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    Una arquitectura visionaria

    De Aula

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    A lo largo de la historia, las teorías racionalistas han adquirido las formas más diversas, y la arquitectura, evidentemente, no se ha librado de ellas. Estas teorías se han manifestado con más intensidad y diversidad a partir de la Revolución francesa, pero en el s. XVIII surgirán dos grandes precursores del racionalismo, Etienne Louis Boullée (1728-1799) y Claude Nicolas Ledoux (1736-1806). En arquitectura, se entiende por racionalismo una corriente de pensamiento mediante la cual debe haber una adecuación total entre el destino del edificio y su forma o apariencia exterior, excluyendo toda «floritura artística». Herederos del «Siglo de las Luces», en el que se mezclan el espíritu científico de los enciclopedistas, la vuelta a las fuentes deseada por Jean-Jacques Rousseau y la utopía del año 1789, Boullée y Ledoux asumieron las contradicciones del siglo en su propio arte.

    La arquitectura al servicio de la utopía

    Posteriores a la explosión barroca de la Edad Media y del Renacimiento, preconizarán el advenimiento de un mundo mejor y menos violento, proponiendo una arquitectura más ordenada, depurada, buscando las proporciones, consideradas perfectas, de la arquitectura antigua. El estudio de la Antigüedad debía permitir alcanzar la sencillez de la naturaleza y, a través de ella, acceder a ese mundo ideal. De ahí procede la doble vertiente de su arquitectura, que se ha tachado algo peyorativamente de neoclásica: por una parte, la vuelta a las fuentes de la historia humana, y, por otra, la esperanza de un futuro más seductor.

    De la teoría a la práctica

    Boullée construyó poco, relativamente, y se le conoce sobre todo por su tratado de arquitectura (Essai sur l'art) y por un centenar de proyectos. Pintor y grafista, más que arquitecto, prefiere claramente las representaciones monumentales, en las que el juego de la luz es decisivo, y donde predomina la influencia de los modelos de la Antigüedad. Boullée y Ledoux dirigieron su mirada hacia el pasado con el propósito de recuperar el orden y las proporciones de otros tiempos.

    En pro de una arquitectura científica

    Precursores de la arquitectura funcional, también fueron revolucionarios, especialmente Ledoux, y utilizaron un repertorio de formas muy puras, en oposición al de los arquitectos de su época, agobiados por una ornamentación complicada. En su deseo de funcionalidad, Ledoux llegará, algunas veces, al absurdo, y, otras, a crear obras de arte: por ejemplo, su proyecto de prisión en Aix da tal sensación de cárcel, que realmente cuesta trabajo imaginar que haya un mundo mejor; pero, sin embargo, el plan de acondicionamiento de las salinas de Arc-et-Senans no tiene nada que envidiar al carácter revolucionario de las utopías de Charles Fourier, o a los proyectos constructivistas de principios del s. XX. Sea como fuere, independientemente de su carácter a veces retrógrado, a veces revolucionario, el racionalismo permanece prisionero de una ilusión: la posibilidad de sacar a la arquitectura del terreno del dominio del arte y de introducirla en el de la ciencia.