerza es igual a masa por aceleración, lo que enuncia un principio fundamental de la Mecánica. Esto, en fórmula, es:

f = m · a

De la que se obtiene el grupo de fórmulas de Galileo, base de la teoría de la relatividad clásica. Si estudiamos el movimiento de un punto P (x, y, z) respecto a un sistema de coordenadas (O, X, Y, Z), el movimiento se describirá dando las coordenadas de P en cada instante t (el tiempo en la mecánica clásica es absoluto). Si queremos referir dicho movimiento a otro sistema de referencia (O’, X’, Y’, Z’) que se mueve respecto del anterior con movimiento rectilíneo y con velocidad constante v de componentes v1, v2, v3, tendremos que las coordenadas de P(x’, y’, z’) respecto al sistema (O’, X’, Y’, Z’) serán:

(1) x’ = X – v1t, y’ = y – v2t, z’ = z – v3t, t’ = t

a partir de las cuales podemos calcular los componentes de la fuerza f y de la aceleración a referida al nuevo sistema de referencia. Sean f1, f2, f3, las componentes de f respecto a (O, X, Y, Z); tenemos que:

y sean (f’1, f’2, f’3) los componentes de f respecto a (O’, X’, Y’, Z’) para los cuales tendríamos:

El principio de Galileo
El principio de Galileo

pero teniendo en cuenta (1) —fórmulas a las que Einstein denominó «grupo de transformación de Galileo»—, resulta que:

El principio de Galileo
El principio de Galileo

y por tanto:

f1 = f’1 f2 = f’2 f3 = f’3

lo que muestra la invariancia de la fuerza respecto a dos sistemas inerciales en la que se apoya el principio de la relatividad de Galileo, con la hipótesis de que la masa de un cuerpo siempre tiene el mismo valor con independencia del sistema de referencia y de la velocidad del mismo.

Por tanto, si las leyes fundamentales para el estudio de los fenómenos mecánicos son las mismas con independencia del sistema de referencia respecto al que están construidas, también serán las mismas todas las consecuencias que de ellas se deriven. Una consecuencia de esto es que no es posible poner de manifiesto el movimiento rectilíneo y uniforme de un sistema, mediante experimentos mecánicos realizados en su interior.

Del grupo de fórmulas de Galileo se obtiene que la velocidad de un cuerpo es relativa al sistema de referencia respecto al que se considera el movimiento. Así, si el sistema de referencia (O’, X’, Y’, Z’) se mueve con respecto al (O, X, Y, Z) con una velocidad constante V de componentes (v1, v2, v3) tenemos a partir del grupo de Galileo que:

El principio de Galileo
El principio de Galileo

o lo que es igual:

v’ = v – V ό v = v’ + V

siendo v’ la velocidad del punto respecto a (O’, X’, Y’, Z’) y v la velocidad del mismo punto respecto a (O, X, Y, Z). Que podemos enunciar como ley de aditividad de las velocidades.


Espacio y tiempo absolutos

La pretensión mística de Newton de la existencia del espacio absoluto, y el concepto de Kant en el mismo sentido, son acicates para la búsqueda de un sistema de referencia absoluto, es decir, del reposo absoluto respecto al que referir el movimiento también absoluto. Es decir, cuando nosotros vemos la trayectoria que describe un avión, sabemos que esa trayectoria habría que componerla con el movimiento de rotación de la Tierra; éste, a su vez, con el de traslación; tener en cuenta el desplazamiento del sistema solar, etc. ¿Cuál es la verdadera trayec toria del avión? Mejor dicho, ¿cuál es su trayectoria absoluta? Aunque el interés práctico de esta pregunta puede ser dudoso, la búsqueda del espacio absoluto ha sido una preocupación intelectual. En ella, el concepto de luz juega un papel importante.

Antiguamente se creía que la luz consistía en que el cuerpo luminoso proyectaba partículas de lumínico que marchaban en línea recta y a velocidad constante si el medio en que se movían era homogéneo, o que se reflejaban al chocar con un medio o desviaban su trayectoria. A esta concepción siguió la teoría ondulatoria, por analogía con el sonido. Es sabido que el sonido se inicia por la vibración del cuerpo sonoro que produce unas ondas en el aire, propagándose a través de él, de igual forma que se propagan las ondas en un estanque en el que se ha dejado caer una china.


El éter, el gran comodín

Para que la teoría ondulatoria de la luz pudiera fundarse era precisa la existencia de un medio en el que se propagasen las ondas. Se supuso dicha existencia y se denominó éter. La naturaleza y propiedades de este fluido eran desconocidas, pero se suponía que impregnaba toda la materia y llenaba los espacios interestelares. Pero el éter nos daba también la posibilidad de servir como sistema de referencia; de esta forma podían identificarse éter y espacio, y si el éter no llenaba todo, podría considerársele como el espacio absoluto. Para ello es preciso responder a algunas preguntas: ¿El éter está fijo en el espacio? ¿El éter que ocupa los espacios intermoleculares o interatómicos se desplaza con los cuerpos o permanece fijo? ¿Los cuerpos en movimiento arrastran el éter que los rodea de igual forma a como ocurre con el aire?

Para responder a estas preguntas se hicieron diversos experimentos, como el de Fizeau o el de Michelson, y observaciones como la de Sitter.

Con el experimento de Fizeau se probó que el éter no es arrastrado por la materia, es decir, que ésta, al desplazarse, no arrastra entre sus espacios interatómicos al éter que, por tanto, desde este punto de vista se puede considerar fijo. El experimento consistía en hacer pasar un rayo de luz a través de una corriente de agua, una vez a favor de la corriente y otra en contra, y observar si la velocidad de la luz se veía modificada, ya que por la regla de adición de velocidades, si el éter se desplazara con la velocidad del agua, ésta se incrementaría o se deduciría de la velocidad de la luz que la atraviesa, de igual forma que la velocidad del sonido depende de la velocidad del aire a través del cual se transmite. La observación de las posibles modificaciones de la velocidad de la luz se realiza observando el desplazamiento de las rayas de difracción que generan el montaje del experimento.

Supuesto el éter inmóvil, éste se convierte en un posible sistema de referencia absoluto. Para probarlo, se pensó en realizar un experimento en el que se determinara la velocidad de un móvil respecto al éter, análogo al siguiente, referido a un móvil respecto al aire. Supongamos que un tren se desplaza por una vía rectilínea a velocidad constante, y que el aire que rodea al tren permanece en reposo absoluto y también suponemos conocida la velocidad v del sonido a través del aire en reposo. En estas condiciones queremos determinar la velocidad V con que se desplaza el tren. Para ello mediremos la velocidad del sonido emitido en la cola del tren por un observador que vaya en cabeza, y del sonido emitido en cabeza por un observador que vaya en cola. Supongamos que la medida del primer observador es v1, y la del segundo, v2, Sabemos, por la ley aditiva de las velocidades, que tendremos en uno y otro caso que:

v1 = v – V

v2 = v + V

de donde fácilmente obtenemos la velocidad V del tren, por:

El ter, el gran comodn
El ter, el gran comodn

Con este ejemplo como base de la analogía se pretendió calcular la velocidad de la Tierra o del sistema planetario a través del éter. Fresnel (1788-1827) lo intentó en 1818; atribuyó su fracaso a que su experimento era muy rudimentario y no podía medir las velocidades con precisión. Maxwell (1831-1879) utilizó el desplazamiento del sistema solar (que sería el análogo del tren en el ejemplo visto más arriba) y midió desde la Tierra (que sería el observador) la velocidad de la luz por el procedimiento de Roemer (1644-1710) o de los eclipses de los satélites de Júpiter (Júpiter juega el papel de emisor) en dos situaciones, una cuando la dirección la Tierra-Júpiter es la misma que la del desplazamiento del sistema solar, y otra en la que esa dirección es la contraria a dicho desplazamiento; con esto, la analogía con el planteamiento anterior es completa y el resultado dio que la velocidad de traslación del sistema planetario es cero. Pero como tampoco es grande la precisión de las medidas que se realizan en este experimento, el resultado se consideró como no definitivo.

Al mismo resultado se llegó, sin embargo, con el experimento hecho con toda precisión por Michelson (1852-1931) y repetido varias veces para su comprobación. El experimento consistió en medir la diferencia de velocidad de dos rayos de luz, uno cuyo foco emisor se desplaza con la Tierra en sentido de traslación respecto al éter, y otro en sentido perpendicular. Si la Tierra estaba en reposo, esta diferencia sería nula; y si estaba en movimiento, esa diferencia sería apreciable, ya que la precisión de los aparatos podía medir hasta una centésima de la diferencia de velocidades que teóricamente se calculaban. El resultado obtenido por Michelson en 1881 fue nulo. Al mismo resultado se llegó en la repetición del experimento en 1887 por Michelson y Morley (1838-1923), y en los años 1904 y 1905 por Morley y Miller.

Para dar una explicación a la contradicción que representaba el experimento de Michelson-Morley, ya que existen muchas pruebas del movimiento de la Tierra, Lorentz (1853-1928) y Fitzgerald (1851-1901) consideraron que todos los cuerpos materiales en movimiento a través de un campo electromagnético sufren una contracción en sus dimensiones en la dirección del movimiento, de forma que la longitud / en esta dirección al moverse con velocidad v quedaría reducida, de acuerdo con la siguiente expresión:

El ter, el gran comodn
El ter, el gran comodn

quedando las dimensiones del cuerpo inalteradas en las otras direcciones. Este fenómeno se conoce como la contracción de Lorentz-Fitzgerald.





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Introducción

Concepto de simultaneidad
Concepto de simultaneidad


PARA Albert Einstein, el experimento de Michelson, así como los otros análogos que conducían a considerar a la Tierra en estado de reposo, le llevaba a generalizar el principio de la relatividad mecánica de Galileo a una relatividad extendida a cualquier fenómeno físico, y enunciar que no es posible por ningún procedimiento físico interior a un sistema determinar el estado de movimiento rectilíneo y uniforme que dicho sistema pueda poseer; o lo que es lo mismo: las leyes que regulan cualquier fenómeno físico son las mismas en todos los sistemas de referencia que tengan los unos respecto a los otros un movimiento rectilíneo y uniforme.

Además, Einstein postuló que la velocidad de la luz es una constante universal, o sea, que tiene el mismo valor independientemente del sistema de referencia elegido y de la velocidad que tenga su foco emisor (principio de isometría del espacio), y, además, que dicha velocidad no puede ser superada por ningún movimiento.

Este principio debe expresarse matemáticamente por la invariancia de las fórmulas —no ya sólo de la mecánica (como vimos mediante el grupo de Galileo), sino de todos los fenómenos físicos y de la constancia de la velocidad de la luz— al pasar de un sistema de referencia a otro que se mueva de una forma rectilínea y con velocidad uniforme con relación al primero.


Concepto de simultaneidad

Antes de esto, es necesario revisar los conceptos de espacio y tiempo, teniendo en cuenta el principio de relatividad de Einstein, y particularmente revisar la idea de simultaneidad, que son imprescindibles para la descripción de los fenómenos físicos.

En general, es aceptado en un sistema de Galileo que puede considerarse en reposo, que los fenómenos ocurren en un determinado lugar y en un instante de tiempo determinado; de esta forma intervienen las tres coordenadas espaciales (x, y, z) y el tiempo t. Pero decir que un fenómeno ocurre en el punto (x, y, z) y en el tiempo t quiere decir que si tuviéramos un reloj en (x, y, z) marcaría la hora t. En la hipótesis de Galileo, el tiempo es absoluto, y por eso no es necesario colocar un reloj en cada punto, puesto que se supone que todos los relojes marcan la misma hora y, por tanto, con un solo reloj es suficiente.

¿Pero realmente podemos asegurar que todos los relojes tienen la misma hora? Veamos cómo podemos sincronizar los relojes situados en puntos diferentes del espacio. Supongamos que el reloj situado en el punto A marca la hora tA cuando enviamos una señal luminosa hacia el punto B, cuyo reloj marca la hora tB en el momento de recibir la señal A, señal que es inminentemente devuelta a A, llegando a este punto a las t’A. Decimos que los relojes en A y B están sincronizados si:

De esta forma podemos sincronizar tantos relojes como queramos. La relación de sincronía cumple las propiedades de que si el reloj en A es sincrónico del reloj en B, entonces el de B es sincrónico con el de A; así como la de ser sincrónicos entre sí los relojes en A y B si cada uno de ellos es sincrónico con un tercer reloj colocado en C.

Consecuentemente, decimos que dos fenómenos son simultáneos cuando ocurren a la misma hora en relojes sincrónicos colocados en los lugares de dichos fenómenos. La duración de un fenómeno será de diferencia de horas marcadas en los relojes situados en los puntos donde comenzó el término del fenómeno.

Supongamos ahora un laboratorio consistente en un foco luminoso F y en un espejo E, situado a una distancia d del foco F, y colocado de forma que la luz que incide en él vuelva reflejada hacia el foco F. Supongamos que este laboratorio se desplaza rectilíneamente y con una velocidad constante v con respecto al sistema que hemos supuesto fijo. Observamos que mientras en el laboratorio, la luz que sale del foco y vuelve a él tras ser reflejada en el espejo recorre un camino de longitud 2d, en el sistema de referencia fijo recorre más camino, ya que el espejo se desplaza mientras llega a él el rayo de luz y, de igual manera, el foco se desplaza durante el tiempo que tarda en reflejarse dicho rayo. Supongamos que es 2d’ la distancia recorrida por el rayo luminoso referido al sistema fijo. Basta conocer que la velocidad viene definida por el cociente entre el espacio recorrido por un móvil y el tiempo tardado en recorrer dicho espacio (
Concepto de simultaneidad
Concepto de simultaneidad
) y que el teorema de Pitágoras nos dice que la hipotenusa de un triángulo rectángulo es igual a la raíz cuadrada de la suma de los cuadrados de los catetos para poder calcular el valor de d en función de d’ y de v. En efecto:
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Concepto de simultaneidad
pero sabemos que
Concepto de simultaneidad
Concepto de simultaneidad
, y que
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Concepto de simultaneidad
, con lo que queda que
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Concepto de simultaneidad
o lo que es igual a
Concepto de simultaneidad
Concepto de simultaneidad

fórmula análoga a la contracción de Lorentz-Fiztgerald. Con lo que vemos que las distancias entre dos puntos fijos varían y dependen de la velocidad del sistema al que nos refiramos.

También para el tiempo podemos obtener este valor relativo dependiendo de la velocidad del sistema de referencia, apoyándonos en los mismos argumentos. En efecto, con el mismo ejemplo anterior, y teniendo en cuenta la invariancia de la velocidad de la luz, podemos expresar ésta, según el sistema a que nos refiramos, de las dos formas siguientes:

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Concepto de simultaneidad
lo que nos dice que
Concepto de simultaneidad
Concepto de simultaneidad
o lo que es lo mismo t = t’
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Concepto de simultaneidad

que expresa de forma análoga la «contracción» del tiempo según la velocidad del sistema de referencia respecto al que consideramos el fenómeno. Esto puede intepretarse diciendo que un reloj que se mueva a gran velocidad marcará el tiempo más lentamente que un reloj que permanezca en reposo, y es lo que ha conducido a la imagen del viajero de Langevin (1872-1946): un viajero que salga de la Tierra en un cohete que viaje a gran velocidad; cuando vuelva a la Tierra de regreso, pueden haber pasado varias generaciones mientras él apenas haya envejecido.

Este resultado, que puede parecer paradójico, se ha verificado experimentalmente según procedimiento indicado por el propio Einstein, consistente en utilizar átomos como relojes naturales. La frecuencia de las ondas electromagnéticas emitidas por un átomo puede compararse a la frecuencia de las oscilaciones de un péndulo (elemento esencial en los relojes tradicionales). Por tanto, si comparamos la frecuencia de esas ondas emitidas por un átomo en reposo con las emitidas por otro en movimiento, observaremos que la frecuencia en este caso es menor que en aquél. Este experimento fue realizado por primera vez en 1936 por H. Ives, en los laboratorios Bell de Nueva York, y posteriormente es un hecho común en cualquiera de las instalaciones para la investigación nuclear.


La relatividad del espacio y del tiempo

Estas consideraciones nos dejan patente la relatividad de la «medida» del espacio y del tiempo, que en cada caso habrá de hacerse con «metros» o «relojes» asociados a cada sistema de referencia y no considerarlos absolutos como se venía haciendo en la mecánica clásica de Newton. Este descubrimiento significó un gran impacto, no sólo para la Física, sino también para el hombre de la calle, como comenta Frank: «A finales de 1912 comprobé por primera vez que la teoría einsteniana de la “relatividad del tiempo” estaba a punto de convertirse en una sensación inolvidable para el mundo entero. En aquella época leí en Zurich un artículo de periódico de Viena encabezado con el siguiente título: El minuto en peligro. Una revolución de la ciencia matemática, en el que un profesor explicaba a sus asombrados lectores que, por medio de un juego matemático sin precedentes, un físico llamado Einstein había logrado probar que en determinadas condiciones, el tiempo podría contraerse o dilatarse, que en ciertas ocasiones podía transcurrir con rapidez y en otras con lentitud».

El aparente contrasentido que la contracción del espacio y del tiempo presenta en la vida corriente es que en el factor de contracción:

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La relatividad del espacio y del tiempo

aparece el cociente V2-C2, cuyo numerador es, en general, tan pequeño comparado con el cuadrado de la velocidad de la luz (C2), que resulta de un valor prácticamente nulo, y, por tanto, dicho factor de contracción es prácticamente 1, lo que quiere decir que no hay contracción. Cosa diferente ocurre cuando la velocidad v es comparable con la velocidad de la luz, como ocurre en los fenómenos atómicos.


El Universo de cuatro dimensiones

En la mecánica clásica se considera el espacio y el tiempo absolutos. Pero en la física relativista hemos visto que tanto el espacio como el tiempo son relativos al sistema de referencia considerado para el estudio de los fenómenos. Por eso, al cambiar de un sistema a otro que se mueva respecto al primero con velocidad constante, se modifican, no sólo las coordenadas de los puntos en los que se verifica el fenómeno, sino también el tiempo en el que éste se desarrolla. Así, no podemos separar, como se hacía en la mecánica clásica, el tiempo de las tres coordenadas espaciales, sino que debemos considerar estos cuatro factores como inseparables. De esta manera, una vez fijado un sistema de referencias, cada punto del Universo tiene asociado cuatro números: tres, que en el lenguaje común diremos que fijan la posición o el lugar, y el cuarto, que fija el tiempo o la hora. Por eso se habla de que el Universo es un «espacio de cuatro dimensiones». No considerar el tiempo equivale a dar un corte sincrónico al Universo; todo sería estático, estaríamos considerando pura geometría. La diacronía nos hace el Universo en relieve y dinámico. Análogamente, si prescindiéramos de una de las dimensiones espaciales, tendríamos una imagen dinámica del mundo proyectada sobre una pantalla.


Comprobaciones experimentales de la teoría de la relatividad

Teniendo en cuenta los principios de la relatividad y de isometría de Einstein, se puede establecer el siguiente grupo de fórmulas, que nos indican el valor de las nuevas coordenadas espacio-temporales de un punto (x, y, z, t) cuando efectuamos un cambio de referencia a un sistema de coordenadas que se mueve con respecto al anterior a una velocidad rectilínea y constante de valor v; se ha considerado que el nuevo sistema espacial de referencia (X’, Y’, Z’) se-desplaza a lo largo del eje X del primitivo sistema de referencia espacial (X, Y, Z), es decir, que los ejes Y’, Z’ se mantienen paralelos a los ejes Y, Z.

Comprobaciones experimentales de la teora de la relatividad
Comprobaciones experimentales de la teora de la relatividad
A este grupo de fórmulas se le llama grupo de Lorentz, y juega el mismo papel en la relatividad einsteniana que el que jugaba el de Galileo en la relatividad clásica. Es fácil comprobar que el grupo de Galileo es una particularización del de Lorentz, ya que si suponemos en éste la velocidad c de la luz igual a infinito, los cocientes
Comprobaciones experimentales de la teora de la relatividad
Comprobaciones experimentales de la teora de la relatividad
se anulan y nos queda el grupo de Galileo. Esto nos muestra que la teoría de Einstein no está en contradicción con la de Newton, sino que la engloba. Además, así como el grupo Galileo mostraba la invariancia de las fuerzas con respecto al sistema de referencia elegido para el estudio de un fenómeno mecánico, el grupo de Lorentz muestra la invariancia de la velocidad de la luz, en todos los sentidos, con independencia del sistema de referencia elegido.


Negación de la ley de suma de velocidades

Con la teoría de la relatividad de Einstein quedan explicados todos los fenómenos descubiertos en el siglo XIX y que no se ajustaban a las leyes de la mecánica clásica, En particular, podemos ver que no se cumple la ley de la suma de velocidades; para ello supongamos que el sistema de referencia R’(X’, Y’, Z’) se mueve con relación al sistema R(X, Y, Z) con velocidad v, y que en él, un móvil M se mueve con relación al sistema R’ con velocidad ω’.

Calculemos la velocidad w de M con relación a R.

Por la definición de la velocidad es evidente que en cada sistema de referencia se tiene

Imagen:Fetch
Negacin de la leyde suma de velocidades

Aplicando las fórmulas de transformación de Lo-rentz se tiene que:

Negacin de la leyde suma de velocidades
Negacin de la leyde suma de velocidades

o lo que es igual

Negacin de la leyde suma de velocidades
Negacin de la leyde suma de velocidades

lo que indica que la resultante de componer las velocidades v y w’ no es suma, sino una cantidad menor, ya que se divide dicha suma por un número mayor que uno. También podemos observar que si las velocidades v y w’ fueran iguales a la velocidad de la luz, su composición seguiría teniendo por valor el de la velocidad de la luz, y no mayor; ya que sería

Negacin de la leyde suma de velocidades
Negacin de la leyde suma de velocidades


Equivalencia entre masa y energía

También se deduce de las hipótesis de Einstein la ecuación

E = mc2

en la que se relaciona la energía con la masa de un cuerpo, y deja patente la enorme cantidad de energía que queda encerrada en una masa, ya que aquélla es proporcional al cuadrado de la velocidad de la luz c. También de esta propiedad se deduce que si mo es la masa de un cuerpo en reposo, la masa de ese cuerpo cuando vaya a la velocidad v será

Equivalencia entre masa y energa
Equivalencia entre masa y energa

es decir, que la masa de un cuerpo crecerá en función del cuadrado de la velocidad que lleve.

Ya era conocido desde Maxwell, y experimentado posteriormente varias veces, que la luz que cae sobre una superficie ejerce sobre ella una presión como si las partículas de luz golpeasen dicha superficie.

El físico austríaco Hasenohrl (1874-1915) estudiando, en 1904, este fenómeno cuando la radiación de luz se encerraba en una vasija, vio que cuando la vasija radiaba una energía E, la masa «aparente» de la radiación decrecía de acuerdo con la fórmula E Y mc2; este descubrimiento parcial de Hasenohrl, nunca negado por Einstein, dio pie a científicos nazis para intentar minusvalorar la originalidad y potencia de la teoría einsteniana.

Resumiendo, podemos decir que los principios de relatividad y constancia de la velocidad de la luz de Einstein nos conducen a afirmar que el espacio y el tiempo que se consideran al estudiar un fenóme no físico no son absolutos, sino que dependen del sistema de referencia respecto al cual hagamos dicho estudio. También son consecuencia de la relatividad: el hecho de que la velocidad máxima de un cuerpo en la Naturaleza no pueda superar la velocidad de la luz y, por tanto, el no cumplirse la ley de que la composición de velocidades se realiza de acuerdo a la suma de las mismas; que la masa de un cuerpo depende de la velocidad que éste lleve, etc., y múltiples consecuencias que se infieren de estos hechos básicos.




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Introducción

ALO largo de toda la historia de la ciencia, el hombre ha visto cosas que luego se han demostrado. Esto explica, en alguna medida, una de las características esenciales de la investigación científica: su mirada hacia el futuro. El investigador se mueve en un tiempo presente, buscando ver más allá del saber establecido, de los conocimientos tenidos por verdaderos en la época. Pero el hombre, en su mirada, muchas veces, ha trascendido ese saber, ha ido más allá de lo que se tenía por cierto; ha hecho observaciones sobre la realidad, para iluminaría, para comprenderla mejor. La ciencia no es otra cosa que una búsqueda incesante y continuada de las zonas oscuras de esa realidad.

Tres ejemplos —de entre los muchos que podríamos proponer— pueden ilustrar ese intento de la ciencia, a lo largo de la historia, por comprender mejor la realidad. El primero es un ejemplo de la Química; el segundo, de la Física; el tercero, de la Astronomía, ciencias que han progresado, a pasos de gigante, en nuestro siglo XX.

Las tablas de mendeleiev

'—El concepto de periodicidad química fue desarrollado con visión de futuro por dos científicos, el alemán Lothar Meyer y el ruso Dmitri Mendeleiev. Meyer publica en 1864 un libro con una tabla periódica incompleta, que es ampliada en 1869 con 56 elementos más, ordenados por grupos y subgrupos.

Mendeleiev, en 1869, presentó un trabajo, hoy famoso, sobre «la relación de las propiedades con el peso atómico de los elementos». Mendeleiev no sólo se limitó a describir la tabla periódica, sino que predijo que en el futuro se iban a descubrir los elementos correspondientes, anunciando incluso sus propiedades deducidas de su posición en la tabla. Tres de estos elementos se descubrieron en vida de nuestro científico, resultando sus propiedades curiosamente próximas a las que él predijo.

La tabla periódica surgió mucho antes de que se descubrieran sus fundamentos. Sus descubridores ignoraban lo que eran los neutrones, protones, el número atómico y la estructura atómica. Sin embargo, aun sin estas bases, la tabla periódica contribuyó a un notable desarrollo de la química.

Las leyes de la gravitación

' —Durante el siglo XVII se preguntaron los científicos cuál podía ser la causa del movimiento de los planetas.

Gilbert hizo un estudio de los imanes y supuso que el magnetismo podía ser la fuerza capaz de fijar en su lugar a los planetas y al mismo tiempo hacerlos girar. Esto quiere decir que la idea de una fuerza de atracción era bastante corriente. Muchos pensadores se habían interesado por este problema (Descartes; Borelli, 1666; Huygens, 1673; Hooke y Halley en 1679), pero quedaba por resolver el problema de la causa de esa fuerza atractiva y la explicación del carácter elíptico de las trayectorias de los planetas.

Merced a los estudios y comprobaciones de Halley, Newton expuso la solución en su obra Philo-sophiae naturalis principia mathematica (Principios matemáticos de la filosofía natural, 1685-86). Allí se formula el principio de gravitación universal. Al mismo tiempo introdujo el cálculo infinitesimal que de los principios físicos hacía resultados que podían ser comprobables. Newton hizo posible saber la posición de un astro.

Neptuno tiene que existir

' —Quizás el caso más típico del conocimiento de algo antes de su descubrimiento lo tengamos en la subyugante historia de Neptuno.

En 1821, el astrónomo francés Bouvard, al trazar las tablas sobre el movimiento de Urano, advirtió que seguía una trayectoria realmente caprichosa. A partir de 1830, los astrónomos se vieron profundamente intrigados por ese comportamiento anormal del planeta. Uno de estos astrónomos se llamaba Le Verrier, el cual empezó por preguntarse si aquellas anomalías no serían provocadas por otro planeta situado más allá de la órbita de Urano; su sospecha era casi un convencimiento y se lanzó a buscarlo a base de largos cálculos, partiendo de dos nociones ya formuladas entonces: del producto de las masas y del cuadro de las distancias.

Durante varios años estuvo consagrado a sus cálculos, hasta que el 31 de agosto de 1846 llegó al convencimiento de que existía otro planeta que era el causante de las anomalías orbitales de Urano.

Con plena seguridad en la exactitud de sus cálculos, precisó el sitio y el momento en que los astrónomos que tuvieran medios para ello podían encontrar un planeta que tenía que existir.

Menos de un mes más tarde, el 25 de septiembre, un astrónomo berlinés, Galle, tuvo la suerte de localizar al responsable. Le Verrier, como dice Arago, «lo vio en la punta de su pluma, tras haber determinado, con sólo la potencia del cálculo, el lugar y la magnitud de un cuerpo situado más allá de los límites hasta entonces conocidos de nuestro sistema planetario». Galle lo vio en la plena realidad de su existencia.

La imaginación en la ciencia

'—Siempre estará presente la frase de Pasteur que se refiere a cómo la suerte, en la investigación científica, no existe, salvo para aquellos investigadores que trabajan concienzudamente. Sin embargo, el papel de la imaginación, como facultad de «traer el futuro al presente», imaginando cosas que luego son posibles, ha sido, también, muy destacado. Hay, en este sentido, opiniones realmente significativas, como la del científico Kekulé, quien decía a sus estudiantes de química orgánica: «Aprendan a soñar, señores míos; así quizá descubran ustedes la verdad». ¿Qué quiere decir esto? Esta frase, como otras que se podrían aducir en el mismo sentido, traslucen una realidad muy profunda en la investigación científica y es ésta: que por muy racional, consciente, objetivo, sistemático y riguroso que sea un descubrimiento, siempre habrá una parte que el sujeto no podrá controlar. Por eso no exageramos al decir que el verdadero investigador lo es en su totalidad, con toda su realidad biológica, psíquica y espiritual. Es investigador cuando trabaja, cuando se dedica al descanso, incluso cuando duerme. Porque muchas cosas —que luego el tiempo comprobó que podían ser ciertas—-parecieron realmente sueños en su época. Es el caso tan mencionado de Julio Verne. Por eso también al verdadero innovador se le ha llamado muchas veces «visionario», lo que quiere decir que mira por encima de las cosas presentes, de los saberes establecidos, que sabe, en definitiva, tener una mirada de largo alcance.

Mendeleiev, Newton, Le Verrier son ejemplos de esa mezcla de futuro, de imaginación, de trabajo, de necesidades de saber, constantes humanas muy profundas y que son las que poderosamente mueven la historia de la Humanidad.



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En el fondo, lo que late bajo un tema «ciencia y política» es algo más profundo que lo que podría suministrar la pura anécdota, los datos que proporciona la realidad (apoyo financiero de los goblernos a la investigación científica, diferentes orientaciones que el político aporta a la planificación científica, destino que da la sociedad a los descubrimientos), y también el punto de vista de las distintas ideologías (socialismo, capitalismo) al problema de la ciencia.

Efectivamente, política y ciencia encierran dos formas de poder, entendido como posibilidad y operatividad de acción sobre la realidad, lo que lleva, obviamente, al cambio. Política y ciencia comportan dos formas de poder, radicalmente distintas, como tendremos ocasión de comprobar.

El problema se ha agudizado particularmente en nuestro siglo XX, cuando el político, en un momento determinado, tuvo que llamar ai científico, que le podía proporcionar lo que necesitaba. Estamos hablando en concreto de toda la polémica surgida en torno a las armas atómicas, que se ha desarrollado ya en otro informe. El político buscó al científico para que éste le facilitara aquellos instrumentos con los cuales podía afianzarse o conseguir la supremacía sobre una potencia rival.

Los dos bloques ideológico-económicos, Rusia y Norteamérica, han sido particularmente sensibles a este poder del científico; los hombres de ciencia son o pueden ser cotizados, apoyados y mantenidos poí estas potencias en la medida en que son fuentes de un poder no solamente nuclear, sino tecnológico, médico, alimentario, etc.

A raíz de la comprobación del poder destructor de la bomba atómica, se habló de la posibilidad, más bien de la utopía, de un gobierno de científicos; incluso se llegó a pensar en un gobierno universal regido por sabios.

Estas ideas ya fueron desarrolladas en la antigua Grecia. También allí se pensó que un gobierno de sabios podría dirigir los destinos de las comunidades.

Las incursiones de los científicos en la política están fuertemente vinculadas, de cara a la opinión pública, a las intervenciones de ciertos científicos en el campo de lo que se debería hacer, que es precisamente el campo en el que se mueve el político.

El político se enfrenta con un programa de cambio social, de transformación de su país en una serie de campos: social, económico, político. Al político le interesa la ciencia como le interesan otras facetas de la actividad de la colectividad donde lleva a cabo sus programas de actuación. Sin embargo, al político, en un momento social determinado, le pueden preocupar mucho más que la ciencia otros problemas más inmediatos: cambios de gobierno, crisis económica, aspectos conflictivos del mundo del trabajo. La ciencia, obviamente, es básica a la hora de una auténtica transformación social, pero la política actúa muchas veces a corto plazo y aunque cuente con el problema, aunque no lo olvide, los resortes de su actuación están movidos por otras urgencias, urgencias que empiezan por su posición misma como política dentro de su país. El político se mantiene en su puesto, está ahí, en una situación social siempre cuestionada por su actuación pública: su éxito y su fracaso radican muchas veces en la acertada resolución de sus problemas inmediatos, entre los cuales no siempre se hallan, por desgracia, los problemas científicos.

Las relaciones, por otra parte, entre ciencia y política preocupan hoy en día de un modo extraordinario. La idea del periodismo científico —un periodismo que tenga por misión divulgar rigurosamente los avances de la ciencia— es motivo de análisis por diversas instituciones, organismos, entidades y pensadores. Aquí llegamos a otro tema de interés: el periodismo, puesto que su carácter de intermediario conecta mucho con la opinión pública que tanto interesa al político. En efecto, los problemas que preocupan al político son siempre el material informativo que recoge el periodista.

Expresión de esta preocupación ha sido el II Congreso Iberoamericano de periodismo científico (Madrid), en el que un sociólogo y periodista, A. García Pérez, ha expuesto estos problemas del poder del científico y del político con una gran agudeza. Enfocando el tema de la opinión pública (que es uno de los centros de interés del político) se pregunta el sociólogo español: «La opinión pública se nos muestra —preciso es reconocerlo— fascinada por el poder, subyugada por ese término que en realidad quiere decir tan poco y que es el concepto de “la política”. Es la suya una fascinación por el movimiento del poder, expresado casi siempre en sus manifestaciones más epiteliales y, por eso mismo, menos radicales y reales. ¿Poder qué?¿Poder para qué? ¿Poder cómo? Estas preguntas no parecen interesarle mucho a la opinión pública. Se confunde entonces toscamente el poder profundo y real, la capacidad de actuar sobre la realidad y modificarla, con la simbología del poder: grupos políticos, los líderes, las instituciones del poder formal…».

La despreocupación de la sociedad por la ciencia y, por consiguiente, la del político en ocasiones, esconde, según el autor que comentamos, «una temible ceguera de la sociedad ante el origen y la naturaleza misma del poder, porque, ¿quién es el poderoso, en realidad, el político que da o quita presupuestos para la investigación científica o el científico que descubre, maneja y domina las fuerzas últimas que mueven lo real? ¿No estamos, en el primer caso, en el de los políticos, ante la apariencia misma del poder, adornada espectacularmente con esa simbología del mando? ¿No es la actividad científica, por el contrario, la fuente real del poder?»

La política, como hemos visto, se asocia evidentemente con el poder, poder que transforma —mediante sus decisiones— aspectos cruciales de la sociedad. Pero esa idea de la ciencia como el verdadero poder (pues no lo hay sin conocimiento de lo real) no está suficientemente arraigada en la sociedad; de ahí viene el desinterés o la indiferencia que ante la investigación científica manifiestan, tácita o incluso expresamente, algunas sociedades. Ello está en función, lógicamente, del grado de desarrollo de cada sociedad: a mayor desarrollo, mayor preocupación por la ciencia, mayor apoyo a los científicos.

Prescindiendo de los dos bloques a que antes se ha aludido —para los cuales la ciencia es algo fundamental en la afirmación de poderío, de hegemonía del mundo— es en los demás países donde el análisis del grado de preocupación por la ciencia puede ser un importante barómetro para juzgar su desarrollo y el interés con que miran el futuro. El nivel de ciencia será un termómetro muy fino que mida, en cada país, su madurez colectiva.

Por otra parte, el científico y el político se encuentran alejados en cuanto a su actividad por un sinnúmero de razones: en primer término, por su propio trabajo: el político trabaja para el futuro, pero acuciado por las instancias de la cotidianeidad social de su país; el científico, por el contrario, está libre de estas urgencias, Además, la vertiente del trabajo del científico puede tener una aplicación inmediata, pero puede no tenerla; el científico, en su trabajo contemporáneo, puede estar construyendo un edificio cuya experimentación se prolongue años e incluso decenios. Otra realidad, muy diferente vive el político, aun el político que mira constantemente al futuro: la resolución del problema que, hoy, aparece ante él absorbe toda su atención. Lo cual lleva, también, a la necesidad de una política de largo alcance, como de largo alcance es intrínsecamente la ciencia.

La idea central es que el científico queda siempre un poco fuera de la realidad política, de la sociedad en que trabaja. La figura del científico aislado en la soledad del laboratorio puede ser un tópico, si se quiere, pero un tópico que esconde una profunda verdad: la ciencia, en la intrincada descripción de la realidad, camina, paso a paso, pero muy lenta, trabajosamente. Sólo de vez en cuando, muy de tarde en tarde podríamos decir, surge de ese laboratorio un descubrimiento extraordinario que interesa a la opinión pública. Y sólo entonces ésta —preocupada por lo que sucederá hoy, mañana y como mucho a medio plazo— vuelve la mirada hacia el científico. El cual, sin embargo, es el que detecta, verdaderamente, el poder profundo, el poder que está llamado a cambiar radicalmente el mundo.



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RECIBEN el nombre de «Progrom» o «Progroms» en el idioma ruso aquellos levantamiemos de tipo popular que desembocaban en matanzas de judíos.

Aunque, como veremos, el antisemitismo violento se ha producido a lo largo de toda la historia, se habla específicamente de «progroms» durante la época de Nicolás I. Hubo levantamientos en el sur de Rusia (de abril a julio de 1881), Podolia (1882), Kishinev (1903), Zátomir, Brest-Litovsk y Odesa (1905). Frecuentemente estas persecuciones fueron apoyadas por las mismas autoridades zarinas para desviar la atención del descontento del pueblo por la crisis socioeconómica del país. Al mismo tiempo se promulgaron leyes discriminatorias contra los judíos (1881-1883), en lo que respecta al lugar de residencia y a la enseñanza. También durante la guerra civil hubo «progroms» como el de Ucrania (en 1919).

La persecución del pueblo judío la encontramos a lo largo de todos los tiempos y en casi todas las naciones.

Así, durante el reinado de Amosis I, quien logró expulsar a los hicsos (que eran predominantemente semitas), los que quedaban en Egipto fueron oprimidos, y bajo Ramsés II la situación de los hebreos se hizo intolerable. Moisés logró sacar a su pueblo de Egipto hasta llegar a la península del Sinaí. Este éxodo, que fue considerado por los judíos como un milagro, es algo muy importante para la historia de los judíos.

En 598 a. de C, el rey de Babilonia, Nabucodonosor, tomó Jerusalén y puso en el trono a Sedecias, quien se sublevó contra Babilonia; Nabucodonosor destruyó Jerusalén y el reino de Judá, y parte del pueblo fue deportado a Babilonia; en Mispá quedaría Godolías como gobernador. Su asesinato llevó a muchos a huir a Egipto formando parte de las colonias de este importante foco cultural judío en Babilonia.

En el año 66, los extremistas judíos consiguieron apoderarse del Templo, extendiéndose la rebelión; Vespasiano, al frente de los romanos, pacificó el país y su hijo Tito arrasó Jerusalén (año 73). En tonces muchos judíos se dispersaron por el Imperio, muchas veces en calidad de esclavos. Se produjo la gran diaspora o dispersión.

El éxodo judío llegó a la península Arábiga: algunos se establecieron en las ciudades que estaban en las rutas de las caravanas (Khaibar, Taima, Fadak, Wadi-l-Qurá Yatrib o Medina); otros, en cambio, llegaron al Yemen. Se integraron con los árabes e hicieron numerosos prosélitos; vivían en tribus y hablaban la lengua árabe. Mahoma al principio toleró a los judíos, pero más tarde los combatió. El califa Omar expulsaría a los cristianos y a los judíos de Arabia.

Las revueltas antijudías y, como consecuencia, las conversiones forzosas fueron frecuentes en Europa.

Más modernamente, la intolerancia religiosa de la época de las Cruzadas fue la causa de sangrientas persecuciones contra los judíos en Renania, Francia e Inglaterra; se crearon leyendas difamatorias para fomentar este odio, como la de que los judíos sacrificaban un niño cristiano durante la Pascua. En 1290 fueron expulsados de Inglaterra, y en 1306, de Francia (en cambio, en Provenza permanecieron hasta 1507).

En 1280, en Castilla, se comenzó a detener a los judíos para pedir después una fuerte suma por su libertad; comenzó también la matanza de judíos, por lo que muchos de ellos se convirtieron al cristianismo (aunque secretamente siguieron con su religión). Al establecerse en 1478 la Inquisición, fue misión suya descubrir a los falsos conversos (llamados «marranos»). En 1492, durante el reinado de los Reyes Católicos, se ordenó la expulsión de los judíos que todavía quedaban en España, que eran unos 150.000. Aún quedan en todo el litoral mediterráneo comunidades judías de habla castellana, los llamados sefarditas.

Fue en 1648 cuando los cosacos, que se habían sublevado contra los señores polacos, realizaron el mayor asesinato en masa de judíos hasta entonces cometido; se les suponía servidores de la nobleza.

Llegamos así a la figura de Moisés Mendelssohn (1729-1789), quien obtuvo autorización para vivir en Berlín y fomentó intercambios culturales y tertulias entre judíos y cristianos. Nació así un movimiento judío parecido a la Ilustración francesa, que tuvo el nombre de Háskalá. Buscaba este movimiento acabar con el ghetto y hacer que los judíos llegaran a participar de la vida cultural europea; de este modo se intentaba acortar distancias entre los judíos y los cristianos.

Hubo medidas esperanzadoras por parte de las autoridades en favor de los judíos; por ejemplo, la Revolución francesa decretó que los judíos pasaran a ser considerados como ciudadanos iguales a los demás en deberes y en derechos (1791); esta igualdad fue posteriormente reconocida en los Países Bajos (1796).

La asimilación, sin embargo, no llegó nunca a ser completa por la constante inmigración de judíos que salían de Rusia y Polonia, donde eran perseguidos, y continuaban viviendo en los ghettos. La dispersión llegó no sólo a Europa occidental, sino también a los Estados Unidos y a Argentina.

Los «progroms» de 1881-1882 en Rusia trajeron como consecuencia el movimiento político sionista (1897) y la participación de los judíos en la Revolución rusa. Otros grupos de judíos llegaron a Palestina, con la anuencia de los sultanes turcos y, después de la I Guerra Mundial, con el consentimiento de las autoridades británicas que ejercían allí un protectorado.

En 1917, la Declaración Balfour reconocía a los judíos el derecho a tener un hogar judío en Palestina. Y así llegamos a la época del antisemitismo de los nazis, que produjo millones de víctimas durante la II Guerra Mundial.

Son muchos los que se han preguntado después de conocer el aberrante mundo concentracionario creado por los nazis alemanes para exterminar el pueblo judío: ¿Por qué los judíos se dejaron conducir al matadero como borregos…? Quizá la historia resumida de los «progroms» o «progromos» que antecede sea la única respuesta válida. El que a sí mismo se llamaba «pueblo elegido de Dios» estaba acostumbrado a todos los dolores y sufrimientos de la represión. Como dice Steiner, los «progroms» se habían convertido en el único contacto entre los israelitas y los pueblos que los acogían. Tradicionalmente siempre había ocurrido lo mismo: «Una noche, los gentiles pintaban una cruz negra en su puerta. Los judíos sabían lo que ocurriría al día siguiente. Escondían entonces los rollos de la ley y después se encerraban en sus casas para refugiarse en la oración. Los pequeños duraban un día, los grandes, una semana. Los judíos no se defendían jamás, no se rebelaban jamás. Los más piadosos veían en ello un castigo de Dios; los otros, un fenómeno natural comparable al granizo en tierras de viñedo o a la langosta en Marruecos. Se habían aprendido una cosa: el gentil es el más fuerte, rebelarse no hace más que atizar su cólera. Si un goy (gentil) te pega —enseñaban a sus hijos—, baja la cabeza y te dejará con vida».

Pero con los nazis falló esta táctica. En sus programas e ideales se habían propuesto exterminar al pueblo judío y habían programado concienzudamente su destrucción. Desde el doctor Rosemberg, el mitómano glorificador de la raza nazi, hasta el sádico Himmler, todos los jefes del nazismo coincidían en que el poderío alemán y el milenario imperio del hombre ario consistían en raer de la tierra a los semitas, y se aplicaron a la tarea con fanatismo sectario. Rosemberg teorizaba como intelectual y Himmler ejecutaba con fría metodología y refinada técnica. Las palabras de este último pronunciadas en una reunión de generales de la SS son reveladoras: «Quisiera hablar de la evacuación de los judíos, del exterminio del pueblo judío. Es ésta una cosa de la cual es fácil hablar. “El pueblo judío será exterminado”, dice cada miembro del partido, está claro, está en nuestro programa: eliminación de los judíos, exterminio; eso haremos». Cuando los dirigentes políticos de un país hablan así, ¿cómo podemos extrañarnos que se produjeran decenas de «programs» en Alemania y en todos los territorios de la Europa conquistada, que los ghettos fueran primero aislados por medio de alambradas y después cribados y extenuados por el hambre, que los campos de concentración y las cámaras de gas industrializasen el exterminio de los judíos…?

Lo más terrible de este enorme genocidio es que la operación fue planeada, dirigida y consumada con tal sigilo y disciplina, que ni los propios alemanes ajenos al monstruoso mundo de la Gestapo, llegarían a sospechar, hasta la terminación del conflicto bélico, las proporciones de la represión.

Toda la historia del pueblo judío determina ya configura y psicología de este pueblo. En la actualidad, a pesar de todas las peculiaridades que pueden diferenciar a los judíos, geográficas, socio-políticas, etcétera, hay un núcleo doctrinal espiritual que los mantiene unidos. Este núcleo conecta con los más antiguos principios del judaísmo: la creencia en un Dios único, a quien hay que honrar y respetar mediante la justicia, la piedad, la caridad y el amor, y la misión de Israel dentro de la historia para crear un mundo mejor. Al considerarse pueblo elegido, tiene una gran responsabilidad en este sentido. Sin embargo, el dolor y la desdicha han sido inseparables de su historia; esta continua dispersión, esa constante persecución han servido, sin embargo, para purificar a este pueblo, como si el sacrificio, la humillación y la marginación hubieran sido los catalizadores de una experiencia colectiva sido los catalizadores de una experiencia colectiva que puede llevar al pueblo judío a cumplir una importante misión en la historia. No podríamos entender la psicología del pueblo judío sin una compresión de su historia, de su peculiarísimo pasado como sociedad y como pueblo.



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ALBERT EINSTEIN Y SU TIEMPO (Cronologa)
ALBERT EINSTEIN Y SU TIEMPO (Cronologa)
EINSTEIN Y SU ENTORNO POLITICA Y SOCIEDAD
1879 Albert Einstein nace el 14 de marzo en Ulm (Baviera).
Muere James Maxwell.
Creacián de la «Alianza Dual» entre Alemania y Austria.
Fundación del Partido Socialista Obrero Español.
«Guerra salitrera»entre Chile y Perú.
Guerra con los zulúes.
Los Padres de Verbo Divino llegan a China.
1880 Su familia se traslada a Munich. Fundación del Partido Socialista en Francia.
El general Rufino Barrios, presidente vitalicio de Guatemala.
Sublevación de los colonos bóers en Sudáfrica.
1881 Nace su hermana Maya.
Renovación de la Liga de los tres Emperadores.
Primer tranvía eléctrico en Berlín.
Muere Alejandro II; Alejandro III, zar de Rusia.
Chester A. Arthur, presidente de Estados Unidos.
Insurrección nacionalista en Egipto; intervención inglesa.
1882 Formación de la Triple Alianza (con la entrada de Italia).
Fundación de la Orquesta Filarmónica de Berlín.
Concordato Rusia-Santa Sede.
Fundación de la Universidad checa.
Fundación de la Ciudad de la Plata (Argentina).
Egipto, protectorado de Gran Bretaña.
1883 Rumania se adhiere a la Triple Alianza. Fundación de la «Fabian Society».
Tratado de Ancón («guerra salitrera»).
Intervención francesa en Madagascar.
Los trapenses en Yangkiaping.
Exposición en Amsterdam.
1884 Seguro de accidentes en Alemania. Peters funda la Sociedad Colonial alemana.
Reforma parlamentaria en Inglaterra.
Alemania e Inglaterra se reparten Nueva Guinea Oriental.
Conferencia sobre el Congo en Berlín.
1885 Los Einstein se construyen una casa en el barrio de Sendling; el pequeño Albert toma clases de violin.
Conflicto Alemania-España sobre las Carolinas.
Muere Alfonso XII. Pacto del Pardo.
Cleveland, presidente de Estados Unidos.
Congreso de Berlín. El Congo, propiedad de Leopoldo II de Bélgica.
Fundación del Congreso Nacional Indio.
1886 Luis II, rey de Baviera, se suicida; Leopoldo, regente. Creación de la Federación Americana de Trabajadores.
Jamaica, colonia británica.
Fundación de Johannesburgo.
El Parlamento británico convierte Japón en colonia de la Corona.
CIENCIA Y PENSAMIENTO ARTES Y LETRAS
Nolson descubre el escandio.
Edison: Dinamo para alumbrado por incandescencia.
Siemens: locomotora eléctrica.
Exposición de electricidad en Viena.
Primer edificio alto de estructura metálica en Chicago.
Franz von Suppé: Boccaccio (opereta).
Max Liebermann: Jesús entre los escribas.
Dostoievski: Los hermanos Karamazov.
Invención de la bicicleta.
Eberth, Koch, Gaffy: bacilo del tifus.
Menéndez Pelayo: La ciencia española.
Tolstoi: Confesión.
Brahms: Danza húngara.
Degas: Bailarina.
Rodin: El pensador (bronce).
Alarcón: El niño de la Bola.
E. Zola: La novela experimental.
Helmholtz estudia los efectos electrolíticos de la corriente.
Emil Brugsch-Bey descubre 40 momias en Egipto.
Louis de Broglie: Positivismo y ciencia experimental.
Muere Modest Mussorgski.
Nace Pablo Ruiz Picasso.
E. von Gebhardt: Ascensión de Cristo.
Pereda: Esbozos y rasguños.
Rossetti: Baladas y sonetos.
Henrik Ibsen: Los espectros.
Grese extiende a los gases la hipótesis de la ionización.
Robert Koch: Bacilo de la tuberculosis.
J. Ratzel: Antropogeografía.
Leo Pinsker: Autoemancipación.
Richard Wagner: Parsifal.
Manet: Melocotón.
B. Pérez Galdós: El amigo Manso.
Alphonse Daudet: Tartarín de Tarascón.
Turgueniev: Poesías en prosa.
Pierre Curie: Enunciado del Principio de Simetría.
Georg Cantor pone los fundamentos de la teoría de los conjuntos matemáticos.
Ernst Mach: La mecánica en su desarrollo.
Inauguración del Metropolitan Opera House de Nueva York.
Vicent van Gogh: Campesinas.
Palacio Valdés: El idilio de un enfermo.
Whitmann: Días ejemplares.
Edison descubre el “efecto Edison”, base de la electrónica moderna.
J. M. Charcot: Lecciones sobre las enfermedades del sistema nervioso.
Arnold Toynbee: La revolución industrial.
Massenet: Manon (ópera).
Vicent van Gogh: Los telares.
Gaudí: Iglesia de la Sagrada Familia.
Pereda: Sotileza.
Maupassant: El lobo.
Léonard: Experimento con rayos catódicos. Jaime Ferrán: vacuna contra el cólera.
E. von Bergmann: Cirugía aséptica.
Aparece el segundo volumen de El Capital, de K. Marx.
Bruckner: Te Deum.
Vicent van Gogh: Bodegón con patatas.
Palacio Valdés: José.
Mark Twain: Las aventuras de Huckleberry Finn.
Golstein descubre los “rayos canales”, emisiones de protones.
Moissan: flúor.
Tesla: Alternador.
Cuervo: Diccionario de construcción y régimen de la lengua castellana.
Saint-Saëns: Sinfonía en Do menor.
Comienzos de la música de jazz en Nueva Orleans.
Rodin: El beso.
Verdaguer: Canigó.
Rimbaud: Iluminaciones.
EINSTEIN Y SU ENTORNO POLITICA Y SOCIEDAD
1887 Helmholtz publica Contary medir.
Muere Gustave Robert Kirchhoff.
Acuerdo secreto ruso-alemán.
Crispi, de Italia, se entrevista con Otto von Bismarck.
Randal Cremer funda la Conferencia Interparlamentaria para la paz.
Unificación de la legislación colombiana.
Conferencia Imperial de Londres.
Agencia de Prensa japonesa.
1888 Albert termina sus estudios primarios.
Heinrinch Hertz descubre las ondas electromagnéticas.
Muere Federico II; Guillermo II, em perador de Alemania.
Unión General de Trabajadores (España).
Ley sobre el comercio entre Estados (USA.).
Abolición de la esclavitud en Brasil.
Convención internacional sobre el Canal de Suez. Exposición Universal en Barcelona.
1889 Albert ingresa en el Luipold Gymnasium.
Seguro de vejez e invalidez en Alemania.
II Internacional, en Bruselas.
Benjamin Harrison, presidente de Estados Unidos.
Proclamación de la República en Brasil.
Somalia, protectorado italiano.
Japón, monarquía constituciona.
1890 Otto von Bismarck es destituido.
Compromiso checoalemán.
Se inaugura en Berlín un Teatro Popular al aire libre con las Columnas de la Sociedad, de Henrik Ibsen.
Independencia de Luxemburgo. Guillermina, reina de Holanda.
Se aprueba la “Shereman Anti Trust Act” en Estados Unidos.
Congreso panamericano en Washington.
1891 Albert se inicia en el estudio de la Geometría.
Fundación de la Oficina Internacional de la Paz, en Suiza.
Encíclica Rerum Novarum de León XIII.
Las tropas estadounidenses intervienen en Chile (en guerra civil).
Terremoto en Japón.
1892 Los profesores Hurwitz y Stodola inician sus enseñanzas en Zurich.
Fundación de la Sociedad alemana de la Paz, en Berlín.
Acuerdo militar francorruso.
Epidemia de cólera en Hamburgo.
Bancarrota de la compañía del Canal de Panamá.
Fundación de la General Electric Company.
Gobierno de Mariano Baptista en Bolivia.
1893 Aumentan los efectivos militares en Alemania. Guerra de España en Melilla.
G. Cleveland, presidente, por segunda vez, de Estados Unidos.
Fundación de la Nueva Compañía del canal de Panamá.
1894 Su familia se establece en Milán. “Affaire Dreyfus” en Francia.
El barón de Coubertin funda un Comité para la reinstauración de los Juegos Olímpicos.
Francia se anexiona Dahomey.
Guerra chino-japonesa.
CIENCIA Y PENSAMIENTO ARTES Y LETRAS
Max Planck: El principio de la conservación de la energía.
G. Westinghouse: Transformador.
Richard Dedekind: Teoría de los números irracionales.
Debussy: La primavera.
Verdi: Otelo (ópera).
Gauguin: Paisaje de Martinica.
B. Pérez Galdós: Fortunata y Jacinta.
Meyer: La tentación de Pescara.
Nikola Tesla describe su descubrimiento del principio del campo magnético rotativo. Wilhelm Hallwachs descubre el efecto eléctrico de la luz.
Avenarius: Crítica de la experiencia pura.
Rimski-Korsakoff: Scherezade.
César Franck: Psique.
Campoamor: Humoradas.
Guy de Maupassant: Fuerte como la muerte.
H. James: Los pápele, de Aspern.
Giuseppe Peano: Aritmética Principia.
Von Mering y Minkowski demuestran que la diabetes puede ser provocada por la ablación del páncreas.
Henri Bergson: Jim ayo sobre los datos inmediatos de la conciencia.
Pedrell: El último abencerraje.
Renoir: Bañistas.
Van Gogh: El cartero Rouliny su mujer.
Pardo Bazán: Insolación.
Mark Twain: Unyanki en la corte del rey Arturo.
En Cibernética se hace uso de la tarjeta perforada capaz de registrar 45 columnas de información.
Clément Aden Eolo I (avión de motor a vapor).
Le Barón Jenney construye el Manhattan Building, de 16 pisos, en Chicago.
Mascagni: Cavalleria rusticana.
A. Vicent Beardsley: Isolda.
Gottlob Frege: Función y concepto.
N. Tesla: Transformador de alta tensión.
S. P. Langley: Aerodinámica experimental.
Branly: Cohesor de limaduras de hierro.
Pedrell: Los Pirineos.
Toulouse-Lautrec: La Gouloue.
B. Pérez Galdós: ángel Guerra.
O. Wilde: El retrato de Dorian Gray.
Lorentz: La teoría electromagnética de Maxwell y su aplicación a los cuerpos en movimiento.
Henri Poincaré: Termodinámica.
Max Móiller: Religión antropológica.
Bruckner: Salmo 150.
Verdi: Falstaff.
Toulouse-Lautrec: Moulin Rouge.
Palacio Valdés: La fe.
Maeterlinck: Pelleas y Melisande.
Exposición Mundial de Chicago.
Edison: Kinetoscopio.
Elster-Geitel: Célula fotoeléctrica.
Bhering: Suero antidiftérico.
G. Frege funda la lógica matemática.
Tchaikovsky: Patética.
Liebermann: Jinete y amazona.
Pereda: Peñas arriba.
Verlaine: Liturgias íntimas.
O. Wilde: Salomé.
Stoney define el electrón y calcula aproximadamente su carga.
Marconi descubre la telegrafía sin hilos.
Louis Lumiére inventa el cinematógrafo.
Haeckel: Filogenia sistemática.
Debussy: La siesta de un fauno.
Muere Anton Rubinstein.
Gauguin: Vista de París.
Renard: Pelo de zanahoria.
C. Bernard Shaw: Cándida.
EINSTEIN Y SU ENTORNO POLITICA Y SOCIEDAD
1895 Albert abandona el Gymnasium y marcha a Milán.
En verano asiste a la Escuela Internacional.
Se presenta al examen de ingreso en la Escuela Politécnica de Zurich, pero no aprueba.
Gobierno Cánovas en España.
“Grito de Baire”, que inicia la guerra de independencia cubana.
Expedición represiva de Jameson en Sudáfrica. Francia se anexiona Madagascar.
Japón ocupa Formosa.
1896 Continúa sus estudios secundarios en la escuela cantonal de Aarau. En octubre ingresa en la Escuela Politécnica de Zurich.
H. Minkowski, profesor de la Escuela.
Theodor Herzl publica El Estado judío.
Friedrich Naumann funda el Nacionalsocialismo.
Levantamiento en Filipinas.
Guerra de Italia en Abisinia.
Rusia obtiene concesiones ferroviarias en China.
1897 Se celebra en Basilea el I Congreso Sionista. William Mac Kinley, presidente de Estados Unidos.
En la guerra greco-turca, Creta consigue la autonomia bajo soberanía turca.
Los alemanes ocupan Tsingtao.
Exposición Universal en Bruselas.
1898 Aparece Conferencia de Física Teórica, de Helmholtz (póstuma).
La Emperatriz Isabel de Austria es asesinada en Ginebra.
Estados Unidos ocupa las islas Hawai.
Tratado de París; independencia de Cuba.
La Banca alemana obtiene concesiones ferroviarias en Turquía.
1889 Muere Ludwig Büchner.
Las islas Carolinas y Marianas, colonias alemanas.
Tratado de Windsor (entre Inglaterra y Portugal).
Fundación de la United Fruit Company.
Dictadura de Cipriano Castro en Venezuela.
Sudán, condominio anglo-egipcio.
1900 Albert Einstein termina sus estudios superiores y obtiene la licenciatura en Física. Fundación del Partido Laborista inglés.
La Nueva Compañía del Canal de Panamá vende los derechos de construcción a U.S.A.
Rusia ocupa Manchuria.
Rebelión de los bóxers.
1901 Einstein visita a su padre, que se encuentra enfermo en Milán.
A su regreso, recibe la comunicación de su nacionalidad suiza.
Encargado de las clases de matemáticas en la Escuela Técnica de Winterthur.
Publica Consecuencias de los fenómenos de capilaridad.
Lenin y Plejanov fundan la revista Iskra, en el exilio.
Theodore Roosevelt, presidente de Estados Unidos.
Muere la reina Victoria de Inglaterra; Eduardo VII, rey.
Política de “puerta abierta”, en China.
Congreso Sionista.
CIENCIA Y PENSAMIENTO ARTES Y LETRAS
Lorentz: Ensayo de una teoría sobre los fenómenos eléctricos y ópticos en los cuerpos en movimiento.
Roentgen descubre los rayos X.
J. Perrin: Electrón.
Breuer y Freud: Un estudio sobre la histeria.
Tomás Bretón: La Dolores.
Horta: Casa Solvay, en Bruselas.
Toulouse-Lautrec: El payaso Chak-K-Kao.
Primera sesión de cine en Alemania.
Blasco Ibáñez: Flor de mayo.
Tolstoi: Amo y criado.
Henri Becquerel descubre la irradiación radiactiva del uranio.
Muere Alfred Nobel.
H. Bergson: Materia y memoria.
Ramón Menéndez Pidal: La leyenda de los infantes de Lara.
Puccini: Bohemios.
Rodin: La mano de Dios (mármol).
Valera: Juanita la larga.
Primera sesión de cine en Madrid.
Ruben Dario: Poesías profanas.
Zola: Roma.
John Thompson y W. Wien confirman, mediante el descubrimiento del electrón libre, la teoría de la estructura atomistica de la electricidad.
Sidney y Beatrice Webb: Democracia industrial.
Leoncavallo: La Bohéme.
Henri Matisse: El postre.
Riña en un café, un filme de Fructuoso Gelabert.
B. Pérez Galdós: Misericordia.
George: El niño del alma.
Pierre y Marie Curie descubren el elemento radiactivo radium en el uranio.
Max Planck descubre el fotón.
Koldewey: Excavaciones en Babilonia.
Rasgando la bandera española, filme de Stuart Planckton y Albert E. Smith.
Palacio Valdés: La alegría del capitán Ribot.
Zola: Yo acuso (art. en L’Aurore).
David Hilbert: Fundamento de la Geometría.
Elster y Geitel: Radiactividad del átomo.
Primer enlace por telefonía sin hilos.
H. S. Chamberlain: Los fundamentos del siglo XIX.
Sibelius: Sinfonía en Mi menor.
Monet: Catedral de Rouen.
Palacio Valdés: La hermana San Sulpicio.
Rainer M.a Rilke: Canción de amor y de muerte del alférez Cristóbal Rilke.
Max Planck funda la Física cuántica de los átomos, mediante el descubrimiento de la función cuántica elemental.
Ernst Mach: Análisis de las sensaciones y relación de lo físico en lo psíquico.
Puccini: Tosca.
Gauguin: Noa-Noa.
Degas: El violinsta.
Juana de Arco, filme de Georges Méliés.
Gorki: Los tres.
W. Roentgen, premio Nobel de Física.
Torres Quevedo inventa el telequino.
Marconi consigue que las ondas eléctricas crucen el Atlántico.
Dutton descubre el agente de la enfermedad del sueño.
Sigmund Freud publica Psicopatología de la vida cotidiana.
Dvorak: Russalka.
Busoni: Sonata para violin.
P. Berhrens: Nuevo modelo tipográfico.
Picasso, época azul.
Quo vadis?, filme de Ferdinand Zecca.
B. Pérez Galdós: Electra (estreno).
André Gide: El rey de Candaules.
Bernard Shaw: César y Cleopatra.
EINSTEIN Y SU ENTORNO POLITICA Y SOCIEDAD
1902 Einstein trabaja como preceptor en un internado de Schaffhausen.
En junio trabaja como técnico en la Oficina de Patentes de Berna.
Conoce a Heinrich Zangger.
El 10 de octubre fallece su padre.
H. A. Lorentz, premio Nobel de Física, que comparte con Pieter Zeeman.
Gabinete Combes en Francia.
Alianza anglonipona contra Rusia.
El presidente Zelaya es reelegido presidente de Nicaragua.
Establecimiento de límites entre Argentina y Chile. Guerra entre Brasil y Bolivia.
Promulgación de la Constitución cubana.
Paz de Vereeniging (guerra anglo-bóer).
1903 Albert Einstein contrae matrimonio con Mileva Maritsch.
Marie Curie, premio Nobel de Física, que comparte con su esposo Pierre y con Henri Becquerel.
Muere León XIII; G. Sarto, Papa Pío X.
Henry Ford funda una fábrica de automóviles en Estados Unidos.
Independencia de Panamá.
Escisión entre menchequives y bolchequives.
1904 El 14 de mayo nace su hijo Hans Albert.
K. G.Jung funda en Zurich un laboratorio de psicopatología experimental
Fundación de la fábrica de automóviles inglesa Rolls-Royce.
Tratado de paz entre Brasil y Bolivia.
Guerra ruso-japonesa.
1905 Publica sus primeros trabajos sobre la electrodinámica de los cuerpos en movimiento.
Creación del Centro Sionista de Palestina en Gaffa.
Paul Langevin publica Sobre los iones de la atmósfera.
El Parlamento noruego proclama la independencia del país.
Separación Iglesia-Estado en Francia.
Creación de la Banca Nacional Suiza.
Fundación de los “Trabajadores Independientes del Mundo”, en Estados Unidos.
Tratado de Portsmouth, guerra ruso-japonesa.
1906 Einstein escribe un artículo sobre el movimiento browniano.
Decreto de separación Iglesia-Estado en Ginebra.
Fundación de la fábrica de automóviles “Mercedes”, en Berlín.
Terremoto en Valparaíso (Chile).
Conferencia de Algeciras.
1907 Establece la relación entre energía, masa y velocidad de la luz.
Marcel Grossmann comienza a impartir clases de Geometría en la Escuela Técnica Superior de Zurich.
En Noruega, la mujer con derecho al voto. Tratado de Petersburgo (Inglaterra-Rusia).
Agencia de Noticias United Press.
Guerra entre Honduras, Nicaragua y El Salvador.
1908 Publica un trabajo sobre el principio de relatividad.
Rutherford, premio Nobel de Química.
Asesinato de Carlos I de Portugal.
Fundación de la General Motors Company.
Bélgica se anexiona el Congo.
1909 Einstein deja, en octubre, su trabajo de Berna y es admitido como profe sor de Física en la Universidad de Zurich.
Se celebra un Congreso de físicos en Salzburgo.
Guerra en Melilla. “Semana Trágica” de Barcelona.
W. H. Taft, presidente de Estados Unidos. Sublevación del general Estrada en Nicaragua (con apoyo norteamericano).
CIENCIA Y PENSAMIENTO ARTES Y LETRAS
Emil Fischer, premio Nobel de Química. Rutherford realiza estudios sobre la radiactividad.
Richet descubre la anafilaxia.
H. Poincaré: Ciencia e hipótesis.
Benedetto Croce: Estética.
Gusta ve Le Bon: Psicología educativa.
Pedrell: La Celestina.
Debussy: Pelleas y Melisande.
Monet: El puente de Waterloo.
Salomé
, filme de Oskar Messter.
André Gide: El inmoralista.
Azorín: La voluntad.
Selma Lagerlöf: Jerusalén.
Rutherford inicia la radiactividad como descomposición del núcleo atómico.
Soddy-Ramsay comprueban que el radio se desintegra naturalmente desprendiendo helio. B. Russell: Principios de Matemática.
Romain Rolland: Vida de Beethoven.
H. Matisse: La alegría de vivir.
Asalto y robo de un tren, filme de Edwin S. Porter.
C. B. Shaw: Hombre y superhombre.
W. Nernst sucede a Max Planck en la cátedra de Física de la Universidad de Berlín.
Ramón y Cajal: Textura del sistema nervioso.
Otto Frank: Termodinámica del músculo.
A. Dvorak: Armida.
Henri Rousseau: Ea boda.
El barbero de Sevilla, filme de Méliés.
Pirandello: El difunto Matías Pascal.
Lee de Forest realiza un estudio sobre el cálculo electrónico.
Otto Hahn descubre el elemento radiactivo radiothor.
H. Poincaré: El valor de la ciencia.
S. Freud: Teoría de la sexualidad.
H. Gross: Psicología criminal.
Falla: La vida breve. A. Schweitzer: J. S. Bach, el músico-poeta.
Picasso: Familia de saltimbanquis.
El hotel eléctrico, filme de S. de Chomón.
Hugo von Hofmannsthal: Electra.
Whartón: La casa de la alegría.
Gorki: La madre.
W. Nernst enuncia el tercer principio de la termodinámica.
H. Bergson: La evolución creadora.
Sociedad Psicoanalítica en Viena.
Bussoni: Concierto para piano.
Picasso: Eas señoritas de Avignon.
El tribunal de las aguas, filme de Cuesta.
G. Pascoli: Oda e himno.
Lorentz: Ensayos de Física teórica.
Otto Hahn y McCoy realizan experiencias sobre el radio-torio.
Lee de Forest: Lámpara de tres electrodos.
Pickering realiza un catálogo de estrellas.
Debussy: Iberia. Ravel: Rapsodia española.
George Wesley Bellows: Ciervo en Sharkey.
“Los independientes” empiezan a instalarse en Hollywood.
Ricarda Huch: Historias de Garibaldi.
Hermann Minkowski: Espado y tiempo.
Licuefacción del helio.
A. Schnitzler: El camino de la libertad.
Bela Bartok: Dos retratos.
Las aventuras de Dollie, filme de Griffith.
R. M.a Rilke: Nuevas poesías.
Lorentz: Teoría de los electrones.
Millikan calcula la masa y la carga del electrón.
Ehrlich y Hata: Salvarsán.
Lenin: Materialismo y empiriocriticismo.
Richard Strauss: Electra.
Behrens: Fábrica de turbinas AEG en Berlín.
Don Quijote, filme de Emile Cohl.
André Gide: La puerta estrecha.
A. France: La isla de los pingüinos.
EINSTEIN Y SU ENTORNO POLITICA Y SOCIEDAD
1910 Se presenta a un concurso de méritos para enseñar en la Universidad ale mana de Praga.
Nace su segundo hijo, Edward.
Proclamación de la República en Portugal.
Fábrica de cigarrillos “Reemtsma”, en Hamburgo.
Japón se anexiona Corea.
1911 Comienza Einstein a dar clases en la Universidad alemana de Praga.
Publica Influencia de la fuerza de la gravedad en la propagación de la luz.
El químico belga Solvay convoca una reunión de científicos para estudiar las nuevas tendencias de la Física.
Guerra italoturca.
Disolución de la Standard Oil Trust.
Revolución en México.
Acuerdo francoalemán sobre el Congo.
España ocupa Tetuán, Alcazarquivir, Arula y Larache, en Marruecos.
Revolución de los jóvenes chinos.
1912 Einstein publica Sobre las bases termodinámicas de la ley de equivalencia fotoquímica.
Deja Praga y se traslada a Zurich para desempeñar la cátedra de Física Teórica en la Escuela Politécnica.
Su amigo Friedrich Adler es elegido secretario de la Socialdemocracia en Austria.
Hundimiento del transatlántico “Titanic”, por un iceberg.
Las tropas estadounidenses desembarcan en Nicaragua.
Proclamación de la República de Mongolia.
Autonomía del Tibet.
Tánger, zona internacional administrada por España, Francia, Gran Bretaña e Italia.
1913 Einstein asiste al Congreso de Científicos germanos en Viena, donde conoce a Ernst Mach. Es nombrado profesor de la Universidad de Berlín.
Es designado miembro de la Academia de Prusia.
Publica con Grossmann su primer trabajo sobre la teoría general de la relatividad.
Constitución de la Federación Nacional de Agricultura de España.
Asesinato de Jorge I de Grecia.
W. Wilson, presidente de Estados Unidos. Tratado de Chamorro-Weitzel (entre Nicaragua y Estados Unidos).
En Inglaterra, Emily Davison y Sylvia Pankhurst organizan manifestaciones a favor del derecho al voto de la mujer.
1914 Los Einstein se trasladan a Berlín. Al comenzar el verano, su esposa e hijos van a Zurich. Comienza la primera guerra mundial.
Jaime della Chiesa, Papa Benedicto XV.
Tratado Chamorro-Bryan (Nicaragua-USA.).
1915 Publica con su amigo G. Nicolai el Manifiesto pacifista.
Eln verano permanece en Zurich con su familia.
Conoce a Romain Rolland.
Pacto secreto de Londres. Italia declara la guerra a Austria-Hungría.
Conferencia de Chantilly.
El paquebote norteamericano “Lusitania” es torpedeado.
1916 Albert Einstein publica su versión definitiva sobre la teoría general de la relatividad.
Friedrich Adler es acusado por el asesinato del presidente del Consejo de Ministros, conde Von Stürgkh.
Italia declara la guerra a Alemania; Rumania a Austria-Hungría.
El presidente Irigoyen de Argentina defiende la nacionalización del petróleo.
Pacto de Lucknow (hindúes y musulmanes, por la autonomía).
CIENCIA Y PENSAMIENTO ARTES Y LETRAS
Fundación de la Kaiser Wilhelm Gesellschaft para el fomento de la ciencia.
E. Cassirer: La idea de sustancia y el concepto de función.
Romain Rolland: Hándel.
Umberto Boccioni: La ciudad despierta.
Robinson Crusoe, filme de Auguste Blomm.
R. Tagoré: Gintajali.
Rutherford presenta un modelo de átomo. Wilhelm Einhoben inventa el galvanómetro de cuerdas.
C. Funk Teruchi: vitamina antiberi-beri.
Brentano: Clasificación de los fenómenos psíquicos.
Dilthey: Teoría de la concepción del mundo.
Debussy: El martirio de San Sebastián. Ravel: La hora española.
Marc Chagall: Yo y mi aldea.
G. Braque: Mujer.
Espartaco, filme de Pascali.
Ana Karenina (de Tolstoi), filme de Tschardinine.
Friedrich y Knipping demuestran la naturaleza ondulatoria de los rayos Roentgen.
C. B. Wilson: Cámara que fotografía la trayectoria de las partículas atómicas.
Durkheim: Las formas elementales de la vida religiosa.
F. Enriques: Ciencia y racionalismo.
P. Háberlein: Ciencia y filosofía.
A. Adler: Sobre el carácter nervioso.
Turina: Escena andaluza.
Kandinsky: Improvisación. Antonio Manzini: Autorretrato.
La conquista del Polo, filme de G. Méliés.
Hofmannsthal: Ariadna y Naxos.
B. Shaw: Pygmalion.
A. France: Los dioses tienen sed.
Hedin: De Polo a Polo.
Hamsun: El vagabundo.
Niels Bohr: Ensayos sobre la construcción del átomo.
W. D. Coolidge: Tubo de rayos X con cátodo incandescente que funciona con una potencia de 100.000 W.
S. Freud: Tótem y tabú.
G. Tammamn: Compendio de Metalografía.
E. Husserl: Filosofía fenomenológica.
Sombart: El burgués.
Igor Strawinsky: La consagración de la primavera.
I Congreso Internacional de Pedagogía de la Música, en Berlín.
El estudiante de Praga, filme de Wegener.
Amo Holz: Ignorabimus.
Thomas Mann: Muerte en Venecia.
Franz Kafka: El fogonero.
Primer raid aéreo.
A. H. Blaauw: Luz y crecimiento.
Falla: Siete canciones populares españolas.
G. Braque: Naturaleza muerta.
Ricarda Huch: La gran guerra de Alemania.
Los alemanes emplean por primera vez gases de cloro.
E. Dacqué: Método de Paleogeografía.
Max Scheler: El formalismo en la Etica y la Etica de los valores materiales.
Falla: el amor brujo.
Marc Chagall: El cumpleaños.
Fundación de la “Metro Pictures Corporation”.
Romain Rolland, premio Nobel.
Muere Ernst Mach.
Marconi: Onda corta dirigida.
S. Freud: Introducción al psicoanálisis.
R. Steiner: Del enigma humano.
Bernhard Duhm: El profeta de Israel.
M. Buher: Sobre el espíritu del judaismo.
Representación en Nueva York de Goyescas, de Granados, quien muere al ser torpedeado por un submarino alemán el barco “Sussex” en el que viajaba, de regreso a España.
Odio de razas, filme de Alian Dwan.
F. Kafka: La metamorfosis.
EINSTEIN Y SU ENTORNO POLITICA Y SOCIEDAD
1917 Su salud se resiente; sufre trastornos gástricos.
Habita un ático en casa de Elsa e inicia el divorcio con Mileva.
Declaración Balfour (creación en Palestina de una sede nacional para los judíos).
Friedrich Adler es condenado a muerte.
Revolución bolchevique en Rusia.
Alemania declara la guerra total submarina. Estados Unidos declara la guerra a Alemania y Austria-Hungría.
Turquía adopta el calendario gregoriano. Fundación de los primeros Institutos para investigación económica, en Harvard.
1918 Arthur Eddington publica Informe sobre la teoría de la gravitación relativista.
Fundación de la Universidad Hebrea. Max Planck, premio Nobel de Física.
Elecciones generales en Gran Bretaña; victoria de los liberales.
Proclamación de los “14 puntos” del presidente Wilson.
Nueva Constitución en Uruguay.
1919 El 29 de marzo, eclipse de sol que permite verificar la teoría de la relatividad. En junio se divorcia de Mileva y se casa con Elsa.
Einstein recorre diversos países dando conferencias.
En noviembre, la Royal Society y la Royal Astronomical Society comunican al mundo la comprobación de la teoría de Einstein.
Conferencia de la paz en Versalles. Fundación de la Sociedad de Naciones.
Se promulga la Constitución en Polonia.
Rusia, República Socialista federal.
Proclamación de la República en Finlandia.
Creación de la Radio Corporation of America.
Bélgica adquiere Ruanda y Urundi.
Independencia de Afganistán.
Manifestación de estudiantes en Pekín.
1920 En mayo muere su madre en Berlín.
En el otoño, Einstein va a Holanda invitado por Lorentz para dar un ciclo de conferencias.
Walther Nernst, Nobel de Química.
Acuerdo militar fraco-belga. Paz de Tartu (Finlandia-URSS).
Instauración del mandato británico en Palestina.
Armisticio de China con el Tíbet.
1921 Einstein viaja a Praga. Marcha des pués a Viena y regresa a Berlín. A finales de marzo embarca hacia los Estados Unidos; a su regreso visita Inglaterra y da conferencias en el King’s College.
En junio regresa a Berlín.
Se le concede el premio Nobel por su teoría del efecto fotoeléctrico.
Desastre de Annual (guerra de España en Marruecos). Creación del Partido Comunista de España.
Irlanda, Estado libre.
Harding, presidente de Estados Unidos.
Feisal, rey de Irak.
Fundación del Partido Comunista Chino.
“Nueva Política Económica” (URSS).
1922 Da un ciclo de conferencias en el College de France.
Viaja con su esposa a Japón.
La ciudad de Ulm acuerda dar el nombre de Einstein a una de sus calles.
Marcha sobre Roma de Mussolini. Tratado de Rapallo (germano-soviético). Aquiles Ratti, Papa Pío XI.
Fundación del periódico Daily Mail.
Independencia de Egipto.
CIENCIA Y PENSAMIENTO ARTES Y LETRAS
Fritz Pregl: Microanálisis.
Wagner von Jauregg: Tratamiento de la sífilis terciaria mediante inoculación de la malaria.
Freud: Metapsicología.
Hirschfeld: Patología sexual.
El lingüista ruso Trubetzkoy llega a Viena.
Pfitznen Palestrina (ópera).
Carlo Carra: Musa metafísica.
Fundación de la “First National”.
J. Ramón Jiménez: Platero y yo.
St. George: La guerra.
T. S. Eliot: Poesías.
Aron Freimann: Germania judaica.
Alfred Adler: Práctica y teoría de psicología individual.
B. Russell: Mística y lógica.
Georges Duhamel: Civilización.
H. S. Chamberlain: Raza y nación.
Pfitzner: Sonata para violin en Mi menor.
Straw in sky: Historia de un soldado.
Vida de perro
, filme de Charles Chaplin.
Carmen, filme de E. Lubitsch.
Hedin: Bagdad, Babilonia, Nínive.
Rutherford consigue la primera transmutación artificial de elementos con ayuda de radiaciones nucleares (el átomo de nitrógeno lo convierte en átomo de oxígeno).
Hoffman: caucho sintético.
Heddington: desviación de la luz de una estrella por el Sol.
E. Cassirer: El problema del conocimiento en la Filosofía y la ciencia de hoy.
Falla: El sombrero de tres picos. Kandinsky: Improvisación.
W. Gropius y otros fundan en Weimar la “Bauhaus” (escuela de arte moderno).
Oud: Barrio Tusschendijken, en Rotterdam.
Yo acuso, filme de A. Gance.
V. Blasco Ibáñez: Los cuatro jinestes del Apocalipsis.
Hofmannsthal: La mujer sin sombra.
W. Baade descubre el planetoide Hidalgo.
F. Saverbruch: La cirugía de las glándulas mamarias.
John Maynard Keynes: Las consecuencias económicas de la paz.
Guridi: Amaya.
Matisse: Odalisca.
Fundación de la “Louis Mayer Production”.
Luigi Pirandello: Seis personajes en busca de autor.
Procedimiento Belim de telefotografía.
Banting y Best aíslan la insulina.
Ortega y Gasset: España invertebrada.
B. Russell: Análisis de la mente.
Max Broa: Paganismo, cristianismo, judaismo.
Jung: Tipos psicológicos.
Ana Siemsen: Educación en comunidad.
Muere Camille Saint-Saens.
Honegger: Rey David.
Picasso: Carnaval.
G. Braque: Bodegón con guitarra.
El Chico, filme de Charles Chaplin.
C. Bernard Shaw: Volviendo a Matusalén.
Dos Passos: Tres soldados.
Hauptmann: Ana.
Lorentz: Fundamentos de ciencias naturales.
Rudolf Carnap: El espacio.
Wittgenstein: Tractatus Lógico-Philosophies.
B. Schmid: El lenguaje de los animales.
Ravel: Sonata para violin y violoncelo.
Oud: Barrio Oud Mathenesse, en Rotterdam.
El Chicago Tribune convoca un concurso para la construcción de su sede.
J. Joyce: Ulises. Brecht: Tambores en la noche.
EINSTEIN Y SU ENTORNO POLITICA Y SOCIEDAD
1923 De regreso de su viaje a Japón se detiene en Palestina.
Llega Einstein a Barcelona y marcha después a Madrid, donde recibe diversos homenajes; visita la Residencia de Estudiantes y es recibido por el rey Alfonso XIII.
Golpe de Estado de Primo de Rivera en España.
Ocupación francesa de la cuenca del Ruhr. Coolidge, presidente de Estados Unidos. Separación de Transjordania y Palestina. Terremoto en Tokio y Yokohama. Creación de la Interpol.
1924 Entrega a la imprenta Sobre la teoríaespecial y general de la relatividad. Violenciaen U.S.A. (Ku-Klux-Klan). Ayuno-protesta de Gandhi.
1925 Viaja por Sudamérica y visita Buenos Aires y Montevideo. Desembarco de tropas españolas en Alhucemas contra Abd el-Krim.
1926 J. Perrin, premio Nobel de Física. Golpe de Estado en Portugal
1927 Marcel Grossmann se retira de la enseñanza por motivos de salud. Coalición antifascista en el exilio. Tropas estadounidenses en Nicaragua.
1928 El 4 de febrero va Einstein a Holanda para asistir al entierro de Lorentz en Haarlem. Marcha luego a Suiza, donde cae enfermo; llega su esposa y marchan a Berlín. Allí permanece varios meses en cama. Pacto Briand-Kellog (renuncia a la guerra como medio para resolver los conflictos). Carmona, presidente de Portugal. Tropas paraguayas atacan y destruyen en el Chaco el fortín “Vanguardia”. Fuad I de Egipto disuelve el Parlamento.
1929 La Academia de Prusia publica Teoría del campo unificado, de Einstein.
El Consejo municipal de Berlín le nombra hijo distinguido de la ciudad. Louis de Broglie, Nobel de Física.
Quiebra la Bolsa de Nueva York. Pactos lateranenses; creación del Estado del Vaticano. Herbert T. Hoover, presidente de Estados Unidos.
1930 En invierno, Einstein realiza un nuevo viaje a Estados Unidos.
Comienza en Estados Unidos la llamada “tecnocracia”.
Romain Rolland publica Ensayo sobre la mística y la acción de la India viva.
Dimisión de Primo de Rivera. Pacto de San Sebastián.
Crisis del café en Brasil.
Uribaru derroca a Yrigoyen y disuelve el Congreso en Argentina. Campaña de “desobediencia civil” de Gandhi.
1931 Vuelve a Berlín en primavera.
Romain Rolland conoce personalmente a Mahatma Gandhi y escribe el prólogo a la edición francesa de su Autobiografía.
A finales de año, Einstein marcha a Estados Unidos.
Proclamación de la II República española. Unión Aduanera (Austria-Alemania).
Encíclica Quadragessimo anno, de Pío XI. Arango, dictador en Ecuador, es derrocado por un directorio militar.
Se descubre el tráfico de esclavos en Liberia.
Japón ocupa Manchuria.
CIENCIA Y PENSAMIENTO ARTES Y LETRAS
Charles Francis Jenkins transmite imágenes del presidente Harding de Washington a Fi-ladelfia.
Rudolf Carnap: La construcción lógica del Universo.
Otto Rank: El trauma del nacimiento. Romain Rolland: Mahatma Gandhi.
Falla: El retablo de Maese Pedro.
Chagall: Yo y mi aldea.
E. Mendelsohn: Edificio “Berliner Tageblatt”.
A. Perret: Iglesia de Notre-Dame en le Raincy.
R. Ma Rilke: Elegías del Duino.
Holzknecht. Roentgenterapia. Formación del Círculo de Viena. W. M. Dudok: Ayuntamiento de Hilversum.
Fundación de la “Metro Goldwyn Mayer”
S. Freud: Inhibición, síntoma y angustia. Martín Buber: Las Escrituras. Amadeo Vives: Doña Francisquita.
Walter Gropius: International Architektur.
Fundación del Círculo Lingüístico de Praga Rey de reyes, filme de Cecil B. de Mille.
S. Freud: El porvenir de la ilusión. Müller-Freinfels: El misterio del alma. Homenaje a Góngora en el IV centenario de su muerte.
Fermi: Introducción a la Física atómica.
Hans Geiger y Müller inventan el tubo contador electrónico de radiactividad.
A. Fleming descubre la penicilina.
Salvador de Madariaga: Ingleses, franceses y españoles.
Walther Nernst construye un piano de cola con sonido electrónico.
E. Mendelsohn: Almacenes Schocken, en Chemnitz.
El circo, filme de Charles Chaplin. Federico García Lorca: Romancero Gitano.
Aparece la primera Enciclopedia jurídica. La International Business Machines (IBM) construye el calculador estadístico. Hans Berger: Electroencefalografía.
E. Cassirer: Filosofía de las formas simbólicas.
Arturo Toscanini marcha a Estados Unidos.
Museo de Arte en Nueva York.
El mundo en marcha, filme de King Vidor.
Ernest Hemingway: Adiós a las armas.
Claude y Boucherot realizan experiencias sobre la energía térmica de los mares.
Tombaugh descubre el planeta Plutón.
Heldane-Fischer: Teoría de la evolución.
S. Freud: El malestar en la cultura.
W. Reich: La revolución sexual.
B. Bartok: Cantata profana.
Max Beckmann: Autorretrato con saxofón.
Dudok: Locuela Valerius en Hilversum.
Aparece la revista L’Architecture d’aujourd’hui.
La canción de la vida, filme de Granowsky.
Herman Weil: Teoría de grupo y mecánica cuántica.
Dirac: Teoría de las lagunas y del antiprotón.
Anderson descubre el positrón.
W. Reich funda la Asociación para una política sexual proletaria.
Strawinsky: Sinfonía de los salmos.
Bardi publica: Informe a Mussolini sobre arquitectura.
Luces de la ciudad, filme de Charles Chaplin. I Congreso Hispanoamericano de Cinematografía, en Madrid.
EINSTEIN Y SU ENTORNO POLITICA Y SOCIEDAD
1932 Al llegar a Berlín, Einstein se indigna por lo ocurrido con Gumbel.
Recorre diversos países europeos dando conferencias y, en diciembre, vuelve a Pasadena (Estados Unidos).
El presidente francés Doumer es asesinado. Salazar, presidente del Consejo en Portugal. Creación del Banco Central Argentino. Guerra entre Bolivia y Paraguay. Perú ataca a Colombia.
1933 En marzo, regresa a Europa y se dirige a Amberes; en el barco se entera que su casa ha sido registrada y sus bienes confiscados. Sus hijas dejan Alemania. Albert Einstein se queda en Bélgica, donde alquila una casa.
En Ulm cambian el nombre de Eins tein por el de Fichte a una calle.
A finales de año embarcan en Southampton hacia Estados Unidos.
En España, sublevación anarcosindicalista de Casas viejas.
Fundación de la Falange por José Antonio.
Nueva Constitución portuguesa (“Estado Novo”).
Franklin Delano Roosevelt, presidente de Estados Unidos.
“Revolución de los sargentos”, en Cuba, dirigida por Fulgencio Batista.
Japón invade el territorio chino.
1934 Muere su hija Use. Asalto al Palacio Borbón en Francia.
“Larga marcha” dirigida por Mao Tse-tung.
1935 Joliot-Curie, premio Nobel de Química. Guerra italoetiópe. Acuerdo colonial francoitaliano.
Se firma la paz entre Bolivia y Paraguay.
1936 Mueren su segunda esposa, Elsa, y su gran amigo Marcel Grossmann. Comienza la guerra civil española.
Conferencia interamericana de consolidación de la paz, en Buenos Aires.
1937 Promulgación del “Acta Orgánica” en Brasil (“Estado Novo”).
Guerra chino-japonesa.
1938 A. Einstein y L. Infeld publican Laevolución de la Física.
Fermi, premio Nobel de Física.
La cantante negra Marian Anderson, doctor “honoris causa” de Harvard.
Huelga general en Francia.
Conferencia de Munich; el III Reich se anexiona el territorio de los Sudetes.
El primer ministro japonés proclama la instauración de un “nuevo orden”.
1939 Escribe al presidente Roosevelt sobre la posibilidad de construcción de la bomba atómica. Termina la guerra civil española. Comienza la II guerra mundial. Eugenio Pacelli, Papa Pío XII.
1940 El 1 de octubre recibe la nacionalidad americana, sin perder la suiza. Entrevista Franco-Hitler.
Las tropas alemanas ocupan Dinamarca y Noruega, Holanda y Bélgica.
Estados Unidos consiguen de Inglaterra una base en Jamaica y otra en Japón
CIENCIA Y PENSAMIENTO ARTES Y LETRAS
Karl G. Janskay recibe una emisión de on das cortas de radio procedente de la Vía Láctea.
Harold C. Urey descubre el deuterio. Carnap: El lenguaje físico como lengua universal de la ciencia.
Strawinsky: Concierto para violin.
G. Pagano: Instituto de Física en la ciudad universitaria de Roma.
E. O’Neill: Electra.

A. Huxley: Un mundo feliz.
Fermi: Teoría de la relatividad beta.
Calculador astronómico IBM.
M. Planck: El camino para el conocimiento físico.
Microscopio electrónico.
Proyector sonoro de 16 mm.
Primera extirpación de pulmón por cáncer bronquial.
Ortega y Gasset: Guillermo Dilthey y la idea de la vida.
Strawinski: Perséfone.
R. Strauss: Arabella (ópera).
Matisse: Ballet. Charles Burchfield: Mirada de hielo.
Adiós a las armas (de Hemingway), filme de Borzage.
F. García Lorca: Bodas de sangre.
Santayana: El último puritano.
Selma Lagerlöf: Otoño.
Enrico Fermi: Radiactividad provocada por bombardeo de neutrones. Fundación de la Sociedad Internacional de la Nueva Música, en Florencia.
Yukawa explica la cohesión del núcleo mediante el movimiento de los mesones.
Reichenbach: Teoría de la probabilidad.
Comienzos del órgano electrónico en Estados Unidos.
Luis Cernuda: Donde habita el olvido.
Yukawa: Teoría de las fuerzas nucleares y del mesón.
Montessori: El niño en familia.
Formación del grupo de compositores franceses “La Joven Francia”.
Tiempos modernos, filme de Charles Chaplin.
E. Cassirer: Determinismo e indeterminismo en la Física. Estudio histórico y sistemático del problema de la causalidad. Paul Hindemith: Lección de composición.
Picasso: Guernica.
Max Ernst: La ciudad infinita.
Otto Hahn y Fritz Strassmann demuestran la escisión del uranio.
R. Goldschmidt: Genética fisiológica.
Hans Freyer: Machiavelli.
Montessori: El secreto de la infancia.
Manuel de Falla: Homenajes.
R. Dufy: Regatas.
Blanca Nieves y los siete enanitos, filme de Walt Disney.
Jean Giraudoux: Electra.
Freud: Moisés y la religión monoteísta.
Malinowski: El grupo y el individuo dentro de un análisis funcional.
Alexander Calder: Langosta atrapada y cola
de pescado.
H. Kester: El niño de Guernica.
T. S. Eliot: Reunión de familia.
Nier separa el uranio-235 del uranio-238. Scaborg descubre el plutonio.
W. V. Quine: Lógica matemática.
Utilización del radar
Kerst: Primer betatrón
Marcel Cuvelier funda las «Juventudes Musicales».
Muere Peter Behrens.
Ador, filme de Charles Chaplin.
Jelusich: El sueño del Reich.
EINSTEIN Y SU ENTORNO POLITICA Y SOCIEDAD
1941 Muere Emanuel Lasker, campeón de ajedrez y muy amigo de Einstein. Entrevista Franco-Mussolini.
Carta del Atlántico (Roosevelt-Churchill).
Ataque japonés a Pearl Harbor.
1942 Fermi, en la Universidad de Chicago, logra la reacción nuclear en cadena. Tratado de Cintra (Pacto Ibérico).
Tropas aliadas desembarcan en Marruecos y Argelia. Retirada de Rommel.
1943 Einstein firma un contrato con la Marina norteamericana. Desembarco aliado en Silicia.
Conferencia de Casablanca.
Conferencia de Teherán.
1944 Muere su amigo Romain Rolland. Desembarco aliado en Normandía.
Tropas estadounidenses cruzan la frontera alemana.
1945 Einstein publica El significado de la relatividad.
Su casa natal en Ulm queda total-mente destruida por un bombardeo.
Los rusos toman Varsovia y Budapest. Conferencia de Yalta.
Truman, presidente de Estados Unidos.
Bomba atómica sobre Hiroshima y Nagasaki.
Ho Chi Minh proclama la República Democrática de Vietnam.
Ocupación soviético-americana de Corea. Tropas de Mao toman Nanking.
1946 Publica el fundamento de su teoría en los Anales de Matemáticas (Generalisation of the Relativistic Theory). Fundación de la O.M.S. y de la Unesco.
Boicot internacional contra España.
Perón, presidente de Argentina.
Guerra de Indochina.
1947 Einstein conoce al violoncelista español Pablo Casals. Plan Marshall de reorganización europea.
Acta de independencia económica, en Argentina.
Nueva Constitución en Japón.
1948 Muere Mileva, su primera mujer.
Einstein es sometido a una operación quirúrgica.
Martin Buber publica Moisés.
Protocolo Franco-Perón.
Creación de la O.E.A.
Proclamación del Estado de Israel.
Corea del Norte, República Popular.
1949 Muere su amigo y compañero de estudios Hans Byland.
Max Brod envía a Einstein un ejemplar de su novela Galileo en la prisión.
Creación de la OTAN.
El Estado de Transjordania adopta el nombre de “Reino Hachemita de Jordania”.
Mao proclama la República Popular China.
CIENCIA Y PENSAMIENTO ARTES Y LETRAS
Mueren Walther Nernst y Henri Bergson.
Se emplea por primera vez la cortisona.
Fusión del plutonio.
Egk: Columbus (ópera).
H. Matisse: Las hermanas.
Bertolt Brecht: Madre coraje.
H. Reinchenbach: Fundamentos filosóficos de la mecánica cuántica.
Carnap: Introducción a la semántica.
R. Strauss: Capricho.
Max Ernst: Antipapa.
Paul Eluard: Poesía y verdad.
Otto M. Warburg aclara el proceso fundamental de la fotosíntesis.
Jean Paul Sartre: El ser y la nada.
D. Alfaro Siqueiros: Alegoría de la igualdad de razas.
Upton Sinclair: Ancha es la puerta.
La IBM construye la calculadora automática de secuencias controladas.
J. Brachet: Ebriología química.
H. Matisse: Vestido blanco.
Leopoldo Panero: La estancia vacía.
V. Baum: Hotel en Berlín.
J. W. Mauchly construye la primera calculadora electrónica universal (ENIAC).
A. Fleming, Florey, E. B. Chain, premios Nobel de Medicina.
W. Goetsch descubre la vitamina T. Muere Ernst Cassirer.
Lavelle: Del tiempo y la eternidad.
Estilo “Be-bop”, de música de jazz. Honegger: Sinfonía litúrgica.
E.W. Nay: Composición.
Recuerda,
filme de Hitchcock. Albrecht Haushofer: Moabiter somette.
Al Fadeiev: La joven guardia.
Síntesis de la penicilina en laboratorio.
Telescopio gigante en Monte Palomar.
A. Malraux: La condición humana. Jessipow y Gontscharow: Pedagogía.
Muere en Altagracia (Argentina) Manuel de Falla.
El silencio es oro, filme de Rene Clair.
Albert Camus: La peste.
Reichenbach: Elementos de Lógica simbólica. Un avión U.S.A. rebasa la barrera del spnido.
Desarrollo de la fotomecánica. Mounier: ¿Qué es el Personalismo?
Prokofiev: Guerraypaz (ópera). Kans: Bañista.
Vivir en paz, filme de Luigi Zampa.
Francois Mauriac Cuaderno negro.
Invención del transistor.
Norbert Wiener: Cibernética o del control y comunicación en los animales y en las máquinas.
E. Mendelsohn: Centro universitario judío en Baltimore.
Locura de amor, filme de Juan de Orduña. W. Ashaier: Lejos de Moscú.
Explosión de la primera bomba atómica soviética.
Heidegger: Los senderos perdidos del bosque.
Montessori: La mente del niño.
Exposición de Kokoschka en el Museo de Arte Moderno de Nueva York.
Francisco Cabrero: Grupo de viviendas “Virgen del Pilar”, en Madrid.
EINSTEIN Y SU ENTORNO POLITICA Y SOCIEDAD
1950 Es invitado por la señora Roosevelt a una reunión televisada para protestar por la decisión del presidente Truman. La Universidad de Princeton publica la nueva teoría de Einstein sobre el campo unificado. Creación de la alta Comisaría para Refugiados (A.C.R.).
Fundación del Consejo Mundial de la Paz. Anexión al territorio transjordano de la zona árabe de Palestina.
Comienza la guerra de Corea.
1951 Einstein ofrece su ayuda para la construcción de un museo de arte en la capital de Aarau. Reforma electoral en Francia. Tratado de paz Estados Unidos-Japón. Asesinato de Abdulah, de Jordania.
1952 En enero, eclipse de sol que corrobora con bastante precisión su teoría.
El embajador Abba Eban comunica a Einstein la posibilidad de ser nombrado presidente de Israel.
Eisenhower, presidente de Estados Unidos. Nueva Constitución en Uruguay.
Proclamación de Hussein como rey de Jordania.
Los holandeses abandonan Indonesia.
1953 Publica Ideas y opiniones.
El matrimonio Rosenberg es ejecutado en la silla eléctrica. Einstein había apoyado el recurso de gracia para ellos.
Tratado hispanonorteamericano; bases norteamericanas en España.
Muere Stalin.
Golpe militar de Rojas Pinilla en Colombia. Armisticio de Panmunjon (Corea).
1954 El físico atómico Robert Oppenheimer es separado de sus cargos; Einstein envía una nota a la prensa defendiendo el carácter integral de su amigo. René Cotty, presidente de Francia.
Tensión Iglesia católica-Perón.
Sublevación armada en Argelia. Capitulación francesa en Dien Bien Phu.
1955 El 11 de abril cae gravemente enfermo. Firma el manifiesto pacifista escrito por Bertrand Russell. Es hospitalizado y siete días más tarde fallece Albert Einstein. Dimisión de Perón; Aramburu, presidente de Argentina.
Conferencia afroasiática en Bandung.
El Vietcong inicia la lucha por la liberación de Vietnam del Sur.
CIENCIA Y PENSAMIENTO ARTES Y LETRAS
Se descubre el núcleo magnético, paso fundamental para el desarrollo de la cibernética. Comienza la producción industrial de los antibióticos.
M. Mead: Antropdlogía Social y su relación con la psiquiatría.
Estilo “Cool-jazz”.
Hans Arp: Evocación de forma humana, lunar y espectral.
Stromboli, filme de Roberto Rossellini.
Pablo Neruda: Canto general a Chile.
W. Goyen: La casa del aliento.
Primera central atómica experimental en Estados Unidos.
Charles F. Blair realiza el primer vuelo sobre el polo Norte.
G. Braque: La bicicleta.
Estreno en Londres de Candilejas, filme de Charles Chaplin.
Explosión en el atolón de Bikini de la primera bomba termonuclear.
Waksman: Eritromicina.
Martin Buber: Nueva manera de hablar del judaismo.
Sergei Prokofiev: Sinfonía de la juventud.
André Beaudin: La evasión.
Coderch y M. Valls: Casa Ugalde en Caldetas (Barcelona).
Bienvenido Mr. Marshall, filme de Ber langa.
La Unión Soviética consigue la bomba de hidrógeno.
Mueren Reichenbach y Millikan.
Primera ascensión al Eiverest.
Wolfgang Fortner: El bosque. Francis Bacon: Estudio según el retrato del Papa Inocencio X, de Velázquez.
Pan, amor y fantasía,
filme de Comencini.
Saul Bellow: Las aventuras de Augie March.
Salk y Lépine: Vacuna antipoliomielítica.
Mueren Rudolf Carnap y Enrico Fermi.
A. Anastasi: Test psicológico.
Elsa M. Felsko y H. Reimers: Atlas de flores.
Earnest v. Dohnany: Rapsodia americana. Jean Dubuñev:El vagabundo.
Un rey en Nueva York, filme de Chaplin.
Muere jacinto Benavente.
Se celebra una conferencia en Ginebra, convocada por la ONU, para deliberar sobre la utilización pacífica de la energía atómica.
José Ferrattr Mora y Huges Leblanc: Lógica matemática.
Corrales y Vázquez Molezún: Centro de Formación Profesional en Herrera de Pisuerga.
Al este del Edén, filme de Elia Kazan. Norman Mailer: El parque de los ciervos.